+ He leído algo que dijo Grigori Sokolov sobre su propio mundo. Dice el pianista que él se refugia en la música y no le interesa otra cosa. Una dedicación muy profunda. Me parece un mundo hermético solo posible para alguien de su temprano talento. No sé si es envidiable, pero revela una cierta distorsión y apatía. Me interesa mucho ese punto de alejamiento, al tiempo que no lo comparto.
+ En cada momento de la vida las relaciones vienen determinadas por una multitud de factores difíciles de cuantificar y definir. Esto es un hecho innegable, pero, al mismo tiempo, se puede afirmar que si hay algo hay claro es que su realidad no es fija porque su naturaleza no es otra que el cambio. El cambio es el rasgo principal, indiscutible y nuclear de la realidad en sí misma. Digo y pienso esto a raíz de un titular que hace explícito este hecho mediante una afirmación que no me resulta extraña, pero sí lejana: “ya no reconozco a mis viejos amigos” y, a renglón seguido, el periodista se pregunta por las razones que nos llevan a alejarnos de aquellas personas que un día nos resultaron tan próximas. No es mala la pregunta y la respuesta se podría resumir en lo expresado anteriormente: el cambio. Ya lo dijo Heráclito el Oscuro: “nadie se baña dos veces en el mismo río” y por muy gastada que esté la frase no deja de ser verdadera. Abro el artículo en el ordenador. No lo leo completo, sino que extraigo fragmentos a mi conveniencia. Bien. La amistad era una relación que hasta hace poco no estaba sometida a escrutinio. El artículo dice que dice Nietzsche en La Gaya ciencia que los amigos son dos buques que coinciden durante un breve momento para, luego, seguir sus propias singladuras. Alguien señala que tiene amigos para charlar y amigas para jugar al pádel (?). Una exigencia de inmovilidad, el desvanecimiento, el esfuerzo sostenido, el conflicto velado. Se remata el artículo con una cita de T.S. Eliot que añade que las amistades terminan, generalmente, con un suspiro y no con un estallido. Un estilista, un buen colofón. Bien. Lectura de domingo. Sin complicación. Bien escrito, bien estructurado, bien pensado. Un buen trabajo. Pero me resulta un tanto irrelevante. No dejo el tema porque no creo que las amistades deban ser necesariamente de una forma u otra, pero sí es cierto que, obvio, de una manera u otra terminarán, bajo el imperio de una necesidad vital incontestable: la muerte. O dejaremos a los amigos o ellos nos dejarán. Un día estaremos solos o ellos quedarán solos. Es lo que se me ocurre desde mi prisma. No sé. Ha estado bien leer el artículo y dejarse llevar por las notas del Claro de luna de Debussy, terminar en la única reflexión que no se debe evitar, la reflexión sobre la muerte. El domingo, ay. El domingo y sus meandros.
+ El invierno contiene en sí gran número de metáforas, sobre la que triunfa el declinar de la vida. Hay que pensar, sin embargo, que tras su gélida presencia llegará la primavera. Los ciclos de la naturaleza son otra fuente de metáforas que, también, se relacionan con el discurrir de la vida. La fuerza de la metáforas reside en su capacidad de explicación y no hay mejor explicación para describir el paso del tiempo y el envejecimiento que el curso de un año. De un punto a otro, vamos desde el nacimiento hasta la muerte. ¿Hay algo poético en ello o lo poético es precisamente esto? Pienso en los poemas de Antonio Colinas y cómo se conectan con la naturaleza, cómo hay unos paisajes que, de alguna manera, son míos, por la vena que me une a mi padre, fallecido hace tan poco. Es este el invierno que gobierna hoy mi pensamiento.
+ Guitarras y sueños de adolescencia, hoy hay una reconciliación que me satisface.
+ Aquel proceso de recuperación va y viene. Cada vez con menos oscilaciones, parece comenzar a dormir. Volverá y yo ya seré otro porque nunca somos el mismo. Mientras, nadie me quita la idea que nada tiene sentido, salvo por el que nosotros le condenamos en nuestra mismidad. ¿Solipsismo?
+ Imagen: la acumulación y la decadencia, un desvanecimiento.