sábado, 7 de marzo de 2015
Subrayados y notas [marginales]
+ Hay una lluvia intensa que enmascara la calle. Es un gris neutro, absoluto, opresivo. Los libros descansan en el estante y durante un momento la música se detiene. Oigo la lluvia caer, el ruido sordo de un lejano televisor, las notas sincopadas de una canción que no es posible adivinar. El café es un bebedizo aguado y su regusto ácido nos aleja de lo monótono de la tarde: la exactitud o la elegancia expositiva; se debe elegir. Llegan noticias de Brixton y se puede ver cómo el barrio londinense se transforma en un destino turístico: así la web de viajes de un diario de tirada nacional lo recomienda: visita Londres, visita Brixton. Llueve. Es de particular interés observar cómo se erosionan escenarios y territorios: se decolora su épica y su lírica se transforma en el ornamento de un parque temático: turístico, seguro, (de) moda. Finalmente, la visión es la visión del suplemento dominical: tiendas, atuendos, café y licores, o vino y tapas, hipsters y bicicletas, cup-cakes y mujeres verticales, hombres esquinados e insuficientes, a juego con el esplendor de los cafés y los locales de ropa ultra-actual. La red se extiende y es una manera de entender la vida, de la cual no estamos lejos [aunque a veces nos guste pensar que sí]. ¿Cabe preguntarse por lo auténtico: es ya una palabra sin referente?
+ Abro Las flores del mal y me encuentro con una fotografía que recorté años atrás. No puedo evitar la sonrisa: se trata de un coche de caballos tirado por cebras (!). El zoólogo Walter Rothschild (1868 -1937) se paseaba por Londres, cómo no, en un coche tirado por cebras. También tenía canguros en su jardín. Hace tiempo oí que Lord Byron, en su estancia en Roma poseía una jirafa, en otro momento me llegó la noticia de que Dalí paseaba por Nueva York con un oso hormiguero. No sé si es cierto, y no quiero averiguarlo. Estas notas paradójicas en el discurrir de la semana son subrayados de absurdo y alegría que despiertan a los niños salvajes que habitan en mi interior, atrincherados entre los libros, acampados junto a los tigres de juguete y las figuras de chinos con farolillo, hogueras que vigilan mi sueño. Me detengo y regreso a Las flores del mal, otra edad, pero en el mismo carril.
+ En la biblioteca cogí un libro al azar. Estaba anotado a lápiz: alguien se había tomado el trabajo de poner en su lugar al autor: jovencito es usted un indocumentado que no sabe de qué está hablando, pero yo se lo voy a explicar. Había veces que tenía razón, otras no, pero esa tarea inútil sólo puede producir melancolía. Dejé el libro y me quedé pensando en esas tareas inútiles, pensaba y allí estaban los rostros tristes y pesados como su tristeza, entre los periódicos y las revistas ilustradas: viejos prematuramente viejos. La solidaridad con el que sufre en el sordo silencio de la biblioteca es una obligación que va más allá del lujo y de la indignación. Eso pensaba cuando me fijé en él: había sido aquello que se denominaba un hijo de papá, ahora dormitaba: entre los mendigos que cargan el móvil en la gratuidad de la sala de lectura y los parados que se ilustran con diarios económicos, jubilados adormilados sobre ejemplares de Milton o Gironella, quién sabe. Allí estaba y era un rescoldo: su ropa, su peinado atildado, bolsas bajo los ojos, el rostro abotargado: una expresión hipnótica. Lo recuerdo: fue guapo, muy guapo; también recuerdo a su novia: una ninfa de cocaína y tabaco rubio, gloss y abrigos de pieles, nácar imposible y el aroma de la familia y desayuno en la cama un miércoles de mayo: el servicio con cofia y las arañas del salón descolgadas. No había llegado y sufría. Su belleza fue su condena. Se hizo tarde y continué mi camino.
+ "La belleza juega, vivaz, con las máscaras" Luis Antonio de Villena, en Hymnica.
+ Regresamos a esa Grecia creada por nosotros. Como un manual, un prontuario de esquemas y sensaciones, más que la instrucción exacta. Poemas e inscripciones, vasijas de cerámica negra, libros en la estantería. La antología Oxford de Browra descansa, y basta con recordar sus tapas azules, su aspecto de devocionario, las notas a lápiz de hace cincuenta o cincuenta y cinco años que alguien escribió: subrayados y observaciones transparentes. ¿Iré a Lancashire para devolver el libro a la biblioteca de la universidad, el libro que alguien nunca devolvió y yo terminé por comprar en una librería de lance? No hay proyecciones, ni núcleos, solo está el sueño, el descanso. Suena Led Zeppelin: así, en la espuma última del día.
+ Entender lo que nos rodea: sin recetas, pero con un muestrario [de colores]. Existen temporadas que se caracterizan por un caos maligno, ¿es el caos maligno per se? ¿qué es eso que un día te lleva a discutir con una bibliotecaria [aturdida, nerviosa y maleducada] y al día siguiente poco falta para entrar en una pelea [horrorosa] con unos forzudos anfetamínicos? Todos lo sabemos: no hay instrucciones de uso, sin embargo: se pueden atisbar unas líneas, unas líneas de fuerza, pero ¿dónde están ancladas? Pensaré en ello y no encontraré soluciones, el tiempo de espera traza un camino hacia el entendimiento.
+ Imagen: paisaje londinense: un bar, algún scone, nata y té rojo. Unos niños jugaban y sus padres eran tan jóvenes que se aproximaron al juego y entonaron una canción, que no comprendimos, pero nos hizo reír. Allí seguirán, como hadas miríficas de nuestro territorio sentimental.
sábado, 28 de febrero de 2015
Venenos y antídotos [cotidianos]
+ [La oportunidad y la suerte, la voluntad y el talento]. Cualquier empresa humana precisa suerte, una pizca de suerte como el pan necesita la sal. Esta afirmación ha volado durante la última semana a mi alrededor. ¿Por qué uno y no el otro alcanza lo deseado por ambos, siendo los dos, en apariencia, iguales en mérito y disposición? Un periodista asciende vertiginosamente a las cimas de su profesión, un abogado y un tabernero obtienen el favor de los clientes, un músico ve cómo el público se entrega a sus canciones con pasión devota. Pero a su lado estaban otros que con méritos similares y tanta o mayor simpatía, otros que han fracasado en el intento, el mismo intento. Maquiavelo muestra que una combinación de suerte y capacidad llevan al éxito. Este éxito, continua, tiene mucho que ver en cómo la persona coincide con lo que el momento demanda. Lo que triunfa hoy mañana se considerará totalmente carente de interés. Un poco más allá: se debería estudiar la persona en conjunto y no sólo aquello que brilla, pues en las sombras se oculta una verdad, una realidad áspera de sufrimiento y derrota, la que da la medida real, por donde se comienzan a cuestionar los perfiles exactos de las figuras sobre los pedestales. Al tiempo la calderilla resuena en los bolsillos, es momento de ahorrar.
+ El locutor transmite una tristeza mineral, cada jornada. Hoy, al contrario, mostraba serenidad y alegría, una alegría contenida. Su voz se ha transformado, ha desaparecido ese cansancio que era ya característica. Suena la música y el atasco se diluye, no hay ninguna relación entre una cosa y la otra. Bach, una vez más.
+ [Batjin]: Las fronteras entre lo que es arte y no arte, literatura y no literatura, no han sido fijadas por los dioses de una vez para siempre.
+ Indagar en el método de trabajo [intelectual] ajeno es importante, pero en la distancia y sin contaminaciones, como el que contempla una manada de leones desde un coche blindado.
+ ¿Nueva York es el paisaje del mundo, el espejo donde se mira cualquier intento de modernidad? La modernidad ha muerto y el espacio se ha derogado: no hay distancia, todo vuela, todo es núcleo binario en el éter. Nueva York, reducto poético.
+ Compró el catálogo de la exposición en inglés por sentir una lejanía agradable y esclarecedora. From Revolt to Postmodernity (1962-1982). Estudia las fotos en la cama, un viernes cualquiera, más allá de las doce de la noche. Qué rápido envejece todo, se dice mientras ve aquello que un día le pareció la ultramodernidad y hoy es paleografía, dato histórico, reconstrucción y serie que aclara, el documento de la actualidad dormida para siempre en el pasado. Ve una foto de Esther Ferrer y se da cuenta de que no todo está perdido. La desnudez como texto en su marco sintáctico imprescindible, los cuerpos son el mensaje, el mensaje es su persistencia más allá de las horas: el recuerdo. Cierra el volumen y el sueño lo acoge en una muelle suavidad, fluyen transiciones y esquemas, se desvanecen.
+ [Imagen: París, cerca de la Garde du Nort. 2012. Ella trata de guardar un maniquí en su bolso, la tarea parece imposible, todavía no ha comenzado a llover, pronto se terminará septiembre. Persiste aquel viaje fugaz y su poesía llena la tarea del día].
sábado, 21 de febrero de 2015
Fragmentos
+ Voss, by Alexander McQueen. ¿Quién podría dudarlo? Alexander McQueen fue un creador único, revolucionario, lo que con demasiada frecuencia e inexactitud se denomina un genio. Un genus loci , pero a la inversa, desbocado y destructor: el Londres de comienzo del milenio y la voluntad de suicidio, la poco soportable existencia del artista, su ego y su dolor, el dolor infligido, la muerte: una vez más. En la lejanía resulta seductor, pero, quién no lo sabe, su compañía no era muy recomendable. Retomo el principio, la primera cláusula: he visto el desfile Voss en la red, esta noche: la teatralidad parte de un estadio primitivo que extrae esquirlas a la actualidad y las conecta con el pulso de lo telúrico y lo real en el momento previo a la ebullición. Lo real se multiplica y traspasa el mundo de la moda o del arte, [qué importan las etiquetas]. Es una liturgia de lo palpitante. Pero añadir palabras pervierte lo depurado, lo decantado y exacto: la mugre, la podredumbre, el gusto por la sastrería más exacta, el oficio, la droga como virtud e infierno, el sobrepeso y los cuerpos de alquiler, un Londres que nunca podremos ver ni intuir, traiciones y el dibujo afilado del reflejo en el espejo, la paredes espejadas, azules pálidos que nos harán soñar, repentinamente disueltos. Plumas de avestruz teñidas de rojo y negro, cristales para el microscopio tintados con una simulación de sangre fresca. Reflejos e introspecciones. La transformación de los cuerpos. Poco más. Sin palabras. Sin más.
+ [El café en el club de yates a las diez de la noche un día de carnaval]. Llueve intensamente y nos permiten, sin ser socios, pasar al gran salón. Las mesas están cubiertas con corazones rojos: es San Valentín, alguna está dispuesta para la cena: vasos, copas, platos, cubiertos brillantes y servilletas de un blanco inmaculado y paradójico. Fuera la lluvia ha parado. Ocupamos una mesa junto a la cristalera. Entra un hombre muy alto disfrazado de gnomo, su mujer es una bruja con escoba y sombrero cónico, el hijo semeja un personaje de cómic, o no: mi desconocimiento es grande. Hay una entrada fantástica: una ninfa que ha sobrepasado los ochenta años, en su coquetería habita la adolescente que fue: sólo es una impresión, pero me agrada. Hablamos y reímos, con fuerzas renovadas. Fuera el viento agita los mástiles de los barcos. La música ligera es realmente ligera y las conversaciones son fugaces y amortiguadas. Hay una alegría previa a la fiesta, una alegria agradable y humilde, que reconforta y añade tranquilidad. En el camino de regreso pienso en cómo ha de discurrir la fiesta, en su narración, en el punto de vista, en la anécdota que le daría estructura a un posible/imposible relato. Se cierra el episodio y nos adentramos silenciosamente en otro, uno nuevo, un descubrimiento de bares y parroquianos. Etc. La vida es una suma de fragmentos, la suma de los fragmentos no es superior a su individualidad, pero los bailes continuan sin nosotros: como siempre ha sucedido.
+ Una batalla que nos enfrenta con una parte de nosotros, la que se resiste, la que es incapaz de atravesar la fina y acuosa película de carencias y presupuestos.
+ Pronto comenzaré a trabajar con el Diario de un poeta recién casado. Será una aventura que durará, como poco, cuatro meses.
+ [Los horarios y los espacios]. Me intrigan los espacios donde se desarrolla la vida: los centros de trabajo, el hogar (el salón, la cocina, los dormitorios, los baños, los garaje, los trasteros), gimnasios o aulas, por ejemplo. Me intrigan cuando los contrapongo a lo inusual, a esos espacios donde alguien se ve sorprendido y desorientado: el tanatorio, la comisaría, la sala de hospital donde se recibe la peor noticia que se puede recibir. Esa contraposición me habla de lo que se somete al horario y lo está fuera de él. Acogidos por la rutina, cuando ésta se rompe emerge el fantasma de lo posible, lo que no había sido sospechado. Los pesos y contrapesos habituales articulan la estructura de lo cotidiano, cuando se ven desautorizados aparece el fantasma: la finitud, el término de la temporalidad: lo más preciso que se puede enunciar sobre la persona.
+ [Martes de carnaval]. ¿El carnaval es una transgresión o está enjaulado en lo que el poder permite, es una semana de irreverencia dentro de los cauces de lo aceptable y lo sensato, lo que establece lo presupuesto: carteles y pregones, en su ruptura controlada, iluminación y charangas, una partida dentro de los gastos municipales? Es bueno que el pueblo se divierta. [Y preguntaba Ferlosio: el pueblo, ¿quién ese mozo?]. Yo, mientras, paseo y veo la alegría de los niños y el transformarse de los mayores en el otro, el que aparta la máscara cotidiana. La música marca una distancia necesaria: en el Mp3: Nick Cave. Adolescentes que se tiran huevos y harina, piratas y vampiresas, las luces de colores y la baratija musical. Me veo en la lejanía y avanzo. Pienso en Fellini y en I Vitelloni: ese baile de disfraces tan triste, como tristes son todos los amaneceres tras las fiestas: la luz del día romper el hechizo y lo que se puede ver son las aristas de la realidad, todo lo que se refiere al trabajo y a la rutina, a las obligaciones, lejos ya el vapor del enamoramiento y el alcohol. Avanzo hasta llegar a la Facultad de Bellas Artes, donde entro por casualidad en la sala de exposiciones. Hay una colección de retratos del fotógrafo japonés Hiroh Kikai: Retratos de Asakusa. Se restablece la conexión, las antenas vuelven a recibir noticias del exterior. Las calles son otras, las personas son otras y la trampa del paréntesis carnavalesco me resulta indiferente. No es Batjin, no es el carnaval de la Edad Media, es el carnaval que se suelda a la mercadotecnia política. Baile de concejales en las plazas, aclamados y esculpidos por las palmadas en la espalda. Mientas los retratos de Hiroh Kikai preservan el tiempo de los muertos: los que han sido fotografiados. Fuera boquean las tristes y fungibles fotos de los teléfonos: infinitas y llenas de la sustancia de lo sociológico: síntomas. Cada muestra, cada evidencia, cada esperanza.
+ [Imagen: alguien toma notas, hace fotos de los cuadros en el musero, que viste bata y camina con segura autoridad. La marca: aquello que está fuera de foco y no necesita ser identificado. ¿Lírica?]
sábado, 14 de febrero de 2015
Sedimentos
+ "Hápax": En lexicografía o en crítica textual, voz registrada una sola vez en una lengua, en un autor o en un texto. [Drae]. [Una posibilidad: la palabra como herramienta, un uso simbólico en lo cotidiniado, como estilo o como medida].
+ Ha terminado una semana larga. [Lectura y escritura]. Se hacen sólidos ciertos presupuestos, las intenciones y el proyecto, el que se eleva por encima de todos aquéllos que se subordinan secuencialmente. Discernir y establecer una jerarquía: el objetivo. Finalmente, no deja de ser una figura que se clarifica en la niebla, que, pronto, se vuelve a sumergir en ella y todo comienza de nuevo. Hay una reticencia a hacer explícito el proyecto o la líneas maestras que guían las tareas diarias. La propia indefinición se manifiesta como marca de fábrica, la filigrana, el monograma. Niebla, suspensión entre lo aéreo y lo acuoso.
+ "En edición diferente los libros dicen cosa distinta" Juan Ramón Jiménez. Podría tomarse hoy como un lema, como una ventura para emprender un batalla ya perdida, pero no. Es algo íntimo y verdadero, que se comparte con los que uno va eligiendo para travesías y estancias. Es más, creo que la cita puede despertar un desprecio condescendiente en una generalidad abocada a las pantallas y a los sucedáneos de la vida: o no. ¿O no? La vida es siempre una elección y no se trata de respetar las elecciones sino de obviar aquellas que atentan contra nuestra conciencia estética. ¿Dicen cosas distintas? Sí, por supuesto, pero no todos se percatan de esa distinción, lo demás importa poco.
+ La tarde del domingo gira en torno de una excursión a la playas y unos refrescos en un despacho de pan, que, a su vez, es cafetería. Entretenimientos sencillos, conversaciones serenas, reflexivas, evaporadas. ¿Es un triunfo? Sin duda. Grupos que hablan y ríen, niños y ancianos, mujeres jóvenes, sus hijos, los niños que corren, periódicos, palabrerío, chistes y risas, pasteles, patatas fritas, cerveza, café, revistas, golosinas, teléfonos y, otra vez, risas. El televisor es un ornamento, nadie le presta demasiada atención: se suceden las imágenes y son un baile de luces y movimiento sin sentido. La tarde declina y los colores del mar reverdecen viejas impresiones, la luna se eleva sobre la ría, lentamente, y hay un rumor de nocturnidades acalladas. Tiendas de ropa, heladerías y taxistas en un plasmático aburrimiento. Noticias de otra realidad muy ajena a la nuestra hacen que el vértice cambie de orientación. Es agradable conducir por la costa y escuchar el Réquiem, escrutar el modo menor y esperar que la voz del presentador se extinga. Se estremece la tarde, los árboles se agitan y una muchacha cruza la carretera con despreocupada certeza: la vida es suya, es su propiedad broncínea, sin duda alguna, por un momento, por un breve momento: su juventud.
+ Venecia ha muerto. Veo en la red una colección de fotos de Venecia. Son tres fotógrafos en fin de semana, como si se hubiesen entregado a una cacería. Comentan que su viaje es literario y resume un avance en sus horizontes poéticos y fotográficos. Las fotos son buenas en algún sentido que no me interesa y creo que captan un aire lejano y palpitante, más por la casualidad de apretar el botón que por un proyecto: Venecia es tan hermosa como fúnebre, y esta alianza eleva cualquier intención. Pero hay algo que flota en torno al cadáver, tal vez moscas, tal vez mariposas negras. Es la sensación de parque temático: algo tan nuestro, del momento, en lo que participamos aunque nos opóngamos. Esta es la estampa, sumada a la felicidad obligatoria, a la relación amistosa intensa y discursiva, al impulso optimista e imparable. Venecia fue otra cosa. Venecia ha muerto. Para mí es triste, después de haber amado esta ciudad en la distancia. Hombres en bermudas, con cámaras grandísimas y muy caras, con aspecto intercambiable, así son ellos: mediana edad, futuras profesiones de fe, afines en su concepción, atrapados sin remedio en el marasmo que lleva y trae turistas como olas henchidas de los restos del naufragio. Llega un momento en el que se debe desistir. Nunca volveré a Venecia, ya que nunca estuve en Venecia.
+ En mi libro electrónico hay dos fragmentos, dos avances editoriales. Ambos tratan del padre, por casualidad, sin intención. ¿Autobiografía o novela, el anclaje en lo real o una técnica, la técnia en sí? Es un tema del momento, si es que el momento admite temáticas. El yo es yo poético o no es, [suma y sigue]. ¿Hay algo literario sin la revancha contra la temporalidad, es el discurso siempre el reflejo de una pérdida, es la muerte siempre el tema? El paso de las horas otorga cierta lucidez: vendrán otras lecturas y complicarán la visión, siempre ha sido así: una intuición, su elevación y su desmoronamiento. Las ruinas son bellas porque atesoran verdad y símbolos que ayudan a poetizar. Una herramienta más en la caja de herramientas.
+ Imagen: Hackney, 2014. Los reflejos contienen insólitos relatos, que se harán carne más tarde: en la soledad de la pantalla, antes de editar la foto. El paso de las horas en la indolencia del paseo, sin rumbo, sin artificios, en el amor solido e incorruptible. La vitrina con las botellas donde se han estampado rostros se superpone a los edificios, parece que la imagen tiene fuerza, se dispara y el resultado final esboza cuestiones propias del pasado, de aquel día en el recuerdo: el mercado de las flores, los cafés, las muchachas y sus enamorados en los cafés de moda, el cielo a punto de descargar su lluvia fría y aromomática: el Mar del Norte, el café y los pasteles o las chocolatinas, que en su envoltorio hay un corazón dorado. El amor. Allí está, el reflejo: una vez más: espejos y propuestas.
sábado, 7 de febrero de 2015
Signo y señal
+ [Los placeres] Algún sábado por la mañana cojo el coche y conduzco hasta Marín. Voy a un café cualquiera. Me dejo llevar por la música del Mp3 y, entonces, me entrego a la lectura del periódico. Es algo muy antiguo y evaporado. Se puede ver en el gesto de los que me rodean, sumergidos en sus teléfonos: el contraste es la intensidad que define el momento. La política, la literatura, lo actual, lo inactual. El tacto de las mesas, el aroma del café, el tránsito de los peatones. Hay mil placeres sencillos donde elegir, su elevación es una tarea propia y diaria. Sin gastar mucho dinero, sin gastar nada de nada, sin gastarse en el intento.
+ "Le vi muy enamorado, enamorado del amor"
+ Hay un punto medio entre el despilfarro y la tacañería. Dónde está. La tarea de cada semana. Una de ellas, nunca la única, pero sí con su importancia. Despreciar el dinero es tan insensato como rendirle culto.
+ Los espacios en los que nos desenvolvemos nos configuran. Habitaciones, cocinas, despachos, vestuarios, piscinas, elevadores, trasteros o garajes, por decir algo. Día a día, la reflexión sobre sus oportunidades y derivaciones conduce a ordenar y clasificar la vida. La vida tiene tantas posibilidades en su clasificación, en sus definiciones. Un tablero infinito, a lo largo y a lo ancho, hacia lo alto, hacia las profundidades. La vida cotidiana arroja una fuerza imparable, que arrastra tras de sí los sueños y las ebriedades. Cuántos esfuerzos para asomarse a su estructura, a su constitución, el intento de establecer cuadrículas y formatos. La palabra es útil, el dibujo imprescindible. Mapas y conceptos que se unen y nos dan un respiro. La risa es el mejor aliado, nada sin ironía. La ironía es la brújula.
+ [La vie quotidienne]. La vida cotidiana es inabarcable, preferible a cualquier otra ficción. Calles, escaparates, paseantes, automóviles, bicicletas, ciclistas, niños o ancianos, carriles, luminarias, espejos, barrenderos. Cada peatón tiene su novela, sus novelas. Vidas que se cruzan, intersecciones, formularios en blanco que no se cubrirán. Detenerse y obviar lo codificado, ver la totalidad desde una perspectiva nueva y paradójica, pero no falsa. El espectáculo es grande, aunque lo oculte la costumbre.
+ El significado de los sueños. Sueño que vuelo y, cuando me despierto, inmediatamente, busco el significado en la red: sólo me quedaré con una cosa: es un buen augurio. Lo demás no me interesa, pues busco más el emblema que su razón [de la que sistemáticamente desconfío]. La escena es la siguiente: estoy con un amigo en una playa. Hablamos y decidimos escalar las rocas y pasar a otra playa, [diría yo que se trata de la playa de Lapamán]. De repente, cuando estoy en lo alto de la roca emprendo el vuelo: con ligereza y suavidad. Ahí quedó la cosa. Pasó la mañana y regreso a comer. Me encuentro en el buzón con que ha llegado el facsímil de Platero y yo. Abro el pequeño paquete y trato de ver algún tipo de conexión entre el libro y el sueño. Pronto me olvido de esas y otras investigaciones o derivadas. "Platero es pequeño, peludo, suave…"
+ Primera hora del viernes: hay un grupo de cinco chicos y una chica en las proximidades de mi portal. Todos visten de negro y ella lleva unos zapatos de plataforma muy caracterísiticos. En esta hora, las siete y media de la mañana, cuando todavía es noche cerrada y el día ni siquiera se prepara para abrir su ámbito, tienen un no sé qué que me traslada a un Londres de los años ochenta del siglo pasado. Un Londres que yo conozco muy bien: librescamente, a través de fragmentos de películas e imágenes televisivas, canciones o novelas. ¿Un conocimiento inferior que el recuerdo de aquél que sí estuvo allí, que lo vivió? En esta hora no interesa la respuesta, pues el grupo de jóvenes noctámbulos tiene elegancia y presencia, una suerte de eternidad, de eternidad falsa: la primera hora del día los disolverá en la masa anodina. Ahora son un recuerdo en el paisaje, una oración a los dioses de la temprana ebriedad, un suspiro, una imagen que me acompañó durante unos minutos, una hora a lo sumo. Ahí está su grandeza: su fugacidad.
+ Imagen. Una escultura, parte de un grupo escultórico: en el centro de la narración estaba el Minotauro. Otros laberintos a la orilla del río, que discurre hacia su desembocadura indiferente. Pronto comenzará el día, pero el estatismo de las esculturas es una metáfora por establecer en nuestro discurso. Patente, sin heridas, ataraxia.
sábado, 31 de enero de 2015
Al anochecer
+ Una oficina de correos. Desorden y vejez repentina. Uno de los empleados dice que no sólo los recortes afectan a la sanidad y se encoge de hombros. La empleada no dice nada, mira hacia sus manos. La empleada se come las uñas y se acerca a los cincuenta años, es amable y sosegada, conserva algo infantil o inocente. Fuera el viento anuncia lluvia y hay una sombra que ha teñido la calle. Camiones, furgones, coches y motos esperan que el semáforo se abra. La gente camina sin prisa, es media mañana. Vuelan las gaviotas, se alejan del mar: es un mal presagio.
+ Por la mañana, cuando todavía es noche cerrada, suena, camino del trabajo, un barroco especial: dulces y afilados acordes de clave, surca la atmósfera, posteriormente, un bajo continuo. Son espectros, los coches a esas horas son espectros que la música transforma en poesía: los pilotos rojos, su deslizarse en las glorietas, la velocidad y la señalización. Como el torrente sanguíneo, como la savia que asciende por el tronco, como el río que se precipita en el mar. Pero ahí está, ahí esta la música y su encantamiento.
+ Otra mañana: canciones sin palabras de Felix Mendelssohn. Hay una iluminación lírica: la lluvia intensa, la oscuridad el deslizarse, una vez más, de los coches. Espectros poblados de biografía y circunstancia. Cristaliza el invierno: el viento y la lluvia, el frío, la decadencia.
+ ¿Experiencia o experimento? Entresacada la pregunta del perfil de Rafel Argullol en la web, flota esta oposición en los interludios del miércoles. La experiencia nos remite al poso, a la sedimentación, a la certeza de lo visto cien veces, mientras que el experimento es la novedad que se abre paso trazando un camino en la espesura. Bosques, sederos, cumbres. Las metáforas nunca son gratuitas, su eficacia depende más del momento que de su verdad nuclear, el que sabe apuntar acierta. La contraposición continúa en el filo del jueves.
+ Un comportamiento paradójico: hace meses que no habla con nadie, salvo lo estrictamente necesario. Siempre está ausente, da los buenos días y se refugia en una sala: mira hacia la pared. Silva y canta. No hay nada que comprender. Un viernes hace una afirmación extemporánea que a todos sorprende y provoca un nerviosismo tenso. Su cuello palpita. Todo ello lleva a plantearse qué es el trabajo, qué une, qué separa. Ese equilibrio de buen hacer y distancia. Pero la enfermedad y su circunstancia determinan la mañana. Me preguntan: hago un relato breve y añado que nadie está libre del abismo [no con estas palabras, pero es el espíritu]. Continua lloviendo y el viernes se vierte en la nocturnidad, en el sueño o en la ebriedad, según las apetencias.
+ Suena 'Yo la tengo'. Es una música muy adecuada para el día. La lluvia golpea los cristales.
+ Es un amante de las cafeterías, del café y de la conversación. Una vez por semana se lo permite, con su mujer. La tarde del sábado. Café fuerte, espeso, sin azúcar. Para beberlo lentamente, en pocillo pequeño, sin música, con el calor de conversaciones extrañas, ante una cristalera amplia, arropado por la voz de su mujer. Después de tantos años, la ama sinceramente y bebe una vez más, del pequeño pocillo [¿pocillo= pozo pequeño?]
+ Imagen: otoño en Bath, Inglaterra. La foto me plantea una cuestión personal y biográfica: de dónde viene mi interés por las fotos fuera de foco, un error que va más allá de la casualidad y podría explicar como algunas zonas de sombra se constituyen en territorios de explicación. El espacio, la figura, las luces, esa totalidad desenfocada que establece un dominio: qué se desvanece, quién se desvanece en la oscuridad [de la noche].
sábado, 24 de enero de 2015
Epojé / [ἐποχή]
+ [Epojé: 1. la suspensión del juicio 2. la puesta entre paréntesis de la realidad misma].
+ De una manera explícita o implícita, cada uno va trenzando su propio canon, asiente o disiente, determina su posición en el tablero: la que desea y la que posee en relación con otras piezas.
+ Fernando Castro Flórez, poco antes de dormir. Imparable verbo, acontecimientos y sugerencias que preceden al sueño. Un vídeo de una hora y veinte minutos, en la red. El verbo fluido y estructurado, cierta propensión a la exageración y a lo multiforme, al contexto y a la doblez de la resma de folios: cartografía, brújula, compás. El arte es algo más que la ilustración de un pensamiento. La noche acoge esa irrupción en el sueño. Se adelgaza un poco más la delgada línea que separa la vigilia del sueño. (Durante toda la mañana se mantuvo ese impulso: en el coche, con su ropaje musical, en el trabajo y en la diligente consecución de la tarea: por la tarea en sí y no por la obligación, en la pausa del café y la magdalena, en el regreso y la renovación de la música dormida). Ahora, luego también, suena Handel. Un poco más tarde volveré a Eça de Queiroz, a esa primera página del Mandarim: una y otra vez, una y otra noche; más tarde quizá regrese a FCF, tal vez sí, tal vez no.
+ [Finalmente, pasados dos días, regreso y encuentro la famosa cita de Baudelaire en boca de FCF: "(…) la crítica debe ser parcial, apasionada y política"]
+ La mañana luminosa del lunes: fría y exacta. La autovía contiene en sí una vida extraña y móvil. Pájaros que se enfrentan al tráfico para rescatar el grano que cae de los camiones, el tráfico en sí, las mariscadoras que atraviesan pasarelas y plataformas en la frialdad del día: sus cuerpos se sumergen hasta la cintura, llevan flotadores donde aposentan los cubos donde se depositarán esas piedras llenas de vida: las almejas, luego están los caminantes. Como en todo ámbito, hay ritmos y silencios, contrapuntos y síncopas. Yo lo veo todo desde la distancia y la música del coche es un refugio. Recuerdo que cuando compré el único coche que compré me importaba más su equipo de música que cualquier otra cosa [en segundo lugar, que consumiese poco, poquísimo]. El frío no se diluye, pero el sol calienta levemente la atmósfera: es un tono templado y sutil. Las gaviotas levantan el vuelo y se pierden más allá de la isla, en Marín: columnas de humo se elevan y yo pienso en alguna cafetería donde me bebí con delectación un café americano mientras leía fragmentos de filosofía política o lírica tradicional o el párrafo definitivo de Simenon, ese que nos lleva a la línea clara. Ahora que es de noche, la mañana de lunes es un decorado operístico y su altura se confunde con la altura del cielo, del sol, del firmamento.
+ Sobre el futuro: como ilusión, como ficción, como narración sin esqueleto. Últimamente veo como se acoge en los periódicos una suerte de hilo esquemático y funcional que predice lo que serán la totalidad en los años próximos: y me pregunto si esto será una frontera o un cambio fluido o tal vez un dictum sensual o erótico [lo dudo: lo que permanece es la arista]. Coches que no precisan de conductor, maquinas pensantes, la adivinación y el pronóstico de la biografía a través de sensores eléctricos conectados al cráneo: vibraciones misteriosas e invisibles que hablan más de nosotros mismos que nuestra prosa o nuestro diario íntimo. En un primer momento da miedo, luego uno se hace cargo de que todas las profecías son apuestas que nacen malogradas, y así la tarde pasa entre la lectura y el café, notas que se toman sin motivo y sin un fin determinando, suena Shostakovich y aparece un libro que creíamos perdido, finalmente: nada nos importa, en este claustro de adivinaciones hay demasiado trabajo como para pre-ocuparse de lo que no-sucederá.
+ Ay, esos mundos optimistas: ¿vivimos/viviremos en el mejor de los mundos posibles? El alivio del martes es pensar que en el Teixadal de Casaio estará nevando, ¿continuará el guijarro que depositamos allí, sobre otros guijarros que otros depositaron? Es un enigma que ilumina el arranque del día.
+ [El arte de hacerse con las reglas del juego]. Hay momentos en que se desvela una especial capacidad (o incapacidad, en algún caso) para adquirir los instrumentos necesarios que llevan a la integración o a los márgenes de esa supuesta comunidad. Es la capacidad de observar, ordenar y utilizar las reglas del juego. Fronteras y permisos, autorizaciones y negaciones, simpatía o antipatía que debe ser modulada. La estructura estaba allí, adquirirla es una tarea insoslayable. A diario se deben hacer, con mayor o menor intensidad, estos ejercicios que establecen los juego de la vida. Con seriedad juegan los niños, con seriedad juegan sus juegos los mayores. El arte, los negocios, la conducción de maquinaria pesada. Todo juego y cada una de sus reglas es un conjuro contra la evidencia de la muerte.
+ Parque temático: la obligación de asumir un papel en la representación diaria: lo cotidiano maravilloso, su peso, su levedad, su transparencia, lo consciente, el inconsciente, implícito o explícito. No tiene mayor consistencia que su apunte. El crítico o el artista deben situarse en su contexto y ser plenamente conscientes de él: el momento histórico: desentrañarlo y definirlo. Hacerse cargo: para pensar detenidamente en esta expresión, hasta que pierda peso, hasta que llegue su desautomatización. En breve.
+ "En el caos no hay error" A cara o cruz, Radio Futura.
+ [Imagen: un instante de resignación en un importante centro de arte contemporáneo. Todavía resuena su nombre y algo se estremece en el interior de un espectador. Una mañana de domingo, todavía con el aleteo del verano en los parques, aunque el otoño ha establecido su dominio en Londres].
sábado, 17 de enero de 2015
El inicio del año [2015]
+ Enfermedad [leve]: fiebre, malestar muscular, nauseas. Sin embargo, todas las mañanas me dirijo al trabajo y cumplo con mi horario y mis obligaciones. No es paralizante, es mucho menos que una incomodidad. Las medicinas, el agua, las naranjas.
+ [Clausura]. Entiendo que hay un cierre en muchas lecturas. ¿Es tiempo para la lectura, en general? Me asomo al Canto III de la Ilíada y me parece algo del momento, válido para cualquier edad, para lo actual, para los días presentes, para el año que comienza. La guerra y sus razones, tal vez. Pero no es hora para esto, ni para aquéllo.
+ Hay edades que se difuminan al contacto con una idea, como el papel que se acerca a la llama.
+ La enfermedad contamina el paisaje. No llueve, el sol hiere los ojos, una ronca y pesada respiración eleva el ritmo de la mañana. Como una ebriedad, la ligera fiebre desafía al fuego que se debate en el reproductor de música. Trompetas, la voz etérea, el ángel y el demonio, la misa de Bach, la oscuridad, el silencio posterior, los aposentes de la noche, los aposentos de sueño.
+ "Infame turba de nocturnas aves / gimiendo tristes y volando graves". Fábula de Polifemo y Galatea, Góngora. Cómo establecer un contraste entre el sueño y la ebriedad.
+ Biografías desconocidas, datos que iluminan la narración: viaja solo. Le vi dar una conferencia, le estudié, atendí a sus palabras. Fue hace muchos años, pero no le olvido. Era su rostro lo más llamativo. Su irregularidad: la boca pequeña, la nariz pequeña, las orejas pequeñas, y el marco del rostro grande, atravesado por unas gruesas gafas. Su pelo completo tenía visos de adolescente, pero pronto cumpliría los cuarenta; hace veinticinco años. El tiempo viaja en sus manos, huele a colonias inglesas y a tabacos del Caribe. Habla con confianza y se dirige directamente a cada uno de los que le escuchan. Lo sé, es el principio del año que ha traído sus fantasmas del pasado. La historia, fragmentos de batallas perdidas, esquirlas de muertos y vivos. El continua allí, con su salmodia y explica cómo se produce la primera palidez tras la muerte, cómo la sangre desciende hasta las partes más bajas del cuerpo, es la ley de la gravedad, vuelve a repetir cómo según pasa el tiempo es cada vez más difícil obtener una muestra de sangre, debido a la coagulación. No me asusta, ya no me asusta.
+ Si en mi estantería, frente a los libros en inglés, hay dos figuras de tigres es por tener presente a Borges, por esa misma razón copio este final de un poema suyo: "¿Quién serás esta noche en el oscuro / sueño, del otro lado de su muro?". Hoy los tigres permanecen junto un libro que explica como escribir ensayos histórico-artísticos y dos libros para acometer tareas propias del estudio universitario: trabajos y tareas. El primero lo compré en Londres, los otros dos en Cambridge. Por esta razón, su procedencia, encierran misterios que no desvelaré, en principio, por ejemplo: una posibilidad de bifurcación: si yo no los hubiese comprado, quién se lo hubiese llevado de las librerías, en definitiva: dónde estarían hoy. Si el posible/imposible poseedor alternativo se hiciese esa pregunta, la respuesta sería: yo. Así se cierra un círculo, eso semeja, aunque sólo es apariencia. ¿Todo es apariencia? Por descifrar.
+ Ilustración: un cocodrilo de mayólica, en Oporto. Una mañana especial de descubrimientos y laberintos, subterráneos y luminosas conversaciones. El cocodrilo atesora el momento y la sorpresa. Volveremos.
sábado, 10 de enero de 2015
Afanes
+ Es un deseo incontrolado, deliberadamente incontrolado. Arranco el coche y me dirijo a la costa. Aparco y entro en el bar. Mi intención es leer. Pido un café y me siento. Allí está ella: es muy joven y viste de negro, el pelo lo recoge en una coleta, se mueve con agilidad y sin nerviosismo, parece transmitir un dominio sobre sí misma que no le corresponde a su edad. Su tono, su parloteo incesante, las costuras de sus palabras. Cuenta cómo le robaron hace pocos días, cómo fue a denunciar, los laberintos de la denuncia. Luego pasa a narrar la navidad de una mujer de ochenta y tanto años muy presumida: ahorra todo el año para hacer regalos en Navidad, regalos caros que se substancian en las astillas de su pensión: 580 euros. Da paso al relato de los días de un tío suyo, que vivía en un desván, que hacía pequeños trabajos de marquetería en el mismo desván y que coleccionaba chapas. Tenía miles de chapas, que al día siguiente de su muerte fueron a la basura. Añadió: sólo me acuerdo de las escaleras. Pagué y me fui con la sensación de haber recortado el esquema de una vida o algo similar.
+ El bar: azul cielo, azulejos, paredes blancas, paneles azules, la playa en el ventanal, el horizonte, una pareja que pasea al borde del mar, el bar en invierno preparado para el verano. Abrí El Príncipe, de Maquiavelo sin esperanza. Sé lo que se esconde en él, aunque ese mal sabor de boca me detenga, también sé que no por no gustarme dejan de ser verdades. Como el bisturí, como los elementos de la autopsia que se disponen sobre el mármol. La autopsia no es agradable, pero alumbra la verdad. Las voces que a mí llegaban pertenecían a un estrato olvidado y necesitado. La violencia, la mentira, lo ambiguo. Aparté el libro y me fijé en los movimientos de un perro que se dirigía a la carrera hacia el agua, llegó hasta allí y se paró en seco, las olas rompieron en espuma y olvido.
+ Compra: Antonio Vega 1980-2009. De un momento a otro me llegaron cuatro o cinco canciones de A.V. No sabría qué decir, pero me transportaron a otra época de mi vida [olvidada]. No se puede obviar: son buenas canciones, muy buenas canciones: algunas, no todas. ¿Importa algo más? ¿Canciones para pijos canallas, el pop-baboso, algo de mediocridad, una pizca de un genio a media luz? No creo que importe mucho, en este momento. Poco a poco el olvido caerá sobre las canciones, como sobre nuestra propia vida. No hay nada que sobreviva al impulso del tiempo, a su ciega brutalidad. No es momento para juzgar al músico, sus adicciones, su inconsistencia, quedan las canciones y su inasible realidad. Hegel propugna la superioridad de la música y la poesía sobre el resto de artes, no hay duda alguna: suena Se dejaba llevar por ti y hay un momento que se vuelve a dibujar un todo: playas, el amanecer, tristeza y personas que no han de volver nunca más.
+ Al hilo de lo anterior, no he parado de tener conversaciones sobre adictos a la heroína durante estas navidades. Es un tema crucial, del pasado, casi cristalizado. Esa droga, sus derivadas. Conocidos y compañeros de clase, sin ir más lejos. El ejemplo de A.V. es válido para muchos otros que nosotros vimos engancharse y morir. Sus agonías ejemplarizantes, como si su decadencia escondiese un negro rumor moral. ¿Está ahí la equiparación de la normalidad como lo moral? He de pensar en ello y establecer correcciones y medidas provisionales. Todas las medidas son provisionales, pues esa es la vida: provisión y temporalidad. Creo que una lectura alternativa de esas canciones se hace necesaria mediante el prisma de la vida de un toxicómano: su debilidad y las necesidades diarias de unas dosis. La lectura nunca es estática, las lecturas definen al lector y su capacidad de cambiar el rumbo da su altura.
+ A cada día su afán, basta a cada día, su propio mal. Mateo 6 versículo 34.
+ Imagen: [Puerto de A Garda, antes del comienzo del verano: intensidad].
sábado, 3 de enero de 2015
Elevación
+ El estado de ánimo se contamina, levemente, con el tránsito de lecturas y personas. Una violenta sucesión de días de ocio y pronunciamientos indeseados, relatos y escuchas. No es preciso detallar los principios, ni si su constancia es sólida. Vuela el viento sobre el paisaje y el hombre, qué certeza, es una sombra en un sueño o el reflejo de la luna en una gota de rocío en la punta del pico de una garza, [ninguna de las apreciaciones anteriores me perteneces, aunque las hago mías: de Grecia a Japón, de Píndaro a Dogen].
+ Eça de Queiroz: hace un momento he dejado O Mandarim a un lado. Queda el espacio donde se desarrolla la narración. Los lugares, los objetos, los olores. He leído en los últimos días dos entrevistas con escritores. Ambos coinciden en que comienzan a escribir mientras piensan en un lugar, desde él los personajes emergen de una manera que podríamos denominar, sin temor a equivocarnos, mágica. La magia está desprestigiada. O Mandarim relata las posibilidades y los peligros de la magia. Se puede leer como una metáfora de la ambición humana o buscar un punto de vista más literal, enraizado con el hecho literario en sí: el placer de narrar: más allá del texto impreso, de la recepción de la copia, muy próximo a la oralidad. Hay una certeza moral en el decurso de un relato, entrevisto y pluriforme. El libro descansa y las horas son dulces, como las de un escribiente lisboeta en domingo, dedicado a su dolce far niente.
+ El swing gitano, Django Reinhardt. La evocación es la medida: carreteras junto a la costa, un coche rojo descapotable, vino rosado, un hombre con bigote muy fino, una mujer vestida de blanco y rubia, acantilados y el furor de agosto. Una idea que fluye, una idea que muere. Una insinuación cinematográfica. ¿Comienza así una narración, aunque nunca se lleve a cabo? ¿Es un posible Simenon? Violines que se deslizan, el contoneo rítmico de la guitarra que funcionalmente es más percusión que acordes o melodía, escobillas sobre los tensos parches de una caja. El ritmo y el olor de los perfumes, del tabaco y del vino rosado. ¿Italia, Francia, España? Como tirar unos dados, pero sin coste de ningún tipo. Casinos, pistolas de nácar y fuego dorado, champagne, estilográficas de ámbar y oro. palmeras y zapatos bicolor: negro y blanco, teléfonos blancos y relojes sin agujas. Sin horas, la tarde muere en el fuego del océano.
+ Llegan libros y los acumulo en un estante próximo al lugar de lectura. La composición de una biblioteca establece los límites precisos de la persona. ¿Quién resiste el escrutinio de su biblioteca? Es complicado estar a su altura, los libros nos rebasan y nuestros propósitos son poco menos que un atisbo de esa idea.
+ Bajo un fragmento de una novela a mi libro electrónico, es un adelanto previo a una compra que no haré. El otro día en una librería leí la primera página del volumen físico [valga la redundancia que la lexía ofrece en este momento, en este preciso momento], y me dejó pensativo. Es cierto, me llamó poderosamente la atención la descripción que el autor hace de los primeros momentos de la muerte del ser humano. Me parece precisa y poética sin alejarse de lo literal, pero hay algo que me desagrada profundamente y no se trata del hecho en sí, es algo que viene de lejos, algo que he visto muchas veces y no alcanzo a digerir. Mi rechazo proviene de la diatriba entre los medios y el fin, entre lo deseable y lo deseado y lo alcanzado. ¿Por qué utilizar dolorosamente a la familia, a los amigos, a la pareja, en la narración, a costa del, repito, dolor, aunque la narración sea buena, muy buena? Siempre se mostrará ese filo: escribir es causar dolor o esto no es necesario. Pensaré, como tantas otras veces, en Cervantes, en su biografía, en su ejemplo.
+ Recuerdo a un eminente filósofo que afirmaba que daría toda su obra por poder interpretar al piano una sola obra de Bach. Ante mi falta de talento musical se me ocurre que la escritura es un pobre sucedáneo de la perfección que en sí contiene el todo musical. La tarde es un tablero vacío y Handel muestra como la perfección es posible. Me adormezco y cierro los ojos. Es una impresión falsa, pero está presente. el tiempo se ha detenido.
+ Imagen: [un hombre transporta un cuadro embalado, sube una cuesta muy pronunciada, parece cansado. Oporto, algún día del verano de 2014. ¿Se ha detenido el tiempo? Quizá se trate de una paradoja o de un aliento de ironía. No se puede explicar, sólo el ámbito de la pared en blanco del museo extraería una explicación-cuestión, pero, con total seguridad, eso no sucederá].
sábado, 27 de diciembre de 2014
Patrones de búsqueda
+ El viaje nocturno en coche. Acuchillados edificios, las farolas son tal vez hogueras domésticas, incendios y escaparates, teléfonos que vibran y la certeza de la poesía como una vía de conocimiento privilegiada, más allá de la constatación científica. Un poco más allá: la verdad y su correspondencia con un posible referente palpita en el fondo de lo diario. Comienza una inexplicable temporada de vacaciones y eso está bien: el equilibrio entre el trabajo y el ocio es una parte fundamental de la salud. Equilibrios. Lo cotidiano se transforma durante estos días, las luces que nos sorprenden no son lo navideño, es una suerte de conjuro en el albor del año. ¿Quién puede recuperar la sorpresa ante la sucesión de los días, de las estaciones, el día a día en sí mismo? ¿Tú?
+ ¿No hay tormento sin victoria? Derrotas y atajos al amanecer, derivaciones de la noche: ebriedad y salvación.
+ Las fotos se acumulan en disco duro. Las fotos están muy proximas a los dietarios. La constatación del instante, o las intuiciones que otorga el paisaje o los objetos ordinarios. Una tetera, una manilla, el perfil de un palacio, de una cabaña. Basta acceder al disco duro y encontrarse con un mundo revivido. Allí duermen y cada vez que surgen de su letargo es otro mundo porque nosotros ya somos otros. Las fotos no son recuerdos, son fragmentos de un yo que no cesa.
+ Luis Cernuda: "Donde mi nombre deje / Al cuerpo que designa en brazos de los siglos, / Donde el deseo no exista", de Donde habite el olvido.
+ Metphysical poets y cerveza helada en las proximidades de una playa, durante un transitorio mes de noviembre. Displicencia, dandismo y tabaco rubio. Otros tiempos y otros territorios. La escena se recompone mediante los versos de Luis Cernuda y algunas posibles relaciones. La lectura de los clásicos grecolatinos eleva el punto de vista o el punto de fuga [¿donde está, pues, el objetivo?].
+Mientras se desgranan las posibilidades de poema: suena Luis Alberto Spinetta: los meandros de un Buenos Aires desconocido. La composición de la ciudad se hace con retazos de libros y canciones. Spinetta aporta el viento de las posibilidades, el ropaje del cine
+ Las esculturas de Juan Muñoz en Oporto, entra plátanos, un día en el final de verano: aparecen por casualidad y se reconocen en un instante. Ya nunca se busca un mensaje, la percepción se relaja y el viento cálido y húmedo que asciende del río transmite los deseos diarios.
+ Preguntado por qué cosa es preferible sobre todas las demás, Sileno respondió que es algo que no está a nuestro alcance y la respuesta fue contundente y dolorosa: no haber nacido, y, añadió, hay una segunda cosa preferible sobre todas las demas: morir cuanto antes. Sin invitación hemos llegado a la vida, sin haber sido preguntados. Ante la multiplicidad de incomodidades que la vida presenta la respuesta de Sileno está terriblemente cargada de verdad. La fuerza del mundo griego no ha sido rebasada, sus exposiciones son tan válidas con el momento en que fueron proferidas. Pienso en ello y lo comparo con la actualidad y la caducidad de la vida se muestra como una herramienta para encarar lo diario, para enfrentarse, con el arma de la risa, ante las humillaciones, las injusticias y las mentiras. La muerte todo lo iguala, lo que no es poco. Y cuando esto escribo no pudo dejar de pensar en Kenko Yoshida, como tantas otras veces, cuando dice que lo primero para hacerse inmensamente rico es pensar que nunca te vas a morir, en cuanto dudes, tu carruaje se detendrá. Llega un momento de comprensión, se trata de aceptar la vida como es: en su aridez, crueldad, en su dolor y, como compensación, en su fulgurante alegría [que se opone a la vacua felicidad, tan enemiga del momento, tan estática]. En fin: nec metu, nec spe.
+ Alguien me susurra: la Navidad se solapa con las Saturnales, la orgía sacralizada en beneficio del cristianismo. El día comienza en el filo de la tragedia y de la comedia. El día es luminoso. El día de hoy es un día de regalos y ebriedades, yo me abstengo de lo último y cultivo lo primero: una de las cosas que le da fuerza a la vida.
+ Imagen: una puerta en East London. El color, la geometría y el trabajo del tiempo. Reunir fotos es una suerte de diario, como ya se he dicho un poco más arriba. Sería una vía para hablar del reconocimiento y del viaje interminable: Londres, un año más Londres.
sábado, 20 de diciembre de 2014
Paraíso
+ [El paraíso y la muerte]. Las carreteras son peligrosas, extremadamente peligrosas. En un momento la agradable música que nos conduce sin sobresaltos se detiene, alguien invade nuestro carril y venos, durante un segundo, durante un fragmento de segundo, como los faros del otro coche se aproximan. No sucede nada. El trayecto continua. La colisión ha sido una posibilidad y mi experiencia me dice que hubiese sido mortal. Continua la música de Nick Cave: Push and Keep Away. Pero ya no somos los mismos. Adquirir la condición mortal contrasta con el devenir de la vida ordinaria, del día a día. Cada minuto que transcurre a partir de ese momento, es un minuto ganado. Pero, ¿de todas formas, no hubiera sido lo mismo si la posibilidad no hubiese surgido? ¿no son todos los minutos ganados [o perdidos]? Simple, una constatación de la condición mortal, de la no existencia de otra realidad que la palpable, ese: aquí y ahora.
+ [Perder el tiempo, ganar la eternidad]. Caminamos por los pasillos del Cgac y escuchamos un extraño rumor. Debo decirlo: ultraterreno. El placer de la lectura nos ha contaminado totalmente, así como un cierto sabor que va más allá de lo postmoderno o de lo actual, incluso. Los sonidos nos inquietan. Una vez en la sala se puede comprobar que son voces superpuestas, para seleccionar una de ellas el visitante del museo debe permanecer bajo un semicírculo de plástico transparente donde se aloja un altavoz, entonces: el sonido resulta nítido. Me paro, eligo al azar y escucho a dos notarios que, secuencialmente, hablan sobre la verdad, luego a una psicóloga sobre el mismo tema. Un día más tarde, me obligo a revisar definiciones sobre la verdad. ¿Son útiles aquellas definiciones o lo son estás que voy trenzando con la ayuda del Drae o del Ferrater-Mora? Quizá la verdad estaba en la superposición de voces que nos atrapaba en los pasillos, que nos desconcertaba, que asustaba, ya que parecía llegar de los dominios de la muerte. Sin poder evitarlo, se conectaba con la posibilidad de un accidente.
+ La vida líquida, Zygmunt Bauman: libro que he leído en aviones, en el metro, en aeropuertos, en salas violentamente iluminadas, en cafeterías y en bibliotecas. En menos de una semana, al calor de las esperas y los desplazamientos. Supongo que ello ha influido en la celeridad y la concentración. Lo permite la soledad y el hermetismo de la lectura, que se ve acogida por la música de mi Mp3. Soledad hermética. Rescato, pasado el tiempo, una cita: "Los objetos se transforma en obras de arte (de la noche a la mañana) en cuanto son expuestos en una galería cuya entrada separa el arte bueno (…) del arte malo (…). El nombre de la galería contagia su gloria a los nombres de los artistas en ella expuestos." Antes, Z.B., había ejemplificado con que sería una extraña suerte para unos artesanos de una recóndita calle de Londres que Saatchi detuviera su coche delante de su taller y comprase unas baratijas que luego expondría en su centro de arte contemporáneo del centro de Londres. Bueno. ¿Es cierto? Sí, pero, también, discutible. Saatchi elegiría una baratija, desde luego, pero no por ser una baratija, sino por su capacidad, por su peso específicio. Las elecciones no son gratuitas. Pensaré en ello, en si es posible un equilibrio.
+ Otra vez Marco Aurelio: "Recobra el sentido y vuelve en ti y, una vez que hayas salido del sueño, y comprendido que eran sueños los que te perturbaban, mira estas cosas como miraban antes aquellas".
+ Dope girls. Los libros se acumulan en rimeros. Entre ellos, este libro. Sobre las adicciones, sobre la turbulencia de la vida, sobre un teatro al que todos estamos condenados sin remisión. No es cuestión de substancias, sino de grado. La adicción es algo que establece fronteras, pero, también, otorga una visión.
+ Imagen: un pasillo en un centro comercial. Geometría, posibilidad y color. Los pasillos son lo posible, el tránsito, pero esta ausencia de decoración y su absoluto utilitarismo encumbra una idea de impermanencia. El círculo se cierra. Y, por otro lado, quién nos certifica que es el pasillo de un centro comercial y no se trata de un hospital, de un aeropuerto o un edificio de oficinas: aquí permanece lo intercambiable del momento, la ausencia de lo arquitectónico, la verdad de los no-lugares.
sábado, 13 de diciembre de 2014
Tertium non datur
+ Las oportunidades perdidas no es otra cosa que un ejercicio de redacción creativa. En treinta minutos se debe construir un relato o un ensayo de quinientas palabras. ¿Oportunidades perdidas? ¿El amor, el trabajo, el sexo, los negocios, la venta o la compra? ¿Qué consecuencias o enseñanzas se pueden obtener? Mientras me desplazo al trabajo pienso en ello y trato de relacionarlo con las lecturas diarias [esas que son como una medicación crónica: ¿Kenko o Marco Aurelio?]. Es difícil aceptarlo, pero semeja que hubiese un espíritu protector que nos guiase y aquello que parecía una pérdida en realidad es, inversamente, la salvación. Todo cambia. nada permanece. Repito: el carácter es el destino. Heráclito da la medida, quizá porque lo fragmentario abre posibilidades y las oportunidades pérdidas: la armonía invisible es mayor que armonía visible.
+ También Homero fue engañado por unos niños.
+ Un viejo título que no utilizaré [a no ser que cambie de opinión]: 'censo de luces, escrutinio de sombras'.
+ Un curso de primeros auxilios. Finalmente, se trata de ver cómo el cuerpo humano es una máquina, entiendo ya al comienzo de la clase. La metáfora no es nueva, pero es dolorosa y efectiva. No hay escapatoria. Y la efectividad es rotativa, como lo es su certeza; lo que hoy nos vale, ayer no servía, a nuestro antojo usamos el medicamento, sin mayores consecuencias. Las fotos de quemados, los diagramas de huesos rotos, las instrucciones para la reanimación cardiaca, invitan a ese pensamiento. No puedo saber qué piensan mis compañeros, no es momento para indagar, pero supongo que de ser preguntados la explicación no estaría muy alejada.
+ La Mettrie, autor de El hombre máquina, propone que la única explicación al cuerpo y al cerebro, mente y alma, es materialista y, por tanto, su propuesta es voluptuosamente atea. La enfermera que imparte el curso explica cómo se muere el cerebro por falta de oxigeno, como las facultades se desmoronan. Su gestualidad se conecta con sus palabras. Pero me fijo en su bata y en su pelo. No hay mucho cuidado en su atuendo, ni en su peinado. Bajo la bata un vestido de cuero (!), color vino antiguo, una medias en el mismo tono y con lunares ocre. La estudio sin interés. Luego paso a la disposición del aula y la acumulación de objetos. Ese maquinismo es la llave para penetrar en el discurrir diario de trabajo, ocio y estudio. No es tan importante la permanencia, cuenta la intesidad del momento, pero no el disfrute grosero y feliz del banquete: Mettrie murió de una indigestión. Me gusta tener a punto mi coche y observar las indiciones del mecánico. Otro tanto con el cuerpo.
+ Se aproxima el final del año. ¿Es tiempo de hacer balance? Es electivo. Lo dejamos a un lado, no hay examen de conciencia, no hay confesión.
+ Un hombre fuma mientras espera el autobús. Es una silueta. Quién es, cuáles son sus ansias y afanes. Se difumina. Cada hombre, un deseo, pero sobre él hay algo común y permanente: su extinción.
+ Imagen: un pequeño azulejo capturado en la ciudad de Oporto. Estos fragmentos dan sentido a los paseos [o no]. Es la compañía la que eleva el tono del paseo. La soledad en el caminar es la otra cara de la hoja, pero se unen en un punto de fuga. Oporto en la distancia es próximo a una idea poética. Un azulejo roto, un hombre que fuma, el olor del vino y el perfil del humo.
sábado, 6 de diciembre de 2014
Aproximaciones
+ Hay una clasificación posible de los coleccionistas de mapas. Unos buscaría la calidad del objeto, al tiempo que la primordial importancia de su rareza. Lo excepcional. Bien el papel y la impresión deberán ser primorosos, bien su antigüedad o lo exclusivo del hallazgo. La otra clase o especie, la que me interesa, donde me incluyo, es aquella que indaga en las posibilidades literarias que todo objeto posee: la pista de aquellos que usaron el mapa y lo hicieron propio sin haberlo buscado. El deseo es variable y espontáneo. No se gastan mucho en un mapa, o más bien: nada. Los primeros invierten, los segundos fantasean y se entretienen en los interrogantes que eleva una marca, una cruz o un nombre o un teléfono. No son tesoros, son fragmentos de vida y por lo tanto el valor es muy superior. Así palpita el día en nuestras manos, el presente y el pasado. Abro un mapa del metro de Londres y en hay dibujado un corazón verde: ajado, descolorido, vivo. Allí estuvo ella. ¿Quién? No puedo responder.
+ Recuerdo cuando vi por primera vez una lata de refresco o cerveza. Fue en una playa, hace cuarenta años: tal vez. Llegó una lancha neumática con cuatro hombres. Podrían hablar en inglés, en holandés o en noruego. Parecían hombres venidos de los mares del Norte. Bajaron a la playa con una red donde se apilaban varias latas. Consumieron su contenido y las dejaron sobre la arena. En cuanto desaparecieron, se abalanzaron sobre ella unos niños mayores que yo. Escaparon y se sentaron en unas rocas: las miraban como se mira un tesoro. Brillaban al sol: azules metálicos, rojos intensos, verdes plateados y amarillos intensos. El precio y el valor se cruzaban en aquella tarde de agosto, en una de las recoletas playas de la ría, ¿quién atesora ese asombro, dónde está hoy?
+ [3 citas para la ocasión]: 1) Umberto Eco: el bolígrafo BIc es la única realización socialista, ya que anula todo derecho a la propiedad y toda distinción social. 2) Heráclito: el carácter es el destino. 3) The Who: I was born with a plastic spoon in my mouth.
+ [Ilustración]. El cartel descompuesto, recortado, rasgado, fruto del azar y la premura: recoge un rostro duplicado, o sus ojos, o unos labios que ya no son labios, sino la estela del momento. No son, pues, labios sino olvido. Ahí está el peligro y sus disfraces. El peligro del monstruo: irreconocible en su falta de humanidad. Ojos oscilantes. La bruma de la mañana establece una barrera y allí está ella, ante nosotros. Es difícil no disparar la foto. Una vez más pienso en los resortes que elevan o destronan las imágenes. V.gr.: convenientemente aislada, con su marco de acero pulido o sin límites ajenos, en resplandor blanco de la espaciosa sala del museo de arte contemporáneo, el resumen de aquel momento. Un día de noviembre del 14, lluvioso, espeso y frío, en los límites de las comunidades autónomas, conversaciones sin cigarrillos, sin alcohol, sin venenos. Poco más. Una foto en Madrid.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Extravíos
+ No hay momentos singulares, aderezos líricos, fantasías de oportunidad. Recuerdo cómo nos perdimos en un bosque. Nos podíamos orientar mediante el sonido de la corriente de un riachuelo y las cumbres, esto nos marcaba el posible camino, pero el bosque se espesaba y cada vez resultaba más complicado caminar, avanzar. Desviarse de la línea recta que nos habíamos marcado suponía extraviarse, una vez más, adentrarse en el centro del bosque sin saber exactamente dónde estábamos. De pronto, oímos unas voces sobre nosotros, sobre la vaguada. Un grupo de hombres y mujeres nos llamaban. Sé que les parecimos extraños, montaraces y casi peligrosos. Nada de eso era cierto, como pudieron comprobar en cuando comenzamos a hablar. ¿Cuál es la moraleja? El desdoblamiento habita en nosotros, nuestros pliegues son parte de nuestra persona y la apariencia es siempre engañosa: como el extravío. Perderse es descubrir fragmentos en el olvido.
+ Al cabo de unos años nos reunimos ayer, viernes. Una gran comida, con vino y licores en abundancia [yo, sin desprecios, nunca bebo, nunca]. Todos han envejecido; una totalidad donde me incluyo. Dos años, tres años sin verles y eran otros y eran los mismos, esa paradoja. El trabajo del tiempo nunca se detiene: es una obviedad y una certeza, pero hay un instante en que se revela dolorosamente. Lo que no puedes cambiar es mejor dejarlo a un lado. Hablamos de los otros, los que no habían venido, de los divorcios, del paro, de lo poco que alcanza el dinero. Con todo, había alegría y cierto entusiasmo, no era el alcohol, sino una premura en el vivir, en agotar el tiempo y esparcirse. La ría estaba en calma, fuera hacía frío y, yo, con la fiebre a cuestas, desde una tranquila ausencia, escuchaba: de una manera muy similar a los efectos de un narcótico. Nos despedimos y me pregunté: cuál será el siguiente en irse, definitivamente. No sentí ni pena, ni alegría, ni siquiera indiferencia. La totalidad me pareció estática. Nos alejábamos en mi coche negro y escuchamos algunas canciones de Nick Cave [últimamente es obsesivo]. Otro cambio de registro, la manera de agotar el presente.
+ Antes de comer coincidimos con un político. Espolvoreaba felicidad y a todo el mundo le estrechaba la mano. Estaba con su mujer, con un hermano, con la mujer de éste. ¿Qué celebraban? Antes de comer, les entreví ante una enorme fuente de camarones. Sonreía, siempre sonreía. La sonrisa, esa mueca tan próxima al simio. ¿Por qué queréis ser monos si sois hombres?, me dijo alguien hace años, yo asentí en aquel momento, ahora lo recuerdo.
+ En 6music Jimmy Page habla de su primera Les Paul. Dice cosas que comprendo muy bien: también las comparto. Las guitarras tienen alma, una gran guitarra sufre mutaciones y nos sorprende, va muy por delante de nosotros. Alguien me contó que abandonó la guitarra por la artrosis: nunca le había interesado mucho, pienso, pero sé que tiene aptitudes. Eso se ve, algo que se conecta con la canción, con el baile. Pero desechó la guitarra. La guitarra es una vía de conocimiento, como tantas otras, pero en su confesión se alzó una suerte de vulgaridad. No era la artrosis, era su falta de estilo.
+ La fiebre ganó. Me metí en cama a las ocho y media de la tarde y caí en un sueño profundo. Sin pesadillas, se sucedieron episodios del pasado. Como una recensión. Oficinistas, escribientes y bedeles. Adivinos del presente, escrutadores del pasado. Me hablaban y la fiebre era mi guía. No trataré de buscar su significado. Su relato es suficiente, mientras: se diluye en la vigilia. Son las cinco y cuarto: ¿ha desaparecido la fiebre?
+ A las diez de la mañana, últimamente, tomo una taza de té. El té tiene reminiscencias infantiles. Sin azúcar, muy caliente, negro. Devuelve una sentencia: nunca podrás parar de leer, nunca leerás dos veces el mismo libro por mucho que lo intentes. No insisto y regreso a Píndaro.
+ Imagen: tetera en un restaurante japonés: OKAN
sábado, 22 de noviembre de 2014
Un año más tarde, Madrid ( y III) - [ending]
+ Madrid: cinco días. Paseos, cine e interminables conversaciones. El color ocre resulta inspirador. Suenan teléfonos que nadie atiende. Llueve.
+ Lo líquido define el momento. El viaje acentúa esta certeza. Presentadoras de televisión que viajan en el bajo coste: no son humanas, tampoco son divinas. Son muy hermosas e inmateriales, pero no son humanas.
+ Las listas aportan conocimiento. Ordenar una colección es una confesión. Libros, discos, pensamientos al calor de una tarde en soledad, en la nuclear soledad del aeropuerto: coca-cola, un libro y el espectáculo de la humanidad doliente: el aburrimiento.
+ Tanto las nubes como el humo trazan formas caprichosas que pueden ser interpretadas o ignoradas [con displicencia ejemplar]. Es un entretenimiento viejo y eficaz. Un barco, un dragón, una cometa o una mano. Apariencia o realidad. No es momento para dudar.
+ Conduce su coche hacia la costa y encuentra en cada curva una razón para el olvido. Han sido años de sufrimiento, pero ahora el cielo es limpio y sobre el paisaje se dibujan promesas. Es un capricho o son decisiones bien fundadas. No debe pensar, tan solo conducir. Lo líquido, lo fluido, lo inasible.
+ Viajas en tren: una excavadora abría una gran zanja, como un sueño. Ese recuerdo regresa cada vez que pasas por allí. Fue hace más de veinte años, pero vuelve con una intensidad desconcertante. Lo sabes y te inquieta, los recuerdos son fantasmas: llegan con indeseables resonancias: el arrepentimiento, la culpa y el error. Ahora podrás dormir tranquila, no volverán a perturbar tu descando.
+ [Madrid - Guadajara]. Llueve. Las harineras jalonan el paisaje y se alejan de lo humano: como si una civilización de gigantes las erigiese para dejar constancia de su impotencia. Tal vez se trata de que sus perfiles son hirientes, que el paisaje es desolación y soledad, que es un lunes extraño y fósil. En Madrid es fiesta y en Guadajara siempre es domingo: calles desiertas, confiterías cerradas, extraños muros, extrañas ventanas. Temas para un poemario futuro: la telefonía inteligente (?), las fábricas abandonadas, el traqueteo del cercanías y el pasaje: sueño, cansancio, un dolor sordo, pero constante.
+ En el museo, en un folleto: " (…) el arte moderno no había abolido los pedestales y los marcos (…), sino que los había convertido en el contenido fundamental de su desarrollo (…)". El contexto es la totalidad, insinua. He visto la exposición y me sorprendió, pero conforme el día avanza recupero una afilada duda. Es el espectáculo lo que hace que gire el turbión de personas e intereses, crear un valor y elevarlo mediante la maquinaria del museo. No le doy demasiada importancia y el sueño me abraza. ¿El contexto? El dinero es el contexto
+ "Odio a los adolescente / es fácil tenerles piedad. / Hay un clavel que se hiela en sus dientes / y cómo nos miran al llorar". Pere Gimferrer.
+ Nick Cave en el Mp3: Push the Sky Away. Insistentemente viene una y otra vez la canción, el disco. Las obsesiones establecen nuestro núcleo, su resistencia, su verdad a medias. [Necesidades y objetivos, el paso del tiempo, la edad, las pérdidas, más allá de los acentos y los subrayados, los muebles y los cuadros, libros, pequeños objetos que atesoran el recuerdo, significados ocultos, ¿por qué has de mostrarte amable?, la conducción responsable, el testigo del depósito de gasolina estás averiado: supongo pero no afirmo, ¿cuántos kilómetros restan?, un curso sobre primeros auxilios y emergencias en el trabajo, los amigos que no volverán, los padres y los hijos, guitarras, violines y tambores, how to write about contemporary art: en la estantería, instrucciones, charlatanes, incendios interiores, pesares y plegarias, ensayos y errores, regreso al mar y me encuentro con los restos de mi biografía, sirenas y naufragios, cierro los ojos y sé que el avión me sostiene en el aire, pero la música establece el contexto y me aleja del no-lugar: el avión, el viaje, el regreso].
+ Imagen: un sala de exposiciones, pero la trastienda del vídeo, lo que no se ve, lo que no interesa (?).
sábado, 15 de noviembre de 2014
Un año más tarde, Madrid (II) - [spleen]
+ [Aviones]. Mientras eleva el vuelo no dejo de preguntarme por el sentido que tiene tomar notas en una libreta: en un desorden estimulante, aleatorio y fructífero. Semeja que se fijan observaciones y ocurrencias, pero no sucede así: si se recuerdan los hechos es porque se han vertido en la libreta, no al contrario. La caligrafía constituye la materia del día, que ha nacido hace unos instantes. No importa. El avión es hermético. La música establece fronteras. ¿Bach? La música se confunde con el rumor de los motores. Es un vuelo tranquilo y la lectura avanza con singular fluidez. La música es papiltación y aliento. Anotaciones que reflejan el estado de un momento vital: la amistad. Un niño llora y hombres maduros consultan sus dispositivos: crucigramas y fotos de viajes. Una concentración excesiva. La lectura abarca una totalidad que se enmascara en la niebla. El género, el estilo, el miedo, la vergüenza, la inseguridad, una estructura, una dinámica ya prevista, el estatismo, la redención. Las palabras son evocadoras. Cierro los ojos y trato de no pensar en nada, salvo la realidad del vuelo: las explicaciones que la ciencia arroja sobre los hechos se apartan a un lado para elevar el misterio que la vida cotidiana otorga. La vida cotidiana es un espejo sin azogue.
+ Madrid (1). La lírica de los objetos. Nacimiento, vida, muerte. La ultramodernidad se desvanece. Deshilachados jirones de niebla. El suburbano contiene la metáfora del momento. Maletas, teléfonos, gafas, bolígrafos, abrigos, zapatos, pantallas, esferas donde se alojan cámaras. Sueños imperfectos que atraviesan el trayecto, sin una finalidad. Una señora entra en el vagón y explica porque se ve obligada a pedir una ayuda. Su rostro es tristeza y dolor, pero, también, hay dignidad. La dignidad es profunda y sólida. En el Mp3 suena María Callas, se une a la sensación de desamparo. Todavía es temprano en este sábado de noviembre. Una rutina.
+ Madrid (2). (…) arrojaba polvo de oro a los perros. ¿Soy yo?
+ Madrid (3). El todo terreno es un símbolo de seguridad. Barrios con acceso restringido y especulares superficies comerciales, autopistas y barreras automáticas. "Estos vehículos parecen disipar el temor que la clase media urbana siente cuando se desplaza por su ciudad de residencia o se ve obligada a detenerse en algún atasco". [Ray Surette: Media, Crime and Criminal Justice, citado por Z. Bauman en Vida líquida]. Cinco días en Madrid, cinco días fuera de casa; durante este intervalo de tiempo leí Vida líquida y, simultáneamente, su núcleo era un contraste entre el desarrollo del viaje y lo obvio que se extendía ante mis ojos. Los barrios, los medios de transporte público, los márgenes sociales, mi propia posición en el mundo y su flexible inconsistencia, la estructura del poder [se intuye y uno no sabe si su percepción es acertada o errónea, pero se mantiene esa desconfianza que conduce a una verdad que, paulatinamente, se fosiliza]. Hay una melancólica sensación de pérdida: son los años, tal vez, es el momento histórico, quizá. Ha terminado la postmodernidad, me digo ante un semáforo. Los coches cruzan rápidos ante mí, colores y formas, escenarios de comedias y dramas. El cielo está limpio y espero mi turno. La música también aporta hermetismo, me repito y observo los perfiles del Reina Sofía. Como burbujas o espuma liberada, así se desplaza la masa. Hay africanos que venden bolsos falsos, discos piratas y bufandas o guantes. La calidad del aire es transparente y tiene un tono ocre en el azul tan puro. Me parece que todo ha llegado de un mundo que he olvidado. La sinestesia me asalta: el olor tan penetrante de una muchacha que me pide la hora: entre humo de tabaco rubio y limpieza y jabón con aroma de remotos baños ingleses. El Museo espera. Se evoca otro tiempo y la melancolía se ha licuado. Soy otro porque soy el mismo: lo paradójico es mi signo. La muchacha se pierde en la multitud.
+ [Sinestesia: con la mezcla de tabaco y la lozana limpieza llega el aliento de la adolescencia. Tan lejana. Calles húmedas, lecturas virginales, tabaco, elevación, alcohol barato, el sonoro pop, el martillo de los deseos, aroma de invierno, monedas y hachís falso. Descreídos, cínicos, pálidos. Guitarras, amplificadores, playas en invierno. Otra vez se pierde en la multitud, durante unos minutos permanece una melancolía evaporada. Esa sensación agradable, el spleen, la transparencia, la niebla, el desarreglo].
+ Madrid (4). Las oportunidades perdidas. El amor, el sexo, el dinero. Hay una pequeña muerte en todo arrepentimiento. La melancolía es un atavismo. Diariamente se debe establecer una frontera clara entre el deseo y su consecución. Demasiado zen para este momento, me dice. Alguien me reprochó: no se puede estar inactivo. ¿Mi actividad? El estoicismo es una filosofía de señoritos, me dijo y volvió a beber de su cerveza, quedó en el vaso la marca aceitosa de su pintalabios y sacó de su bolso un omeprazol: mi estómago es un infierno en vida. ¿La acción? Recuerdo aquél momento, no tan lejano, pero de un modo vago, inexacto. Ubi sunt?
+ Imagen: los espejos y sus apariciones inesperadas. En un contenedor de escombros duerme el espejo, sin miedo, sin esperanza.
sábado, 8 de noviembre de 2014
Un año más tarde, Madrid (I) - [previous]
+ No era una causalidad, ni se podría hablar de inercia. Con todo, la librería se visita cada dos meses, cada dos meses y medio, tres meses: tal vez. La sección de poesía, el moderado aroma a vainilla, el crepitar, lejano, del tráfico. Novelas policiacas, ensayos de lingüística o biografías de filósofos [como guías en las nocturnidades y mapas para las iluminaciones, iluminaciones previas al sueño: aproximaciones y alejamientos de la mismidad]. Una historia imposible de la literatura universal o libros de cocina italiana para restaurantes fuera de Italia. La cocina italiana nunca falla, es la mejor del mundo, alguien musita a mis espaldas: ni siquiera le presto atención. Sin esperarlo, sin explicación, uno se da cuenta de que ya sólo compra/lee autores fallecidos: ¿es un signo o es un presentimiento? Sin indagar más, la vista regresa a la mesa de la poesía. Allí estaba el tomo de la poesía completa de Borges. Lo abrí en su justo medio [eso pensé yo y me equivocaba, pues era la página 613 de 642] y una suerte de retrato de Sherlock Holmes aguardaba mi lectura. Como una droga sutil, desveló particulares aspectos de una autobiografía temprana, sin alcanzar el arqueo final de la caja. Tan reciente está en la memoria Inglaterra [Bath, v. gr.] que el cotejo fue innecesario, aunque súbito. Se elevaron telones. La memoria como acto creativo alcanza la altura de las conversaciones con viejos amigos, donde se ha diluido el disfraz y el equivoco [=Madrid]. Con cincuenta años no se puede uno ocultar tras los engaños y las embocaduras, los libros ofrecen más que las palabras que contienen.
+ [Poco antes de comenzar a dormir]. Surge una conexión entre Maigret y Tintin. No es del todo imposible: la línea clara, el detalle, el gusto por la exactitud. Paisajes surcados por estilizadas carreteras, pueblos que bordean esa misma carretera más proximos a la perfección de la maqueta que al prosaismo de lo real, talleres mecánicos y su lírica de rótulos y herramientas y maquinaria, el atuendo, el trazo de la trama tan exactamente delineada como el dibujo está delineado con pulcritud. El sueño acoge placenteramente la idea, le da forma y se convierte en nota. La nota es este apunte. Transparente, el día es un regalo que contiene una cuestión compleja, de difícil escrutinio. Los enlaces que se establecen perduran y determinan la capacidad de evocar visiones, intuiciones apenas desveladas.
+ Poetas decimonónicos que atesoran un inquietante tono de sorpresa. En Madrid hay una conexion que se desliza desde Barajas hasta Atocha, allí persevera el ángel de la indignación.
+ Bécquer, Rosalía, Esprondeda. Una lista puede llegar a ser una vía para describir la realidad, para redibujarla. Detallar los intereses o las deserciones, los odios o las adhesiones, una contabilidad que aproxima lo exacto a lo verosímil. 10 canciones, 10 cuadros, 10 restaurantes, 10 poetas, 10 malditos. Meditadas o espontáneas, exhaustivas o exiguas, opacas o traslúcidas. Un grano de realidad que atraviesa velozmente el ámbito de lo cotidiano.
+ Prefiero disfrutar del paisaje que entenderlo. [4/11/14].
+ Imagen: [Londres, hace dos o tres semanas. Los fantasmas no se pueden resistir al encanto de las cámaras fotográficas: por ejemplo].
sábado, 1 de noviembre de 2014
La rutina.
+ Hablaron sobre la rutina detenidamente y sus conclusiones fueron opuestas. El trabajo como ordenamiento y el ocio como arbitro de todas las vidas. La habitación estaba mal iluminada y los vasos participaban de la luz del flexo: sus bordes eran círculos perfectos y dorados. Habían envejecido, casi sin darse cuenta tenían cerca de sesenta años. Ninguno había tenido hijos, ninguno tenía pareja. Dos hombres que pronto entrarán en la senectud charlan sobre los límites vitales, la hospitalidad y el vacío que toda vida contiene. El vapor del tabaco sólo era un recuerdo. Hablar y hablar, ya casi no leían periódicos, tampoco novelas,quizá algún ensayo. Uno de ellos sacó una libreta del bolsillo de la chaqueta y le mostró al otro unas notas. Sonrieron: un poema de sobremesa. Habían conocido charlatanes, estafadores, dealers. Todo se unía en un punto lejano. La indeterminación de su sistema de vida les había arrojado la comodidad de los años pasados, ahora estaban solos. De igual manera lo estaríamos, pero no lo podremos comprobar, dijo uno de ellos. Como tampoco podría comprobarse lo contrario, añadió el otro: más por polemizar que por encontrar una verdad pequeña y portátil que siempre deseaban. Y comenzaron una conversación sobre qué es la inteligencia y si hay o no hay tipos de inteligencia y si la soledad y la felicidad está relacionada con ella. ¿A quién le puede importar ya la felicidad?, dijo el primero y el segundo se rio: bebieron. La felicidad es para los criados, dijeron al unisono.
+ Una vez más llega la conversación sobre las estaciones de autobuses, cómo contrastan las estaciones de autobuses con las estaciones de tren. ¿Cuántas veces se ha intentado encontrar una explicación? Los vehículos, los pasajeros, la lírica del tren, la realidad implacable y ordinaria del autobús. La oposición entre los paisajes surcados: la brutalidad de la carretera, la bucólica poesía de las vías. Muchas otras razones poco convincentes. Pero el hecho está ahí y no se pude soslayar. Ella bebió de su infusión de las diez de la mañana y él apuró el café negro de máquina: barato y muy azucarado. La conversación era propicia, había comenzado una nueva edad en su relación de compañeros de trabajo. Hay fronteras claramente delimitadas, ésta había sido rebasada.
+ [31 de octubre]. La mañana no es fría, hay una tibieza que invita a lujuria, parece pensar el gato que camina despreocupadamente sobre la acera. Mi coche se desplaza con una agradable fluidez, los cambios de marcha son suaves y no hay interrupciones, no hay paradas bruscas e indeseadas. El tráfico es amable a pesar de ser viernes [otro viernes]. Antes de llegar a la estación de tren me fijo un grupo de tres personas. Estoy detenido en un semáforo cercano a la estación de tren. La visión dura un instante. Una postal, una esquirla de nocturnidad, el apunte de la juventud que se desvanece. Regresan de alguna fiesta, pienso mientras no se abre el semáforo. Un tren parte hacia el Sur. La chica viste de negro y va descalza, a continuación va la pareja [que se ayudan mutuamente a caminar, ya con una pasión amortiguada, que desea más el descanso que lo verdadero de los cuerpos]. Reflexiono: hay una derrota milenaria, que se ha repetido noche tras noches desde hace diez siglos, veinte siglos, tres años consecutivos: ellos lo saben. Los tres caminan vestidos de un negro existencial, un negro absoluto salvo una blusa de lentejuelas plateadas que aporta brillo e ironía. Hay algo triste y profético en su caminar, añado sin poder llegar al fondo de la afirmación. El tiempo borrará este día, pero, sin desearlo, prosperará esa tristeza, esa huella, el resplandor del momento que anuncia el final de la fiesta. Son las siete y media de la mañana y la jornada laboral comenzará pronto. Arranco.
+ Un poema anónimo, un fragmento: "Si la noche se hace escura / y tan corto el camino, / ¿cómo no venís, amigo?"
+ [Regreso del trabajo]. Conduzco con dificultad. Intento cambiar de carril para recuperar la dirección, una furgoneta me lo impide [intencionadamente]. En ella van un hombre y una mujer. Son jóvenes y parecen airados, agrios, funestos. Él se ha enfadado, pero ella le sobrepasa. Ella hace aspavientos y bracea, parece insultarme, parece amenazarme. Me causa una inquietante perplejidad. La agresividad y los nervios en un viernes de octubre, más allá del mediodía. Se produce una paradoja que nadie acierta a solucionar, la olvido sin desearlo. El tráfico se hace más fluido, pero es imposible alcanzar la dirección deseada. Es preciso serenarse y no pensar en nada: salvo en el hecho mismo de conducir. O ni siquiera eso. Aquí y ahora: es deseable el vacío, siempre es deseable el vacío.
+ Imagen: Brixton, octubre 2014.
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