sábado, 28 de marzo de 2026

Sin indicaciones (36)

 


+ ¿Tendría que interesarme la entrevista al pintor? No. Prefiero continuar en la ignorancia de sus opiniones. Tener presente la muerte del autor que decía Barthes me resulta útil. Hoy, también.


+ La tristeza es un vicio, decía Pessoa. Hay usos espurios de esta afirmación. Proviene el inadecuado uso de creyentes ilusionados y fantasiosos. Tengo ese rasgo. La tristeza. Viene y va, se detiene y desaparece, pero late en una profundidad extraña. Desconocida. Lo sé. Mi carácter, la imposibilidad de sustraerme a lo que soy o lo que fui. Flashes que llegan del pasado, un presente que resulta confortable e incómodo (y de ninguna manera es esto una contradicción), personas con las que me cuesta comunicarme y, al mismo tiempo, resultan plenamente explicables. El futuro ya está aquí, decía la canción. No es miedo, es tristeza, a veces complementarias, siempre distintas. Escribo y no sé de mis interlocutores. Los fantasmas se beben los besos que se envían en las cartas, decía Kafka. Basta ya de citas. Silencio.


+ Desconocidos, conocidos e íntimos. Una triada clasificatoria, un punto de orden y un espacio para el olvido. 


+ Imagen: trabajadores tras las cortinas del museo de arte contemporáneo. Basta la mirada para elevar el gesto a discurso.

sábado, 21 de marzo de 2026

Los dioses lares

 


+ Ha dejado de llover. Las conversaciones sobre el tiempo son una apuesta por la neutralidad. Sin embargo, entiendo que al ser la lluvia una incisiva presión sobre mi estado de ánimo la observación es punto más que necesaria. Pasear, asomarse a las calles, sentir la caricia del aire. Hoy encuentro razones para disfrutar de las últimas horas de la tarde del domingo. Queda así.


+ Libros de poesía pendientes. Su lectura estructura el paso del tiempo. Compartimentos estancos que nos devuelven la imagen del tiempo renovada y libre de condiciones. Compartimentos estancos o esa es la intención. No busco exactitud, tampoco un reflejo. ¿Conocimiento? La derivaba de los años me ha enseñado a que la desconfianza es un primer acercamiento, pero no puede determinar el curso de las investigaciones.


+ Recibo noticias de alguien que permanecía en la sombra. Una necrológica. Un intercambio de datos, un acercamiento filosófico para los que desconocen las filosofía en sus más rudimentarios principios. Algo de eso hay. Reconocimiento y lejanía.


+ Una agradable mañana que prologa la primavera. Café, celebración y conversación distendida y banal. Lo banal no es necesariamente un rasgo negativo. Café con leche sin azúcar muy caliente. El cielo es transparente y hay un perro que juega, casi un cachorro. No hay tema, me digo y me dejo envolver por las conversaciones sin llegar a participar, como la pluma que roza la piel. Me reconcilio con la humanidad: qué poco hace falta: un café y risas, ilusiones y una juventud no tan lejana. Agradezco el regalo de los dioses, los dioses lares


+ Vuelvo a la pintura. Por casualidad, en la irregular y aleatoria navegación me encuentro con cuadros y fotos de un pintor que si no fuese por la relevancia de su hijo nunca hubiera llegado a su obra. La cuestión es que su pintura me parece interesante, con la salvedad de que la estoy viendo en una pantalla y esto es un doble engaño: el engaño de la pintura y el engaño de la pantalla, sin las propias dimensiones del objeto, el objeto se ha transformado ya en otra cosa. Estudio por el aire su biografía que me lleva a plantearme, otra vez más, la diferencia que se establece entre el éxito y el fracaso. Ambas etiquetas son arbitrarias y móviles. ¿Fracaso, éxito? Un decisión, tal vez. ¿Se trata solo de etiquetar o debemos dejar la tarea de la clasificación a un lado y, sencillamente, vivir? Responder esta cuestión sí que es toda una tarea que lleva toda una vida alcanzar. 


+ Imagen: un ensayo de espiral con el que me encuentro en un paseo por Madrid en la compañía de C. Queda la señal de un tiempo feliz, que se debe conservar como el sortilegio que es: contra el desánimo.

sábado, 14 de marzo de 2026

Reelaboración

 


+ Hay un estudio implícito en las conversaciones sobre las otras personas, aunque yo, como observador vocacional, me mantengo al margen y mis intervenciones son punto menos que neutras o totalmente vacías. Lo siento, yo no he venido aquí para darle la razón a nadie, tampoco para quitársela. He visto gran desconocimiento sobre cuestiones básicas de sintaxis y he guardado silencio: qué quieres de postre: helado o tarta, qué debe presentar: una nota simple del registro de la propiedad o una declaración responsable. No importa y, realidad, no lo siento, solo me mantengo al margen. El margen lo establezco en cada momento y su movilidad es mi dominio. Escucho atentamente lo que sobre los otros me dice y yo no añado nada. Ni añado, ni quito. Preferiría que no me contasen nada, pero eso no es posible. El apunte de la circunstancia es su disolución. 


+ Veo en las últimas fotos que he colocado en este espacio un algo de expresionismo. La búsqueda de un límite en las dimensiones y la perspectiva. También en los dibujos que hago en la libreta y, así mismo, en su coloreado. Las imágenes se pueden analizar desde múltiples perspectivas, aunque hoy yo las prefiero ver en la sintonía con ciertas balizas sentimentales en lo diario. Las fotos de mi movil son entradas en un diario y, también, las que aparecen en la libreta de los dibujos y se unen a estas entradas. No sé. La necesidad de que haya constancia de lo vivido y la reflexión sobre su devenir.


+ Lo que decía ella: los recuerdos son construcciones. Lo decía mientras hablaba de cómo había llegado a asumir la demencia de su madre y la necesidad de cuidarla aunque su madre ya no es su madre, sino el contenedor de su madre. Ay, quizá todavía sienta que ella es ella, “mi madre, a veces, tiene una reconexión con lo que fue”, pero, ay, la mayor parte del tiempo no está. La memoria es una construcción, una selección y un relato que varía. El cambio es la clave. M. no lloró, pero estaba triste. Luego volvió a hablar del trabajo, pero a mí esa conversión, qué le voy a hacer, no me interesaba y, sin ser maleducado, me distancié. Mi neutralidad. Luego, a lo largo de fin de semana, no pude dejar de pensar en su situación. La tristeza, me dije y continué con mi camino. Mi camino, ay.


+ La reelaboración me interesa y, al tiempo, no puedo escapar de su influjo. Qué hago yo todo el día: coser, descoser y volver a coser.


+ “La sensación era extraña. Como si de repente comenzaste a entenderlo todo. Y cuando digo todo lo digo en la máxima expresión de la palabra todo. Bien. En realidad me refiero a que había comenzado a percibir con claridad la forma en cómo funcionan determinados resortes sociales y profesionales, compartimentos no necesariamente estancos. Esos procesos de socialización me sorprendían, los observaba como un primatólogo observa a la familias de gorilas que componen un clan. Tal vez ese punto de observación era soberbio, pero no encontraba ningún otro desde donde describir lo que a diario veía. Descripciones que eran de uso particular y sin un objetivo determinado, salvo comprender. Una compresión intransitiva. Y lo que  veía me parecía fútil, irrelevante e infantil. Ser observador es una apuesta por la irrelevancia, el observador es necesario que se camufle en el boscaje y no se manifieste ante la población observada."


+ Imagen: recorte.


sábado, 7 de marzo de 2026

Sin indicaciones (35)

 




+ La soberbia es un tema. La estulticia va de su mano. Lo he visto en tres o cuatro ocasiones en el último viaje a Madrid y, lejos de indignarme, se convirtió en un tema muy interesante para observar. Esta soberbia vino de la mano de hombres jóvenes, bien parecidos y bien vestidos. Su altisonancia resultaba, por otra parte, un tanto ridícula. Yo sé que la edad me otorga un punto de vista privilegiado. Todo eso lo he visto antes y he visto cómo se desmoronaba, que es el destino de todos los pecados, vicios y virtudes. Esa plantación de la finitud desmonta cualquier presunción. Sin embargo, me agradó en el probador el gesto de una chica de la tienda a la que el mocetón ignoró tras darle un golpe mientras miraba hacia el frente embutido en su chaqueta de pelo y sus gafas de dorado cristal espejado. Nos miramos y sonreímos. Aquello desmontaba cualquier tontería del bigardo. Me reí internamente y me despreocupé, era un emblema de nuestro tiempo: el mío, con casi sesenta, y el de chica, que no llega a los treinta. Nada permanece, todo es cambio, pero se mantienen usos y costumbre tan estúpidos y prescindibles como aquellos del pasado.


+ Sigo con Saavedra Fajardo y su República Literaria. Hay una enseñanza: no hace falta tener demasiados libros y se debe sospechar de aquel que presume de extensa biblioteca. Pocos libros, poco tiempo, más vida que la libresca o la cultura, con mayúscula o minúscula, siempre con “k”. Pero esto es pedir demasiado. El silencio se impone. Al poco tiempo, entro en un debate sobre la redacción del libro, sobre las dos versiones de la redacción, que hasta se pueden considerar, en algún momento, contradictorias. La lección me enseña, o me recuerda, la necesidad de no dar nada por hecho y que la inconsistencia de la autoría es una norma más estable de lo que, en un principio, podría parecer. Pocos libros y con un acercamiento desconfiado, la desconfianza contra la autoría. Una suma que va más allá de los sumandos y se dispara hacia un punto de vista que deshecha los tópico, o esa es la voluntad. La voluntad que impone al afán del día.


+ La soberbia es todo un tema. La ira, el rencor o la cólera. Buscaría adjetivos, encontraría rostros y recordaría situaciones y daría a la redacción anécdotas para sustentar la vieja idea de que “el carácter es el destino”, aunque disiento: la soberbia la atempera la trayectoria vital, bien en un sentido, bien en otro sentido. Me quedo con la estampa recibida en Madrid estos días, que fue suficiente para unir soberbia y estúpida disposición. El imbécil que se admira en el espejo, como un emblema.


+ Añado: la estupidez es todo un tema. Observaciones en el discurrir de lo diario, reflejos que se anotan y luego se desechan. Una estupidez observada que se relaciona con una incierta hybris. El estudio no se detiene. Soberbia y estupidez se juntan en un punto. Es punto me interesa, esa confluencia es lo que observo.


+ Imagen: escaleras, puertas, ventanas y sombras.