sábado, 21 de marzo de 2026

Los dioses lares

 


+ Ha dejado de llover. Las conversaciones sobre el tiempo son una apuesta por la neutralidad. Sin embargo, entiendo que al ser la lluvia una incisiva presión sobre mi estado de ánimo la observación es punto más que necesaria. Pasear, asomarse a las calles, sentir la caricia del aire. Hoy encuentro razones para disfrutar de las últimas horas de la tarde del domingo. Queda así.


+ Libros de poesía pendientes. Su lectura estructura el paso del tiempo. Compartimentos estancos que nos devuelven la imagen del tiempo renovada y libre de condiciones. Compartimentos estancos o esa es la intención. No busco exactitud, tampoco un reflejo. ¿Conocimiento? La derivaba de los años me ha enseñado a que la desconfianza es un primer acercamiento, pero no puede determinar el curso de las investigaciones.


+ Recibo noticias de alguien que permanecía en la sombra. Una necrológica. Un intercambio de datos, un acercamiento filosófico para los que desconocen las filosofía en sus más rudimentarios principios. Algo de eso hay. Reconocimiento y lejanía.


+ Una agradable mañana que prologa la primavera. Café, celebración y conversación distendida y banal. Lo banal no es necesariamente un rasgo negativo. Café con leche sin azúcar muy caliente. El cielo es transparente y hay un perro que juega, casi un cachorro. No hay tema, me digo y me dejo envolver por las conversaciones sin llegar a participar, como la pluma que roza la piel. Me reconcilio con la humanidad: qué poco hace falta: un café y risas, ilusiones y una juventud no tan lejana. Agradezco el regalo de los dioses, los dioses lares


+ Vuelvo a la pintura. Por casualidad, en la irregular y aleatoria navegación me encuentro con cuadros y fotos de un pintor que si no fuese por la relevancia de su hijo nunca hubiera llegado a su obra. La cuestión es que su pintura me parece interesante, con la salvedad de que la estoy viendo en una pantalla y esto es un doble engaño: el engaño de la pintura y el engaño de la pantalla, sin las propias dimensiones del objeto, el objeto se ha transformado ya en otra cosa. Estudio por el aire su biografía que me lleva a plantearme, otra vez más, la diferencia que se establece entre el éxito y el fracaso. Ambas etiquetas son arbitrarias y móviles. ¿Fracaso, éxito? Un decisión, tal vez. ¿Se trata solo de etiquetar o debemos dejar la tarea de la clasificación a un lado y, sencillamente, vivir? Responder esta cuestión sí que es toda una tarea que lleva toda una vida alcanzar. 


+ Imagen: un ensayo de espiral con el que me encuentro en un paseo por Madrid en la compañía de C. Queda la señal de un tiempo feliz, que se debe conservar como el sortilegio que es: contra el desánimo.