+ ¿Resulta grosera la descripción de las acciones de la vida cotidiana? Siempre, ante tal cuestión, hay que colocar la coletilla: depende. La cuestión está en la manera de presentar y expresar lo ordinario, que puede llegar a ser vehículo de realidades insospechadas, todo aquello que se esconde tras lo dado. El metro, la rima, la imagen, una suma que señala la dirección correcta (si acierta). Es un don y el don se hace material de maneras diversas. Lo cotidiano solo es una de ellas, la materia del don.
+ Don: “1. Dádiva, presente o regalo.” / “2. Gracia especial o habilidad para hacer algo.” / “3. Bien natural o sobrenatural que tiene el cristiano, respecto a Dios, de quien lo recibe.” El tratamiento social que implica del “Don” queda a un lado. El don es la dádiva
+ [Traducción del inglés]: Gifted: dotado, con talento, inteligente. Pero también, gif: regalo o dádiva.
+ Todo se resume en que el talento viene dado como dada viene la belleza o la estatura. La discusión abierta sobre el tema me importa poco, mi convencimiento llega de muchos años atrás desde los que observo a las personas y a sus obras. El don es un dádiva, un regalo, que se hace materia en las habilidades en sus grados y escalas. ¿Determinismo?
+ [Copio las dos citas que inserté en la entrada de la semana anterior, ahora: sin referencias porque estas están en el lugar que tienen que estar]:” Mientras conducía hacia el estudio, vi que estaban colgando luces de Navidad en las calles. Parecían un poco fuera de lugar en esta parte decadente de la ciudad.” (349) / “Cuando iba y venía del estudio, seguía fijándome en los adornos navideños. Me costaba aceptar que ya era Navidad, otra vez. Estaba entumecido y agotado. Ya ni sabía si el álbum era bueno.” (351). He pensado en lo que me sugirieron cuando las copié aquí. Tiene que ver con ciertas sensaciones de irrealidad que sufro en algunos momentos en los que cotidiano pierde su automatismo. Ese extrañamiento que provocan las luces de Navidad y su punto absurdo me trasladan a los días de mi infancia cuando me asaltaban estos repentinos mecanismos de asombro. La ruptura de lo dado, me digo. La palabra es asombro, termino por resolver. Asombro ante lo dado, que es otra cosa que lo cotidiano o la vida ordinaria. Una suerte de poética, me digo. Los años han pasado y el poso de esa admiración o pasmo permanece. Lo aplico a con cierta regularidad y con conciencia de hacerlo.
+ Y dice Villamediana en el inicio del soneto: “De los aplausos que miró triunfales”, para terminar preguntándose en el segundo cuarteto: “¿Cuántas líricas glorias y murales / cantó la fama que la fama ignora? / ¿Cuántos, tumba de olvidó, cubre agora / vencimientos terrestres y navales?” Así, el don también tiene su agonía, su caída, su olvido. Nada permanece. Retomo, pues, la cita que escribí aquí mismo en otro momento, una cita que, escrita a lápiz, recogí de uno de los cuadernos de Luis Rosales: “Forsan et haec olim meminisse iuvabit” ["Quizás algún día nos acordemos de esto con alegría" o "Tal vez algún día nos plazca recordar estas cosas”]. Así queda hoy la tarea de verter las impresiones sobre lo diario, el dibujo de una intuición. ¿Es un regalo, también?
+ Imagen: recorte y fragmento.











