sábado, 14 de marzo de 2026

Reelaboración

 


+ Hay un estudio implícito en las conversaciones sobre las otras personas, aunque yo, como observador vocacional, me mantengo al margen y mis intervenciones son punto menos que neutras o totalmente vacías. Lo siento, yo no he venido aquí para darle la razón a nadie, tampoco para quitársela. He visto gran desconocimiento sobre cuestiones básicas de sintaxis y he guardado silencio: qué quieres de postre: helado o tarta, qué debe presentar: una nota simple del registro de la propiedad o una declaración responsable. No importa y, realidad, no lo siento, solo me mantengo al margen. El margen lo establezco en cada momento y su movilidad es mi dominio. Escucho atentamente lo que sobre los otros me dice y yo no añado nada. Ni añado, ni quito. Preferiría que no me contasen nada, pero eso no es posible. El apunte de la circunstancia es su disolución. 


+ Veo en las últimas fotos que he colocado en este espacio un algo de expresionismo. La búsqueda de un límite en las dimensiones y la perspectiva. También en los dibujos que hago en la libreta y, así mismo, en su coloreado. Las imágenes se pueden analizar desde múltiples perspectivas, aunque hoy yo las prefiero ver en la sintonía con ciertas balizas sentimentales en lo diario. Las fotos de mi movil son entradas en un diario y, también, las que aparecen en la libreta de los dibujos y se unen a estas entradas. No sé. La necesidad de que haya constancia de lo vivido y la reflexión sobre su devenir.


+ Lo que decía ella: los recuerdos son construcciones. Lo decía mientras hablaba de cómo había llegado a asumir la demencia de su madre y la necesidad de cuidarla aunque su madre ya no es su madre, sino el contenedor de su madre. Ay, quizá todavía sienta que ella es ella, “mi madre, a veces, tiene una reconexión con lo que fue”, pero, ay, la mayor parte del tiempo no está. La memoria es una construcción, una selección y un relato que varía. El cambio es la clave. M. no lloró, pero estaba triste. Luego volvió a hablar del trabajo, pero a mí esa conversión, qué le voy a hacer, no me interesaba y, sin ser maleducado, me distancié. Mi neutralidad. Luego, a lo largo de fin de semana, no pude dejar de pensar en su situación. La tristeza, me dije y continué con mi camino. Mi camino, ay.


+ La reelaboración me interesa y, al tiempo, no puedo escapar de su influjo. Qué hago yo todo el día: coser, descoser y volver a coser.


+ “La sensación era extraña. Como si de repente comenzaste a entenderlo todo. Y cuando digo todo lo digo en la máxima expresión de la palabra todo. Bien. En realidad me refiero a que había comenzado a percibir con claridad la forma en cómo funcionan determinados resortes sociales y profesionales, compartimentos no necesariamente estancos. Esos procesos de socialización me sorprendían, los observaba como un primatólogo observa a la familias de gorilas que componen un clan. Tal vez ese punto de observación era soberbio, pero no encontraba ningún otro desde donde describir lo que a diario veía. Descripciones que eran de uso particular y sin un objetivo determinado, salvo comprender. Una compresión intransitiva. Y lo que  veía me parecía fútil, irrelevante e infantil. Ser observador es una apuesta por la irrelevancia, el observador es necesario que se camufle en el boscaje y no se manifieste ante la población observada."


+ Imagen: recorte.