sábado, 25 de marzo de 2023

Viento y lluvia

Coimbra

+ Otra vez llueve. Estoy seguro que en algún lugar habrá un manual de escritura que recomiende no utilizar los fenómenos meteorológicos como recurso expresivo. Quizá sí, quizá no. Sin embargo, a mí se me parece que contienen en sí mismos un sistema de balizamiento que muestra el discurrir de lo diario y su efecto sobre el ánimo. Llueve. Podría sentir la melancolía del pasado y otras aventuras, pero no es así, la lluvia certifica la solida estructura de este presente que yo me he dado. En este sentido, me gusta emplear con contundente audacia el pronombre de primera persona del singular a sabiendas de que no deja de ser un trampantojo. En realidad ese yo es una construcción y, estoy seguro, está determinada por múltiples factores que no se puede alcanzar a identificar y clasificar, algo que resulta indiferente para mi propósito. ¿Mi propósito? Me gustaría que esto fuese un conjunto vacío, pero no es así. Creo que aspiro a un discurrir tranquilo en la playas de la lectura. Ese pasión, ese vicio.


+ ¿El estudio? Creo que ese trata de un sesgo contemplativo y no de una acción. Pero puedo variar mi opinión. Es la costumbre.


+ Continuo con la lectura del libro de Mariana Enriquez El otro lado. Me sorprende mucho su inclinación hacia lo esotérico, los fantasmas y los espíritus. Dice, en algún momento, que mantiene estas creencias por razones estéticas. Esta afirmación se cruza con lo que de Jan Mukarovsky voy leyendo: no se puede desligar lo estético de lo histórico. Sí, la recepción de las obras de arte se subordinan a lo social y a lo histórico. ¿Los fantasmas y los espíritus? Ambos son rasgos de determinados momentos históricos, que hunden sus raíces en el Romanticismo. Un rasgo del momento donde la necesidad de espiritualidad se ve colmada por diversos tipos de ficción y es en este marco donde se inserta esa posible estética a la que se entrega la escritora: vampiros, espíritus y fantasmas. Romanticismo, literatura y drogas. La triada resulta significativa y, en algún sentido, me identifico con ella y sus extensión. Me lleva a la adolescencia y aquellos senderos en lo boscoso, la indagación y el descubrimiento de la lectura como una forma de identidad. Una identidad más recoleta y menos expresiva, reconcentrada y sin alarmas, sin imposiciones. Lo sé, es imposible la existencia sin identidad, pero su conformación puede conducir a extremos indeseados. Yo siempre he huido de esta circunstancia, me cuesta identificarme con una colectividad. Esos caminos de la adolescencia se veían vestidos de música y libros, ensoñaciones de hadas o cloróticas ninfas. Las ninfas eran uno de aquellos estadios que se la edad disolvió. No tengo añoranza, ni veo otra posibilidad que el sosiego. Me duermo y no tengo ganas de encontrar razones donde no las hay, conozco nuevas personas y los veo como personajes o arquetipos. Ya no soy el mismo y algo de aquello permanece. Se han ido los amigos y se refleja en el rostro el paso del tiempo, pero creo que tengo la serenidad necesaria para poder sonreír y no darle demasiada importancia a lo que no la tiene. Es ese el que lee con asombro de su prosa el libro de Mariana Enriquez, el que no juzga y el que reposa sobre las posibilidades de una nueva divagación.


+ Aparcados están algunos libros, la poesía y la literatura sapiencial a la que lleva mi afición por trazar límites, fronteras, marcos. No es tarde, me digo, pero no regreso a los libros. Es una etapa de vacío y ese vacío es barbecho, que ha de aportar lo necesario para regresar al placer, a la noticia que los muertos nos traen del más allá: aquel momento cuando escribieron. No son fantasmas, son carne de viento y lluvia.


+ Me cuesta mucho trabajo continuar con tareas que son algo más que un compromiso. La reiteración es la clave, no se debe desistir. Pero hay días que son nefastos, temporadas de inactividad que me resultan dolorosas. Veo una cierta incapacidad y enfrentarme a mí mismo ante este espero me desconcierta, aunque, lo sé, se ha atenuado y es un efecto del paso del tiempo, del envejecimiento. La oración adquiere diversas formas: escribir sobre la circunstancia es una más.


+ He vuelto a leer algo de Marina Enriquez, de ese libro que antes cité. Vuelve la autora sobre los fantasmas, me gusta que se refiera a ellos como “filamentos", me parece un gran hallazgo. Como las patitas de la gata que se extienden en un intento de atrapar el viento que se desliza entre mis dedos: jugamos y ella siempre gana. No hay reglas. Leo el libro de Mariana Enriquez en la primera hora de la mañana y sé que es eso un condicionante, una apuesta perdida contra los fantasmas. Las múltiples caras de los espíritus son solo una cara y esa cara, ese rostros me indica mediante un gesto austero a dónde se dirigen los pasos perdidos, aquel deslizarse de la nombrada adolescencia. Hoy más que un paisajes es un gesto, aquellos recuerdos, materia poética, poética del deslizamiento.


+ Imagen: líneas y una ausencia, la lectura de los momentos que fuimos dichosos se traduce en imágenes que tienen valor individual pero no transmiten la dicha, sino, cómo no, lo aleatorio que los disparos fotográficos son. ¿En Coimbra?


sábado, 18 de marzo de 2023

Una forma de estar


+ Domingo por la tarde. Ya no llueve. Después de pasear por A Lanzada vamos a Sanxenxo. Seguimos paseando. Hay mucha gente y todos tienen un aire similar, supongo que me debería incluir en el conjunto, no soy una excepción: vestuario, el tono de voz y el paso lento y tranquilo. Es domingo. Así, entramos en una de esas tiendas que abren los domingos. C. ve la ropa y yo me fijo en la tienda, en las dependientas, en su uniforme, pero me llama la atención sobre todo la música. Lo venía pesando, pero en este momento me doy cuenta de una cierta muerte de la música de guitarras. Se ha terminado una época. Anoto el nombre del cantante, que luego buscaré en el ordenador. Sí. Es música sin instrumentos, salvo la voz, o son instrumentos sin soporte, como la música misma. Es otro mundo y, ahora, más que nunca, soy un espectador.


+ Uno que dice que ahora hay menos libertad que en el franquismo y la mentira le dijo a la verdad que ella era la verdad. Así es la televisión. Así es la vida. Me pregunto el alcance de la afirmación y veo que todo está dentro de una agenda que no termino de identificar, pero sí intuyo. Ahí está la razón de la propaganda. Propaganda, propagar. Un uso del verbo: el incendio se propagó. Ay, la libertad y sus atribuciones, la libertad y la extensión de sus definiciones.


+ Extraña convivencia esta que tengo yo con Villamediana, Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana. Sé que estoy a un paso de tener una visión sobre su persona, de soñar con un soneto perfecto en su ámbito renacentista o barroco, bañado en el petrarquismo y doliente de Góngora y amor cortés. No sé. Extraño viaje el que he emprendido, travesía oscura en la noche oscura que me conduce a una parte de mi persona que no es que desconociese sino que ahora estoy creando.


+ Los días pasan y nos llega el mensaje mismo del paso del tiempo a través de las conversaciones, encuentros con personas que tienen nuestra edad y han descubierto que ya no son jóvenes. Parece un sueño, pero no lo es. No se trata de que un día te despiertes y sientas que era un viejo, no, es paulatino y esta característica hace que sea menos doloroso, o que el dolor sea de otro tipo. Clasificar los dolores es una tarea para esforzados, que no es mi caso. Caminamos durante las últimas horas de la tarde y encontramos a otras personas, nos paramos con ellas y nos cuentan sus cosas: padres enfermos, el dolor que le ha sobresaltado esta misma mañana, los hijos que se hacen mayores y pronto tendrán sus propios hijos. El paso del tiempo no es una novedad pero se descubre sin lírica. ¿De qué trata la poesía? De la muerte y del paso del tiempo, solía decir yo con un punto de mundano cinismo. Ahora sé que no era mentira, pero he visto su carne abierta, el paso del tiempo es el recuerdo de ebriedades nulas, de noches en soledad, amigos en el olvido. Todo eso y más. Leo con interés el libro de Mariana Enriquez El otro lado. Este párrafo tiene mucho que ver con el libro, con la lectura en las primeras horas de la jornada. Tiene que ver con que he recuperado el hábito de coger libros en la biblioteca pública. Tiene que ver, finalmente, con mi edad, con asumir una suerte de tránsito necesario y liberador. Ay, los días pasan sin noticas, en una calma que induce a la pereza, como si esperase el verano y el verano no es una estación que me guste especialmente, lo pienso y me parece que se trata de un estado vital que se relaciona con una forma de estar. El silencio es mi aliado, hoy, siempre.


+ Pensé en un paseo que dimos entre casamatas y puesto de tiro. Estábamos en Normandía y era la consecución de un viejo anhelo. Hoy lo recuerdo en el sentido del párrafo anterior. Se trata de establecer un diario, el registro de momento que poseían una especial factura: el color del cielo, la plasticidad de las nubes, los rostros de las personas, nada interrumpía el fulgor del momento, tras visitar los cementerios del desembarco y comprobar que los que allí estaban enterrados eran niños; ay, siempre son los niños los que luchan en las batallas, siempre mueren los niños. Volví a ver a C. en aquel prado que se rompía sobre el canal, que se prolongaba hasta el horizonte, nubes y una cometa que rasgaba aquel cielo de perfección y olvido. La poesía permanece, es su sentido netamente lírico.


+ El título era Lugares a los que no volveremos, pero no llegó a escribir nada, salvo ese título. Un título es fácil, pero que luego tenga continuidad es una tarea no está al alcance de todos. De hecho, cuántas veces nos hemos dejado arrastrar por un título y luego no ha habido nada tras él; quiero decir: cuando recorremos las estanterías de la librería o de la biblioteca [a donde felizmente he regresado]. Creo que es algo que sucede, también, con las fotos que ilustran las portadas de los libros: una buena foto invita a abrir el libro y, cuántas veces, el texto no está al altura de la foto. Se llaman paratextos y son tan descriptivos como engañosos, pero son parte del producto, si así se puede llamar. El envoltorio constituye una frontera. En ello estoy, al menos hoy miércoles, en esa frontera, porque todo avanza y nada se detiene. El cambio.


+ Imagen: esta transición entre foto y texto, que no llega a fosilizarse. 

sábado, 11 de marzo de 2023

Non vulgaris venae

blur

+ El título de la entrada me remite al diccionario de Nicolas Antonio y la entrada del Conde de Villamediana. Un poeta que no bebe en una vena vulgar, y, cierto es, al contrario se puede decir. He leído hoy alguno de sus sonetos y declaro un interés sin fisuras por la complejidad de los versos, por ese ejercicio o pasatiempo que implica ese descifrar, el recomponer la sintaxis y ver en ello la belleza que contiene. Ahora el tiempo es otro y los modelos son distintos, el tiempo habrá de arrojar oscuridad sobre ellos y descifrar lo de hoy será entender lo que a nosotros nos condiciona, nuestro contexto. Pasatiempo o sustancia nuclear, no creo que la elección tenga importancia.


+ No me cabe la menor duda de que estamos en un proceso de descomposición. También, como lo escuché a Bruno Latour, pero también a Macron, nos encontramos ante el fin de la abundancia. Tengo la impresión de que se está cargando el combustible preciso para que el conflicto estalle, en cualquier momento la chispa surgirá en el momento y en el lugar menos esperado. Necesito tiempo para explicarme algunas cosas pero sé que en la historia hay elementos para conocer el presente, ese cómo que nos lleva hasta este punto al que hemos llegado. Todo esto me viene a la cabeza tras leer el ejemplar de Público, el diario portugués, que compré ayer en Caminha. Hoy, domingo, lo leo en cama y me esfuerzo por entender la realidad de un país que no es el mío, con la intención de, por contraste, ahondar en los problemas que atañen a España. España, qué palabra. Y cuando la pronuncio recuerdo algo que ayer leí en una librería de Braga: la característica principal de España es su diversidad, por encima de cualquier otra. ¿Se puede entender toda la realidad política desde este punto de partida? Vuelvo al principio, la descomposición institucional me parece peligrosa, el reflejo de una época. Lo del fin de la abundancia se traduce en la inflación, los bajos salarios y la acumulación de riqueza en unas pocas grandes fortunas. No sé si es un balance esto que escribo, pero sí hay una cuenta pendiente, un arqueo que explicaría la deriva de los equilibrios políticos y sociales. Algo se ha descompensado y, a consecuencia de ello, la putrefacción se extiende. 


+ Privatizaciones, impuestos bajos y precariedad laboral, altos precios de los alquileres, la inflación y un cierto rumor fantasmagórico. Niebla en el horizonte. La política nos atañe a todos, pero me siento desvalido por no saber cómo actuar. Me fatiga mi posición de observador.


+ La nostalgia se impone, sin saber muy bien a qué responde y sin percibir que no se trata de otra cosa que una construcción preparada para la ocasión, para ese discurso que niega o afirma en función de la necesidad. Falta de coherencia discursiva. Y qué. La velocidad que se ha impuesto impide trazar una línea clara que separe lo falso, lo verosímil y lo aparente. La verdad es una construcción, salvo hechos indiscutibles que tienen su razón en datos que tampoco admiten discusión. La hipervelocidad, como en otros ámbitos, acelera los procesos constructivos. ¿Está hay el principio de descomposición? No olvido que antes de que brote la semilla debe haber muerte y descomposición, es aquella máxima que regresa: lo viejo no ha muerto y lo nuevo no termina de nacer.


+ Al hilo de lo anterior, la cita es de Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.”


+ De eso se trata, de monstruos que comienzan a brotar. Observo, poco más. En una vena no vulgar, pero un tanto inútil. Qué le vamos a hacer.


+ Qué fatiga me entra. Veo, en línea, unos reportajes de un periódico sobre las bibliotecas de algunos autores. No soy capaz de ver ninguno de ellos completos, ya que me parecen unos notables ejercicios de pedantería. Al tiempo, me acuerdo ante al exposición de una afamado fotógrafo español, con el fotógrafo presente en la inauguración, me dijo: me gusta el arte y no soporto a los artistas. Ahí guardé yo la idea de desligar obra y autor. El autor permanece en la sombra, pues solo el producto de su trabajo tiene interés, el resto a la tiniebla lo condeno.


+ No sé si causa sonrojo o risa, la polémica de la tilde en solo o su ausencia. Qué fácil es olvidar que todo lo humano es arbitrario. Todo, salvo el nacimiento, la muerte y la enfermedad. Pero, ¿cabe otra cosa que darle sentido a las cosas mediante los artefactos de la vida, las simulaciones y sus arquitecturas? Ahí estamos, sólo o solo o solo.


+ Después de un año y medio, he llegado a donde me había propuesto hace un año y medio. ¿Qué decir de tal proyección? La meta y el camino son complementarios y su reflejo nos permite establecer una cierta paz en el día a día, esa manera de suspender y obviar el futuro que se basa en la disciplina del presente. Consigo conciliar el sueño sin dificultad, me parece un logro sublime y que se relaciona con lo dicho: el presente como medicina para soportar las esperas. Un año y medio de esperar no es para tanto.


+ Imagen: un cierto desorden.

sábado, 4 de marzo de 2023

La casa del padre

regreso

+ Me paro a pensar en aquellos que en su juventud fueron comunistas y hoy se sitúan en el extremo contrario, con una exacerbada defensa de aquello que parecían atacar en su momento. Si de tener razón se trata, no creo que tengan razón ahora, pero tampoco antes. Es más, me parece que para explicar estos cambios se debe indagar no tanto en las razones que aportan, por muy elaboradas y fundamentadas que se nos aparezcan, sino que es su trayectoria vital la que puede arrojar luz sobre sus cambios de parecer. Sus trayectorias vitales parecen apuntar más bien a un regreso a los orígenes, a la casa paterna, a aquel punto del que un día se alejaron y deben volver, ahora que los años los han hecho sabios y han estudiado lo que antes aceptaron espontáneamente. Tal vez, nunca dejaron de ser lo que fueron y el comunismo fue una veleidad propia de la juventud, que el tiempo ha aclarado. Otros tomaron drogas y hoy postulan contra los perjuicios que ocasionan las substancias, como el fumador que pontifica sobre los males del tabaco. No sé si hay un paralelismo entre una cosa y la otra, pero me parece que una falta de coherencia vital se manifiesta, sobre todo, en la pasión con la que aparece el nuevo discurso, su voluntad de erigir un edificio, una torre que alcance a iluminar con la verdad de la conversión. El hijo pródigo regresa a la casa del padre.


+ Pienso que la casa del padre es un síntoma, pero también una suerte de relato donde se citan la expulsión, el abandono y el regreso. Hay late la parábola del hijo pródigo y sus inconsistencias, que, al tiempo, hacen mella en el imaginario mientras arrojan un rédito de perdón y olvido que hiere al que estuvo ahí: en la casa del padre.


+ La cuarentena pasó a la historia y no sé muy bien qué significa esto de “pasar a la historia.”  Escucho la canción de Los Enemigos, Siete mil canciones, versión cuarentena, y me hago la pregunta anterior a raíz de esa etiqueta que a la canción le ponen. Queda todo tan lejos, tan extraño resulta pensar en aquel encierro, un estado que ahora es un reflejo o el recuerdo de un sueño, con esa deletérea materia que se diluye en el olvido. La canción está bien pero me parece antigua como yo me veo antiguo. Son años que pasaron y su rastro es la senda del recuerdo. Ay, el recuerdo. Sin contexto no hay sentido


+ La casa del padre, qué título. Indago.Lo sabía. Hay una novela con ese título. Karmele Jaio. Una novela sobre escribir novelas. Qué género, pues. Extraño tipo de novelas donde la tipología es una parte de la trama, un rasgo más. El título es bueno, pero lo que leo el resumen y no me motiva. Tanto por leer y tan poco tiempo.


+ Los hijos guardan con sus padres una relación muchas veces insospechada que va más allá de los rasgos físicos y acentos del carácter. Como si fuese un secreto, algo que se tiende a ignorar, pero que termina por emerger. Según pasan los años se delimita el perímetro de estas fluctuaciones del destino y es aquí donde recuerdo la máxima de Heráclito El Oscuro: “el carácter es el destino”; una cosa lleva a la otra y entre ambas terminan por definirse. Observo ciertas personas de las que sé lo suficiente para ver ese alargado reflejo de sus padres en sus acciones, cómo se van desplazando hacia esa frontera entre el deseo y la obligación, donde triunfa una suerte de solida tendencia. Una tendencia que no se puede ignorar, a la que no se le puede decir que no. Esa insospechada relación no es otra cosa que el destino que se inscribió en el momento mismo de la concepción. El determinismo que comporta resulta desagradable en un primer momento; después, es liberador.


+ Notas a pie de página es este diario, pues otra cosa no es. Constituye una herramienta, como es la vida misma herramienta para reflexionar y yo no hago otra cosa que observar y reflexionar. Trabajar con lo que se tiene: despertar, el tajo diario, la comida, las palabras y los silencios, los trayectos en coche, la música, los encuentros y los enfados, el peso del pasado que ejerce su fuerza sobre el presente, la idas y venidas de las personas, conversaciones en la calle y otra vez a comenzar el ciclo: dormir y despertarse. Los paisajes, las varias arquitecturas, la forma de una taza de café, el apunte rápido de una plaza en algún lugar del Norte de Portugal, próximo a la frontera, una paloma o un niño que se entretiene con un charco, poco más hace falta. Notas a pie de página elaboradas con una cierta improvisación y bajo el espontáneo gobierno de los trabajos y los días. ¿Espontáneo es? Así redacto.


+ ¿Es poca cosa un título o encierra algo más que una promesa? ¿Podría recordar a aquel hacedor de títulos, el coleccionista de novelas nunca escritas?


+ Sigue mi lectura de Gracián. No sé que he encontrado o, quizá, no buscaba nada, aunque tenía un propósito claro y eran textos que me obligasen a pensar en propia sintaxis y su ramificación de sentido y mensaje. ¿La dificultad ofrece mensajes y sentidos? No me cabe la menor duda y así visito al Conde de Villamedina, así regreso a su Faetón. De eso se trata, de un ejercicio que me obliga a pensar más allá de la rutina y el texto instrumental, de la bendita rutina extraigo ese material que me ayuda a establecer un mundo, la infinita y deseable realidad, nunca definida, nunca atrapada. No añoro otros tiempos y esta lectura me reconforta porque renueva una idea sobre la lectura misma. La lectura por sí misma, sin otro propósito.


+ Imagen: el regreso podría ser recuperar fotos de cámaras de fotos olvidadas, me sorprende que funcione y que atesore fotos que ya no son otra cosa que arqueología [de mi propia vida].

sábado, 25 de febrero de 2023

El regreso



+ Se cierra un ciclo y otro se abre. No sé si se trata de un regreso y dudo mucho que todo esté tal como lo dejé la última vez que allí estuve. Los cambios tienen una hondura que resulta complejo determinar, ni siquiera intuir y, además, no es al primer golpe de vista cuando se perciben sus dimensiones. Estuve allí durante seis años y me ausenté once. La suma de ambas cantidades arroja un total de diecisiete años, una adolescencia que ya no es tal, pues la dirección que apunta es otra. La madurez apunta a la senectud. No hay otra reflexión posible y no sé si tiene importancia porque todo depende del punto de vista que se adopte y hay arco para elegir, al menos es lo que me gusta pensar. Que la vida nunca se detiene es un hecho y en mi ausencia las respiraciones y expiraciones se sucedieron con ritmo monótono, sin desmayo. Siempre los días se parecen los unos a los otros, como las hojas a las generaciones de los hombres: invierno, primavera, verano, otoño y, otra vez, el invierno. El invierno es el emblema de la vejez, una imagen dolorosa. Nieve, frío, oscuridad temprana. Algo le sucede al que está en la cárcel que se asemeja a mi ausencia, para el preso el tiempo se ha detenido, pero para los demás corre. Correr el tiempo es envejecer y he envejecido. Casi no me he dado cuenta. La reflexión me distancia y escucho y no debato. Las voces retumban en las habitaciones vacías, las percibo pero no escucho, solo oigo. El agua que cae desde la fuente, la corriente de un río, el oleaje. Todo se duplica y lo visto son ciclos que se cierran y se abren. En ello estamos, esa era la circunstancia: la espera. La espera da lugar al regreso y el regreso tampoco es, necesariamente, definitivo.


+ Hay algo en lo que se queda anticuado que nos da la llave para abrir insospechadas puertas del pasado. Cuanto más, cuando se trata de detalles minúsculos que se agazapan, por ejemplo, en las novelas baratas. Así, estudiamos sus portadas, la tipografía o la disposición de la propia historia porque buscamos algo que no sea la calidad, ni la excelencia, sino el impulso de un tiempo, el rastro de posibles e imposibles lectores, aquel mundo que desapareció y ahora es tan relato como las páginas que se agitan entre nuestros dedos. Esa humildad eleva otros mundos, en silencio, en la retaguardia.


+ Son las marcas del tiempo en las amarillas hojas las que traducen lo vivido a melancolía. Manchas de humedad, el amarillear, ese olor a viejo y el polvo en suspensión, cuando abres el libro. Lo poético refleja lo incompatible que resulta cierta idea de utilidad y la finitud de la vida misma. La poesía no es otra cosa que constatación del tiempo, de la muerte..


+ Podría emplear el verbo creer pero la certeza de que las imágenes que subo a Twitter tienen calidad y coherencia no admiten esta verbo estimativo. Veo en ellas una trayectoria, la huella de muchas exposiciones vistas, lecturas y encuentros y desencuentros. Reitero, cuando cuelgo una foto, esa idea de que la fotografía se ha terminado, que todas las fotos han sido disparadas ya y no cabe otra que la reiteración. Valoro mis fotos y las cuelgo como aquí escribo: una constatación de lo diario, una escritura del yo cuando sé ya que el yo no es otra cosa que una ficción. De eso se trata: de contribuir conscientemente a esta ficción.


+ Extraños adjetivos: “por las feéricas noches de Kensington”, que extraigo de un poema de Luis Alberto de Cuenca. ¿Feérico? Feérico es lo relativo a las hadas y a Kensington le va como anillo al dedo. ¿Recuerdas aquellas noches de Kensington? Calles, jardines y tabernas. ¿Habitaban las hadas allí, pequeños duendes, tal vez? Es un tiempo pasado y la melancolía resuelve el dilema. Sí, recuerdo haber visto a las hadas brillar entre los árboles de Barkston Gardens. No tiene importancia, cuenta hacer descubierto un adjetivo y constatar que hay todavía recodos y recovecos que desconozco. Kensington allí continua y nosotros añoramos una idea literaria que todavía palpita en nuestras conversaciones; hay una suerte de equiparación.


+ He puesto en marcha, otra vez, las listas de lectura de la biblioteca pública. No deja de ser una alegría que se relaciona con la obtención de la plaza. Aumenta el acceso a los libros, libros que no deberé comprar, que bastará con pedir prestados, leer y devolver. La sensación es de grandeza, la expansión del campo de lectura me produce una satisfacción íntima y duradera. Lo solido se opone a lo líquido, es lo que busco, lo cuido y lo con cariño. Los cuidados cimientan la confianza en el futuro, como si atesorase herramientas para llevar mejor los tiempos que han de venir; hay en toda lectura una conjuro contra el aburrimiento y en la escritura, también. Me encomiendo a este dios del momento y la oportunidad.


+ Un día en Viana do Castelo. Paseos, un café, una cerveza, la comida, otro café y el día se va entre conversaciones y las sorpresas que ofrece algún escaparate o la librería donde me encuentro con un grueso tomo de Viagem a Portugal de Saramago, con fotos del autor y una tipografía generosa. Continua nuestro paseo. Es un día luminoso y el tiempo semeja haberse detenido. Compro la prensa y observo como la pequeña ciudad se acicala, como las fachadas y las calles van cobrando presteza. Es un proceso, pero también un síntoma. Pronto, me digo, se restringirá la circulación de los coches y se prohibirá el aparcamiento, es la senda que se han marcado para conseguir que la ciudad resulte atractiva. La palabra que se ajusta a este proceso es gentrificación, que en ocasiones he traducido del inglés por aburguesamiento, pero no describe demasiado bien a lo que está sucediendo. Es un proceso imparable: el turismo y la inversión extranjera, la vivienda como bien de mercado, los beneficios que aporta la vivienda, un bien de inversión. Sin duda es uno de los punto calientes que conducen a un conflicto, que, en mi opinión, no deja de acentuarse. Ya en casa, al día siguiente, después de despertar (siempre tan temprano) leo algunos artículos en Público, el periódico portugués. Una economista habla que las medidas para contener el precio de la vivienda y del alquiler pasan por crear un parque de vivienda de titularidad pública, una periodista que vive en Lisboa dice que la vivienda donde habita, comprada hace quince años, hoy le resultaría inasequible. Por otro lado, también compré Paris Match y afloran problemas similares: la imposibilidad de la construcción de un proyecto vital donde la vivienda en uno de los ejes, pero también el acceso a los alimentos, a la sanidad o a la educación. Bien. Es nuestro tiempo, el tiempo donde el liberalismo o el neoliberalismo ha triunfado. Uno hablaba de “los enemigos del comercio”, que daban miedo, pero no mentaba a los “amigos del comercio”, que dan el mismo miedo, y se resuelve un idea del hombre, en sus múltiples facetas, donde, entre contradicciones, uno de los polos es la codicia. La codicia que acaba por destruir al codicioso. Vale. Que el recuerdo de la agradable jornada en Viana do Castelo y la sublime francesinha a la que acompañó la menos deliciosa cerveza sin alcohol. Vale así.


+ Imagen: mercados de Londres, cuando yo todavía no me había ido. Regreso a ese punto. La foto describe un momento, pero no traduce la circunstancia a la de hoy.

sábado, 18 de febrero de 2023

Circunstancia (y 12)

+ Pasamos un día y una noche fuera de casa, en Santa Mariña de Augas Santas, una parroquia del municipio orensano de Allariz. Llegamos el viernes por la mañana y nos fuimos el sábado en torno a las diez de la mañana. Fue agradable en extremo, si este matiz cabe dentro del agrado [¿un agrado extremo es posible?, me pregunto tras haber escrito la frase anterior]. Hacía frío en las primeras horas del día, de ese viernes feriado, pero, conforme avanzaba la mañana, la temperatura veía atemperada. El paisaje es otro, me dije, y reconocerlo transmite una cierta sensación de paz que nada tiene que ver con la ebriedad. Pienso en la ebriedad y las obligaciones que conlleva, su adquisición y las alegrías y dolores que transmite, el pesar y el remordimiento que trasmite ese extraño olvido que otorgo el vino bueno y el mal vino. He leído sobre el tema y en línea veo vídeos. Deja de interesarme pronto porque es una asunto del pasado, una cuenta saldada. ¿Abstención o renuncia? Qué importa. Sin embargo, persiste la certeza de que es uno mismo quien debe decidir sobre el asunto, nadie más. Se clarifica mi posición: tomo de aquí y de allá, rechazo algunas cosas y me reitero en otras, sé que este punto de indiferencia es algo propio de la edad y me digo que la juventud está sobrevalorada. Es una boutade, pero hay un aprendizaje en esta manera de tomar posición. Soy yo el que decidió argumentar o posicionarse así, hoy es distinto porque se eleva una suerte de ironía. Discursos que jamás volveré a pronuncias. El sur de la provincia de Ourense resulta ser un mundo por explorar y, por lo tanto, es necesario volver a él en estaciones y circunstancias distintas a las visitas anteriores. En ello me centro y veo que es otra suerte de ebriedad. Ebriedad, qué palabra para enlucir los trabajos y los días.


+ Y avanzo en la lectura de Gracián, vuelvo sobre las frases y su complicación sintáctica. ¿La sintaxis, como decía alguien el otro día, es un producto del siglo XIX? Cuantos espectros me acosaron en el sueño plácido de Santa María de Augas Santas. Gracián me acoge en su prosa y desliza en un acertijo mediante una de sus sentencias: ni escucho secretos ni comunico secretos [más o menos así era la cita, pero se mantiene la idea: el rechazo al secreto y la discreción en las conversaciones, punto menos, punto más]. He recuperado un tomo: El héroe / El Discreto / Oráculo manual y arte de prudencia. No sé si enlaza con lo anterior pero me agrada pensar que sí. La prudencia no necesariamente es enemiga de la ebriedad, pero sí hay rechazos y alejamientos que ahora entendemos con claridad, pero sin pena ni arrepentimiento. Los sueños están obligados a sumergirse en el olvido, es su destino, pero eso a todo concierne. ¿La sintaxis es una facultad del alma, según cita de Paco Umbral que sería a P. Valery? A saber. Hoy es domingo y todo se traduce en una espera sosegada.


+ De la misma manera que hay personas que, de natural, tienen una pasmosa habilidad para el debate, también hay otros que operan de con una manera similar en la prosa, la construcción de un largo texto o discurso. Ensayos, tratados o tesis doctorales. Que tengan esta habilidad no tiene que conducir a lo cierto, a la verdad o a la adecuación de lo expresado con ciertos hechos. Se trata, sencillamente, de retórica y la retórica no es otra cosa que el arte de la persuasión. Con la edad uno ha construido una suerte de defensas contra la persuasión y no sé si es bueno porque, al final, supone un endurecimiento y la dureza nos aleja de lo humano. Pero así es, cada vez soy más reacio a tomar por cierto lo que no es otra cosa que ornato, elegancia o adecuación al momento y a la circunstancia. Repito, no sé si es bueno o malo, pero es. Así he visitado las labores de un cierto ensayista con el marchamo de filosofo y me encuentro su capacidad me hizo caer en confusiones. Todo esto fue mucho tiempo atrás y sentía yo un deslumbramiento por el personaje que me impedía leer la obra con la distancia necesaria que me permitiese identificar o separar el trigo de la paja. No ha sido una decepción, sino una constatación de cómo el lector varía en su criterio a lo largo de su vida y este rasgo traspasa, finalmente, la edad misma para dar cuenta de algo nuclear: la apertura que tiene la labor lectora, su inconsistencia y la necesidad de establecer criterios de adhesión y deserción. Qué lejos quedada todo, hoy.


+ De Gracián copio la cita que ocupa el frontón del tomo que compré hace ya tanto tiempo: “tanto se vive cuanto se sabe” Retengo su música e intento aplicarla a los días pasados como a los tiempos que están por venir y presiento, en sus venturas y desventuras. Cuánto de cierto tiene esta frase, ya que la amplitud de la vida está condicionada por la capacidad de leer y retener, que no es otra cosa que el estudio. El estudio, es fármaco. Y fármaco, en su doble acepción, es remedio pero también veneno. Ahí estamos, lo sé, en mi humildad y en mi grandeza. Y leo en la introducción: “una clara codificación de la existencia” (Raquel Asun)


+ Debo buscar referencias de Raquel Asun tras citar el sintagma empleado en el párrafo anterior y veo que falleció a los 37 años. La cifra me conmueve y trazo una idea que obligatoriamente parte de Marco Aurelio, donde las vidas longevas y las breves resultan intercambiables. ¿Tiene mucho peso vivir una hora más, un mes, un años? Hay un pesimismo claro en el designio de Marco Aurelio. No lo esquivo. Busco el rostro de la filóloga y solo encuentro una imagen, que ya me sirve para saber que todo se disuelve: es una foto que destila antigüedad, desliza ese rumor del paso del tiempo, su incontrovertible sentencia. Me digo que los rostros contienen el esbozo o el punto de partida de una biografía; sin embargo, sé que no es cierto. He observado con cuidado rostros de escritores y he buscado ese reflejo en su obra y no lo he encontrado. Quizá se trate de una actitud, nada más, y esta actitud sí tiene reflejo en el rostro, pero poco importa. Qué más da. Murió joven y ahora yo leo su introducción a tres obras de Gracián. Gracián murió a los 57 años, una edad que no es precisamente avanzada. La muerte es final del camino, pero también es una meta que da sentido a la narración de una vida, es el punto donde se completa la persona y asciende el personaje. Un personaje en el recuerdo, que, una vez más, en la línea de Marco Aurelio, también está llamado al olvido. 


+ Don de la ebriedad: volveré a leer estos poemas y sentiré que fui adolescente hasta avanzada edad, este retardo se debió, precisamente, a la lectura de estos poemas. Iluminaciones y senderos en la noche que conducen hasta el corazón de los abismo. La ebriedad como incierto incierto de verdades y sabidurías, la ebriedad conformada en un haz de destellos pero sin dirección, la falta de dirección resalta sobre otros rasgos de aquella juventud extraviada. “No volveré a ser joven”, el verso de Gil de Biedma [tema para otra entrada, que hoy no tendrá lugar]. La poesía y su reflejo en lo diario, lo diario como instrumento para indagar en la realidad. No hay otra posibilidad. Porque “Que la vida iba en serio / uno comienza a entenderlo más tarde” y así.


+ Se cierra la circunstancia y con ella, la espera. Todo llega y todo pasa, como el verso de Machado, como las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre. Cada cambio, cada tránsito es una lección, una pronóstico de lo que ha de suceder. Hoy me repliego y mañana, una vez más, escribiré en este diario.


+ Imagen: Sombras

sábado, 11 de febrero de 2023

Circunstancia (11)

+ El mes de febrero comienza con buen tiempo, si por buen tiempo entendemos que luzca el sol aunque haga frío. El frío se convierte en una suerte de catalizador, a través de su influencia percibo los perfiles exactos de las montañas, la longitud de las nubes o la línea clara del horizonte, el mar. El frío me gusta. Leo y escribo, pero el tiempo metereológico me ayuda a avanzar. El ánimo se revela.


+ Pasamos C. y yo la tarde de sábado en Portugal, en Caminha. Lucía el sol y había un recorte exacto de las piedras, un perfil que invitaba a reflexionar sobre las posibilidades de mis dibujos, dibujos precisos y sin ambición, dedicados al pasatiempo o un ejercicio del pulso. Esa mi nueva afición. El cuaderno rojo donde torpemente yo dibujo, me digo, es un diario, pero el reflejo que ofrece es limitado. Tomamos café y natas, también torradas. Pequeños placeres, grandes placeres. Es una saludable costumbre dedicar el tiempo a lo minúsculo, enamorarse de estos instantes y olvidar que el tiempo es una realidad que no ofrece resistencia pero tampoco se detiene. El tiempo es creación y olvido, pero no admite cuestionamientos. Después de cultivar este y otros ritos fuimos a la tabacaria y compré un ejemplar de Público, el diario portugués. Regresamos por la autovía y me pregunté por esta geografía de la frontera, las diferencias y las afinidades de la población en ambos márgenes de la raya, como el hecho de vivir aquí condiciona la visión que de los dos países se tiene. Caía la noche y en la cabeza pesaba más el sueño que en la vigilia, no era solo un deseo, era la primera etapa que conduce hacia una apacible cama. Todavía había que hacer el camino de regreso. Atrás quedaba Portugal y se apuntaban en el paisaje montañas y construcciones, escenarios, recuerdos y un etcétera sin concesiones. Cenamos y en cama, ya, por el aire, leí el diario que había comprado unas horas antes. Resultó ser una suerte de preparación para el día siguiente aquel leve ojear las páginas de. Público. Apagué la luz. El sueño resultó una reparación de lo no sufrido, no había tomado demasiado café y estaba cansado: la conjunción de las dos circunstancias me regaló un sueño profundo y el sueño fue punto más que excelente. Me desperté, desayuné y regresé a la cama para leer el periódico. El domingo, me dije mientras abría el diario del día anterior. Así, llegué hasta el artículo de Bárbara Reís “Ele tinha em casa um frasco com orellas de preto”, que traducido viene a ser: “él tenía en casa un frasco con orejas de negro” En fin, comienza el artículo con el relato de una selección de personal en el que el candidato parece el más adecuado, salvo por la circunstancia que se devela, ya, en el titular: en su casa tenía un frasco lleno de orejas obtenidas en su estancia en África, orejas de negro. Continua el artículo diciendo que no eran algo extraño estas colecciones, así como las de manos humanas momificadas. A continuación, se habla de que un integrante del partido de extrema derecha portugués Chega, que niega la masacre de Wiriyamu. Después de indagar en la noticia, de comprobar la afirmación [que el partido se encargó de borrar de la intervención que se guarda en su canal de televisión en línea], la periodista reflexiona sobre la negación de la matanza. La negación es punzante y tiene la capacidad de paralizar. La negación es un rasgo que define nuestra época, esta primera parte del siglo XXI. Alentado por los populismos de extrema derecha, la negación de las realidades antes incuestionables se ha convertido en una herramienta del marketing político muy eficaz. Es fácil de blandir y difícil de desmontar su esparcir toxicidad. Una herramienta muy eficaz, sin duda. Negar es gratis y cerrarse en banda la receta para cualquier crítica o cuestionamiento. Un poco más tarde, después de trastear en Twiter, visito la página de un centro de formación de líderes que se debaten entre lo autoritario y lo neoliberal, el ensalzamiento de una derecha desvergonzada. De repente reclaman para sí el pensamiento crítico y me doy cuenta de que el pensamiento crítico no es un talismán. Lo había visto anteriormente, pero en ese momento relacioné una cosa con la otra, con el resultado de que no es posible convencer a nadie de sus razones íntimas e identitarias, quizás sí se podrá vencer, pero a la vuelta de la esquina regresará a lo que antes dijo. La propaganda tiene pilares sólidos, los deseos y las ambiciones, la negación y el fracaso, la decepción y el resentimiento. Los pilares que se hunden en la ciénaga. No sé si soy pesimista, pero veo el avance de esta entente de neoliberalismo y autoritarismo. 


+ Suena algo de Bach, un violonchelo en su soledad, y el mundo parece mejor. Sin embargo, no es así. La perfección de la música, este entender la madera y la cuerda, la arquitectura perfecta no dejan de ser perfecciones que viven en su esfera hermética y el mundo gira sin importarle nada. Gira ajeno a esta y a otras perfecciones. Solo queda esta senda como posible camino hacia el olvido. Y pienso en la matanza de Wiriyamu y en otras matanzas, en el campo de concentración que C. y yo visitamos en Berlin. Pienso en la maldad y en mis errores a lo largo de mi vida, en la juventud y en una despiadada violencia que se eleva en el relato de la historia. Me resulta complicado entender, antes era más sencillo. Qué complejidad, qué complicación. Bach es un medicamento, hoy.


+ Así, cierro la entrada. Pienso en estas razones de la negación y la toxicidad que esparce. 


+ Imagen: Senda.

sábado, 4 de febrero de 2023

Circunstancia (10)



+ La espera es aprendizaje. Esperar transforma la vida y uno se hace cargo de que el sentido de los hechos no es una meta, ni siquiera una esperanza. Rechazo la esperanza. No escribo poesía y la lectura es muy importante. No sé hasta qué punto tengo una dirección clara, no sé, en definitiva, a donde me dirijo, no me importa. Comprendo a los que no me comprenden.


+ Bien. Sigo con el pensamiento en la espera. Es sábado y pasamos la tarde en Valença y en Vigo. Observo a la gente en su tiempo de ocio y es toda una lección. Un punto pictórico, cuadros de costumbres y escenarios propicios para la narración, para un inicio de una posible narración. No llueve, el cielo está despejado y hace frío. El café. Son los pequeños placeres los que nos distinguen, la felicidad asequible y portátil. Es sábado. Los niños, sus juguetes, las golosinas, el trabajo y el descanso. El tráfico resulta fluido. No se puede pedir más. Pero la espera está, me acecha. No hay para tanto, me digo, nunca hay para tanto.


+ Los títulos de la entradas, “circunstancia” y su número correspondiente, responden a una manera de numerar las semanas de espera. La consecución del nombramiento. Mientras, otro día que se va y no ha de volver.


+ Los libros de poesía pendientes me recuerdan que soy mortal. No hacían falta libros para ello, pero son una baliza más en lo diario. Una baliza muy especial porque establece conexiones con alguna suerte de visión. Me interesa más la visión que el sentido, ya que en el sentido como tal no creo ni confío. La visión de un mundo por descubrir o por crear, la transición desde el presente al pasado, reconstruir lo que otros han visto y saber que esta reconstrucción no puede coincidir con lo que ellos vieron. Así es. El tema: la espera y los hitos que la constituyen. Llegará el momento y todo será recuerdo, repasaré la numeración de las semanas y no serán ya lo que fueron. 


+ ¿Nihilismo y determinismo? En ello estoy y en ello pienso. Quizá se trate de eliminar las calificaciones de mérito y culpa, pero, también, desterrar el sentido moral de la vida, el sentido mismo de la vida. No dejan de ser estas renuncias importantes liberaciones. ¿ Relativismo, qué otra posibilidad hay? No tengo nostalgia del absoluto.


+ No sé si se trata de un pasatiempo, un ejercicio o una terapia, pero, sin habérmelo propuesto, he comenzado a dibujar en unas libretas de bolsillo con las tapas rojas y páginas de papel grueso de ligero color hueso. Los dibujos son bosquejos sin pretensiones que luego coloreo. Los observo. Los observo y veo que abundan las tazas con café, botellas de agua o cerveza sin alcohol, vasos y copas, aunque entre ellas, a mi entender, destacan las sillas. Reflexiono sobre la silla en sí misma, ese condicionante de su estructura que resulta ser el cuerpo humano. Tanta variedad pero con cierta constancia en su función, la función no es otra que sentarse. El sentarse, para descansar o para trabajar. En un aparte, pienso y recuerdo que en portugués a la silla se la llama “cadeira”, cuyo equivalente podría ser cadera; el recuerdo enlaza con esa idea de cuerpo, función y estructura. Veo las sillas y me hablan de los que las utilizado, de su sencilla perfección, de su variedad de formas y de la constancia de una suerte de alma. Ay, el alma de las sillas, podría titular si mi intención fuese titular.


+ La fotografía, como el arte románico, es un capítulo cerrado. Creo que ya no se pueden hacer más fotos porque se han disparado ya todas las fotos. Cualquier foto que se dispare no deja de ser un epígono más, uno más en una larga cuenta. ¿Tiene importancia? Ninguna, pero es bueno saberlo para no perder el tiempo. Todavía imbuido en el romanticismo, me alejo y no deseo llevar conmigo lastres, la navegación será ligera y sutil. Hoy la fotografía ha muerto. Regreso al dibujo, como pasatiempo, ejercicio o terapia.


+ Compruebo lo anterior y veo que no es una boutade, es una realización, pero no un proyecto. No son equiparables, obviamente, pero no me quiero confundir. Es una realización porque en cada trazo se termina o se alcanza su propósito, no es un proyecto ya que sé que en cualquier momento podría abandonarlo sin pesares. Me canso y no dirijo la mirada más allá de lo que veo. Punto. Disparo sin cámara, la única posibilidad que todavía palpita. Cuando dibujo, siempre tengo presente a David Hockney, como un dios lar o un dios protector. La yuxtaposición crea extraños compañeros de viaje, extraños compañeros de cama.


+ Imagen: desde el pasado, Londres.

sábado, 28 de enero de 2023

Circunstancia (9)

 


+ Se adivina la llegada de la nieve. No es una fiesta. Hablamos sobre el significado de la nieve en función de tu posición en el mundo. Como tu vida se relaciona con la nieve o como esta condiciona tu vida, que podría ser lo mismo. Sin duda. Es decir, si eres agricultor, por ejemplo, o si, por el contrario, vives en la ciudad y alguna vez vas a esquiar, que percibes la nieve en forma de decorado, una agradable postal tan adecuada para lo navideño o el mini-break previo a una temporada de trabajo y compresión. La visión de la nieve es muy distinta. No puedo estar más de acuerdo, digo sin mucho interés. Ya he oído todo, ya he leído todo lo que se puede leer. Pero guardo silencio y no añado nada más. Guardo silencio porque no dejo de pensar que esta precisión se podría extender hacia otras miradas que se posan sobre realidades que admiten un juicio distinto al ordinario. Lo sé, nadie se baña dos veces en el mismo río y por esta razón es complicado que dos personas entiendan lo mismo de una situación. Digamos, que la nieve para el agricultor es una realidad que se liga con el trabajo, con las cosechas y con los ritmos de la naturaleza, pera el urbanita con el placer y con una suerte de romanticismo, con los posos del romanticismo. Así, el mar, la carretera, la ciudad misma [para el turista y para el hostelero, para el turista y para el que limpia las calles] son realidades dobles: el que trabaja en ellas y el que las disfruta e idealiza. En el justo medio me gustaría estar pero no lo logro.


+ Finalmente, no nevó. Podría verlo como una señal de algo; sin embargo, sé que no indica nada de nada. Ahí estoy, en la nada, tal vez, en la nada.


+ Todos los días acudo a viejos libros y a libros viejos, a folletos y a revistas de novela populares de principios del siglo xx. Y, sí, no son antiguos, son viejas publicaciones que ya nadie recuerda, que a nadie interesan ya. Me llaman la atención y pienso en el viaje que han hecho hasta aquí, hasta mi estudio. Me veo obligado a leer viejas narraciones donde el Conde de Villamediana es el protagonista, es la razón, pero descubro otros asuntos que me conciernen. Me doy cuenta de que el tiempo ha pasado sobre el personajes, las novelas y los novelistas irremisiblemente. ¿Qué queda de ellos? No hay piedad; el tiempo, ese tirano, hace su trabajo: implacable y mortal. Abro libros y el tiempo muerde sus páginas y sus cubiertas, páginas amarillas, el cosido que ha perdido su tensión, las tapas envejecen y su color es el color de las ancianas manos que se han posado sobre ellas. Miro mis manos y veo lo mismo. Esta certeza no me produce melancolía, ni la nostalgia de otros tiempos. Me hace gobernar el relato de los trabajos y los días, con seguridad y esplendor. Soy magnánimo, lo sé y en esta mi posición el mundo que yo habito, por decisión propia, interna y sin posibilidad de intercambio.


+ Estación Sèvres - Babylone: como una posibilidad, un título que no responde a nada, él busca de la explicación que se ajuste al momento. Mientras: La vida, instrucciones de uso


+ Hago un desplazamiento por la autovía sumido en la espesa niebla que casi es lluvia o lluvia que casi es niebla. Un escenario que me inquieta y me entristece, a partes iguales. No voy solo. Hablamos con serenidad sobre los peligros que acechan en la carretera, sobre la salud y sobre el trabajo. Llegamos a una conclusión: se dan las circunstancias necesarias para resolver los problemas que el trabajo plantea y es este punto el más satisfactorio. Es viernes y los viernes tienen un poder de disolución, una pequeña y suspensa tregua. No hay cansancio que no se vea aminorado. Pero el cansancio está ahí. La fatiga parece ser un componente que recubre lo diario, como si se hubiese roto el rumbo. A ello podemos sumar la incertidumbre. Quizá siempre haya sido así y, solo ahora, lo reconozco. Grietas en las percepciones debidas a mi torpeza. En el ambiente flota esa sensación de irrelevante inconsistencia, nada se puede considerar solido. Repito, tal vez siempre ha sido así y es ahora cuando lo percibo con exacta precisión. Lo valoro y creo que es tiempo de olvidar, de no estar presente siempre, porque apartar las preocupaciones es su final. Tal vez, tal vez no.


+ Algunas cosas que no me gustan: las fotografías en blanco y negro que se colorean, la música alta a primera hora de la mañana, la reiteración de las conversaciones identitarias, mi malhumor, la celebración de la vida. Hay más cosas, pero hoy solo me parecen reseñables las anteriores. Mañana, quizá, cambiaré de opinión, que es algo que tampoco me gusta. Mi volubilidad. Así es, soy voluble o mi opinión es cambiante y no sé si es defecto o virtud. Leeré esta noche algo al respecto, en Gracián.


+ ¿Debería indaga en los libros de autoayuda? Tentado estuve en su momento y no lo hice, ahora es otro tiempo. Siempre hay un poso de curiosidad que me empuja a la investigación. Construyo castillos y fortalezas poco antes de dormir y en ese elevar edificaciones sin sentido veo el reflejo de los interrogantes que el día ofreció. Así, la autoayuda es todo un tema. Entrevisto, llevado a un límite, despreciado, pero presente. Ese pensamiento positivo que yo considero nocivo. No me vale la mediocridad como tara, pero tampoco creo en la posibilidad de salvarse mediante ejercicios de voluntad. Cierro el párrafo y regreso a las tareas diarias: como en la oración, el secreto está repetir la fórmula y no desfallecer. 


+ Imagen: no hay oposición, pero tampoco se complementan: contextos y apariencia, tal vez.

sábado, 21 de enero de 2023

Circunstancia (8)




+ Entre la lluvia y las conversaciones se van las mañanas. A veces me quedo en suspenso y lo que oigo solo es un rumor que se subordina a esa reflexión sobre lo que yo leí la noche anterior, poco antes de dormir. Me adentro en los límites de la democracia, en una definición de la misma extensa y precisa [¿es esto posible? me pregunto sin convencimiento], en la imposibilidad de atrapar tantos y tantos destinos, que nunca responden a un hilo narrativo claro. Llueve, llueve mucho. Pienso, luego, en la lectura del imprescindible libro de Saramago Viaje a Portugal. Pienso en que, en realidad, Portugal lo conozco poco y que las ideas que tengo sobre su realidad responden más a ciertos tópicos que las verdades que puede esconder el paisaje pero, también, las gentes. Y recuerdo comprar periódicos portugueses y revistas semanales portuguesas con la intención de aproximarme a un cierto núcleo de actualidad e historia; leo en portugués, escucho la radio portuguesa, desde Twitter me llegan noticias, pero no soy yo el que escucha o lee sino aquel adolescente que fui, que continua fascinado por la idea romántica del viaje y el tiempo que se desvanece, de la lectura y la escritura son herramientas del observador, de escapista. La lectura, me digo, la lectura llega a ser la única realidad, la única razón de los días y no estoy seguro de que esto sea necesariamente positivo. Quizá tampoco negativo, no hay sentidos porque, a partes iguales, soy determinista, soy nihilista. No es cierto, la lectura solo es un acento en la vida cotidiana, la vidaque se impone sobre la lectura como se impone sobre la totalidad de los afanes: los trabajos y los días, los placeres y los días [en referencia al escritor latino, en referencia al admirado escritor madrileño que solo es hoy una fantasmal aparición de mi adolescencia, una vez más la adolescencia y sus determinaciones]. El día es claro por un momento, pero la lluvia está al acecho. Aguarda la lluvia. Oigo sus razones; sin embargo, son poco más que un rumor. Ahora espero la llamada de mi doctora, no sé qué dirá, no tengo malos presagios. Las esperas, últimamente, son el tono vital. Esperar, con paciencia, esperar.

+ No fueron malos los resultados de las analíticas. Estoy sano, me dicen al otro lado del teléfono. Es un tesoro la salud, me digo a mí tras el comunicado. Después de la salud vendrá todo lo demás, todo lo que se puede construir o arreglar, adecuar al momento, mantenerlo o modificarlo. Sin embargo, no fue mi doctora quién me atendió, sino otro doctor, otro titular que se hace cargo de los pacientes de su compañera, que está de baja [así me lo ha dicho mientras me pedía disculpas por la tardanza, tiene tantos pacientes que atender que la tarde no le llega]. Los problemas de la sanidad son nuestros problemas. Serios problemas. ¿Qué le pasa a mi doctora, por qué otros doctores tienen que hacerse cargo de sus pacientes, por qué no se contratan sustitutos, por qué las plantillas disminuyen sin remedio ni una explicación clara, convincente? Tengo respuestas firmes y bien orientadas, repuestas fundadas, pero no tengo pruebas. La pruebas son esenciales y por ellas espero. Se eleva esta certeza formada por indicios e intuiciones. La privatización rampante, sin vergüenza ni frenos. Ay, la importancia de la salud y la capacidad de transformar en mercancía lo que nunca debería ser mercancía, el tiempo pasa y se consolidan tendencias tenebrosas. La noche caerá pronto, me digo y no pienso en otra cosa que en mi estado de salud: por el momento, más que aceptable.

+ ¿Qué es preferible, ser engañado en el precio o en la mercancía? [Compongo la pregunta tras leer, antes de dormir, a Baltasar Gracián]: y respondo: siempre el precio, porque el engaño en la mercancía es un engaño doble, pues se contiene también engaño en el precio: la mercancía mala no vale lo que nos han cobrado por ella. Ahora es momento de buscarle acomodo y aparece sin demasiado esfuerzo: engaño, precio, mercancía. Hermes: mensajero de los dioses, patrón de los comerciantes y hacedor del engaño. Ahí queda palpitante la repuesta sin demanda. 

+ Hay un desgaste que posee una cierta nobleza. La madera ejemplifica esa forma de envejecer que se engrandece a sí misma, digna y espiritual. Esto último se manifiesta con prístina delicadeza en algunos instrumentos musicales.Me fijo en ellos. Las manos han rasgado las cuerdas y queda su marca sobre la tapa de la guitarra, el barniz desaparece y al descubierto la veta de la madera se manifiesta como una realidad más allá del que construyó el instrumento y él que con él interpretó las partituras o desgajó las improvisaciones. Lo he visto. He visto guitarras, violines o pianos, sus teclas de marfil que han envejecido con la aristocracia y con el olvido, amarillas y sucias, como la vida misma. Ahora no, ahora se tiende a un cierto desacuerdo fungible, muebles que han de durar dos años y canciones para una semana. La ropa que desaparece con el fin de semana y remata en montañas de basura. La palabra mágica es monetización, válida para las relaciones y para las canciones, válida por un instante, evaporada y pasajera. El dinero como medida de todas las cosas se impone. A grandes rasgos, así lo veo: según se populariza un arte se degrada. Valga como ejemplo la fotografía, que carece ya de interés. Imposible es tener cuenta de la fotos que diariamente se disparas. No recuerdo quién decía que en su origen la fotografía producía pocas obras pero de muy alta calidad, con el paso del tiempo se aumenta la producción pero la calidad disminuye. Y en eso estamos. No se admite el desgaste o el envejecimiento que transforma los objetos en antigüedades, al contrario: la palabra es obsolescencia. Lo obsoleto se ha convertido en emblema.¿Es malo? Tampoco es bueno, solo un rasgo que se acentúa. Así lo percibo y así lo muestro, hoy domingo.

+ “Para la mariposa que nace con la mañana y muere al anochecer, la noche no existe; para el que ya encontrado al rey de la quinta, la respuesta honrada es siempre.” Saramago en Viaje a Portugal

+ Imagen: secuencia que regresa del pasado pero todavía no es presente.

sábado, 14 de enero de 2023

Circunstancia (7)


+ Recupero las dos ideas que tomé del documental que vi en Canal Arte sobre J. Habermas: 1) Las crisis de legitimidad se producen cuando está en juego la integración [del individuo] 2) El conflicto estalla en la intersección del sistema [las instituciones] y el mundo de la vida [las relaciones sociales, por ejemplo].  ¿Por qué vuelvo a copiar estas dos ideas? Entiendo que estamos en otro mundo, en otra época. No es cosa mía, aunque lo intuía. En el mismo Canal Arte vi una larga entrevista con Bruno Latour donde afirmaba lo que yo dije un poco más arriba y que tiene un correlato en que “la abundancia se ha terminado”, algo que dijo también Emmanuel Macron. Lo que en algún momento me llegó como indicios difusos va tomando cuerpo y lo de Bruno Latour no es otra cosa que una constatación de que la brújula no funciona mal. La pandemia marcó un antes y un después en ámbito de lo colectivo, pero, también, en lo personal. Yo lo he experimentado y hay personas que, también, me lo han transmitido. Las emociones, el miedo, la distancia, la reunión con viejos amigos, pero también el valor de los sistemas de salud y sus profesionales, la red solidaria entre vecinos, que se expande a la ciudad misma, la comprobación social de los efímero, la poca entidad que lo humano y sus obras tienen, sometido al dictamen implacable del tiempo, que “muerde estatuas”. Las dos realidades son complementarias y la una no se entiende sin la otra. Veo una precarización que avanza a lomos de la inflación, aunque ya estaba aquí y no hay una razón única, sino que lo múltiple e inasible, al menos desde este presente, es la materia que reclama una estructura, el esqueleto que sustenta la carne de la historia. Trato de establecer una suerte de mapa del territorio y me cuesta, estas dos ideas apuntadas parece que me dan una guía, una falsilla sobre la que comenzar a pensar. La fricción entre las instituciones y la calle me parece evidente, pero no basta esta intuición. Necesito apoyos. Una frialdad burocrática que no entiende que su supervivencia pasa por el bienestar de los trabajadores, los parados, los que tienen que decidir deben escuchar a los que sus decisiones perjudican, por su propia supervivencia, aunque solo sea por un neto egoísmo.

+ Disquisiciones sobre si alguien que ha nacido en la segunda mitad del siglo xx, por ejemplo en 1966, pertenecen al pasado siglo o al presente siglo xxi. Si atendemos a la producción de ciertos escritores, como arquetipos del desarrollo de la persona, su imaginario y su ideología, la respuesta se complica. ¿Galdós es un escritor del xix o del xx, porque murió el novelista hacia 1920? La importancia de esta reflexión se centra en la comprensión del presente, siempre tan complicada como atractiva. No cabe la menor duda que la madurez aporta un punto de vista sosegado que apunta a una cierta sabiduría, aunque sea forzosa, pero, al mismo tiempo, el estar al día en cuestiones políticas o culturales sobrepasa a la juventud. Alguien parece añadir: la juventud está sobrevalorada. No sé, quizá los períodos históricos rebasen sus propios límites y los cambios de siglo no van a acordes con el calendario. ¿Cuándo comenzó el siglo xxi: en el año 2000, en el año 2001 o cuando se inició la pandemia? Son acotaciones que solo tendrán sentido en el futuro, hoy nos dedicaremos a tratar de tomar algunas notas en este taller, que en ocasiones no tiene otra función que la oxigenación de la maquinaria. Vale.

+ [Poetas desconocidos]: circunstancias que no vienen al caso hacen que en mis manos caigan colecciones de poemas que yo nunca había oído hablar de sus autores. Recojo el libro con cariño y lo abro con amor. Trato de ver que no hay tanta diferencia y no la hay. Son autores que han dormido en algún limbo de una librería de viejo y la editorial donde publicaron era, ya en su momento, una editorial de prestigio, los otros autores de la colección son hoy célebres nombres que adornan institutos de enseñanza media o recoletas glorietas en donosas villas. Sin embargo, ellos no. Él no. Es un autor que nadie conoce, a pesar de tener su página en la Wikipedia. Lo sé, la vanidad del tiempo en caprichosa y el reconocimiento viene de la suerte o de la constancia y la voluntad del triunfo. En algunos casos no se conjuran los hados en el discurrir exacto de la carrera y los poemas solo son el olvido de una obra, ni menos ni mayor. ¿Podría llegar el día en que fuesen descubiertos por la inteligencia del explorador, del arqueólogo de lo lírico? Tal vez, tal vez no. Me centro en la lectura que describe el vuelo eterno del que murió por osar a conducir el carro de su padre, El Sol.

+ Pero el tema, me dices, es el tiempo. Cómo no, te digo, cuándo no fue el tiempo y su correlato, la muerte. Nunca antes, me respondes, resultó tan certero. Nací en los años setenta y me acerco a los cincuenta y me creo todavía que soy joven, ya no lo soy, pero me resisto. La fluida respiración del día, su afán, su gloria y su derrota.

+ En los inicios del años diferentes noticias hablan de la muerte. El accidente de automóvil y el apuñalamiento a la salida de la discoteca. La muerte es el tema, el único que tema. No por oculto, menos presente. He reflexionado sobre ello y veo la imposibilidad de encontrar una solución. Un hombre viaja tranquilo con su familia, se desliza plácidamente por la autovía, llueve con intensidad, pero el coche es confortable, nuevo, moderno, con todos los adminículos que procuran la certeza del futuro. Pero el futuro nunca está asegurado. Otro vehículo invade raudo su calzada e impactan. Muere casi en el acto. Su mujer y su hija, un bebé, permanecen en estado grave. No quiero hacer preguntas ni buscar explicaciones. Abro Twiter otra vez y me comunica que un joven de 17 años se debate entre la vida y la muerte tras sufrir un apuñalamiento a las cinco de la madrugada, a la salida de una discoteca. Qué decir. Salvo el silencio, poco más. El determinismo cobra carta de naturaleza en el momento en que nos hacemos cargo de esta inexcusable realidad: todos hemos de morir. ¿Cómo, cuándo, por qué? Mejor guardar las preguntas y permanecer en silencio. [En la Autovía A-52 / En Santiago de Compostela]

+ Continúo con la lectura de un poemario que, yo creo, resulta desconocido, a pesar de estar publicado en una editorial prestigiosa y con un director de la colección célebre. En mi opinión, no se trata de un gran libro, no son unos poemas que me lleguen, ni por su técnica ni por la elección de sus motivos. Ay, los motivos. Sin embargo, se aprende mucho. Qué importante resultan las obras sin demasiado valor para construir un instrumento de medida que sea preciso. Ahí está su importancia.

+ Imagen: un_cierto_vacío.

sábado, 7 de enero de 2023

Circunstancia (6)





+ [Debates sobre películas vistas, debates sobre la identidad]. He leído con atención las críticas favorables y desfavorables sobre la película que hace unas semanas fuimos a ver C. y yo. Me centro en las críticas desfavorables porque ahondan en asuntos que me ocupan desde hace algún tiempo y no soy capaz de explicármelos. Me interesa en especial la identidad, su necesidad y configuración, en contraposición a una imposible ausencia, ¿puede existir un sujeto carente de identidad? No ahondo en ello, no es el momento. En relación a la película, la cuestión de la identidad es el centro de una suerte de desacuerdos que se han expuesto en la prensa mediante reseñas, entrevistas y declaraciones. Algo que, en principio, no ha tenido demasiada relevancia, pero que a mí me parece que sí merece una reflexión. La película trata del enfrentamiento entre dos grupos familiares, el primero compuesto por un francés y su esposa, el segundo lo forman dos hermanos que siempre han vivido en la montaña. Los recién llegados y los nativos, la civilización y la barbarie, podríamos entender en un primer acercamiento. Para los hermanos su única realidad es ese mundo remoto y hermético, a lo que se contrapone el extranjero y su mujer, que llegan desde su Francia urbana para realizar un sueño, su sueño bucólico y pastoril, ingenuo y, en apariencia, inofensivo. Todo acabará mal, algo que se presiente desde el inicio del relato sin restarle fuerza a su desarrollo. Punto y final: cierro la exposición del detalle para no continuar con la trama, para no destriparla y hurtarle a un posible espectador el placer de la peripecia. Simplemente, ciertos juicios negativos se resuelven en que se trata de un maniqueísmo que consiste en hacer hablar en gallego a los malos y en castellano y/o francés a los buenos. No creo yo que sea correcto ni justo este análisis. La película en cuestión, As Bestas, no cae en ese error de dividir la realidad en dos partes opuestas y simétricas, el bien y el mal. Muy al contrario, deja una niebla en la que el juicio moral rápido y fácil carece de lugar, donde las razones de unos son opuestas a las de los otros, pero también complementarias. Algo que guarda en sí un acercamiento a la vida misma. Me parece que ha sido algo que en la redacción del guión, en especial en determinados parlamentos, se ha cuidado con esmero. Finalmente, nadie tiene razón y, al mismo tiempo, a ambas partes la razón les asiste.  No es una paradoja. O sí es una paradoja: como lo es la vida: paradójica. Como en la vida, nada es totalmente negro, tampoco totalmente blanco, ni siquiera los tonos de gris terminan por aportar una explicación definitiva a lo que sucede, a lo oculto e, incluso, a aquello que nunca llega a suceder. A mi juicio, es este uno de los grandes logros del film. Por volver al inicio, el germen de las quejas reside en la identidad conectada con el idioma. Resulta, pues, un tema controvertido, ya que la asociación del individuo y su lengua es fundamental para los partidos políticos nacionalistas, contrapuestas estas opciones: el nacionalismo español y el nacionalismo gallego. Agravios, historia, posiciones, razones y verdades que se emboscan. No se puede negar la asociación entre individuo y lengua como formante fundamental de la identidad, pero llevarlo hasta la centralidad de esta película es una exageración porque, a poco que se fije uno, no es lo que busca la película, sino que presenta un conflicto humano radical e intercambiable, que yo denominaría la fricción imposible entre opuestos y complementarios.

+ Se ofrecen en la prensa diaria unos datos del INE sobre el uso del gallego. El uso del gallego no deja de descender a pesar de las políticas que se llevan a cabo desde hace años. Unos las consideran fallidas y proponen un cambio de rumbo. No sé si otras políticas conseguirán revertir la situación. A veces creo que es algo que tiene que ver más con el tránsito de modos de vida rurales a modos de vida urbanos, que hasta dentro del ámbito rural se está produciendo. La importancia del idioma no es discutible, pero creo que tiene que ver más con el prestigio que con la identidad, si es que el prestigio social no es identidad. Es un hecho, el futuro es lo urbano, algo que no es necesariamente positivo.

+ Habría que añadir a lo anterior que la película se basa en los hechos que se produjeron en un aldea de Petín, en Ourense, a principios de siglo. Sobre el asunto se hizo un documental en su momento. En la película se modifican algunas circunstancias para escribir el guión de la película, pero en esencia se refleja lo sucedido con cierta precisión, toda la precisión que su puede exigir a una ficción. La ficción aporta matices que el documental no alcanza. Esos matices parten de ese punto moralmente neutro desde el que el arte habla y comienzan los cuestionamiento y explicaciones del espectador, que llena los huecos intencionados que el autor ha dejado [un elemento narrativo más]. Creo que hábilmente la película potencia la recepción de sí misma, pues le otorga al espectador una función muy importante e independiente. Los huecos, ay, los huecos.

+ Día de intensa lluvia, semanas de intensa lluvia. En el primer día del año veo un documental sobre Habermas en el Canal Arte. Recojo dos ideas: 1) Las crisis de legitimidad se producen cuando está en juego la integración [del individuo] 2) El conflicto estalla en la intersección del sistema [las instituciones] y el mundo de la vida [las relaciones sociales, por ejemplo]. Es difícil sustraerse a las dos ideas expuestas porque tienen algo de anticipatorio. Un buen comienzo del año, me digo, detengo el vídeo y escucho la lluvia.

+ Me da la impresión de esta entrada tiene flecos, que no he cerrado ningún asunto, que debería volver sobre aquello que queda pendiente. Reflexionaré sobre todo ello, pero sé que implica un cambio de rumbo en este diario. ¿Necesario?

+ Imagen: Por tierras de Valdeorras.