+ ¿Tendría que interesarme la entrevista al pintor? No. Prefiero continuar en la ignorancia de sus opiniones. Tener presente la muerte del autor que decía Barthes me resulta útil. Hoy, también.
+ La tristeza es un vicio, decía Pessoa. Hay usos espurios de esta afirmación. Proviene el inadecuado uso de creyentes ilusionados y fantasiosos. Tengo ese rasgo. La tristeza. Viene y va, se detiene y desaparece, pero late en una profundidad extraña. Desconocida. Lo sé. Mi carácter, la imposibilidad de sustraerme a lo que soy o lo que fui. Flashes que llegan del pasado, un presente que resulta confortable e incómodo (y de ninguna manera es esto una contradicción), personas con las que me cuesta comunicarme y, al mismo tiempo, resultan plenamente explicables. El futuro ya está aquí, decía la canción. No es miedo, es tristeza, a veces complementarias, siempre distintas. Escribo y no sé de mis interlocutores. Los fantasmas se beben los besos que se envían en las cartas, decía Kafka. Basta ya de citas. Silencio.
+ Desconocidos, conocidos e íntimos. Una triada clasificatoria, un punto de orden y un espacio para el olvido.
+ Imagen: trabajadores tras las cortinas del museo de arte contemporáneo. Basta la mirada para elevar el gesto a discurso.
