Mostrando entradas con la etiqueta Lectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lectura. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de agosto de 2026

El don

 


+ ¿Resulta grosera la descripción de las acciones de la vida cotidiana? Siempre, ante tal cuestión, hay que colocar la coletilla: depende. La cuestión está en la manera de presentar y expresar lo ordinario, que puede llegar a ser vehículo de realidades insospechadas, todo aquello que se esconde tras lo dado. El metro, la rima, la imagen, una suma que señala la dirección correcta (si acierta). Es un don y el don se hace material de maneras diversas. Lo cotidiano solo es una de ellas, la materia del don.


+ Don: “1. Dádiva, presente o regalo.” / “2. Gracia especial o habilidad para hacer algo.” / “3. Bien natural o sobrenatural que tiene el cristiano, respecto a Dios, de quien lo recibe.” El tratamiento social que implica del “Don” queda a un lado. El don es la dádiva 


+ [Traducción del inglés]: Gifted: dotado, con talento, inteligente. Pero también, gif: regalo o dádiva.


+ Todo se resume en que el talento viene dado como dada viene la belleza o la estatura. La discusión abierta sobre el tema me importa poco, mi convencimiento llega de muchos años atrás desde los que observo a las personas y a sus obras. El don es un dádiva, un regalo, que se hace materia en las habilidades en sus grados y escalas. ¿Determinismo?


+ [Copio las dos citas que inserté en la entrada de la semana anterior, ahora: sin referencias porque estas están en el lugar que tienen que estar]:” Mientras conducía hacia el estudio, vi que estaban colgando luces de Navidad en las calles. Parecían un poco fuera de lugar en esta parte decadente de la ciudad.” (349) / “Cuando iba y venía del estudio, seguía fijándome en los adornos navideños. Me costaba aceptar que ya era Navidad, otra vez. Estaba entumecido y agotado. Ya ni sabía si el álbum era bueno.” (351). He pensado en lo que me sugirieron cuando las copié aquí. Tiene que ver con ciertas sensaciones de irrealidad que sufro en algunos momentos en los que cotidiano pierde su automatismo. Ese extrañamiento que provocan las luces de Navidad y su punto absurdo me trasladan a los días de mi infancia cuando me asaltaban estos repentinos mecanismos de asombro. La ruptura de lo dado, me digo. La palabra es asombro, termino por resolver. Asombro ante lo dado, que es otra cosa que lo cotidiano o la vida ordinaria. Una suerte de poética, me digo. Los años han pasado y el poso de esa admiración o pasmo permanece. Lo aplico a con cierta regularidad y con conciencia de hacerlo. 


+ Y dice Villamediana en el inicio del soneto: “De los aplausos que miró triunfales”, para terminar preguntándose en el segundo cuarteto: “¿Cuántas líricas glorias y murales / cantó la fama que la fama ignora? / ¿Cuántos, tumba de olvidó, cubre agora / vencimientos terrestres y navales?” Así, el don también tiene su agonía, su caída, su olvido. Nada permanece. Retomo, pues, la cita que escribí aquí mismo en otro momento, una cita que, escrita a lápiz, recogí de uno de los cuadernos de Luis Rosales: “Forsan et haec olim meminisse iuvabit” ["Quizás algún día nos acordemos de esto con alegría" o "Tal vez algún día nos plazca recordar estas cosas”]. Así queda hoy la tarea de verter las impresiones sobre lo diario, el dibujo de una intuición. ¿Es un regalo, también?


+ Imagen: recorte y fragmento.

sábado, 22 de agosto de 2026

Rumors (ii)


+ Pienso en la perfección de las maquetas mientras veo un vídeo sobre la construcción de unos teclados que combinan las funciones de órgano, piano y sintetizador. El ambiente de la fábrica y los despachos resulta idílico. Maderas, metales y plásticos finos. Una pequeña población que es en sí otra maqueta abastece de maderas a la fábrica. La perfección y su consecución es el tema. Yo me aparto de ello mientras toco una de mis tres guitarras y trato de ver si hay o no hay un sentido en ello, me aparto porque mis interpretaciones, como los dibujos que hago, son imperfectas. La maqueta, aquí, no sirve. Me aparto y derivo el pensamiento hacia el vacío.


+ Terminado Making Rumors de Ken Caillat y Steven Stiefel. La grabación del álbum Rumors de Fleetwood Mac no es un tema menor. Todas las implicaciones musicales que tiene me llevan a trasladar las enseñanzas que se desprenden del manejo del estudio, para algunos, entre ellos yo, un instrumento más, a la vida. La vida. Ay, la vida. Todo aparece en su poliédrica realidad y en la contradictoria marcha de los asuntos, que llegan a buen puerto o no pero que no admiten una respuesta sencilla y rápida. En este caso, el resultado es excelente y todo lo que se oculta en la elaboración de su realidad nos viene dado mediante una perfección que va mucho más allá de exactitud. Ahora mismo escucho “Dreams” y recuerdo fragmentos del libro y cómo se compuso la canción, cómo se opone a otras, ese dialogo que resulta ser el disco: las relaciones personales, los problemas de pareja. Ahora el libro debe descansar y, no sé si es posible, algún día volver a él. Mientras el disco no dejará de sonar.


+ Dos citas enlazadas del fin de Making Rumors: “Mientras conducía hacia el estudio, vi que estaban colgando luces de Navidad en las calles. Parecían un poco fuera de lugar en esta parte decadente de la ciudad.” (349) / “Cuando iba y venía del estudio, seguía fijándome en los adornos navideños. Me costaba aceptar que ya era Navidad, otra vez. Estaba entumecido y agotado. Ya ni sabía si el álbum era bueno.” (351). [Making Rumors, Ken Caillat y Stevensen Stiefel (2025), Ondas del Espacio, Granada].


+ Escucho, una vez más, “Dreams”, se termina y la vuelvo a poner. 


+ Imagen: construcciones en medio de la nada, aquel perdido significado ilumina el día. Las maquetas y su extraña capacidad para la metáfora.

sábado, 8 de agosto de 2026

Días de agosto


+ Días de agosto que recuerdan personas y paisajes. Todo ha quedado atrás. Lo veo y no siento la melancolía que en otras ocasiones he sentido. Me alejo de aquellas simas. Soy otro y soy el mismo. El espejo me devuelve una imagen que no me desagrada, condensación del pasado, del presente y, quizá, del futuro.


+ Leer poemas que tienen más de cuatro siglos sobre sí me muestra que hay una suerte de aliento que traspasa el tiempo. Me llega una idea del amor, bien codificada, y que me otorga una mirada sobre el tiempo presente y me obliga a decir: ¿qué ha cambiado, qué permanece? Lo pienso y conduzco entre molinos de generación eléctrica, coníferas y casas al borde de la carretera, unas restauradas, otras dormidas en una época que ya fue y no volverá. Letreros viejos y oxidados, vacas, vallados y cercas, el perfil lejano de las montañas. Recuerdo los poemas y conduzco. Un soneto, tal vez. “Este fuego de amor que nunca ha muerto”, me digo y recuerdo otros mundos, otros tiempos. ¿Una reiteración? Un círculo en el aire.


+  Conversaciones, temas y opiniones. No hay objetividad posible, ni deseable. Los intereses contrapuestos son el motor, la ambición y la codicia hacen el resto. Veo, escucho y callo. No soy uno de los tres monos, soy los tres a un tiempo. Este tiempo. Sigo y conduzco.


+ Imagen: el placer de cotidiano en lo plástico: extraño cajero, extraña iluminación.


sábado, 11 de julio de 2026

Rumors (i)

 

+ Hoy he escuchado, otra vez, Rumors de Fleetwood Mac. Me he comprado el libro que escribió uno de los productores del disco. Escucho en bucle algunas canciones. Me intriga el clima y la capacidad de trabajo de los integrantes del grupo, el sistema de composición y la temática, esa extraña reflexión sobre las relaciones de pareja. En ello descanso, hoy.


+ Un método de trabajo, tal vez. En realidad se trata de llegar a un resultado y no darle oportunidades al desánimo. Leo antes de dormir Making Rumours. Me interesa especialmente la manera cómo el disco surge de interaccionan entre los miembros del grupo y del trabajo de los productores, cómo el escenario y la atmósfera contribuyen a establecer las guías de la creación. Método viene del griego, la primera parte se refiere al cambio, la segunda: al camino. Cambio y camino, esa es la receta: no detenerse.


+ La discusión sobre ciertos temas tiende al infinito y es mejor identificar esta multitud de discusiones y dejarlos por imposibles. El desbroce y la limpieza, la conservación de las pocas y estimadas posesiones que tenemos lo existe. Vuelvo al disco, Rumors


+ Imagen: un punto de irrealidad que fotografié con el teléfono el año pasado en Madrid.

sábado, 11 de abril de 2026

Repertorio


 + En un poema leo la palabra “vástago” y no me puedo resistir. Busco la palabra en el diccionario de la RAE. Entre sus acepciones, las esperadas, surge una cuarta :“pieza en forma de varilla que sirve para articular o sostener otras piezas.” No es que sea extraña en sí, pero es desde donde quiero leer el poema. El poema cambia y mejora. No soy yo quien debe alterar el significado, la lectura que pretendió el poeta, pero el poema, ay, ya no es suyo. El sintagma: “vástago del horror”. Ahora sí, ahora sí lo encuentro en el repertorio.

+ Lectura y escritura van de la mano. Aunque el lector no escriba, sí existe una relación entre lo uno y lo otro: la lectura es un volver a escribir. El galimatías que acabo poner negro sobre blanco no me redime, pero tampoco esa es mi intención.


+ Hace años aprendí algo sobre la comunicación: hay una suerte de vacío entre dos personas que hablan porque uno expresa una idea y el otro entiende otra cosa. Lo compruebo a diario. Hablo y ejemplifico, tangencialmente, con una anécdota y el interlocutor la toma como tema principal, entonces, parece que resulta imposible reconducir la conversación. Lo tengo muy presente y he desistido de incidir en lo que deseo comunicar, ya que veo ahí una imposibilidad manifiesta. No estoy dispuesto fatigarme inútilmente. Esto es así, siempre que no vayan en ello mis intereses. Si así es, lucho y, vaya, suelo vencer. Me interesan estos rasgos de lo cotidiano que encierran en sí mismos extrañas novelas. La novela de la vida, tal vez.


+ En el inicio de un extenso texto de Fray Martín Sarmiento se muestran los desvelos que tienen tantos hombres para influir en el curso de su fortuna. La captatio benevolentia que se guarda en este prólogo nos habla de esos “hombres, que no piensan en otra cosa sino en averiguar conexiones, amistades, y aun simples benevolencias, para utilizarse en ellas á costa agena  (sic) con solo el mérito de importunos.” Aquí queda. Hablamos C. y yo de estas articulaciones que se dan en diversos ámbitos de la realidad humana. En el arte, en los negocios o en la caridad. La necesidad de satisfacer el ego no conoce fronteras. Nos situamos en un extremo y observamos. Todo ha sido ya pensado y repensado, pero recordar ciertos acentos no viene mal para conducirse en lo diario y otorgar a nuestros juicios un mayor peso.


+ Se han terminado estas pequeñas vacaciones. He adelantado algo en la escritura, pero, sobre todo, alcanzo un tono que espero mantener y me permitirá llegar a mi objetivo, marcado en octubre. No es poca cosa y me satisface. Me satisface moderadamente.


+ Hoy en el banco presencié, para mi disgusto, como a una mujer le denegaban un adelanto sobre la pensión debido a deudas no saldadas, que estaban generando unos intereses elevados para su economía. Me detuve a pensar y a olvidar. No sin disgusto, se alejó, pero no había enfado en su rostro sino resignación. Antes de irse, la empleada le dijo que lo sentía. No lo dudo. Pero no se puede vivir con el dolor de los otros. Lo cotidiano se solapa y reaparece con una pátina de irrealidad, bajo el tamiz de la ficción. De eso se trataba, la moraleja que esconde. Hoy, cuando todas las moralejas rechazamos.


+ Imagen: "Londres - marzo del 2010". ¿Dónde está todo aquello, más allá de la foto? Ay, todavía mis padres vivían. Hoy el mundo es otro, yo soy otro y ellos no están. Queda la foto: esa marea humana tan incomprensible como imparable. El mundo no ha parado de girar, cuando ellos estaban, ahora que no están.

sábado, 28 de febrero de 2026

Helleborus [eléboro]


 


+ Hago fotos, las archivo y, al cabo de los meses o de los años, las recupero. Invoco aquellos momentos y regresan al olvido. Movimientos que no implican otra cosa que el moviendo en sí mismo. Los trabajos y los días.


+ Un aliento de frivolidad, superficial y prescindible. El tiempo nos arroja juicios que ignorábamos.


+ He indagado en la vida de una estrella de rock menor que confiesa en sus memorias que su mayor problema han sido sus adicciones, también relata los problemas económicos por los que ha pasado en los últimos años. También, he buscado datos de un estafador a raíz de una noticia en el periódico. En ambos casos se aparece la ciudad de Madrid, lugares por los que he transitado, bares en los que he tomado café, plazas o calles, barrios y estaciones de metro. El cantante tiene su brillo y su vida, quizá, merezca esa novela que yo no escribiré. El estafador, también. Las novelas están al alcance de nuestra mirada: personajes y escenarios. Pero sobre ambas realidades el dinero parece imperar. El dinero como motor y freno de la vida. Lo pienso y pienso en todos los fracasos económicos que he visto y que han actuado como una vacuna o antídoto: vidas que me han mostrado una sima de la que huir (pequeñas dosis de veneno que previenen del veneno en sí). En fin, la vida.


+ La novela en sí, principalmente, requiere, en primer lugar, una estructura. A partir de ahí, todo.


+ Canciones que se lleva el viento, monedas que brillan con el sol de otoño, la mano del vagabundo, la sonrisa de la niña que espera su turno, el perro que se sienta, la lluvia y el sol, las canciones de Radio Futura, el ritmo y el silencio, una guitarra, el metrónomo, el abrazo y el cuerpo amado, la rutina y su ruptura, Madrid, un Madrid que hemos construido a lo largo de cuarenta años, en la distancia, canciones de amor, canciones y olvido, llamadas telefónicas en la noche, trenes nocturnos, el último viaje del Rías Baixas, los documentos y los monumentos, la historia y su olvido, la rápida carrera de un corredor, trajes oscuros, vaporosas bufandas en el otro lado del río, una pizca de absurdo, las derivas de las obligaciones diarias, el dolor que produce la escritura, las curas que precisa la escritura, leer y dormir, el sueño, he aquí el resultado de una vía: nada, canciones que olvidé y en su momento fueron casi un credo, todo se desvanece. Madrid, otra vez queda atrás.


+ Por razones que no vienen al caso, he acudido a la obra de Saavedra Fajardo República literaria en la que encuentro un juicio que considera que a los libros de política como “dañosa mercancía”. Poco antes había leído un artículo que contenía las cuestiones que Podemos arguye para no integrarse en una posible, o imposible, coalición de izquierdas. Después reviso algunos tomos de ciencia política que me resultaron totalmente decepcionantes. Vanas y obvias explicaciones, vacías y ruidosas como un sonajero o una maraca. Tanto explicar, nada encontrar. Finalmente, concluyo que hay una cháchara muy peligrosa, que quizá sea la misma de la que habla Diego Saavedra Fajardo y que perdura a lo largo de los siglos. Ay, los politólogos charlatanes cuanto mal ocasionan. Al tiempo, otro artículo que ofrece una pincelada estadística dice que ni con la unión lograrían sumar los escaños suficientes. La rendición no cabe. Ni el desánimo. El día muere. Mañana en Madrid. A la vuelta, veremos.


+ La cita completa: “¡Oh libros, aun para reconocidos peligrosos, en que la verdad y la religión sirven para la conveniencia! ¡Cuánta tiranías habéis introducido en el mundo y cuántos reinos y repúblicas se han perdido por vuestros consejos! Sobre el engaño y la malicia fundáis los aumentos y conservación de los estados, sin pensar que pueden durar tan poco sobre tan falsos cimientos.” De eso se trata, de la conveniencia, nunca de otra cosa, y, como se ha repetido tantas veces, el papel todo lo aguanta, pero cuando el proyecto llega a su ejecución y aparece la construcción y esta se desmorona cuando el viento sopla, se precisa una explicación y si esta no satisface a nadie, salvo al que a sí mismo se escucha, la cita cobra sentido. Veo yo a los falsos profetas, a los intrigantes aduladores, a los peligrosos consejeros. En fin, ¿está agotado el ciclo político? Quién sabe.


+ “Campos de eléboro”, leo e la República literaria. El eléboro es una planta que contribuye a aumentar la memoria, pero, cómo no, tiene un peligro: es muy tóxica y las dosis deben administrarse con prudencia. La unión entre memoria y locura es un tópico. Demasiada memoria resulta pernicioso y el olvido, en muchas ocasiones, es deseable. Lo dejo aquí. La lectura República literaria de Diego Saavedra Fajardo ha deparado ideas y momentos punto más que interesantes. Insisto, la poca pertinencia de los muchos libros y la necesidad de un escrutinio se unen a las cualidades y los peligros del eléboro. Lo recordaré, tanto lo uno como lo otro. 


+ [Viaje a Madrid]: Me quedo, finalmente, con la exposición de Juan Uslé en el Reina Sofía. La coherencia y la depurada técnica se unen para realzar la condición expresiva de la pintura que hunde sus raíces, en mi percepción, en recuerdos entrevistos de un tiempo donde la intuición reemplazaba al conocimiento y, ante su pintura, se confirmado lo acordado de la propia intuición. La fotografía de Uslé también contribuye al proceso de establecer la calidad del espectador (yo). Por otro lado, he visto soberbia y humanidad, hemos viajado en metro y hemos caminado mucho: en tiendas y en bares he visto una cosa y la otra. Es lo humano, así de complejo. Dibuje y, por primera vez, rompí una hoja: no me gustaba lo que había hecho, no pasa nada: siempre hay una primera vez. El tren fue un complejo y aglutinante medio para reunir y ordenar las piezas del viaje; me leí de cabo a rabo El País. Queda un grato recuerdo de Madrid: fuimos felices en nuestra alegría.


+ Imagen: puerta y muros. [Madrid].

sábado, 20 de diciembre de 2025

Ebriedad (et alii)

 


+ Todo lo vivido tiende a convertirse en relato, en novela, aunque no alcance el formato al que. tiende. Hoy, en algún periódico, tratan de analizar los años de la heroína. Recurren a una película que recientemente se ha estrenado. La ficción tamiza la circunstancia de otro tiempo y termina por conseguir una extraña materia que se aleja de su origen, pero que, al mismo tiempo, convierte en universales hechos  locales. El arte, cuando acierta, lleva en sí mismo una extraña capacidad de síntesis. Las artes narrativas hablan desde lo particular y llegan a la generalidad. Yo asistí como espectador a esos años de la heroína y no es un recuerdo grato. Algunas personas murieron y otras quedaron estigmatizadas de por vida, con un rostro cadavérico y enfermedades innombrables, hubo algunos que se libraron y gozan de un impropio aspecto saludable. ¿Cómo construir una historia? La confesión, la distancia, la cercanía, el paisaje urbano, el paisaje rural, las calles o los callejones, la jeringuilla como emblema, la heroína fumada, la muerte, la vida, los hijos o los amigos. Todo se desvanece y, creo, el acierto reside en transmitir aquella voluntad de marginación y dolor. Ahora, desde el periódico, parece más un asunto curioso que el recorrido por extraños laberintos de fascinación por la caída. Siempre la caída.


+ Acabo el libro del hijo de Luis Rosales sobre su padre, Luis Cristobal Rosales sobre Luis Rosales. Ha resultado una agradable lectura que termina por afianzar el descubrimiento, Luis Rosales. Una de las cosas que me llamó la atención fue el consumo de coñac y de anfetaminas que el poeta utilizaba para escribir en su casa de verano, en Cercedilla. No lo hubiera pensado. La cita dice: “Se encerraba en su despacho y se recluía con la poesía. No comía, únicamente se tomaba un ponche para no interrumpir la concentración; los puros, la simpatina y el coñac Bobadilla 103 Etiqueta Negra era sus únicos acompañantes.” La simpatina es la anfetamina a la que yo aludí anteriormente. La ebriedad y la poesía son, en muchas ocasiones, dos realidades que caminan juntas, la poesía de Rosales se puede leer desde este punto. Ahí iré, a esa lectura que parte de la ebriedad. 


+  Al mismo tiempo, he comenzado a leer el libro de Juan Francisco Fuentes Hambre de patria. Me interesa el matiz que los exiliados aportan sobre la Segunda República Española y como se enfrentan a la posibilidad de instaurar un régimen democrático en España tras la muerte de Franco. He leído cuarenta o cincuenta páginas, que es casi un veinte por ciento de su totalidad. Estas primeras páginas abordan los antecedentes de la Segunda República y la Guerra Civil, es decir: el discurrir de siglo XIX y la dictadura de Primo de Rivera. El núcleo de la inicial de la exposición es un cierto deseo de guerra civil, que hunde sus raíces en el siglo XIX, que llega a manifestarse en ciertas posiciones de destacados intelectuales y políticos. No sé si esto era algo generalizado o a partir de ciertos hechos se realiza una generalización. Una anécdota que. se convierte en piedra de toque. No tengo capacidad para saberlo porque requiere una indagación para la que no tengo tiempo ni competencia. Sin embargo, hay cuestiones que se desprenden de las que no dudo. Por otra parte, compruebo que la polarización no es algo exclusivo de nuestro momento, incluso, lo que hoy sucede resulta de menor intensidad que lo que sucedía en aquellos años. Para mí no es nuevo, pero mal no está recordarlo. La violencia siempre ha estado presente en la historia de la humanidad y no dejará de estarlo. Mientras, pienso en diversas ebriedades y me veo frívolo, ligero, irrelevante, pero soy hijo de mi tiempo y mi circunstancia. Continuo la lectura y, entremedias, lo comparo con algo de Julián Casanova. No creo que se deba tener una visión naïf de la República, pero tampoco se puede reducir la maldad que consigo trajo el franquismo. Debo continuar la lectura hasta el final para poder tomar una posición, esa cambiante estabilidad. Una cuestión de equilibrios y balances.


+ Otra vez vuelvo a escuchar la guitarra de Rafael Riqueni. One more time.


+ Nada temo, pero ante los espectros del pasado soy cauto. Palabras que hoy cobran sentido, palabras que hoy pierden su valor. Espejos que han extraviado su azogue. El tiempo es un crisol. He alcanzado una serenidad solida, aunque los embates contra ella produzcan vibraciones no agradables. Y me preguntó: para qué sirve todo esto, ante su victoria? Lo sé. Es el vacío, la constancia del olvido. Sin lugar a dudas, materia para olvidar, lo que no impide la prevención contra los fantasmas del pasado. Y no es ebriedad. No en este caso.

 

+ Imagen: bares, la ebriedad, el tiempo elevado.


sábado, 25 de octubre de 2025

Su noble palabra demiúrgica

 

+ Vuelvo a Roland Barthes. Hoy que llueve y no dejo de pensar en guitarras, regreso a Roland Barthes. Ay, las guitarras y mi mismidad. Leo, una vez más, un artículo que aparece en Mitologías, “El escritor en vacaciones”. Resulta ilustrativo de una idea romántica de la creación literaria y del trabajo que conlleva y que permanece en el imaginario colectivo. El escritor en vacaciones es una asociación entre el mito en sí mismo del escritor y su realidad de la vida cotidiana. El acento que sobre esta circunstancia pone R.B. es definitorio y se extiende desde el momento del artículo hasta el presente. El libro, Mitologías, es un libro propio del momento, de los años sesenta, pero lo que desvela permanece. La duplicidad que encontramos entre la persona y el personaje. A la persona le gusta lo mundano en comunión con el resto de sus conciudadanos, pero tiene aquel rédito intangible: “su noble palabra demiúrgica”. Y es aquí donde se produce la intersección con las guitarras. ¿Por qué? El viernes pasado C. y yo, junto a otra pareja, L. y J., fuimos a lo que se denomina un “clinic” de dos enormes guitarristas. Los guitarritas en su atuendo roquero adquirían un tinte mitológico similar al escritor, pero acentuado por las guitarras y los amplificadores, la interpretación musical y las poses que ornamentan al roquero: herederos de un cierto romanticismo y de una idea cirquense de la vida y el espectáculo. Está bien. Son necesarias estas expresiones de divinidad y armonía. Las guitarras, los libros o las ciudades, mecanismos que activan la ilusión de una existencia verdadera o auténtica, en un sentido que ya nadie utiliza. Lo auténtico quedo relegado por otras formulaciones, pero, tanto en la escritura como en la interpretación musical, permanece incólume. Por un momento, los dioses nos visitan y los honramos en la justa medida del orden, la armonía y la serenidad.


+ Repaso anotaciones a lápiz de L.R.C. en una antología del Conde de Villamediana elaborado por él mismo. Me resulta muy difícil entender su letra, aunque tampoco es mala su caligrafía [bueno, quizá sea redundante lo dicho porque dentro de la palabra está contenido el concepto de belleza: Κάλλος, y ahí no se puede entrar: o es buena o no es caligrafía, con todo: así queda]. Pienso en cuando tomó nota, en la extrema realidad de que nunca se sabe quien terminará por leer lo que escribimos, aunque no sea nuestro propósito que alguien lo lea terminará en otras manos. Reflexiono sobre esta circunstancia a menudo. Escribimos sin saber quién será nuestro destinatario, a pesar de que esto no se considere comunicación stricto sensu, ya que para que la comunicación se produzca debe existir una intencionalidad y en este caso no la hay. La tarea se desarrolla arropada por excelsas interpretaciones de piano y con la lluvia como telón de fondo. He adelgazado mis pretensiones y ahora con observar me conformo. La letra de Luis Rosales me devuelve otra imagen de mí, un otro yo.


+ Apunto: “la imagen del barco varado y la idea de fortuna”. Podría amplificar el apunte, pero así está bien. Así queda.


+ La casualidad me lleva a una frase que flota en la página web de una compañía de logística. La frase, en su literalidad, flota: “Children are like wet cement, whatever falls on them makes an impression” [la traducción automática parece válida: “Los niños son como el cemento húmedo, todo lo que cae sobre ellos les deja una impresión”]. Pensar en la frase es pensar en si las comparaciones son acertadas por la simple inserción de la partícula que establece la comparación misma o se les debe exigir algo más. Supongo que lo último es lo que se impone, pero hay que pensar. Las cuestiones de pragmática lingüística siempre son inquietantes porque parecen desvelar aspectos que se esconden en lo cotidiano y lo dado. En realidad, lo que dice la frase a todos nos sucede y la comparación no hace otra cosa que acentuar la observación con la indiscutible realidad de la infancia, donde todo está magnificado. La frase es de un maestro y psicólogo israelí del siglo pasado, que murió a los cincuenta y un años. Bueno, no es cemento, es hormigón o mortero, por ejemplo, el cemento es un polvo gris que precisa del agua y la grava para ser algo. ¿Podría llevar este error hasta las consecuencias hermenéuticas que de él se desprenden, cuando se confunde el ingrediente con el resultado, una confusión que desarma toda la metáfora? La precisión no es cortesía, sino necesidad. Punto.


+ Las frases de calendario bien se merecen un tatuaje en su punto, siempre que reine la ironía o el sarcasmo. Pero no es posible. El tatuaje es talismán y ni la ironía, ni el sarcasmo protegen de nada.


+ Leo algo sobre Gerhard Richter y encuentro ciertas concomitancias con ideas sobre la imagen y el devenir del presente. Son ideas que tienen algo en común con una forma que he desarrollado de ver, pero que nunca termina de plasmarse [si dejamos a un lado las fotografía de este blog y las imágenes de aquel que abandoné cuando murió mi madre]. Es algo que se relaciona con lo cotidiano, con lo que carece de valor, una suerte de elevación del desecho, pero también con una tendencia hacia un intento de capturar un esbozo de lo contemporáneo, a sabiendas que esto no deja de ser la fundación de una arqueología. En fin. Me interesó el artículo y recordé al artista. Poca cosa no es. 


+ Imagen: la biblioteca, como residencia de aquella palabra demiúrgica que es escritor empuña.


sábado, 26 de julio de 2025

20,5 x 23,9 cm

 


+ Hoy he vuelto a recordar aquel pequeño cuadro de Vermeer, La encajera. Lo vimos en Le Louvre. En el último viaje a Paris. El viaje relámpago. Lo buscamos en aquella última planta, que permanecía casi desierta, tras haber habitado por un instante en los apelotonamientos ante las más célebres obras del museo. Estábamos ante el cuadro casi solos, algunas personas que detenían un momento, pero, casi pasaban de largo. 20,5x23,9 cm. Un cuadro, en comparación con las grandes dimensiones de los encargos de Napoleón, resulta insignificante. Su importancia se medía en magnitudes bien distintas. Allí, de alguna manera, en una parte al menos, dormía mi infancia: contenida en el recuerdo de aquellos monográficos que compraba cada semana mi padre: unos cuadernillos de un tamaño algo superior al folio, con una breve introducción y un conjunto de pinturas más que significativas; llevaba la colección el sonoro y certero título de Maestros de la pintura. Había la posibilidad de encuadernarlos, pero esto nunca sucedió. Durante años me acompañaron, pero un día, alguien, en una mudanza, se deshizo de los cuadernillos. Como la ceniza que vuela entre el viento y el suelo. Eso regresó, allí, en París, en Le Louvre: la idea de mi padre sobre la cultura, inoculada en mi imaginario y sin olvido posible. Eso vi en el cuadro de Vermeer. Luego, caminamos por aquellos eternos corredores, y llegamos a Georges de La Tour, donde sí, allí sí, allí estuvimos durante un buen rato C. y yo, totalmente solos. Extraña soledad, extraño diálogo con aquellas figuras: El tahúr del as de diamantes (1635). Llegan, ahora, hasta este presente las pavesas del incendio que fue París aquellos dos días y medio. Vale.


+ Con L. y A. ayer mientras tomábamos cerveza fría y comíamos patatas fritas en una terraza. No hacía calor. Narramos fragmentos del viaje a París, de la estancia en sí y del desplazamiento. Fue agradable. Breve y fluida reunión. C. y yo regresamos tarde a casa, muy tarde para nuestros hábitos. Estaba cansado, muy cansado y el sueño resultó pesado e intermitente. A la mañana, antes de la bicicleta estática, el remo y las pesas, di un paseo por el prado. Fueron algo más de dos kilómetros. Mientras caminaba escuché un fragmento extenso de un podcast y otro podcast completo, el primero de la radio pública francesa y el segundo de El Diario. El primero sobre los ajustes presupuestarios que, tras el verano, el primer ministro tratará de aprobar en la Asamblea, el segundo sobre la organización de las cacerías humanas en Torre Pacheco: ese odio, esa estupidez, esa maldad. ¿Qué pensar?, se advierte en el aire un clima de conflicto, un enfrentamiento creciente que se reparte entre la maldad y su combustible.  


+ Hay una obligación de saber en qué mundo se vive y esta obligación conlleva otra obligación: afinar lo máximo posible el instrumento para poder, así, situarse en el centro de la realidad: dada y construida. 


+ Domingo, compra: La multitud en la historia. Los disturbios populares en Francia e Inglaterra, 1730-1848, de Georges Rudé. En la línea de lo expresado en la sentencia anterior.


+ Cuando leo algo negativo sobre la French Theory siento un rechazo contra el que debo luchar, pues, no por necesidad, tiene que estar errada la posición, aunque en una gran parte de las ocasiones sea así. Es una interesada confusión entre artefacto y el significado del artefacto en su sincronía o en su diacronía, imposible la primera, imprescindible la segunda. O hay una confusión entre lo que se pretende y lo que se desea leer, líneas de lectura sobrepasadas ya. Hay, por otra parte, una tendencia a desordenar la obra de ciertos autores y situarlos donde no deben estar. Un beneficio propio, de estilo tal vez, para agradar a los lectores que no llegan a comprender el arco que se dibuja desde el inicio de la escritura hasta su culminación o el intento de culminación. En el caso de Foucault cuanto se prueba a rebatir su obra y se invoca la ausencia de un sistema, la falta de conclusiones o el fárrago que suponen sus textos, creo que en lugar de desmontarlo, se están cimentando las virtudes de tantos y tantos libros suyos, fruto de un esfuerzo titánico. Se enfrentan a la literatura y a la historia con herramientas que no corresponden a estos dos ámbitos. El fin de semana dedicado a la filosofía no es suficiente, se debe profundizar hasta agotar las fuerzas, pero ya no hay tiempo. Leer, Leer. Leer. Mientras Foucault da frutos, el que opina en el aire se desvanece y, pronto, nadie recordará su nombre, ni sus pedantes flechas de desamor y pereza.


+ Imagen: ruinas que, en forma de archivo digital-fotográfico, que rescato del pasado. Tal vez: 2012.

sábado, 19 de julio de 2025

No es posible que el mal ni el bien sean durables

 


+ La inspiración poética es, para algunas escuelas, locura. Algo de esto hay, pero también muchas otras cosas contribuyen a una explicación para el inaprensible fenómeno de la escritura y del estar plenamente humano. Para la escritura resulta preciso cierto arrebatamiento que se provoca con trabajo y la consecución de un estado, previa, digamos, una visión. La expresión de un tiempo personal y de un tiempo total, absoluto, tal vez. Recuerdo poemas que me han transmitido ideas de paisajes, de su contemplación y de una conexión con lo propio y lo que no admite transferencias. Ciudades, campos, montañas, la idea del amor y la idea de la finitud, la lealtad, la traición, el trabajo honrado, el robo, el maleficio o la presencia desgarradora del deterioro de la edad. Pero, siempre, creo yo, persiste ese talento de locura y enlace con realidades que van más allá de los sentidos, sin que estos se desvanezcan. Se comparte lo propio con los extraños, leemos a los muertos, sus ideas nos fecundan, las reelaboramos y podremos recobrar patrias que no van más allá de la persona, que se alejan de las colectividades ignotas. La palabra estro recoge esta unión entre inspiración, talento y locura, pero también se refiere a una mosca vellosa que ataca al ganado y al período de celo o “ardor sexual” de los animales. Las tres ramas de la palabra invitan a esbozar una posibilidad de poema, una alianza entre la locura, el daño y la enfermedad, la impronta de la sexualidad que despierta con los celos y su culminación: la reproducción. Ahí queda la posibilidad, que no se habrá de culminar.


+ El racismo está en auge, sin duda. Pero no creo que sea algo que surge súbitamente, sino que permanecía larvado. Despierta mediante esta ola de estupidez. La estupidez es un mal grande y peligroso. Oímos a personas que esconden sus intereses al tiempo que disparan su flechas de podredumbre. No puede traer nada bueno esta marea. Terminará por perjudicarnos a todos. 


+ “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca. Así que no debes congojarte por las desgracias que a mí me suceden, pues a ti no te cabe parte dellas.” Una cita de El Quijote. Resalto en la cita la frase “no es posible que el mal ni el bien sean durable”. Quizá sea una guía para estos días, que se pude hacer una de las múltiples traducciones que admite en este sentido: tras el temporal, llega la calma, pero, también, la calma que precede al temporal. No me cabe otra que la serenidad, a nadie le cabe otra que alcanzar una cierta o incierta ataraxia, compleja, difícil y, que con esfuerzo, nos ha de aliviar un poco, solo un poco.


+ La frase, aunque no resulte compleja, habla de un movimiento pendular con una traslación a la realidad difícil de cuantificar. Ni el bien ni el mal duran porque el uno sucede al otro e inversamente. La cuestión sería determinar los tiempos, pero eso no es posible. Para ello tenemos el ejemplo de los errores de los economistas y politólogos, por decir dos ámbitos de saber en los que el acierto, que es igual a la predicción, resultan especialmente complejos e inalcanzables y, al tiempo, piedras de toque para enjuiciar la realidad y sus derivas. “No es posible que el mal ni el bien sean durables” resuena en esta tarde de julio, cuando la temperatura ha descendido, y concluyó que es muy cierta y debemos estar preparados para cuando lo que nos pueda herir llegue, que llegará y no será tan terrible como nos han querido hacer ver. El miedo paralizante es una herramienta del mal, a ello me opongo.


+ Mientras, leo sobre los sucesos de Rostock, me da la impresión de que el mal se camufla y lo vemos cuando se asoma, pero no cuando, emboscado, se desliza por el subsuelo. Ahora está en Torre Pacheco, dónde será la próxima aparición, con qué intensidad. Las señales parecen claras. La deshumanización del otro, en cualquiera de sus vertientes, inicia lo que no se sabrá como detener. El genocidio nazi no comenzó en las cámaras de gas, sino cuando los políticos dividieron las sociedad entre nosotros y ellos. Esto lo he leído en una suerte de meme que se colgó en una entrada de Auschwitz Memorial en la que se pude ver a una niña sonriendo con placidez: Evika Herzl, que nació el 14 de julio de 1938 y la asesinaron en la cámara de gas en 1944. Tenía seis años y era judía. Poco se puede decir. Queda la idea: nosotros contra ellos. Nada más.


+ “[C]omo suele decirse: los datos jamás hicieron cambiar de opinión a nadie cuyas creencias, para empezar, no se basaban en los datos” Jesús Zamora Bonilla, en un paréntesis que aparece en un artículo sobre el filósofo (?) Byung-Chul Han.


+ Imagen: la ventana que se abre sobre el paisaje urbano y, tal vez sí, tal vez no, nos gustaría, en este momento, tener una apreciación sobre el hombre que mira, pero eso es imposible: su intimidad es intransferible. Así está bien.