sábado, 27 de mayo de 2023

El olvido

+ ¿Podríamos establecer una taxonomía para los humanos con la falsilla de la clasificación animal, en lugar de una morfología establecer una suerte de rango por su personalidad, por su carácter? ¿Se ha ensayado ya tal engendro? Qué complejo resultaría, qué imposible, y, sin embargo, está presente en todo lo que nos rodea. Hay hombres como leones, pero otros son zorros (positivo) frente a las que se las considera zorras (negativo), vemos hienas y conejos, felinos y entregados perros, de compañía o de presa. Todo ese despliegue tiene un claro reflejo en las fábulas, aquel tiempo cuando los animales hablaban. Creo que es mejor desdeñar esa forma de medir a las personas, porque de eso se trata y no de otra cosa: medir. Lo cuantitativo no alcanza a dar cuenta de lo cualitativo. Señuelo adecuados para presas fáciles. No es pensar, se trata de intentar que nadie piense por nosotros (no es un anhelo gratuito, pero tampoco fácil de alcanzar).


+ La prehistoria se aleja. El tema no está cerrado, pero mi propósito ve ve cumplido. He conseguido variar el punto de vista y entender lo humano como un camino sin solución de continuidad, desde allí hasta aquí. No tan distintos, no mejores, no peores.


+ La prehistoria permanece en el punto de vista alcanzado. Uno entre mucho, pero con una posición importante, relevante.


+ Fue mi cumpleaños y C. me regaló dos libros de Annie Ernaux. La place y Les années. He terminado el primero y no sé qué pensar, no sé qué opinar sobre la narradora, sobre su vergüenza acerca de la clase social de la que proviene. La indagación en el pasado desvela algo que resulta más común de lo que en un principio podría parece y que se circunscribe a esa razón misma: la vergüenza, el avergonzarse de los padres y de un origen humilde. Se plante, en algún momento, que para entrar en la burguesía debió dejar todo el equipaje a la entrada, fuera de la casa grande. Todas la narraciones aportan un margen de comprensión sobre las personas, los hechos y los lugares, en este caso veo a la persona que ha superado su entorno y se aleja de él en el el momento en que adquiere esa condición de la burguesía: la prohibición de la ingenuidad. Tal vez, el cinismo y la ironía, dos razones que no tenían cabida en la vida de la hija de dos tenderos. Sigo sin saber qué pensar, pero sé que hay algo que no me ha gustado, algo que se opone a las expectativas que sobre su obra me había creado. Ahora, domingo por la tarde, abriré el segundo libro, Les années. Leo la contraportada, veo la foto que ilustra la portada y destaco que bajo el nombre de la autora figura la etiqueta de “Premio Nobel de Literatura”, ay, la literatura.


+ Hoy escuché que a alguien le parecía que el término literatura era claro y podía hacer clasificaciones sin dificultad, y, así, proponía la etiqueta: libro de viajes factual. Cuando se marca el viaje como factual, el hecho narrativo o novelesco se aparta de ese casillero, pero, sin embargo, la razón poética palpita, sin duda. Annie Ernaux, dónde incrustar su obra sino en lo autobiográfico y me digo, o recuerdo, que todo lo que figura en primera persona es autobiográfico, como leí hace unos meses. Las lecturas me acechan y me desconcierta, a veces siento vértigo.


+ El dinero y la revancha son temas propicios para discusiones, debates tontos que terminan por no conducir a ningún lugar. Según  se acentúan las posturas, el dinero es espejo y las revanchas desentierran lo que creíamos ya liquidado. Son súbitos ajustes de cuentas. Nadie lo había percibido, el nervio estaba ahí, latente y sin vida, pero resucita. Me interesan las conversaciones subterráneas, su filo peligroso, la labor de zapa que no se deja vencer por años de olvido. Aquello sin vida que la retoma. Como un organismo aletargado recupera su camino.


+ En todo este tiempo no me había pasado, pero, para hoy, olvidé programar la entrada. Este es el olvido, poco olvido.


+ Imagen: un rasgo del pasado. 

sábado, 20 de mayo de 2023

Aniversarios

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+ Otro aniversario que se aproxima. Un cumpleaños, una fecha señalada, una efeméride. Celebrar fechas, porque son un logro, porque es una heroicidad llegar hasta aquí. Sumamos un año más y somos más sabios, o esto nos gustaría pensar. En busca de estilo fluido, acorde con este tiempo líquido. No sé si logramos, pero el intento es en sí una victoria. Reflexiono durante los últimos días sobre la consecución de la ataraxia y me digo que quizá, tal vez, se trata de indiferencia o falta de voluntad o compromiso; también me digo que da igual. La felicidad no es un planteamiento y prefiero la alegría. El trabajo bien hecho y el sueño reparador, la llegada la primavera y la aristocracia de la gata. Nada más, nada más pido y me dejo llevar por el sonido que producen estas maravillosa teclas de mi portátil. Pronto cumpliré años y todo está bien.


+ Nunca dejo de pensar en el estilo o en la distinción, como bandera de una cierta identidad observada en su evolución y mantenimiento. Para hacer fortaleza, nada mejor que unos pantalones o unas deportivas que todo el mundo ignora su procedencia y les resulta imposible pronunciar su nombre. La adecuación entre el atuendo y una idea de uno mismo parece alejar al sujeto de su propia realidad, una imagen construida que no se corresponde a su situación social. Es triste. La tristeza se traduce en falta de entidad, en líquida dispersión, la ausencia de compromisos y un vano dejarse llevar pero sin renunciar a ese estilo, la distinguida presencia del que nadie ha llamado. Podría ser este el comienzo de una novela; sin embargo, no hay fuerzas ni talento para la empresa, más allá de un párrafo hilado a la luz del chispazo breve de una ocurrencia. Así queda.


+ Leo y escucho algo sobre la “conquista del espacio de ejemplaridad” en la Edad Media, pero también en el presente siglo XXI. Los ejemplos siempre resultan útiles, indagar sobre su constitución implica establecer unos márgenes y unas inclusiones, pero también una sistema de exclusión. Los ejemplos, por su propia naturaleza, no son estables, están sometidos a los más característico de la realidad: el cambio. A lo largo de nuestra vida los modelos adoptados van variando hasta convertirse en transparencias que terminan por desaparecer. Dónde están aquellos Idolos juveniles, donde aquellas heroicidades de la primera juventud. Las princesas se disuelven en el mismo barro que los amigos imaginarios. La conquista de estos espacios es efímera, terrenos inestables y glorias vulnerables. Todo está en su punto, pero pronto se desvelará su inestable materia. Apago el ordenador. 


+ Espelunca: cueva. Palabras que surgen de la nada. ¿De la nada?


+ Veo, una y otra vez, hipnótico, el vídeo de The Smashing Pumpkins “1979”:  “Proud Parents of a ‘D’ Student” y me digo: ay, la adolescencia y la melancolía de la adolescencia. La querencia por el aburrimiento vital de las tardes de verano y el eterno vivir al que nadie es capaz de ponerle fin, aunque, siempre, termine por llegar. Veo los reflejos en el cristal del tiempo y no hay opción, todo se dispara hacia el infinito, la nada más absoluta, pero en ese momento carece de importancia. Nunca llegará el invierno. La canción continua sonando y yo me dejo llevar por la evocación que me produce la guitarra, tan certera, tan antigua. Yo soy antiguo y la adolescencia me recuerda a esos libros de poemas que tengo pendientes, que no he terminado, antologías necesarias como lo es el rechazo a todo aquello que nos aleje de la circunstancia vital: la lectura. Creo que es lo que queda de la adolescencia, la lectura. Sigue la canción y yo estoy aquí, entre la melancolía y la contemplación. Soy un observador. 


+ Destroza la casa y la envían, como castigo, a estudiar a Irlanda, luego dice que es muy punki, luego anuncian un whisky. Nada ha cambiado. Otra vez suena esa guitarra y no me arrepiento. Acerté.


+ También el pasado y la melancolía es Mercuriana, de Radio Futura. “Monedas que reflejan soles nuevos” / “Yo soy parte fuerza y parte indecisión” y así. Eran otros tiempos: rocas, mar, submarinismo, el tiempo eterno de la juventud, ¿quién pagaba nuestra canción?


+ “El receptor, en contra de lo que ocurre normalmente, es el que tiene la iniciativa del contacto: es él quien se acerca al mensaje. Tampoco este acercamiento suele ser fruto de la urgencia comunicativa o la necesidad práctica. Su interacción con el emisor se realiza necesariamente a distancia: puede que no coincidan ni en el lugar ni en el tiempo. Por otro lado, y en virtud de este desconocimiento, el mensaje no está construido especialmente para él, sino que se le presenta como una realidad cerrada, conclusa: podrá asentir o disentir, pero nunca dialogar, replicar o modificarla.” Introducción a la pragmática, Victoria Escadell Vidal (210)“El receptor, en contra de lo que ocurre normalmente, es el que tiene la iniciativa del contacto: es él quien se acerca al mensaje. Tampoco este acercamiento suele ser fruto de la urgencia comunicativa o la necesidad práctica. Su interacción con el emisor se realiza necesariamente a distancia: puede que no coincidan ni en el lugar ni en el tiempo. Por otro lado, y en virtud de este desconocimiento, el mensaje no está construido especialmente para él, sino que se le presenta como una realidad cerrada, conclusa: podrá asentir o disentir, pero nunca dialogar, replicar o modificarla.” Introducción a la pragmática, Victoria Escadell Vidal (210)


+ Imagen: de 56 a 57 + un mes. 

sábado, 13 de mayo de 2023

Los días: trabajos y placeres

 

+ “Los placeres y los días”, titulaba un artículo Umbral, que luego daría titulo a su columna en El Mundo. Lo encontré, el artículo, en un pequeño y viejo volumen que hay en nuestra casa, en un altillo. El libro no es otro que Diario de un snob. Todas estos haces se dirigen hacia un punto que se desliza de mi personal y lectora biografía, los años en que esa suerte de dandismo era  una brújula. Hoy sé que eso no era más que una tabla de salvación o un salvavidas, en la deriva de los años adolescentes. Hoy sé de donde Umbral sacó su título y este hallazgo encierra una explicación bastante ajustada de aquellos lejanos años. La fuente es “Los trabajos y los días” de Hesíodo, el poema se resuelve en un calendario agrícola y es esa la razón que todo lo explica. Más que los placeres, lo que importa y cuenta es el trabajo y la división del tiempo en función de las labores del campo, como los ritmos de la naturaleza hacen que el hombre discurra más acorde con su verdad animal: nacimiento, reproducción y muerte, así sí se encuentra el sentido de la vida. Ay, pero vuelvo a coger el libro de Umbral y me acerco a lejanos asuntos de actualidad: las progres, el centrismo, los barrios que crecen en esos decolorados años setenta. Temas que reverdecen en mi memoria y, al mismo tiempo, son una extraña arqueología, viva para mí, muerta para los jóvenes. Ay, los jóvenes, ay, los placeres y los días.


+ El tacto de los papeles del pasado transmite una extraña forma de asombro. Un asombro que se une a la intriga que no se podrá, bajo ningún término, resolver. Quiénes compraron este tomo que ahora tengo en mis manos, quiénes lo leyeron, qué viaje sufrió hasta llegar aquí. Veo su desgastada portada y los signos son de uso y olvido. Mis amores son reales, la obra dramática de Joaquín Dicenta (Hijo), una pieza dentro de la investigación que, con más osadía que autoridad, he emprendido. Me pregunto por la vida del libro, del objeto y sé que es imposible descifrarla, como esas personas que uno se encuentra en una ciudad extraña, en el metro, en un avión. Uno se preguntas por sus vidas y es una apuesta por la equivocación. Hojas amarillas, letras desvaída, páginas dobladas como señal de última lectura. Todo eso y más, duerme su vida en mis mano.


+ Qué extrañas son las vidas de los demás, pero, cuánto más, las propias.


+ Quizá no estaría de más tener una idea del mundo literario más acorde con una profesión que con algo vocacional próximo al sacerdocio. No se debe obviar las razones sociológicas que condicionan el arte, el éxito y el fracaso, ese campo de batalla. Veo, en línea, a escritores hablar de su vocación y de las pruebas que han tenido que superar para llegar al eximio puesto que ocupan en el escalafón. No muy distinto ese prurito a otros

en esferas muy disímiles. Siempre hay engolamiento y el escritor en la televisión parece contrariado por el medio en sí mismo, algo vulgar, algo que carece de distinción, pero solo es una pose y en la pose se esconde la razón de su presencia: la promoción, pues es de las ventas y sus alrededores de lo que vive. Un espejo y una pistola, pero una pose es: no hay tal suicidio. Leo los viejos artículos de Umbral y pasado tanto tiempo, ahora, entiendo muchas cosas. La carrera y su consecución, construir un personaje y dotarlo de esa prestancia, del peso y la dignidad que solo puede otorgar el disfraz bien ajustado, la levita que se ha cosido en esos trabajos diarios, en los placeres nocturnos. En este sentido, siempre me ha llamado la atención la invocación al trabajo solitario y duro, a una suerte de obligación penitencial que parece dotar a este escritor en la televisión de una poderosa y misteriosa fuerza que se vierte en sus páginas, como si se hubiesen escrito con sangre. Sangre y lágrimas.


+ Claro, antes hablaba de un tipo de escritor. La clasificación es tan sumamente amplia que una golondrina no hace verano.


+ Uno debe dotarse de herramientas con las que trabajar los materiales para, de esta forma, obtener objetos y, en este caso, lecturas sociales de la realidad que le ha tocado en suerte. El problema es que herramientas y materiales, a veces, se confunden. Tanto lo uno como lo otro no dejan de ser la vida misma, eso creo yo. Así, he incorporado una herramienta nueva (que no sé si es materia de trabajo también o útil para modelar esa arcilla vital). Se trata de una visión construida mediante una idea de perspectiva de los hombres de las cavernas, de los hombres del Paleolítico y su inclinación por el arte. Veo que hay una evolución en la técnica pero el sentido artístico ya está completo en sus obras, bien estéticas, bien funcionales. Aplico esta herramienta de medida para evaluar el presente, mi presente, vuestro presentes, nuestro presente. Ver desde aquellos ojos lo que hoy se expande resulta dar un giro a la supremacía del siglo XXI. No se trata de maravillarse, sino de sentir cierta modestia entre nuestra mismidad. Somos los últimos de un conjunto de integrantes de una especie y, cómo no, también nosotros desaparecemos (conocemos el viejo dicho de que un día hasta el sol se apagará). Solo desde el arte prehistórico podré entender, aunque solo sea un intento, poco más que una vía de conocimiento que ilumine ciertas sombras y soberbias en lo diario.


+ A veces, cuando uno obtiene el resultado esperado, no siente esa satisfacción que se presupone necesaria. No está el acierto en el punto de la recompensa, sino que el hallazgo que cimienta la tranquilidad, la certeza de que el juicio certero, el plan bien trazado y la ejecución precisa conducen a ese éxito que se traduce en paz para el espíritu. Dicho esto, el anuncio de un desastre nunca es motivo de alegría, aunque sea el resultado de una ecuación antes prevista, valorada y resuelta con destreza. 


+ Imagen: el tren, placer y/o trabajo. 

sábado, 6 de mayo de 2023

Los condicionantes y las condiciones

 



+ Todavía sigo dandole vueltas al asunto del banquete. No creo que deba emitir juicios, desde hace tiempo escapo de las valoraciones morales por un asunto de higiene mental, me gusta mantenerme al margen, pero no siempre es posible, hay unos límites. Los limites se traspasan cuando afectan mi estado de ánimo y mi estado de ánimo se ha visto alterado por el choque entre lo que yo entiendo por correcto y lo se me parece como inadecuado. No sé si se trata de buen gusto o de una posición particular que he construido en los últimos años y que tiene una clara conexión con mi rechazo tanto de la ebriedad como de las supuestas bondades del alcohol, que no son tales bondades. Mi rechazo a la ebriedad tiene relación con el daño que me provocó hace ya muchos años. La posición que he alcanzado es la correcta, para mí, aunque no quiera imponerla tampoco quiero que me impongan la contraria. Así, el asunto del banquete, a pesar de que nadie me dijo que bebiese, gira sobre el eje de la ausencia al no tener ese punto que da la bebida. Uno es otro. Ese otro es el abstemio y esa lucidez molesta al que bebe. He pensado en esta posición en la que me encontré y en mi lugar en el mundo, pero no hay un lugar sino muchos, y son variables, móviles y abstractos. Se superponen planos y el pasado se hace presente, la explicación no es tal sino se subordina a una serie de causas y contextos. Poco importa. Esto no deja de ser un excurso y no una nota como tantas otras, se traduce, pues, en los últimos flecos que se resisten a desaparecer y me causan una leve desazón que tiene que ver más con mi biografía que con la de los comensales. Pensar en exceso es malo, pensar en defecto es un derecho. 


+ Leo algunos poemas de Dylan Thomas que K. ha traducido. Otro ámbito, otra voz. Se solapa con lo anterior. Se solapa, también, con la elección del libro para la próxima convalecencia: La Regenta. ¿Cuánto podemos ser a una tiempo?


+ Mi última ocurrencia es que no puedo entender lo literario sin un tiente sociológico. Es desde ahí desde donde quiero leer. Comenzaré con este presupuesto la lectura de La Regenta, pero no está claro cuando será la operación, por lo tanto: la novela debe esperar.


+ Los veranos vistos como un mundo eterno, una edad imperecedera, me embargan hoy. Los veranos y su ámbito eterno, que no tiene reflejo ni extensiones. Una edad que solo es posible en la infancia o en la primera juventud y que luego desaparece para no volver nunca, en el verdor de la adolescencia se percibe nítidamente esa Arcadia, pero, vaya, por poco tiempo. Un espacio que se ensancha y desaparece. Como si después de leer los poemas de Dylan Thomas quedase un anhelo de inmortalidad, mediante la letra o la música de la vida. Los veranos se han desvanecido y queda este otoño brillante de dorados y granas, rojos que van más allá de la sangre. Otra edad, otro espacio, otro mundo, aunque con las mismas raíces.


+ He llegado a Clarín, a La Regenta por el ensalmo del viaje recién terminado. Ahí se gestó la lectura que todavía no ha comenzado. La esperanza de continuidad se manifiesta en la intriga que me produce el tomo que guardo cerca de la cama, a la espera de que llegue el día de acudir al hospital para ser operado. Para la convalecencia guardo el libro, así se construye la ilusión.


+ Leo, en la mañana del domingo, unas pocas páginas de Viaje a Portugal, de Saramago. Hay algo en su prosa que me seduce y tiene más que ver con una atmósfera y una suerte de recuerdos que con el ritmo, que también es importante y aquí se da en su punto de maestría. La mañana es luminosa, oigo como los pájaros cantan, la primavera está en su esplendor y hay una serenidad que no es un estado sino un regalo. La lectura me ha inspirado cierta confianza. Una invocación al dios del instante me hace sentir la punzada agradable de la felicidad. No me siento un extranjero, pero tampoco un militante patriota. Es un término medio y en su justa temperatura. Este ámbito que nos han regalado se compone de piezas diminutas y no intercambiables, que permanecen exentas pero se pueden unir, me dejo llevar por geometría y trato de abstraer sus razones y rasgos, no lo hago. Finalmente, no lo hago. Dejo el libro y me paro a estudiar como la gata estudia a las urracas. Un estudio vano, porque las urracas, para ella, son inalcanzables, pero el gesto está ahí. Mi gesto, también.


+ La novela de la vida, cuántas veces vistas y siempre renovada.


+ Indago en las razones que me conducen a la lectura de La Regenta, que se demora hasta mi próxima convalecencia. Hay una conexión entre lectura y postración que me interesa y es aquí donde comienza la lectura, en esa premonición de lo que sucederá. Creo que se relaciona con mi tendencia a tener bajo control las acciones futuras y las consecuencias del presente, por eso dejar atado todo me resulta muy necesario. Y en ello estoy. He realizado algunas lecturas sobre la novela y el autor. Me ha llamado mucho la atención que durante el franquismo la novela estuviese postergada, que se considerase inmoral; también, que al hijo de Leopoldo Alas, rector de la Universidad de Oviedo, lo fusilasen. Los datos previos a la lectura la condicionan, pero yo deseo estos condicionamientos porque resultan ser los inicios de una suerte de argumentación, que da razones para su lectura y la explicación de la misma. Me siento en plenitud. Como el regreso necesario a los años ochenta, cuando por primera vez visité Oviedo. Lo recuerdo y el recuerdo es una unión entre lectura y conversaciones, que no deja esto de ser otro condicionante.


+ Y el eximio prosista escribe: “mi trabajo de campo y oficina consistía en…” y yo me pregunto: ¿por qué no campo y gabinete, tan evocador como poético y decimonónico? Es lo que tiene ser prosista y estilista, a tiempo completo, uno se conforma con ver y anotar, leer y olvidar. Qué si no. 


+ Imagen: la insistencia en un color podría tener un significado o un sentido, pero no: carece de propósito.

sábado, 29 de abril de 2023

Apuntes y olvidos



+ Entramos en la notaría y el valor de los elementos simbólicos era muy claro. La calidad de las maderas, la prestancia de los tejidos, el olor, los atuendos, el ambiente que el flujo de dinero da. Estudié la situación como hago desde un tiempo, como si ensayase apuntes para un cuadro de costumbre, detalles que me acercarían a la técnica de Flaubert, pero sin llegar a concretarse ni en un texto ni en un lienzo. Solo por apreciar ese placer que produce la acumulación de datos y apuntes. Vi al notario. Alto, pelo al viento, blanco, peinado con un estudiado desorden, también su barba participaba de la misma característica, a ello debemos sumar el paño del traje, la calidad de la piel de los zapatos, la camisa como un pergamino recién terminado por el artesano que le da vida. Era un hombre muy seguro de sí mismo, con esa seguridad verdadera que da el dinero y el poder. Pero me fije con más detalle: anillos, pulseras y otros complementos que desentonaban, a pesar de no ser baratijas. Me llaman mucho la atención las personas que están pendientes de su aspecto, del equilibrio entre sus gestos y su ropas y su status. No sé, creo que había algo que desentrañar allí, pero no continué, salvo por la acumulación de detalles, que me aclaraban más que una reflexión sobre la sociología del dinero y el poder.


+ Los empleados de la notaria eran un conjunto heterogéneo. Me fijé en uno de ellos. Alto, bien formado, musculoso. Seguro de gustar. Me fijé en algunas mujeres y me sorprendió la profusión de tatuajes. Llegué a la conclusión de que cuando uno penetra en el interior de cierta rutina sin llegar a participar en ella, tiene a su alcance una serie de detalles que de otra manera le pasarían desapercibidos. Los empleados de la notaría, creo, reciben buenos sueldo y eso marca. El dinero hace patria, la fortuna edifica confianza y belleza. No lo es todo, pero es mucho.


+ Ahí palpitaba la novela de vida.


+ Unos días fuera de casa. Pasamos de Galicia a Asturias y de Asturias a Cantabria. El paisaje desarrolla una relación extraña con el el viajero, esa relación tiene rasgos de autobiografía. No era la primera vez que atravesábamos aquellas autovías, tampoco por primera vez nos desviamos a las playas y a los pequeños pueblos, pero todo había cambiado. La mirada sobre las cosas sufre modulaciones inesperadas y todo pronostico es una apuesta por el error. Las nubes, el mar, los bosques y los montes habían estado siempre ahí, como si esperasen nuestra llegada, aunque no fuese así, me gustaba pensarlo mientras conducía plácidamente por la A-8. Los automóviles se deslizaban con cierta soltura y se dibujó una alegría inesperada en horizonte. La arquitectura excusaba la necesidad de reflexionar sobre su función y solo restaba el aliento estético. Un decorado teatral, tal vez, poco más. Así, la vida se impone. Hablamos, mientras yo conducía, sobre personas y sobre la evolución de las biografía, sus meandros inesperados, la lógica y la falta de lógica en las acciones, hablamos sobre los previsible de las conductas si estas se analizan desde la perspectiva de una trayectoria, así: poco margen para el error, siempre que se respete una amplia gama de posibilidades. Nadie nos molestaba y el sueño, cuando llegaba la hora, resultaba reparador. Fuimos felices mediante la alegría compartida, a través de las conversaciones y los cafés a media tarde en insospechados bares y cafeterías. Todo era perfecto y solo podía anunciar perfección, nuestra doméstica perfección.


+ [Una comida]. Analizar los meandros que el alcohol establece en el comportamiento es la labor del abstemio, por esta razón resulta inquietante su presencia. Es el que se abstiene un juez severo, que comprende y no comprende los actos de los que tiene ante sí. El alcohol establece muros y fronteras, que separan a los durmientes de los despiertos. La realidad, compuesta de pliegues y dobleces muestra, nunca tiene una sola cara. Los observé sin intención, pero el juicio comenzó a sedimentarse. El vino, los licores, los combinados de ginebra y tónica plenos de hielo y limón. Todo ello descubría algo que no recordaba pero que había conocido muy bien. Sentí que me mareaba. La comida se había alargado demasiado y las conversaciones degeneraban, para el que no bebe esto resulta muy desagradable, una sima y guardar silencio solo contribuye a incrementar la inquietud de la presencia del abstemio. Yo no elegí el papel y me dio la impresión de que mejor hubiera sido no asistir, pero fui y solo deseaba regresar. Los volví a observar y no deseaba hacer juicios y los había y esto me molestaba. Me fui y una tristeza mineral me invadió. Había visto esta escena tantas veces, pero todavía me producía tristeza, una tristeza mineral, por dura, por oscura, por reconcentrada. Leía algo sobre la geografía física de la Cornisa Cantábrica y me reconfortó, como si la distancia que establece las edades geológicas fuese la medicina necesaria para cualquier desatino de lo humano. Volví a pensar en Asturias y en Cantabria, también en la Mariña, y me quedé dormido. Afortunadamente, nada recuerdo del sueño.


+ Observo que me observo en demasía a las personas. No soy un pintor de batallas.   


+ Imagen: en una playa, en Santander, en la Playa de los Peligros, los peligros nos acechan, pero los sorteamos, los evitamos con habilidad inusitada.

sábado, 22 de abril de 2023

Sé quien soy

banqueta

+ Las elecciones se aproximan. Esa proximidad da lugar a conversaciones, dudas y recuentos. Alguien me dice que hay que reflexionar sobre el voto y, yo, sin decir cómo ni porqué, le hago saber que ya está pensado, se ríe y me explica algo sobre el tema. Todos los políticos son iguales, lo sindicalistas también. Presto atención. Es importante saber cuáles son nuestros intereses, actuar con una cierta frialdad y dejar a un lado los sentimentalismos identitarios. Es fácil tratar de demonizar tanto el sentimiento como la identidad, pero todos estamos sometidos a ambas razones. Quiero que estén al margen. Nada digo. Lo veo, lo escucho. La identidad adquiere formas insospechadas. Subterráneamente, hay algo que nos condiciona y, tal vez, ni siquiera lo conozcamos, ni siquiera lo podamos intuir. Ha dicho cosas con las que no estoy de acuerdo, pero no tengo ganas de exponer mi pensamiento, la construcción de las explicaciones que voy elaborando con paciencia, siempre en revisión, siempre en el margen de la duda. El trabajo, las ideas y su elocución.


+ La imagen es la derrota y el espejo es la tristeza, lo veo hoy en el reflejo de una historia que alguien, al otro lado del teléfono, me cuenta. No reflexiono sobre ello, simplemente escucho y me dejo llevar porque era algo previsto, fácil de adivinar. Una trayectoria nos da pistas y nos indica cómo se dará el futuro. Son indicios que valen más que las certezas. Basta con observar el comportamiento de una persona para sabe cómo obrará. No hay fallo. Cuelgo el teléfono y continúo conduciendo en la luminosa mañana. Me digo: hoy en los poemas todo está excluido salvo la lírica. El canto me mece y el tiempo se detiene, es un instante, pero he comprendido que su elemento es la mentira y sobre la mentira se debe hacer cualquier predicción.


+ Una mañana tranquila. El cielo está despejado y nos desplazamos en un coche nuevo, asuntos de trabajo, leves asuntos de trabajo. Conversaciones ligeras. Música, aire acondicionado, una relativa calma. Disfruto el momento, alguien pondera sin tratar de impostar. El momento. No hay mucho más. Sin embargo, no resulta sencillo elegir y mantener la elección. Tantas distracciones. El coche parece fluir como un líquido. Todo es fácil. Conversaciones, el café cargado, las pastas de té. Una conversación sobre el sentido de las palabras y una estela que recuerda a los que ya no están. Esa es labor de los vivos. Mantenemos el recuerdo de los muertos, pero llegará un día en que nadie se acordará de nosotros. Así es la lírica de lo diario, lo sé y lo mantengo.


+ Noticias que me inquietan, resuenan un poco y desaparecen. Una reparación imposible. El conflicto ocupa el centro y yo estudio su desarrollo. Todavía no he aprendido a no ser tibio. Me pregunto por las consignas que recibo a diario. Mantengo mi oficio con dificultad, el cansancio propio de estos años a los que hemos llegado. Hay que buscar recetas, se obliga el enfermo. No soy un enfermo y escribo. No hay oposición. Fluye. El conflicto me preocupa.


+ Sigo dibujando en la libreta roja. Los dibujos se han convertido en sistema de reflejar la realidad, por lo tanto se acercan a la escritura en tanto que son un diario. Los vuelvo a ver y recompongo el momento vivido. Pocillos, sillas, piscinas, edificios, macetas, jarrones y flores, vasos, botellas de cerveza […] Los colores son siempre los mismos y el trazo tiene personalidad. Me gustan mis dibujos porque son algo más que el reflejo de mi persona, porque por sí mismos viven y yo soy el destinatario. Alguien diría que son “autorreferenciales” y podría decir que tiene razón. Pero eso no es más que uno de los rasgos que poseen, uno entre muchos. Veo los dibujos que hice hace casi un año y no me cuesta reconocerme. Sé quién soy. No es poca cosa.


+ Libros de poesía que están pendientes. Un programa de lectura olvidado: Ángel González, Joan Margarit, Francisco Brines. Una triada que duerme en un estante. He de recuperarlos. He de recuperar ciertos hábitos que se han quedado a un lado. Espera con paciencia.


+ Para celebrarlo, C. y yo nos iremos a Asturias. Asturias es el paraíso. No es un día cualquiera, después de tantos años […]


+ Imagen: una arqueología de nuestra vida; a veces, un objeto resume en sí un algo inefable, un algo que desea un nombre pero no se encuentra.

sábado, 15 de abril de 2023

Pop y nihilismo

a lanzada

 + No me gustan los cambios y la esencia de la vida es cambio. Trato de adaptarme a esta naturaleza, lo consigo y no me opongo. Lo importante es no oponerse y dejarse llevar. Lo que fluye resulta más llevadero. En los últimos tiempos he visto cambiar el eje de giro de mi vida, pero no el centro, que son cosas distintas. Lo he aceptado con alegría, sin entrar en ejercicios de queja y debilidad, tan contrarios a mi modo de ser. La queja me gusta menos que el cambio. No se trata de ser fuerte, sino de no molestar. En ello estoy. Leo poemas que me dan cierto abrigo porque los considero inamovibles y en mi escala así son: hitos o balizas firmes que me dan seguridad. Con ese poco me basta. En este sentido, tengo libros atesorados para el futuro, para cuando necesite algo a lo que asirme. No son muchos libros. El tono declarativo tiene un reflejo en otro cambio que me descentra y trato de entenderlo mientras lo estudio. Describir el aburrimiento es dejar de estar aburrido, alguien me dijo hace ya tiempo. Yo nunca me aburro.

+ ¿Los porqués del tono declarativo y/o confesional? A saber. 


+ Repaso una lista de temas que tengo en la libreta de notas del ordenador y me sorprende el hilo que muestran. Hay una línea que va desde el inicio de la libreta hasta hoy. Se trata de la relación entre el mundo digital y el ascenso de los populismos. En este sentido, me he dedicado a leer manuales de ciencia política durante los últimos dos o tres años. Los he leído lejos de una sistemática, se trata de una tarea complementaria a lectura de periódicos y revistas, tanto en papel como en línea. He llegado a la conclusión de que no se pueden despreciar los ciclos. Me parece muy adecuado aquello leído a Julián Casanova que la historia no se repite, sino que rima. La rima es lo que busco. Escribí la semana pasada que el alza de los precios es un factor muy importante, pero, en realidad, se traduce en infelicidad, la infelicidad que produce la incertidumbre. La felicidad es un percepción, el alza de los precios dinamita sus cimientos. La literatura otorga herramientas que posibilitan una suerte de entendimiento, un comprender las motivaciones diarias de las personas. Y, quizá, no tanto de comprender como de observar. El observador se resiste a emitir un dictamen o una opinión, describe sin valorar, pero la descripción, por selectiva, es, también, un valorar los hechos. La literatura se posiciona en ese ámbito y me ayuda a situar lo que anoto en la citada libreta. Así, abrí El viaje al fin de la noche. Comienza en día, las tareas dan sentido al afán. 


+ Una vez más, sin miedo y sin esperanza.


+ Quiero mantenerme firme en mi propósito de no comprar libros que no voy a leer o a consultar. Lo sé. Atesorar libros es un vicio, y, como todos los vicios ,resulta una costumbre perniciosa. Se pude observar en ciertas casas en las que los libros se acumulan sin orden, en rimeros inmensos, como arquitecturas desengañadas. En otras, sin embargo, guardan un orden. También las hay en las que lo único perceptible es su ausencia. No sé si se trata de buscar un término medio o suturar lo mínimo, establecer un número limitado de obras que resulten útiles en el futuro, cuando ya solo quede la lectura. O ni eso. Mi propósito es firme, tal vez, una misión. 


+ He comprado un libro Literatura y público de Ricardo Senabre. No es una excepción, sino que se incrusta en la necesidad que impone la investigación. Estética de la recepción, marco teórico, estudio. No me he saltado la regla que me he impuesto.


+ Desconozco el número de libros que tengo, pero necesita esta acumulación una cura de adelgazamiento.


+ Me entretengo en tareas nimias mientras todo arde. No es un reproche, es una constatación.


+ “Ha cambiado el contexto y la pérdida de educación es a gran escala”, circunspecta pronuncia una dependienta de la sección de perfumes, una señora la escucha y yo hago mi observación sociolingüística. Una deformación, un saber olvidado que renace por un momento. Es un hecho. Refleja una condición estudiada hace tiempo, con la ayuda del trabajo de campo, el análisis y la estadística. Solo veo una variación: el influjo de las redes sociales en el vocabulario, porque yo entiendo, y estoy dispuesto a admitir mi error, que hay un barniz sociológico en lo que la dependienta expresa, pues el circunloquio no es gratuito y se tiñe de lo leído en algunos lugares, impregnados de política y opinión. Sin importancia. Nos dirigimos hacia otra planta y todo continua girando. La vida tiene cierta reiteraciones gratificantes, que aseguran el relevo y la persistencia del conocimiento.


+ He fallado en mi propósito de no comprar más libros. Serotonina, Houellebecq. En fin, un libro que presté, perdí, compré en francés, leí en francés y vuelvo a comprar para leerlo en las noches en la casa del padre. No sabría decir por qué ahora quiero leerlo en español, otra vez. Cierto es, podría haberlo cogido en la biblioteca, pero no. Lo he comprado. ¿La explicación? Houellebecq me otorga una suerte de visión pop de la realidad que me reconforta y eso es lo que busco. Pop y nihilismo, a partes iguales.


+ Imagen: A Lanzada, un paseo, la foto como testigo.

sábado, 8 de abril de 2023

Sin indicaciones (1)



+ Empieza la semana y el espectro de los temas se ensancha. Vamos desde la maternidad subrogada, los vientes de alquiler, a los problemas de la vivienda, pasamos por las protestas en Francia y se llega al malestar generalizado. La impresión es que, ya lo he dicho en otras ocasiones, caminamos hacia el conflicto. La tensión crece y es, principalmente, en los precios donde se refleja la tendencia. Qué combustible potente para los enemigos de la democracia es la inflación. Así empieza la semana, yo lo veo y otros lo ven, lo que yo veo otros también lo ven. Hace un buen día y mi ánimo es positivo, no me rindo. 


+ No me rindo. Un rasgo del carácter. Sumado a una suerte de nobleza de espíritu que se traduce en cierta magnanimidad. Soy yo, lo sé: sé quién soy. Qué importante saber quién es uno.


+ El canibalismo como ejemplo extremo de las posibilidades de la libertad de mercado. Te puedo vender, libremente, un brazo para que tú lo comas porque te apetece. Solo por probar. El ejemplo es de Darío Adanti, en Infolibre. Bien. Sigue el tema de la gestación subrogada, que, en varias ocasiones, se puntualiza que se trata de un vientre de alquiler o de la compra de bebés. Plegarse a las posibilidades del mercado no es un asunto individual, así se abre el debate. ¿Se puede debatir todo?


+ Mañana del martes en el Sur de la Provincia, cerca del Miño, cerca de Portugal, pero sin cruzar el río, sin traspasar la frontera. Hay en las inmediaciones un centro comercial. También estuve un rato dentro y pude observar como el animal del consumo se despertaba. Desde las cristaleras se ve el paisaje: Tui, Valença, el río. No había música, el sonido casi se limitaba a las máquinas que limpian y abrillantan los suelos. Reconocí el olor. Un olor especial que percibí, también en hora muy temprana, en otros centros comerciales. Podría haber pensado que se trataba de una señal, aunque lo deseché inmediatamente. Son las casualidades las que nos engañan y tratamos de ver en ellas un mensaje, un mensaje que no es tal, carece de existencia. Ay, los centros comerciales en su aliento de no-lugar. La anomia, la ruptura de la identidad, ese posible intercambio que nos traslada a cualquier sitio, incluso al que nunca hemos estado. Estuve solo durante un buen rato, hablé con un vigilante de seguridad, tomé un café, subí las escaleras, me asomé, como ya dije, a los ventanales, escrute el desarrollo de un macro nudo viario en construcción, las nubes, el sol, el reflejo del sol en las aspas de los aerogeneradores. Saqué veinte euros del cajero. El tiempo se desliza y el mes de abril envejece, ya es día cuatro, pronto pasará la Semana Santa y enfilaremos el camino hacia el verano. Lo transparente puede llegar a ser demasiado doloroso. Era uno de esos momentos.


+ ¿La toxicidad solo es veneno o, como los venenos, admite otra faceta, la del remedio? No. La toxicidad solo remite al daño, al trastorno, a la muerte [física o psíquica]. La toxicidad tiene algo de construido o fabricado, que nos invita a pensar en el laboratorio y en los productos de síntesis. Hay productos tóxicos y esta denominación se extiende a las personas. ¿Hablamos del mal? Hablamos del dolor, que resulta más manejable y mucho menos abstracto. Reflexiono sobre la palabra porque me veo obligado a ello por mi propia salud. La etimología latina nos remite a la etimología griega y el significado que aparece en DRAE es el de ‘veneno’. El veneno con el que se emponzoñaban las flechas y que deriva del término tóxon, que viene a ser arco. Ahí hay un punto de penetración en otra realidad, un mundo poético donde es posible describir el dolor sufrido, el malestar, el duro paso de los días donde el asco y desprecio todo lo recubrió. Ahora resulta fácil describirlo, en su momento: no. Una niebla que perturba la visión, un sonido sordo, los golpes y los silencios. Ha pasado tiempo y algo permanece, un zumbido que se va apagando. 


+ Comienza la Semana Santa. Gente de vacaciones, el turismo y sus extensiones. Hay algo que me resulta familiar y que distingo sin esfuerzo. Se trata de esa felicidad de las familias y de los novios jóvenes, tan jóvenes. Un algo plástico, una celeridad propia de nuestro tiempo pero con raíces en el pasado. Seguir esa pista es explicar un acento nihilista que habita en la sociedad. La Semana Santa es vacación, como el Camino de Santiago es senderismo o ruta turística, la espiritualidad está ahí, pero es un rasgo más dentro del conjunto y, aunque característico, no es el más importante. Sin embargo, hay algo que regresa del pasado como amenaza. Debido, en gran medida, al olvido, está presente: repeticiones cíclicas, momentos históricos que regresan a pesar de una atmósfera de indiferencia y cómoda fluidez. La espiritualidad esconde peligros insospechados. Los espíritus rondan a los vivos, a pesar de sepamos que no tienen existencia.


+ [Releo el párrafo anterior y lo veo deslavazado: así es, pero la idea la traduciría en el inestable equilibrio entre creencia y escepticismo, donde parece que la primera recobra una fuerza perdida].


+ Tener creencias, vivir en la nada, falta de confianza, temor, lejanía, lo tóxico y el remedio. La otra cara de la moneda, la moneda falsa. Una corona de sonetos y un papel en blanco. La crisis de los cuarenta se extiende hasta, al menos, los setenta; luego, la muerte. La boca cerrada, el bolsillo vacío, palabras vacuas. Cuentas, ajustes de cuentas, un balance. 


+ Tengo una suscripción a un cuenta en Twitter del Auschwitz Memorial. Tengo el convencimiento de que importante tener presente a los asesinados en los campos de concentración, alguna vez lo dije: cuando fuimos C. y yo al campo de concentración de Sachsenhausen, en la inmediaciones de Berlín, algo cambió, nada volvió a ser lo mismo. A ello debo sumar que fui con K. a una amplia exposición sobre Auschwitz en Madrid. Son dos momentos importantes que me han hecho reflexionar sobre la maldad, pero, también, sobre el olvido. La memoria se cuartea y su fuerza se debilita. Hoy son asuntos, tal vez, lejanos. Sin embargo, esa maldad pertenece a la esencia del ser humano, ahí está dormida, a la espera de que alguien la despierte. He visto vanalizaciones del Holocausto que me han entristecido y preocupado, a renglón seguido hago una búsqueda de imágenes en línea con el tema del Holocausto y el resultado obtenido me devuelve esa tristeza. A veces pienso que todo se olvidará y regresarán de ese mundo al que fueron arrojados los demonios que protagonizaron el horror, con el permiso de la mayoría de la sociedad. El horror solo es posible así: mientras, en el mejor de los casos, la buena gente aparta su rostro y guarda silencio, otras veces participa activamente. Vuelvo a ver el Twitter del Auschwitz Memorial.


+ Algo que no me gusta, que detesto: las fotos coloreadas.


+ Imagen: un esquema, el cielo.

sábado, 1 de abril de 2023

Vanitas

+ La pasada moción de censura es un certificado más del cambio de era: la irrupción de una otra política donde lo institucional es un trampolín más, que permite escenificaciones y declaraciones que socavan la institución misma. No deja de ser una traducción del espectáculo televisivo al parlamento, donde el giro de guión pesa más que el fondo y la esencia del discurso, su naturaleza o su destino. No hay mensaje porque el mensaje es la aceleración y el efecto hacia un objetivo que todavía está por definir y donde no caben simplificaciones. Con todo, el personaje que desarrolló el candidato resume una idea que siempre flota en mi manera de ver y entender el mundo, de opinar sobre comportamientos y personas: el carácter es el destino. Ahí es desde donde yo puedo entender al candidato, quizá cuando era comunista también estaba imbuido en el mismo afán, donde el color no importa sino la dimensión del pedestal.


+ Regreso del trabajo y veo a un adolescente agarrado a su madre en la entrada del instituto de enseñanza media. Ambos lloran. Me detengo un momento y observo, no me parece conveniente y, antes de marcharme, veo como el padre estalla y comienza a gritar. Camino y oigo gritar al chico, me vuelo y veo como tira su mochila y el chaquetón contra el suelo. No sé nada, todo lo desconozco, pero me apena. Hay dolor y no es un poema en una sosegada tarde de otoño que me transmite esa verdad cierta del vida: su finitud, esa triste realidad. Es dolor y es triste. No sé, la intuiciones abren caminos y lo inesperado resulta esclarecedor, una chispa que incita al incendio. Lo pienso, continuo mi camino, trato de no pensar, la música es un bálsamo que no termina de funcionar. Lunes. La semana comienza con un escena desagradable, triste, misteriosa. La adolescencia es dolor. ¿Malas notas, acoso escolar, una expulsión inmotivada o motivada? Quién sabe, yo nunca lo sabré y queda ese hilo, ese mal sabor, poco más. Traté de no recordar mi adolescencia, solo eso pude hacer: nada más.


+ Más señales de dolor y malestar. El dinero como fuente de sufrimiento.


+ Se abren debates bioéticos. Se trata de la compra de un bebé que se disfraza amablemente mediante un eufemismo. Gestación subrogada. El eufemismo siempre esconde el intento de enmarañar la realidad, un acento de verdad atenuada mediante el disfraz de un tecnicismo en el que se embosca la desagradable realidad de las cosas. Es algo que se materializa con la ayuda de diversas artimañas. Cualquier explicación debe partir de la propia revista del corazón que se hace eco de la gestación subrogada de la famosa. Perdió a su hijo, tiene sesenta y ocho años y mucho dinero. El espectáculo comienza.  Pudiendo guardarse para sí y para los suyos esta extraña maternidad la exposición es uno de los objetivos, no sé si el principal, pero sí con su importancia. ¿Vanidad?


+ Dos párrafos sobre la paternidad y la maternidad. No era mi intención porque parto desde el punto en que nada tiene sentido, tampoco ni la paternidad ni la maternidad, pero una vez establecidos el contexto requiere una explicación. La sensación es extraña, estoy imbuido en el cruce entre la costumbre y lo conveniente, un malestar que se reproduce cada vez que me preguntan si tengo hijos. La respuesta es no y no hay razones tras ello, salvo particulares concepciones nihilistas de la vida: la vida carece de sentido. Por la mañana, camino del trabajo, escucho algunos podcasts en línea sobre Houellebecq. Quizá ese sea el tono de este momento. Transhumanismo o posthumanismo, cualquiera de las etiquetas me sirve. El nihilismo consustancial al momento histórico, como si todo el romanticismo y. La postmodernidad se hubiesen derrumbado repentinamente. Pero no es algo espontáneo. No hay certezas, pero sí incertidumbre. La incertidumbre hace que resulte extraño que una mujer de su edad busque un bebé para calmar su dolor, mientras lo airea en la revista del corazón más importante del país. ¿Un relato? ¿Ese relato continuo de los famosos, como una opereta o un folletín sin principio ni final? Ahí se insertan esta última nota. Los debates morales que suscita y la facilidad para enjuiciar lo ajeno y no ser justo con lo propio. Es el inicio del siglo xxi, que no resultará comprensible antes de cien años. Y esa comprensión será otro relato, se dijo y continuó con su tarea, sin ganas. Todo lo moral lo dejo a un lado, ese hastío.


+ Imagen: fragmento (-s)

sábado, 25 de marzo de 2023

Viento y lluvia

Coimbra

+ Otra vez llueve. Estoy seguro que en algún lugar habrá un manual de escritura que recomiende no utilizar los fenómenos meteorológicos como recurso expresivo. Quizá sí, quizá no. Sin embargo, a mí se me parece que contienen en sí mismos un sistema de balizamiento que muestra el discurrir de lo diario y su efecto sobre el ánimo. Llueve. Podría sentir la melancolía del pasado y otras aventuras, pero no es así, la lluvia certifica la solida estructura de este presente que yo me he dado. En este sentido, me gusta emplear con contundente audacia el pronombre de primera persona del singular a sabiendas de que no deja de ser un trampantojo. En realidad ese yo es una construcción y, estoy seguro, está determinada por múltiples factores que no se puede alcanzar a identificar y clasificar, algo que resulta indiferente para mi propósito. ¿Mi propósito? Me gustaría que esto fuese un conjunto vacío, pero no es así. Creo que aspiro a un discurrir tranquilo en la playas de la lectura. Ese pasión, ese vicio.


+ ¿El estudio? Creo que ese trata de un sesgo contemplativo y no de una acción. Pero puedo variar mi opinión. Es la costumbre.


+ Continuo con la lectura del libro de Mariana Enriquez El otro lado. Me sorprende mucho su inclinación hacia lo esotérico, los fantasmas y los espíritus. Dice, en algún momento, que mantiene estas creencias por razones estéticas. Esta afirmación se cruza con lo que de Jan Mukarovsky voy leyendo: no se puede desligar lo estético de lo histórico. Sí, la recepción de las obras de arte se subordinan a lo social y a lo histórico. ¿Los fantasmas y los espíritus? Ambos son rasgos de determinados momentos históricos, que hunden sus raíces en el Romanticismo. Un rasgo del momento donde la necesidad de espiritualidad se ve colmada por diversos tipos de ficción y es en este marco donde se inserta esa posible estética a la que se entrega la escritora: vampiros, espíritus y fantasmas. Romanticismo, literatura y drogas. La triada resulta significativa y, en algún sentido, me identifico con ella y sus extensión. Me lleva a la adolescencia y aquellos senderos en lo boscoso, la indagación y el descubrimiento de la lectura como una forma de identidad. Una identidad más recoleta y menos expresiva, reconcentrada y sin alarmas, sin imposiciones. Lo sé, es imposible la existencia sin identidad, pero su conformación puede conducir a extremos indeseados. Yo siempre he huido de esta circunstancia, me cuesta identificarme con una colectividad. Esos caminos de la adolescencia se veían vestidos de música y libros, ensoñaciones de hadas o cloróticas ninfas. Las ninfas eran uno de aquellos estadios que se la edad disolvió. No tengo añoranza, ni veo otra posibilidad que el sosiego. Me duermo y no tengo ganas de encontrar razones donde no las hay, conozco nuevas personas y los veo como personajes o arquetipos. Ya no soy el mismo y algo de aquello permanece. Se han ido los amigos y se refleja en el rostro el paso del tiempo, pero creo que tengo la serenidad necesaria para poder sonreír y no darle demasiada importancia a lo que no la tiene. Es ese el que lee con asombro de su prosa el libro de Mariana Enriquez, el que no juzga y el que reposa sobre las posibilidades de una nueva divagación.


+ Aparcados están algunos libros, la poesía y la literatura sapiencial a la que lleva mi afición por trazar límites, fronteras, marcos. No es tarde, me digo, pero no regreso a los libros. Es una etapa de vacío y ese vacío es barbecho, que ha de aportar lo necesario para regresar al placer, a la noticia que los muertos nos traen del más allá: aquel momento cuando escribieron. No son fantasmas, son carne de viento y lluvia.


+ Me cuesta mucho trabajo continuar con tareas que son algo más que un compromiso. La reiteración es la clave, no se debe desistir. Pero hay días que son nefastos, temporadas de inactividad que me resultan dolorosas. Veo una cierta incapacidad y enfrentarme a mí mismo ante este espero me desconcierta, aunque, lo sé, se ha atenuado y es un efecto del paso del tiempo, del envejecimiento. La oración adquiere diversas formas: escribir sobre la circunstancia es una más.


+ He vuelto a leer algo de Marina Enriquez, de ese libro que antes cité. Vuelve la autora sobre los fantasmas, me gusta que se refiera a ellos como “filamentos", me parece un gran hallazgo. Como las patitas de la gata que se extienden en un intento de atrapar el viento que se desliza entre mis dedos: jugamos y ella siempre gana. No hay reglas. Leo el libro de Mariana Enriquez en la primera hora de la mañana y sé que es eso un condicionante, una apuesta perdida contra los fantasmas. Las múltiples caras de los espíritus son solo una cara y esa cara, ese rostros me indica mediante un gesto austero a dónde se dirigen los pasos perdidos, aquel deslizarse de la nombrada adolescencia. Hoy más que un paisajes es un gesto, aquellos recuerdos, materia poética, poética del deslizamiento.


+ Imagen: líneas y una ausencia, la lectura de los momentos que fuimos dichosos se traduce en imágenes que tienen valor individual pero no transmiten la dicha, sino, cómo no, lo aleatorio que los disparos fotográficos son. ¿En Coimbra?


sábado, 18 de marzo de 2023

Una forma de estar


+ Domingo por la tarde. Ya no llueve. Después de pasear por A Lanzada vamos a Sanxenxo. Seguimos paseando. Hay mucha gente y todos tienen un aire similar, supongo que me debería incluir en el conjunto, no soy una excepción: vestuario, el tono de voz y el paso lento y tranquilo. Es domingo. Así, entramos en una de esas tiendas que abren los domingos. C. ve la ropa y yo me fijo en la tienda, en las dependientas, en su uniforme, pero me llama la atención sobre todo la música. Lo venía pesando, pero en este momento me doy cuenta de una cierta muerte de la música de guitarras. Se ha terminado una época. Anoto el nombre del cantante, que luego buscaré en el ordenador. Sí. Es música sin instrumentos, salvo la voz, o son instrumentos sin soporte, como la música misma. Es otro mundo y, ahora, más que nunca, soy un espectador.


+ Uno que dice que ahora hay menos libertad que en el franquismo y la mentira le dijo a la verdad que ella era la verdad. Así es la televisión. Así es la vida. Me pregunto el alcance de la afirmación y veo que todo está dentro de una agenda que no termino de identificar, pero sí intuyo. Ahí está la razón de la propaganda. Propaganda, propagar. Un uso del verbo: el incendio se propagó. Ay, la libertad y sus atribuciones, la libertad y la extensión de sus definiciones.


+ Extraña convivencia esta que tengo yo con Villamediana, Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana. Sé que estoy a un paso de tener una visión sobre su persona, de soñar con un soneto perfecto en su ámbito renacentista o barroco, bañado en el petrarquismo y doliente de Góngora y amor cortés. No sé. Extraño viaje el que he emprendido, travesía oscura en la noche oscura que me conduce a una parte de mi persona que no es que desconociese sino que ahora estoy creando.


+ Los días pasan y nos llega el mensaje mismo del paso del tiempo a través de las conversaciones, encuentros con personas que tienen nuestra edad y han descubierto que ya no son jóvenes. Parece un sueño, pero no lo es. No se trata de que un día te despiertes y sientas que era un viejo, no, es paulatino y esta característica hace que sea menos doloroso, o que el dolor sea de otro tipo. Clasificar los dolores es una tarea para esforzados, que no es mi caso. Caminamos durante las últimas horas de la tarde y encontramos a otras personas, nos paramos con ellas y nos cuentan sus cosas: padres enfermos, el dolor que le ha sobresaltado esta misma mañana, los hijos que se hacen mayores y pronto tendrán sus propios hijos. El paso del tiempo no es una novedad pero se descubre sin lírica. ¿De qué trata la poesía? De la muerte y del paso del tiempo, solía decir yo con un punto de mundano cinismo. Ahora sé que no era mentira, pero he visto su carne abierta, el paso del tiempo es el recuerdo de ebriedades nulas, de noches en soledad, amigos en el olvido. Todo eso y más. Leo con interés el libro de Mariana Enriquez El otro lado. Este párrafo tiene mucho que ver con el libro, con la lectura en las primeras horas de la jornada. Tiene que ver con que he recuperado el hábito de coger libros en la biblioteca pública. Tiene que ver, finalmente, con mi edad, con asumir una suerte de tránsito necesario y liberador. Ay, los días pasan sin noticas, en una calma que induce a la pereza, como si esperase el verano y el verano no es una estación que me guste especialmente, lo pienso y me parece que se trata de un estado vital que se relaciona con una forma de estar. El silencio es mi aliado, hoy, siempre.


+ Pensé en un paseo que dimos entre casamatas y puesto de tiro. Estábamos en Normandía y era la consecución de un viejo anhelo. Hoy lo recuerdo en el sentido del párrafo anterior. Se trata de establecer un diario, el registro de momento que poseían una especial factura: el color del cielo, la plasticidad de las nubes, los rostros de las personas, nada interrumpía el fulgor del momento, tras visitar los cementerios del desembarco y comprobar que los que allí estaban enterrados eran niños; ay, siempre son los niños los que luchan en las batallas, siempre mueren los niños. Volví a ver a C. en aquel prado que se rompía sobre el canal, que se prolongaba hasta el horizonte, nubes y una cometa que rasgaba aquel cielo de perfección y olvido. La poesía permanece, es su sentido netamente lírico.


+ El título era Lugares a los que no volveremos, pero no llegó a escribir nada, salvo ese título. Un título es fácil, pero que luego tenga continuidad es una tarea no está al alcance de todos. De hecho, cuántas veces nos hemos dejado arrastrar por un título y luego no ha habido nada tras él; quiero decir: cuando recorremos las estanterías de la librería o de la biblioteca [a donde felizmente he regresado]. Creo que es algo que sucede, también, con las fotos que ilustran las portadas de los libros: una buena foto invita a abrir el libro y, cuántas veces, el texto no está al altura de la foto. Se llaman paratextos y son tan descriptivos como engañosos, pero son parte del producto, si así se puede llamar. El envoltorio constituye una frontera. En ello estoy, al menos hoy miércoles, en esa frontera, porque todo avanza y nada se detiene. El cambio.


+ Imagen: esta transición entre foto y texto, que no llega a fosilizarse. 

sábado, 11 de marzo de 2023

Non vulgaris venae

blur

+ El título de la entrada me remite al diccionario de Nicolas Antonio y la entrada del Conde de Villamediana. Un poeta que no bebe en una vena vulgar, y, cierto es, al contrario se puede decir. He leído hoy alguno de sus sonetos y declaro un interés sin fisuras por la complejidad de los versos, por ese ejercicio o pasatiempo que implica ese descifrar, el recomponer la sintaxis y ver en ello la belleza que contiene. Ahora el tiempo es otro y los modelos son distintos, el tiempo habrá de arrojar oscuridad sobre ellos y descifrar lo de hoy será entender lo que a nosotros nos condiciona, nuestro contexto. Pasatiempo o sustancia nuclear, no creo que la elección tenga importancia.


+ No me cabe la menor duda de que estamos en un proceso de descomposición. También, como lo escuché a Bruno Latour, pero también a Macron, nos encontramos ante el fin de la abundancia. Tengo la impresión de que se está cargando el combustible preciso para que el conflicto estalle, en cualquier momento la chispa surgirá en el momento y en el lugar menos esperado. Necesito tiempo para explicarme algunas cosas pero sé que en la historia hay elementos para conocer el presente, ese cómo que nos lleva hasta este punto al que hemos llegado. Todo esto me viene a la cabeza tras leer el ejemplar de Público, el diario portugués, que compré ayer en Caminha. Hoy, domingo, lo leo en cama y me esfuerzo por entender la realidad de un país que no es el mío, con la intención de, por contraste, ahondar en los problemas que atañen a España. España, qué palabra. Y cuando la pronuncio recuerdo algo que ayer leí en una librería de Braga: la característica principal de España es su diversidad, por encima de cualquier otra. ¿Se puede entender toda la realidad política desde este punto de partida? Vuelvo al principio, la descomposición institucional me parece peligrosa, el reflejo de una época. Lo del fin de la abundancia se traduce en la inflación, los bajos salarios y la acumulación de riqueza en unas pocas grandes fortunas. No sé si es un balance esto que escribo, pero sí hay una cuenta pendiente, un arqueo que explicaría la deriva de los equilibrios políticos y sociales. Algo se ha descompensado y, a consecuencia de ello, la putrefacción se extiende. 


+ Privatizaciones, impuestos bajos y precariedad laboral, altos precios de los alquileres, la inflación y un cierto rumor fantasmagórico. Niebla en el horizonte. La política nos atañe a todos, pero me siento desvalido por no saber cómo actuar. Me fatiga mi posición de observador.


+ La nostalgia se impone, sin saber muy bien a qué responde y sin percibir que no se trata de otra cosa que una construcción preparada para la ocasión, para ese discurso que niega o afirma en función de la necesidad. Falta de coherencia discursiva. Y qué. La velocidad que se ha impuesto impide trazar una línea clara que separe lo falso, lo verosímil y lo aparente. La verdad es una construcción, salvo hechos indiscutibles que tienen su razón en datos que tampoco admiten discusión. La hipervelocidad, como en otros ámbitos, acelera los procesos constructivos. ¿Está hay el principio de descomposición? No olvido que antes de que brote la semilla debe haber muerte y descomposición, es aquella máxima que regresa: lo viejo no ha muerto y lo nuevo no termina de nacer.


+ Al hilo de lo anterior, la cita es de Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.”


+ De eso se trata, de monstruos que comienzan a brotar. Observo, poco más. En una vena no vulgar, pero un tanto inútil. Qué le vamos a hacer.


+ Qué fatiga me entra. Veo, en línea, unos reportajes de un periódico sobre las bibliotecas de algunos autores. No soy capaz de ver ninguno de ellos completos, ya que me parecen unos notables ejercicios de pedantería. Al tiempo, me acuerdo ante al exposición de una afamado fotógrafo español, con el fotógrafo presente en la inauguración, me dijo: me gusta el arte y no soporto a los artistas. Ahí guardé yo la idea de desligar obra y autor. El autor permanece en la sombra, pues solo el producto de su trabajo tiene interés, el resto a la tiniebla lo condeno.


+ No sé si causa sonrojo o risa, la polémica de la tilde en solo o su ausencia. Qué fácil es olvidar que todo lo humano es arbitrario. Todo, salvo el nacimiento, la muerte y la enfermedad. Pero, ¿cabe otra cosa que darle sentido a las cosas mediante los artefactos de la vida, las simulaciones y sus arquitecturas? Ahí estamos, sólo o solo o solo.


+ Después de un año y medio, he llegado a donde me había propuesto hace un año y medio. ¿Qué decir de tal proyección? La meta y el camino son complementarios y su reflejo nos permite establecer una cierta paz en el día a día, esa manera de suspender y obviar el futuro que se basa en la disciplina del presente. Consigo conciliar el sueño sin dificultad, me parece un logro sublime y que se relaciona con lo dicho: el presente como medicina para soportar las esperas. Un año y medio de esperar no es para tanto.


+ Imagen: un cierto desorden.

sábado, 4 de marzo de 2023

La casa del padre

regreso

+ Me paro a pensar en aquellos que en su juventud fueron comunistas y hoy se sitúan en el extremo contrario, con una exacerbada defensa de aquello que parecían atacar en su momento. Si de tener razón se trata, no creo que tengan razón ahora, pero tampoco antes. Es más, me parece que para explicar estos cambios se debe indagar no tanto en las razones que aportan, por muy elaboradas y fundamentadas que se nos aparezcan, sino que es su trayectoria vital la que puede arrojar luz sobre sus cambios de parecer. Sus trayectorias vitales parecen apuntar más bien a un regreso a los orígenes, a la casa paterna, a aquel punto del que un día se alejaron y deben volver, ahora que los años los han hecho sabios y han estudiado lo que antes aceptaron espontáneamente. Tal vez, nunca dejaron de ser lo que fueron y el comunismo fue una veleidad propia de la juventud, que el tiempo ha aclarado. Otros tomaron drogas y hoy postulan contra los perjuicios que ocasionan las substancias, como el fumador que pontifica sobre los males del tabaco. No sé si hay un paralelismo entre una cosa y la otra, pero me parece que una falta de coherencia vital se manifiesta, sobre todo, en la pasión con la que aparece el nuevo discurso, su voluntad de erigir un edificio, una torre que alcance a iluminar con la verdad de la conversión. El hijo pródigo regresa a la casa del padre.


+ Pienso que la casa del padre es un síntoma, pero también una suerte de relato donde se citan la expulsión, el abandono y el regreso. Hay late la parábola del hijo pródigo y sus inconsistencias, que, al tiempo, hacen mella en el imaginario mientras arrojan un rédito de perdón y olvido que hiere al que estuvo ahí: en la casa del padre.


+ La cuarentena pasó a la historia y no sé muy bien qué significa esto de “pasar a la historia.”  Escucho la canción de Los Enemigos, Siete mil canciones, versión cuarentena, y me hago la pregunta anterior a raíz de esa etiqueta que a la canción le ponen. Queda todo tan lejos, tan extraño resulta pensar en aquel encierro, un estado que ahora es un reflejo o el recuerdo de un sueño, con esa deletérea materia que se diluye en el olvido. La canción está bien pero me parece antigua como yo me veo antiguo. Son años que pasaron y su rastro es la senda del recuerdo. Ay, el recuerdo. Sin contexto no hay sentido


+ La casa del padre, qué título. Indago.Lo sabía. Hay una novela con ese título. Karmele Jaio. Una novela sobre escribir novelas. Qué género, pues. Extraño tipo de novelas donde la tipología es una parte de la trama, un rasgo más. El título es bueno, pero lo que leo el resumen y no me motiva. Tanto por leer y tan poco tiempo.


+ Los hijos guardan con sus padres una relación muchas veces insospechada que va más allá de los rasgos físicos y acentos del carácter. Como si fuese un secreto, algo que se tiende a ignorar, pero que termina por emerger. Según pasan los años se delimita el perímetro de estas fluctuaciones del destino y es aquí donde recuerdo la máxima de Heráclito El Oscuro: “el carácter es el destino”; una cosa lleva a la otra y entre ambas terminan por definirse. Observo ciertas personas de las que sé lo suficiente para ver ese alargado reflejo de sus padres en sus acciones, cómo se van desplazando hacia esa frontera entre el deseo y la obligación, donde triunfa una suerte de solida tendencia. Una tendencia que no se puede ignorar, a la que no se le puede decir que no. Esa insospechada relación no es otra cosa que el destino que se inscribió en el momento mismo de la concepción. El determinismo que comporta resulta desagradable en un primer momento; después, es liberador.


+ Notas a pie de página es este diario, pues otra cosa no es. Constituye una herramienta, como es la vida misma herramienta para reflexionar y yo no hago otra cosa que observar y reflexionar. Trabajar con lo que se tiene: despertar, el tajo diario, la comida, las palabras y los silencios, los trayectos en coche, la música, los encuentros y los enfados, el peso del pasado que ejerce su fuerza sobre el presente, la idas y venidas de las personas, conversaciones en la calle y otra vez a comenzar el ciclo: dormir y despertarse. Los paisajes, las varias arquitecturas, la forma de una taza de café, el apunte rápido de una plaza en algún lugar del Norte de Portugal, próximo a la frontera, una paloma o un niño que se entretiene con un charco, poco más hace falta. Notas a pie de página elaboradas con una cierta improvisación y bajo el espontáneo gobierno de los trabajos y los días. ¿Espontáneo es? Así redacto.


+ ¿Es poca cosa un título o encierra algo más que una promesa? ¿Podría recordar a aquel hacedor de títulos, el coleccionista de novelas nunca escritas?


+ Sigue mi lectura de Gracián. No sé que he encontrado o, quizá, no buscaba nada, aunque tenía un propósito claro y eran textos que me obligasen a pensar en propia sintaxis y su ramificación de sentido y mensaje. ¿La dificultad ofrece mensajes y sentidos? No me cabe la menor duda y así visito al Conde de Villamedina, así regreso a su Faetón. De eso se trata, de un ejercicio que me obliga a pensar más allá de la rutina y el texto instrumental, de la bendita rutina extraigo ese material que me ayuda a establecer un mundo, la infinita y deseable realidad, nunca definida, nunca atrapada. No añoro otros tiempos y esta lectura me reconforta porque renueva una idea sobre la lectura misma. La lectura por sí misma, sin otro propósito.


+ Imagen: el regreso podría ser recuperar fotos de cámaras de fotos olvidadas, me sorprende que funcione y que atesore fotos que ya no son otra cosa que arqueología [de mi propia vida].