sábado, 7 de noviembre de 2026

Lectores de calidad

 


+ “El aire se serena / y viste de hermosura y luz no usada,” Fray Luis de León, Oda III “A Francisco Salinas”


+ La belleza de un poema es la belleza de una combinación insertada en una estructura fija y rígida. La “luz no usada” esconde en sí misma un universo de posibilidades. Me encuentro con la reverberación que me produjo en su primera lectura, reconstruye el lector que fui y al que debo el que soy. ¿Buen gusto, distinción? Hay momentos en que la cuestión tiene sentido y otros en los que no. Me dejo ir en esta última posibilidad. ¿Por qué? Es el bote salvavidas que contemplo desde este barco que todavía no está a la deriva.


+ Ayer, en Santiago de Compostela, compré la edición de Poeta en Nueva York de María Clementa Millán. Lo he comprado a raíz de haber visto La bola negra, que, por ensalmo, recordé cosas de Lorca, asuntos sobre la edición del poemario y la complejidad ecdótica que lo rodea. Eso me aporta una extraña seguridad en mí mismo, de la que tan necesitado estoy. La filología como arma de combate en la lucha cotidiana. No cabe otra posición. Poco a poco, regreso a mi patria, los libros.


+ [Lectores de calidad]: no puedo por menos que emplear el sintagma, porque entiendo que la calidad se circunscribe a una cierta apertura. No me gusta lo estrecho, ni lo dado, no lo que se recibe sin más reflexión que la produce el rayo en el agua: la traspasa y nada deja en ella. No es la calidad una cuestión de títulos ni erupciones, sino, repito, apertura. Y no se restringe a la lectura, porque es una forma de estar en el mundo. Todos los días debo escuchar ruidos y rumores que se oponen a esta forma de estar. Puedo con ello y con más.


+ El soneto XI de Garcilaso de la Vega. Vuelve el poema en forma de paisajes entrevistos desde el tren, tal vez, Toledo.


+ La búsqueda de libros en línea transmite una extraña sensación de reciclaje o reconstrucción interesada. Materiales del pasado que rebusco en páginas web, que lo que arroja esta búsqueda se aleja del primer propósito. Aquel propósito del autor, porque el mío es otro y me doy cuenta de que todo sucede así: lo proyectado termina por ser un algo abierto a múltiples e insospechadas posibilidades. Los libros que encuentro se adaptan a una tarea para la que no estuvieron pensados, la tarea que llevo a cabo tiene un destino insospechado. Todo lo humano participa de esta falta de voluntad exacta, de plan bien trazado. El plano termina por verse abocado a una reelaboración que se aparta del primer dibujo, del esbozo, de la idea que alumbro el camino.


+ Deseché una cita de Claudio Rodríguez porque no encajaba en el esquema académico, aunque creo que era suficientemente ilustrativa de cómo la herramienta depende de la voluntad de la mano que la empuña y no de su propia naturaleza. “¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra / que cuando siega, / el de amor que el de asesinato?”, que se puede encontrar en Alianza y condena. Que conste.


+ Imagen: Santiago de Compostela.

sábado, 31 de octubre de 2026

Madrid y los esquema estereotipados

 



+ La imagen de Madrid se relaciona con recuerdos, aquello que surge y aquello que se oculta. Allí aprendí cosas que luego olvidé y ahora recupero. Me acuerdo cuando me fui a hacer el servicio militar, por ejemplo. En el túnel del metro me di cuenta que todo había girado y el giro comenzaba en el pasadizo (he vuelto a ese pasadizo y he sentido el tacto de aquel día de enero). No mucho más. Llegué a Campamento y entré en el desvencijado cuartel. Cristales rotos y espacios enormes, frío y la imposibilidad de saber muy bien dónde estaba y quiénes eran aquellos que conmigo estaban. Dormí y el día siguiente fue extraño: fumé en el avión, todavía se podía fumar en los aviones y yo todavía fumaba. En el avión pensé en Madrid mientras sobrevolábamos el océano. Mi primer viaje en avión. Pensé en las calles, en el metro, en los bares y en las plazas. Pensé que todo aquello no me pertenecía y tenía razón: no me pertenecía, ni me pertenece: solo es un escenario, mi particular escenario.


+ Añadir, no sustraer, dejarse en el viento, olvidar y parase, el viento y el frío, nada más.


+ Esos pequeños gestos que un día tuvimos y se han hundido en el olvido, ¿dónde están? Así me acuerdo de algunos momentos, pero otros nunca volvieron. ¿Dónde están?


+ Herder sobre Kant: el temor a errar es el error mismo.


+ El silencio en los museos. Juan Gris, La fenêtre ouverte 1927


+ El terrible accidente de tren ha cambiado el final del viaje a Madrid. El regreso a Galicia. Esos gestos, las intuiciones, lo construido durante años se desvanecen en un suspiro. Nada permanece y la muerte inesperada es inaceptable.


+ Cruzó el tren la tierra de mi padre y recordé a mi padre. Me sentí triste e ínfimo, silencioso y tranquilo. Tenía sueño y la compañía de la caducidad se llevó consigo mi moneda de oro. Una vez arrojé polvo de oro a los perros, ahora los perros ladran pero yo duermo. Regresó un mundo desde el pasado, la infancia, aquellos paisajes, mis padres todavía jóvenes. Llegamos a Ourense y yo ya era otro, porque siempre soy otro. Nada permanece.


+ Imagen: transiciones entre el museo y el regreso al hogar (el desplazamiento en el metro).

sábado, 24 de octubre de 2026

Gente

 

+ La mayor parte de la gente que conocemos solo nos produce indiferencia, se dice, más o menos, en En busca del tiempo perdido. Una página al azar. No puedo estar más de acuerdo y, si lo admito, no es desde una posición aristocrática. Más bien todo lo contrario. Lo digo desde ese espacio que resulta ser lo más humilde y cotidiano. Sí, poca gente me interesa, pero me interesa mucho. Calidad y no cantidad, me digo. Selectivo, como selectivos son conmigo.


+ “Poëta non vulgaris venae” (Nicolas Antonio, 1672: T. I 602).


+ La nota erudita marca una distancia con lo escuchado en el día de hoy. La precisión no es cortesía, sino obligación.


+ Llegan noticias de personas que había olvidado. No es una recuperación y su presencia dura un poco, casi nada. Repito, la inidiferencia es una constante y ello me conduce a la reflexión: el círculo se estrecha.


+ Imagen: bandera roja.


sábado, 17 de octubre de 2026

Tenaz retrato del olvido

 


+ Leo: “el fundamento irracional del amor y el conocimiento de la pasión a través de la propia pasión”. No es romanticismo, es barroco. El Barroco que integra en sí una forma de ver el mundo que se resuelve en lo extraordinario y arborescente, la pasión y la finitud. La finitud es la clave vital.


+ Se aleja el verano. Las estaciones meteorológicas tienen un potencial simbólico no siempre evidente. Lucho contra ello y no quiero otra cosa que el presente. Tratar de habitar poéticamente el mundo no siempre es posible. Ni siquiera es un planteamiento original, como si esto tuviese alguna importancia.


+ De la estantería tomo el libro Miel salvaje de Miguel Ángel Velasco. Y acudo al poema al que siempre acudo: “La tregua”. Los leo y me quedo con tres versos: “De nada sirve hoy el láudano del verso, / ni las habitaciones de la música: / te han mirado unos ojos sin amor”. La cita me conmueve y pienso en todos los heroinómanos que he conocido, directa o indirectamente, a lo largo de mi vida y siento compasión. Siento compasión por mí y me redimo. No hay tristeza, ya. Solo una nostalgia de lo que un día fue esta ciudad y el extrañamiento de lo que es hoy:  corredores y ciclistas, turismo y gastronomía, una sensación de agotada identidad, la reivindicación de esa identidad que tan extraña me resulta. Eso es, esos son los ojos que miran sin amor, aunque la heroína a mí no me haya alcanzado [afortunadamente].


+ La heroína a mí no me alcanzó porque yo no estoy hecho de esa materia. Otros materiales me atacaron con dureza a mí, aunque yo ya sea otro y reconozca mi fuerzas en mis renuncias. El carácter nos aleja o nos aproxima a los venenos y a través de los venenos podremos saber quiénes somos. Yo sé quién soy y por ello escribo lo que escribo.


+ Imagen: límite.


sábado, 10 de octubre de 2026

Las fechas

 


+ “[Las] fechas no marcan ciclos completamente clausurados.”  Apunto.

+ Las conversaciones sobre la fugacidad de la vida forman parte de los  tópicos que se intercambian a diario. El tiempo el tema de la poesía, del arte. La caducidad tiene una inquietante exactitud. Así las fechas dan una perspectiva adecuada, valen para hablar, valen para el silencio, pero terminan por imponerse. Esa perspectiva guía el dibujo de lo cotidiano. No es el momento, es una vida en su totalidad.


+ Otra vez, el automóvil y el paisaje. Deslizase el 4x4 por las carreteras sin fricción, fluido y amarillo establece una marca divisoria entre el pasado y el presente, sin apuntar al futuro. Yo lo veo desde el atril de la poesía, porque de otra manera no puedo entenderlo. Con suavidad conduzco. Respeto las normas, soy amable y no pongo demasiado alta la música. A veces veo un ave rapaz surcar el cielo, recuerdo pintura del más alto nivel entrevista en algún viaje, hundido en el tiempo, a alguna capital europea. A veces una persona en el arcén parece pensativa y el coche, con su amarillo celeste, naranja sin olvido, dibuja la senda. El resto, olvido.


+ El frío de la primera hora de mañana me recuerda escena francesas que imaginé tras ver alguna película de Eric Rohmer: no sé si es el tiempo o el ritmo. Conduzco y suena la radio clásica, cambio de provincia e interfiere una radio portuguesa: sobre la cuestión del trabajo, el pago de impuestos y la obligación de todo aquello que se automatice contribuya a las pensiones y a los subsidios de paro. Regreso a mi provincia, a mi sector, bajo la misma demarcación. Estoy de acuerdo. Pronto llegarán las elecciones y se respira un cierto desasosiego: tomo café con dos antiguos compañeros, que visten de amarillo con bandas reflectantes. No son pesimistas, pero se encierran en sus teléfonos. Uno de ellos me habla de lo bien que se dan las matemáticas a su hijo y que el curso próximo comenzará ingeniería de telecomunicaciones. Vuelvo a la carretera. Pienso en obligación que tienen los propietarios de la máquinas de contribuir a lo social, en la música, en el hijo del operario que irá a estudiar una ingeniería. La vida tiene ese tacto.


+ Cada autor es un mundo inexplorado o mínimamente explorado. Cuando nos sumergimos en la poesía o en la música de un autor, por poner dos ámbitos como podía haber nombrado otros muchos, entramos en lo desconocido y al final de ese camino no hay otra cosa que nosotros mismos. Descubrir, desmontar y reconstruir a un autor es hacernos autores nosotros mismos y las operaciones realizadas recaen sombre nuestra mismidad.

sábado, 3 de octubre de 2026

Sin indicaciones (40)

 

+ La conducción y la música son una dupla eterna. Conducir y escuchar música es un placer irremplazable. Me gusta pensar sobre un tema mientras suena algo en Radio Clásica o en la emisora de música de baile, música electrónica o el jazz extraño que se arroja hacia el medio día. Fuera de lugar son algunos pensamientos, los arrojo y regreso a la disciplina de la conducción. Son perlas en la rutina del día, guijarros que interrumpen la marcha. Agradezco la conducción y la reflexión. A veces apago la música y surge una melodía: el motor, que otorga una conexión con la vida y sus meandros. Eso es poner los pies en la tierra, me digo y pienso en la vivienda y los problemas que se derivan de este estado de cosas. La reflexión del día es que lo que debe primar es el proyecto y no las personas, que se deben subordinar a ese objetivo diferenciando bien entre estrategia y tácticas, pero en función de un objetivo. No es tiempo de equivocarse, no es tiempo de híper liderazgos ensimismados. He vuelo a poner Radio Clásica y sonó algo de Bach. Esa perfección hace que mi idea se afiance.


+ El paisaje del otoño me devuelve la infancia. Paseos los sábados por la tarde por la montañas cercanas a la ciudad, cuando mis padres eran jóvenes y nosotros unos niños. Queda ese recuerdo palpitando en este día de final de septiembre. 


+ Llueve con cierta intensidad después de todo un día ventoso. Un viento con algo de tropical: intenso y caliente. Lo más reseñable: cayeron enfrente de mí dos macetas cuando regresaba a casa y hablaba por teléfono con E. Podría haber encontrado allí la muerte o algo peor. No sucedió. ¿Algo que celebrar? Siempre hay algo que celebrar.


+ […] “y la sal golpea y la espuma devora” [Residencia en tierra, “Enfermedades en mi casa”, Neruda].


+ ¿Cuánto tiempo ocupa la lectura de un solo soneto?


+ Hace no mucho que se han cumplido 100 años del nacimiento de Georges Martin. Lo tengo presente como dios lar, su papel en lo Beatles es decisivo e ignorarlo es ignorar la gran obra de los cuatro de Liverpool. Valga el recuerdo, valga el emblema.


+ Imagen: túnel.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Realizarse y no-realizarse

 


+ Veo un vídeo de los Smiths a última hora de la tarde del miércoles, antes de irnos de viaje C. y yo.  Es el concierto en Madrid del 18 de mayo 1985. Como previo al concierto suena “Danza de los caballeros”, parte del ballet Romeo y Julieta de Prokofiev. No sé si pertenece al concierto o se ha añadido en el montaje. Con todo, le otorga a la escena del público expectante ante el inicio del concierto, un aire solemne e inquietante. Un aire épico, quizá. El miedo, tal vez, o la angustia que propone esa danza me llevan a pensar en aquellos días en que K. asistió al concierto y luego nos lo contó. Una misa laica. Así son los conciertos. Cayó cerca de él la reliquia: la camisa que Morrissey arrojó al público. Ello desató una lucha entre espectadores. Me lo puedo imaginar. La primera canción que suena es “William, It Was Really Nothing”, sobre el matrimonio o un matrimonio que no llegará producirse. Una idea de la vida cotidiana en un pueblo sin interés de personas sin interés que deben marcharse allí si quieren realizarse. Me detengo en todo lo reflexivo que tiene el verbo realizar, como auntoconstrucción, como la elaboración de un personaje: eso es Morrissey, esa es su necesaria huida. Sigo viendo el concierto y no puedo de pensar en la palabra: realizarse. No hay nada tras ella. No hace falta irse a Londres. Londres está lejos y hace frío. Es una trampa. ¿Por qué no hablar de los quedaron en el camino y no alcanzaron a Morrissey en su apartamento de Kensington, los que terminaron en un trabajo miserable en la gran ciudad o no tienen otra cosa que vagar por sus calles? Hoy todo es tan distinto y como un extraño poema que nos perturbó y hoy no transmite ya nada porque todo se ha resuelto sin misterio, aletea una pregunta sobre dónde están ahora aquellos adolescentes, cuántos han muerto ya. Y me digo: eso es la muerte, el olvido y la irrelevancia. La camisa de Morrissey vuela sobre el público y los jóvenes se pelean por ella, un fotograma que define un momento, pero ya solo es memoria.


+ C. y yo estuvimos en el fin del mundo durante unos días. 


+ Imagen: los restos del día, el regreso al hogar.

sábado, 19 de septiembre de 2026

Cuando me desvanezco [parte segunda]

 


+ La enfermedad es un tema insoslayable. La reflexión sobre la enfermedad aparece junto a ella, en el momento en que esta emerge. No hay alternativa y no es algo que necesariamente vaya unido a la edad, pero la edad, para el común, funciona como incentivo para detenerse y pensar en lo efímero y nuestra incapacidad para escapar de esta circunstancia, que siempre va unida a la desaparición. Todos los estímulos conducen a este punto.


+ Cuando me desvanezco muero, así los clásicos asociaban el sueño a la muerte, yo también. El desvanecimiento me devuelve un instrumento conforme a la necesidad del día.


+ Imagen: los restos del día, el regreso al hogar.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Cuando me desvanezco [parte primera]

 


+ Observo ciertos rasgos comunes entre mis dibujos y los ejercicios que aplico con mis guitarras, algo que tal vez alcance a la escritura. Personales, nerviosos, irregulares. Los trazos tienen la justa y necesaria intensidad, fuerza y decisión, pero no culminan una veces y otras casi alcanzan el propósito, aunque terminan por vencer. Algo similar sucede con la guitarra y, también, con la escritura. Repito, ese binomio de nervio e irregularidad, tan personal, es lo que los define.


+ El martes sufrí un desvanecimiento. Lo pude ver llegar: el calor, el sudor, la niebla. No me caí porque tengo un pequeño protocolo para evitarlo. Funciona. Un reflejo de la muerte. Ahí pude ver lo contradictorio de estar vivo. No morí, pero sentí el desvanecimiento como una imagen de la muerte. Está bien así. Una lección.


+ Esas irregularidades ahora me dan alas, antes fueron causa de dolor. En ellas descanso.


+ Imagen: lo irregular.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Veinticinco fotos

 


+ Unos días atrás hice el experimento de fotografiar mi camino al trabajo, la ida y la vuelta. Cuando lo planteé restringí el número de fotos a 25. Fotos anodinas y prescindibles, pero que se cargan de simbolismo si las uno a reflexiones que a diario se desarrollan en este itinerario. La política, el amor, la poesía, el trabajo, la relaciones personales, adhesiones y rechazos, los animales como guardianes de todo lo divino que resta en nosotros y el lenguaje nos ha hurtado sibilinamente. La sibila nos vigila para poder pronosticar nuestro destino [yo ya sé donde se esconde el destino, la clave es el carácter].


+ Mode: “Lust for Life” by Iggy Pop.


+ El interés por establecer límites, la necesidad de saltarse los límites. Entre lo uno y lo otro me debato, hoy.


+ Regreso al concepto barroco del desengaño. Una líquida razón que se extiende por toda la realidad. Desde la religión hasta el amor, el comercio, la política o la arquitectura, por ejemplificar con ámbitos, aunque no contrapuestos, sí distintos. ¿Sirve para elaborar el desengaño un análisis sobre el presente? Estimo que sí, en el sentido de vaivén que implica: del Renacimiento al Barroco, hoy nos adentramos en una edad oscura. 


+ He vuelto a ver las veinticinco fotos y hay algo que se me escapa. Como si un demonio hubiese disparado por mí la cámara. Como si bajo su estructura de reflejo de lo diario se escondiese una posible interpretación onírica. Se trata de que al hacer el pase de diapositivas en el ordenador me cuesta reconocer los edificios y las calles que a diario transito de camino al trabajo. Se trata de una inversión de la percepción que yo no he buscado, pero que ahora se muestra o florece. Pienso en ello y me doy cuenta de que puedo entender el engaño que la fotografía supone. Es lo que acabo de pensar cuando terminó el pase de fotografías.


+ Imagen: 5/25.

sábado, 29 de agosto de 2026

El don

 


+ ¿Resulta grosera la descripción de las acciones de la vida cotidiana? Siempre, ante tal cuestión, hay que colocar la coletilla: depende. La cuestión está en la manera de presentar y expresar lo ordinario, que puede llegar a ser vehículo de realidades insospechadas, todo aquello que se esconde tras lo dado. El metro, la rima, la imagen, una suma que señala la dirección correcta (si acierta). Es un don y el don se hace material de maneras diversas. Lo cotidiano solo es una de ellas, la materia del don.


+ Don: “1. Dádiva, presente o regalo.” / “2. Gracia especial o habilidad para hacer algo.” / “3. Bien natural o sobrenatural que tiene el cristiano, respecto a Dios, de quien lo recibe.” El tratamiento social que implica del “Don” queda a un lado. El don es la dádiva 


+ [Traducción del inglés]: Gifted: dotado, con talento, inteligente. Pero también, gif: regalo o dádiva.


+ Todo se resume en que el talento viene dado como dada viene la belleza o la estatura. La discusión abierta sobre el tema me importa poco, mi convencimiento llega de muchos años atrás desde los que observo a las personas y a sus obras. El don es un dádiva, un regalo, que se hace materia en las habilidades en sus grados y escalas. ¿Determinismo?


+ [Copio las dos citas que inserté en la entrada de la semana anterior, ahora: sin referencias porque estas están en el lugar que tienen que estar]:” Mientras conducía hacia el estudio, vi que estaban colgando luces de Navidad en las calles. Parecían un poco fuera de lugar en esta parte decadente de la ciudad.” (349) / “Cuando iba y venía del estudio, seguía fijándome en los adornos navideños. Me costaba aceptar que ya era Navidad, otra vez. Estaba entumecido y agotado. Ya ni sabía si el álbum era bueno.” (351). He pensado en lo que me sugirieron cuando las copié aquí. Tiene que ver con ciertas sensaciones de irrealidad que sufro en algunos momentos en los que cotidiano pierde su automatismo. Ese extrañamiento que provocan las luces de Navidad y su punto absurdo me trasladan a los días de mi infancia cuando me asaltaban estos repentinos mecanismos de asombro. La ruptura de lo dado, me digo. La palabra es asombro, termino por resolver. Asombro ante lo dado, que es otra cosa que lo cotidiano o la vida ordinaria. Una suerte de poética, me digo. Los años han pasado y el poso de esa admiración o pasmo permanece. Lo aplico a con cierta regularidad y con conciencia de hacerlo. 


+ Y dice Villamediana en el inicio del soneto: “De los aplausos que miró triunfales”, para terminar preguntándose en el segundo cuarteto: “¿Cuántas líricas glorias y murales / cantó la fama que la fama ignora? / ¿Cuántos, tumba de olvidó, cubre agora / vencimientos terrestres y navales?” Así, el don también tiene su agonía, su caída, su olvido. Nada permanece. Retomo, pues, la cita que escribí aquí mismo en otro momento, una cita que, escrita a lápiz, recogí de uno de los cuadernos de Luis Rosales: “Forsan et haec olim meminisse iuvabit” ["Quizás algún día nos acordemos de esto con alegría" o "Tal vez algún día nos plazca recordar estas cosas”]. Así queda hoy la tarea de verter las impresiones sobre lo diario, el dibujo de una intuición. ¿Es un regalo, también?


+ Imagen: recorte y fragmento.

sábado, 22 de agosto de 2026

Rumors (ii)


+ Pienso en la perfección de las maquetas mientras veo un vídeo sobre la construcción de unos teclados que combinan las funciones de órgano, piano y sintetizador. El ambiente de la fábrica y los despachos resulta idílico. Maderas, metales y plásticos finos. Una pequeña población que es en sí otra maqueta abastece de maderas a la fábrica. La perfección y su consecución es el tema. Yo me aparto de ello mientras toco una de mis tres guitarras y trato de ver si hay o no hay un sentido en ello, me aparto porque mis interpretaciones, como los dibujos que hago, son imperfectas. La maqueta, aquí, no sirve. Me aparto y derivo el pensamiento hacia el vacío.


+ Terminado Making Rumors de Ken Caillat y Steven Stiefel. La grabación del álbum Rumors de Fleetwood Mac no es un tema menor. Todas las implicaciones musicales que tiene me llevan a trasladar las enseñanzas que se desprenden del manejo del estudio, para algunos, entre ellos yo, un instrumento más, a la vida. La vida. Ay, la vida. Todo aparece en su poliédrica realidad y en la contradictoria marcha de los asuntos, que llegan a buen puerto o no pero que no admiten una respuesta sencilla y rápida. En este caso, el resultado es excelente y todo lo que se oculta en la elaboración de su realidad nos viene dado mediante una perfección que va mucho más allá de exactitud. Ahora mismo escucho “Dreams” y recuerdo fragmentos del libro y cómo se compuso la canción, cómo se opone a otras, ese dialogo que resulta ser el disco: las relaciones personales, los problemas de pareja. Ahora el libro debe descansar y, no sé si es posible, algún día volver a él. Mientras el disco no dejará de sonar.


+ Dos citas enlazadas del fin de Making Rumors: “Mientras conducía hacia el estudio, vi que estaban colgando luces de Navidad en las calles. Parecían un poco fuera de lugar en esta parte decadente de la ciudad.” (349) / “Cuando iba y venía del estudio, seguía fijándome en los adornos navideños. Me costaba aceptar que ya era Navidad, otra vez. Estaba entumecido y agotado. Ya ni sabía si el álbum era bueno.” (351). [Making Rumors, Ken Caillat y Stevensen Stiefel (2025), Ondas del Espacio, Granada].


+ Escucho, una vez más, “Dreams”, se termina y la vuelvo a poner. 


+ Imagen: construcciones en medio de la nada, aquel perdido significado ilumina el día. Las maquetas y su extraña capacidad para la metáfora.

sábado, 15 de agosto de 2026

Intención

 


+ La intolerancia contra el débil es el tema del día. Tras los acontecimientos de Ceuta no cabe otra pregunta que no sea sobre la dignidad y la comprensión. No se debe hablar de otra cosa que de personas y tratar de dejar a un lado todo aquello que implique identidad, bajo lo necesario de que permanezca en un segundo plano. Los intereses son otros y esos intereses nos confunden con sus mensajes apocalípticos e interesados. Es domingo y ha llovido un poco, he sentido que soy un privilegiado, otra vez. 


+ Se abre la posibilidad de Castellio contra Calvino. Comprar libros, ay.


+ El tiempo. Una publicidad: “siento que me arde el cuero cabelludo”. [Es un endecasílabo, pero no sé si es o no es su manera intencionada]


+ Un inicio de un soneto: “Buscando siempre lo que nunca hallo”


+ Imagen: N de nada.

sábado, 8 de agosto de 2026

Días de agosto


+ Días de agosto que recuerdan personas y paisajes. Todo ha quedado atrás. Lo veo y no siento la melancolía que en otras ocasiones he sentido. Me alejo de aquellas simas. Soy otro y soy el mismo. El espejo me devuelve una imagen que no me desagrada, condensación del pasado, del presente y, quizá, del futuro.


+ Leer poemas que tienen más de cuatro siglos sobre sí me muestra que hay una suerte de aliento que traspasa el tiempo. Me llega una idea del amor, bien codificada, y que me otorga una mirada sobre el tiempo presente y me obliga a decir: ¿qué ha cambiado, qué permanece? Lo pienso y conduzco entre molinos de generación eléctrica, coníferas y casas al borde de la carretera, unas restauradas, otras dormidas en una época que ya fue y no volverá. Letreros viejos y oxidados, vacas, vallados y cercas, el perfil lejano de las montañas. Recuerdo los poemas y conduzco. Un soneto, tal vez. “Este fuego de amor que nunca ha muerto”, me digo y recuerdo otros mundos, otros tiempos. ¿Una reiteración? Un círculo en el aire.


+  Conversaciones, temas y opiniones. No hay objetividad posible, ni deseable. Los intereses contrapuestos son el motor, la ambición y la codicia hacen el resto. Veo, escucho y callo. No soy uno de los tres monos, soy los tres a un tiempo. Este tiempo. Sigo y conduzco.


+ Imagen: el placer de cotidiano en lo plástico: extraño cajero, extraña iluminación.