sábado, 31 de enero de 2026

Sin indicaciones (34)

 


+ El determinismo no es un tema, es el tema. Las cartas que te han tocado son definitivas y no admiten cambios. Palabra que resuenan en el rutinario desarrollo del día. Me entristezco. Me enfrento a la tristeza y gano. Tampoco deseo la engañosa felicidad. ¿Ataraxia? A veces el despliegue de la rutina me parece un campo de observación en donde puedo clasificar elementos y dejarlo en la casilla que les corresponde. No sé. Ni está bien, ni está mal. Son debates que tengo mi propia mismidad, en silencio, en el interior. Cierro los ojos y duermo, los sueños me asaltan, aunque no me perturban. Escucho viejas canciones y recupero tiempos que parecen distintos, pero están íntimamente unidos al presente. Estos son los materiales que me permiten entender algo sobre mí. Me parece que este ensimismamiento siempre ha estado ahí, desde la cuna. Debo avanzar.


+ Sin miedo, sin esperanza. Ahí me mantengo.


+ La carpeta que cree en el ordenador con el nombre de “Fotografía” tiene un contenido extraño y diverso. En ella guardo enlaces e imágenes que se resuelven en motivaciones, intereses e indicios. Necesito tener un archivo permanente de asuntos que me hagan pensar sobre cómo se desenvuelve lo diario. Hay otras razones, porque me parece que reflexionar sobre la historia de la fotografía nos ayuda a establecer balizas en un camino hacia el presente que se muestra esquivo, pero, así, queda delimitado y nos evita distraernos. Me fijo en la foto de un accidente de automóvil: son los años treinta del siglo XX, es un lustroso coche, que brilla como una pistola en la noche, imbuido en un ambiente de cine negro, tres personas lo contemplan y parecen comunicarnos que “el futuro ya está aquí”. Cierro la imagen y abro el enlace de una exposición que ya caducó y me devuelve una suerte de entender la vida desde una óptica operística. Las realidades me asaltan y se desvanecen. Guardo una captura de pantalla de una chillona actriz que un día nos interrumpió un agradable café en la cafetería de un hotel. Sus expresiones de entusiasmo regresan y retumban cuando veo su rostro. Es un aviso. El conjunto forma un todo con ansia de alcanzar un nombre. Eso deseo yo, alcanzar un nombre y un adjetivo que en su naturaleza de sintagma preciso y solido me devuelva un punto de vista incuestionable. Es un ansia que no se cumplirá, pero, lo sé, vale más el proyecto que su consecución. Así, el camino y la posada. Cervantinamente.


+ La rutina, en contra de lo que muchos piensan, es una bendición. Mi ilustrada concha-refugio me pone a salvo de las opiniones y los esfuerzos infructuosos, me dejo llevar. El silencio. La distancia. Hablo y escucho. Mi posición se refleja en mis manos, la tranquilidad. Hablo y escucho. No espero nada ni de hoy ni de mañana. Palabras.


+ Imagen: doy un paseo, entro en la facultad de BB.AA. de Pontevedra y veo el casillero que ilustra esta entrada: se relaciona con el primer párrafo, en un sentido amplio y abierto.

sábado, 24 de enero de 2026

Sin indicaciones (33)

 


+ Continúa la reflexión, mi reflexión, sobre la amistad y, en este caso, sobre su disolución. Una disolución irremediable que viene más del desgaste y el cansancio que del enfado. No se puede cuantificar ni el desgaste ni el cansancio, pero sí son perceptibles. Durante el último mes me he hecho cargo de que para una persona que yo pensaba que yo era importante no lo soy. No se lo comunicaré, pero lo tendré presente. No soy rencoroso ni justiciero. Sin embargo, hay un poso amargo que no deseo que se trasluzca: por el bien común.


+ Viaje en la noche por el campus de la Universidad de Vigo, obra del arquitecto Miralles. ¿Una película metafísica o de ciencia ficción, ambas cosas? Al menos, el escenario era este.


+ La guitarra y la poesía de Antonio Colinas. Tras la muerte de mi padre estas dos realidades se hicieron unidad: un conjuro contra la muerte. Los conjuros resultan, al final, inútiles, pero imprescindibles. Hay cosas que ahora entiendo, cosas que intuí, cosas que no volverán y cosas que permanecen. Lo vuelvo a pensar ahora tras atravesar días en los que reflexioné sobre la amistad y su deterioro, sobre el desgaste que el tiempo y su usura aplican sobre las personas y que conducen a preguntarse si estas de hoy son aquellas de ayer y todo se resuelve en que, definitivamente, todo es cambio. Nada nuevo.

 

+ Imagen: los restos de unas vidas que ya no son.

sábado, 17 de enero de 2026

Su propio mundo

 


+ He leído algo que dijo Grigori Sokolov sobre su propio mundo. Dice el pianista que él se refugia en la música y no le interesa otra cosa. Una dedicación muy profunda. Me parece un mundo hermético solo posible para alguien de su temprano talento. No sé si es envidiable, pero revela una cierta distorsión y apatía. Me interesa mucho ese punto de alejamiento, al tiempo que no lo comparto. 


+ En cada momento de la vida las relaciones vienen determinadas por una multitud de factores difíciles de cuantificar y definir. Esto es un hecho innegable, pero, al mismo tiempo, se puede afirmar que si hay algo hay claro es que su realidad no es fija porque su naturaleza no es otra que el cambio. El cambio es el rasgo principal, indiscutible y nuclear de la realidad en sí misma. Digo y pienso esto a raíz de un titular que hace explícito este hecho mediante una afirmación que no me resulta extraña, pero sí lejana: “ya no reconozco a mis viejos amigos” y, a renglón seguido, el periodista se pregunta por las razones que nos llevan a alejarnos de aquellas personas que un día nos resultaron tan próximas. No es mala la pregunta y la respuesta se podría resumir en lo expresado anteriormente: el cambio. Ya lo dijo Heráclito el Oscuro: “nadie se baña dos veces en el mismo río” y por muy gastada que esté la frase no deja de ser verdadera. Abro el artículo en el ordenador. No lo leo completo, sino que extraigo fragmentos a mi conveniencia. Bien. La amistad era una relación que hasta hace poco no estaba sometida a escrutinio. El artículo dice que dice Nietzsche en La Gaya ciencia que los amigos son dos buques que coinciden durante un breve momento para, luego, seguir sus propias singladuras. Alguien señala que tiene amigos para charlar y amigas para jugar al pádel (?). Una exigencia de inmovilidad, el desvanecimiento, el esfuerzo sostenido, el conflicto velado. Se remata el artículo con una cita de T.S. Eliot que añade que las amistades terminan, generalmente, con un suspiro y no con un estallido. Un estilista, un buen colofón. Bien. Lectura de domingo. Sin complicación. Bien escrito, bien estructurado, bien pensado. Un buen trabajo. Pero me resulta un tanto irrelevante. No dejo el tema porque no creo que las amistades deban ser necesariamente de una forma u otra, pero sí es cierto que, obvio, de una manera u otra terminarán, bajo el imperio de una necesidad vital incontestable: la muerte. O dejaremos a los amigos o ellos nos dejarán. Un día estaremos solos o ellos quedarán solos. Es lo que se me ocurre desde mi prisma. No sé. Ha estado bien leer el artículo y dejarse llevar por las notas del Claro de luna de Debussy, terminar en la única reflexión que no se debe evitar, la reflexión sobre la muerte. El domingo, ay. El domingo y sus meandros.


+ El invierno contiene en sí gran número de metáforas, sobre la que triunfa el declinar de la vida. Hay que pensar, sin embargo, que tras su gélida presencia  llegará la primavera. Los ciclos de la naturaleza son otra fuente de metáforas que, también, se relacionan con el discurrir de la vida. La fuerza de la metáforas reside en su capacidad de explicación y no hay mejor explicación para describir el paso del tiempo y el envejecimiento que el curso de un año. De un punto a otro, vamos desde el nacimiento hasta la muerte. ¿Hay algo poético en ello o lo poético es precisamente esto? Pienso en los poemas de Antonio Colinas y cómo se conectan con la naturaleza, cómo hay unos paisajes que, de alguna manera, son míos, por la vena que me une a mi padre, fallecido hace tan poco. Es este el invierno que gobierna hoy mi pensamiento.


+ Guitarras y sueños de adolescencia, hoy hay una reconciliación que me satisface.


+ Aquel proceso de recuperación va y viene. Cada vez con menos oscilaciones, parece comenzar a dormir. Volverá y yo ya seré otro porque nunca somos el mismo. Mientras, nadie me quita la idea que nada tiene sentido, salvo por el que nosotros le condenamos en nuestra mismidad. ¿Solipsismo?

 

+ Imagen: la acumulación y la decadencia, un desvanecimiento.

sábado, 10 de enero de 2026

Callada lima


+ Todo adquiere sentido en este proceso de recuperación que he emprendido. La música que me interesa para la guitarra [eléctrica] es muy distinta a otros ámbitos de atención. No es el piano, romántico o impresionista, no son las misas de funeral, ni las grandes sinfonías [recuerdo con cariño la segunda de Mahler en el Auditorio Nacional], tampoco es el terciopelo de algunas músicas incidentales que tantas veces me han raptado y conducido a su mundo de ilusión y momentánea felicidad. No. Se trata de recuperar habilidades y alineamientos con una suerte de militancia ruidosa. El ruido cristalino de un rock que ya no es otra cosa que arqueología, historia y pasado. Ahí me sumo porque la edad otorga una distancia que ilumina y explica lo que en pasado no entendíamos. Hoy es ruido, mañana será oscuridad. La nave avanza.


+ Escucho una tertulia de sacerdotes que se empeñan en casar su explicación de la divinidad con la ciencia. No veo la necesidad. Me producen rechazo sus figuras y sus expresiones. Cierro el navegador y pienso en una cosa que dijo uno de ellos: si se habla de azar es por no hablar de dios. Podría tener razón o no tenerla, yo creo que no, pero, con todo, aceptando su argumento, ¿por qué tiene que ser necesariamente el dios que él predica y en la forma y maneras en que él lo predica? ¿por efecto de la fe? No tengo respuesta. Cerré el navegador y me invadió la melancolía, quizá sea por la presencia de un falso absoluto que no responde a nada y es ciego y voluntariosamente incierto. La mala e injusta prensa del nihilismo.


+ Hoy he leído algo sobre la diatriba entre el Jesús histórico y el Jesús mítico. Terminé por dejarlo y me entretuve en observar como la lluvia ensombrecía el día. Un poco de Vicente Amigo y se elevan paisajes y viajes en coche por llanuras hasta llegar al mar. Cádiz, quizá Cádiz. Paisajes. Queda eso. El presente. Llueve. Llueve mucho y hace frío. El invierno va más allá de la metáfora y las diatribas eruditas. Llueve.


+ La “callada lima” del tiempo hoy se percibe con mayor intensidad. 


+ Imagen: la noche, el día se desvanece.

sábado, 3 de enero de 2026

Acto y potencia

 



+ Noto oscilaciones en mis intereses. Se mantienen ciertas devociones, otras desaparecen para regresar más adelante. Es un rasgo de mi carácter. Poco a poco, me conozco y sé cómo conducirme. La tendencia a la serenidad es mi meta. Me desvanezco y la música que amé me devuelve la adolescencia, hoy menos indeseable.


+ [Ecos del pasado]: Led Zeppelin, la Les Paul, la Telecaster, viajes en coche cuando anochece, las rías, evocaciones, el intento de restablecer la fascinación por la música y la carretera, silencio, espera, cuadros en la memoria, una reconstrucción y una idea de la pintura que ha desparecido y renace de sus cenizas, la política, las creencias, el amor y el desamor, la madurez y el paro, el trabajo y el dinero, viajes en coche, otra vez, la música es la eterna compañía, la ausencia de dinero tiene su correlato en las canciones de los Smiths. Ahí queda. Continúa Led Zeppelin en el reproductor.


+ Extraño. Raro. Extravagante. La música e Led Zeppelin me ayuda a escribir, me otorga un ritmo desconocido. He dejado a un lado el barroco y la música para piano. ¿Soy otro? No, solo acto y potencia, 


+ [ἔργον]: trabajo.


I've been to London, seen seven wonders: lo he pensado tantas veces y me demuestra que cualquier cosa que se te ocurra está ya expresada y que lo que pesa es la expresión, ninguna otra cosa. La canción de Led Zeppelin habla de la monstruosidad de las grandes ciudades. Lo he equiparado en no pocas ocasiones con una enfermedad que se extiende por el organismo: las carreteras son expansiones víricas, las viviendas tumores, etc. El engaño siempre es un error. 


+ Imagen: recupero dos fotos del pasado, de un antiguo blog. Su vigencia y pertinencia podrían relacionarse con el inicio del nuevo año. Alimentos, vajilla y cubertería. Las celebraciones están unidas indisociablemente a la comida. Queda ahí la alimentación, como acto y potencia.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Erosión


 + Y termina el prólogo con una cita del poeta editado, Villamediana: «al viento dado ya, en la arena escrito». Así queda el trabajo ciclópeo, determinado por una envite al tiempo, que todo lamina, que todo erosiona.


+ Mantener este diario en línea es una obligación que me impuesto y, en ocasiones, funciona a la manera de un taller donde se experimenta y prueban artefactos, se contrastan ideas y se aclara la voz. Como sucede con las guitarras, hay un elemento que coadyuva  con el sortilegio y el conjuro. Ese hacedor de creencia, hacer como si se creyese. El trabajo del interprete, teatral o musical, al fin y al cabo: son mis modelos. A veces funciona.


+ [Guitarras asequibles]: continuan mis tribulaciones sobre las guitarras, su naturaleza y sus derivaciones. Una cosa es tocar el instrumento y otra es el fetichismo que implica su atesoramiento. La palabra instrumento en sí define la naturaleza propia del objeto, que no deja de ser una herramienta y un medio. Ninguna guitarra hará que el guitarrista toque mejor, quizá sí que suene peor, pero no en la vía contraria. El guitarrista hace la guitarra excelente o la hunde en su irrelevancia. No hay una posibilidad de que por casualidad suene perfecta, algo que sí sucede con una cámara de fotos [un mono podría apretar el botón y lograr una foto memorable]. Me quedo en su esencia, con su abstracción: seis cuerdas y una afinación, unos acordes o una melodía, la maestría de la mano derecha [en el caso de los diestros, contrario es el de los zurdos], que gobierna el barco, la estructura de la mano izquierda [o derecha]. Poco más, porque el resto es coleccionismo y eso no interesa. Vuelvo a mi queridísima Olivia.


+ Otra cosa bien distinta es los condicionantes psicológicos que trae consigo determinado instrumento. Somos humanos, pues. 


+ Personas que necesitaron respeto y no lo tenían, ahora lo han alcanzado. Escucho, mientras, Kashmir - Led Zeppelin. 


+ Ayer en coche. Días despejado y anochece. Playas, Led Zeppelin, el pasado que regresa y las guitarras como emblemas y reconstrucción del mundo que no fue. Carreteras, cafeterías de hoteles, la navidad diluida. Personas que se disuelven en una grisalla muy parecida a la noche que atravesamos. Las guitarras. Leo algo sobre las Burst y me gusta eso que no termino de entender, vibra la posibilidad y pienso en mis guitarras. Kashmir sigue su curso. Todo es tan antiguo, ya, me digo y la noche es un hecho. El año se termina y vendrá otro. La alegría de la música y el coche que se desliza sin sobresaltos. Todo está bien. En un instante la iluminación me asalta y reconozco esta realidad: todo está bien.


+ Imagen: contra la erosión.

sábado, 20 de diciembre de 2025

Ebriedad (et alii)

 


+ Todo lo vivido tiende a convertirse en relato, en novela, aunque no alcance el formato al que. tiende. Hoy, en algún periódico, tratan de analizar los años de la heroína. Recurren a una película que recientemente se ha estrenado. La ficción tamiza la circunstancia de otro tiempo y termina por conseguir una extraña materia que se aleja de su origen, pero que, al mismo tiempo, convierte en universales hechos  locales. El arte, cuando acierta, lleva en sí mismo una extraña capacidad de síntesis. Las artes narrativas hablan desde lo particular y llegan a la generalidad. Yo asistí como espectador a esos años de la heroína y no es un recuerdo grato. Algunas personas murieron y otras quedaron estigmatizadas de por vida, con un rostro cadavérico y enfermedades innombrables, hubo algunos que se libraron y gozan de un impropio aspecto saludable. ¿Cómo construir una historia? La confesión, la distancia, la cercanía, el paisaje urbano, el paisaje rural, las calles o los callejones, la jeringuilla como emblema, la heroína fumada, la muerte, la vida, los hijos o los amigos. Todo se desvanece y, creo, el acierto reside en transmitir aquella voluntad de marginación y dolor. Ahora, desde el periódico, parece más un asunto curioso que el recorrido por extraños laberintos de fascinación por la caída. Siempre la caída.


+ Acabo el libro del hijo de Luis Rosales sobre su padre, Luis Cristobal Rosales sobre Luis Rosales. Ha resultado una agradable lectura que termina por afianzar el descubrimiento, Luis Rosales. Una de las cosas que me llamó la atención fue el consumo de coñac y de anfetaminas que el poeta utilizaba para escribir en su casa de verano, en Cercedilla. No lo hubiera pensado. La cita dice: “Se encerraba en su despacho y se recluía con la poesía. No comía, únicamente se tomaba un ponche para no interrumpir la concentración; los puros, la simpatina y el coñac Bobadilla 103 Etiqueta Negra era sus únicos acompañantes.” La simpatina es la anfetamina a la que yo aludí anteriormente. La ebriedad y la poesía son, en muchas ocasiones, dos realidades que caminan juntas, la poesía de Rosales se puede leer desde este punto. Ahí iré, a esa lectura que parte de la ebriedad. 


+  Al mismo tiempo, he comenzado a leer el libro de Juan Francisco Fuentes Hambre de patria. Me interesa el matiz que los exiliados aportan sobre la Segunda República Española y como se enfrentan a la posibilidad de instaurar un régimen democrático en España tras la muerte de Franco. He leído cuarenta o cincuenta páginas, que es casi un veinte por ciento de su totalidad. Estas primeras páginas abordan los antecedentes de la Segunda República y la Guerra Civil, es decir: el discurrir de siglo XIX y la dictadura de Primo de Rivera. El núcleo de la inicial de la exposición es un cierto deseo de guerra civil, que hunde sus raíces en el siglo XIX, que llega a manifestarse en ciertas posiciones de destacados intelectuales y políticos. No sé si esto era algo generalizado o a partir de ciertos hechos se realiza una generalización. Una anécdota que. se convierte en piedra de toque. No tengo capacidad para saberlo porque requiere una indagación para la que no tengo tiempo ni competencia. Sin embargo, hay cuestiones que se desprenden de las que no dudo. Por otra parte, compruebo que la polarización no es algo exclusivo de nuestro momento, incluso, lo que hoy sucede resulta de menor intensidad que lo que sucedía en aquellos años. Para mí no es nuevo, pero mal no está recordarlo. La violencia siempre ha estado presente en la historia de la humanidad y no dejará de estarlo. Mientras, pienso en diversas ebriedades y me veo frívolo, ligero, irrelevante, pero soy hijo de mi tiempo y mi circunstancia. Continuo la lectura y, entremedias, lo comparo con algo de Julián Casanova. No creo que se deba tener una visión naïf de la República, pero tampoco se puede reducir la maldad que consigo trajo el franquismo. Debo continuar la lectura hasta el final para poder tomar una posición, esa cambiante estabilidad. Una cuestión de equilibrios y balances.


+ Otra vez vuelvo a escuchar la guitarra de Rafael Riqueni. One more time.


+ Nada temo, pero ante los espectros del pasado soy cauto. Palabras que hoy cobran sentido, palabras que hoy pierden su valor. Espejos que han extraviado su azogue. El tiempo es un crisol. He alcanzado una serenidad solida, aunque los embates contra ella produzcan vibraciones no agradables. Y me preguntó: para qué sirve todo esto, ante su victoria? Lo sé. Es el vacío, la constancia del olvido. Sin lugar a dudas, materia para olvidar, lo que no impide la prevención contra los fantasmas del pasado. Y no es ebriedad. No en este caso.

 

+ Imagen: bares, la ebriedad, el tiempo elevado.


sábado, 13 de diciembre de 2025

Lo hermético

 


+ Sinestesia: “esperar oscuro” (Villamediana)


+ Ayer llovió mucho. Hoy le cambié la cuerdas a la Telecaster. Marilín parece feliz. Es feliz. Todo está en orden y armonía. La lluvia me devuelve tiempos de la infancia y la guitarra se suma a la sensación. La gata es un regalo divino. La transparencia y la emoción son simétricas. Leo, escucho, guardo silencio. La lluvia, las guitarras, los gatos. La unidad, también, se construye.


+ Los elementos descontextualizados causan perplejidad. En el museo se utiliza esta técnica para desconcertar al visitante. Se consigue en ocasiones. Pienso en las paredes de una casa que se han desmontado y se muestran como si fuese un recortable destinado a los niños o el plano que se puede ver en el proyecto de una edificación. Esto me ha servido para, mientras paseo en soledad, ver una pared y reconocer en ella lo pictórico que contiene. A veces, el paseo es una extensión del museo, del arte. Exprimo, cuando puedo, esta posibilidad.


+ He llegado a un punto en que cuando alguien me habla de cualquier asunto y, subrepticiamente, sale a colación “lo espiritual”, me pongo en prevención. Sé que hay algo que chirría, que me va a molestar. Yo vivo, de alguna manera, en lo oscuro o, mejor dicho, en lo hermético. He decidido permitir a muy pocas personas adentrarse en este recinto. Yo supongo que es algo que se relaciona, sin duda, con la edad. Me vale así y hablarme de espiritualidad es violentar las normas que he impuesto, por esto, y no por otra cosa, necesito protegerme. Lo sé, la previsión no siempre es necesaria, pero anticiparse es construir la victoria, si es que victorias y derrotas se trata, que no lo creo. Solo es protección, porque no quiero soporta el fastidio que supone esa simpleza. El día se termina y todo llegará, así, a su final.


+ Me detengo en la idea de hermético: “impenetrable, cerrado, aun tratándose de algo inmaterial.” Esta es la segunda acepción que ofrece el diccionario de la RAE. Me parece perfecta y acota lo expresado en el párrafo anterior con precisión.


+ “No hemos conocido el bien hasta que le hemos perdido.” (Fragmento del Quijote que alguien utiliza como pórtico de su libro). Lo hago mío porque me parece más que acertado y conveniente para el momento.


+ Vuelvo a escuchar Exile On Main St. Me subyuga, todavía. Es mi disco favorito, si discos favoritos está permitido tener, de los R.S. Lo entiendo a la perfección. La guía que sostiene las guitarras, una vibración, el instante previo al último aliento de la juventud. La madurez. Mis guitarras son mi castillo. Extrañas canciones que parecen haber estado ahí siempre. Suena y yo reflexiono sobre el papel de las guitarras y la música en mi vida. Lo sé, hay gente que no escucha música y se le nota. Para ellos solo es una elongación sin sentido. Yo estoy en la otra orilla. La música es importante, el Exile es fundamental.

 

+ Imagen:  los últimos días del otoño.


sábado, 6 de diciembre de 2025

En suspenso

 


+ La lluvia envuelve el paisaje. Al poco, la ciudad se ve arropada por el manto gris de la niebla. Ahora la niebla es ya un negro apagado, mate. Escribo y escucho el preciso desarrollo de algunas piezas para piano de Clara Schumann. Hay sintonía entre la música, el tiempo metereológico y el momento. No me desvío de mi tarea. Me hace sentir una punzada de felicidad, una breve y auténtica felicidad. Bebo un sobro de café. Regreso al texto que trato de elaborar y las palabras texto y elaborar no me gustan, pero no encuentro, ahora mismo, mismo otras. Ensayo, tesis, reflexión, análisis. Escribir, pergeñar, proyectar, producir. No me valen. Lo dejo así. Salgo un momento y estudio la lluvia sin pensar en nada más que en su cadencia, ese ritmo hipnótico. Hay un mensaje oculto que no se puede desvelar. Ese mensaje lo creo y lo destruyo yo. Ni más, ni menos.


+ La lectura de la poesía del Conde de Villamediana desde el presente en el que vivo revela claves insospechadas. El desengaño se ha erigido en rasgo de una época. El desengaño político, como apunto Rosales, y el desengaño amoroso que se extiende desde las redes sociales a la televisión en su versión más obscena y adocenada. La política es muy visible y el amor se ha convertido en un concurso de realidad televisada. No todo es así, pero sí hay una percepción de ambas realidades como muy rebajadas, como si hubiese un mundo anterior que fue perfecto. No entro en ello, pero sí en la piedra de toque que resulta ser esta poesía que ocupa mis días y mis pensamientos. La codificación de los sentimientos tiene un valor que desconocemos y nos permite adentrarnos en mundos insospechados, con los que, a diario, convivimos. Es ahí donde me valgo de las herramientas que me proporciona el poeta. El desengaño y el escarmiento son claves útiles para entender este mi presente.


+ Paisajes, libros, café, el piano lejano de Clara Schumann. Pienso en febrero, otra vez en el Auditorio Nacional. Otro concierto. Grigori Sokolov. 


+ Recuerdo la extraña sensación que me asaltó en Madrid. En un descanso di un paseo hasta llegar a un parque. Me senté en un banco y me dejé llevar por la mañana limpia de finales de septiembre. Me invadió la impresión de que estaba dentro de una maqueta, de tan perfecto que todo parecía. No duro mucho, pero fue algo intenso. La deficiencia de la vida ordinaria se había visto suplantada. Ancianos que hacía deporte suave, parejas de paseo, perros felices, algún corredor, los jardineros y sus labores: la adecuación de sus uniformes, el brillo de las máquinas. Salí de parque y sentí que un aliento poético me había invadido. Más tarde caminé por calles sin personalidad y llegué a la biblioteca a la que debía llegar. La sensación se atenuó pero se mantiene la idea de lo imposible, de la reducción de todo a lo más pequeño y perfecto. No mucho más.

 

+ Imagen: los equívocos.

sábado, 29 de noviembre de 2025

Objetos

 

+ La abstracción es un bien. Me ayuda. Me aleja de lo cotidiano o me lo devuelve en su esquema necesario. He pensado en personas que han pasado por mi vida y no han dejado huella. Es un rasgo del momento. Una tendencia a la melancolía, esa enfermedad o vicio, según dictamen de Pessoa. El otro día, de regreso a casa tras el trabajo, vi a alguien con quien tuve relación. Evitó mi mirada y luego, al pasar a mi altura, me observó de refilón. Recuerdo su nombre, el nombre de sus hermanas, la conciencia de un tiempo y el olvido de los gestos y preguntas. Todo se desvanece en un instante. Ya carece de la materia necesaria para ser mínimamente importante. ¿Importante? Qué palabra. Todo se desvanece y me dejo mecer por la agradable calma del mes de noviembre. No pensé, no dije nada y aquí queda una señal de ese no-encuentro. La vida nos aleja y convierte en extraños a los antiguos compañeros de farras, supongo que es el signo al que estamos subordinados. Un día seremos olvido. ¿Quién pronunció esta frase? No lo recuerdo, no quiero averiguarlo, pues en el mes de noviembre encuentro un antídoto para la fatiga.


+  Reflexiono sobre los objetos, su envejecimiento y la adquisición de valor que conlleva el paso del tiempo. No se puede separar ninguna de estas razones de la arbitrariedad. Nada es por sí, lo que le da ese valor es lo que nosotros ponemos en ellos: los objetos. Cuadros, instrumentos musicales y antigüedades varias. La necesidad de construir una identidad tiene que ver con el coleccionismo. Romper con ello no es conveniente, al menos en público: no suele ser entendido. Pero tenerlo presente es un plus. El sentido de la realidad viene dada por nuestra posición, es un algo interno y la manifestación de esta realidad nos conduce a lo que somos. Nada tiene sentido, salvo el que nosotros le otorgamos. El sentido es interno, que no externo.


+ Los objetos y su precio, lo arbitrario.

 

+ Imagen: acumulación.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Tiempo

 


+ Un viaje que trae consigo olvido y tristeza. El paso del tiempo, su huella en las personas, en los edificios. No hay voluntad, una ceguera. El tiempo. Todo permanece en el recuerdo. Me alejo y la tristeza persiste. No hay otra cosa que la serena certeza de caducidad. El paso de los años. Vuelvo la vista atrás y veo lo que sé que habría de ver. 


+ Fuimos a la segunda de Mahler. Todavía no me lo he explicado y persiste su influjo. En algún lugar leo que la pregunta de la obra es si hay vida tras la muerte. Yo sé que durante la interpretación de la obra el tiempo se suspendió. Me embargó la idea de impermanencia. Terminó la segunda de Mahler y ya no llovía. El público, a la salida, se arremolinaba en la entrada del metro. El viaje subterráneo, los rostros de las personas, el regreso a la superficie. Todo parecía encajar con extraña perfección. No es otra cosa: el vuelo del tiempo.


+ Como un futuro no previsto, así vague por la calles de Madrid. El primer día, visité el Prado yo solo y allí volví a ver cuadros con los que he establecido una relación íntima. El segundo caminamos juntos y fuimos al cine. Un entretenimiento. El tercero, una obra de teatro que no me gustó. El lunes, caminamos mucho y sentí el tacto de las palabras, una medicina, un ensalmo, el reverso del tiempo. El tiempo, me dije, es el tema. De regreso a Galicia, pensé en el paisaje, en los amigos, en los sueños y en la posibilidad de permanecer silenciosamente, con la mirada suspendida, sin pensar en nada, en absolutamente en nada. Es cierto, dibujé cuatro escenas urbanas y un interior: el Museo del Prado,  y fue suficiente. Los dibujos son una imagen de la muerte, también.

 

+ Imagen:  esos pasadizos futuristas que hablan del pasado, del presente y del futuro, que se repiten secuencialmente como se repiten las estaciones y las edades. Vale. El orden de las transiciones.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Sin indicaciones (32)



+ Dreams, Fleetwood Mac. Canciones que nos llevan a otro tiempo. Lo sé, una ilusión. Recuerdo escuchar la canción y preguntarme qué significado tenía la letra. Hoy no necesito respuestas, la música es suficiente y rechazo aquella hermenéutica sencilla y doméstica que trata de encontrar claves en las palabras porque las palabras se sitúan en un lugar más próximo a la música que a la lexicografía. 


+ [Desplazamiento (-s)]: nos relatan los preparativos de su próximo viaje, que las llevará a Buenos Aires. A mí me gustaría ir a Buenos Aires por razones literarias, principalmente: por el recuerdo que tengo del libro de Ernesto Sábato Sobre héroes y tumbas. Sin embargo, pensar en un viaje tan largo, pensar en el encierro en el avión durante tantas horas me desmotiva de una manera absoluta. El avión no me gusta y tantas y, lo dicho: tantas horas encerrado en el avión, me hace sentir angustia. Pensarlo me devuelve a lo terrenal y a la racional idea de que nada voy a encontrar allí que no hubiese encontrado en el libro de Sábato. Sé que admite discusión. Pero hoy el desplazamiento por placer es uno de los rasgos que definen nuestra época. Lo he pensado muchas veces, sobre todo cuando estaba en el avión hacia algún destino Europeo [yo nunca he salido de Europa y es muy posible que la cosa quede ahí]. Yo no me resisto, pero me resultan situaciones ásperas: el desplazamiento al aeropuerto, el aeropuerto en sí mismo, el avión, todos los rituales que implica el vuelo y la entrada en otro país, otro aeropuerto, otro desplazamiento del aeropuerto a la ciudad y el camino inverso. Me condiciona. No es la edad. Nunca me he sentido cómodo en el avión. Creo que no iremos a Buenos Aires y, simultáneamente, abrimos la posibilidad de viajar a los Países Bajos. Nosotros, aunque nos resistamos, también estamos imbuidos en el desplazamiento. Todos somos turistas. El fin de semana, las vacaciones como enseña. Ese fin de semana eterno que es el siglo XXI, mientras otros nos contemplan extrañados: los que pueden permitirse el viaje y los que no pueden permitirse el viaje. Se hace solida la posibilidad de un viaje a los Países Bajos [esta vez, con una idea pictórica].


+ De la misma manera que me recreo en esta boutade: “solo leo escritores muertos”, traspaso la idea a la música y, así, me interesa el rock o el blues porque me remiten a músicos muertos, una música que es ya arqueología. Por eso he comprado una Gibson Standard 50’s (Olivia es su nombre, ya que se terminó de fabricar el día 3 de febrero de 2025 y es Olivia, virgen y mártir, santa del día, entre otras y otros). Porque me relaciona con la muerte. Por eso conservo la Telecaster (Odette, proustianamente nombrada). Entiendo las guitarras eléctricas como una referencia al pasado, a mi pasado, algo que tiene aquel nombrado acento arqueológico o museístico. ¿Monumento o documento?, me digo. Cuestión siempre presente. Cómo vemos el arte: como objeto digno de admiración y culto, o, por el contrario, como una herramienta que nos permite adentrarnos en una realidad con la idea de reconstruirla. Creo que las guitarras y el rock and roll me dan la posibilidad de aunar en un solo objeto las dos posibilidades. [Durante la media hora diaria que me puedo permitir ese contacto con tan extraña realidad, media hora no es asunto menor]. La realidad que se distancia y que es preciso reelaborar.


+ Imagen: el vacío de la hora prima: lo inalcanzable. 6:45 am.

sábado, 8 de noviembre de 2025

Sin indicaciones (31)

 


+ En tres noches, antes de dormir, he leído La casa encendida de Luis Rosales. La sensación de pertenencia a un mundo que ya no existe me ha embargado durante esas tres noches. Todo parece estar bien en el refugio. La luz, las ventanas, los libros. El verso preciso, la palabra medida, el peso de las imágenes en su justa dosis. Pronto regresaré a Madrid y quizá visite este entorno de la calle Princesa, en donde se desarrolla el poema [si es que los poemas tienen un desarrollo y no son, más bien, elementos estáticos y ajenos al tiempo en sí mismo, que lo fosilizan para una posterior reconstrucción]. Conozco este barrio. He dormido en pensiones y pisos que alquilan habitaciones por días en las proximidades de la calle Princesa, por la que . he paseado y he ido caminando al mirador que se asoma desde los jardines del Templo de Debot, el Parque del Oeste y, desde allí, el sur de Madrid. Librerías, cafés y tiendas de instrumentos musicales. Percibí algo que se desprende del libro: la rutina como estancia agradable: los libros, el calor del hogar, la luz amarillenta de los salones de aquellas modestas casas que se construyeron a principios del siglo XX y hoy son mansiones, más por su elevado precio que por sus dimensiones. Tanto ha cambiado todo. Un mundo que yo conocí y hoy es arqueología. Sin remedio avanza la rueda de la Fortuna.


+ La Fortuna, tema tan particularmente propio de Villamediana, que hoy comprendo mucho mejor, aunque todavía no alcanzo sus dimensiones totales. 


+ Los papeles me acechan. Pongo orden y, otra vez, crecen para mi espanto. No lucho contra ello y en esa marea me dejo descansar.


+ Se resiste el pensamiento. Detenido por labores meramente contables, parece no haber espacio para la ocurrencia. No siempre es igual. Lo fluido no se busca, se encuentra. Una frase, me digo. Descanso un momento y retomo la lectura de poemas escritos en cancioneros con más de cuatrocientos años de antigüedad. ¿Cuatrocientos años, cuánto es esto? ¿Un suspiro?


+ Imagen: el banco: un espacio a preservar frente al mar: dimensiones, ubicación y materia.