sábado, 11 de abril de 2026

Repertorio


 + En un poema leo la palabra “vástago” y no me puedo resistir. Busco la palabra en el diccionario de la RAE. Entre sus acepciones, las esperadas, surge una cuarta :“pieza en forma de varilla que sirve para articular o sostener otras piezas.” No es que sea extraña en sí, pero es desde donde quiero leer el poema. El poema cambia y mejora. No soy yo quien debe alterar el significado, la lectura que pretendió el poeta, pero el poema, ay, ya no es suyo. El sintagma: “vástago del horror”. Ahora sí, ahora sí lo encuentro en el repertorio.

+ Lectura y escritura van de la mano. Aunque el lector no escriba, sí existe una relación entre lo uno y lo otro: la lectura es un volver a escribir. El galimatías que acabo poner negro sobre blanco no me redime, pero tampoco esa es mi intención.


+ Hace años aprendí algo sobre la comunicación: hay una suerte de vacío entre dos personas que hablan porque uno expresa una idea y el otro entiende otra cosa. Lo compruebo a diario. Hablo y ejemplifico, tangencialmente, con una anécdota y el interlocutor la toma como tema principal, entonces, parece que resulta imposible reconducir la conversación. Lo tengo muy presente y he desistido de incidir en lo que deseo comunicar, ya que veo ahí una imposibilidad manifiesta. No estoy dispuesto fatigarme inútilmente. Esto es así, siempre que no vayan en ello mis intereses. Si así es, lucho y, vaya, suelo vencer. Me interesan estos rasgos de lo cotidiano que encierran en sí mismos extrañas novelas. La novela de la vida, tal vez.


+ En el inicio de un extenso texto de Fray Martín Sarmiento se muestran los desvelos que tienen tantos hombres para influir en el curso de su fortuna. La captatio benevolentia que se guarda en este prólogo nos habla de esos “hombres, que no piensan en otra cosa sino en averiguar conexiones, amistades, y aun simples benevolencias, para utilizarse en ellas á costa agena  (sic) con solo el mérito de importunos.” Aquí queda. Hablamos C. y yo de estas articulaciones que se dan en diversos ámbitos de la realidad humana. En el arte, en los negocios o en la caridad. La necesidad de satisfacer el ego no conoce fronteras. Nos situamos en un extremo y observamos. Todo ha sido ya pensado y repensado, pero recordar ciertos acentos no viene mal para conducirse en lo diario y otorgar a nuestros juicios un mayor peso.


+ Se han terminado estas pequeñas vacaciones. He adelantado algo en la escritura, pero, sobre todo, alcanzo un tono que espero mantener y me permitirá llegar a mi objetivo, marcado en octubre. No es poca cosa y me satisface. Me satisface moderadamente.


+ Hoy en el banco presencié, para mi disgusto, como a una mujer le denegaban un adelanto sobre la pensión debido a deudas no saldadas, que estaban generando unos intereses elevados para su economía. Me detuve a pensar y a olvidar. No sin disgusto, se alejó, pero no había enfado en su rostro sino resignación. Antes de irse, la empleada le dijo que lo sentía. No lo dudo. Pero no se puede vivir con el dolor de los otros. Lo cotidiano se solapa y reaparece con una pátina de irrealidad, bajo el tamiz de la ficción. De eso se trataba, la moraleja que esconde. Hoy, cuando todas las moralejas rechazamos.


+ Imagen: "Londres - marzo del 2010". ¿Dónde está todo aquello, más allá de la foto? Ay, todavía mis padres vivían. Hoy el mundo es otro, yo soy otro y ellos no están. Queda la foto: esa marea humana tan incomprensible como imparable. El mundo no ha parado de girar, cuando ellos estaban, ahora que no están.