sábado, 21 de enero de 2023

Circunstancia (8)




+ Entre la lluvia y las conversaciones se van las mañanas. A veces me quedo en suspenso y lo que oigo solo es un rumor que se subordina a esa reflexión sobre lo que yo leí la noche anterior, poco antes de dormir. Me adentro en los límites de la democracia, en una definición de la misma extensa y precisa [¿es esto posible? me pregunto sin convencimiento], en la imposibilidad de atrapar tantos y tantos destinos, que nunca responden a un hilo narrativo claro. Llueve, llueve mucho. Pienso, luego, en la lectura del imprescindible libro de Saramago Viaje a Portugal. Pienso en que, en realidad, Portugal lo conozco poco y que las ideas que tengo sobre su realidad responden más a ciertos tópicos que las verdades que puede esconder el paisaje pero, también, las gentes. Y recuerdo comprar periódicos portugueses y revistas semanales portuguesas con la intención de aproximarme a un cierto núcleo de actualidad e historia; leo en portugués, escucho la radio portuguesa, desde Twitter me llegan noticias, pero no soy yo el que escucha o lee sino aquel adolescente que fui, que continua fascinado por la idea romántica del viaje y el tiempo que se desvanece, de la lectura y la escritura son herramientas del observador, de escapista. La lectura, me digo, la lectura llega a ser la única realidad, la única razón de los días y no estoy seguro de que esto sea necesariamente positivo. Quizá tampoco negativo, no hay sentidos porque, a partes iguales, soy determinista, soy nihilista. No es cierto, la lectura solo es un acento en la vida cotidiana, la vidaque se impone sobre la lectura como se impone sobre la totalidad de los afanes: los trabajos y los días, los placeres y los días [en referencia al escritor latino, en referencia al admirado escritor madrileño que solo es hoy una fantasmal aparición de mi adolescencia, una vez más la adolescencia y sus determinaciones]. El día es claro por un momento, pero la lluvia está al acecho. Aguarda la lluvia. Oigo sus razones; sin embargo, son poco más que un rumor. Ahora espero la llamada de mi doctora, no sé qué dirá, no tengo malos presagios. Las esperas, últimamente, son el tono vital. Esperar, con paciencia, esperar.

+ No fueron malos los resultados de las analíticas. Estoy sano, me dicen al otro lado del teléfono. Es un tesoro la salud, me digo a mí tras el comunicado. Después de la salud vendrá todo lo demás, todo lo que se puede construir o arreglar, adecuar al momento, mantenerlo o modificarlo. Sin embargo, no fue mi doctora quién me atendió, sino otro doctor, otro titular que se hace cargo de los pacientes de su compañera, que está de baja [así me lo ha dicho mientras me pedía disculpas por la tardanza, tiene tantos pacientes que atender que la tarde no le llega]. Los problemas de la sanidad son nuestros problemas. Serios problemas. ¿Qué le pasa a mi doctora, por qué otros doctores tienen que hacerse cargo de sus pacientes, por qué no se contratan sustitutos, por qué las plantillas disminuyen sin remedio ni una explicación clara, convincente? Tengo respuestas firmes y bien orientadas, repuestas fundadas, pero no tengo pruebas. La pruebas son esenciales y por ellas espero. Se eleva esta certeza formada por indicios e intuiciones. La privatización rampante, sin vergüenza ni frenos. Ay, la importancia de la salud y la capacidad de transformar en mercancía lo que nunca debería ser mercancía, el tiempo pasa y se consolidan tendencias tenebrosas. La noche caerá pronto, me digo y no pienso en otra cosa que en mi estado de salud: por el momento, más que aceptable.

+ ¿Qué es preferible, ser engañado en el precio o en la mercancía? [Compongo la pregunta tras leer, antes de dormir, a Baltasar Gracián]: y respondo: siempre el precio, porque el engaño en la mercancía es un engaño doble, pues se contiene también engaño en el precio: la mercancía mala no vale lo que nos han cobrado por ella. Ahora es momento de buscarle acomodo y aparece sin demasiado esfuerzo: engaño, precio, mercancía. Hermes: mensajero de los dioses, patrón de los comerciantes y hacedor del engaño. Ahí queda palpitante la repuesta sin demanda. 

+ Hay un desgaste que posee una cierta nobleza. La madera ejemplifica esa forma de envejecer que se engrandece a sí misma, digna y espiritual. Esto último se manifiesta con prístina delicadeza en algunos instrumentos musicales.Me fijo en ellos. Las manos han rasgado las cuerdas y queda su marca sobre la tapa de la guitarra, el barniz desaparece y al descubierto la veta de la madera se manifiesta como una realidad más allá del que construyó el instrumento y él que con él interpretó las partituras o desgajó las improvisaciones. Lo he visto. He visto guitarras, violines o pianos, sus teclas de marfil que han envejecido con la aristocracia y con el olvido, amarillas y sucias, como la vida misma. Ahora no, ahora se tiende a un cierto desacuerdo fungible, muebles que han de durar dos años y canciones para una semana. La ropa que desaparece con el fin de semana y remata en montañas de basura. La palabra mágica es monetización, válida para las relaciones y para las canciones, válida por un instante, evaporada y pasajera. El dinero como medida de todas las cosas se impone. A grandes rasgos, así lo veo: según se populariza un arte se degrada. Valga como ejemplo la fotografía, que carece ya de interés. Imposible es tener cuenta de la fotos que diariamente se disparas. No recuerdo quién decía que en su origen la fotografía producía pocas obras pero de muy alta calidad, con el paso del tiempo se aumenta la producción pero la calidad disminuye. Y en eso estamos. No se admite el desgaste o el envejecimiento que transforma los objetos en antigüedades, al contrario: la palabra es obsolescencia. Lo obsoleto se ha convertido en emblema.¿Es malo? Tampoco es bueno, solo un rasgo que se acentúa. Así lo percibo y así lo muestro, hoy domingo.

+ “Para la mariposa que nace con la mañana y muere al anochecer, la noche no existe; para el que ya encontrado al rey de la quinta, la respuesta honrada es siempre.” Saramago en Viaje a Portugal

+ Imagen: secuencia que regresa del pasado pero todavía no es presente.

sábado, 14 de enero de 2023

Circunstancia (7)


+ Recupero las dos ideas que tomé del documental que vi en Canal Arte sobre J. Habermas: 1) Las crisis de legitimidad se producen cuando está en juego la integración [del individuo] 2) El conflicto estalla en la intersección del sistema [las instituciones] y el mundo de la vida [las relaciones sociales, por ejemplo].  ¿Por qué vuelvo a copiar estas dos ideas? Entiendo que estamos en otro mundo, en otra época. No es cosa mía, aunque lo intuía. En el mismo Canal Arte vi una larga entrevista con Bruno Latour donde afirmaba lo que yo dije un poco más arriba y que tiene un correlato en que “la abundancia se ha terminado”, algo que dijo también Emmanuel Macron. Lo que en algún momento me llegó como indicios difusos va tomando cuerpo y lo de Bruno Latour no es otra cosa que una constatación de que la brújula no funciona mal. La pandemia marcó un antes y un después en ámbito de lo colectivo, pero, también, en lo personal. Yo lo he experimentado y hay personas que, también, me lo han transmitido. Las emociones, el miedo, la distancia, la reunión con viejos amigos, pero también el valor de los sistemas de salud y sus profesionales, la red solidaria entre vecinos, que se expande a la ciudad misma, la comprobación social de los efímero, la poca entidad que lo humano y sus obras tienen, sometido al dictamen implacable del tiempo, que “muerde estatuas”. Las dos realidades son complementarias y la una no se entiende sin la otra. Veo una precarización que avanza a lomos de la inflación, aunque ya estaba aquí y no hay una razón única, sino que lo múltiple e inasible, al menos desde este presente, es la materia que reclama una estructura, el esqueleto que sustenta la carne de la historia. Trato de establecer una suerte de mapa del territorio y me cuesta, estas dos ideas apuntadas parece que me dan una guía, una falsilla sobre la que comenzar a pensar. La fricción entre las instituciones y la calle me parece evidente, pero no basta esta intuición. Necesito apoyos. Una frialdad burocrática que no entiende que su supervivencia pasa por el bienestar de los trabajadores, los parados, los que tienen que decidir deben escuchar a los que sus decisiones perjudican, por su propia supervivencia, aunque solo sea por un neto egoísmo.

+ Disquisiciones sobre si alguien que ha nacido en la segunda mitad del siglo xx, por ejemplo en 1966, pertenecen al pasado siglo o al presente siglo xxi. Si atendemos a la producción de ciertos escritores, como arquetipos del desarrollo de la persona, su imaginario y su ideología, la respuesta se complica. ¿Galdós es un escritor del xix o del xx, porque murió el novelista hacia 1920? La importancia de esta reflexión se centra en la comprensión del presente, siempre tan complicada como atractiva. No cabe la menor duda que la madurez aporta un punto de vista sosegado que apunta a una cierta sabiduría, aunque sea forzosa, pero, al mismo tiempo, el estar al día en cuestiones políticas o culturales sobrepasa a la juventud. Alguien parece añadir: la juventud está sobrevalorada. No sé, quizá los períodos históricos rebasen sus propios límites y los cambios de siglo no van a acordes con el calendario. ¿Cuándo comenzó el siglo xxi: en el año 2000, en el año 2001 o cuando se inició la pandemia? Son acotaciones que solo tendrán sentido en el futuro, hoy nos dedicaremos a tratar de tomar algunas notas en este taller, que en ocasiones no tiene otra función que la oxigenación de la maquinaria. Vale.

+ [Poetas desconocidos]: circunstancias que no vienen al caso hacen que en mis manos caigan colecciones de poemas que yo nunca había oído hablar de sus autores. Recojo el libro con cariño y lo abro con amor. Trato de ver que no hay tanta diferencia y no la hay. Son autores que han dormido en algún limbo de una librería de viejo y la editorial donde publicaron era, ya en su momento, una editorial de prestigio, los otros autores de la colección son hoy célebres nombres que adornan institutos de enseñanza media o recoletas glorietas en donosas villas. Sin embargo, ellos no. Él no. Es un autor que nadie conoce, a pesar de tener su página en la Wikipedia. Lo sé, la vanidad del tiempo en caprichosa y el reconocimiento viene de la suerte o de la constancia y la voluntad del triunfo. En algunos casos no se conjuran los hados en el discurrir exacto de la carrera y los poemas solo son el olvido de una obra, ni menos ni mayor. ¿Podría llegar el día en que fuesen descubiertos por la inteligencia del explorador, del arqueólogo de lo lírico? Tal vez, tal vez no. Me centro en la lectura que describe el vuelo eterno del que murió por osar a conducir el carro de su padre, El Sol.

+ Pero el tema, me dices, es el tiempo. Cómo no, te digo, cuándo no fue el tiempo y su correlato, la muerte. Nunca antes, me respondes, resultó tan certero. Nací en los años setenta y me acerco a los cincuenta y me creo todavía que soy joven, ya no lo soy, pero me resisto. La fluida respiración del día, su afán, su gloria y su derrota.

+ En los inicios del años diferentes noticias hablan de la muerte. El accidente de automóvil y el apuñalamiento a la salida de la discoteca. La muerte es el tema, el único que tema. No por oculto, menos presente. He reflexionado sobre ello y veo la imposibilidad de encontrar una solución. Un hombre viaja tranquilo con su familia, se desliza plácidamente por la autovía, llueve con intensidad, pero el coche es confortable, nuevo, moderno, con todos los adminículos que procuran la certeza del futuro. Pero el futuro nunca está asegurado. Otro vehículo invade raudo su calzada e impactan. Muere casi en el acto. Su mujer y su hija, un bebé, permanecen en estado grave. No quiero hacer preguntas ni buscar explicaciones. Abro Twiter otra vez y me comunica que un joven de 17 años se debate entre la vida y la muerte tras sufrir un apuñalamiento a las cinco de la madrugada, a la salida de una discoteca. Qué decir. Salvo el silencio, poco más. El determinismo cobra carta de naturaleza en el momento en que nos hacemos cargo de esta inexcusable realidad: todos hemos de morir. ¿Cómo, cuándo, por qué? Mejor guardar las preguntas y permanecer en silencio. [En la Autovía A-52 / En Santiago de Compostela]

+ Continúo con la lectura de un poemario que, yo creo, resulta desconocido, a pesar de estar publicado en una editorial prestigiosa y con un director de la colección célebre. En mi opinión, no se trata de un gran libro, no son unos poemas que me lleguen, ni por su técnica ni por la elección de sus motivos. Ay, los motivos. Sin embargo, se aprende mucho. Qué importante resultan las obras sin demasiado valor para construir un instrumento de medida que sea preciso. Ahí está su importancia.

+ Imagen: un_cierto_vacío.

sábado, 7 de enero de 2023

Circunstancia (6)





+ [Debates sobre películas vistas, debates sobre la identidad]. He leído con atención las críticas favorables y desfavorables sobre la película que hace unas semanas fuimos a ver C. y yo. Me centro en las críticas desfavorables porque ahondan en asuntos que me ocupan desde hace algún tiempo y no soy capaz de explicármelos. Me interesa en especial la identidad, su necesidad y configuración, en contraposición a una imposible ausencia, ¿puede existir un sujeto carente de identidad? No ahondo en ello, no es el momento. En relación a la película, la cuestión de la identidad es el centro de una suerte de desacuerdos que se han expuesto en la prensa mediante reseñas, entrevistas y declaraciones. Algo que, en principio, no ha tenido demasiada relevancia, pero que a mí me parece que sí merece una reflexión. La película trata del enfrentamiento entre dos grupos familiares, el primero compuesto por un francés y su esposa, el segundo lo forman dos hermanos que siempre han vivido en la montaña. Los recién llegados y los nativos, la civilización y la barbarie, podríamos entender en un primer acercamiento. Para los hermanos su única realidad es ese mundo remoto y hermético, a lo que se contrapone el extranjero y su mujer, que llegan desde su Francia urbana para realizar un sueño, su sueño bucólico y pastoril, ingenuo y, en apariencia, inofensivo. Todo acabará mal, algo que se presiente desde el inicio del relato sin restarle fuerza a su desarrollo. Punto y final: cierro la exposición del detalle para no continuar con la trama, para no destriparla y hurtarle a un posible espectador el placer de la peripecia. Simplemente, ciertos juicios negativos se resuelven en que se trata de un maniqueísmo que consiste en hacer hablar en gallego a los malos y en castellano y/o francés a los buenos. No creo yo que sea correcto ni justo este análisis. La película en cuestión, As Bestas, no cae en ese error de dividir la realidad en dos partes opuestas y simétricas, el bien y el mal. Muy al contrario, deja una niebla en la que el juicio moral rápido y fácil carece de lugar, donde las razones de unos son opuestas a las de los otros, pero también complementarias. Algo que guarda en sí un acercamiento a la vida misma. Me parece que ha sido algo que en la redacción del guión, en especial en determinados parlamentos, se ha cuidado con esmero. Finalmente, nadie tiene razón y, al mismo tiempo, a ambas partes la razón les asiste.  No es una paradoja. O sí es una paradoja: como lo es la vida: paradójica. Como en la vida, nada es totalmente negro, tampoco totalmente blanco, ni siquiera los tonos de gris terminan por aportar una explicación definitiva a lo que sucede, a lo oculto e, incluso, a aquello que nunca llega a suceder. A mi juicio, es este uno de los grandes logros del film. Por volver al inicio, el germen de las quejas reside en la identidad conectada con el idioma. Resulta, pues, un tema controvertido, ya que la asociación del individuo y su lengua es fundamental para los partidos políticos nacionalistas, contrapuestas estas opciones: el nacionalismo español y el nacionalismo gallego. Agravios, historia, posiciones, razones y verdades que se emboscan. No se puede negar la asociación entre individuo y lengua como formante fundamental de la identidad, pero llevarlo hasta la centralidad de esta película es una exageración porque, a poco que se fije uno, no es lo que busca la película, sino que presenta un conflicto humano radical e intercambiable, que yo denominaría la fricción imposible entre opuestos y complementarios.

+ Se ofrecen en la prensa diaria unos datos del INE sobre el uso del gallego. El uso del gallego no deja de descender a pesar de las políticas que se llevan a cabo desde hace años. Unos las consideran fallidas y proponen un cambio de rumbo. No sé si otras políticas conseguirán revertir la situación. A veces creo que es algo que tiene que ver más con el tránsito de modos de vida rurales a modos de vida urbanos, que hasta dentro del ámbito rural se está produciendo. La importancia del idioma no es discutible, pero creo que tiene que ver más con el prestigio que con la identidad, si es que el prestigio social no es identidad. Es un hecho, el futuro es lo urbano, algo que no es necesariamente positivo.

+ Habría que añadir a lo anterior que la película se basa en los hechos que se produjeron en un aldea de Petín, en Ourense, a principios de siglo. Sobre el asunto se hizo un documental en su momento. En la película se modifican algunas circunstancias para escribir el guión de la película, pero en esencia se refleja lo sucedido con cierta precisión, toda la precisión que su puede exigir a una ficción. La ficción aporta matices que el documental no alcanza. Esos matices parten de ese punto moralmente neutro desde el que el arte habla y comienzan los cuestionamiento y explicaciones del espectador, que llena los huecos intencionados que el autor ha dejado [un elemento narrativo más]. Creo que hábilmente la película potencia la recepción de sí misma, pues le otorga al espectador una función muy importante e independiente. Los huecos, ay, los huecos.

+ Día de intensa lluvia, semanas de intensa lluvia. En el primer día del año veo un documental sobre Habermas en el Canal Arte. Recojo dos ideas: 1) Las crisis de legitimidad se producen cuando está en juego la integración [del individuo] 2) El conflicto estalla en la intersección del sistema [las instituciones] y el mundo de la vida [las relaciones sociales, por ejemplo]. Es difícil sustraerse a las dos ideas expuestas porque tienen algo de anticipatorio. Un buen comienzo del año, me digo, detengo el vídeo y escucho la lluvia.

+ Me da la impresión de esta entrada tiene flecos, que no he cerrado ningún asunto, que debería volver sobre aquello que queda pendiente. Reflexionaré sobre todo ello, pero sé que implica un cambio de rumbo en este diario. ¿Necesario?

+ Imagen: Por tierras de Valdeorras.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Circunstancia (5)



+ Día de obituarios. Se leen y se valoran, pero pronto el olvido cae sobre ella. Ni siquiera se trata si se considera una prosa ajustada o un bien ponderado balance, solo es una constatación que se escribe para los que sobreviven al muerto. Leo otra necrológica y continuo con la tarea, como todo el mundo, el que más y que menos.


+ Declina la obligación y se retira al fondo del bar. No le gusta que le inviten, por eso ocupa esa mesa, la última, en la penumbra, lejos del televisor. No habla mucho y hace tiempo que dejó las partidas de cartas o dominó, nada le arrastra hasta el bar, pero es ahí donde encuentra algo similar a la paz, extraña palabra. Tan extraña como libertad o filosofía o literatura o […] Como la polilla acude a la luz, se deja llevar por el ruido, las conversaciones y el olor del vino agrio. Un trago y otro suspiro. Pronto se irá, pronto regresará a su casa. La botella medio vacía, la botella medio llena.


+ El estatuto del yo convierte un tema importante en un tema imprescindible, me digo. El yo como medida, como único asidero posible. Qué soy yo sin el yo, en una abismada paradoja en esta lluviosa hora. El yo. Me cuestiono todos los días y a cambio encuentro una afirmación que se diluye.


+ Porque el determinismo me ha hecho libre, me dijo y yo respondí con una sonrisa. Así se terminó el día, como una sucesión de revelaciones que pronto se habrían de olvidar.


+ Sigue siendo un problema para mí la biografía como resultado de una investigación. Es un problema porque se me antoja que la reconstrucción de una vida no es posible, ni siquiera para el que la ha vivido. La razón estriba en una idea atrapada hace ya algunos años que vendría a sostener la imposibilidad de comprender una vida hasta el momento en que esta termina. Por ello me parece imposible que el que la vive la explique, pero también me parece imposible explicarla fuera de esta persona, la primera o la tercer persona, la segunda incluso, pero siempre desde el singular. No hay razón para ocultarlo, en realidad se trata de explicar la propia vida. Y, dentro de esta imposibilidad, el diario que el blog supone es el dato o documento más importante. Un día tendría que volver sobre los pasos de lo escritor y tratar de dilucidar cuál es la trayectoria del sujeto que esconde en estas páginas electrónicas. No sé si es buena idea, dudo sobre la trayectoria misma, dudo que ello refleje algo más que unos estados de ánimo sin demasiado interés porque, quizá, solo se trate de un ejercicio gimnástico para que la prosa no se entumezca. Sin embargo, un personaje se eleva y da lugar a una biografía, a un reflejo lector, a una presuposición. En ello estoy, en ello descanso sin convencimiento.


+ La casualidad ha querido que caiga en mis manos en el extenso volumen Ondulaciones de José-Miguel Ullán donde se recoge lo podríamos entender como una, casi, poesía completa. El libro en sí, su materialidad, me produce agrado. Es un placer especial que se relaciona con el tacto, el peso y las dimensiones del libro mismo, que se me asemejan perfecta [una perfección que habita entre otras muchas]. Lo abro y, por ensalmo, me encuentro con ciertas balizas que me conducen a un tiempo pasado, al tiempo donde se producía el tránsito de la primera juventud al inicio de una madurez que no terminaba de cuajar por distintos motivos, principalmente motivos laborables y económicos. La clave que todo lo explica está en que en aquellos días todavía yo creía en una suerte de significados guardados en los laberintos de las artes plásticas más vanguardistas, lo último del momento y su proyección filosófica sobre una existencia más allá de las salas de los museos y las tapas de los libros. El libro de José-Miguel Ullán se conecta con ese recuerdo y aquellas mis intuiciones, que se resuelven últimas en aciertos y errores que el tiempo ha colocado en su sitio. Hoy veo las cosas de manera muy distinta, pero esta visión es hija de aquellas otras y, por lo tanto, mudable y estable , en ese regusto por la paradoja que me retrata. Finalmente, me gusta el libro porque los libros me gustan mucho, tanto su contenido como, ya lo dije un poco más arriba, por su materialidad, y en este, en concreto, se aúnan ambas razones. Es un reflejo de mi condición de observador, en los márgenes y en la distancia, a cierta altura pero sin autoridad. Veo, opino y guardo silencio. Así, he comenzado su lectura, más pendiente de la plástica que del texto. Ese soy yo, en ello me reconozco. Pontevedra a veinticuatro de diciembre de dos mil veintidós, [nec mectu, nec spe].


+ Adoptar un lema es un compromiso mayor que hacerse un tatuaje, porque el compromiso tiene en sí la posibilidad de romperse por diferentes motivos, el tatuaje es para siempre y ese siempre también tiene un límite: la muerte y la disolución de la piel en la podredumbre o en el fuego, pero están absoluto el límite que carece de alternativa. Las alternativas al lema son constantes y tentadoras. El compromiso del lema exige una suerte de disciplina y constancia, hacerse un tatuaje es pagar y olvidarse de las razones porque siempre permanecerá ahí. Si persisten, bien, si se desvanecen, también. Descanso en el lema como arma para la batalla, llegue o no llega la batalla. Me alejo, sin miedo y sin esperanza.


+ Imagen: lo evanescente del pasado, porque las imágenes responden a un tiempo que se ha ido y a unos espacios que se han visto transformados, el único nivel de realidad que persiste es este: la fotografía como constatación de lo que fue, lo demás: literatura o historia.


sábado, 24 de diciembre de 2022

Circunstancia (4)




+ ¿Es la depresión una característica fundamental de nuestra sociedad y de nuestro tiempo? ¿Es lo actual triste, necesariamente, o responde a los meandros de una cierta visión periodística con su correlato en los dédalos y tentáculos de internet? A saber. No estoy triste, pero busco la alegría como moneda de calidad. La moneda falsa desplaza a la moneda de oro porque todos atesoramos lo valioso y desdeñamos el metal de baja calidad. La depresión o la tristeza, lo precario y el oscuro túnel del futuro. La enfermedad metal como signo de nuestro tiempo. Pero, al tiempo, leo algo que con datos desmiente la afirmación. La tasa de suicidios en los últimos cuarenta años, a nivel mundial, ha descendido significativamente. Doy por buenos los datos y no los compruebo. Esto me lleva replantearme la cuestión de si las opiniones fundamentadas son o no son trampantojos y cada vez que asumimos una opción fundamentada, que luego esparciremos en nuestro entorno, no estamos realizando un acto de fe. ¿Es certeza, pensamiento crítico o una extraña forma de fe? Confío en el que firma como si él hubiese tenido una revelación, no sé si con convencimiento o en la posición estratégica. La moneda falsa se impone, pero el objeto de la moneda falsa es suplantar a la auténtica para absorber sus funciones. Así, la depresión está ahí y observarla, valorar y estimarla hace que su presencia se ensanche. El malestar es un hecho incuestionable y aceptarlo o negarlo es una posición que va más allá de lo moral para adentrarse en lo político, es decir: en la organización de la sociedad. Nadie tiene porque soportar su propio malestar, su precariedad o la violencia que sobre uno se ejerza por otro [en un amplio sentido]. Circunstancia 4.


+ El título, tanto de esta entrada como de las últimas, responde a un orden deseado. Se trata de nombrar y clasificar una espera. He decidido llamarlos “circunstancia” porque es de lo que se trata. La espera como reflejo de mi estado de ánimo y mi propia circunstancia. Soy alguien que espera un cambio y el cambio está escrito pero no termina de manifestarse. Nada puedo hacer, salvo esperar y esto no deja de ser un aprendizaje. Uno de los materiales que conforman la vida. Sin pesar ni sin sobresaltos, sin orgullo y a salvo de cualquier tipo de identidad [o esto me gustaría a mí, que no es un deseo ni un anhelo, una circunstancia].


+ Ay, nuestro tiempo, nuestra sociedad. ¿Qué engloba esta primera persona del plural? Acaso, ¿estoy yo ahí? Reflejos en el agua y el resplandor del sol sobre el mar, anochece y no recuerdo nada. Nosotros. 


+ Veo una línea de expresión en el hecho de insertar varias veces la misma imagen como ilustración de la entrada. Con ello me retrato. Una vez alguien me dijo que había perdido sus fichas de lectura, hizo una nuevas, pero cuando recuperó las antiguas comprobó que las opiniones era muy semejantes, idénticas en lo sustancial. Siempre somos los mismos, aunque nunca nos bañemos en el mismo río. Todo permanece, nada permanece. Ahí tengo yo un punto de partida, una manera de entender lo que he sido y lo que seré, ese punto es lo que se llamó “el principio rector”, aunque con la reiteración de la fotos poco se pueda hacer, algo queda. Todo permanece, nada permanece.


+ La consecución de una prosa efectiva se construye con observaciones precisas y bien ordenadas. En lo cotidiano se contiene una suerte de totalidad que, aunque no sirva de explicación, aporta visiones con suficiente peso como para detener la angustia. La angustia es una mezcla de desesperanza y miedo, que se disuelve el vértigo maravilloso de lo cotidiano. A ello me rindo y ahí dirijo la prosa, esta prosa, como si de una oración se tratase.


+ Nunca sé si avanzo, pero la confianza se mantiene.


+ He tomado el libro de Miguel Ángel Velasco La miel salvaje y he vuelto a leer su poema sobre los heroinómanos. La lectura me devuelve a extraños años, a un pasado que parece sumido en una niebla onírica. “Esta noche / todos somos iguales en la plaza”, se inicia el poema y veo rostros vacíos, sin una persona tras ellos, con el impulso de la adicción y el deseo de verse anulados por el brillo de una sustancia que solo es olvido. El olvido como remedio para la incapacidad para la vida. ¿Quién de ellos sería capaz de sobreponerse, de luchar y salir de doloroso laberinto? Ninguno, tal vez, y el que lo logre sería porque no pertenece a esta estirpe de dolor y muerte. Mi determinismo de hoy examina el posibilísimo de ayer, el acuerdo es imposible y el poema se alza sobre ambos y dibuja ese perfil de lo que ya no es, de lo que nunca fue.


+ Un escritor decía que somos, también, o más, incluso, aquello que rechazamos. No lo creo porque lo rechazado no existe. Ni siquiera “somos”.


+ Y, así, llega hasta la pantalla del ordenador Calle de sentido único. El fragmento define nuestra época, aunque sea algo que nos remite a un pasado más o menos lejano. Comienza a fraguarse en siglo xix y se extiende al xx. Somos hijos de lo fragmentario y esta ruptura del sentido, que es cobrar otro sentido, se adereza con lo paradójico. La suma de ambas razones me explica situaciones que percibo en lo diario. Y no digo que esté lo cierto, sino que lo cierto o verdadero es una construcción y el fragmento paradójico es una vía más que adecuada. [Qué esto que hago aquí, no es esto, tal vez].


+ Conservo en el ordenador un archivo que lleva el rimbombante título de “Haces, indicios difusos y condiciones de posibilidad”; en realidad no se trata de un archivo sino de una nota en una libreta de notas electrónica. No importa porque el propósito es escribir ideas que surgen, se olvidan y se recuperan para ver si fue un algo del momento o tienen una cierta permanencia. En cualquier caso, he dejado, en ese espacio, constancia de la película que fuimos a ver ayer C. Y yo: As bestas. ¿Una buena película?, sin duda, aunque yo tenga mis reservas acepto que son debidas a cuestiones muy discutibles y personales, que no tienen mayor transcendencia. Lo importante, para mí, es esa constatación de la fricción entre lo urbano y lo rural, los que van a dar lecciones y los que tienen que escucharlas. En este sentido pienso en la prohibición del diesel o la subvención a los coches eléctricos a aquellos que no necesitan subvenciones. Son asuntos que la extrema derecha utiliza como gasolina de su discurso sin aportar soluciones, solo una medicina que es un poco como los analgésicos, no solucionan el problema pero aplacan el dolor. Entre otras cosas, mi indagación se remite a un intento de comprender este tiempo y toda comprensión es una apuesta por llegar a predicciones acertadas; como esto no creo, prefiero los hacer que parecen marcar un camino a las certezas que desembocan en el engaño. Seguiré apuntado en esa libreta electrónica, al tiempo que se ve sometida a revisión.


+ Deberíamos hablar de pedantería en lugar de calificar el título del archivo/nota como rimbombante. Qué le voy a hacer, me parecía descriptivo y ese punto pedante siempre está ahí. Qué le voy a hacer.


+ Leí un extenso artículo sobre cómo y cuánto contaminan los cruceros y los barcos porta-contenedores. Más gasolina. También tengo presente los aviones, tanto colectivos como particulares. Difícil equilibrio con los sacrificios que se verán sometidos los que tienen menos. Se necesitan más acción, explicaciones y reparto justo de los sacrificios, no hacerlo es alimentar en el conflicto.


+ El título es un reloj, una calendario que descuenta semanas. Yo me entiendo y me explica una manera de fluir un tiempo del que desconocemos su duración. Abro y cierro con la misma etiqueta, ¿por qué? No respondo.


+ Imagen: lo que se rescata del pasado, esos restos del naufragio que flotan en la densidad del disco duro externo. Todo estaba escrito allí, este todo es lo que refleja la presente entrada que se ve ilustrada con estas tres fotos, poco más.

sábado, 17 de diciembre de 2022

Circunstancia (3)




 + El mini-break: en realidad se comienza a conocer un lugar cuando se regresa a él. La primera vez la impresión se reduce a una suerte de amplificación, un enamoramiento o un disgusto que tiene raíces no en ese paisaje o en esa ciudad sino en nosotros mismos; lo que esperamos, sus expectativas y la realidad que aparece en esa primera visita, que se transforma en recuerdo y emerge, tan distinta, en el regreso. Me interesa el regreso y el contraste que me muestra.

+ Lo que se puede comparar siempre tiene una cara duplicada.


+ Regreso a antiguas amistades. Hablamos con la acogedora circunstancia de la cafetería pasada de moda. Los cafés, las cafeterías y las delicias que ofrecen giran sobre el eje de las conversaciones. Porque al café, sobre todo, se va a charlar. También hay quien lee o acude a ver y a ser visto, pero sobre todo triunfa la conversación.  Está, cómo no, el futbol, pero esto queda fuera de mi interés. En eso estamos: charlar. Hablamos e intercambiamos puntos de vista sobre el pasado, libros que se leyeron hace veinte años y permanecen en la memoria y su presencia vas allá de mera anécdota. El tiempo pasa y no es ninguna novedad que sus estragos son irremediables, lo diría mejor y sería lo mismo, en endecasílabos o en un extenso romance. Una irremediable deriva hacia el abismo, pero que no deja de causar indiferencia. Ahí estamos. Podría verlo desde fuera y nada cambiaría. Las conversaciones sobre libros permanecen, “el resto es silencio”


+ Mañana jueves se dirime el futuro, pero no es un cierre, es una apertura, sea cual sea el resultado.


+ Insisto, la juventud está sobrevalora. Se lo digo y se ríe con ganas. El paisaje evoluciona, el cambio es su esencia. Las hojas han caído y quizá nieve antes de que termine el año. Quién sabe, qué importa. Vuelan las palomas sobre el campanario y una ausencia se revela en la risa. Todo ha de cambiar, sin remedio. Solo un apunte. La carretera es una novela.


+ He abandonado las tildes de “solo”. Una renuncia. Otra renuncia. Mínima renuncia y acomodación a las actuales reglas ortográficas de la RAE; las formas son importantes, la importancia se mantiene cuando se saben  arbitrarias.


+ Huelga de periodistas. Manifestación de periodistas. Las condiciones son miserables y yo conozco de cerca el problema. He visto como esta profesión se ha degradado en los últimos años. La erosión de los derechos laborales se ha convertido en un hecho incuestionable. Es algo generalizado. Asistimos a la manifestación de los trabajadores del diario local y reconozco algunos rostros. Finalmente, son trabajadores que reclaman sus derechos. Un grupo nutrido, un grupo compacto. No es un hecho aislado, sino que se extiende a diferentes ámbitos que no tienen mucha relación entre ellos, salvo la pérdida de derechos y la incertidumbre como meta, pero el caso de los periodistas resulta de interés porque el capital simbólico que poseen los hacía parecer intocables. No es así. Nunca es así porque no hay nadie intocable. Columnistas, redactores, fotógrafos o documentalistas, pero también administrativos y porteros, todos ellos tienen un título por el solo hecho de trabajar en un periódico, algo que podría traducir en glamour y en élite laboral. Pero no, repito: nadie es intocable. Ahora, bajo la lluvia de diciembre, los trabajadores solo son trabajadores y esa margen de capital simbólico se diluye en la precariedad y las malas perspectivas. De alguna manera, se trata de un regreso a un pasado de bohemia y hambre, porque eso era el periodismo de otros tiempos, baste leer las crónicas decimonónicas. Así, parece un buen tiempo para extraer personajes y argumentos para novelas de carga social, donde casi el contexto parece bastar, pero con la desagradable certeza de que no se trata de una novela. En ese camino de la novela naturalista parece que vamos todos. La precariedad es la circunstancia.


+ Cuánto trabajo para encontrar en la red noticias sobre el tema de la huelga en el diario, por supuesto el propio periódico no publica nada.


+ El resultado esperado sobre la enfermedad de C. ha sido positivo. Nos llena de alegría. Cogemos el coche y recorremos las rías por el perímetro de sus carreteras. Todo bien, nada mal. La alegría es un regalo superior a la felicidad.


+ Imagen: la circunstancia es lo vegetal. Representa un aliento y un silencio, la respiración como motivo vital, pero las plantas son otra cosa. La plasticidad del color verde.

sábado, 10 de diciembre de 2022

Circunstancia (2)


+ Comienzo una nueva libreta de dibujos. Es la tercera. Cada vez que abro una de las anteriores puedo volver al momento en que hice el apunte porque en los trazos se atesora un algo que, aunque no tiene una concreción clara, me comunica una cierta esencia del momento. Es inefable y por lo tanto pertenece a la mística, lo sé.  Pero no se trata de extrañas conexiones, sino de un puente entre el pasado y el presente que solo a mí me atañe. Los dibujos no son otra cosa que planos de una ciudad interior. ¿Son útiles? Sí, en la medida que reflejan un yo que se disuelve en otro yo, que también desaparece.


+ Releo lo que he escrito en el párrafo anterior y no puedo dejar de sentir cierta banalidad en lo expresado. ¿El compromiso me cerca? Pienso en ello y no sé muy bien a qué atenerme. Es una extraña lucha que se libra entre las cosas en las que creo y todo aquello de lo que desconfío. No sé, ese papel de observador que me he atribuido no resulta claro y tiene muchas zonas de sombra, pero, también, a ratos, soy un misántropo. Más tarde, ni una cosa ni la otra. “Aversión al trato con otras personas” es la definición que ofrece la RAE de misántropo, y algo de ello hay y es esto algo que me paraliza. El observador se embosca y mira, evalúa y retiene un análisis. Todo es o parece estéril. Han sido años de encerrarse y no dejar penetrar la luz, pero también de reflexionar y marcar puntos en el mapa de lo diario. La muerte es la medida que marca distancias y en esa medida he visto que tantos afanes no conducen a ningún lugar, salvo una estancia en la que domina el vacío. Releo lo escrito, hoy y ayer, lo releo y no llego a ningún lugar. Esa es la clave del observador, sin triunfo, sin derrota. En silencio.


+ Cuando hace poco hablé del atuendo no intentaba escapar de lo frívolo, pero tampoco quería abrazar la tontería de la revista de moda o del programa de televisión: insustancial y transparente. Se trataba, cómo no, de identidad y ahí era a donde el entendimiento quisiera llegar. Me contento con dejar constancia y la identidad es el centro de las biografías. La biografía se articula sobre un principio rector, en la senda de Marco Aurelio. Una verdad que no se desplaza, que es, al tiempo, zócalo y teja, que impidió la entrada y no permitió la intrusión de la lluvia. Demasiado farragoso. La identidad es la tarea, desvelarla, evaluarla y asumirla.


+ A vueltas sobre la identidad al tiempo que crecen las lecturas sobre el liberalismo y la ultraderecha. Creo que es uno de los rasgos de este momento. La unión entre la indefinible libertad [la libertad del matonismo, tal vez, alegre con la ausencia de cortafuegos y rompeolas] y la insidiosa violencia en lo verbal, que luego cristalizará en lo físico. Desde aquí observo y me digo si hay que tomar partido o descansar en la cómoda observación. Pero ¿por dónde comenzar? 


+ La edad no es una circunstancia.


+ Adopto, he adoptado, posiciones extrañas porque me han parecido novedosas o, quizá, originales. De una manera totalmente irreflexiva e impulsiva me he deslizado por pendientes de snobismo y circunstancia. Examino cuestiones sobre la actualidad y trato de ser cauto, trato de no ceder a esta tendencia, pero soy consciente de que hay algo que me conforma que me inclina hacia ello y me define sin remisión. No lo rechazo y trato de establecer su razón con la intención de acertar.


+ He descubierto en el feminismo una articulación de lo real con capacidad para desarmar el tinglado ultraderechista; sin embargo, no sé si esta capacidad responde a algo con fundamento o se trata solo de mi deseo. ¿Cómo solucionarlo? Solo el tiempo aclarará mis posiciones y esto tiene relación con las predicciones, los vaticinios y otras aventuras. Por ahora confío en su fuerza y su potencial; al tiempo, sé que adivinar es apostar por la equivocación.


+ Cristales y espejismos, me digo. En lugar del diamante se atesoran cristales de colores, el espejismo ocupa su espacio e intoxica la percepción.


+ Imagen: La carretera como imagen/emblema vital. Llovía y la conducción, sin embargo, era fluida.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Circunstancia (1)



+ Alguien rechaza explicar el porqué se viste como se viste. Leo la noticia y estudio el enfado que la cuestión provoca en la interpelada. No me parece una pregunta baladí. Al contrario, qué cosa tan específica de nuestra identidad es la indumentaria. Me observo y observo a los que están a mi alrededor y entendió que explicar nuestra forma de vestir es un poco explicarnos, esquivar la explicación es un emboscarse en las tenebrosas profundidades del malhumor.

+ Investigo sobre mi forma de vestir y su evolución, lo que se mantiene y lo que he desechado. Desde los zapatos a los paraguas. Podría aparecer como un rasgo de frivolidad y no lo es, aunque un acento sí lo hay. Al tiempo, lo comparo con otras personas y no veo otra cosa que permanencia y evolución y sobre ambas realidades: una personalidad que se mantiene. La indumentaria es comunicación y es lo que pretendo leer, en ocasiones, a saltos, sin una finalidad específica, pero con su transición desde la primera mirada a la colección de las observaciones que conducen a la opinión bien fundada. Y no se trata de establecer quién viste bien y quién viste mal. Tantas son las posibilidades que un juicio moral queda al margen.


+ La risa no es más un regalo de los dioses, es la divinidad en sí misma.


+ Se habla y se comenta, se perfila la personalidad de otros que no están presentes. Hay un juicio moral, solapado y persistente. Me sumo con discreción y más escucho que participo, pero ahí estoy. Los juicios morales tienen su punto agradable porque nos hacen sentir superiores, por encima de la culpa y del pecado. Procuro rechazar ambas realidades, me escoro y me aparto del mérito y de la culpa. Una transparencia se opaca, habla y lo escucho y su lengua es ligera y afilada. Hay una presencia y mañana una sombra.


+ La brevedad de la entrada es producto de una nueva caligrafía.


+ Imagen: La lectura en sí. Eurípides 

sábado, 26 de noviembre de 2022

Entre la escarcha y la nieve



+ Pronto comenzará el último mes del año, diciembre. Diciembre se corresponde con décimo, así era en calendario romano y en el calendario revolucionario estaría entre frimario y nivoso, entre la escarcha y la nieve. Es un mes que invita al balance, que ofrece el pasado como un producto terminado y se asoma al futuro y su incerteza. En realidad cualquier mes valdría para las dos operaciones anteriores, pero si nos sumamos a la comunidad, es diciembre el mes adecuado para examinar lo que hemos hecho y lo que podemos hacer. Así, en el silencio de la noche, antes de ser acogido por el sueño, repaso lo que ha sucedido: éxitos, derrotas, victorias, enfermedades, la lucha contra ellas y la batalla ganada, la guerra que continua, la guerra que sabemos perdida pero que no nos vence. Poco más se podría decir, salvo que otro año se termina y se asoma una aceptable perspectiva de futuro. No es poco, pero se debe alimentar con cariño y cuidado.


+ Mientras Twitter se derrumba (?), observo mis publicaciones en ese espacio y entiendo la caducidad de todo lo humano, incluso más allá de lo humano [la manida sentencia de que “hasta un día el sol se apagará]. Es esta sarta de imágenes, algunos textos y los enlaces al presente diario un espejo donde se refleja un nivel de mi yo biográfico. Me ayuda a recordar, a matizar los momentos que no han de volver, a establecer distancia pero también a aproximarme a aquel que fui y del que algo queda mientras se diluye en el tiempo ese mismo yo. ¿Permanecerá Twitter? Todo permanece abierto y la posibilidad de cambio está ahí, a la vuelta de la esquina, como motor verdadero de la realidad [en todos sus niveles]. Cierro el párrafo y cuelgo otra foto ahí, a sabiendas de su caducidad necesaria.


+ Un catedrático de ingeniería expone una serie de puntos que delimitan la evolución del ingeniero a lo largo de su vida profesional y las tribulaciones que en cada una de esas etapas le van asaltando. Desde la insuficiencia para afrontar extraños retos técnicos, pasando por una carencia de formación en dirección de equipos, administración o habilidades de expresión en público. Hay muchos detalles, pero uno me llama la atención: llegados a los veinticinco años de ejercicio de la profesión surge el vacío que provoca la ausencia de lo que denomina cultura. Y, así, reclama formación en artes, humanidades […] Dicho esto me repliego y no sé qué pensar. No es lo que yo esperaba y lo que yo entiendo es que me aporta un nuevo punto de vista para estudiar, para observa [ay, como siempre, la observación y el punto de vista] Coincide esta noticia con la lectura sobre los paradigmas de Kuhn y veo cierta nota sociológica en este apunte.


+ Twitter no se derrumba. He aprendido a no confiar en los vaticinios: económicos, sociales, políticos […] Pero tampoco tengo confianza en los vaticinios que se restringen a un ámbito íntimo o personal. La predicción suele equivaler a error. El error o la equivocación se dan por falta de datos o por la precipitación o atolondramiento de las opiniones. El mejor camino, el silencio.


+ Entre la escarcha y la nieve es poético y se enlaza con el punto francés, tan deseado, tan lejano hoy. Mientras lejanos tambores interrumpen la concentración, pero logró mantenerlos a un lado y regreso a la tarea lectora, infructuosa y rítmica. Me pregunto que es la poesía y no respondo. Así, la lluvia no nos abandona.


+ Vuelvo a leer la palabra cultura. El puerto de llegada es determinista en exceso e impide que la confianza que antes tenía cobre, otra vez, fuerza. Un aforismo lo resolvería todo. Copiaría del Oráculo manual y arte de prudencia alguna entrada, sobre todo aquella que reza: “Pensar anticipado”, pero con una sola frase me parece suficiente: “Es la almohada Sibila muda, y el dormir sobre los puntos vale más que desvelarse sobre ellos” Como aclaración: dormir sobre los puntos no es otra cosa que “reflexionar sobre los asuntos.” ¿Como se relaciona con la palabra cultura? No importa, así queda el acertijo abierto.


+ Imagen: yuxtaposición, 2013

sábado, 19 de noviembre de 2022

La incógnita sentimental




+ Durante largos años he pensado en Nueva York como un destino novelesco, poético y artístico. Es algo que gira en torno a mi idea de literatura; bien el proyecto vital, bien el prisma para tratar de entender y establecer la realidad, una posible realidad. Y creo no haberme equivocado en la elección, porque es eso y no otra cosa lo que ha dado sentido a tantas cosas como otras ha tamizado hasta llegar al momento actual, tan variable como lo fueron los anteriores. Ese es el camino. Un punto romántico en un sentido laxo del término, que se desvanece, que se materializa. Hoy las cosas se han cargado de otros matices hasta el punto que lo nuclear ha variado. Ahora tengo el convencimiento que la palabra en sí, destino, va unida a otro término: turístico. Es aquí donde está el quid de la cuestión: el destino turístico y su implicación. Un paso más allá me lleva a pensar en cómo lo turístico termina por constituirse en parque temático. Y es aquí a dónde yo quería llegar. He leído, en los últimos días, poemas sobre Nueva York de poetas destacados que han encontrado abrigo en la crítica académica y, al tiempo, no puedo sentir menos que esos poemas se inscriben en esta suerte de parque temático, en esa ficción o simulación de la realidad. Nueva York responde a esa incógnita sentimental en la que se refleja un ansia por la excelencia, mientras hace aparición esa fascinación que ha alimentado el cine y la televisión, los tan actuales seriales.


+ Ay, ¿quién fundó Nueva York?


+ No es mi intención menospreciar el turismo, porque ahí yo también me veo y me agrada. Y, bien está, prefiero ser turista, hacerme con esa identidad, tan variable, lo prefiero al imposible anhelo del viaje. El viaje precisa algo de trabajo, de ocupación, de misión que se aleja del entretenimiento y la vacación. El viaje implica obligaciones, el turismo tiene el aspecto contrario: derechos. Me desdoblo y me remito a mi pasado, sin convencimiento.


+ [Simulación de la realidad]: en primer lugar se debería saber a ciencia cierta qué es realidad y luego establecer simulacro. Queda pendiente la tarea


+ Yo trazo la incógnita y me aparto de ella. Se trata de que he tenido que cambiar mi ordenador, el anterior falleció y le ha sucedido un joven hermano. La lustrosa apariencia de lo nuevo me hace pensar en el tiempo, cómo no. Lo observo y me digo, qué hermosa es tu juventud mientras tu hermano yace enterrado con el anterior portátil. Así, como marcas en un reloj, descansan en armoniosa unión. Yo, sentimentalmente, me dejo mecer por ese aliento sentimental.


+ ¿Una entrada corta? En el párrafo anterior la razón queda explicada. Al menos he llegado a la cita, que poca cosa no es.


+ Imagen: tres imágenes que se solapan: Oporto/Porto. Una única idea, la persistencia del recuerdo y la imposibilidad del regreso al pasado. La incógnita sentimental, también. Como en los sueños, no hay un programa previo.

sábado, 12 de noviembre de 2022

Lo arbitrario, la espera y su reflejo

 


+ [Apunte del natural]: Llevo años con un sistema o subsistema de observación, centrado en aquellos que piensan que son más de lo que son. Podría incluirme en esta observación, menos sistemática que recurrente; una porque yo también estoy dentro del conjunto que estudio y, otra, porque así obtengo un punto de vista privilegiado. Y, vaya, ¿qué es tener ese alto concepto de uno mismo, en qué se resuelve: en autoestima o en lo contrario? Quizá se trate del desconocimiento de que cualquier posición en la vida responde más a la arbitrariedad de lo que nos gustaría, tanto nos seducen las certezas. Lo leí en un recorte de Bourdieu: son las consecuencias y el consenso en torno a lo arbitrario lo que le otorga fuerza. En fin, observo y noto como en muchas ocasiones el comportamiento altivo responde a una posición alcanzada mediante una serie de carambolas [en la vida, la suerte es un componente muy importante] y esto da una fuerza especial, que se magnifica y se traduce en un automóvil, un atuendo y un teléfono o un carísimo reloj. Los elementos ornamentales necesarios para comunicarle a los demás eso que el triunfo aporta. Pero, tantas veces lo he dicho que hace años que perdí la cuenta, yo soy un observador y me detengo en cómo se construye el personaje, sus motivaciones y la condición mortal que se elude.

+ La suerte gobierna sobre el mérito, me dice. El mérito y la culpa se han visto desterrados de la explicación, porque hay otros caminos, menos transitados, que ofrecen explicaciones más acordes con el deseo y su consecución, con el deseo y su fracaso, continua. No me queda otra que pensar sobre lo dicho y no precipitarme en el juicio. No es fácil la cuestión: el mérito, la culpa y el azar. Leo sobre el tema, pero siempre en el mismo sentido y eso no es bueno. Se deben buscar argumentos contrarios a lo que nos ofrece seguridad y no lo hago. Mi refugio no son las certezas, aunque se aproximen a su solidad presencia. ¿El mérito, la culpa y el azar? Así comenzó todo, pero sin interrogaciones.

+ Regreso a la lectura de La educación sentimental, pero hoy es otro mundo que no reconozco. No ha pasado ni una semana y yo pienso que es un siglo. El tiempo de la lectura es movedizo, variable y tiende a la ausencia. Necesito una estructura y no la tengo, en su lugar un entramado de listones flexibles entorpecen el necesario orden, un necesario orden estructural. Dejo el libro, apago la luz, duermo la siesta [ay de aquellos que no aprueben mis postergaciones].

+ Estimo una distancia motivada por la diferencia económica. La motivación tiene una base indiscutible que corre en paralelo con los ingresos mensuales y el patrimonio. Así, recuerdo a quién me dijo un día que no le importaba en dinero porque nunca le había hecho falta, pero yo hablo de otra cosa, yo hablo y entiendo que se trata de la codicia y la soberbia que conlleva. Ni una cosa, ni la otra, ante ninguna de ellas me pliego. Seguiré con mi observación. No me gustaría establecer un criterio moral pero no cabe otra cosa. Juzgo acciones y actitudes que se elevan sobre el suelo para establecer una distancia, la superioridad inmotivada pero que se asegura mediante el dinero. No es poca cosa, me digo y trato de regresar al emblema de la fuente, que mana limpia y nunca la inmundicia se estanca, pues a sí misma se limpia.

+ Sin una red de relaciones todo campo artístico resulta inconcebible, sin lo primero lo segundo es imposible. No me ha dado cuenta hasta hoy mismo, me digo no sin cierta ironía. Ay, el dinero y el poder. Lectura de precisión y lectura en voz alta, pues: ahí está la diferencia.

+ Sigo a la espera de una decisión, de que un organismo se pronuncie. La espera y su reflejo.

+ Imagen: 32/sombra

sábado, 5 de noviembre de 2022

La postración

 
 

+ De Madrid traje una enfermedad. Poco a poco se apoderó de mí y surgió una postración que me ha llevado a reflexionar, desde la inactividad, sobre los derroteros de los últimos años. Supongo que la fiebre ha aportado cierta distancia, el sueño profundo y arrítmico, la distancia entre la vida cotidiana y la vida del enfermo. Notas en lo diario y un sermoneo sordo y constante para mí mismo, sin otros interlocutores. No debería ahondar en la búsqueda de razones que no voy a hallar. Se trata de otra cosa. Hay una lírica que oculta la lucha diaria, que se convierte en un hipócrita fragor que prefiere mirar hacia otro lado, tras las cortinas, tras los visillos, lejos allí donde todo tiene sentido y nada se ha obtenido sin lucha. La enfermedad me ha pensar en ello y en otras aristas, sigo con el ensimismamiento que es un niebla y un malestar dulce que me traslada a un sueño espero y sin erotismo. La enfermedad es recta, la enfermedad es curva.

+ También el ordenador ha enfermado y esto es un problema. La dependencia del escritorio digital es muy grande. He conseguido realizar copias de seguridad, pero la enfermedad se ha instalado en su interior, en su sistema. Vaya. El virus es una forma de vida que se manifiesta en la enfermedad, con un doble sentido de lucha y distancia. No tiene conciencia de su trabajo, pero su trabajo no admite razones ni juicios morales. Lector de poemas menores, embelesado con vagos aciertos conceptuales, se recreaba en dotar a lo que no tiene pensamiento de ideas y propósitos. Qué error. Conseguí arreglar el problema gracias a un vídeo en línea. ¿He de buscar un poso de meritocracia en mi acción, en la solución al problema? De ninguna manera. Uno por uno, rechazo los motivos morales que me podrían conducir a una solución a mis tribulaciones. En este sentido, luego leeré un poco más en libro que quedó pendiente en el viaje a Madrid, sobre el cerebro, sobre el libre albedrío, sobre los ordenadores.

+ [De ordenadores]. Cuando yo nací, los ordenadores ya existían de una manera, más o menos, extendida, pero eran una realidad lejana y novelesca. Ocupaban edificios enteros y realizaban cálculos para erigir presas o determinar modelos estadísticos, había que pedir vez para usarlos y estaban reservados a grandes compañías. Años más tarde, una vez oí hablar de alguien que en Madrid trabajaba con ordenadores y, en la coversación, mencionaban las tarjetas perforadas. Me intrigó y me gustó la denominación de tarjeta perforada. Un día vi una tarjeta perforada y sentí que tenía su punto artístico. Estaba en el suelo, se había escurrido de la basura de un banco. Yo tendía diez años, eran los años setenta del siglo pasado. Hoy es otra cosa. Hoy es la vida misma y no una suerte de redes de complejas operaciones realizadas en los fríos sótanos de un gran edificio. La realidad, esa palabra. La cogí en la mano y, luego la guardé, era un tesoro. La veía e intentaba descifrar aquella geometría que, necesariamente, respondería una arquitectura hermética y fundamental, que consistía en troquelar cifras y obtener así una especie de mosaico abstracto, por el derecho y por el envés. Nunca volvía ver aquella tarjeta perforada y en ello reposa una nostalgia levantista. Nostalgia, el deseo de regresar a la patria, el Nostos. Ay, no tengo deseo de regresar pero la tarjeta me ha devuelto espumas de ciencia ficción del pasado. Es la postración de la enfermedad la que me hace pensar en estas cosas, mi enfermedad y la de mi ordenador.

+ [Madrid]: Cuando me perdí de camino al aeropuerto de Santiago de Compostela escuchaba a Bach. Había conseguido centrarme en la música y en la conducción, sin otras distracciones. Pero me perdí. Me pareció que había una semejanza con la oración mientras oía y modulaba la velocidad hasta ajustarla a la vía y la lluvia. Qué perfección. Una cápsula, un vacío deseable. No sé, quizá no, quizá se trata de otra cosa y se debe dejar a un lado comparaciones sin sentido y centrarse en lo nuclear: estaba triste. Me desorienté. Entonces me perdí y apagué la música. La noche era cerrada y por momentos llovía a chaparrones. Se me aceleró el corazón y percibí un aliento de vida en todo el entramado de carreteras y carteles indicadores, peajes, coches veloces, luces rojas de intermitentes que se pierden en la aparente nada, luces de viviendas de las que nada se puede adivinar. Había poesía en la situación y en el escenario, como si se condensase una inquietud latente, una necesidad de expresar el temor y la lucha contra los fantasmas del pasado y los monstruos del presente. Era la tristeza que aflora en secuencias sin ritmo. La lucha contra la culpa y el pecado, losas indeseables. La tranquilidad volvió cuando me vi sentado en mi sitio, en el avión, cuando este se separaba se la pista y la blanda sensación de flotar en el aire me embargó. Los aviones. Madrid estaba en línea. Aterrizamos, salí del avión, cogí el metro y crucé la ciudad bajo la tierras, sin ver otra cosa que los compañeros de viaje. El desplazamiento me llevó a la ciudad universitaria y allí hice lo que tenía que hacer, sin más. La vibración del extravío se mantuvo durante todo el día y no se atenuó hasta pasadas unas horas del regreso. He traspasado una línea, me dije y me corregí al momento pues de eso no se trataba. Ya estaba enfermo y no lo sabía, ahora sí lo sé. Pero la tristeza permanece, en su redil, pero está ahí, oigo su respiración.

+ Hace días que no dibujo y no se debe a otra cosa que al estado de postración al que me veo sometido. Esperaba en el mini-break que disfrutaríamos en los días pasados encontrar algunos motivos para llenar algunas páginas, pero no ha sido así, la enfermedad lo ha impedido y, me da la impresión, se trata de un tiempo de afección y reposo que me inclina al balance y pone distancia. El dibujo es una afición y bajo la égida del amateurismo, que no se puede traducir sino a través de la etiqueta del amor, siento una comunicación con lo visible que me revela intersticios insospechados. Ahora toca ver los dibujos que se han hecho y explicarse como se conectan con aquel momento, con los momentos precedentes. Así, cierro el ordenador.

+ Hoy es Día de Difuntos y llevo más de cien páginas leídas de La educación sentimental. No sé si es por entretenerme o por indagar en el pasado, en mi pasado ya que en el libro se reflejan ambiciones y decepciones que fueron mías, pero, más allá de lo anterior, la novela me devuelve algo actual respecto a los proyectos de vida artística. Flaubert es moderno a su pesar, actual sin pretenderlo, quizá por eso alcance esta universalidad al dibujar como se busca una personalidad y cómo se construye, algo tan romántico, stricto sensu . Las peripecias y anhelos de Frederic Moreau nos arrojan el retrato de un joven de su época, enamoradizo y con ínfulas artísticas, algo que, sin mucha dificultad, se puede trasladar al presente. Y la razón de esta traducibilidad está en la raíz romántica que hay entre ambos, entre Frederic y nuestro presente. La lucha entre desleído yo y los corsés sociales se manifiesta tanto en el vagabundeo ocioso de Frederic como en las inerte soflama de iras en las redes sociales y, también, con la elevación lírica de los cantantes de trap, tan pendientes del amor en sus distintas variantes. Día de difuntos, día de lectura, día de aislamiento. Una leves notas.

+ Imagen: Madrid_2011