sábado, 8 de agosto de 2026

Días de agosto


+ Días de agosto que recuerdan personas y paisajes. Todo ha quedado atrás. Lo veo y no siento la melancolía que en otras ocasiones he sentido. Me alejo de aquellas simas. Soy otro y soy el mismo. El espejo me devuelve una imagen que no me desagrada, condensación del pasado, del presente y, quizá, del futuro.


+ Leer poemas que tienen más de cuatro siglos sobre sí me muestra que hay una suerte de aliento que traspasa el tiempo. Me llega una idea del amor, bien codificada, y que me otorga una mirada sobre el tiempo presente y me obliga a decir: ¿qué ha cambiado, qué permanece? Lo pienso y conduzco entre molinos de generación eléctrica, coníferas y casas al borde de la carretera, unas restauradas, otras dormidas en una época que ya fue y no volverá. Letreros viejos y oxidados, vacas, vallados y cercas, el perfil lejano de las montañas. Recuerdo los poemas y conduzco. Un soneto, tal vez. “Este fuego de amor que nunca ha muerto”, me digo y recuerdo otros mundos, otros tiempos. ¿Una reiteración? Un círculo en el aire.


+  Conversaciones, temas y opiniones. No hay objetividad posible, ni deseable. Los intereses contrapuestos son el motor, la ambición y la codicia hacen el resto. Veo, escucho y callo. No soy uno de los tres monos, soy los tres a un tiempo. Este tiempo. Sigo y conduzco.


+ Imagen: el placer de cotidiano en lo plástico: extraño cajero, extraña iluminación.