sábado, 28 de agosto de 2021

Madrid, hoy, en la lejanía - Los últimos días de agosto

Madrid-Plaza de España
 

+ Como en tantas ocasiones, la radio me inspira. Escucho un programa sobre Galdós y su tiempo, la biografía del escritor y su obra. He leído algunas de sus novelas y creo que tengo una cuenta pendiente con él. Quizá la cuenta pendiente sea conmigo mismo, porque más que una cuenta es una laguna.

+ Regreso a esa tarea que resulta ser la lectura simultánea de tres libros de poesía. Desde que estoy embarcado en esta preparación para un examen que podrá ser o podrá no ser, he abandonado su compañía. Hoy, domingo, en el medio de cierto asueto vespertino, abro el volumen de Ángel González. No sé, quizá sea un certero adelanto; pienso cuando leo “Nota necrológica”, cobre la vida, “Su biografía / -es decir, su expediente- / se cerró un día de brumoso enero” Vuelve una idea de Madrid, de La Castellana, de Nuevos Ministerios, donde el poeta trabajó civilmente en el Ministerio de Obras Públicas (así se llamaba entonces el MITMA). Recuerdo paseos en ese entorno, recuerdo el interior del edificio, recuerdo algunas personas con las que tomé café o comí en aquella cafetería inmensa y desangelada. Lo presentí en los anchos pasillos orlados por las mesas de los uniformados conserjes. Leo el poema que se dedica a un probo funcionario, que más que una persona es toda una clase social de aquellos tristes años de la dictadura, y al leerlo regresa una parte de mí que ya es mineral, que se ha transformado en el fósil de los años noventa del siglo pasado. Ahora, en esta cabalgada o preparación para la plaza, ¿mi plaza?, todo ello adquiere un nuevo significado que el propio poema ilumina de manera extraña y certeza. Me digo, qué grande Ángel González, que maestría.

+ Dónde estaba yo en aquel Madrid, mientras bajaba yo por el Paseo de las Delicias hacia Legazpi. ¿Quién podría responderme?

+ Sé que en unos meses volveré a Madrid y quizá se cumpla esa costumbre de visitar la ciudad todos los años. Me lo dijo un primo mío en una ocasión: a Madrid hay que ir, al menos, una vez al año. No, yo no he tomado ese propósito, pero el rito se ha cumplido espontáneamente. Tiene para mí Madrid algo familiar pero al tiempo altivo y displicente, que me atrae con un poder que emana de mitologías infantiles y transfundidas por amigos y familiares. Oía yo de niño el nombre de la ciudad e imaginaba mundos que todavía palpitan, en las lecturas, en los cuadros, en las fotografías. Leía a Umbral y yo veía allí un París manchego y precioso, con difíciles contradicciones de abrigo de cachemir y morcilla de Burgos, vinache y sofá rojo abandonado en una calle cualquiera de Malasaña o Lavapiés. Algo absurdo y brillante, bendecido por el brazo perdido de Valle-Inclán. Una meta que se enraizaba con una Galicia mucho más mitológica que verdadera. Nunca seré otro que aquel que fui, aunque los matices enmascaren al adolescente que en la noche leía Las ninfas, aquella huída.

+ Y vuelvo a Francisco Brines. Hace un intenso calor que levanta polvo y arrasa la hierba que ha comenzado a crecer. Los frutos maduros se precipitan contra el suelo y la gata maúlla sin ganas: no tiene hambre, no tiene sed, tampoco quiere amor, tampoco quiere lágrimas. El tiempo se desliza y el estudio me aparta de los negros pensamientos. Como un ensalmo, como un conjuro. Leo poemas y la tarde languidece. Playas, carreteras y el océano infinito. Vibra la cuerda última de la guitarra, una nota que queda suspendida en el aire, esa tensión liberada. Memoria y abrazos, el café templado, papeles y bolígrafos, libros, apuntes, rotuladores rojos y rotuladores verdes, sin miedo, sin esperanza.

+ Radio Futura, como baliza de un Madrid que nunca conocí y que siempre tengo muy presente. Mientras recorremos la carretera que bordea la costa, C. y yo escuchamos a Radio Futura. Viejas canciones, “señales de otro mundo.” No me parecen tan antiguas las canciones y yo menos viejo (no soy viejo). La luz de las última de la tarde matiza los perfiles de Vigo, esa línea quebrada. Aquí y ahora, comienza todo, bajo el manto de esta música.

+ También escuché un poema de Gloria Fuertes, recitado por ella misma. Así, terminó el lunes.

+ Imagen: Madrid, Plaza de España, desde la última terraza del Hotel Riu.

sábado, 21 de agosto de 2021

Si escribiera un poema [...]

Change

+ Observo al vendedor de coches. Lo observo con detenimiento. El pelo engominado, la camisa con rebordes en otro color ligeramente más claro, con pespuntes rojos, la colección de pulseras, colgantes y medallas que asoman en el cuello desnudo. Me pregunto si tendrá tatuajes. Lo observo. Su gran anillo y la voz profunda, la dicción lenta. Observo su letra infantil y su seguridad, una cierta arrogancia, una cierta incapacidad para las preposiciones. Mis deformaciones me llevan por una senda de indicios y dudas. No está de acuerdo con lo que le digo y eso le disgusta mucho. No es algo personal, pero se transforma en oposición en la que la identidad parece jugar un papel relevante. Termino, me despido y no me devuelve el saludo. Al día siguiente, su inmediato superior me llama y se pliega a todas mis indicaciones. No pienso mucho sobre el tema, queda en el aire la colección de pulseras y collares que me dieron la impresión de ser su característica más relevante. El vendedor de coches tenía materia para encarnar un retrato muy de nuestra época, esa atmósfera que se desprendía de su persona.

+ Escucho hablar en la radio sobre aquel escritor que tanto leí. ¿Cómo ha variado su imagen, cómo se ha desplazado? No soy el mismo y las razones de mi interés por él han variado, hoy son bien distintas, sino opuestas. Como el vendedor de coches, lo observo en la distancia, entre la tumba y el panteón, la biblioteca y el cuaderno de apuntes.

+ Soy un observador o soy un investigador; quizá, ambas posiciones son compatibles.

+ Durante un breve instante llegó hasta mí un aire londinense. Vi una foto de una chica que trabaja en un club musical, busqué datos sobre ella en la red y surgió un mundo recóndito y sin mayor existencia que el ámbito de lo imaginado. Pero lo importante era el recuerdo de las calles, de los mercados, de las plazas y las tiendas, esos mimbre que permiten imaginar vida que nunca llegaremos a atisbar. En ese orden, ella encarnaba el esquema necesario del emblema, como resultado de todo lo posible, lo que se transmite, la noción de belleza y la atracción que produce la juventud. Nada más lejos.

+ Debo esperar hasta las cinco y media y de la estantería tomo Habla, memoria, de Nabokov. Leo veintitantas páginas y creo entender mi fascinación por esa prosa del detalle y la exactitud. Eran otro tiempos, pero los actuales conservan aquella semilla. No se trata de la escritura, sino de una forma de ver y me pregunto si se puede separar una cosa de la otra. Nabokov inicia su libro de memorias con la muestra de los dos abismos en los que está constreñida la vida de los hombres: antes del nacimiento, después de la muerte. Ambos abismos son igualmente insondables e incomprensibles, pero el primero parece tener una expresión menor. Esto sucede hasta que nos llega una foto de nuestros padres anterior a nuestro nacimiento. Todo estaba ahí, salvo nosotros. ¿Me acompañará la idea a lo largo de la semana, es, acaso, la semilla de otra idea?

+ Si escribiera un poema, encuentro el título.

+ Con cierta fluidez discurren los días, el olvido y la concreción de las tareas diarias celebran una alegría fugaz pero intensa. Sonidos aplacados, la música de los pájaros, el traqueteo de las teclas del ordenador, los subrayadores, los lápices, el bolígrafo de punta fina, el rotulador grueso, el sabor del café, la luz y las sombras, un perfil y otra sombra. Una suma y una resta. Los días se encuentran en ese terminarse que es la noche, ahí indago poco antes de dormir.

+ Imagen: la esquina que todo lo acoge.

sábado, 14 de agosto de 2021

Cambio y movimiento

Serralves
 

+ Las conversaciones en las cafeterías se suceden sin mucho orden pero con una estructura subterránea que surge de su propia espontaneidad. De un tema a otro, sin mucho interés, salvo escucharse y decir, establecer preferencias y desencuentros con los gustos, se elevan pretensiones fútiles, volutas innecesarias o arabescos teñidos de viajes y lecturas nunca concluidas. Por alfileres se ven cogidas la razones y los argumentos, pero poco importa, solo cuenta el paso del tiempo, la infusión, el café o esa pequeña copa de licor que endulza las bocas sedientas de placeres minúsculos y cotidianos. La personalidad es así: afirmación, identidad y convicción. El silencio muestra una senda que conduce a la observación y el estudio. Personas que vienen, personas que se van, sus logros, sus preferencias, la distinción de un restaurante y la esclavitud de una relación imperfecta, desigual, asimétrica. Todo tiene ese aire dominado por la necesidad de cambio e impermanencia. Al final, la noche termina y todo ha sido un sueño regado de palabras y risas, imágenes y recuerdo, estallidos y silencios. Nadie ha regresado, hoy. Es lunes.

+ Mi actividad se ha visto modificada, el ritmo de los días es otro porque se ha impuesto otro orden en función de las nuevas obligaciones. La flexibilidad ante el cambio se muestra como una tarea y una meta, y, más que una destreza o habilidad, se trata de una disposición larvada, que emerge en el momento necesario. La determinación, tal vez.

+ En la radio oigo un podcast sobre Emilia Pardo Bazán. Se transita sobre las cuestiones del determinismo, en el que ella parecía no creer pero que sí lo reflejaba en sus novelas. La invitación está sobre la mesa. Se trata de ver si leo o no leo La cuestión palpitante. Creo que se trata de una tarea pendiente, que promete aportar claves en alguno de los temas que articulan una suerte de guía de viaje que voy construyendo. Ay, esos temas abiertos que se completan con lecturas y conversaciones, fotografías y esquemas, el croquis y su referente. Apunto el libro en una lista de “deseos” y creo haber participado en su naturaleza, de alguna manera, pero  no es así. Nadie se baña dos veces en el mismo río, pero debe, al menos, bañarse una vez para adquirir su conocimiento.

+ Extraño estudio y preparación de un examen. Conocimiento que aunque no me resultan extraños sí son lejanos, huidizos, con una aplicación práctica que me lleva a situarme en un polo opuesto al acostumbrado. El cambio de rumbo indica que las posibilidades son casi ilimitadas, en ello descanso mientras me olvido de desaires y rencores (no míos, por supuesto)

+ El rencor es un vicio de tontos, porque no se obtiene nada a cambio, solo un sufrimiento que al objeto de ese odio no le afecta.

+ Imagen:Serralves, nunca tan lejos, nunca tan cerca.

sábado, 7 de agosto de 2021

En las tardes de agosto

alguienqueespera

+ Ayer viernes estuve a punto de morir en un accidente de tráfico. Fue un instante, un suspiro en un adelantamiento. Vi el coche negro venir hacia mi y, con pericia, lo esquivé. ¿La muerte? Un poco más adelante me detuve y continué escuchando el programa de radio en curso mientras el percance sucedió, el percance que no llegó a tener lugar. El programa trataba sobre la persistencia de los muros de la paz (peace walls) en Belfast. Descubrí que el conflicto todavía estaba allí, que las rencillas estaban enconadas y que el asunto de la identidad permanecía y continuaba separando las comunidades, católicos y protestantes. Yo estaba vivo y el asunto de Irlanda del Norte me interesaba, pero podía estar muerto y haberme desvanecido definitivamente. No sucedió y mi reflejo en el cristal del retrovisor me devolvió la estampa de un hombre cansado pero todavía con ilusiones y con la capacidad y la fuerza para luchar por algunas cosas que no se oponen a nadie, desafíos que unen un buen estado físico con el esfuerzo intelectual. Ay, el conflicto.

+ Ver la cara de la muerte no se traduce en algo tangible, al contrario, la muerte como tal no tiene existencia y uno percibe cuando está frente a ese momento, por llamarlo de alguna manera, la fragilidad de lenguaje y lo necesario que es nombrar todo. Esto último, nos distancia de los animales grandemente, igual que la conciencia de nuestra finitud. Ningún animal tiene conciencia de la muerte, mucho menos la palabra adecuada para el evento . Hay un antes y un después, cierto; todo cesar pero ¿nombrarlo? . Poco más puedo decir. Absolví culpas y me entregué al placer de una bifurcación que no tomé. Lo entendí así mientras cambiaba de emisora y comenzaba a arroparme una intensa melodía barroca. El Barroco estaba allí, en la filigrana vegetal, en la certeza de la caducidad de la vida, en la posibilidad de un otro camino que no se tomó. Ahora lo escribo y trato de establecer un punto de conexión entre lo diario y lo excepcional. Todo quedó en el regreso a lo cotidiano, la auténtica vida.

+ Mientras C. y yo tomábamos algo en una terraza, a nuestro lado una pareja joven se reían, se besaban y proferían gritos que anunciaban alegría. Ella me pareció expectante y él  resultaba violento, en sus palabras y en sus gestos. Ella no tenía tatuajes visibles, él tenía los brazos cubiertos. Parecían tener en torno a los veinticinco años. Él no paraba de realizar declaraciones sobre su persona y sus gustos, sobre su personalidad y sus fundamentos vitales. No me gustaba escuchar aquellas razones pero resultaba imposible no hacerlo. No me gusta juzgar, pero el juicio es una esfera que se desliza por un plano inclinado. No lo dudé, se trataba de una persona violenta y ella, me pareció, sumisa. Una vez más me pregunté por cómo el carácter es invariable o sobre la posibilidad de mejorarlo. Se alejaron calle abajo, con un paso nervioso y la tensión invariable del comienzo de una relación. Es más que probable que no los volveré a ver nunca, pero esa sensación que me dejó la escena se apoderó de lo que de la tarde quedaba, en ese viejo compañero de viaje que es el determinismo o la posibilidad de un libero arbitrio. No sé, me inclino por lo primero.

+ Al hilo de lo anterior, he leído unos interesantísimos artículos del psiquiatra Pablo Malo sobre el mérito y el talento. El talento es como la belleza, la inteligencia como la estatura que se alcanza (aunque está, indudablemente, depende de la alimentación y otros, nos encontramos con hermanos que llevando un mismo sistema de vida uno es alto y el otro bajo, y de la misma manera: uno triunfa académicamente y el otro es un desastre). Mi interés se centra en esa tóxica y violenta frase: “si quieres puedes”, por lo tanto la situación que disfrutas o padeces depende sin duda de ti mismo. No estoy de acuerdo con que la voluntad cubra todas las carencias que tienes a causa de la lotería genética (no hablemos ya de la lotería social, que tan determinante resulta), pero esto tiene una implicación muy controvertida y aquí entra lo anterior. El chico que vimos en la terraza tenía un carácter violento, era palpable, pero ¿eso es consustancial a su persona, es algo adquirido y modificable? Si es lo primero la culpa se disuelve y la aparición del concepto de culpa me preocupa, me preocupa mucho. ¿Somos culpables de la posición vital que ocupamos, es meritorio alcanzar determinadas jerarquías? Si le preguntamos al que ha llegado a un puesto alto en la vida, sin duda, dirá que el mérito es del trabajo y de su recta diligencia. ¿Qué dice el fracasado: yo tengo la culpa de mi fracaso? La culpa, esa tenaza, el mérito, ese premio. Seguiré indagando porque es un tema fundamental, del que tengo algunas certezas, pero más que certezas son indicios.

+ […] “donde no hay fin seguro ni horror breve”, verso del segundo terceto del soneto del  Conde de Villamediana dedicado al Conde de la Coruña con motivo de su asesinato.

+ El domingo por la tarde cayó una lluvia normanda. Espesa, gris, lírica. Un aliento que nos recordó días del pasado, de un viaje en 2019. Normandía. La lluvia desdibujaba la autopista y de los automóviles quedaba solamente el rastro de sus pilotos rojos, las luces ámbar también. Los recuerdos se enlazan sorpresivamente e iluminan el transito inasible del presente. Fue tomado el día como una celebración del agua, el café y las meriendas en las panaderías con cafetería. Un pequeño regalo, inesperado y agradable.

+ Imagen: alguien que espera o que indagaba en el horizonte del museo, no lo sé, nadie lo sabe, ni siquiera el protagonista de la foto. ¿Es él es el protagonista de la foto?

sábado, 31 de julio de 2021

Ceniza

Oporto

+ Observo que un aire de pesimismo se ha instalado en mi entorno, quizá rebase este mi ámbito y se trate de una alog más generalizado, un algo que se relaciona con el espíritu de nuestro tiempo. La subida de los precios, el decalage entre ingresos y gastos, la inflación, el cuestionamiento del sistema de pensiones, la pandemia y sus consecuencias, la crisis y la deuda soberana. Estos puntos y muchos otros convergen en el ánimo de los que me rodean, de una manera consciente o inconsciente, pero con una presencia indiscutible. Vuelvo yo a Marco Aurelio y el remedio es eficaz pero la última lanza se ha roto. Si se ha roto otra habrá que fabricar, me digo. Fundamentalmente, como sostén de la vida, el problema es económico.  La resignación quizá no sea una virtud, me lleva a pensar en la exposición que una persona de veinticinco años hace, donde todo el peso del esfuerzo recae sobre el trabajador, el pensionista , el funcionario o el parado. Se centra su argumentación en que el dinero no llega, pero al mismo tiempo percibo con claridad las calas que el mismo tiene, la falta de apoyo en la realidad y la manipulación que se percibe. El discurso ha calado y la resignación se instala, pero todo tiene un límite, me digo, la tensión se puede mantener hasta un punto y a partir de este el pronóstico carece ya de sentido. Le digo que sí y se ríe al tiempo que trata de lanzar un mensaje de esperanza, pero en él, sin duda, el pesimismo lo ha empapado.

+ Acertada me parece la etiqueta "terror o miedo ontológico."

+ Hoy un podcast me he llevado a un poeta muy joven (17 años,  ganó su primer premio con 14  y comenzó a escribir con 7 años). Se llama Mario Obrero y sus poemas me han deslumbrado. Hay un aliento divino, pero no es mérito sino nacimiento, una conjunción de genes y posición. La vida admite posibilidades varias, pero se traduce en una única existencia. Llega el sábado y leo en una librería el poemario que ganó el prestigioso premio Loewe. Me quedo en blanco porque no soy capaz de enjuiciarlo o no deseo hacerlo porque me invade la abulia, una desazón instalada en mi interior desde hace casi un año. Mario Obrero se aleja de horizonte. Hay una distancia generacional importante y he aprendido a leer fuera de mí mismo, lo que no implica que el criterio no esté condicionado por la época, lo social y lo político, la economía o los puntos de vista del momento, este momento de tanta profundidad y desazón. Debo decir que mi ración diaria de poesía está integrada por tres poetas: Joan Margarit, Ángel González y Francisco Brines. ¿Es desde ahí desde donde leo? La pregunta no se responde y vuelvo sobre el pequeño tomo. Hay algo que me gusta y que se conecta con lo cotidiano, con la verdad de las pequeñas cosas que dicen más de lo que se espera de ellas, si se las sabe escuchar. Y de escuchar se trata y en ello me quedo, con el juicio en suspenso. Volveré sobre el poemario, en la librería, un sábado cualquiera, cualquier sábado.

+ La certeza de la mortalidad se traduce en una tristeza que debe ser vencida. Llegar a un estado de plena calma es la meta, una oculta meta que, sin duda, llegará. La certeza de la muerte es una herramienta para enfrentarse a las dificultades, pues en ella todo tiende a la nada, lo bueno y lo malo.

+ No puedo menos que pensar en el Don de la ebriedad de Claudio Rodríguez. Y ese pensar me lleva a la consideración que el estallido meritorio de la poesía más nuclear se da en esas edades en las que, para la mayoría, hay un debate entre la edad adulta y la niñez, o esa prolongación que resulta ser la adolescencia. El que tiene una visión y la capacidad para trasladarla está próximo a la divinidad, pero ese don no es para todos ni todos lo pueden soportar. Cómo no pensar en Rimbaud. Y así, la mañana avanza, con el rescoldo del sueño, con la enfermedad del pasado y sus venenos. Soy yo el que se daña y la poesía no me cura, pero tampoco la evito. “Siempre la claridad viene del cielo”. “Es un don”, me digo y no vuelvo sobre las razones biográficas que arrastran el torrente de la vida.

+ Los días pasan y el verano se desvanece, poco a poco, imperceptible y paulatino se hunde en el abismo del olvido. Veo niños felices, jóvenes que no esperan nada salvo el anochecer, gatos y perros despreocupados. Siento la nostalgia de lo que no se vivió y me duele su embate, lo resisto pero no alcanzo la ataraxia, la deseada ataraxia. Busco ese instante de eternidad y no aparece. Un poema, tal vez, un poema que me dé una clave para abrir la puerta de la calma. Sólo es un momento y todo regresa al punto de partida. La biografía que estudio todos los días me da razones y me quita certezas. Llego, una vez más, a ese condicionante que es el carácter. Estudio y los días pasan. No tengo otra cosa que una voluntad de hacer, de reconstruir lo que no se ha derrumbado. Lo atisbo. Conduzco con la leve compañía de la música y el aire acondicionado, no son vicios. ¿Vicios? ¿Por qué depositar en todo una razón moral que nos condicione? Trato de dejar la culpa y el pecado en un apartado olvido. Lo intento, una vez más.

+ Tras la espesura de la noche, llega el día con noticias preocupantes sobre la salud de un conocido. ¿Es un aviso? El peso del párrafo anterior se ha disuelto en el pleno y soleado jueves. El ruido percutor de una maquina que tritura piedras, el maullido de la gata, la pauta que marca el reloj de pared. ¿Tan costosa es la calma? ¿Y, si es costosa, es calma? Avanzo en una oscuridad con la convicción del sentido del trabajo bien hecho, poco más.

+ Imagen: Oporto, hace unos años.

sábado, 24 de julio de 2021

Vapor

Recorte
 

+ Los dictámenes médicos y las sentencias judiciales me llevan a pensar que la ciencia no es tanto un resultado como un camino. Ciencia no es otra cosa que un sistema de establecer un conocimiento, pero el conocimiento en sí mismo necesita que se pueda cuestionar (Popper y lo falsable) .  ¿Por qué cuando tenemos una dolencia grave o debemos someternos a una operación pedimos una segunda opinión? ¿Porque desconfiamos de la medicina o porque sabemos que hay un margen complejo entre la interpretación de los hechos y su verdad, porque sabemos, espontáneamente, cuál es la naturaleza de la ciencia? Me parece que con las sentencias controvertidas sucede otro tanto; no alcanzamos a comprender, legos en la materia que somos, su alcance y su extensión, su fundamento, que va más allá del hecho concreto, ese hecho concreto que se diluye en la materia histórica, que sin conocer la serie es imposible valorar.

+ El calor resulta pesado. Una fina capa se deposita sobre los objetos y yo me pregunto por el ser del que nos habla Parmenides. Hay un acento poético que me persigue, lo observo y se relaciona con una idea de totalidad, con una extensión que va más allá de lo que he leído, de lo que comprendo y de lo que recuerdo. Es una forma de estar, me digo y contrapongo un verbo contra el otro: el ser, el estar. En portugués todavía tenemos, a mayores, ficar. Fica en bora. Nada me interrumpe mientras conduzco: música barroca, el aire acondicionado y las lecturas del día que resuenan en mi cabeza, como si dos sabios me examinasen sobre las mismas. Respondo y rehago todo lo leído, las notas tomadas, las dudas y las certezas. El calor es pesado y el frío aire que expulsan la toberas del auto lo mitigan, lo transforman en una agradable sensación. Siento mi edad, la finitud y me desdigo. Alguien dijo que cuando conoció a su marido era un hombre triste, pero ahora ha cambiado; el sonríe y asiente. La tristeza, la alegría, la desazón, el pesimismo, el cansancio del futuro. Vuelvo a Parmenides y esa fina película todo lo recubre. ¿Es el ser? Hoy no leeré nada más.

+ Los cuadros en el recuerdo se transforman en imágenes que difieren de ellos mismos y se trasladan a una idea de las salas y de los espectadores, como si el cuadro en sí mismo fuese una baliza de aquel momento en que estuvimos ante su presencia, como si el cuadro nos llevase a un contexto breve y huidizo. Así, bajo este paraguas, recuerdo a las personas que vi aquel día que estuvimos en el museo de Rouen, ante un cuadro de Monet. Recuerdo la catedral de Rouen. Recuerdo haber visto en Rouen El barbero de Sevilla. Recuerdo a aquellas personas en el museo con el amparo de una sombra de ensoñación y tristeza, una delicada y elegante tristeza (tal vez no era tristeza, sino un spleen snob y tardío). Una intención de relación entre ese presente y el que vivió Flaubert. Pero no, todo se transformas y los recuerdos son bellos, los días que fuimos felices en Normandía C. y yo.

+ Descubrimos, por ensalmo, detalles que iluminan una idea de nuestro pasado, y no se trata de un pasado histórico, sino de un pasado personal e íntimo y, en apariencia, sólido. La imagen de una persona se ve modificada a la luz de datos ignorados, que, pretendidamente, permanecían ocultos para preservar esa su identidad. Bien. Pero la mentira aunque se esconda tiende a emerger y, cuando esto sucede, su aparición trastoca la realidad, la realidad de la persona en cuestión. El engaño, el ocultamiento, los rostros duplicados, la emboscadura, la rabia y el rencor. Un todo que contribuye a desdibujar el perfil de la persona que creíamos conocer. El proceso puede ser paulatino o abrupto, pero, en cualquier caso, irreversible. Un caso para estudiar, un caso para estudiarnos. Nunca el cambio termina por llegar a su culminación.

+ Ayer, mientras descendía en coche, a una velocidad moderada, desde la montaña hacia el valle, llegó una iluminación. Ese percibir la vida en una modera inmortalidad, en un intenso instante de eternidad. Esa sensación del adolescente que se cree imbatible, que la muerte no va con él. Como una droga, como el suspiro de un dragón al acecho, el león que se despierta sabiéndose soberano. Me dije, sin rubor, sin presunción, una de mis virtudes centrales es mi carácter magnánimo. Esa es mi victoria, aquí comienza el tiempo y aquí termina. Entonces fue cuando, en la radio del coche, comenzó a sonar Bach.

+ Cuando la liquidez es un rasgo de nuestro tiempo, a veces, pienso que lo próximo será el vapor. El vapor como signo y como síntoma. Lo veo, lo estudio y lo propongo a mi mismidad, en silencio. Todo desaparece tal que agua que hierve. Así, la política, la historia, la sociedad, ese desvanecimiento que conduce al vapor. Seguiré en la senda.

+ Imagen: hace años, de un cartel que anunciaba o una obra de teatro o una película, disparé sobre esta mano, un recorte. Queda en el evaporado pasado la imagen de un algo que ya no recuerdo y esta constatación es una presencia "que se desvanece."

sábado, 17 de julio de 2021

Velocidad

Fragmento

+ “Al final todos fracasamos”, escucho a Juan Marsé en el programa Documentos de RNE. El programa me interesa mucho, lo sigo hasta el final y queda, cómo no, un regusto amargo. Su vida es una vida especial pero en los rasgos principales se equipara con todas. Ese punto de unión me devuelve la otra cara de la moneda, la voluntad de un estilo, la consecución de una prosa fruto de una intuitiva inteligencia. Rescato algún libro suyo y leo párrafos al azar. Percibo la música y la afinada perfección estructural, quizá sea suficiente y no creo que deba adentrarme en razones sociológicas que expliquen el éxito de sus libros, la traducción de los mismo a la gran pantalla y el alcance de los premios más prestigios del país. En fin, quedan los libros y, de alguna manera, las biografías se deben dejar a un lado si lo que se quiere es llegar a eso que podría ser un núcleo, como si se fuese posible apartar diferentes capas que componen el hecho literario y escoger lo que nos viene bien en cada momento. Me quedo con la frase, con esa constatación del fracaso, porque así es: todos hemos de morir, lo que cierra toda biografía al tiempo que le da sentido, una explicación a todo el recorrido y a toda la trayectoria vital del escritor y del ciudadano común. Nosotros.

+ Recuerdo haber olvidado, intencionadamente, un libro de poemas en un aeropuerto. Me molestó su lectura, quizá el tono grandilocuente, la vacuidad y lo prescindible de su escritura. Los poemas aludían, cómo no, a la caducidad y al paso del tiempo. La estela que trazó sobre un viaje que hice, hace más de veinte años, a Andalucía contaminó el regreso, con el sabor del tabaco y un whisky todavía palpitante en el paladar. Recuerdo la portada, me he olvidado del título (no es cierto). El otro día, en el camino de regreso, en la radio surgió la voz del poeta y sus declaraciones me parecieron ingenuas pero no vanidosas, como yo presumí en un principio. Hablaba de sus años escolares, de las lecturas y de su afición al futbol. Resumí la entrevista mentalmente y, cuanto terminé, me dije que debería volver al libro que abandoné en el aeropuerto. Bien sé yo que no lo haré porque la tasación de las lecturas a día de hoy es otra y ese elemento no entra en este mi canon. Pero me pareció bien, me gustó esa reconciliación con un autor que quizá no se merecía aquel desprecio. ¿Soy otro? Nunca soy el mismo y, por lo tanto, lo leído varía como varía la persona. Hoy trataré de no verme reflejado en ningún espejo.

+ No conseguí evitar mi reflejo. Allí estaba yo y no era yo. Es mejor no pensar mucho, decía un compañero de trabajo, y, al tiempo, otro apostillaba: mejor no pensar nada. No pienso nada. Abro el teléfono y le doy al enlace. No pienso nada. Lo intento. Mi rostro en el espejo es la certeza de la vida. Veo mis libro y carezco de palabras para emboscarme.

+ Escribe una referencia en el buscador y casi instantáneamente tiene el documento. Parece un milagro y no lo es. La técnica pone en nuestras manos lo que antes era un trabajo arduo y con unos desplazamientos implícitos. No sé si me desagrada, no sé si estoy conforme, pero sí perplejo porque no encuentro una rendija para automatizar estas rutinas y eso equivale a una cierta dosis de ansiedad, pues la textura de la vida es en estas situaciones cuando se revela. El aburrimiento, la angustia, la percepción del paso del tiempo forman una triada que eleva la descripción y la constituye como explicativa realidad. Desisto y no busco más. Al tiempo, recuerdo ver, hace un momento, un artículo sobre el origen de un insigne escritor y estuve tentado a abrirlo y leer, pero no lo hice. ¿Estoy desmotivado? No, estoy perplejo ante el avance turbo acelerado de la técnica y la poca explicación que encuentro para ello, salvo la constatación de lo absurdo de la vida, su falta de sentido, esa textura que me arroja el vértigo de la híper-velocidad. Aquí cierro este paréntesis.

+ También el dolor o principalmente el dolor nos da la medida de nuestra persona.

+ Imagen: fragmento de un mundo desaparecido, mi pasado, tu pasado.

sábado, 10 de julio de 2021

Mundo extraño

 

OIA

OIA

OIA

+ Con ánimo y entusiasmo trabajo en la Fábula mitológica de Faetón del Conde de Villamediana. El relato del mito de Faetón se acopla a la biografía del autor con una esperada simbiosis. El Conde ascendió y terminó por caer, como sucede con el hijo de Apolo. ”Oponte a la invasión de tu destino”, le dice Apolo a Faetón, algo que no es posible. Se une, así, este verso a aquella máxima rescatada de Heráclito de Éfeso: “el carácter es el destino”. Escribo y no puedo dejar de interrogarme sobre mi condición, sobre qué mito debería elegir para mí, como emblema, como el Conde parece haber elegido a Faetón, pero también a Ícaro. No encuentro respuesta, no quiero encontrar una solución.  

+ A destacar: la rima Fortuna / Luna.

+ Regreso al programa de lectura: Paradiso y la poesía de Ángel González, Francisco Brines y Joan Margarit. Es sábado, llueve y hace calor, el ambiente está templado.

+ Ayer, C. y yo, fuimos a recorrer la costa entre A Garda y Baiona. En primer lugar, merendamos unas croquetas y un revuelto en A Garda, al tiempo que bebíamos cerveza helada. Magnífico. No hacía calor, no había viento, no había alborotos. La tarde poseía una calma basada en un cierto estatismo. No era temprano y decidimos regresar por la línea de costa antes mencionada, esa hermosa carretera con las montañas a un lado y al otro lado el océano. Fue cuando decidí acercarnos al Monasterio de Oia. Ya casi eran las diez de la noche. Había una fiesta en las inmediaciones y la gente bebía y charlaba, se reían y parecían felices. Pensé en los días del confinamiento y en que a mí no me afectaron tanto como le afectaron a otros. Se reían, ¿felices? La alegría contrastaba con la hierática permanencia de la mole de piedra, que se enfrentaba al océano en un imposible combate. La razón de ser de los monasterios y cenobios, el océano, el silencio roto por la olas y el ruido del motor. Mundo extraño.

+ “Todo se hunde a sus pies: ideología, patria, familia, fortuna, prestigio, es decir, honra. Todos los sueños juveniles se concentran en un destierro monótono y silencioso - a él, todo ruido, ornato y soberbia - junto al río Henares.” En la introducción de Obras del Conde de Villamediana, por Juan Manuel Rozas.

+ La imagen de Villamediana es la imagen del fracaso del que todo lo tuvo, y un todo, sin duda, gobernado por la soberbia. Nada escapa al barroco triunfo de la finitud y su obra nave este mar de desengaño y exceso. El desengaño es uno de sus más característicos emblemas, gobierna su poesía desde el inicio hasta el final, tal que un río subterráneo, un filón donde asoma su imagen desdibujada. Leo un soneto y pienso en instante en que culmina su composición, el tiempo que ha pasado desde entonces, la jerarquía que se ha impuesto, la brevedad de esta y recuerdo un programa sobre edades geológicas que ayer escuché en RNE. La poesía y las edades geológicas atemperan la perspectiva del diario, porque, así, lo cotidiano y la rutina quedan disueltas en ese terminarse que es la vida. Triunfa el Barroco, entre formas vegetales esculpidas en dura piedra y el incansable tic-tac del reloj; se muestras la vida en su plenitud veraniega.

+ Muere el día. Un vaso de café colmado, el teléfono, bolígrafos y rotuladores, libretas, un altavoz inalámbrico, folios, cuatro pinzas, libros, libros, una memoria externa, libros, una moneda húngara, fichas cubiertas, fichas vacías, fichas limpias, notas adhesivas, cables, un reloj, diccionarios, manuales, novelas y ensayos, el calendario, fotos, extensiones, libros. Muerte el día y los objetos dejan constancia de nuestro paso y tránsito por su dimensión. El tiempo y el espacio se confunden mientras caigo en el sueño, al que acuden historias que no recordaré. Despierto tranquilo y veo la hora en el teléfono. No es hora de levantarse y todavía podré dormir un poco más. Caído en ese hueco que es el sueño. Me transporto a otras edades que ya no me interesan. La edad no es una cárcel, la persona sí. Amanece, me levanto, hago ejercicio y la reiteración del día es un espejo donde disolverse. Regreso a la rutina.

+ Imagen: tres momentos, el mismo día.

sábado, 3 de julio de 2021

Un instante de decadencia

 

Simetría

+ Un instante de decadencia, el ánimo se transforma en niebla, este desvanecimiento contrasta con la luminosidad del día. Analizo los motivos y esta estrategia no funciona. Un refugio, tal vez. Una pausa, quizá. El ritmo que marca el segundero del reloj guía la escritura, lo que ahora escribo. Las razones se desvanecen y algo tiene que ver con la generalizada inconsistencia, con la certeza del cambio. Nada permanece, me digo y veo el vaso con café medio vacío, medio lleno; no sé. Un poema, tal vez. Son esquirlas de lo cotidiano contra las que luchar, pero, a veces, causa una fatiga que paraliza toda acción. ¿Toda acción? No, de ninguna manera.

+ Hace calor, estamos, ya, de pleno, en el verano. Leo, escribo, regreso a la lectura y me detengo. Es un círculo que comienza por la mañana y termina hacia la hora de comer. Hoy es viernes y no trabajo. He aprovechado la tarde para indagar en dos o tres materias que me preocupan. La lectura me conecta con algo intemporal, que me redime, que me consuela. En ello estoy ahora mismo. C. y yo daremos un paseo dentro de un momento. Para mañana hemos planificado algún tipo de excursión, sin muchos detalles, sin muchas previsiones. Lo sé, se logra un equilibrio y hay que descansar en él, todo lo que se puede porque su desmoronarse es una realidad sin cuestión. ¿Hay hechos incontestables? El derrumbe y la ruina son consustanciales al paso del tiempo y el cambio es la única naturaleza fundamental que hoy puedo reconocer. Pero estos instantes, que simulan eternidad como un trampantojo en una medianera simula un paisaje, me subyugan, me seducen hasta llegar a un punto de erotismo. La erótica del dios del instante. Se traduce, pues, en una alto en el camino.

+ Altibajos en el movimiento, el cambio no es una explicación, es la pregunta en sí misma.

+ ¿Postmodernos?

+ Resultó reconfortante el recorrido que C. y yo hicimos el sábado. El tacto de lo que ya no volverá; presencias y ausencias, el mapa que elaboramos al azar mientras el coche se desliza por carreteras secundarias. Así, llegamos a Oseira, aparcamos y sin saber qué hacíamos nos dirigimos a la entrada del monasterio. Pronto comenzará una visita guiada, nos dijeron y, sin pensarlo mucho, nos apuntamos. Yo había estado allí cuando era niño y tenía ciertos recuerdos, imágenes nítidas y ensoñaciones vagas, construidas el discurrir de los años. Se presentó nuestro guía y entramos en el primer claustro de los tres que tiene el monasterio. Las palabras del guía, un monje de mediana edad, eran amables y fluidas, con una delicada dicción y un fraseo ordenado fruto de la experiencia y una paciente serenidad. Así, en el silencio del claustro, bajo la mirada indiferentes de las torres, con la caricia del agua de las fuentes, tratamos de ver más allá de nuestros ojos con la ayuda de sus palabras, imaginar otras vidas y afanes, y creímos alcanzar algún tipo de conocimiento, pero no deja de ser un esbozo de una improbable posibilidad. La relación con el pasado es compleja, me digo mientras veo este poso de los siglos; se observa desde el presente pero entiendo que falta una visión, una iluminación que nos acerque a lo aquellos hombres entendieron; cómo se ha construido nuestra realidad depende de lo que antes fue y ahora no es sino relato. Preguntarse por aquellas vidas es preguntarse por las nuestras porque el destino de las unas y las otras se dirige a la igualdad. La construcción del hilo conductor en donde trato de ordenar intuiciones, indicios y premoniciones es una tarea que tiende a lo inestable. Me repito la palabra, ahora, ante el teclado del ordenador: inestable. Leo sobre la economía del monacato en Galicia, sobre la constitución de los monasterios, sobre el siglo XVIII y el siglo XIX y los cambios producidos en ambas centurias, las transiciones que se han producido desde ese momento hasta nuestro presente, el Antiguo Régimen y la Modernidad. Leo y me disuelvo en la mañana de domingo, con un cierto sopor, con un viento frío que se levanta y parece anunciar lluvia.

+ Releo el párrafo anterior y me da la impresión de que queda una sensación de falta de solidez. Trasformado el presente en texto, solo es una aproximación a la agradable sensación de ruptura con la rutina, con lo dado, con el cansancio y la esperanza; se agradece la mano amada, la música y la conexión con el pasado, con ese intento de comprenderlo.

+ Imagen: en otro tiempo, en otro lugar, la puerta hacia el olvido.

sábado, 26 de junio de 2021

Sic transit gloria mundi

escaleras

+ Recuerdo a personas [o personajes] de insignes apellidos que florecieron en mi lejana adolescencia. Un porte mayestático y una cierta indolencia, una elegancia de colegios carísimos y de excursiones a Londres para adquirir un vestuario insospechado en aquellas épocas tan lejanas, tan próximas. Viajes en barco por el canal, como ellos decían, de la isla al continente. Los observé de cerca y en aquel momento ignoraba que todo su esplendor de aquella insigne familia provenía de su íntima relación con el franquismo, de un hilo directo con el dictador. Recuerdo a uno de ellos que, en una tarde de primavera, me mostró El Anticristo de Nietzsche. Me dijo que eso escandalizaba terriblemente a sus padres, mucho más que cualquier panfleto comunista, la hoz y el martillo o la simple foto de Marx que adornaba la cabecera de su cama, en lugar del crucifijo que siempre había estado allí. Tomé en libro de la biblioteca y no hablé con nadie sobre aquella conversación. Fue revelador, pero no en el sentido que me había comunicado el rebelde lector de El anticristo, sino en una profunda conexión con una prosa brillante, deslumbradora, imposible. Sé que era una posesión, un tesoro preciado que me lanzaba hacia el futuro deseos y voluntades por alcanzar, un algo que todavía poseo. Poseo una extraña capacidad para penetrar en la calidad de la prosa, en los enlaces que permite la sintaxis [un algo que se eleva sobre los idiomas, lastrado en las profundas simas de la estructura profunda]. Me fascinó y continué con su lectura. Continué, a lo largo de los años, con Nietzsche. Continué en acuerdo y en desacuerdo, frente a la belleza y la brutalidad, contra Nietzsche y a mi favor; cuando me conviene lo tomo, cuando me conviene lo rechazo y lo aparto. Una vez apreciada esa inversión de los valores, recuerdo a aquellas personas y pienso en su decadencia, en sus grandezas y en sus miserias, en cómo el tiempo los ha borrado, en que hoy solo parece quedar aquel reflejo de Nietzsche. Un reflejo que no es poco, un reflejo que mantiene hoy su fulgor. Sic transit gloria mundi.

+ Por recomendación leo el libro de E. H. Carr Qué es la historia. Dejo otras cuestiones al margen y trato de establecer una idea sobre qué es la historia en relación con el momento presente. Separo el ámbito personal de la actualidad política, económica y cultural; también delimito mi faceta académica, sus lecturas y la escritura, relaciones y silencios [mi particular silencio en torno a mi investigación]. La pregunta tiene especial incidencia sobre la última faceta que he acotado, pero es ante la primera, mi ámbito personal, donde el desarrollo es más amplio y percutor. ¿Me plantifico con una idea meramente mitológica o teológica (donde el camino es hacia la perfección) o me entrego a una suerte de cinismo amargo y certero (nada tiene sentido), tan próximo a un nihilismo que me ha acompañado desde meses atrás? ¿Existe la posibilidad de un camino intermedio? ¿Tiene sentido, en definitiva, plantear estas preguntas en el hilo y el fluido circuito de lo diario? Veo el presente político desde la incertidumbre que me produce las nuevas derechas, cuando me digo que llamarlas fascismo es un error que no deja de llevar hacia la equivocación. Pienso en el salario mínimo interprofesional, en las pensiones y su cálculo, en el elevado nivel de paro, en el alza de los precios. Pienso en las posibles soluciones a los problemas y me da impresión de que todo se articula en un devenir sin proyecto, un actuar espontáneo fruto de las necesidades de la mercadotecnia política (he apuntado en una lista de temas en mi libreta electrónica la palabra spin doctor porque creo que se cristaliza en ella una de las razones de lo que pasa en este preciso momento, en cómo se dibuja la política y sus afanes; nunca tan diferentes). No quiero centrarme en los asuntos políticos, económicos o laborales, pero tampoco en la íntima realidad de lo diario, en sus valles y montañas; lo que me interesa es el clima, esa necesidad de comprender a la que me invita la lectura de Qué es la historia. Y escribo la palabra comprender y entiendo que se trata más de una aspiración que de una meta, una disposición que un rasgo de mi identidad. Vuelvo sobre el párrafo anterior y recuerdo aquella familia enriquecida al calor del franquismo y la explicación sobrevuela y comprendo que en la adolescencia tenía una explicación de la que hoy carezco y el relato que me cuento es otro, y el que en el futuro tejeré otro distinto, pero ni tan siquiera los hechos permanecen porque estos son fruto de las visiones que vamos obteniendo, del presente que habitamos. Ha sido una buena recomendación, una lectura que se extiende pero que, al mismo tiempo, tiene sus raíces en el pasado, en preguntas y lecturas anteriores. La persona se forma así, su criterio, sus convicciones y sus desacuerdos.

+ Las portadas de los libros dicen mucho de quién los compra, retratan sus sentimientos y una idea sobre uno mismo y, también, dan cuenta del presente y de la sociedad en la que vivimos. Yo observo las portadas en los escaparates y me doy cuenta de que todas y cada una de ellas tienen una ilustración atractiva. Una foto, un cuadro, un dibujo. Es cierto, no es extraño que los libros técnicos, los libros de texto y otros tomos carezcan de este rasgo material, la ilustración en la portada, pero, para qué engañarnos, son un caso extraño y que ponen de relieve que la razón por la que se adquieren no es el humilde y digno entretenimiento, pues hay una obligación implícita en su compra. Dicho esto, se debe añadir que no siempre los libros han tenido una portada, o al menos no siempre ha sido tan vistosa como ahora lo es (esto se puede relacionar con las cuestiones técnicas de la impresión como con el mercado del libro y su expansión, razones que dejamos a parte). Si observa una biblioteca con una cierta antigüedad, nos damos cuentas de que su color es pardo, marrón, con algún destello dorado, pero, en definitiva, su aspecto resulta sobrio y solemne; por el contrario, los libros que ocupan nuestras estanterías son coloridos y el muro que forman es alegre y variopinto en formatos, brillos y gamas cromáticas. Todo esto me lleva al párrafo anterior, a cómo podemos ver y clasificar los momentos de nuestras vidas: en este caso mediante los libros que hemos ido adquiriendo a lo largo de  los años y cómo en ellos se ven reflejados los testimonios de otros tiempos donde fuimos otros y donde seguimos siendo los mismos.

+  La historia, la academia, la intimidad de lo cotidiano; las visiones posibles y la construcción de la visión. En ello estamos, deslindando el territorio. ¿Nuestro territorio, territorio?

+ Imagen: escaleras.

sábado, 19 de junio de 2021

Fiat lux

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+ Las lecturas se acumulan. Tengo muchísimos libros pendientes y muy poco tiempo; me digo en paralelo con aquel adagio latino que el trabajo es amplio y la vida breve, muy breve [ars longa vita brevis]. La vida es breve y esa sensación se une con la inmensidad de lo escrito, con esta relación entre los vivos y los muertos. Una filia. No descanso, no me rindo. Ahora estoy entre dos mares, la filosofía y la historia, entre los fundamentos de la una y de la otra. Necesito saber, necesito conocer el lugar donde se instalan los cimientos. Escribo una memoria sobre mi actividad investigadora del año en curso y no dejo de sorprenderme. ¿Soy yo o ya es otro? Nada permanece y la lectura me espera, me esperan libros que no tendré tiempo para leer. ¿Tantos son?, me pregunto en un ingenuo ejercicio de indagación. Ay, ese muro que componen los libros leídos y los libros por leer. Un reflejo pálido de nuestro interior, deseos no cumplidos, proyectos desechados, pero ahí estoy: en ese reflejo.

+ El título de la entrada se traduce como “sea la luz.” Dios pronuncia la frase y es la luz la que yo deseo hoy. En forma de poema,  tal vez en materia pictórica, en los devaneos que el día y los momentos que me ofrecen. Poco a poco, alcanzo una serena contemplación. Regreso a la lectura.

+ El mundo digital plantea problemas que tendrán su recorrido, sus meandros y una desembocadura. Es decir, como toda obra humana llegará a su fin, pero, en este momento, parece ser algo todavía sólido, pues nosotros asistimos a su nacimiento, asistimos al inicio de su desarrollo y ahora su permanencia es incuestionable [aunque, por definición, así no es, pues hacia la desaparición todo tiende]. Se podrán hacer vaticinios sobre su evolución, pero, generalmente, las predicciones tienen un sesgo que las inclina hacia el error. Observo el fenómeno, escucho debates, estudio a las personas que me rodean y su relación con el mundo digital. En concreto, más concretamente, habló con un hombre que se acerca a los setenta años y que se queja de que está excluido de ese mundo, que no comprende y que no le interesa, pero que cada vez le resulta más necesario. Desaparecen las oficinas bancarias, las mercancías llegan al domicilio como por ensalmo, nos comunicamos sin barreras. Hay un mundo, un otro mundo o simplemente es un trampantojo que nos engaña y lo substancial permanece inalterable en el mismo lugar donde siempre ha estado. El hombre no responde, no puede responder; yo, tampoco.

+ Intento establecer un marco de comprensión. Hay personas sobre las que tengo un conocimiento limitado pero suficiente como para establecer su trayectoria. Me refiero a personas que han triunfado según ciertos estándares que contemplan la posesión de un buena casa, un buen coche y una perfecta familia. Mientras escribo recuerdo una canción de los Kinks, Plactic man. Hay trayectorias que parecen tan buenas que semejan responder a un cuidadoso proyecto. El proyecto que comienza en la infancia, se consolida en la adolescencia y culmina en el inicio de la edad madura. Todo ello se relaciona, a mi modo de entender, con una personalidad, una familia y la oportunidad. Pero, así mismo, pienso que hay pliegues insospechados. Consigo atisbar el cómo y los porqués de una razón de vida, que, finalmente, se disuelve en el mar de la incerteza. Ese es el marco, ningún otro puede cabe. Lo incierto.

+ Respecto al párrafo anterior,  la canción mencionada, una cita: “But no one knows he really is a plastic man .“

+ Todavía, la luz no se llegó. ¿Mientras, qué? Camino en la oscuridad pero con la firme convicción de que soy yo el que responde. No es poco.

+ En E. H. Carr: “… una teoría cíclica: la típica ideología de una sociedad en decadencia.” Y, en nota a pie de página, se remite a Marco Aurelio: “cómo todo lo que ahora pasa ocurrió ya en pasado y volverá a acontecer el futuro.” ¿Vivimos un momento de decadencia, lo que sucede ahora sucedió ya en el pasado? No responderé por el momento, aunque tiendo a pronunciar una afirmación con matices. Pensaré en ello.

+ Parmenides en el ordenador. Leer, contrastar y regresar a la lectura. Fragmentos del libro de García Morente Lecciones preliminares de filosofía. Cuatro poemas que se desgranan sin dificultad. Hace calor, un calor intenso y pesado. Prefiero el otoño al verano y estoy en el otoño de mi vida y todavía debo comprender los cambios, las novedades, el que ahora soy. El sabor del café y una prosa sin verbos, sincopada y abstracta, sin ataduras. El arte como tabla de salvación, algunas personas que conocí y no recuerdo su nombre, conversaciones difuminadas que regresan del pasado. ¿El verbo principal? Parmenides es un misterio, los misterios tienden a la oscuridad, la oscuridad se hace piedra. No hay ciclos o todo son ciclos, en cualquier caso la dualidad trae tras de sí una manifiesta incapacidad para la expresión ordenada. Otro vaso de café, su opacidad y el aire levemente verdoso de un poema. ¿Cómo es el aire verde de un poema desgajado de una vieja antología? Las amplios corredores blancos del hospital, las habitaciones de la muerte, pienso un poco y ya no está. Luz en el blanco corredor del hospital. Fiat lux.

+ Imagen: tres imágenes solapadas, tres imágenes con mi tendencia a lo abstracto, a la geometría. Vale.

sábado, 12 de junio de 2021

Los personajes y las personas

Braga-a-brasileira

 + Continúo con la lectura de las antologías de Brines y Margarit. Lenta lectura, con el paso por cada palabra, con el peso de la música. Leo en catalán con dificultad, pero lo intento, luego paso a la página contigua y leo el poema en castellano. Leo a Brines y recupero esa perenne sensación de caducidad, que ya estaba antes de Brines, que estará después de Brines. Hay una reconciliación con un yo profundo y sereno, que se había escondido y no lo encontraba. La poesía forma parte de mi principio rector, así debo actuar, ese cúmulo de impulsos que me llevan a valorar el instante como única posibilidad de lo eterno. Paradojas que se entretienen una calurosa tarde de mayo, mientras la gata está adormecida y el único atisbo de ritmo es el tic-tac del reloj de pared que maraca los segundos en el estudio. Los libros me acompañan y transforman las derrotas en viejos lienzos, óleos denegridos que restaurar para ser depositados en el almacén del museo, a la espera de un momento adecuado que permita exponerlos al público [esa multitud que soy yo]. Ay, el Conde de Villamediana, allí donde esté, como mascarón de una nave que surca lo lírico y lo satírico, el mito y la comedia, el amor y la venganza, el autor y su personaje.

+ Todos somos personajes de nosotros mismos, en esa senda del teatro de la vida.

+ Los sonetos de Villamediana. El amor como tema, el tema como factor de la poesía que desliga de la comunicación y se transforma en una suerte de hilo hacia abstracción. Leo los poemas de Francisco Brines y los enlazo con los sonetos de Villamediana. El salto quizá no sea posible pero yo programo las lecturas (en ciertos momentos) bajo la égida aleatoria del clima y la temperatura del momento. Mi estado de ánimo. Como si pudiese ensanchar el tiempo y el territorio. Mayo termina y nos encaminamos a supera la mitad del año, tomo el libro y abro una página, el soneto dice en su último terceto: “derrita el sol las atrevidas alas, / que no podrá quitar el pensamiento / la gloria, con caer, de haber subido.” Faetón es algo más que un símbolo o el reflejo de una vida, porque se trata de una transformación, un camino abierto hacia la nada desde el alto horizonte de una posición privilegiada, ese algo que tiende a la ceniza y el olvido. Y ahora, mientras los gatos duermen bajo el sol, abro la antología de Brines y me da una medida válida para la extensión del lunes que comienza: “Tengo que hablar. Con quién, / si no salen tampoco sonidos de mi boca.” El amor, el tiempo, la finitud. La edad madura acentúa todas las  posiciones respecto a los temas fundamentales de la poesía, como si el cumplir años no fuese otra cosa que llegar a una afinación perfecta de sentidos poéticos ocultos e implícitos en este nuevo pensamiento, en esta visión general del mundo y del tiempo. Se unen los dos poetas en la imagen indiferente que avanza, la primara en su declinar, que pronto dará paso al verano; esa capacidad metafórica de las estaciones. Me dejo llevar y el calor resulta agradable, nada me perturba en este momento.

+ Darle forma y robarle el alma, componer y sustraerle lo espontáneo e ingenuo. Qué lejanas me parecen hoy las películas de Rohmer y todavía algo de ellas flota en el ambiente, porque el verano asoma en el calendario y ese tiempo de las vacaciones, las playas y el amor se dibujan con nítida presencia. La forma y el alma, esa materia que construye la virtualidad de los días, ese trasvase de lo cotidiano a las artes narrativas. El cine y su capacidad para construir relatos que se lanzan a la melancolía y a la nostalgia, tan especial en Rohmer. Veo los pantallazos de sus películas soy yo en ellos, esa nostalgia de lo que nunca existió.

+ Antes de dormir, leo unos poemas de Antonio Colinas. Caigo en un sueño profundo. Los poemas no son inicios del sueño, quedan atrás. Es el cansancio el que augura un descenso a un mundo lejano y carente de relato: no recuerdo nada de lo soñado y eso es una bendición. Me levanto, hago ejercicio y escribo, mejor: traslado datos al archivo del texto en construcción. Las tareas repetitivas tienen algo de fármaco. Apago el ordenador y tomo uno de las antologías que me acompañan (Margarit y Brines). Es un tiempo para la poesía y sus evocaciones, para la construcción de un mundo, algo a lo que asirse. La edad nos alcanza, pero la muerte nos derrota. Esa sensación del tiempo que se plasma en el final de la primavera me produce una extraña calma mientras en el noticiario anuncian tormentas. Me siento y leo. El tiempo parece detenerse. Ese descanso pausado de los límites del mundo, mi mundo [inestable, cambiante, caduco].

+ En palabras de Ángel González [Introducción a Poemas, edición del autor en Cátedra]: “… la emoción ante la palabra bien dicha, el gusto por la belleza y la precisión del lenguaje.” La precisión del lenguaje, qué medida tan exacta nos procura, pensar en ello sin dejar a un lado nuestras capacidades y destrezas. Una triada que funciona, que sirve de emblema para comenzar otra jornada laboral, para leer y para olvidar lo leído, en un ejercicio que nos acerca al sueño reparador. No es posible olvidar lo leído o evitar el poso que nos aporta.

+ No dejo de pensar en una suerte de capas de realidad que me veo obligado a tener en cuenta. Cuestiones de trabajo, finalmente. Hablo con personas y percibo un discurso subterráneo al que no tengo acceso, pero que puedo intuir e, incluso, reconstruir. Sé que no me están contando todo, sé que me ocultan razones y tratan de que yo crea algo cuando es lo contrario lo que harán. No tiene sentido porque mi poder es tan sumamente limitado que ni si quiera posee un cuerpo y capacidad de acción. Sin embargo, algunos me quieren engañar. Lejos de causarme malestar o enfado, los trato con educación y, hasta cierto punto, con una amable y comprensiva distancia. No se trata de mí, se trata de la institución y la institución es tan abstracta como ciega, su voluntad ciega contra la que terminan por estrellarse. No será porque no se haya advertido, me digo y les remito al instructor del expediente. Al tiempo, no puedo dejar de establecer un contraste entre esta mi subordinada ocupación laboral y mis ocios librescos y académicos, donde soy yo en el sentido de lector y estudiante. Agradezco ese mantenerme al margen, este vivir en compartimentos estancos, que me permite ser actos y espectador, objeto de estudio y estudioso. La poesía se manifiesta hasta el lo diario que nos ofrece la burocracia y el procedimiento administrativo, en sus diferentes fases y momentos.

+ Imagen: once de la mañana, el café vacío, la pequeña ciudad, un incierto sabor de tiempo detenido, de ficción y estática relación entre la fotografía y el deseo de eternidad (ese juego de espejos que no me confunde ni me asusta).

sábado, 5 de junio de 2021

La espuma de los días

Pontevedra_Mayo_2021

Pontevedra_Mayo_2021

+ Biografías de hombres que han triunfado y que, años más tarde, se han desplomado en la cúspide de su carrera. Son ejemplos, ejemplos que no consuelan ni marcan una senda, pero que ilustran el tránsito al que nos vemos obligados en el día a día. ¿Aprendemos algo cuando nos asomamos a sus trayectorias? Tomar decisiones y verse condicionadas por ellas; arremeter inútilmente contra el pasado; atisbar la luz y desdecirse. Alguien ejemplifica con la vida y la obra del Conde de Villamediana y yo no me sorprendo. El Conde tiene en su biografía motivos suficientes para verse constituido en relato novelesco, carne de película, donde la persona queda difuminada y aparece, en su lugar, el personaje. He pensado en ello, he pensado mucho. Cuántos conocidos se han transformado en personajes. Personas que conocimos y hoy solo son el reflejo de un tiempo que no ha de volver y se ha consituido en relato, en novela o cuento que nos narramos en horas bajas, en la melancólica relación con nuestra historia, nuestra personal historia. Como una colección de recuerdos que se atesoran para revivir los momentos felices y esa felicidad que no regresa, que no surge ni resurge, sino que da paso a una reflexión sobre la brevedad de la vida y su sinrazón. En una niebla nihilista los ejemplos se debaten estos días en que la primavera está en su zenit. El triunfo y la caída, veleros en el mar de los ejemplos, ejemplos que ya no me interesan.

+ He repasado la vida de un hombre célebre con el material que internet me ofrece. Trazo su vida desde el nacimiento a este momento en que se aproxima el final. Veo sus fotos, estudio sus apariciones en medios de comunicación, leo sus artículos y los resúmenes de sus libros. Creo haberme hecho una idea que se ajusta a su persona y a su personaje. Lo logrado no se trata de otra cosa que un esquema intercambiable: lo que para él vale, para todos vale, porque hay  un centro que define la persona, al personaje y a la personalidad. Vuelve, con la marea, la cita que tan presente tengo yo: el carácter es el destino. Lo veo en su lozanía y en su seguridad y creo entender desde donde irradia esa fuerza de martillo neumático. Llega de algo que se cuajó antes de su nacimiento, algo que toma de sus padres y se resuelve en la conjunción de ambos. No es ni mérito ni aristocracia, sino la alineación de los genes y otras razones que todavía no se comprenden pero que se resuelven en una trayectoria vital. Quizá sea este el campo donde la literatura no responderá pero sí que planteará preguntas fundamentales. La pregunta ya no es si se nace o se hace, la pregunta es: ¿quién te guía?

+ Alguien dice que este hombre fue un golfo. Sin duda.

+ [Viernes]. Ha comenzado a hacer calor, la primavera apunta al verano y medio años se consume ya, pronto rebasaremos la mitad del mismo. Hoy hemos bajado C. y yo para tomar unas colas no muy buenas y un poco de queso. La ciudad parecía ser la misma de antes de la pandemia, salvo por las mascarillas. Creo haber saludado a dos o tres personas. De regreso, en la radio, daban los números de un sorteo ordinario de la lotería; cambié la emisora, cambié a la emisora de música clásica. Un leve turbión de suaves violines inundó esa estancia que es el coche, como una prolongación de la vivienda: el confort, la intimidad, lo propio. Le hablé del ángel caído que me ha atraído mi atención durante esta última semana. Llegamos a ese punto de acuerdo que yo había previsto. Ese punto de acuerdo es que la inteligencia, una gran inteligencia, no se tiene porque traducir necesariamente en maldad, aunque este sea el caso. Esa maldad tiene una raíz paralela a la inteligencia, pero podría ser un rasgo del carácter más fuerte que la misma capacidad y voluntad. No es fácil describir la sensación que me produce, salvo ese rechazo profundo hacia esa persona, a la que vi en una ocasión y, debo reconocerlo, me fascinó en su gran papel de seductor soberbio, arrogante y altivo (mientras escribo estos adjetivos me da la impresión que los tres se funden una sola palabra: el nombre del personaje). Vidas de novelas, novelas no escritas, la escritura del presente y del pasado mediante los actores que elegimos según nuestra más particular necesidad, para explicarnos ese punto de fricción donde se produce el encuentro: dónde está lo común con él. La música cesó y llegamos a casa. Se disipó la tribulación, comimos, dormí la siesta y regresé al estudio con la intención de hojear un periódico y una revista portuguesas y tres semanarios franceses (como si me abriese a otras realidades, que no dejan de ser otras planificadas construcciones). Lo hice y volví a pensar en él, en su familia, en sus propiedades, en el relato imposible que eleva y afirma. Solo es un hombre, finalmente, a pesar de sus logros, defectos y fracturas. Un hombre, no un demonio, porque lo mortal lo condiciona y toda su obra no se puede contemplar desde otro punto de vista que desde lo efímero.

+ La espuma de los días se traduce en que he consultado algunos libros de historia contemporánea y no hay mención a este hombre en ninguno de los libros; mientras que personas que en principio podrían parecer menos relevantes sí ocupan un espacio. Esto me lleva a plantearme qué es lo qué define un época histórica, o, mejor, qué es aquello que ayuda a entenderla. Desde luego, hay unos hechos relevantes que no pueden ser obviados, pero también nos encontramos un rastro de intrahistoria que se debate en la espuma de los días. Los ecos de sociedad, las revistas del corazón, la publicidad, el chisme, el cotilleo en cualquier lugar y a cualquier hora, ese intercambio de información. Todo ello forma, de alguna manera, parte la realidad y aquí es donde el personaje se puede situar, lugares menores para un ser tan mayúsculo. Él que lo fue todo ahora ha perdido la credibilidad y sus palabras que podrían ser certeras espadas de fuego ahora son chatarra, pues carecen de la solidez propia de la verdad [qué palabra, pero qué fundamental en todas sus vertientes constructivas].

+ Para finalizar, ahora me acompañan dos libros de poemas, dos antologías. Arquitecturas de la memoria de Margarit y Entre dos nadas de Brines. Los dos poetas han muerto recientemente y ambas obras apuntan a la muerte, a la temporalidad como rasgo unánime de l vida [qué gran poesía no apunta en esta dirección]. Los voy a leer con calma, de principio a fin, con la atención que precisas y sin plazos ni límites. Voy a intentar establecer una frontera entre la espuma de los días y lo necesario, los elementos de nos otorga la realidad para llegar a su núcleo, aunque este sea variable, aunque nuestra lectura sea errónea, aunque solo sea un fármaco para conjurar nuestra derrota anunciada cuando nacemos, la muerte. Sea.

+ Imagen: dos fotos entre las que media un segundo; nocturnos regresos al casa.

sábado, 29 de mayo de 2021

Levedad / Pesadez

 

Nocturno

 + Un día de esta semana entré en una fábrica acompañado de uno de sus directivos. Era un hombre educado pero distante. Una distancia extraña y correcta. Su corrección era una barrera, pero no me importaba demasiado, es más: prefería que el encuentro discurriese en estos términos. Intercambiamos la información precisa y nos despedimos sin muchas ceremonias pero dentro del marco de la educación y la cordialidad. Mientras atravesaba los caminos de la fábrica me daba cuenta de su aspecto siniestro, que se veía acentuado por los penetrantes olores de azufre y cocciones, pero también por el aspecto de los hierros, las paredes de hormigón y una hierba sucia y negruzca que crecía en zonas más o menos amplias. La impresión resultaba desoladora. Aquellas máquinas con aspecto de animal cruel, los operarios igualados en sus uniformes, las aristas de las edificaciones, el recorte de las chimeneas contra el cielo azul, tan limpio. Volví a cruzar los controles y pensé en la poesía que se podría atesorar en aquel espacio, el reflejo de la modernidad, el trasvase de la revolución industrial y la contaminación. El ser humano no se puede estar quieto, no puede permanecer inactivo porque esa es el único conjuro contra la certeza de la muerte. Esa es la poesía que vi, el reflejo de la caducidad; todo al servicio de ese memento mori.

+ El viernes comienza con una agradable conversación sobre como se ha de estructurar un texto, desde donde partir y la manera adecuada de esquematizar los contenidos. Nunca está de más escuchar al que sabe más que uno, mucho más. Se iluminan zonas que permanecían ocultas bajo el velo oscuro de nuestra inexperiencia. Saber desde dónde se parte y a dónde se quiere llegar es primordial. No hay otra vía, sino la certeza de los principios y los finales porque la estructura lo es todo, su coherencia da la medida del texto. Datos objetivos, valoraciones personales, el contraste con lo dicho y lo escrito, el mundo por alcanzar, el placer de la escritura.

+ Tarde de sábado con C. en Vigo, en Bouzas. Una primera cerveza en una terraza, una conversación sobre cómo han cambiado las cosas en el último año, cómo reconducir las situaciones hasta un punto deseable. La tarde es limpia, estamos sentados en una terraza y se respira una felicidad verdadera, provista de lo auténtico que aporta lo sencillo, esos placeres de cerveza y conversación. Luce el sol  y los niños juegan despreocupados. La pandemia sigue ahí, pero, en algún momento, se olvida y se retorna a ese tiempo pasado que no volverá (pues ningún tiempo pasado regresa). Los problemas laborales asoman en la conversación y sé que la complejidad del mundo presente no atenúa ninguno de los dolores particulares de cada persona que los sufre; si leo el periódico o escucho la radio, percibo, no siempre, una confusión entre los datos y la verdad de los hechos, porque, no siempre, la acumulación y análisis de datos reflejan lo real, el pálpito de lo diario. Incido sobre la necesidad de valorar lo cotidiano, la fluidez de las relaciones y el espacio que nunca nos llega a pertenecer. Terminamos las cervezas y continuamos el paseo. Otros bares, otras personas, una indeterminada inocencia sobrevuela el ambiente. La inocencia de que quien le han robado las ilusiones y comienza a recuperarlas. ¿Un espejismo?

+ Llego a una idea sobre la edades geológicas, sobre el tiempo geológico. No es poco inquietante comparar nuestro desarrollo vital con el tiempo de los estratos, las placas tectónicas o el tiempo de los procesos que constituyen las montañas, los ríos y los valles. Esta comparación tiende a un cierto nihilismo, a ver toda construcción y pretensión humana como la expresión vana de un anhelo imposible. Es conveniente apartarse pronto de tal certero veneno porque su verdad mina la ilusión, aunque aporta un punto de vista que todo lo relativiza. En la senda de Marco Aurelio, tal vez. Paso la página y me centro en lo diario, en el fulgor de la vida ordinaria.

+ Me defino en ese debate entre lo liviano y lo pesado; intento definirme en ese debate planteado por Italo Calvino. “Mi labor ha consistido las más de las veces en sustraer peso; he tratado de quitar peso a las figuras humanas, a los cuerpos celestes, a las ciudades; he tratado, sobre todo, de quitar peso a la estructura del relato y al lenguaje.”, dice Calvino al inicio o en el prólogo de la conferencia sobre el tema que titula la entrada de hoy. Trato de capturar en la cita un motivo para emprender otro relato posible de los últimos meses y veo que esa suerte de adelgazamiento es clave para continuar con múltiples acciones que he emprendido años atrás. Veo en la pesadez las obligaciones heredadas, en las imposiciones del deber y la lógica de un esfuerzo sin recompensa, en ese violento: “si quieres, puedes”. No, no siempre se puede por mucho que nos empeñemos en la empresa. Lo liviano me puede salvar, me digo mientras en silencio conduzco y estudio el paisaje como resultado de la actividad geológica; dejo ese veneno a un lado y trato de centrarme, otra vez, en la magia de lo ordinario, de lo cotidiano.

+ Alejo el temor que inyectan las edades geológicas, tan parejo a aquel miedo infantil al espacio infinito y al tiempo eterno. La ausencia de límites atenaza la razón, pero en el irracionalismo descansa una parte poética de nuestro ser: lo busco y no lo encuentro, pues en lo fugitivo se desvela la transformación diaria.

+ En la radio oigo un programa (Documentos Radio Nacional de España) sobre Carlos Edmundo de Ory y pienso en una idea sobre la libertad creativa y un proyecto de vida que no es otra cosa que la construcción de un personaje en torno a una obra, bendecido por el talento y la oportunidad. La escucha se produce mientras conduzco y observo las blancas y grises nubes contra el cielo de mayo, los poemas y lo que él denomina aerolitos se funden en un desvanecimiento imposible. Una nostalgia de unos paisajes inexistentes, fundados en el fulgor del sueño de las cuatro de la mañana, en el trepidante tren nocturno. El poeta desaparece y surge la idea sobre las biografías y su manera de trenzarse mediante un plan premeditado o espontáneo. En cualquier caso, con una tendencia al ejemplo y la conseja; incluso la vida menos significativa.

+ Imagen: la noche en su espesor, difuminado y movimiento.

sábado, 22 de mayo de 2021

Lo espectacular difuso

 

A Brasileira

+ Después de muchos meses, regresamos a Portugal. Regresamos a Caminha, donde habíamos estado en octubre. Meses en los que han sucedido muchas cosas y no ha sucedido nada. La paradoja está o reside en el estado ánimo, en cómo este se va atemperando y se regenera en un intento de simular serenidad. La serenidad. El café, la torradas, las natas. Placeres humildes, pero intensos. Comprar prensa, hacer un regalo, disfrutar de la conversación con la dependienta sobre la pandemia y la economía, en un intento de ser optimistas. No llueve. No hay mucha gente en las terrazas (esplanadas, como se dice en portugués). Hay un aire triste y el cielo permanece despejado. Han sido unos meses de aislamiento y todo parece no haber cambiado, pero los cambios imperceptibles resultan profundos, como si restaurasen un orden intenso y decisivo. Todo cambia, nada permanece. Pago la prensa en la tabacaria. Dejamos Caminha y nos dirigimos a Vilanova da Cerveira, donde tomamos otro café con natas. Lírica y nostalgia. Nada cambia, todo permanece. La paradoja sobrevuela el paisaje.

+ Como una colección, así lo vio. Algo necesariamente incompleto porque si se culminase la colección carecería la misma de un sentido, el sentido de enfrentarse a la tarea de investigación búsqueda. La colección establece una cartografía total y móvil del mundo, o el mundo se pliega a sus necesidades. ¿Una biblioteca es una colección, una colección imposible; una pinacoteca o una discoteca? Bien, todo ello se suma a una carta donde se da validez a la identidad, la colección aporta rasgos a la persona, la eleva, hace que se distinga por una posesión que contiene conocimiento, un conocimiento, tal vez, hermético. Como una colección, repitió para subrayar ese carácter hermético de su conocimiento sobre la materia. Habla de carreteras, pero podría ser una conversación sobre vinos, arqueología o mecánica. Poco importa, salvo la distancia.

+ “Une œuvre ne reflète pas seulement son temps, mais elle ouvre un monde qu’elle porte en elle-même.” Paul Ricoeur.

+ Un mundo en sí mismo, que se propone y se actualiza en la lectura. A esto aspiramos, pero no se plasma ni se mantiene, se insinúa y asciende por momentos, pero no deja de ser un fantasma que nos desconcierta. El mundo que propone la novela es un mundo que transita entre lo cotidiano y lo excepcional, ese interregno se define el estado tras una intensa tarde de lecturas y afirmaciones sin respuesta. Ahí está, El amante bilingüe de Juan Marsé. Otro mundo, otro tiempo, el mismo mundo, el mismo tiempo. ¿Soy yo el mismo lector?

+ “… el espectáculo de los automóviles exige una circulación perfecta que destruya las viejas ciudades, mientras que el espectáculo de la propia ciudad necesita barrios-museo.” Guy Debrord.

+ Tomo el título de la entrada de G. Debord.

+ “Lo que veo está determinado, al menos parcialmente, por lo que deseo ver”, una cita que recojo al vuelo, copio y no olvido.

+ Tengo en el ordenador una libreta electrónica donde voy apuntando rasgos que me parece que definen esta época. Anoto cuestiones sobre arquitectura, empleo, alimentación, política o literatura. Hay otras áreas, hay otros intereses; pero en definitiva, se trata de perfilar una situación y una posición el mundo. La posición del observador y sus límites. Siento que la consciencia del límite es lo que me puede dar una perspectiva, un punto de apoyo sobre el que edificar el entendimiento. Toda época es cambiante y tienda a la inestabilidad. Hoy he apuntado que se han cumplido diez años del 15M. Recuerdo aquellos días y no me parecen tan lejanos, pero no soy capaz de reconstruir con claridad el discurso del momento, solo es una reconstrucción provocada por el latir de los compases que arroja la radio, mientras hago ejercicio. Recuerdo ver en el escaparate de una librería que ya no existe el libro de Stepháne Hessel ¡Indignaos!, recuerdo unas asambleas que se celebraban frente al ayuntamiento, recuerdo una acampada en un parque céntrico, pero poco más. Luego, tres años más tarde, llegó Podemos, hace poco Pablo Iglesias se retiró de la política y, posteriormente, se cortó la coleta. Todo ha pasado y me pregunto qué lugar ocupa en la historia el movimiento, el partido político, su líder. Nadie es capaz de determinar como se leerá en el futuro el 15M porque se leerá desde un presente que es imposible adivinar; sin embargo, la posibilidad de una novela podría atrapar aquello que sucedió y de lo que hoy se cumplen diez años.

+ Ahí continua el miedo, la incertidumbre, la tormenta que amenaza en el horizonte. La pandemia no es una metáfora, ni un relato construido para la ocasión. La pandemia es la escala, lo que nos da una referencia para compararnos. Desde lo imperceptible, esa minúscula porción de la realidad (el virus), llega un ataque que rompe lo cotidiano y nos pone en el abismo, pero aparece una solución mediante la ciencia: la vacuna, que no responde ni a la casualidad ni a la magia. La ciencia nos saca del problema y nos explica el fenómeno, pero esto no se puede equiparar a una comprensión de la dinámica que comienza y se circunscribe a lo social. Son mimbres para un cesto, pero el cesto no se articula por sí solo, hay que vestirlo de estructura y estilo. El miedo a la pérdida del empleo y con ello a la disolución de la identidad, la incertidumbre por los que dependen de uno, la realidad terca del dinero, las deudas y los embargos o desahucios. El que da una receta desde la frialdad de los altos estamentos e instituciones parece no pensar en personas sino en elementos de un sistema, pero, cabe la posibilidad, de que sí piense en personas y su intención sea buena, pero esto tampoco garantiza ningún acierto. Las ciencias de naturaleza en comparación con las ciencias sociales tienen ventajas

+ Imagen: café en A Brasileira de Braga.

sábado, 15 de mayo de 2021

Crisis

Caminha
 

+ Entre todos los indicios que nos llegan a diario destacan aquellos que nos conducen a la confirmación de nuestras certezas. Los buscamos, los encontramos y los reconocemos. Necesitamos ver que tenemos razón y para ello nada mejor que salir a la caza de verdades y confirmaciones, los indicios que nos llevan hacia ellas son algo más que una cartografía, se trata de nuestra identidad. Leo en línea sobre elecciones, dimisiones, victorias, fracasos, ilusiones y engaños, puedo ver en cada una de las balizas que se elevan sobre los senderos la mano firme de la convicción y la determinación. No tengo yo esa confianza y mi tendencia hacia la sospecha dificulta que encuentre verdaderos asideros en esta materia ofertada, esa mercancía de verdad. La mercancía y la construcción de la verdad, o a la inversa: la construcción y elaboración de esa verdad que será vendida o se convertirá en moneda. La confirmación de las certezas es uno de los temas del presente, que hace que se pierdan y se ganen elecciones en el mismo sentido que un producto obtiene éxito o fracasa. Su medio natural, el teléfono móvil, que ya es más que un teléfono para haberse convertido en una extensión o prótesis del cuerpo humano. Hay que estar atentos a estos indicios difusos.

+ “… donde coincidían la historia sagrada, la doméstica y las coordenadas de la imagen proyectada a un ondulante destino.” [En Paradiso].

+ Que melancolía me produce ver a los jóvenes en las películas de Rohmer, tal es el reflejo que percibo. Así, todo ha quedado atrás.

+ (4) “El espectáculo no es un conjunto de imágenes sino una relación social entre las personas mediatizada por las imágenes”, Guy Debord, La sociedad del espectáculo.

+ Asustarnos ante los malos presagios que se asoman en el horizonte no parece muy conveniente. El miedo tiene gradaciones que se deben observar escrupulosamente. Ni temerosos, ni confiados. Los tiempos que se aproximan no serán buenos y los políticos no desatienden la estrategia comunicativa en lugar de hablar con claridad. ¿Qué política? La política es, en buena medida, comunicación. El miedo si no es paralizante, ayuda. Debemos temer la crisis que se aproxima, de la que tenemos indicios sólidos en cada una de las comunicaciones que gobierno realiza. La cuestión se circunscribe en torno a la pobreza y la necesidad, que aletea sobre la población. Subida de impuestos, reducción de beneficios fiscales, descenso del consumo. El espectáculo, el parque temático, el relato y su flexibilidad limitada. Ya lo decía Borges, como a todos los hombres, le tocaron tiempos difíciles en los que vivir.

+ No le puedes gustar a todos.

+ Ayer, tras mucho tiempo, compré dos libros. Un tomo sobre la obra y la vida de David Hockney y, el segundo, La sociedad del espectáculo de Guy Debord. A partes iguales, condicionan mi estado de ánimo. D. H. me habla de algo que me resulta muy próximo y es la alegría de la vida como juego; G. D. hace que esa misma alegría se vea sumergida en la reflexión sobre la calidad especular del todo que nos rodea, el cuestionamiento de nuestra propia vida cotidiana. Hacía tiempo que no compraba libros porque he llegado a la conclusión de que se trata de un vicio y he encontrado algo morboso [en su verdadero sentido, “Que causa enfermedad, o concierne a ella.”] en la propia compra. Sin embargo, hay un rayo de luz en la propia compra: los dos libros se convierten en importantes ladrillos del edificio que construyo, demuelo y reconstruyo a diario. ¿Quién soy y qué lugar ocupo?, veo que son cuestiones secundarias porque adquiero ese papel de observador, tan frívolo como exacto. Buenos marcadores para los malos tiempos que se aproximan. Siempre, los malos tiempos.  

+ Me asomo al Enquiridion y se inicia el libro con la distinción entre las cosas que dependen de nosotros y las cosas que no dependen de nosotros. Es interesante, parece sencillo, y ni una cosa ni la otra. Tener criterio y serenidad para distinguir lo uno de lo otro es el fiel de la balanza. Uno esto a los libros comprados y me centro en lo que propone la pintura de D. H. Ahí está uno de mis modos de ver, de entender la realidad, mediante el juego de la percepción. Lo que me gusta y lo que me disgusta, eso es algo que puedo decidir. Me centro en la elaboración artística de mis decorados, ambientaciones, atmósferas. Contribuye la música, la pintura y la frivolidad. Mientras, la crisis avanza.

+ “Disimuladamente sobresaltado, saborea un jerez con galletas inglesas.” [En Paradiso].

+ Imagen: un segmento, el cielo y la casa con las ventanas tapiadas; el domingo como ilustración, la casa y su amplia metáfora.