sábado, 15 de noviembre de 2014

Un año más tarde, Madrid (II) - [spleen]


+ [Aviones]. Mientras eleva el vuelo no dejo de preguntarme por el sentido que tiene tomar notas en una libreta: en un desorden estimulante, aleatorio y fructífero. Semeja que se fijan observaciones y ocurrencias, pero no sucede así: si se recuerdan los hechos es porque se han vertido en la libreta, no al contrario. La caligrafía constituye la materia del día, que ha nacido hace unos instantes. No importa. El avión es hermético. La música establece fronteras. ¿Bach? La música se confunde  con el rumor de los motores. Es un vuelo tranquilo y la lectura avanza con singular fluidez. La música es papiltación y aliento. Anotaciones que reflejan el estado de un momento vital: la amistad. Un niño llora y hombres maduros consultan sus dispositivos:  crucigramas y fotos de viajes. Una concentración excesiva. La lectura abarca una totalidad que se enmascara en la niebla. El género, el estilo, el miedo, la vergüenza, la inseguridad, una estructura, una dinámica ya prevista, el estatismo, la redención. Las palabras son evocadoras. Cierro los ojos y trato de no pensar en nada, salvo la realidad del vuelo: las explicaciones que la ciencia arroja sobre los hechos se apartan a un lado para elevar el misterio que la vida cotidiana otorga. La vida cotidiana es un espejo sin azogue.

+ Madrid (1). La lírica de los objetos. Nacimiento, vida, muerte. La ultramodernidad se desvanece. Deshilachados jirones de niebla. El suburbano contiene la metáfora del momento. Maletas, teléfonos, gafas, bolígrafos, abrigos, zapatos, pantallas, esferas donde se alojan cámaras. Sueños imperfectos que atraviesan el trayecto, sin una finalidad. Una señora entra en el vagón y explica porque se ve obligada a pedir una ayuda. Su rostro es tristeza y dolor, pero, también, hay dignidad. La dignidad es profunda y sólida. En el Mp3 suena María Callas, se une a la sensación de desamparo. Todavía es temprano en este sábado de noviembre. Una rutina.

+ Madrid (2). (…) arrojaba polvo de oro a los perros. ¿Soy yo?

+ Madrid (3). El todo terreno es un símbolo de seguridad. Barrios con acceso restringido y especulares superficies comerciales, autopistas y barreras automáticas. "Estos vehículos parecen disipar el temor que la clase media urbana siente cuando se desplaza por su ciudad de residencia o se ve obligada a detenerse en algún atasco". [Ray Surette: Media, Crime and Criminal Justice, citado por  Z. Bauman en Vida líquida]. Cinco días en Madrid, cinco días fuera de casa; durante este intervalo de tiempo leí Vida líquida y, simultáneamente, su núcleo era un contraste entre el desarrollo del viaje y lo obvio que se extendía ante mis ojos. Los barrios, los medios de transporte público, los márgenes sociales, mi propia posición en el mundo y su flexible inconsistencia, la estructura del poder [se intuye y uno no sabe si su percepción es acertada o errónea, pero se mantiene esa desconfianza que conduce a una verdad que, paulatinamente, se fosiliza]. Hay una melancólica sensación de pérdida: son los años, tal vez, es el momento histórico, quizá. Ha terminado la postmodernidad, me digo ante un semáforo. Los coches cruzan rápidos ante mí, colores y formas, escenarios de comedias y dramas. El cielo está limpio y espero mi turno. La música también aporta hermetismo, me repito y observo los perfiles del Reina Sofía. Como burbujas o espuma liberada, así se desplaza la masa. Hay africanos que venden bolsos falsos, discos piratas y bufandas o guantes. La calidad del aire es transparente y tiene un tono ocre en el azul tan puro. Me parece que todo ha llegado de un mundo que he olvidado. La sinestesia me asalta: el olor tan penetrante de una muchacha que me pide la hora: entre humo de tabaco rubio y limpieza y jabón con aroma de remotos baños ingleses. El Museo espera. Se evoca otro tiempo y la melancolía se ha licuado. Soy otro porque soy el mismo: lo paradójico es mi signo. La muchacha se pierde en la multitud.

+ [Sinestesia:  con la mezcla de tabaco y la lozana limpieza llega el aliento de la adolescencia. Tan lejana. Calles húmedas, lecturas virginales, tabaco, elevación, alcohol barato, el sonoro pop, el martillo de los deseos, aroma de invierno, monedas y hachís falso. Descreídos, cínicos, pálidos. Guitarras, amplificadores, playas en invierno. Otra vez se pierde en la multitud, durante unos minutos permanece una melancolía evaporada. Esa sensación agradable, el spleen, la transparencia, la niebla, el desarreglo].

+ Madrid (4). Las oportunidades perdidas. El amor, el sexo, el dinero. Hay una pequeña muerte en todo arrepentimiento. La melancolía es un atavismo. Diariamente se debe establecer una frontera clara entre el deseo y su consecución. Demasiado zen para este momento, me dice. Alguien me reprochó: no se puede estar inactivo. ¿Mi actividad? El estoicismo es una filosofía de señoritos, me dijo y volvió a beber de su cerveza, quedó en el vaso la marca aceitosa de su pintalabios y sacó de su bolso un omeprazol: mi estómago es un infierno en vida. ¿La acción? Recuerdo aquél momento, no tan lejano, pero de un modo vago, inexacto. Ubi sunt?


+ Imagen: los espejos y sus apariciones inesperadas. En un contenedor de escombros duerme el espejo, sin miedo, sin esperanza.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Un año más tarde, Madrid (I) - [previous]




+ No era una causalidad, ni se podría hablar de inercia. Con todo, la librería se visita cada dos meses, cada dos meses y medio, tres meses: tal vez. La sección de poesía, el moderado aroma a vainilla, el crepitar, lejano, del tráfico. Novelas policiacas, ensayos de lingüística o biografías de filósofos [como guías en las nocturnidades y mapas para las iluminaciones, iluminaciones previas al sueño: aproximaciones y alejamientos de la mismidad]. Una historia imposible de la literatura universal o libros de cocina italiana para restaurantes fuera de Italia. La cocina italiana nunca falla, es la mejor del mundo, alguien musita a mis espaldas: ni siquiera le presto atención. Sin esperarlo, sin explicación, uno se da cuenta de que ya sólo compra/lee autores fallecidos: ¿es un signo o es un presentimiento? Sin indagar más, la vista regresa a la mesa de la poesía. Allí estaba el tomo de la poesía completa de Borges. Lo abrí en su justo medio [eso pensé yo y me equivocaba, pues era la página 613 de 642] y una suerte de retrato de Sherlock Holmes aguardaba mi lectura. Como una droga sutil, desveló particulares aspectos de una autobiografía temprana, sin alcanzar el arqueo final de la caja. Tan reciente está en la memoria Inglaterra [Bath, v. gr.] que el cotejo fue innecesario, aunque súbito. Se elevaron telones. La memoria como acto creativo alcanza la altura de las conversaciones con viejos amigos, donde se ha diluido el disfraz y el equivoco [=Madrid]. Con cincuenta años no se puede uno ocultar tras los engaños y las embocaduras, los libros ofrecen más que las palabras que contienen.

+ [Poco antes de comenzar a dormir]. Surge una conexión entre Maigret y Tintin. No es del todo imposible: la línea clara, el detalle, el gusto por la exactitud. Paisajes surcados por estilizadas carreteras, pueblos que bordean esa misma carretera más proximos a la perfección de la maqueta que al prosaismo de lo real, talleres mecánicos y su lírica de rótulos y herramientas y maquinaria, el atuendo, el trazo de la trama tan exactamente delineada como el dibujo está delineado con pulcritud. El sueño acoge placenteramente la idea, le da forma y se convierte en nota. La nota es este apunte. Transparente, el día es un regalo que contiene una cuestión compleja, de difícil escrutinio. Los enlaces que se establecen perduran y determinan la capacidad de evocar visiones, intuiciones apenas desveladas.


+ Poetas decimonónicos que atesoran un inquietante tono de sorpresa. En Madrid hay una conexion que se desliza desde Barajas hasta Atocha, allí persevera el ángel de la indignación.

+ Bécquer, Rosalía, Esprondeda. Una lista puede llegar a ser una vía para describir la realidad, para redibujarla. Detallar los intereses o las deserciones, los odios o las adhesiones, una contabilidad que aproxima lo exacto a lo verosímil. 10 canciones, 10 cuadros, 10 restaurantes, 10 poetas, 10 malditos. Meditadas o espontáneas, exhaustivas o exiguas, opacas o traslúcidas. Un grano de realidad que atraviesa velozmente el ámbito de lo cotidiano.

+ Prefiero disfrutar del paisaje que entenderlo. [4/11/14].


+ Imagen: [Londres, hace dos o tres semanas. Los fantasmas no se pueden resistir al encanto de las cámaras fotográficas: por ejemplo].

sábado, 1 de noviembre de 2014

La rutina.



+ Hablaron sobre la rutina detenidamente y sus conclusiones fueron opuestas. El trabajo como ordenamiento y el ocio como arbitro de todas las vidas. La habitación estaba mal iluminada y los vasos participaban de la luz del flexo: sus bordes eran círculos perfectos y dorados. Habían envejecido, casi sin darse cuenta tenían cerca de sesenta años. Ninguno había tenido hijos, ninguno tenía pareja. Dos hombres que pronto entrarán en la senectud charlan sobre los límites vitales, la hospitalidad y el vacío que toda vida contiene. El vapor del tabaco sólo era un recuerdo. Hablar y hablar, ya casi no leían periódicos, tampoco novelas,quizá algún ensayo. Uno de ellos sacó una libreta del bolsillo de la chaqueta y le mostró al otro unas notas. Sonrieron: un poema de sobremesa. Habían conocido charlatanes, estafadores, dealers. Todo se unía en un punto lejano. La indeterminación de su sistema de vida les había arrojado la comodidad de los años pasados, ahora estaban solos. De igual manera lo estaríamos, pero no lo podremos comprobar, dijo uno de ellos. Como tampoco podría comprobarse lo contrario, añadió el otro: más por polemizar que por encontrar una verdad pequeña y portátil que siempre deseaban. Y comenzaron una conversación sobre qué es la inteligencia y si hay o no hay tipos de inteligencia y si la soledad y la felicidad está relacionada con ella. ¿A quién le puede importar ya la felicidad?, dijo el primero y el segundo se rio: bebieron. La felicidad es para los criados, dijeron al unisono.

+ Una vez más llega la conversación sobre las estaciones de autobuses, cómo contrastan las estaciones de autobuses con las estaciones de tren. ¿Cuántas veces se ha intentado encontrar una explicación? Los vehículos, los pasajeros, la lírica del tren, la realidad implacable y ordinaria del autobús. La oposición entre los paisajes surcados: la brutalidad de la carretera, la bucólica poesía de las vías. Muchas otras razones poco convincentes. Pero el hecho está ahí y no se pude soslayar. Ella bebió de su infusión de las diez de la mañana y él apuró el café negro de máquina: barato y muy azucarado. La conversación era propicia, había comenzado una nueva edad en su relación de compañeros de trabajo. Hay fronteras claramente delimitadas, ésta había sido rebasada.

+  [31 de octubre]. La mañana no es fría, hay una tibieza que invita a lujuria, parece pensar el gato que camina despreocupadamente sobre la acera. Mi coche se desplaza con una agradable fluidez, los cambios de marcha son suaves y no hay interrupciones, no hay paradas bruscas e indeseadas. El tráfico es amable a pesar de ser viernes [otro viernes]. Antes de llegar a la estación de tren me fijo  un grupo de tres personas. Estoy detenido en un semáforo cercano a la estación de tren. La visión dura un instante. Una postal, una esquirla de nocturnidad, el apunte de la juventud que se desvanece. Regresan de alguna fiesta, pienso mientras no se abre el semáforo. Un tren parte hacia el Sur. La chica viste de negro y va descalza, a continuación va la pareja [que se ayudan mutuamente a caminar, ya con una pasión amortiguada, que desea más el descanso que lo verdadero de los cuerpos]. Reflexiono: hay una derrota milenaria, que se ha repetido noche tras noches desde hace diez siglos, veinte siglos, tres años consecutivos: ellos lo saben. Los tres caminan vestidos de  un negro existencial, un negro absoluto salvo una blusa de lentejuelas plateadas que aporta brillo e ironía. Hay algo triste y profético en su caminar, añado sin poder llegar al fondo de la afirmación. El tiempo borrará este día, pero, sin desearlo, prosperará esa tristeza, esa huella, el resplandor del momento que anuncia el final de la fiesta. Son las siete y media de la mañana y la jornada laboral comenzará pronto. Arranco.


+ Un poema anónimo, un fragmento: "Si la noche se hace escura / y tan corto el camino, / ¿cómo no venís, amigo?"

+ [Regreso del trabajo]. Conduzco con dificultad. Intento cambiar de carril para recuperar la dirección, una furgoneta me lo impide [intencionadamente]. En ella van un hombre y una mujer. Son jóvenes y parecen airados, agrios, funestos. Él se ha enfadado, pero ella le sobrepasa. Ella hace aspavientos y bracea, parece insultarme, parece amenazarme. Me causa una inquietante perplejidad.  La agresividad y los nervios en un viernes de octubre, más allá del mediodía. Se produce una paradoja que nadie acierta a solucionar, la olvido sin desearlo. El tráfico se hace más fluido, pero es imposible alcanzar la dirección deseada. Es preciso serenarse y no pensar en nada: salvo en el hecho mismo de conducir. O ni siquiera eso. Aquí y ahora: es deseable el vacío, siempre es deseable el vacío.

+ Imagen: Brixton, octubre 2014.

sábado, 25 de octubre de 2014

[Octubre]




+ Sobre los tejados las nubes vuelan en su eternidad. El instante es el oro de nuestra vida. Hay una caligrafía en todas las estructuras que se revelan en esta mañana: edificios, sintagmas y personas: caminantes, dependientes pasivos y camareros lejanos y estrictos. La arquitectura, el paisajista, la trama urbana. Se puede hacer un seguimiento de los procesos, de la articulación, pero no hay tiempo. Hay una manera de disfrutar del momento que se basa en la confianza y la seguridad que otorgan los años compartidos [sé que tú me comprendes, añado sin dudar en esta hora]. Allí estábamos: ante el Crescent de Bath. Tanto tiempo empleado en imaginarlo para llegar allí y constatar que la escala lo es todo, que no sirven las reproducciones. Es un escenario donde la memoria ha encontrado posibilidades. En un tiempo fue objeto de estudio, más tarde fue la curiosidad quién ocupó ese lugar. La fisicidad incrementa las certezas. Anochece y el césped y los árboles y la luz y sus matices y modulaciones lo son todo dado y todo lo que atesoramos para el futuro. Poco antes de morir recordó con precisión aquellos momentos, leí en los ojos del hombre que esperaba para subir al autobús que nos conduciría a Londres.

+ Librerías y salas de exposiciones. Trenes en la ultra-velocidad, bolsos de plástico y acero, zapatos de plástico, los pasos simétricos, la noche, luces verdes, limones, jardines, puentes sin apoyos, las centrales eléctricas y su evolución, su transformación, guías para acceder al corazón de los textos: su elaboración y su estructura, una momia en un museo, habitáculos para poetas, senderos en los bosques, moda y ropa de segunda mano, pipas y boquillas, el humo es el color de la ciudad [a esta hora]. Las exposiciones iluminan todo el viaje, las librerías recogen el cambio que opera en la visión, la velocidad lo es todo.

+ Teléfonos y belleza. Las mujeres se maquillan en el metro y suena un despertador [en otro compartimento]. Son aceleradas transformaciones. Ella es guapa y joven, viste de negro y tiene un tatuaje en la pierna con un nombre: se transparenta bajo las medias negras, es una letra de niño y se lee, sin dificultad: Michelangelo. Ha amanecido y los versos Borges establecen la cartografía del territorio, es éste nuestro deseo.

+ 14 "¿Es un imperio / esa luz que se apaga / o una luciérnaga?" 17 Haikus, Borges.

+ Escritores intemporales, clásicos que se aparecen en el camino. Los aviones son recintos donde el tiempo se suspende: es posible la estructuración de pensamientos muy próximos a la comprensión de la muerte, sin llegar a rozar la certeza de la propia muerte. Allí está el centro de las respuestas: sólo es un espejismo producto de la altura, la presión artificial y la voz acompasada de las azafatas. Aeromozas. Viento interno, la música de las cajas de ritmo, lo secuencial, lo reiterativo. Avanzan por el pasillo entre maquillaje y colores imposibles. Cada cosa que hago está resumida en esta libreta: una línea roja que atraviesa en diagonal una página. El rey de la noche ha abdicado, el alcohol ya no le interesa. Viajes que comienzan en Londres y terminan en Bath, porque hay una posibilidad literaria, porque las novelas contienen certezas y laberintos que, una vez superados, otorgan verdad y suficiencia. La lucha diaria contra la áspera textura del tiempo.

+ […pensaré hoy, antes de dormir, en la calles, en la última hora del día y en el regreso a Londres]

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+ Imagen: entrada en Londres, en las primeras horas de la noche: M-4

sábado, 18 de octubre de 2014

Factum




+ Dos libros en la recámara. Ambos tienen el mismo título: Sobre la fotografía. Uno de Susan Sontag, el otro de Walter Benjamin. La fotografía como testigo, como parte del diario, de autobiografía. ¿Es una maquinaria o un atlas de geografía: física y política: el cuerpo y el (alma-mente)?

+ Quinta acepción de recámara, en el DRAE: sitio en el interior de una mina, destinado a contener explosivos. Me interesa: el interior de la mina, sin luz, con el explosivo en toda su potencialidad. Hay una simetría con el fondo oscuro de la propia cámara de fotos. Todo ha cambiado mucho: de la película a los pixeles. De la química a a la electrónica. Sin nostalgia, el viento de los días y los años no puede hurtar la capacidad del momento, su eterna presencia.

+ Son las tres de la madrugada y acompaño a L. a su casa, después de una cena de amigos que celebramos anualmente. Hablamos de viajes y de las relaciones personales. Del amor, del desamor, del olvido. Es agradable escucharla en el silencio de la noche de un viernes. Nos despedíamos con dos besos, me doy la vuelta y veo como abre la puerta del portal. Pongo mis auriculares y vuelve a sonar Pulp: se eleva un telón y se muestra un futuro en el que habito [sin llegar a soñarlo, sin presentirlo]. Lo diario, lo cotidiano es el fuego y el agua y la tierra y el aire. Allí está: el camión que descarga la mercancía, sus luces, sus pilotos, el azul de una señal que recoge en su reflejo la luz verde que parpadea. Poemas que se recuerdan: Juan Ramón Jiménez. Una pareja camina sin prisa, él lleva, en el corazón de la noche, gafas de  ahumadas, fuma un cigarrillo electrónico: una gruesa columna de humo azulado se eleva con misterio, el misterio que la noche regala sin pedir nada a cambio. Hay decoraciones en el pavimento: bancos, baldosas en zig-zag, farolas de metales extremadamente brillantes, barandillas estilizadas, plantas domésticas o post-modernas. No es preciso comprender nada. ¿Libertad o determinismo?, la música ofrece vías paralelas a lo dado. Un coche se desliza suavemente, sin estridencias, hacia la ría. Se desliza como una pastilla de jabón por una superficie cerámica encharcada. Qué ligero, qué elegante. No pienso, esa es la tarea: la contemplación.


+ [Compro]: dos novelas de Simenon; 1. La taberna del puerto / 2. El caso Saint-Fiacre. Cada una 0,50 €.

+ Una coincidencia para la amistad. Los nombres de las ciudades contienen promesas que enraizan en lo biográfico. Es un sugerencia que germina y se eleva sobre el nivel terrestre de lo común, de lo plano. Yo sitúo el nombre de Cuenca en la patria imaginaria de mi reino. Un día coincido con una alguien y también para esa persona Cuenca es una referencia en un imaginario por construir. ¿Es realmente una coincidencia?

+ La voz de Iggy Pop resuena en los altavoces: Radio6. Es su programa semanal sobre canciones alemanas. Un preámbulo. Helicópteros, torres iluminadas, luces rojas, cerveza, humo veneciano, sentencias, un tres por cuatro, el taxi negro que cruza la estrecha calle a gran velocidad, escaleras mecánicas que descienden al infierno doméstico.

+ Imagen: los post-it(s) que han sido empleados para limpiar el depósito de la pluma: el uso de la pasiva es totalmente intencionado.

sábado, 11 de octubre de 2014

Ficciones




+ La canción de Oasis suena en el filo de la mañana, de camino al trabajo. Himnos, un himno sin patria. ¿La clase trabajadora? La certeza de la finitud debe ser celebrada. Deliberadamente, el volumen es alto. Los coches avanzan con lentitud, sus pilotos rojos acumulan en sí una extraña poesía de velocidad post-moderna. Las crestas de los montes se confunden con la profundidad de la noche. Oasis rasga ese triunfo de la muerte. Nubes negras, bosques de humo y viento. Las autocaravanas son la prueba de la posibilidad de otra vida: es un pensamiento sin sentido que subraya lo paradójico del camino al trabajo, de mi camino, del momento posterior al sueño. Todavía no he entrado totalmente en la vigilia. Hay una totalidad que reclama los accesorios y los ornamentos vitales. Poco a poco, el personaje se va componiendo.

+ Y dice la canción de Oasis que después de buscar sólo encontró cigarrillos y alcohol: I was looking for some action / But all I found was cigarettes and alcohol. Disiento. Como si contra el tedio no hubiese otra receta. Difiero de la letra, pero la música tiene una potencia que conjura el tacto frío y oscuro de la mañana. Todo está en el interior de la persona y es la persona la que tiene la tarea de variar la percepción y alcanzar la plenitud, ni los cigarrillos ni alcohol podrán realizar esta tarea: lo contrario es una subterránea y venenosa compasión que rebaja la única libertad: nuestro interior soberano.

+ Los cuervos se han convertido en el último año en un animal recurrente. ¿Son ya un emblema en la mitología portátil que se construye en el transcurso de lo cotidiano? Se muestran en parejas y aparecen en su vuelo enseñanzas ocultas. Nadie lo sabe, nadie lo podría explicar. La reflexión inicial sobre la presencia de los cuervos durante el último año se unió misteriosamente al recuerdo de Joan Brossa. La magia poética, la ausencia de fronteras en el ámbito de la expresión, un universo sencillo y contundente. Es cierto que ese recuerdo es paralelo a personas que habitaron noches y amaneceres en mi compañía y hoy son extraños a los que se les saluda por la calle, sin convencimiento. Los cuervos continúan graznando. El poema tiene muchas concreciones, las canciones o los gestos, el teatro o un sencillo dibujo en la pared del cementerio.

+ Oí como le explicaba a su hija el significado de la palabra democracia. Lo hizo con elegancia y sin darse importancia. Una explicación neutra y bien dirigida. Demos en griego es pueblo, dijo. Fue conmovedor, había una expresividad noble y auténtica. No es agradable que la gente hable a los niños con un lenguaje estúpido, falsamente sencillo, almibarado, mientras imita una supuesta manera infantil que no existe, salvo en la cabeza de la gente estúpida: los niños no hablan así. Dirigirse a los niños con respeto es una marca de elegancia de espíritu. La tarde-noche de un domingo puede llegar a ofrecer esos placeres: lo efímero es un dios generoso y arbitrario. En los paseos de la provincia que anteceden a la jornada laboral del lunes hay fósiles ocultos que  desvelan vidas y generaciones, muestran sus secretos, sus triunfos y sus fracasos. Hay que oír y ver, no se debe nadar contracorriente.

+ [7. 'Mi padre, mi madre y cuatro de mis hermanos fueron sorprendidos por el viento sobre las ondas; las olas chocaron con violencia contra los bordos']: recibida una antología de Luis Alberto de Cuenca en la que figuran muy detalladamente motivos y antecedentes, notas y explicaciones y poemas a los que remiten los poemas del poeta [escogido]. La edición es de Javier Letrán, que es profesor de literatura contemporánea en la Universidad de Saint Andrews, en Escocia. Recojo este versículo del Primer poema de Gudruna, la hechicera en la batalla. Me acompañó durante toda la semana, en el viaje hacia el trabajo, la música se ve favorecida por su influencia.

+ Apago el aparato de música del coche y disfruto del sonido hueco del motor. El ruido es expresión, modelos musicales sin cuadricular, volumen y seca sensación en bruto. Durante el día este rumor me entrega su secreto, pero desconozco el lenguaje, sólo llego a un vago balbuceo de insinuaciones. Amanece.


+ Imagen: la mano o el llamador, el rojo es un perfume o una invitación; [sin desvelar las soluciones queda en el aire lo posible].

sábado, 4 de octubre de 2014

Apariencia y enseñanza


+ Alguien dice: "Una seda fina no es apropiada para envolver el manuscrito, porque se deteriora fácilmente". A lo que Toma [poeta amigo de Kenko, monje Yodo, que murió en 1372] añade: "Es precisamente cuando la cubierta de seda se ha deshilachado por arriba y por abajo, y cuando el nácar se ha desprendido del rollo, cuando se puede decir que un pergamino es bello". [82, Ocurrencias de un ocioso, Kenko Yodhida].

+ Los vimos en la calle, contrapuestos y extraños. Sus figuras son disimiles y complementarias. Ahí está el centro, en su asimetría. Le pregunta si tiene humor, humor negro. ¿Todo enunciado implica dos lecturas? En este caso no era posible establecer un contexto, ya que lo oído se desvanecía. Las historias de la provincia suelen tener un poso moral, una enseñanza, una moraleja. Tratar de desvelarlas es un error, pues la solución envenena la alegría. Qué lejos queda todo, qué transición hacia el olvido. Las tempranas estrellas de septiembre se detienen por un momento y se adivina la enseñanza, pero no se desvela.

+ 'Jaguar': Hay automóviles que tienen espíritu. Las palabras solidas se unen a los objetos sólidos, se adivina en el resplandor de la mañana. Lo vi llegar despacio, con seguridad y con el brillo de lo caro, fue el miércoles. Era un Jaguar verde, con el metal como estaño brillante, con edad pero con apresto. Los asientos eran de un marrón casi rojo y el volante de azabache o laca o ébano bruñido. El conductor me pareció elegantísimo y cuando se dirigió a mí me hizo suponer mundos plenos de buen gusto y de dinero bien gastado, sin mucho alarde: culto, preocupado por su atuendo sin caer en lo obvio y llamativo, dedicado a vinos caros y escasos o a el estudio de una geometría de los instrumentos musicales, quizá una ebanistería en los ratos de ocio, quizá maquetas de veleros y una profesión relacionada con las antigüedades o una cátedra de filología. Le indiqué la dirección que me solicitó. Vi como se aleja, como hacía la glorieta y como, en sentido contrario, regresaba. Aparcó, bajó del coche y se dirigió hacia mí, una vez más. Era otra persona ya. Aquella pátina había desaparecido. El traje beis le quedaba grande y la corbata era vieja y de mala calidad, llevaba un sombrero de piel negra, muy baqueteado. Su sonrisa era vulgar y sus ojos inquietos y pequeños. Se había desvanecido el sueño y el coche yacía aparcado junto a dos utilitarios. Un coche más. Enseñanza: rechazar todo aquel brillo que no proviene del interior. Se puede mejorar: rechazar todo brillo.

+ Las paredes están pintadas de gris, un esmalte antiguo y cristalizado. Es un largo pasillo, sobre él, la luz de la mañana arroja abstracciones y figuras: como las nubes, admiten una interpretación más próxima a la sugerencia que a su propia naturaleza: lo casual sin interpretaciones, un vacío, o ni eso. La decepción se parece a esas imágenes, el fracaso es interior, es una construcción a la que se le da un valor del que carece. El error se hace firme, pero siempre es posible alejarse de él y establecer una dirección nueva. Las seis menos diez de la mañana contienen todo lo esperado: la respiración acompasada y la tranquilidad. El silencio eleva el momento y establece olvidos y jerarquías.

+ He vuelto a ver a los cuervos sobre la ría. Se recortan contra un cielo de comienzos de octubre: limpio y exacto. Se elevan como si contuviesen un mensaje, como los cuervos de Odin que atesoran lo visto y lo oído para luego ser relatado. Su figura me hace sentir una conexión que tiene más de medicina que de divagación. Su presencia me acompaña durante todo el día. A esto se debería unir una cierta querencia por lo efímero, lo incompleto, lo fraccionario. Se pone en duda el aliento racional y una aleatoria vacuidad retorna.


+ Imagen [azulejos verdes en Vilanova de Cerveira a medio día, como la caligrafía, como la pintura que se ha engrandecido con el paso del tiempo].

sábado, 27 de septiembre de 2014

Viernes


+ El insomnio ilumina facetas, se abre una puerta que conduce hasta margen de nuestra mismidad. Extraños sonidos: un traqueteo débil, pero continuo, como una respiración, atenazado, sordo, certero; un grifo que gotea; el coche que rasga la madrugada; alguien regresa y la caja de resonancia que es el hueco de las escaleras amplifica esos pasos, esas risas, esas caricias [se pude llegar a escuchar como se desliza la mano por la espalda y como la risa se ahoga en un beso]. Hay libros en la mesilla. Poemas y análisis certeros. En este momento no interesan, el desasosiego y el desamparo entran en la escena para transformar  el gusto. Idealizaciones, el camino que todos los días se recorre hacia el trabajo, ahora, parece una metáfora. No lo es. Tan literal como corto. El día asoma y la ciudad despierta, otros, todavía, duermen, yo no.

+ Se acumula la lectura, una semana más.

+ Cuarenta y cinco minutos en Portugal: un periódico, un café con leche, agua mineral con gas y una bolsa de patatas fritas. Ese fue el gasto que hicimos, nada más. Ahora, en la quietud de la habitación [del gabinete de lectura, mejor], paso las hojas del diario con indolencia. He leído un artículo completo sobre la elaboración de documentales, documentales que tratan sobre la dicotomía entre el campo y la ciudad. Pienso en ello: autopistas que conectan la ciudad con casas rurales, la ultra velocidad, pantallas de plasma y ofertas culinarias, ordenadores, teléfonos y animales en semi-libertad. Fotos publicitarias de compañías aéreas. Los aeropuertos son una metáfora del presente: su geometría, lo aséptico, el anonimato. Continuo. Paso páginas y me detengo una vez más en las fotos, en ciertos rasgos de la maqueta del periódico, en los rostros y en los gestos, en las pequeñas fotos tipo carnet de los columnistas. Todo es extraño porque no es necesario un proceso de desautomatización. El día comienza a declinar, es la luz de las últimas horas, cierro la revista que acompaña al diario y pienso en cómo explicaba un reportaje la sexualidad de David Bowie, entre el plan de marketing y la caricia áspera de la incontinencia, la doblez, las barreras traspasadas y las nuevas opciones: la monogamia con Imán. Así se postulan las posibilidades que el día trajo. Un día libre, un día de vagabundeo y pescado en los puertos salvajes: escolleras, playas y un mar infinito: al otro lado está América, me dice mi padre y es verdad.

+  "Luego, la noche toda quitándome, como telarañas, loros y enredaderas de la cabeza. ¡Qué fiebre verde y roja, verde y azul, verde y amarilla, verde!… Y amanezco envenenado". Juan Ramón Jiménez, Diario de un poeta recién casado CCXXVI.


+ Ilustración: en Portugal, a la orilla del Miño: [la luz intensa, el aroma del café, una posible geometría].

sábado, 20 de septiembre de 2014

La experiencia de lo cotidiano (III)




+ El calor, la humedad, el final del verano. Los días se han acortado, la luz es tangencial, el viento llega del mar con el anuncio del otoño, del invierno. Me detengo  y pienso en cómo se dispersan las bibliotecas a la muerte de su propietario. Cómo los libros se esparcen: substracciones, regalos, ventas al peso. La conexión que se estable con el final del verano se sumerge en agua helada. Las bibliotecas y su metafórica existencia. Ver los libros atesorados a lo largo de una vida es una metáfora. En realidad se podría prescindir de la mayoría de ellos, pero hay en el coleccionista una necesidad de afirmar su existencia, dotarla de ornamentos elegantes y solidos, la elevación de la biografía. Lo sabemos: otorga seguridad y da sentido a lo que no lo tiene: la vida. La colección es una territorio seguro e impenetrable, nunca se debe olvidar, no hay lugar para la duda. Mientras camino, los perfiles de la costa parecen eternos, el tiempo se comprime entre paréntesis: el inicio y el fin.

+ La lectura se demora. Sobre Nietzsche en el libro de Rüdiger Safranski: Nietzsche, biografía de su pensamiento. De alguna manera lo sabía, pero leerlo me ha confirmado ciertas ideas, se han ordenado en un sentido nuevo, pero un tanto inestable. En resumen, el alejamiento de Nietzsche de Wagner comenzó cuando se dio cuenta de que había una suerte de marketing en todo lo que rodeaba a Bayreuth. Que todo el proyecto wagneriano no era posible sin el concurso de los burgueses, que él despreciaba por entender que veían en el arte entretenimiento y poco más, nada más. El entretenimiento. ¿Es posible lo artístico en el sentido que Nietzsche quería sin el ese punto comercial, tan incluido en el núcleo de toda obra con repercusión en su actualidad? Resulta complejo aunar una cosa y la otra, por no decir imposible si lo que se busca es esa trascendencia a la vida cotidiana: plana y poco ligera. El poder del rapto, la desintegración en el monstruo, el olvidado salvaje que nos habita. El ensimismarse en el aspecto religioso y litúrgico puede resultar paralizante para el artista, pero quizá no haya nada que merezca la pena sin esa visión del poseso. La visión es lo que diferencia lo auténtico de lo fingido, podríamos pensar, lo que se aleja de lo netamente comercial. Los niveles los establece el creador mediante sus elecciones. No hay nada más allá de esa visión, tal vez, en un sentido profundo de la vida y su aspecto creativo y ciego. Pero no importa, ahora no importa, el día se hace transparente y esas disquisiciones se diluyen ante la fuerza que ofrece el paisaje, su aleatoria combinatoria. Una existencia artística es una aspiración cargada de soberbia, pero  es ahí donde se puede alcanzar una cierta inmortalidad: la inmortalidad del minuto, del segundo.

+ No realices ningún acto al azar, ni de otra manera que de acuerdo con un principio que perfecciones el arte. [Meditaciones, Marco Aurelio]

+ Los coches se desplazan rápidos por la autovía, su trayectoria es un relámpago en la mañana. Un corte en la silenciosa estabilidad. Contrasta con el aplicado esfuerzo de las garzas, con el vuelo de los patos hacia el otro margen de la ría, el temblor de gaviota que se zambulle en el agua oscura y fría. Las mujeres se dirigen a su trabajo. Un trabajo duro. Las mariscadoras son siluetas en la bajamar, esforzadas y silenciosas. Los coches parecen ajenos a todo ello. Yo camino y mi visión es el testigo de una realidad satisfactoria, donde todo está terminado. Hay algo japonés en ello, de láminas vistas en exposiones, en catálogos, en el silencio de la habitación poco antes de dormir. El estatismo propio de una tabla flamenca, por otro lado. Entre el costumbrismo y una pintura caligráfica, se eleva la mañana. No hay necesidad de óleos ni fotografías, recapacito. La imagen es en sí misma la finalidad: los veloces coches, el trabajo esforzado, los pájaros, la nubosidad, los arenales, los perfiles y las aristas del paisaje. A lo lejos, los pueblos desarrollan su actividad: en armonía con la estaciones y sus ritmos. Ha comenzado el curso escolar, los veraneantes se han ido, la rutina recupera su patria hurtada. El tono de la mañana no es opaco, pero los conductores no lo pueden percibir, sus afanes imposibilitan la visión.

+ O curas hominum! O quantum / est in rebus inane! [Filología y vida, Luis Alberto de Cuenca, una cita que, más o menos, se podría traducir por: qué inútiles resultan las preocupaciones de lo hombres].

+ Todas las mañanas, antes de coger el coche para ir a trabajar, me concedo diez minutos para la lectura. Como una medicina, el día comienza más acorde con lo fundamental que con lo accesorio. Es bueno recordarlo. Desde hace dos semanas, leo, fragmentariamente, a Kenko Yoshida. Lo poético es una ámbito abierto, pero que requiere esfuerzo e intensidad. K. Yoshida es una gran ayuda. Por ejemplo: "Habrá cosas que son indispensables para la vida diaria, pero, fuera de ellas, es mejor no poseer nada". Anteriormente, daba un consejo a todo aquel que desee ser rico: "no pienses nunca que vas a morir, nunca". En el viaje de ida, en el viaje de regreso, pienso en las dos sentencia y trato de establecer un puente entre ellas. Ese vacío que se prentende salvar no se describe con palabras, en ese vacío la luz para los afanes diarios resplandece. Luego, los afanes se ahogan, se difuminan. Cae la noche.

+ Imagen: cableado y efectos de guitarra, es lo cotidiano en su durmiente espera.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Lo teatral


+ Las barreras de la intimidad. Llegan en los periódicos del día artículos sobre como la barrera que protege la intimidad se está derrumbando. Literariamente, se podría apostillar. Se postulan libros que ni son novela, ni son memoria, gruesos tomos que ofrecen detalles que no tratan de aportar nada más allá de su existencia. La literatura es eso: letra muerta que revive en la mirada del lector. Una estética de lo recibido lo dejó al descubierto y ahora, en pleno estallido de lo electrónico, todo se ha convertido en una posibilidad de realidad. La intimidad es una posesión nuclear, las capas exteriores pueden desecharse. La narración se establece en una suerte de  no-esctructura [que es, sin duda, otra manera de ordenar]. Todos tenemos historias ejemplares en nuestro ámbito: familiar, laboral, sentimental. Esas historias contienen ejemplos y moralejas, pero sin estructura no son nada. Humo. La forma es la que le da a la obra de arte su estatuto, no lo excepcional, ni lo paradójico, ni lo fantástico. Así, cuando se oye: mi vida da para una novela, sabemos que eso no es cierto, porque lo importante es su textura y su armazón, la efectividad de la prosa, el engarce de las secuencias o la hilazón de las oraciones. Sentencias del amanecer, después de una larga noche de lectura y café. Lejos se oyen los silbidos del tren o el claxon de un coche sin destino, los noctámbulos se entretienen y la lectura es un pájaro que agoniza en una cuneta. La intimidad está más próxima a esta hora, a este momento posterior a lectura que a una exposición de las grandezas y las miserias del entorno.

+ Una habitación propia, Virginia Woolf.  Esa necesidad de una habitación propia y de una renta, modesta pero suficiente para permitirnos algunas frivolidades: la escritura. La independencia y el aislamiento. El invierno llegará a las calles de Londres,  todo habrá sido viento, un recuerdo, un sueño transido de verdad. La lectura de la semana pasada ha germinado. Se conecta con lo íntimo y con lo plural, con la invitación al viaje y la espera por éste. Libros que llegan y libros que se van. Bath, como punta de la posibilidad literaria, Londres como la evidencia que ofrece el ensayo de V.W. Para releer.

+ Mercadillo. Paseo por un mercadillo y descubro una vida oculta, un latido acompasado, pleno de verdad. No se trata de lo obvio. Está relacionado con el día, con la estación, la luz de final del verano. La disposición de los puestos en la plaza, el grito de una vendedora, el paseo de los ancianos, la alegría de las jóvenes, los colores y la aleatoria razón del intercambio: el trueque sustituido por la moneda, pero el trueque bajo los billetes y la calderilla. Allí está el trueque. Algo permanece. Lonas extendidas en el suelo donde se juntan zapatos y zapatillas, camiseta de rock duro, gabardinas y mallas, azules y verdes, azul eléctrico, una churrería y una camión jamones y barras de lomo embuchado. La actividad desvela historias no escritas. El día es cálido, hay una suavidad en el aire que parece extenderse a los rostros, a las manos, a la textura de las telas: las expuestas para la venta y a las que se lucen. El negro del paño, el denin roto, las blusas y su vapor de tormenta próxima. Algunos hombres fuman en la terraza de un bar y beben sangría, sobre la mesa de acero hay aceitunas y golosinas. Se ríen y aprueban con su cabeza. Dientes de oro, anillos de oro, cadenas de oro. Fuman con glotonería, intensamente. Su risa es sonora como el ronroneo del tráfico: sorda y contundente. Como subrayaba en Virginia Wolf hay algo que hace que el movimiento humano se asimila a la idea de una fábrica.

+ [1] Camina a saltos, como un pájaro. Botines de tacón, pantalón perfectamente planchado y una camisa color hueso translucida como un folio o una fina lámina de madera. Es muy bajo. Fuma un cigarrillo negro y mira a un lado y a otro con marcial desinterés. Una digna calva, cierta aristocracia de barrio en sus pasos y en sus miradas. En el atuendo se refleja lo meticuloso y lo electivo. Camina por el mercadillo y saluda a unos y a otros. Un gitano lo llama por su nombre, el asiente con un gesto, como un saludo entre iguales poco antes entrar en batalla. Se pierde en el corazón del mercadillo.

+ [2] Camina con decisión. Parece joven, aunque no se podría determinar la edad. Su piel es extremadamente oscura y mate, los músculos se dibujan con perfección. El pelo muy corto. Lleva bermudas y  una camiseta. Es imposible no reparar en la camiseta: bandas horizontales marrón oscuro y marrón claro. Tanto en la espalda como en el frente, ha recortado tres círculos en cada banda: seis en total. Hay una clara relación entre la inspiración y el hecho en sí, en la conjunción de los elementos del atuendo y el resultado final. Cada prenda asilada no es mucho más que un durmiente, en conjunto y en combinación reviven y crean un personaje. No importa la calidad de los elementos, su armonía, cuenta el personaje.

+ [3] Camina sin prisa, pero con determinación. Delgada. Una vez más, la suma de los elementos es superior a la totalidad. Por separado, las prendas carecen de interés. La elección es adecuada al momento. Chaqueta de punto azul cielo, camiseta blanca, minifalda rosa y calcetines blancos, unas zapatillas en el mismo azul que la chaqueta. En la falda hay bordado un número: 1980. Podría ser su fecha de nacimiento. Un collar de cuentas de cristal, el pelo lacio, un rubio imposible. Los hombres se vuelven. Ella parece saberlo, pero no le da importancia. Se esparcen las esporas de su carnalidad. Así, pasa a formar parte de una reparto de personajes, ese es su papel: sin texto, sin luces, sin más teatro que el ámbito de la calle, los establecimientos comerciales y los escenarios de las plazas. La equiparación entre la vida cotidiana y lo escénico no es importante, es imprescindible. Ella le da un acento a la mañana de erótica y fiesta, absoluta juventud. Una templado alejamiento que la hace dueña de las miradas, que las considera calderilla necesaria. Los hombres que beben sangría en la terraza sonríen, pero ella es ajena mientras se adentra en el pasillo que se forma entre los puestos. Tiene algo de pez volador, que salta entre las olas y se zambulle en lo interior, en lo profundo, en lo dado.

+ Cualquiera de los tres apuntes podría se el punto de partida de un relato o de una colección de moda. Son intercambiales en su contemplación. Este supuesto se puede rebatir sin dificultad, pero eso es una derivación no deseada. No se trata de eso. Importa la calidad de la mañana y su estructura oculta, la grandeza de lo cotidiano, de la vida corriente.

+ [Ilustración: en Brick Lane. Un mercadillo, un maniquí, la mañana y la erótica de los paseos sin destino]

sábado, 6 de septiembre de 2014

Malgré lui


+ [Malgré lui = a pesar suyo].

+ Los ricos y los pobres tienen en común su interés por las supersticiones. [Hanif Kureish Something to tell you].

+ Supersticiones. Amuletos y emblemas. Como amuleto dos cuervos. alguien podría pensar en dos tatuajes, pero se equivoca. Es algo recóndito y especial, no explícito. Tengo en una puerta del coche las marcas del ala de un cuervo. Semeja una mujer tendida, en la playa, levante incorporada. Quizá se trate de un alfabeto nunca cuajado. Allí se hace mineral la intuición del día, más allá de las palabras.

+ Hay en muchas ocasiones una urgente necesidad de medir el tiempo con precisión. No siempre es necesario y, desde luego, resulta un placer poder establecer comparaciones y escalas diferentes que nos alejen de la evidencia de las obligaciones. Por ejemplo: compartimentos de dos horas, picos cada 17 minutos, escalas aleatorias. No importa. Quizá lo más sutil sea eliminar cualquier compartimentación y dejarse llevar por los ritmos que la luz impone. Vaya, hoy es sábado.

+ Desde mi mesa de trabajo puedo ver un espeso bosque de altos eucaliptos: lo atraviesa una carretera estrehca, una carretera que conduce a una fábrica de conservas en la orilla del mar. En la lejanía, las camionetas, los camiones con remolque, los coches son un poco más maqueta y un poco menos objetos tangibles. La representación se equipara con lo real, con la realidad de la mañana. He comprobado que esa sensación de maqueta sólo es visible desde esa mesa de trabajo, no desde otras, no desde otros lugares próximos. No tiene explicación, y si existe no la precisa. Una observación demasiado intensa de una escena conduce a confusiones, ebriedades: tal vez: la representación y lo representado se confunden. Es un instante cuando se produce esa transmutación. Durante el regreso a casa pienso en ello hasta llegar a un punto en el cual no hay solución. El pensamiento no aclara nada, es mejor la sensación en sí misma y sus posibles derivaciones.

+ Se deja invitar por los jóvenes músicos, sin mucho interés. Se deja invitar y hay algo literario en ello, más en el personaje que ha construido sin proyecto que en la idea que de sí mismo tiene. El humo es un aliado poco fiable: tabaco, hachís y cerveza helada. No se trata de traiciones. El muchacho se adentra en el turbión del bar con el billete en la mano, él espera en el quicio, pero termina por volver con su esposa. La terraza está pletórica, ellos, el matrimonio, bajo el soportal son un poco más viejos, más melancólicos, hundidos en su amor sin remisión. La noche tiene sus violines y sus alambradas, muros y cristales de colores. Ya nadie corrige a nadie, por suerte.

+ A pesar suyo, le pagó la copa de coñac. No era una obligación, pero sentía una despedida en el gesto: "si quieres toma otra más". Había una venganza o un ajuste de cuentas en el sonido de las monedas contra el mostrador de mármol veteado. La ciudad duerme y él ultima sus libaciones sin mucha gloria, con vicio escolar o provinciano. La provincia duerme y el vino secreto y barato se destila en las charlas de las dos de la mañana.

+ Tener cosas extrañas es de hombres poco cultos. Es mejor no poseer cosas desconcertantes. [Kenko Yoshida].

sábado, 30 de agosto de 2014

Edades


+ A primeras horas de la mañana los cuervos vuelan sobre un canal de la ría. Se posan en una escollera y graznan mecánicamente. El día se eleva más allá de la isla, sin voluntad. La isla se asemeja a un monstruo durmiente, un animal anterior al diluvio, con una carga mitológica, con su misterio y su literatura. Una garza transita por los esteros, nadie se puede aproximar si no se quiere que levante el vuelo. Al tiempo, no me resulta complicado pensar en épocas pretéritas: un algo medieval y conectado con la lírica de los trovadores. Un viajero. Su llegada desde la meseta es el tema de un poema que no se ha de escribir [¿o tal vez sí?].  Es un instante de ensimismamiento. Finalmente, la técnica de romper el hábito de la percepción regala y estructura posibilidades. El caballo, el hombre, la ría, los bosques, los pueblos, puentes y torres, amores y lejanías, animales, árboles, mitos, decisiones, rituales, hogueras, la misión. En un amanecer parecido a éste se dieron cita los dos cuervos y la garza, otros cuervos, otra garza, en la arena húmeda, la arena que ha descubierto la bajamar. Hay en el cielo nubes que se podrían leer como se leen las líneas de la mano: la misma certeza de imprecisión, pero con el aliento de un mundo reconstruido: en un instante, con una presencia poética. Así vi en el bosque a la cierva perderse en la espesura. Los animales transmiten el latido del paisaje. Hoy han sido los cuervos, que han dibujado con las puntas de sus alas una mujer, en la arena. A mí me pareció una mujer, tal vez sea una guitarra o un barco sin rumbo, a la deriva.

+ Desde hace unos días, un poco al azar, un poco premeditadamente, leo sin orden fragmentos de Ocurrencias de un ocioso, de Kenko Yoshida. Un día, como un conjuro, la cita giró en torno a cómo el tránsito de la primavera al verano no es abrupto, pues en toda primavera hay algo de verano y en todo verano hay algo de otoño. Los ciclos de las estaciones tienen un innegable paralelismo con las edades de la vida, salvo que la duración de las estaciones está bien delimitada, aunque las fronteras, en muchas ocasiones, semejen imprecisas. Las edades son convencionales, arbitrarias. No todos los que tienen cincuenta años tienen cincuenta años, ni todos los que tienen veinticinco tienen veinticinco. Hemos visto a hombres de veinticuatro años que tienen cincuenta y cuatro. Mujeres de treinta que toda su vida han sido sexagenarias. Anochece, es hora de dormir.

+ El jazz gitano, una guitarra como una veloz motocicleta, el violín tiene algo de avión, las baquetas soportan todo el peso de una sugerencia. Campos, casas, vino, el modo francés, una cierta alegría de vivir, unos años veinte de cigarrillo, bigote y ternos en azul plata. La música, ya se ha dicho, tiene poderes medicinales. Un veneno.

+ Venenos a disposición del caminante. Me ha dicho, mientras señala la mata, que se pueden hacer infusiones, que no provocan la muerte, pero aproximan su presencia al poco de ser ingeridas. Otros me han hablado de pequeños hongos que transforman la visión [interior]. No probaré de nada de eso. Tengo otras recetas. El grado cero. Hay en nuestro interior un hombre con el que conversamos, un homúnculo. Le he prohibido hablar: su silencio es mi ebriedad. Un trabajo diario: el aquí y el ahora, sin pensamiento. El vacío que ofrece el mar cuando la marea baja es substancialmente metafórico. Una paradoja sobre la que reflexionar, sin prisa. La noche es transparencia y aleación de esperanza y victoria. Nada nos indica su fin, tampoco su principio. Las paradojas y la ironía nos ayudan a sobrellevar la carga de mortalidad que nos ha de acompañar por siempre.

+ La silueta de un avión nos habla de un futuro próximo. Un recordatorio, un amuleto. Vuela sobre nosotros y no nos hacemos preguntas. Lo literario es una certeza. Londres espera nuestra llegada, sin duda.

sábado, 23 de agosto de 2014

Laminación


+ Entrevista a una bailarina: en mi casa, en mi infancia nunca hubo televisión, la consideraban perniciosa. Habla de cómo la música inundaba el día a día, cómo sentía la fuerza y la presencia de las canciones. Leonard Cohen, es la cita, luego música clásica. En otro momento, alguien califica el televisor de chatarra. Un ruido sordo, continuo. Un filósofo, en otro siglo, afirmaba que tenía un televisor en blanco y negro,  averiado, en el centro del salón. Nunca se encendía. Aunque se tratase de una mera pose, ya valdría.

+  Foucault: "(…) es la defensa de la disensión y del derecho a la diferencia, con un rechazo enérgico de la confusión (común) entre lo normal y lo moral". Entrada sobre Foucault en el Diccionario de Filosofía Ferrater-Mora. La confusión interesada entre normalidad y adecuación debe ser rastreada, constantemente.

+ Capas de maquillaje que se superponen para enmascarar el rostro. El rostro se construye cada día frente al espejo. Sus párpados, sus labios, sus mejillas. Luego el pelo. Se equipara ese inicio con el camerino. Ahora él: se afeita, se peina después de aplicarse gomina o fijador, se coloca sus gafas [813 €], la camisa, los calcetines negros, los mocasines, el terno oscuro. El reloj [2950 €]. Desayunan. Las niñas están con sus abuelos, pero su espíritu permanece en el hogar. Su olor, sus cosas, la ropa en la cesta de la plancha. Salen a la calle y se besan. El escenario es la ciudad, la escena: la oficina de banca. Si se observan durante el fin de semana en los bares que suelen frecuentar, en las terrazas que les gustan, no se percibe variación, tal vez un cambio de indumentaria, pero la coherencia de los personajes, su solidez se impone a la circunstancia. Gin-tonic y cigarrillos rubios, palabras espesadas y planes de pensiones, de los que hablan con una portentosa autoridad. Anoche en la provincia. La normalidad duerme tranquilamente.

+ Llegan voces que hablan de paneles o de láminas magnéticas, de abandonos, de traiciones, adulterios y decepciones, obras que se harán inminentemente y pisos que son una ganga. El sol es hoy una potencia del alma. Lo veo crecer y me impide fotografiar: en la hora del trabajo. Leo y llegan voces, entrecortadas, sólo queda de ellas alguna palabra, pero lo definitivo es su música, que se impone sobre el decir. Es importante esa conjunción que el rumor del mar rompe. Baja la marea y las algas son materia de discusión, las fanecas [esos peces que nos acechan], un niño que llora y otro que ríe, la ternura de las adolescentes, las reverberaciones de la cerveza helada, el sutil tacto de la columna del cigarrillo de la chica rubia, tan elegante en su silencio y contemplación. No es un día cualquiera, es un lunes y la semana comienza en aras de seda y cobre, con aleteos cinematográficos y un lenguaje nuevo, que se ha renovado y permanece: estático y eterno. Siempre ha sido así, ¿verdad?

+ Las cosas que van quedando en el arcén de la carretera son extrañas, no por sí mismas, sino por su descontextualización. A veces, parecen trenzar una historia, parecen las pistas para llegar al núcleo de una verdad pétrea, fósil, eterna. Pero no, no es posible articular nada más allá de lo obvio. Varios bolígrafos sin tinta, tornillería varia, el desguace de unas gafas de sol, un sujetador de rayas azules y blancas, una estampa, un mazo de tarjetas de visita, mecheros inútiles, ortopedia y  cajas de Cd's, Cd's, una foto de Ute Lemper, un zapato [¿quién ha perdido un zapato, un sujetador?], botellas de perfumes caros, una olla, libretas y recibos, una lámpara, una cartera vacía, relojes en un calcetín: relojes dorados, herrumbrosos, relojes sin esfera, relojes sin agujas, relojes de los que sólo queda la caja y la correa, relojes dentro de un calcetín (…) Y así. ¿Hay una posible morfología? Creo haber dicho que no, pero esto no lleva a ningún lado, pues toda colección es susceptible de ser ordenada y clasificada, como sabemos, posteriormente, todo orden otorga una enseñanza. Hoy las nubes decoloraron el paisaje, había algo de blanco y negro o débil coloración de albúmina: cobre suave [una vez más]. Los objetos reclaman atención, pero el silencio los entierra un poco más en el olvido.


+ [Ilustración: en algún lugar de Oporto, próximo a Miguel Bombarda]

sábado, 16 de agosto de 2014

La inteligencia y la memoria, para una mitología


+ Hugin y Munin. Los cuervos de Odin: la inteligencia y la memoria. Rescato sus nombres de un poema de Luis Alberto de Cuenca y recuerdo haber visto contigo a L. A. de C. contigo, en Madrid. Le vimos mientras sacaba dinero de un cajero y escuchamos decir a la adolescente que le acompañaba: "Luis Alberto, tranquilo, que yo vigilo". Nos reimos. Para mí fue un gran momento. Nos dirigíamos a un restaurante japonés no muy caro, el otoño comenzaba, pero era un día luminoso, fresco, azulado, tan madrileño. Años después le vi pasar con un conferenciante por una calle de esta provincia. Nunca dije nada. Por ejemplo, no le dije, no le grité: Luis Alberto: Nec metu, nec spe. No importa mucho. El otro día, tarde de sábado, librerías y skaters, compré un tomo con su poesía completa, hasta el 2005. Una tarde de comprar libros, muchos libros, de bebidas multicolores y deliciosa Coca-Cola Light.  Nos reímos y estuvimos serios cuando contemplamos la posibilidad de una elección mitológica. Ahora, en calma, mientras leo, a mí me gustaría ser Odin, pero no por otra cosa que por tener los dos cuervos que van por el mundo y al final del día traen noticias. Para saberlo todo, para olvidarlo a continuación y quedarme sólo con el poso de la comparación, una sabiduría articulada en el estallido del instante: sin darle importancia, como un avispero sin avispas. Sin embargo, los cuervos, de alguna manera, llegan cada noche a mí, me hablan de posibles e imposibles amores, de desengaños y de esperanza, me hablan de todo aquello que nos queda por hacer. La inteligencia y la memoria perviven en los gestos y su vuelo es exacto y constante.

+ " (…) se nos quedan los ojos allá arriba,/ en esa línea de las cresterías/  talladas a diamante" Antonio Colinas. Peña Trevinca, en el recuerdo: agosto.

+ La tarde, en las desdibujadas línea del horizonte, es una promesa. La playa se pliega sobre sí misma: una imagen, la verdad reciente. Los cuerpos son misteriosos y bellos, con independencia de la edad, la altura, el peso o el volumen. Hay verdades que se generan en su conjunción, pero es mejor que ésta quede en suspenso, sin llegar a ser definida, en el campo erótico de la sugerencia. Es el dios del momento quién nos seduce, a pesar de ocultarse en el su último baño, sumergido: bucea hacia los bancos de algas, entre piedras y náufragos. Nada busca, nada ambiciona.

+ Cualquier día, en las primeras horas. Un paseo a la orilla del río. Veo como bajan del albergue mendigos y heroinómanos. Observo, sin fijarme mucho, en sus ropas, en el paso lento, en la constancia del humo de sus cigarrillos. A alguno de ellos conozco. Son el testigo de la devastación de la heroína. Contrasta su perfil con la rotunda belleza de la mañana, con el aire tibio, se contraponen a la ropa deportiva de las adolescentes y las mujeres maduras: llenas de salud y determinación. La belleza es la salud. Esta equiparación es ahora más rotunda. El río es una metáfora bien conocida, ellos son otra manera que la realidad nos ofrece para entender las derivaciones que esconde lo múltiple y lo tangible. Serios, concisos, asombrados. La mañana es una silueta de deportistas donde ellos son un contrapunto indeseable pero auténtico. Más adelante, arropado por la música del Mp3, creo entender cómo el ciclo de la vida se muestra sin darse importancia. Tres avispas devoran el cadáver de una lagartija: el arco de sus costillas recuerda a las espinas de un pez, su piel todavía conserva una belleza de verdes y pequeñas motas amarillas, asoma la carne amoratada. Hago una foto, luego la estudio y termino por borrarla: hay algo que me desagrada profundamente. Son las avispas, sin duda, me enferman porque te enferman, me digo recordando los peligros que atesoran. Uno lo uno a lo otro, me detengo y pienso en el humo denso de los cigarrillos, en la dedicación a un vicio, en la transparencia de la mañana y en la imposibilidad de regresar de la muerte. Nada de esto tiene derecho a emerger, la tarea está en centrarse en la música y restringir el flujo del pensamiento: hasta que se extinga. Shostakovich eleva el paisaje a obra de arte y da paso a un punto cero. Volveré, los pliegues son tramas de lo extenso.


+ [Imagen: La fotografía es un vehículo para la abstracción].

sábado, 9 de agosto de 2014

Hoy


+ Reproductor nuevo. Ha sucedido, finalmente: el antiguo reproductor murió, los discos giraban sin obtener nada a cambio, aunque arrojaba un ruido similar a un motor a punto de agonizar: el ruidismo es un arte siempre por descubrir: éste no era el caso. Sin sorpresa, se descartó el aparato. Lo fungible es el emblema de nuestro tiempo y a él se rinde uno, sin esperar ninguna lección, sin moralejas, sin esperanza. Llegó esta mañana, la portera lo recogió. Abrir el embalaje no es un rito, es una rutina, a pesar de esto último hay comprobaciones que parecen no estar todavía codificadas. Para probarlo utilicé tres discos: un episodio de Yo, Claudio, unos vídeos de Pulp y Transpoitting. Finalmente terminé por ver completa Transpoitting. Llovía abundamente y hacía un calor pesado: una atmosfera espesa y narcotica: ayuda a crear un clima en el entorno de la película. ¿Hay relación entre una cosa y la otra? Ninguna, no es necesario, simplemente se estable como elección destinada a disfrutar del momento. Lo que menos importancia tiene, me digo, es la película, el desarrollo de la trama. Interesan las imágenes, sus colores, el fondo musical, en unión de la lluvia que golpea los cristales, que se oye en la calle como un trasfondo irreal. Trampantojos. La textura de la lluvia, el intenso sabor del café helado, la recreación en que se transforma la tarde del viernes: el inicio del ocio y la indolencia: hoy no leeré nada. La película continua, aquí y allá surgen escenas londinenses en contraste con lo escocés. Es un Londres que no reconozco: sesgado y tópico, tangencia. El sentimentalismo del cine y de la lluvia, el salón en penumbra, la rememoración del pasado. Ha pasado el tiempo. ¿1995? Las cifras que nos otorgan las fechas son equívocas, son útiles, pero no descriptivas. Así esperamos una llamada y el tiempo se alarga, en el caso contrario se encoge. Es un error tratar el tiempo y sus divisiones como objetos, porque no lo son objetos; carecen de entidad. Esclavitud del calendario y el reloj. Por qué no establecer un periodo de tiempo delimitado por la vida de un reproductor: conocemos su inicio y desconocemos su final: como la vida misma, reflejo biográfico. Los apuntes surgen mientras llega el final de Transpoitting y lo que permanece es la suspensión del pasado y su engañosa realidad/irrealidad. Nada más, ha dejado de llover.

+ Un accidente, otro más. La costumbre anula la sorpresa, donde antes estaba la norma ahora toma su posición el letargo [y se equipara a la frecuencia, a la serie, pero no esto no es otra cosa que una bifurcación interesada].

+ Un apunte necesariamente rápido, necesariamente breve: Londres, Sinagoga de Brick Lane, Princelet St.: Rodindsky's Room, Rachel Lichtenstein & Iain Sinclair. Fantasmas, la persecución de fantasmas, pistas, un despertar, una historia, su reconstrucción. Tanteos. Ensayos, errores, rectificaciones. Algo tan propio de la ciudad. El método establece un sistema y éste nos revela capas subterráneas. Bucear en ellas es acceder a otra faceta de la percepción. La suma de las curiosidades termina por perfilar nuestra visión. Toda visión es construida, la elaboración consciente y dirigida se constituye en arte. El arte portátil. El arte que se eleva sobre todos, sin duda, es la poesía, así lo entendía Hegel, y en ello reside una razón: poetizar es sobre todo asombrarnos e indagar en este asombro, luchar contra lo que llega, contra las ideas recibidas. Londres aguarda nuestra visita, pero deberá esperar hasta octubre [oh, ciudad orgullosa y cruel]. En la espera, la lectura, las fotos y las sugerencias que nacen de conversaciones y recuerdos: volver al lugar que nos sorprendió la dicha: la poética del viaje, cuando los turistas se ven relegados y emerge su sombra, la que los ha de transformar, la que los ha de constituir en viajeros. E la nave va.

+Apago la luz y pongo la radio. Suena algo de Kurt Weill: la música acoge el sueño. Pienso en uno que rechazaba el sueño y me preguntó que habrá sido de él. Dormir es para los tipejos, decía citando una película de cine negro, que yo no recuerdo. Niebla que se desvanece, sueño que rescata los paisajes del pasado: urgencias y límites. Ayer, de camino hacia algún sitio donde cenar, nos encontramos con un alcohólico confeso. Contaminado de su propia locura, sus ojos atravesaban el pavimento, se elevaban y se clavaban en los míos. Sostenía yo la mirada y su mirada arrojaba vacío y deserciones. La barba grisácea, el pelo encrespado, la voz cuarteada. Tabaco, humedad, whisky. Se alejaba y había algo de opereta en su caminar, en su monólogo sobre la independencia Escocesa y Mick Jagger, en su ansiedad casi religiosa por el alcohol y su espiritualidad. Una vez alguien me dijo: ahí va Don Alcohol. Así, él es un exempla medievalista, la enfermedad anida en él desde el principio de los tiempos y su caracter perezoso la ha fortalecido: con veinticinco años eran unas elegantes extravagancias, hoy, con cincuenta, resulta una lastimosa estampa de la provincia: la percusión de la rutina y el drama doméstico. Allí va, y en la oscuridad, con Kurt Weill, lo vuelvo a ver en su opereta de borrachín de provincias. Me dejo morir en el sueño, una vez más: somnium imago mortis.

sábado, 2 de agosto de 2014

Inferum


+ Tienen los días de verano una excitante cualidad, que tanto invita al sueño como a la lujuria. Hoy llueve con una monótona insistencia, tal vez se trate de un prestidigitador que nos devuelve a la verdad de las estaciones: siempre está el invierno al acecho, como la alimaña en el bosque, como el ladrón en la oscuridad. No se debe olvidar. Así, se desprecia el tabaco: sólo por considerar su momento fuera del ciclo: la vida es acostumbrarse a eliminar dependencias. La cualidad: la renovación, el estallido, el resorte biológico que apunta a la reproducción. Lo perpetuo e inmóvil.

+ La cama como territorio: dormir, amar, leer. ¿Escribir?, tal vez, con el aparataje adecuado. El mes de agosto se anuncia como una prolongación de un algo innecesario. También la cama es propicia para la muerte: [y alguien] añade: y tanto. El sueño y la muerte se equiparan: somnium imago mortis. Quizá no sea tan descabellada la ambición de no permitir a las palabras alzarse más allá de lo necesario. La cama como instrumento del amor y de la muerte, el verano es la estación recurrente, la otra cara de la moneda alienta una elegancia extrema: el invierno. La cita del día, recogida de regreso a casa, una conversación oída por descuido, sin intención: "No saben lo que es, pero afirman lo que no es". No es preciso entender nada más, el día queda dibujado en el gesto que acompañó la frase: el giro de una sentencia siempre llega con un acompasado movimiento de manos. El verano entrega monedas, joyas y desperdicios, los restos del naufragio que llegan a la playa y se entierran en la arena.

+ La primera persona, el problema del yo. La disolución, la niebla, lo transparente y lo opaco. Egoísmo y lujuria. El tabaco era una compañía agradable, perfecta en los momentos de espera, una cortina de irrealidad y cine, pero un día me cansé. Yo ya era otro yo, que difería terriblemente del anterior. Como había sucedido en otras ocasiones cambié: la serpiente muda su piel anualmente, el ser humano cada tres o cuatro años. Así, el reflejo del rostro en el espejo es un oleaje, un escenario cambiante y sutil. Una mañana no me reconocí mientras me afeitaba, pero aprendí a convivir con aquel extraño, este extraño. Las aguas del Sena contienen mi memoria, la de un París que nunca llego a ser, la nostalgia de lo no vivido. Poemas, notas, caligrafía. No lo recuerdo, me he acostumbrado, con esfuerzo, a olvidar: permanentemente.

+ Era allí donde residía su persona: el teléfono carísimo, el bolso imposible y verde, la pluma excepcional de laca china negra-naranja y oro de 18 kilates y, simultáneamente, inapropiada para el momento y el lugar: demasiada acumulación de costosas baratijas. La primera persona nos engaña con sus estrategias, exige cuidados y atenciones que no se merece. Descendía un nivel cada vez que pronunciaban una palabra: no era guapa, no tenía estilo, pero sí poseía objetos caros que impresionaban muy poco, tal era su fallido cometido: triste, esencialmente triste. Camina bajo la lluvia, con dificultad, en la esfera de sus imposibles tacones negros.

+ La elegante manía de llevar libros a la playa y una vez allí: depositarlos sobre la toalla y olvidarlos, hasta la hora del regreso. Por ejemplo, durante esta semana viajó conmigo Los paraísos artificiales, nunca lo abrí. La vibración del verano supera cualquier lectura, la lógica de los cuerpos rebasa a la literatura misma: ahí se esconde un particular secreto, el secreto de la vida: niños, adolescentes, jóvenes, la edad madura, la vejez. Cada edad tiene una explicación que va más allá de las palabras y el pensamiento y se resume en la huella del tiempo sobre los cuerpos. El libro descansa y las palabras duermen un sueño ligero pero constante. Los cuerpos no mienten, allí se recoge la biografía de lo humano.

+ Inferum: neutro: lo que está debajo. [ Ilustración: las aguas del Sena, mes de octubre, bajo algún puente, quizá bajo algún puente].

sábado, 26 de julio de 2014

París


+ Algunas canciones de Pete Doherty en la memoria, mientras la marea baja. Bañistas, canoas, la niebla. Entrevistas, declaraciones, ruedas de prensa. El tacto del alcohol, el perfume del hachís, tal vez. Todo se condensa en la mirada que traspasa el paisaje, que lo transforma y le da sentido. Hoy.  El artista aparece llegado de otro siglo y se hace presente, es la encarnación del dios del momento, del gesto y del instante. Es un poeta maldito y vocacional. El desorden y la heroína son una punzada de poesía y soledad, la muerte en vida y su soslayar el tumulto, la pasión por lo diario, el trabajo y las obligaciones. Ayer, en la playa, bajo el sol: un poema de Miguel Ángel Velasco: el ala muerta, los huesos que compusieron su articulación, el arpa sorda sobre la arena [sobre la arena, tal vez], qué son sus huesecillos: un arpa hiriente y muda. Conciertos completos de P.D.: Manchester. The Trench, Le Blouson Noire, Les Jeans, Le Cigarette. El rock más literario: el hiriente filo de una deserción, el robo, la traición a las propias reglas. Les gusta el arte, no les gustan los artistas: su textura es veneno y perdición. Un obstaculo. Las guitarras, el atuendo, el rock es teatralización y vida sublimada: un rito, un exorcismo, una misa pagana. Es la posición sin posición. No hay impostura. Hoy no hay impostura.

+ Calles de Paris. Transitar una vez más la ciudad sin un destino claro. Las estaciones de metro. Por ejemplo: Sevres-Babylone. Nadie habla por teléfono, el aire es ligero y está perfumado de suaves drogas, inaprensibles, benévolas, ficticias. Sin consecuencias. El segmento superior del vagón tiene clavada una pegatina: un rostro en su delineada silueta: es una mujer, su pelo tiene la misma forma que un ala de cuervo. Queso, vino y tabaco turco. Los ásperos senderos de los jardines, columpios y estetas de última hora, la noche ha terminado y el amanecer es oro y Calvados. El día, la primera hora de la mañana. Le vi pasar y le reconocí sin dificultad. Alto, el cuero de su chaqueta, el sombrero tan ancho, anillos y tatuajes. No me vio, no me reconocería. Yo soy transparente, humo, tierra de mil desiertos, niebla de informes y detalles de dossiers que nadie va a leer. Suenan teléfonos en los despachos, nadie responde, tampoco yo respondo. Suspensión de juicio.

+ Tal vez Rimbaud. Son los hermosos tomos que permanecen apilados en una repisa en la habitación de la música los que le dan sentido a esta hora. Las guitarras son barcos durmientes, o mujeres atrapadas en su madera y en el acero o en el nailon de sus cuerdas. Paris se desvanece según el día se hace patente. Quién fue aquél que despreció su pasado de romanticismo y heroína, de libertino y lector marginal, que ahora recibe en un bufete en el centro de la negra provincia: maderas rebarnizadas, secretarias y un polvoriento olor a orines y al vino de los muertos. Apoyado en la barra del bar explica la diferencia entre la adicción y la dependencia. Nadie le escucha.

+ El rescate de la guitarra, una guitarra española llamada: [Brigitte].

sábado, 19 de julio de 2014

Intervalos


+ Las caravanas, el camping, el verano. Sin saber por qué, llega un hilo de literatura, la sugestión que produce pensar en territorios inestables, la posibilidad de una historia que se bifurca o se contrae [levemente, alguien apostilla], que se extienda más allá del ámbito de la narración y abarca la visión de lo total. Tal vez: Buenos días tristeza. El verano entonces era eterno. El verano de la infancia. El verano es un territorio libre que se desvanece. El verano contiene un canto de libertad sin espera, que se traiciona a sí mismo en otoño: el regreso a las tareas. La indolencia prueba sus trucos de adivinación y ocultamiento, la precisión de sus diagnósticos. Pero no, sobre todo reina el silencio y la suspensión del juicio. En esta hora hay un posibilidad, acotada en el presente. Un zumbido de motor, insectos que se transparentan contra las cortinas, el sabor de los licores helados. Se recorta el recuerdo y salvamos lo deseable. Playas, piscinas, pasillos infinitos en hoteles infinitos. Colores planos, líneas austeras, texturas frías. El contexto y sus jerarquías.

+ Todo se detiene y con ello la sugerencia: sólo es una fracción del día: la cinta para correr, música en el reproductor de Mp3 [modo aleatorio] y la pantalla que hay enfrente de la propia cinta. Un programa de televisión: Casas de verano. Se trata de transformar una suerte de cabañas o casas prefabricadas en hogares ideales. El resultado es plano y reiterativo. No lo comprendo bien. Antes de la operación hay vida, luego un decorado de gran almacén:  blancos y azules náuticos, cojines y lámparas a juego, un timón aquí, una linterna marítima allá. Antes, sobre las paredes se acumulaban, en un desorden sin estudio ni composición, recuerdos y baratijas, cuadros y adminículos, bajo un sofá los juguetes de los niños, escondites, laberintos, trampantojos. No sé, escojo la vida y su reflejo en el arte narrativo al orden frío y estático de la decoradora. Supongo que pasados dos o tres años, la cabaña adquirirá la pátina en la que se traduce el paso del tiempo, las edades, las alegría y las decepciones. Supongo y  es mucho suponer. Continuo con mi ejercicio, arropado por la música. Me detengo y comienzo a no pensar, a evitar la visión de la pantalla, de los torrentes de representación y docilidad. El cero es el objetivo.

+ Dudad, dudad de las narraciones sobre vuestra biografía, también del comienzo de vuestro relato. Sois todo lo que otros fueron, también lo que no llegaron a ser.

 
+ Instrumental topográfico. Encuentro el manual de un teodolito entre papeles y recibos. Es cierto, puedo establecer fechas y espacios: lo recuperé del cubo de la basura, en un oficina en la que trabaje hace no mucho tiempo. Su formato me llamó la atención, mientras yacía en el fondo negro del cubo. Ahora lo veo y me resulta interesante en un sentido descriptivo. Esto me indica un cierta dirección estética que establece dimensiones, una capacidad para descubrir ese algo permanente que ciertas cosas albergan en su composición, en su formato o en la estructuración de su contenido. Sin más: el manual es hermoso y la palabra manual se ajusta perfectamente a su naturaleza. El artificio, ese acento artístico  que, sin intención, ha cristalizado. La función rebasa su carencia de aura, pero ésta se establece cuando se ve recuperada del cubo de la basura. La ignorancia se convierte en un aliado. Pero el manual no es ni siquiera un libro, es un folleto, unas instrucciones básicas: tapas de cartulina verde tal que una tela especial, un verde entre lo militar y lo ducal, una tela veneciana, un vínculo entre el sentimiento y la certeza, el papel es un papel para resistir lo climatológico. La plasticidad inherente de lo exacto, sin ornamentos. Su tipografía es austera y contundente. Fotos de precisión extremada, en las que la disposición no admite la ambigüedad. Hay en el tacto del papel una transmisión limpia del contenido. Todo en su justo punto, los pesos compensados, la articulación y el equilibrio. Está en ella contenido otro tiempo, un tiempo de geometría y campo, de libretas donde apuntar medidas angulares y esbozar croquis. La geometría: triángulos, vértices, alturas, depresiones, vaguadas, crestas. La línea recta, la curva de nivel, la segmentación de la geología. Parcelas, linderos, caminos, el conocimiento que habrá de ser recuperado en el gabinete. Cotas y grados, orientaciones y brújulas. Hay una totalidad hermosa en el enunciado: trabajo de campo y gabinete. Es un buen momento para pensar, una vez más, en las reglas que determinan el ensamblaje de las partes.

sábado, 12 de julio de 2014

Sinestesia


+ Durante los últimos días he estado leyendo La lluvia amarilla, de Julio Llamazares. Irremediablemente han resurgido escenas y paisajes,un tiempo cercano pero con sedimentaciones y antecedentes anteriores a mi nacimiento, al de mis padres, quizá. Paseos, demoras, absortas horas en la lejanía de la montaña. Fue el verano pasado, visitamos pueblos abandonados, pueblos fantasmas, pueblos derribados por el viento y la lluvia, el abandono y la fina y afilada sensación de haber presenciado esto mismo: en otras circunstancias, con otros motivos. Agitados bajo sus restos, crece la maleza, se robustecen pequeños árboles, aletean los cuervos, reptiles ansiosos que traspasan lo que una vez fueron muros. La lectura, como es sabido, tiene un extraño poder evocador. Pienso, mientes leo, en la tierra de mi padre, en las cosas que a él le he oído contar sobre su infancia, cuando en el pueblo había más de trescientos vecinos y hoy apenas quedan tres viejos. La melancolía y el desamparo de la agricultura. Las autovías conducen a metrópolis incesantes, sus aristas se hacen materia en los comedores sociales, la pobreza en la ciudad es más pobreza. Es la sugerencia que se articula en mi biografía, deudora de la de mis padres. Hay conexiones subterráneas que establecen vínculos con realidades insospechadas, juicios motivados por una palabra dicha bajo un castaño en un día de agosto, cuando todavía había rebaños y pastores, cuando las fiestas eran celebración y no silencio y ausencias, cuando los niños jugaban y las mujeres reían y los viejos distribuían el tiempo destilado. Pasear por esas ruinas es pasear por la historia cuarteada de muchos de los que nadie recordará su nombre, sus fantasmas habitan en aquello que construyeron y hoy sólo es viento y humo, madera quemada, húmeda, podrida, entre la piedra y la pizarra. El paisaje permanece impasible, moralmente neutro, aquí reside una respuesta, una de tantas.

+ Son los poemas que transmiten un impulso, un bello cuerpo de látigos y descargas. Allí están. El latido auténtico. ¿Son necesidades, necesitamos las descargas de irrealidad que contrastan con el momento y su plana superficie? Luis Alberto de Cuenca: " (…) los nombres propios que me amaron/ ya no están en este mundo". La decisión de citar se instala en lo reiterativo del día a día, la ruptura del hábito simula libertad: sólo es un instante. El pequeño tomo de Marco Aurelio, Las meditaciones, se abren cada mañana, se cierran cada anochecer. La última hora del día es un rumor de olas y una pequeña cabaña. Hormigón, cristal y viento.

+ Hay un número 7 que tiene bigote, no éste que arroja el ordenador, sino el que yo escribo. Lo veo y es un siete con bigote, indudablemente. Repito el giro de la mano y vuelve a salir de su escondite. ¿Asombrarse con lo mínimo, la propia caligrafía, ese milagro de esfuerzos y desvelos de aquellos maestros, de mi madre en la cocina? En el siete tengo a mi madre, aquí y ahora. Ella también le ponía bigote al siete.

+ Hace tres días un camión perdió parte de su carga. Vísceras de pescado se esparcieron por la carretera. Insoportable olor, particular visión de su textura: gris, acuosa, tibia. ¿A dónde se dirigía con ese cargamento el camión? Inversiones, mercados y mercaderes. Todo se unía en una danza estúpida, bajo el limpio cielo de julio y el vuelo de los cuervos para los que se aproximaba un festín. Los pájaros no son meros resortes, pero se amejan mucho [su vuelo circular, terco y determinado]. No era tiempo de pensar, era tiempo de trabajo, el trabajo físico y duradero. Auténticamente humano.

sábado, 5 de julio de 2014

Velocidad


+ This charming man. The Smiths. Es un estallido que se expande, certeza en sus evocaciones, exacta en su melancolía, La letra, la música. Flota el deseo y la ambición. Un bucle que me remite a la adolescencia, que se eleva hoy en la oficina mientras alguien teclea en su ordenador. Sus escenarios son cambiantes, y sigue allí. Paisajes, nocturnos de alcohol y coches, humo y bailes a los que no fuimos invitados. El estilo y la imitación. Tan lejano como entrañable, cómo se transforma la persona: ¿has traicionado a aquel adolescente que fuiste?, cuántas veces me he hecho esta pregunta y mi respuesta, secuencias transversales, es un arrogante no. A veces utilizo esta herramienta de medida y los resultados son terroríficos. El tiempo es erosión y olvido, tenerlo presente es un moneda reluciente, oro y vino, amor y fe, escuelas y maestros, ya no están y yo les recuerdo mientras en aquella oficina suena la canción, ¿fuera de su contexto? el contexto se transforma y se impone. El contexto no es uno, ni es estable. Vuelvo a leer la letra, escucho la canción y decido que más que un himno es una compañía necesaria. Viajes coche que no cesan. El día termina, y los cuervos vuelan sobre su territorio, grazna y saltan, aquel hombre encantador y su coche encantador transitan por todas las carreteras que se nos ofrecen.

+ Metonimia. La necesidad de nombrar, el hecho cierto de las palabras y sus consecuencias. Laberintos, jardines geométricos, planos, archivos, calles y desvíos, atajos y escaleras, descensos y orden, simetría, pliegues. Fría piedra nocturna. El amor y el deseo. La tensión en las primeras horas de la mañana. No son todavía las seis de la mañana y arranco el coche. La música no es un sustituto, en sí misma ofrece las pistas necesarias para comenzar el día adecuadamente. Una abstracción contundente y la estructura del poema sinfónico establecen las bases que han de sostener el edificio: lo cotidiano como única respuesta al desasosiego y a la certeza de la muerte. Cada momento tiende a convertirse en un compartimento estanco, ahí reside la solución. Es ahí donde la eternidad transita, donde muestra la vía. Nombres en el olvido, una canción que un día evocó el amor y la distancia. La noche ya no es el final del día, ni un paréntesis en la rotación terrestre. La noche cercena el pulso de las negras aves que anuncian otro final.
 

[DRAE: metonimia f. Ret. Tropo que consiste en designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etc.; p. ej., las canas por la vejez; leer a Virgilio, por leer las obras de Virgilio; el laurel por la gloria, etc.]

+ "Todo es extraño en Praga o, si usted prefiere, nada es extraño. Cualquier cosa puede ocurrir. En Londres, en algún atardecer, he sentido lo mismo". Borges El informe de Brodie, Guayaquil. Yo también percibí esa inquietante sensación, tenue y vibrante, como el vuelo de una avispa, el viento entre las hojas, un bosque remoto, el silencio en las clínicas, el rumor de los aparatos eléctricos en la soledad de las salas de espera, la pálida iluminación de los tubos fluorescentes. Una vez más. Lentamente cae la noche y siento el tránsito de los vampiros sobre las copas de los árboles; vidrieras, ladrillos rojos, luces amarillas, mujeres que observan la calle desde sus ventanas, coches negros que cruzan velozmente la calle. Una vez más. He visto a los vampiros traicionados por miradas adolescentes, he visto el vapor de su aliento cristalizado en las calles menos transitadas, callejones donde el miedo es más teatro que acción. Hoy se confunden con la tramoya del escenario urbano. Lo celebramos una vez más.