sábado, 22 de abril de 2023

Sé quien soy

banqueta

+ Las elecciones se aproximan. Esa proximidad da lugar a conversaciones, dudas y recuentos. Alguien me dice que hay que reflexionar sobre el voto y, yo, sin decir cómo ni porqué, le hago saber que ya está pensado, se ríe y me explica algo sobre el tema. Todos los políticos son iguales, lo sindicalistas también. Presto atención. Es importante saber cuáles son nuestros intereses, actuar con una cierta frialdad y dejar a un lado los sentimentalismos identitarios. Es fácil tratar de demonizar tanto el sentimiento como la identidad, pero todos estamos sometidos a ambas razones. Quiero que estén al margen. Nada digo. Lo veo, lo escucho. La identidad adquiere formas insospechadas. Subterráneamente, hay algo que nos condiciona y, tal vez, ni siquiera lo conozcamos, ni siquiera lo podamos intuir. Ha dicho cosas con las que no estoy de acuerdo, pero no tengo ganas de exponer mi pensamiento, la construcción de las explicaciones que voy elaborando con paciencia, siempre en revisión, siempre en el margen de la duda. El trabajo, las ideas y su elocución.


+ La imagen es la derrota y el espejo es la tristeza, lo veo hoy en el reflejo de una historia que alguien, al otro lado del teléfono, me cuenta. No reflexiono sobre ello, simplemente escucho y me dejo llevar porque era algo previsto, fácil de adivinar. Una trayectoria nos da pistas y nos indica cómo se dará el futuro. Son indicios que valen más que las certezas. Basta con observar el comportamiento de una persona para sabe cómo obrará. No hay fallo. Cuelgo el teléfono y continúo conduciendo en la luminosa mañana. Me digo: hoy en los poemas todo está excluido salvo la lírica. El canto me mece y el tiempo se detiene, es un instante, pero he comprendido que su elemento es la mentira y sobre la mentira se debe hacer cualquier predicción.


+ Una mañana tranquila. El cielo está despejado y nos desplazamos en un coche nuevo, asuntos de trabajo, leves asuntos de trabajo. Conversaciones ligeras. Música, aire acondicionado, una relativa calma. Disfruto el momento, alguien pondera sin tratar de impostar. El momento. No hay mucho más. Sin embargo, no resulta sencillo elegir y mantener la elección. Tantas distracciones. El coche parece fluir como un líquido. Todo es fácil. Conversaciones, el café cargado, las pastas de té. Una conversación sobre el sentido de las palabras y una estela que recuerda a los que ya no están. Esa es labor de los vivos. Mantenemos el recuerdo de los muertos, pero llegará un día en que nadie se acordará de nosotros. Así es la lírica de lo diario, lo sé y lo mantengo.


+ Noticias que me inquietan, resuenan un poco y desaparecen. Una reparación imposible. El conflicto ocupa el centro y yo estudio su desarrollo. Todavía no he aprendido a no ser tibio. Me pregunto por las consignas que recibo a diario. Mantengo mi oficio con dificultad, el cansancio propio de estos años a los que hemos llegado. Hay que buscar recetas, se obliga el enfermo. No soy un enfermo y escribo. No hay oposición. Fluye. El conflicto me preocupa.


+ Sigo dibujando en la libreta roja. Los dibujos se han convertido en sistema de reflejar la realidad, por lo tanto se acercan a la escritura en tanto que son un diario. Los vuelvo a ver y recompongo el momento vivido. Pocillos, sillas, piscinas, edificios, macetas, jarrones y flores, vasos, botellas de cerveza […] Los colores son siempre los mismos y el trazo tiene personalidad. Me gustan mis dibujos porque son algo más que el reflejo de mi persona, porque por sí mismos viven y yo soy el destinatario. Alguien diría que son “autorreferenciales” y podría decir que tiene razón. Pero eso no es más que uno de los rasgos que poseen, uno entre muchos. Veo los dibujos que hice hace casi un año y no me cuesta reconocerme. Sé quién soy. No es poca cosa.


+ Libros de poesía que están pendientes. Un programa de lectura olvidado: Ángel González, Joan Margarit, Francisco Brines. Una triada que duerme en un estante. He de recuperarlos. He de recuperar ciertos hábitos que se han quedado a un lado. Espera con paciencia.


+ Para celebrarlo, C. y yo nos iremos a Asturias. Asturias es el paraíso. No es un día cualquiera, después de tantos años […]


+ Imagen: una arqueología de nuestra vida; a veces, un objeto resume en sí un algo inefable, un algo que desea un nombre pero no se encuentra.

sábado, 15 de abril de 2023

Pop y nihilismo

a lanzada

 + No me gustan los cambios y la esencia de la vida es cambio. Trato de adaptarme a esta naturaleza, lo consigo y no me opongo. Lo importante es no oponerse y dejarse llevar. Lo que fluye resulta más llevadero. En los últimos tiempos he visto cambiar el eje de giro de mi vida, pero no el centro, que son cosas distintas. Lo he aceptado con alegría, sin entrar en ejercicios de queja y debilidad, tan contrarios a mi modo de ser. La queja me gusta menos que el cambio. No se trata de ser fuerte, sino de no molestar. En ello estoy. Leo poemas que me dan cierto abrigo porque los considero inamovibles y en mi escala así son: hitos o balizas firmes que me dan seguridad. Con ese poco me basta. En este sentido, tengo libros atesorados para el futuro, para cuando necesite algo a lo que asirme. No son muchos libros. El tono declarativo tiene un reflejo en otro cambio que me descentra y trato de entenderlo mientras lo estudio. Describir el aburrimiento es dejar de estar aburrido, alguien me dijo hace ya tiempo. Yo nunca me aburro.

+ ¿Los porqués del tono declarativo y/o confesional? A saber. 


+ Repaso una lista de temas que tengo en la libreta de notas del ordenador y me sorprende el hilo que muestran. Hay una línea que va desde el inicio de la libreta hasta hoy. Se trata de la relación entre el mundo digital y el ascenso de los populismos. En este sentido, me he dedicado a leer manuales de ciencia política durante los últimos dos o tres años. Los he leído lejos de una sistemática, se trata de una tarea complementaria a lectura de periódicos y revistas, tanto en papel como en línea. He llegado a la conclusión de que no se pueden despreciar los ciclos. Me parece muy adecuado aquello leído a Julián Casanova que la historia no se repite, sino que rima. La rima es lo que busco. Escribí la semana pasada que el alza de los precios es un factor muy importante, pero, en realidad, se traduce en infelicidad, la infelicidad que produce la incertidumbre. La felicidad es un percepción, el alza de los precios dinamita sus cimientos. La literatura otorga herramientas que posibilitan una suerte de entendimiento, un comprender las motivaciones diarias de las personas. Y, quizá, no tanto de comprender como de observar. El observador se resiste a emitir un dictamen o una opinión, describe sin valorar, pero la descripción, por selectiva, es, también, un valorar los hechos. La literatura se posiciona en ese ámbito y me ayuda a situar lo que anoto en la citada libreta. Así, abrí El viaje al fin de la noche. Comienza en día, las tareas dan sentido al afán. 


+ Una vez más, sin miedo y sin esperanza.


+ Quiero mantenerme firme en mi propósito de no comprar libros que no voy a leer o a consultar. Lo sé. Atesorar libros es un vicio, y, como todos los vicios ,resulta una costumbre perniciosa. Se pude observar en ciertas casas en las que los libros se acumulan sin orden, en rimeros inmensos, como arquitecturas desengañadas. En otras, sin embargo, guardan un orden. También las hay en las que lo único perceptible es su ausencia. No sé si se trata de buscar un término medio o suturar lo mínimo, establecer un número limitado de obras que resulten útiles en el futuro, cuando ya solo quede la lectura. O ni eso. Mi propósito es firme, tal vez, una misión. 


+ He comprado un libro Literatura y público de Ricardo Senabre. No es una excepción, sino que se incrusta en la necesidad que impone la investigación. Estética de la recepción, marco teórico, estudio. No me he saltado la regla que me he impuesto.


+ Desconozco el número de libros que tengo, pero necesita esta acumulación una cura de adelgazamiento.


+ Me entretengo en tareas nimias mientras todo arde. No es un reproche, es una constatación.


+ “Ha cambiado el contexto y la pérdida de educación es a gran escala”, circunspecta pronuncia una dependienta de la sección de perfumes, una señora la escucha y yo hago mi observación sociolingüística. Una deformación, un saber olvidado que renace por un momento. Es un hecho. Refleja una condición estudiada hace tiempo, con la ayuda del trabajo de campo, el análisis y la estadística. Solo veo una variación: el influjo de las redes sociales en el vocabulario, porque yo entiendo, y estoy dispuesto a admitir mi error, que hay un barniz sociológico en lo que la dependienta expresa, pues el circunloquio no es gratuito y se tiñe de lo leído en algunos lugares, impregnados de política y opinión. Sin importancia. Nos dirigimos hacia otra planta y todo continua girando. La vida tiene cierta reiteraciones gratificantes, que aseguran el relevo y la persistencia del conocimiento.


+ He fallado en mi propósito de no comprar más libros. Serotonina, Houellebecq. En fin, un libro que presté, perdí, compré en francés, leí en francés y vuelvo a comprar para leerlo en las noches en la casa del padre. No sabría decir por qué ahora quiero leerlo en español, otra vez. Cierto es, podría haberlo cogido en la biblioteca, pero no. Lo he comprado. ¿La explicación? Houellebecq me otorga una suerte de visión pop de la realidad que me reconforta y eso es lo que busco. Pop y nihilismo, a partes iguales.


+ Imagen: A Lanzada, un paseo, la foto como testigo.

sábado, 8 de abril de 2023

Sin indicaciones (1)



+ Empieza la semana y el espectro de los temas se ensancha. Vamos desde la maternidad subrogada, los vientes de alquiler, a los problemas de la vivienda, pasamos por las protestas en Francia y se llega al malestar generalizado. La impresión es que, ya lo he dicho en otras ocasiones, caminamos hacia el conflicto. La tensión crece y es, principalmente, en los precios donde se refleja la tendencia. Qué combustible potente para los enemigos de la democracia es la inflación. Así empieza la semana, yo lo veo y otros lo ven, lo que yo veo otros también lo ven. Hace un buen día y mi ánimo es positivo, no me rindo. 


+ No me rindo. Un rasgo del carácter. Sumado a una suerte de nobleza de espíritu que se traduce en cierta magnanimidad. Soy yo, lo sé: sé quién soy. Qué importante saber quién es uno.


+ El canibalismo como ejemplo extremo de las posibilidades de la libertad de mercado. Te puedo vender, libremente, un brazo para que tú lo comas porque te apetece. Solo por probar. El ejemplo es de Darío Adanti, en Infolibre. Bien. Sigue el tema de la gestación subrogada, que, en varias ocasiones, se puntualiza que se trata de un vientre de alquiler o de la compra de bebés. Plegarse a las posibilidades del mercado no es un asunto individual, así se abre el debate. ¿Se puede debatir todo?


+ Mañana del martes en el Sur de la Provincia, cerca del Miño, cerca de Portugal, pero sin cruzar el río, sin traspasar la frontera. Hay en las inmediaciones un centro comercial. También estuve un rato dentro y pude observar como el animal del consumo se despertaba. Desde las cristaleras se ve el paisaje: Tui, Valença, el río. No había música, el sonido casi se limitaba a las máquinas que limpian y abrillantan los suelos. Reconocí el olor. Un olor especial que percibí, también en hora muy temprana, en otros centros comerciales. Podría haber pensado que se trataba de una señal, aunque lo deseché inmediatamente. Son las casualidades las que nos engañan y tratamos de ver en ellas un mensaje, un mensaje que no es tal, carece de existencia. Ay, los centros comerciales en su aliento de no-lugar. La anomia, la ruptura de la identidad, ese posible intercambio que nos traslada a cualquier sitio, incluso al que nunca hemos estado. Estuve solo durante un buen rato, hablé con un vigilante de seguridad, tomé un café, subí las escaleras, me asomé, como ya dije, a los ventanales, escrute el desarrollo de un macro nudo viario en construcción, las nubes, el sol, el reflejo del sol en las aspas de los aerogeneradores. Saqué veinte euros del cajero. El tiempo se desliza y el mes de abril envejece, ya es día cuatro, pronto pasará la Semana Santa y enfilaremos el camino hacia el verano. Lo transparente puede llegar a ser demasiado doloroso. Era uno de esos momentos.


+ ¿La toxicidad solo es veneno o, como los venenos, admite otra faceta, la del remedio? No. La toxicidad solo remite al daño, al trastorno, a la muerte [física o psíquica]. La toxicidad tiene algo de construido o fabricado, que nos invita a pensar en el laboratorio y en los productos de síntesis. Hay productos tóxicos y esta denominación se extiende a las personas. ¿Hablamos del mal? Hablamos del dolor, que resulta más manejable y mucho menos abstracto. Reflexiono sobre la palabra porque me veo obligado a ello por mi propia salud. La etimología latina nos remite a la etimología griega y el significado que aparece en DRAE es el de ‘veneno’. El veneno con el que se emponzoñaban las flechas y que deriva del término tóxon, que viene a ser arco. Ahí hay un punto de penetración en otra realidad, un mundo poético donde es posible describir el dolor sufrido, el malestar, el duro paso de los días donde el asco y desprecio todo lo recubrió. Ahora resulta fácil describirlo, en su momento: no. Una niebla que perturba la visión, un sonido sordo, los golpes y los silencios. Ha pasado tiempo y algo permanece, un zumbido que se va apagando. 


+ Comienza la Semana Santa. Gente de vacaciones, el turismo y sus extensiones. Hay algo que me resulta familiar y que distingo sin esfuerzo. Se trata de esa felicidad de las familias y de los novios jóvenes, tan jóvenes. Un algo plástico, una celeridad propia de nuestro tiempo pero con raíces en el pasado. Seguir esa pista es explicar un acento nihilista que habita en la sociedad. La Semana Santa es vacación, como el Camino de Santiago es senderismo o ruta turística, la espiritualidad está ahí, pero es un rasgo más dentro del conjunto y, aunque característico, no es el más importante. Sin embargo, hay algo que regresa del pasado como amenaza. Debido, en gran medida, al olvido, está presente: repeticiones cíclicas, momentos históricos que regresan a pesar de una atmósfera de indiferencia y cómoda fluidez. La espiritualidad esconde peligros insospechados. Los espíritus rondan a los vivos, a pesar de sepamos que no tienen existencia.


+ [Releo el párrafo anterior y lo veo deslavazado: así es, pero la idea la traduciría en el inestable equilibrio entre creencia y escepticismo, donde parece que la primera recobra una fuerza perdida].


+ Tener creencias, vivir en la nada, falta de confianza, temor, lejanía, lo tóxico y el remedio. La otra cara de la moneda, la moneda falsa. Una corona de sonetos y un papel en blanco. La crisis de los cuarenta se extiende hasta, al menos, los setenta; luego, la muerte. La boca cerrada, el bolsillo vacío, palabras vacuas. Cuentas, ajustes de cuentas, un balance. 


+ Tengo una suscripción a un cuenta en Twitter del Auschwitz Memorial. Tengo el convencimiento de que importante tener presente a los asesinados en los campos de concentración, alguna vez lo dije: cuando fuimos C. y yo al campo de concentración de Sachsenhausen, en la inmediaciones de Berlín, algo cambió, nada volvió a ser lo mismo. A ello debo sumar que fui con K. a una amplia exposición sobre Auschwitz en Madrid. Son dos momentos importantes que me han hecho reflexionar sobre la maldad, pero, también, sobre el olvido. La memoria se cuartea y su fuerza se debilita. Hoy son asuntos, tal vez, lejanos. Sin embargo, esa maldad pertenece a la esencia del ser humano, ahí está dormida, a la espera de que alguien la despierte. He visto vanalizaciones del Holocausto que me han entristecido y preocupado, a renglón seguido hago una búsqueda de imágenes en línea con el tema del Holocausto y el resultado obtenido me devuelve esa tristeza. A veces pienso que todo se olvidará y regresarán de ese mundo al que fueron arrojados los demonios que protagonizaron el horror, con el permiso de la mayoría de la sociedad. El horror solo es posible así: mientras, en el mejor de los casos, la buena gente aparta su rostro y guarda silencio, otras veces participa activamente. Vuelvo a ver el Twitter del Auschwitz Memorial.


+ Algo que no me gusta, que detesto: las fotos coloreadas.


+ Imagen: un esquema, el cielo.

sábado, 1 de abril de 2023

Vanitas

+ La pasada moción de censura es un certificado más del cambio de era: la irrupción de una otra política donde lo institucional es un trampolín más, que permite escenificaciones y declaraciones que socavan la institución misma. No deja de ser una traducción del espectáculo televisivo al parlamento, donde el giro de guión pesa más que el fondo y la esencia del discurso, su naturaleza o su destino. No hay mensaje porque el mensaje es la aceleración y el efecto hacia un objetivo que todavía está por definir y donde no caben simplificaciones. Con todo, el personaje que desarrolló el candidato resume una idea que siempre flota en mi manera de ver y entender el mundo, de opinar sobre comportamientos y personas: el carácter es el destino. Ahí es desde donde yo puedo entender al candidato, quizá cuando era comunista también estaba imbuido en el mismo afán, donde el color no importa sino la dimensión del pedestal.


+ Regreso del trabajo y veo a un adolescente agarrado a su madre en la entrada del instituto de enseñanza media. Ambos lloran. Me detengo un momento y observo, no me parece conveniente y, antes de marcharme, veo como el padre estalla y comienza a gritar. Camino y oigo gritar al chico, me vuelo y veo como tira su mochila y el chaquetón contra el suelo. No sé nada, todo lo desconozco, pero me apena. Hay dolor y no es un poema en una sosegada tarde de otoño que me transmite esa verdad cierta del vida: su finitud, esa triste realidad. Es dolor y es triste. No sé, la intuiciones abren caminos y lo inesperado resulta esclarecedor, una chispa que incita al incendio. Lo pienso, continuo mi camino, trato de no pensar, la música es un bálsamo que no termina de funcionar. Lunes. La semana comienza con un escena desagradable, triste, misteriosa. La adolescencia es dolor. ¿Malas notas, acoso escolar, una expulsión inmotivada o motivada? Quién sabe, yo nunca lo sabré y queda ese hilo, ese mal sabor, poco más. Traté de no recordar mi adolescencia, solo eso pude hacer: nada más.


+ Más señales de dolor y malestar. El dinero como fuente de sufrimiento.


+ Se abren debates bioéticos. Se trata de la compra de un bebé que se disfraza amablemente mediante un eufemismo. Gestación subrogada. El eufemismo siempre esconde el intento de enmarañar la realidad, un acento de verdad atenuada mediante el disfraz de un tecnicismo en el que se embosca la desagradable realidad de las cosas. Es algo que se materializa con la ayuda de diversas artimañas. Cualquier explicación debe partir de la propia revista del corazón que se hace eco de la gestación subrogada de la famosa. Perdió a su hijo, tiene sesenta y ocho años y mucho dinero. El espectáculo comienza.  Pudiendo guardarse para sí y para los suyos esta extraña maternidad la exposición es uno de los objetivos, no sé si el principal, pero sí con su importancia. ¿Vanidad?


+ Dos párrafos sobre la paternidad y la maternidad. No era mi intención porque parto desde el punto en que nada tiene sentido, tampoco ni la paternidad ni la maternidad, pero una vez establecidos el contexto requiere una explicación. La sensación es extraña, estoy imbuido en el cruce entre la costumbre y lo conveniente, un malestar que se reproduce cada vez que me preguntan si tengo hijos. La respuesta es no y no hay razones tras ello, salvo particulares concepciones nihilistas de la vida: la vida carece de sentido. Por la mañana, camino del trabajo, escucho algunos podcasts en línea sobre Houellebecq. Quizá ese sea el tono de este momento. Transhumanismo o posthumanismo, cualquiera de las etiquetas me sirve. El nihilismo consustancial al momento histórico, como si todo el romanticismo y. La postmodernidad se hubiesen derrumbado repentinamente. Pero no es algo espontáneo. No hay certezas, pero sí incertidumbre. La incertidumbre hace que resulte extraño que una mujer de su edad busque un bebé para calmar su dolor, mientras lo airea en la revista del corazón más importante del país. ¿Un relato? ¿Ese relato continuo de los famosos, como una opereta o un folletín sin principio ni final? Ahí se insertan esta última nota. Los debates morales que suscita y la facilidad para enjuiciar lo ajeno y no ser justo con lo propio. Es el inicio del siglo xxi, que no resultará comprensible antes de cien años. Y esa comprensión será otro relato, se dijo y continuó con su tarea, sin ganas. Todo lo moral lo dejo a un lado, ese hastío.


+ Imagen: fragmento (-s)

sábado, 25 de marzo de 2023

Viento y lluvia

Coimbra

+ Otra vez llueve. Estoy seguro que en algún lugar habrá un manual de escritura que recomiende no utilizar los fenómenos meteorológicos como recurso expresivo. Quizá sí, quizá no. Sin embargo, a mí se me parece que contienen en sí mismos un sistema de balizamiento que muestra el discurrir de lo diario y su efecto sobre el ánimo. Llueve. Podría sentir la melancolía del pasado y otras aventuras, pero no es así, la lluvia certifica la solida estructura de este presente que yo me he dado. En este sentido, me gusta emplear con contundente audacia el pronombre de primera persona del singular a sabiendas de que no deja de ser un trampantojo. En realidad ese yo es una construcción y, estoy seguro, está determinada por múltiples factores que no se puede alcanzar a identificar y clasificar, algo que resulta indiferente para mi propósito. ¿Mi propósito? Me gustaría que esto fuese un conjunto vacío, pero no es así. Creo que aspiro a un discurrir tranquilo en la playas de la lectura. Ese pasión, ese vicio.


+ ¿El estudio? Creo que ese trata de un sesgo contemplativo y no de una acción. Pero puedo variar mi opinión. Es la costumbre.


+ Continuo con la lectura del libro de Mariana Enriquez El otro lado. Me sorprende mucho su inclinación hacia lo esotérico, los fantasmas y los espíritus. Dice, en algún momento, que mantiene estas creencias por razones estéticas. Esta afirmación se cruza con lo que de Jan Mukarovsky voy leyendo: no se puede desligar lo estético de lo histórico. Sí, la recepción de las obras de arte se subordinan a lo social y a lo histórico. ¿Los fantasmas y los espíritus? Ambos son rasgos de determinados momentos históricos, que hunden sus raíces en el Romanticismo. Un rasgo del momento donde la necesidad de espiritualidad se ve colmada por diversos tipos de ficción y es en este marco donde se inserta esa posible estética a la que se entrega la escritora: vampiros, espíritus y fantasmas. Romanticismo, literatura y drogas. La triada resulta significativa y, en algún sentido, me identifico con ella y sus extensión. Me lleva a la adolescencia y aquellos senderos en lo boscoso, la indagación y el descubrimiento de la lectura como una forma de identidad. Una identidad más recoleta y menos expresiva, reconcentrada y sin alarmas, sin imposiciones. Lo sé, es imposible la existencia sin identidad, pero su conformación puede conducir a extremos indeseados. Yo siempre he huido de esta circunstancia, me cuesta identificarme con una colectividad. Esos caminos de la adolescencia se veían vestidos de música y libros, ensoñaciones de hadas o cloróticas ninfas. Las ninfas eran uno de aquellos estadios que se la edad disolvió. No tengo añoranza, ni veo otra posibilidad que el sosiego. Me duermo y no tengo ganas de encontrar razones donde no las hay, conozco nuevas personas y los veo como personajes o arquetipos. Ya no soy el mismo y algo de aquello permanece. Se han ido los amigos y se refleja en el rostro el paso del tiempo, pero creo que tengo la serenidad necesaria para poder sonreír y no darle demasiada importancia a lo que no la tiene. Es ese el que lee con asombro de su prosa el libro de Mariana Enriquez, el que no juzga y el que reposa sobre las posibilidades de una nueva divagación.


+ Aparcados están algunos libros, la poesía y la literatura sapiencial a la que lleva mi afición por trazar límites, fronteras, marcos. No es tarde, me digo, pero no regreso a los libros. Es una etapa de vacío y ese vacío es barbecho, que ha de aportar lo necesario para regresar al placer, a la noticia que los muertos nos traen del más allá: aquel momento cuando escribieron. No son fantasmas, son carne de viento y lluvia.


+ Me cuesta mucho trabajo continuar con tareas que son algo más que un compromiso. La reiteración es la clave, no se debe desistir. Pero hay días que son nefastos, temporadas de inactividad que me resultan dolorosas. Veo una cierta incapacidad y enfrentarme a mí mismo ante este espero me desconcierta, aunque, lo sé, se ha atenuado y es un efecto del paso del tiempo, del envejecimiento. La oración adquiere diversas formas: escribir sobre la circunstancia es una más.


+ He vuelto a leer algo de Marina Enriquez, de ese libro que antes cité. Vuelve la autora sobre los fantasmas, me gusta que se refiera a ellos como “filamentos", me parece un gran hallazgo. Como las patitas de la gata que se extienden en un intento de atrapar el viento que se desliza entre mis dedos: jugamos y ella siempre gana. No hay reglas. Leo el libro de Mariana Enriquez en la primera hora de la mañana y sé que es eso un condicionante, una apuesta perdida contra los fantasmas. Las múltiples caras de los espíritus son solo una cara y esa cara, ese rostros me indica mediante un gesto austero a dónde se dirigen los pasos perdidos, aquel deslizarse de la nombrada adolescencia. Hoy más que un paisajes es un gesto, aquellos recuerdos, materia poética, poética del deslizamiento.


+ Imagen: líneas y una ausencia, la lectura de los momentos que fuimos dichosos se traduce en imágenes que tienen valor individual pero no transmiten la dicha, sino, cómo no, lo aleatorio que los disparos fotográficos son. ¿En Coimbra?


sábado, 18 de marzo de 2023

Una forma de estar


+ Domingo por la tarde. Ya no llueve. Después de pasear por A Lanzada vamos a Sanxenxo. Seguimos paseando. Hay mucha gente y todos tienen un aire similar, supongo que me debería incluir en el conjunto, no soy una excepción: vestuario, el tono de voz y el paso lento y tranquilo. Es domingo. Así, entramos en una de esas tiendas que abren los domingos. C. ve la ropa y yo me fijo en la tienda, en las dependientas, en su uniforme, pero me llama la atención sobre todo la música. Lo venía pesando, pero en este momento me doy cuenta de una cierta muerte de la música de guitarras. Se ha terminado una época. Anoto el nombre del cantante, que luego buscaré en el ordenador. Sí. Es música sin instrumentos, salvo la voz, o son instrumentos sin soporte, como la música misma. Es otro mundo y, ahora, más que nunca, soy un espectador.


+ Uno que dice que ahora hay menos libertad que en el franquismo y la mentira le dijo a la verdad que ella era la verdad. Así es la televisión. Así es la vida. Me pregunto el alcance de la afirmación y veo que todo está dentro de una agenda que no termino de identificar, pero sí intuyo. Ahí está la razón de la propaganda. Propaganda, propagar. Un uso del verbo: el incendio se propagó. Ay, la libertad y sus atribuciones, la libertad y la extensión de sus definiciones.


+ Extraña convivencia esta que tengo yo con Villamediana, Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana. Sé que estoy a un paso de tener una visión sobre su persona, de soñar con un soneto perfecto en su ámbito renacentista o barroco, bañado en el petrarquismo y doliente de Góngora y amor cortés. No sé. Extraño viaje el que he emprendido, travesía oscura en la noche oscura que me conduce a una parte de mi persona que no es que desconociese sino que ahora estoy creando.


+ Los días pasan y nos llega el mensaje mismo del paso del tiempo a través de las conversaciones, encuentros con personas que tienen nuestra edad y han descubierto que ya no son jóvenes. Parece un sueño, pero no lo es. No se trata de que un día te despiertes y sientas que era un viejo, no, es paulatino y esta característica hace que sea menos doloroso, o que el dolor sea de otro tipo. Clasificar los dolores es una tarea para esforzados, que no es mi caso. Caminamos durante las últimas horas de la tarde y encontramos a otras personas, nos paramos con ellas y nos cuentan sus cosas: padres enfermos, el dolor que le ha sobresaltado esta misma mañana, los hijos que se hacen mayores y pronto tendrán sus propios hijos. El paso del tiempo no es una novedad pero se descubre sin lírica. ¿De qué trata la poesía? De la muerte y del paso del tiempo, solía decir yo con un punto de mundano cinismo. Ahora sé que no era mentira, pero he visto su carne abierta, el paso del tiempo es el recuerdo de ebriedades nulas, de noches en soledad, amigos en el olvido. Todo eso y más. Leo con interés el libro de Mariana Enriquez El otro lado. Este párrafo tiene mucho que ver con el libro, con la lectura en las primeras horas de la jornada. Tiene que ver con que he recuperado el hábito de coger libros en la biblioteca pública. Tiene que ver, finalmente, con mi edad, con asumir una suerte de tránsito necesario y liberador. Ay, los días pasan sin noticas, en una calma que induce a la pereza, como si esperase el verano y el verano no es una estación que me guste especialmente, lo pienso y me parece que se trata de un estado vital que se relaciona con una forma de estar. El silencio es mi aliado, hoy, siempre.


+ Pensé en un paseo que dimos entre casamatas y puesto de tiro. Estábamos en Normandía y era la consecución de un viejo anhelo. Hoy lo recuerdo en el sentido del párrafo anterior. Se trata de establecer un diario, el registro de momento que poseían una especial factura: el color del cielo, la plasticidad de las nubes, los rostros de las personas, nada interrumpía el fulgor del momento, tras visitar los cementerios del desembarco y comprobar que los que allí estaban enterrados eran niños; ay, siempre son los niños los que luchan en las batallas, siempre mueren los niños. Volví a ver a C. en aquel prado que se rompía sobre el canal, que se prolongaba hasta el horizonte, nubes y una cometa que rasgaba aquel cielo de perfección y olvido. La poesía permanece, es su sentido netamente lírico.


+ El título era Lugares a los que no volveremos, pero no llegó a escribir nada, salvo ese título. Un título es fácil, pero que luego tenga continuidad es una tarea no está al alcance de todos. De hecho, cuántas veces nos hemos dejado arrastrar por un título y luego no ha habido nada tras él; quiero decir: cuando recorremos las estanterías de la librería o de la biblioteca [a donde felizmente he regresado]. Creo que es algo que sucede, también, con las fotos que ilustran las portadas de los libros: una buena foto invita a abrir el libro y, cuántas veces, el texto no está al altura de la foto. Se llaman paratextos y son tan descriptivos como engañosos, pero son parte del producto, si así se puede llamar. El envoltorio constituye una frontera. En ello estoy, al menos hoy miércoles, en esa frontera, porque todo avanza y nada se detiene. El cambio.


+ Imagen: esta transición entre foto y texto, que no llega a fosilizarse. 

sábado, 11 de marzo de 2023

Non vulgaris venae

blur

+ El título de la entrada me remite al diccionario de Nicolas Antonio y la entrada del Conde de Villamediana. Un poeta que no bebe en una vena vulgar, y, cierto es, al contrario se puede decir. He leído hoy alguno de sus sonetos y declaro un interés sin fisuras por la complejidad de los versos, por ese ejercicio o pasatiempo que implica ese descifrar, el recomponer la sintaxis y ver en ello la belleza que contiene. Ahora el tiempo es otro y los modelos son distintos, el tiempo habrá de arrojar oscuridad sobre ellos y descifrar lo de hoy será entender lo que a nosotros nos condiciona, nuestro contexto. Pasatiempo o sustancia nuclear, no creo que la elección tenga importancia.


+ No me cabe la menor duda de que estamos en un proceso de descomposición. También, como lo escuché a Bruno Latour, pero también a Macron, nos encontramos ante el fin de la abundancia. Tengo la impresión de que se está cargando el combustible preciso para que el conflicto estalle, en cualquier momento la chispa surgirá en el momento y en el lugar menos esperado. Necesito tiempo para explicarme algunas cosas pero sé que en la historia hay elementos para conocer el presente, ese cómo que nos lleva hasta este punto al que hemos llegado. Todo esto me viene a la cabeza tras leer el ejemplar de Público, el diario portugués, que compré ayer en Caminha. Hoy, domingo, lo leo en cama y me esfuerzo por entender la realidad de un país que no es el mío, con la intención de, por contraste, ahondar en los problemas que atañen a España. España, qué palabra. Y cuando la pronuncio recuerdo algo que ayer leí en una librería de Braga: la característica principal de España es su diversidad, por encima de cualquier otra. ¿Se puede entender toda la realidad política desde este punto de partida? Vuelvo al principio, la descomposición institucional me parece peligrosa, el reflejo de una época. Lo del fin de la abundancia se traduce en la inflación, los bajos salarios y la acumulación de riqueza en unas pocas grandes fortunas. No sé si es un balance esto que escribo, pero sí hay una cuenta pendiente, un arqueo que explicaría la deriva de los equilibrios políticos y sociales. Algo se ha descompensado y, a consecuencia de ello, la putrefacción se extiende. 


+ Privatizaciones, impuestos bajos y precariedad laboral, altos precios de los alquileres, la inflación y un cierto rumor fantasmagórico. Niebla en el horizonte. La política nos atañe a todos, pero me siento desvalido por no saber cómo actuar. Me fatiga mi posición de observador.


+ La nostalgia se impone, sin saber muy bien a qué responde y sin percibir que no se trata de otra cosa que una construcción preparada para la ocasión, para ese discurso que niega o afirma en función de la necesidad. Falta de coherencia discursiva. Y qué. La velocidad que se ha impuesto impide trazar una línea clara que separe lo falso, lo verosímil y lo aparente. La verdad es una construcción, salvo hechos indiscutibles que tienen su razón en datos que tampoco admiten discusión. La hipervelocidad, como en otros ámbitos, acelera los procesos constructivos. ¿Está hay el principio de descomposición? No olvido que antes de que brote la semilla debe haber muerte y descomposición, es aquella máxima que regresa: lo viejo no ha muerto y lo nuevo no termina de nacer.


+ Al hilo de lo anterior, la cita es de Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.”


+ De eso se trata, de monstruos que comienzan a brotar. Observo, poco más. En una vena no vulgar, pero un tanto inútil. Qué le vamos a hacer.


+ Qué fatiga me entra. Veo, en línea, unos reportajes de un periódico sobre las bibliotecas de algunos autores. No soy capaz de ver ninguno de ellos completos, ya que me parecen unos notables ejercicios de pedantería. Al tiempo, me acuerdo ante al exposición de una afamado fotógrafo español, con el fotógrafo presente en la inauguración, me dijo: me gusta el arte y no soporto a los artistas. Ahí guardé yo la idea de desligar obra y autor. El autor permanece en la sombra, pues solo el producto de su trabajo tiene interés, el resto a la tiniebla lo condeno.


+ No sé si causa sonrojo o risa, la polémica de la tilde en solo o su ausencia. Qué fácil es olvidar que todo lo humano es arbitrario. Todo, salvo el nacimiento, la muerte y la enfermedad. Pero, ¿cabe otra cosa que darle sentido a las cosas mediante los artefactos de la vida, las simulaciones y sus arquitecturas? Ahí estamos, sólo o solo o solo.


+ Después de un año y medio, he llegado a donde me había propuesto hace un año y medio. ¿Qué decir de tal proyección? La meta y el camino son complementarios y su reflejo nos permite establecer una cierta paz en el día a día, esa manera de suspender y obviar el futuro que se basa en la disciplina del presente. Consigo conciliar el sueño sin dificultad, me parece un logro sublime y que se relaciona con lo dicho: el presente como medicina para soportar las esperas. Un año y medio de esperar no es para tanto.


+ Imagen: un cierto desorden.

sábado, 4 de marzo de 2023

La casa del padre

regreso

+ Me paro a pensar en aquellos que en su juventud fueron comunistas y hoy se sitúan en el extremo contrario, con una exacerbada defensa de aquello que parecían atacar en su momento. Si de tener razón se trata, no creo que tengan razón ahora, pero tampoco antes. Es más, me parece que para explicar estos cambios se debe indagar no tanto en las razones que aportan, por muy elaboradas y fundamentadas que se nos aparezcan, sino que es su trayectoria vital la que puede arrojar luz sobre sus cambios de parecer. Sus trayectorias vitales parecen apuntar más bien a un regreso a los orígenes, a la casa paterna, a aquel punto del que un día se alejaron y deben volver, ahora que los años los han hecho sabios y han estudiado lo que antes aceptaron espontáneamente. Tal vez, nunca dejaron de ser lo que fueron y el comunismo fue una veleidad propia de la juventud, que el tiempo ha aclarado. Otros tomaron drogas y hoy postulan contra los perjuicios que ocasionan las substancias, como el fumador que pontifica sobre los males del tabaco. No sé si hay un paralelismo entre una cosa y la otra, pero me parece que una falta de coherencia vital se manifiesta, sobre todo, en la pasión con la que aparece el nuevo discurso, su voluntad de erigir un edificio, una torre que alcance a iluminar con la verdad de la conversión. El hijo pródigo regresa a la casa del padre.


+ Pienso que la casa del padre es un síntoma, pero también una suerte de relato donde se citan la expulsión, el abandono y el regreso. Hay late la parábola del hijo pródigo y sus inconsistencias, que, al tiempo, hacen mella en el imaginario mientras arrojan un rédito de perdón y olvido que hiere al que estuvo ahí: en la casa del padre.


+ La cuarentena pasó a la historia y no sé muy bien qué significa esto de “pasar a la historia.”  Escucho la canción de Los Enemigos, Siete mil canciones, versión cuarentena, y me hago la pregunta anterior a raíz de esa etiqueta que a la canción le ponen. Queda todo tan lejos, tan extraño resulta pensar en aquel encierro, un estado que ahora es un reflejo o el recuerdo de un sueño, con esa deletérea materia que se diluye en el olvido. La canción está bien pero me parece antigua como yo me veo antiguo. Son años que pasaron y su rastro es la senda del recuerdo. Ay, el recuerdo. Sin contexto no hay sentido


+ La casa del padre, qué título. Indago.Lo sabía. Hay una novela con ese título. Karmele Jaio. Una novela sobre escribir novelas. Qué género, pues. Extraño tipo de novelas donde la tipología es una parte de la trama, un rasgo más. El título es bueno, pero lo que leo el resumen y no me motiva. Tanto por leer y tan poco tiempo.


+ Los hijos guardan con sus padres una relación muchas veces insospechada que va más allá de los rasgos físicos y acentos del carácter. Como si fuese un secreto, algo que se tiende a ignorar, pero que termina por emerger. Según pasan los años se delimita el perímetro de estas fluctuaciones del destino y es aquí donde recuerdo la máxima de Heráclito El Oscuro: “el carácter es el destino”; una cosa lleva a la otra y entre ambas terminan por definirse. Observo ciertas personas de las que sé lo suficiente para ver ese alargado reflejo de sus padres en sus acciones, cómo se van desplazando hacia esa frontera entre el deseo y la obligación, donde triunfa una suerte de solida tendencia. Una tendencia que no se puede ignorar, a la que no se le puede decir que no. Esa insospechada relación no es otra cosa que el destino que se inscribió en el momento mismo de la concepción. El determinismo que comporta resulta desagradable en un primer momento; después, es liberador.


+ Notas a pie de página es este diario, pues otra cosa no es. Constituye una herramienta, como es la vida misma herramienta para reflexionar y yo no hago otra cosa que observar y reflexionar. Trabajar con lo que se tiene: despertar, el tajo diario, la comida, las palabras y los silencios, los trayectos en coche, la música, los encuentros y los enfados, el peso del pasado que ejerce su fuerza sobre el presente, la idas y venidas de las personas, conversaciones en la calle y otra vez a comenzar el ciclo: dormir y despertarse. Los paisajes, las varias arquitecturas, la forma de una taza de café, el apunte rápido de una plaza en algún lugar del Norte de Portugal, próximo a la frontera, una paloma o un niño que se entretiene con un charco, poco más hace falta. Notas a pie de página elaboradas con una cierta improvisación y bajo el espontáneo gobierno de los trabajos y los días. ¿Espontáneo es? Así redacto.


+ ¿Es poca cosa un título o encierra algo más que una promesa? ¿Podría recordar a aquel hacedor de títulos, el coleccionista de novelas nunca escritas?


+ Sigue mi lectura de Gracián. No sé que he encontrado o, quizá, no buscaba nada, aunque tenía un propósito claro y eran textos que me obligasen a pensar en propia sintaxis y su ramificación de sentido y mensaje. ¿La dificultad ofrece mensajes y sentidos? No me cabe la menor duda y así visito al Conde de Villamedina, así regreso a su Faetón. De eso se trata, de un ejercicio que me obliga a pensar más allá de la rutina y el texto instrumental, de la bendita rutina extraigo ese material que me ayuda a establecer un mundo, la infinita y deseable realidad, nunca definida, nunca atrapada. No añoro otros tiempos y esta lectura me reconforta porque renueva una idea sobre la lectura misma. La lectura por sí misma, sin otro propósito.


+ Imagen: el regreso podría ser recuperar fotos de cámaras de fotos olvidadas, me sorprende que funcione y que atesore fotos que ya no son otra cosa que arqueología [de mi propia vida].

sábado, 25 de febrero de 2023

El regreso



+ Se cierra un ciclo y otro se abre. No sé si se trata de un regreso y dudo mucho que todo esté tal como lo dejé la última vez que allí estuve. Los cambios tienen una hondura que resulta complejo determinar, ni siquiera intuir y, además, no es al primer golpe de vista cuando se perciben sus dimensiones. Estuve allí durante seis años y me ausenté once. La suma de ambas cantidades arroja un total de diecisiete años, una adolescencia que ya no es tal, pues la dirección que apunta es otra. La madurez apunta a la senectud. No hay otra reflexión posible y no sé si tiene importancia porque todo depende del punto de vista que se adopte y hay arco para elegir, al menos es lo que me gusta pensar. Que la vida nunca se detiene es un hecho y en mi ausencia las respiraciones y expiraciones se sucedieron con ritmo monótono, sin desmayo. Siempre los días se parecen los unos a los otros, como las hojas a las generaciones de los hombres: invierno, primavera, verano, otoño y, otra vez, el invierno. El invierno es el emblema de la vejez, una imagen dolorosa. Nieve, frío, oscuridad temprana. Algo le sucede al que está en la cárcel que se asemeja a mi ausencia, para el preso el tiempo se ha detenido, pero para los demás corre. Correr el tiempo es envejecer y he envejecido. Casi no me he dado cuenta. La reflexión me distancia y escucho y no debato. Las voces retumban en las habitaciones vacías, las percibo pero no escucho, solo oigo. El agua que cae desde la fuente, la corriente de un río, el oleaje. Todo se duplica y lo visto son ciclos que se cierran y se abren. En ello estamos, esa era la circunstancia: la espera. La espera da lugar al regreso y el regreso tampoco es, necesariamente, definitivo.


+ Hay algo en lo que se queda anticuado que nos da la llave para abrir insospechadas puertas del pasado. Cuanto más, cuando se trata de detalles minúsculos que se agazapan, por ejemplo, en las novelas baratas. Así, estudiamos sus portadas, la tipografía o la disposición de la propia historia porque buscamos algo que no sea la calidad, ni la excelencia, sino el impulso de un tiempo, el rastro de posibles e imposibles lectores, aquel mundo que desapareció y ahora es tan relato como las páginas que se agitan entre nuestros dedos. Esa humildad eleva otros mundos, en silencio, en la retaguardia.


+ Son las marcas del tiempo en las amarillas hojas las que traducen lo vivido a melancolía. Manchas de humedad, el amarillear, ese olor a viejo y el polvo en suspensión, cuando abres el libro. Lo poético refleja lo incompatible que resulta cierta idea de utilidad y la finitud de la vida misma. La poesía no es otra cosa que constatación del tiempo, de la muerte..


+ Podría emplear el verbo creer pero la certeza de que las imágenes que subo a Twitter tienen calidad y coherencia no admiten esta verbo estimativo. Veo en ellas una trayectoria, la huella de muchas exposiciones vistas, lecturas y encuentros y desencuentros. Reitero, cuando cuelgo una foto, esa idea de que la fotografía se ha terminado, que todas las fotos han sido disparadas ya y no cabe otra que la reiteración. Valoro mis fotos y las cuelgo como aquí escribo: una constatación de lo diario, una escritura del yo cuando sé ya que el yo no es otra cosa que una ficción. De eso se trata: de contribuir conscientemente a esta ficción.


+ Extraños adjetivos: “por las feéricas noches de Kensington”, que extraigo de un poema de Luis Alberto de Cuenca. ¿Feérico? Feérico es lo relativo a las hadas y a Kensington le va como anillo al dedo. ¿Recuerdas aquellas noches de Kensington? Calles, jardines y tabernas. ¿Habitaban las hadas allí, pequeños duendes, tal vez? Es un tiempo pasado y la melancolía resuelve el dilema. Sí, recuerdo haber visto a las hadas brillar entre los árboles de Barkston Gardens. No tiene importancia, cuenta hacer descubierto un adjetivo y constatar que hay todavía recodos y recovecos que desconozco. Kensington allí continua y nosotros añoramos una idea literaria que todavía palpita en nuestras conversaciones; hay una suerte de equiparación.


+ He puesto en marcha, otra vez, las listas de lectura de la biblioteca pública. No deja de ser una alegría que se relaciona con la obtención de la plaza. Aumenta el acceso a los libros, libros que no deberé comprar, que bastará con pedir prestados, leer y devolver. La sensación es de grandeza, la expansión del campo de lectura me produce una satisfacción íntima y duradera. Lo solido se opone a lo líquido, es lo que busco, lo cuido y lo con cariño. Los cuidados cimientan la confianza en el futuro, como si atesorase herramientas para llevar mejor los tiempos que han de venir; hay en toda lectura una conjuro contra el aburrimiento y en la escritura, también. Me encomiendo a este dios del momento y la oportunidad.


+ Un día en Viana do Castelo. Paseos, un café, una cerveza, la comida, otro café y el día se va entre conversaciones y las sorpresas que ofrece algún escaparate o la librería donde me encuentro con un grueso tomo de Viagem a Portugal de Saramago, con fotos del autor y una tipografía generosa. Continua nuestro paseo. Es un día luminoso y el tiempo semeja haberse detenido. Compro la prensa y observo como la pequeña ciudad se acicala, como las fachadas y las calles van cobrando presteza. Es un proceso, pero también un síntoma. Pronto, me digo, se restringirá la circulación de los coches y se prohibirá el aparcamiento, es la senda que se han marcado para conseguir que la ciudad resulte atractiva. La palabra que se ajusta a este proceso es gentrificación, que en ocasiones he traducido del inglés por aburguesamiento, pero no describe demasiado bien a lo que está sucediendo. Es un proceso imparable: el turismo y la inversión extranjera, la vivienda como bien de mercado, los beneficios que aporta la vivienda, un bien de inversión. Sin duda es uno de los punto calientes que conducen a un conflicto, que, en mi opinión, no deja de acentuarse. Ya en casa, al día siguiente, después de despertar (siempre tan temprano) leo algunos artículos en Público, el periódico portugués. Una economista habla que las medidas para contener el precio de la vivienda y del alquiler pasan por crear un parque de vivienda de titularidad pública, una periodista que vive en Lisboa dice que la vivienda donde habita, comprada hace quince años, hoy le resultaría inasequible. Por otro lado, también compré Paris Match y afloran problemas similares: la imposibilidad de la construcción de un proyecto vital donde la vivienda en uno de los ejes, pero también el acceso a los alimentos, a la sanidad o a la educación. Bien. Es nuestro tiempo, el tiempo donde el liberalismo o el neoliberalismo ha triunfado. Uno hablaba de “los enemigos del comercio”, que daban miedo, pero no mentaba a los “amigos del comercio”, que dan el mismo miedo, y se resuelve un idea del hombre, en sus múltiples facetas, donde, entre contradicciones, uno de los polos es la codicia. La codicia que acaba por destruir al codicioso. Vale. Que el recuerdo de la agradable jornada en Viana do Castelo y la sublime francesinha a la que acompañó la menos deliciosa cerveza sin alcohol. Vale así.


+ Imagen: mercados de Londres, cuando yo todavía no me había ido. Regreso a ese punto. La foto describe un momento, pero no traduce la circunstancia a la de hoy.

sábado, 18 de febrero de 2023

Circunstancia (y 12)

+ Pasamos un día y una noche fuera de casa, en Santa Mariña de Augas Santas, una parroquia del municipio orensano de Allariz. Llegamos el viernes por la mañana y nos fuimos el sábado en torno a las diez de la mañana. Fue agradable en extremo, si este matiz cabe dentro del agrado [¿un agrado extremo es posible?, me pregunto tras haber escrito la frase anterior]. Hacía frío en las primeras horas del día, de ese viernes feriado, pero, conforme avanzaba la mañana, la temperatura veía atemperada. El paisaje es otro, me dije, y reconocerlo transmite una cierta sensación de paz que nada tiene que ver con la ebriedad. Pienso en la ebriedad y las obligaciones que conlleva, su adquisición y las alegrías y dolores que transmite, el pesar y el remordimiento que trasmite ese extraño olvido que otorgo el vino bueno y el mal vino. He leído sobre el tema y en línea veo vídeos. Deja de interesarme pronto porque es una asunto del pasado, una cuenta saldada. ¿Abstención o renuncia? Qué importa. Sin embargo, persiste la certeza de que es uno mismo quien debe decidir sobre el asunto, nadie más. Se clarifica mi posición: tomo de aquí y de allá, rechazo algunas cosas y me reitero en otras, sé que este punto de indiferencia es algo propio de la edad y me digo que la juventud está sobrevalorada. Es una boutade, pero hay un aprendizaje en esta manera de tomar posición. Soy yo el que decidió argumentar o posicionarse así, hoy es distinto porque se eleva una suerte de ironía. Discursos que jamás volveré a pronuncias. El sur de la provincia de Ourense resulta ser un mundo por explorar y, por lo tanto, es necesario volver a él en estaciones y circunstancias distintas a las visitas anteriores. En ello me centro y veo que es otra suerte de ebriedad. Ebriedad, qué palabra para enlucir los trabajos y los días.


+ Y avanzo en la lectura de Gracián, vuelvo sobre las frases y su complicación sintáctica. ¿La sintaxis, como decía alguien el otro día, es un producto del siglo XIX? Cuantos espectros me acosaron en el sueño plácido de Santa María de Augas Santas. Gracián me acoge en su prosa y desliza en un acertijo mediante una de sus sentencias: ni escucho secretos ni comunico secretos [más o menos así era la cita, pero se mantiene la idea: el rechazo al secreto y la discreción en las conversaciones, punto menos, punto más]. He recuperado un tomo: El héroe / El Discreto / Oráculo manual y arte de prudencia. No sé si enlaza con lo anterior pero me agrada pensar que sí. La prudencia no necesariamente es enemiga de la ebriedad, pero sí hay rechazos y alejamientos que ahora entendemos con claridad, pero sin pena ni arrepentimiento. Los sueños están obligados a sumergirse en el olvido, es su destino, pero eso a todo concierne. ¿La sintaxis es una facultad del alma, según cita de Paco Umbral que sería a P. Valery? A saber. Hoy es domingo y todo se traduce en una espera sosegada.


+ De la misma manera que hay personas que, de natural, tienen una pasmosa habilidad para el debate, también hay otros que operan de con una manera similar en la prosa, la construcción de un largo texto o discurso. Ensayos, tratados o tesis doctorales. Que tengan esta habilidad no tiene que conducir a lo cierto, a la verdad o a la adecuación de lo expresado con ciertos hechos. Se trata, sencillamente, de retórica y la retórica no es otra cosa que el arte de la persuasión. Con la edad uno ha construido una suerte de defensas contra la persuasión y no sé si es bueno porque, al final, supone un endurecimiento y la dureza nos aleja de lo humano. Pero así es, cada vez soy más reacio a tomar por cierto lo que no es otra cosa que ornato, elegancia o adecuación al momento y a la circunstancia. Repito, no sé si es bueno o malo, pero es. Así he visitado las labores de un cierto ensayista con el marchamo de filosofo y me encuentro su capacidad me hizo caer en confusiones. Todo esto fue mucho tiempo atrás y sentía yo un deslumbramiento por el personaje que me impedía leer la obra con la distancia necesaria que me permitiese identificar o separar el trigo de la paja. No ha sido una decepción, sino una constatación de cómo el lector varía en su criterio a lo largo de su vida y este rasgo traspasa, finalmente, la edad misma para dar cuenta de algo nuclear: la apertura que tiene la labor lectora, su inconsistencia y la necesidad de establecer criterios de adhesión y deserción. Qué lejos quedada todo, hoy.


+ De Gracián copio la cita que ocupa el frontón del tomo que compré hace ya tanto tiempo: “tanto se vive cuanto se sabe” Retengo su música e intento aplicarla a los días pasados como a los tiempos que están por venir y presiento, en sus venturas y desventuras. Cuánto de cierto tiene esta frase, ya que la amplitud de la vida está condicionada por la capacidad de leer y retener, que no es otra cosa que el estudio. El estudio, es fármaco. Y fármaco, en su doble acepción, es remedio pero también veneno. Ahí estamos, lo sé, en mi humildad y en mi grandeza. Y leo en la introducción: “una clara codificación de la existencia” (Raquel Asun)


+ Debo buscar referencias de Raquel Asun tras citar el sintagma empleado en el párrafo anterior y veo que falleció a los 37 años. La cifra me conmueve y trazo una idea que obligatoriamente parte de Marco Aurelio, donde las vidas longevas y las breves resultan intercambiables. ¿Tiene mucho peso vivir una hora más, un mes, un años? Hay un pesimismo claro en el designio de Marco Aurelio. No lo esquivo. Busco el rostro de la filóloga y solo encuentro una imagen, que ya me sirve para saber que todo se disuelve: es una foto que destila antigüedad, desliza ese rumor del paso del tiempo, su incontrovertible sentencia. Me digo que los rostros contienen el esbozo o el punto de partida de una biografía; sin embargo, sé que no es cierto. He observado con cuidado rostros de escritores y he buscado ese reflejo en su obra y no lo he encontrado. Quizá se trate de una actitud, nada más, y esta actitud sí tiene reflejo en el rostro, pero poco importa. Qué más da. Murió joven y ahora yo leo su introducción a tres obras de Gracián. Gracián murió a los 57 años, una edad que no es precisamente avanzada. La muerte es final del camino, pero también es una meta que da sentido a la narración de una vida, es el punto donde se completa la persona y asciende el personaje. Un personaje en el recuerdo, que, una vez más, en la línea de Marco Aurelio, también está llamado al olvido. 


+ Don de la ebriedad: volveré a leer estos poemas y sentiré que fui adolescente hasta avanzada edad, este retardo se debió, precisamente, a la lectura de estos poemas. Iluminaciones y senderos en la noche que conducen hasta el corazón de los abismo. La ebriedad como incierto incierto de verdades y sabidurías, la ebriedad conformada en un haz de destellos pero sin dirección, la falta de dirección resalta sobre otros rasgos de aquella juventud extraviada. “No volveré a ser joven”, el verso de Gil de Biedma [tema para otra entrada, que hoy no tendrá lugar]. La poesía y su reflejo en lo diario, lo diario como instrumento para indagar en la realidad. No hay otra posibilidad. Porque “Que la vida iba en serio / uno comienza a entenderlo más tarde” y así.


+ Se cierra la circunstancia y con ella, la espera. Todo llega y todo pasa, como el verso de Machado, como las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre. Cada cambio, cada tránsito es una lección, una pronóstico de lo que ha de suceder. Hoy me repliego y mañana, una vez más, escribiré en este diario.


+ Imagen: Sombras

sábado, 11 de febrero de 2023

Circunstancia (11)

+ El mes de febrero comienza con buen tiempo, si por buen tiempo entendemos que luzca el sol aunque haga frío. El frío se convierte en una suerte de catalizador, a través de su influencia percibo los perfiles exactos de las montañas, la longitud de las nubes o la línea clara del horizonte, el mar. El frío me gusta. Leo y escribo, pero el tiempo metereológico me ayuda a avanzar. El ánimo se revela.


+ Pasamos C. y yo la tarde de sábado en Portugal, en Caminha. Lucía el sol y había un recorte exacto de las piedras, un perfil que invitaba a reflexionar sobre las posibilidades de mis dibujos, dibujos precisos y sin ambición, dedicados al pasatiempo o un ejercicio del pulso. Esa mi nueva afición. El cuaderno rojo donde torpemente yo dibujo, me digo, es un diario, pero el reflejo que ofrece es limitado. Tomamos café y natas, también torradas. Pequeños placeres, grandes placeres. Es una saludable costumbre dedicar el tiempo a lo minúsculo, enamorarse de estos instantes y olvidar que el tiempo es una realidad que no ofrece resistencia pero tampoco se detiene. El tiempo es creación y olvido, pero no admite cuestionamientos. Después de cultivar este y otros ritos fuimos a la tabacaria y compré un ejemplar de Público, el diario portugués. Regresamos por la autovía y me pregunté por esta geografía de la frontera, las diferencias y las afinidades de la población en ambos márgenes de la raya, como el hecho de vivir aquí condiciona la visión que de los dos países se tiene. Caía la noche y en la cabeza pesaba más el sueño que en la vigilia, no era solo un deseo, era la primera etapa que conduce hacia una apacible cama. Todavía había que hacer el camino de regreso. Atrás quedaba Portugal y se apuntaban en el paisaje montañas y construcciones, escenarios, recuerdos y un etcétera sin concesiones. Cenamos y en cama, ya, por el aire, leí el diario que había comprado unas horas antes. Resultó ser una suerte de preparación para el día siguiente aquel leve ojear las páginas de. Público. Apagué la luz. El sueño resultó una reparación de lo no sufrido, no había tomado demasiado café y estaba cansado: la conjunción de las dos circunstancias me regaló un sueño profundo y el sueño fue punto más que excelente. Me desperté, desayuné y regresé a la cama para leer el periódico. El domingo, me dije mientras abría el diario del día anterior. Así, llegué hasta el artículo de Bárbara Reís “Ele tinha em casa um frasco com orellas de preto”, que traducido viene a ser: “él tenía en casa un frasco con orejas de negro” En fin, comienza el artículo con el relato de una selección de personal en el que el candidato parece el más adecuado, salvo por la circunstancia que se devela, ya, en el titular: en su casa tenía un frasco lleno de orejas obtenidas en su estancia en África, orejas de negro. Continua el artículo diciendo que no eran algo extraño estas colecciones, así como las de manos humanas momificadas. A continuación, se habla de que un integrante del partido de extrema derecha portugués Chega, que niega la masacre de Wiriyamu. Después de indagar en la noticia, de comprobar la afirmación [que el partido se encargó de borrar de la intervención que se guarda en su canal de televisión en línea], la periodista reflexiona sobre la negación de la matanza. La negación es punzante y tiene la capacidad de paralizar. La negación es un rasgo que define nuestra época, esta primera parte del siglo XXI. Alentado por los populismos de extrema derecha, la negación de las realidades antes incuestionables se ha convertido en una herramienta del marketing político muy eficaz. Es fácil de blandir y difícil de desmontar su esparcir toxicidad. Una herramienta muy eficaz, sin duda. Negar es gratis y cerrarse en banda la receta para cualquier crítica o cuestionamiento. Un poco más tarde, después de trastear en Twiter, visito la página de un centro de formación de líderes que se debaten entre lo autoritario y lo neoliberal, el ensalzamiento de una derecha desvergonzada. De repente reclaman para sí el pensamiento crítico y me doy cuenta de que el pensamiento crítico no es un talismán. Lo había visto anteriormente, pero en ese momento relacioné una cosa con la otra, con el resultado de que no es posible convencer a nadie de sus razones íntimas e identitarias, quizás sí se podrá vencer, pero a la vuelta de la esquina regresará a lo que antes dijo. La propaganda tiene pilares sólidos, los deseos y las ambiciones, la negación y el fracaso, la decepción y el resentimiento. Los pilares que se hunden en la ciénaga. No sé si soy pesimista, pero veo el avance de esta entente de neoliberalismo y autoritarismo. 


+ Suena algo de Bach, un violonchelo en su soledad, y el mundo parece mejor. Sin embargo, no es así. La perfección de la música, este entender la madera y la cuerda, la arquitectura perfecta no dejan de ser perfecciones que viven en su esfera hermética y el mundo gira sin importarle nada. Gira ajeno a esta y a otras perfecciones. Solo queda esta senda como posible camino hacia el olvido. Y pienso en la matanza de Wiriyamu y en otras matanzas, en el campo de concentración que C. y yo visitamos en Berlin. Pienso en la maldad y en mis errores a lo largo de mi vida, en la juventud y en una despiadada violencia que se eleva en el relato de la historia. Me resulta complicado entender, antes era más sencillo. Qué complejidad, qué complicación. Bach es un medicamento, hoy.


+ Así, cierro la entrada. Pienso en estas razones de la negación y la toxicidad que esparce. 


+ Imagen: Senda.

sábado, 4 de febrero de 2023

Circunstancia (10)



+ La espera es aprendizaje. Esperar transforma la vida y uno se hace cargo de que el sentido de los hechos no es una meta, ni siquiera una esperanza. Rechazo la esperanza. No escribo poesía y la lectura es muy importante. No sé hasta qué punto tengo una dirección clara, no sé, en definitiva, a donde me dirijo, no me importa. Comprendo a los que no me comprenden.


+ Bien. Sigo con el pensamiento en la espera. Es sábado y pasamos la tarde en Valença y en Vigo. Observo a la gente en su tiempo de ocio y es toda una lección. Un punto pictórico, cuadros de costumbres y escenarios propicios para la narración, para un inicio de una posible narración. No llueve, el cielo está despejado y hace frío. El café. Son los pequeños placeres los que nos distinguen, la felicidad asequible y portátil. Es sábado. Los niños, sus juguetes, las golosinas, el trabajo y el descanso. El tráfico resulta fluido. No se puede pedir más. Pero la espera está, me acecha. No hay para tanto, me digo, nunca hay para tanto.


+ Los títulos de la entradas, “circunstancia” y su número correspondiente, responden a una manera de numerar las semanas de espera. La consecución del nombramiento. Mientras, otro día que se va y no ha de volver.


+ Los libros de poesía pendientes me recuerdan que soy mortal. No hacían falta libros para ello, pero son una baliza más en lo diario. Una baliza muy especial porque establece conexiones con alguna suerte de visión. Me interesa más la visión que el sentido, ya que en el sentido como tal no creo ni confío. La visión de un mundo por descubrir o por crear, la transición desde el presente al pasado, reconstruir lo que otros han visto y saber que esta reconstrucción no puede coincidir con lo que ellos vieron. Así es. El tema: la espera y los hitos que la constituyen. Llegará el momento y todo será recuerdo, repasaré la numeración de las semanas y no serán ya lo que fueron. 


+ ¿Nihilismo y determinismo? En ello estoy y en ello pienso. Quizá se trate de eliminar las calificaciones de mérito y culpa, pero, también, desterrar el sentido moral de la vida, el sentido mismo de la vida. No dejan de ser estas renuncias importantes liberaciones. ¿ Relativismo, qué otra posibilidad hay? No tengo nostalgia del absoluto.


+ No sé si se trata de un pasatiempo, un ejercicio o una terapia, pero, sin habérmelo propuesto, he comenzado a dibujar en unas libretas de bolsillo con las tapas rojas y páginas de papel grueso de ligero color hueso. Los dibujos son bosquejos sin pretensiones que luego coloreo. Los observo. Los observo y veo que abundan las tazas con café, botellas de agua o cerveza sin alcohol, vasos y copas, aunque entre ellas, a mi entender, destacan las sillas. Reflexiono sobre la silla en sí misma, ese condicionante de su estructura que resulta ser el cuerpo humano. Tanta variedad pero con cierta constancia en su función, la función no es otra que sentarse. El sentarse, para descansar o para trabajar. En un aparte, pienso y recuerdo que en portugués a la silla se la llama “cadeira”, cuyo equivalente podría ser cadera; el recuerdo enlaza con esa idea de cuerpo, función y estructura. Veo las sillas y me hablan de los que las utilizado, de su sencilla perfección, de su variedad de formas y de la constancia de una suerte de alma. Ay, el alma de las sillas, podría titular si mi intención fuese titular.


+ La fotografía, como el arte románico, es un capítulo cerrado. Creo que ya no se pueden hacer más fotos porque se han disparado ya todas las fotos. Cualquier foto que se dispare no deja de ser un epígono más, uno más en una larga cuenta. ¿Tiene importancia? Ninguna, pero es bueno saberlo para no perder el tiempo. Todavía imbuido en el romanticismo, me alejo y no deseo llevar conmigo lastres, la navegación será ligera y sutil. Hoy la fotografía ha muerto. Regreso al dibujo, como pasatiempo, ejercicio o terapia.


+ Compruebo lo anterior y veo que no es una boutade, es una realización, pero no un proyecto. No son equiparables, obviamente, pero no me quiero confundir. Es una realización porque en cada trazo se termina o se alcanza su propósito, no es un proyecto ya que sé que en cualquier momento podría abandonarlo sin pesares. Me canso y no dirijo la mirada más allá de lo que veo. Punto. Disparo sin cámara, la única posibilidad que todavía palpita. Cuando dibujo, siempre tengo presente a David Hockney, como un dios lar o un dios protector. La yuxtaposición crea extraños compañeros de viaje, extraños compañeros de cama.


+ Imagen: desde el pasado, Londres.