sábado, 13 de junio de 2026

No despertéis a la serpiente

 


+ Cuando recibimos una ofensa el ofendido anota y el ofensor adquiere, aunque él o ella no lo sepan, una deuda. El silencio es necesario. He aprendido mucho en mi convivencia con los gatos y trato de aplicar sus principios y modales en el discurrir diario. Me ofende. Bien. ¿Guardo silencio? Por supuesto. ¿Mostraré incomodidad? Nunca. Sin embargo, ese rumor queda ahí y desde ahí se expande la estrategia que no busca venganza, sino impasibilidad y distancia. El que quiere acariciar a un gato que no desea que lo acaricien no lo logra y se acerca se expone a un arañazo profundo o a un mordisco bien dirigido a su objetivo. No despertéis a la serpiente.


+ Las deudas siempre terminan por pagarse. No hay plazo que no se cumplan, ni deuda que no se pague.


+ La serpiente se desliza entre la hierba hipnotizada. Su sueño es nuestro sueño. Preservar este sueño nos aporta tranquilidad. La ataraxia es el objetivo. La serpiente se desliza en su sueño hipnótico, yo la observo y sé que en esta vía hay razones que no comprendo y debo mantener en su misterio. La serpiente me indica el camino a seguir. Observaré sus sonámbulas indicaciones.


+ [Winterreise]: Recupero el pasado. El viaje en [o de] invierno lo rescato desde una tarde que conducía entre bosques y en Radio Clásica hablaron de la composición de Schubert. El cielo gris, los árboles entre el verde y el negro, el anuncio de la noche. La música penetro en aquella furgoneta blanca y todo se tiño de los arabescos románticos que yo presentía. Compré el CD, compré un ensayo sobre la obra del tenor Ian Bostridge. Una manera de sumergirse en el proceso de composición, en los condicionantes que conducen a la cristalización de la melancolía. Schubert se moría y en su final había algo moral que yo rechazo plenamente. Había contraído la sífilis y sus consecuencias eran patentes. Solo queda la música. La furgoneta avanzaba y el día se terminaba. Ahora escucho la primera de las canciones y el piano me transporta a aquellos días, cuanto mi padre estaba vivo y yo me preguntaba por las razones del Romanticismo. Imbuido en el nihilismo, sabía que no hay nada que tenga sentido, que el sentido lo tenemos que poner nosotros. Esa es la tarea. La serpiente, ay, reptaba en sus sueño sonámbulo. Yo lo recuerdo todo con exactitud.


+ He puesto El viaje en [o de] invierno en esta labor de escritura que me impuesto y tanto pesar me causa, aunque hablar de pesar sea exagerado.


+ Me detengo en la música del primer Fleetwood Mac atraído por el añejo sonido y la arqueología que se supone. Todo es tan viejo, tan viejo como un amplificador de válvulas. Indagar en el pasado, un pasado que pude vivir, allá por los ochenta, y no lo hice. Ahora lo construyo con plena consciencia de la propia construcción. Todo lo ignoraba y ahora recupero lo que no conocí. ¿Soy otro? Siempre somos otros, nunca permanecemos, esto nos abre las puertas a la invención: la invención del pasado. Las guitarras, las armónicas, un aroma de tabaco viejo y cerveza caliente, la conversacion bien trabajada, los exhaustos y precisos usos de los sustantivos, el olvido de los adjetivo, la imposibilidad de la permanencia. Una respiración, el aliento, un ritmo preciso. Yo soy el que no fui y ahora reconstruyo [o construyo] el recuerdo que únicamente responde a mis deseos [los de hoy, tal vez los de mañana].


+ Imagen: recorte.