+ Unos días atrás hice el experimento de fotografiar mi camino al trabajo, la ida y la vuelta. Cuando lo planteé restringí el número de fotos a 25. Fotos anodinas y prescindibles, pero que se cargan de simbolismo si las uno a reflexiones que a diario se desarrollan en este itinerario. La política, el amor, la poesía, el trabajo, la relaciones personales, adhesiones y rechazos, los animales como guardianes de todo lo divino que resta en nosotros y el lenguaje nos ha hurtado sibilinamente. La sibila nos vigila para poder pronosticar nuestro destino [yo ya sé donde se esconde el destino, la clave es el carácter].
+ Mode: “Lust for Life” by Iggy Pop.
+ El interés por establecer límites, la necesidad de saltarse los límites. Entre lo uno y lo otro me debato, hoy.
+ Regreso al concepto barroco del desengaño. Una líquida razón que se extiende por toda la realidad. Desde la religión hasta el amor, el comercio, la política o la arquitectura, por ejemplificar con ámbitos, aunque no contrapuestos, sí distintos. ¿Sirve para elaborar el desengaño un análisis sobre el presente? Estimo que sí, en el sentido de vaivén que implica: del Renacimiento al Barroco, hoy nos adentramos en una edad oscura.
+ He vuelto a ver las veinticinco fotos y hay algo que se me escapa. Como si un demonio hubiese disparado por mí la cámara. Como si bajo su estructura de reflejo de lo diario se escondiese una posible interpretación onírica. Se trata de que al hacer el pase de diapositivas en el ordenador me cuesta reconocer los edificios y las calles que a diario transito de camino al trabajo. Se trata de una inversión de la percepción que yo no he buscado, pero que ahora se muestra o florece. Pienso en ello y me doy cuenta de que puedo entender el engaño que la fotografía supone. Es lo que acabo de pensar cuando terminó el pase de fotografías.
+ Imagen: 5/25.