
+ Todo lo vivido tiende a convertirse en relato, en novela, aunque no alcance el formato al que. tiende. Hoy, en algún periódico, tratan de analizar los años de la heroína. Recurren a una película que recientemente se ha estrenado. La ficción tamiza la circunstancia de otro tiempo y termina por conseguir una extraña materia que se aleja de su origen, pero que, al mismo tiempo, convierte en universales hechos locales. El arte, cuando acierta, lleva en sí mismo una extraña capacidad de síntesis. Las artes narrativas hablan desde lo particular y llegan a la generalidad. Yo asistí como espectador a esos años de la heroína y no es un recuerdo grato. Algunas personas murieron y otras quedaron estigmatizadas de por vida, con un rostro cadavérico y enfermedades innombrables, hubo algunos que se libraron y gozan de un impropio aspecto saludable. ¿Cómo construir una historia? La confesión, la distancia, la cercanía, el paisaje urbano, el paisaje rural, las calles o los callejones, la jeringuilla como emblema, la heroína fumada, la muerte, la vida, los hijos o los amigos. Todo se desvanece y, creo, el acierto reside en transmitir aquella voluntad de marginación y dolor. Ahora, desde el periódico, parece más un asunto curioso que el recorrido por extraños laberintos de fascinación por la caída. Siempre la caída.
+ Acabo el libro del hijo de Luis Rosales sobre su padre, Luis Cristobal Rosales sobre Luis Rosales. Ha resultado una agradable lectura que termina por afianzar el descubrimiento, Luis Rosales. Una de las cosas que me llamó la atención fue el consumo de coñac y de anfetaminas que el poeta utilizaba para escribir en su casa de verano, en Cercedilla. No lo hubiera pensado. La cita dice: “Se encerraba en su despacho y se recluía con la poesía. No comía, únicamente se tomaba un ponche para no interrumpir la concentración; los puros, la simpatina y el coñac Bobadilla 103 Etiqueta Negra era sus únicos acompañantes.” La simpatina es la anfetamina a la que yo aludí anteriormente. La ebriedad y la poesía son, en muchas ocasiones, dos realidades que caminan juntas, la poesía de Rosales se puede leer desde este punto. Ahí iré, a esa lectura que parte de la ebriedad.
+ Al mismo tiempo, he comenzado a leer el libro de Juan Francisco Fuentes Hambre de patria. Me interesa el matiz que los exiliados aportan sobre la Segunda República Española y como se enfrentan a la posibilidad de instaurar un régimen democrático en España tras la muerte de Franco. He leído cuarenta o cincuenta páginas, que es casi un veinte por ciento de su totalidad. Estas primeras páginas abordan los antecedentes de la Segunda República y la Guerra Civil, es decir: el discurrir de siglo XIX y la dictadura de Primo de Rivera. El núcleo de la inicial de la exposición es un cierto deseo de guerra civil, que hunde sus raíces en el siglo XIX, que llega a manifestarse en ciertas posiciones de destacados intelectuales y políticos. No sé si esto era algo generalizado o a partir de ciertos hechos se realiza una generalización. Una anécdota que. se convierte en piedra de toque. No tengo capacidad para saberlo porque requiere una indagación para la que no tengo tiempo ni competencia. Sin embargo, hay cuestiones que se desprenden de las que no dudo. Por otra parte, compruebo que la polarización no es algo exclusivo de nuestro momento, incluso, lo que hoy sucede resulta de menor intensidad que lo que sucedía en aquellos años. Para mí no es nuevo, pero mal no está recordarlo. La violencia siempre ha estado presente en la historia de la humanidad y no dejará de estarlo. Mientras, pienso en diversas ebriedades y me veo frívolo, ligero, irrelevante, pero soy hijo de mi tiempo y mi circunstancia. Continuo la lectura y, entremedias, lo comparo con algo de Julián Casanova. No creo que se deba tener una visión naïf de la República, pero tampoco se puede reducir la maldad que consigo trajo el franquismo. Debo continuar la lectura hasta el final para poder tomar una posición, esa cambiante estabilidad. Una cuestión de equilibrios y balances.
+ Otra vez vuelvo a escuchar la guitarra de Rafael Riqueni. One more time.
+ Nada temo, pero ante los espectros del pasado soy cauto. Palabras que hoy cobran sentido, palabras que hoy pierden su valor. Espejos que han extraviado su azogue. El tiempo es un crisol. He alcanzado una serenidad solida, aunque los embates contra ella produzcan vibraciones no agradables. Y me preguntó: para qué sirve todo esto, ante su victoria? Lo sé. Es el vacío, la constancia del olvido. Sin lugar a dudas, materia para olvidar, lo que no impide la prevención contra los fantasmas del pasado. Y no es ebriedad. No en este caso.
+ Imagen: bares, la ebriedad, el tiempo elevado.