sábado, 31 de mayo de 2025

Un ciclo

 



Trabajo: lo diario y la exclusión de lo inusual. Esa rutina bien marcada, tiempos y espacios. No es un reflexión, sino un bosquejo sobre el tiempo y el espacio. Tareas ingentes y elusiones que, de forma involuntaria, anulan la agenda propuesta. De siete a tres, de lunes a viernes, con sus fines de semana y sus vacaciones. Las estaciones meteorológicas siguen su curso y su discurrir no es una metáfora, sino que es la vida misma. Sentarse ante la mesa de trabajo y distribuir las tareas, un cierto margen para disponer el trabajo, la tranquilidad y la agradable rutina. Bendita rutina. Así, abomino de la estupidez impuesta de “sal de tu zona de confort”. ¿Por qué? Tanto trabajo me ha costado llegar a esta rutina que nada, casi nada, me hará que renuncie. El día acompaña, no llueve y el jueves tiene todo lo necesario para la alegría. Bendita rutina.


+ Leo algo que escribí y veo, una vez más, la persistente presencia de la idea de ciclo. El ciclo como explicación, un “eterno retorno de lo mismo”, que más que un concepto, resulta ser una herramienta de defensa. Un arma que se esgrime contra la fatalidad que algún momento se nos impuso. Los ciclos y su reflejo en lo diario, en la explicación necesaria para aprehender el sentido que nos ofrece el dios del momento, el único dios posible: por su fugacidad e inconsistencia. 


+ Imagen: el placer del café [¿es la segunda vez que inserto esta imagen?, en suspenso queda].

sábado, 24 de mayo de 2025

Laberintos, inadaptados y afectados

 


+ El mes de mayo se descubre entre lluvia, días soleados y tormentas. El tiempo me afecta. La lluvia me entristece y el sol me engaña, porque siempre regreso al inicio. Hoy, sábado, he dormido en exceso y lo pago. Una niebla me asola, lo intenta y no lo consigue. El café es un brebaje eterno y mágico. Cómo lo disfruto. Esa influencia de la meteorología en el estado de ánimo me intriga. Algo común, algo que se da por hecho. Bebo otro poco de café y recuerdo un café en Londres donde también vendían cámaras fotográficas, algo desconectado. Esas desconexiones son las que me perturban, la incapacidad para mantener una línea coherente. Es esta edad donde ya se sabe por experiencia que nuestra vida ha estado determinada por la inamovible configuración de nuestro carácter. Esa influencia del clima en el estado de ánimo conforma aquella configuración. Una niebla, un desmayo, la presión en las sienes, la falta de concentración. Suena, de fondo, un ruido blanco que audita este momento: la nada.


+ Los ciclos, como continuación de lo anterior: primavera, verano, otoño e invierno. El poder metafórico que los ciclos tienen. La muerte en verano es mucho más triste, decía Thomas De Quincey en algún lugar que ya no recuerdo. No lo sé. No importa mucho. Otra primavera en la que cumplir años, otra primavera que florecerá, ya, sin mis padres. He ocupado su lugar, aunque no quisiera.


+ La burocracia tiene la capacidad de poner a prueba la paciencia del más paciente. La informática o la electrónica o lo telemático ha llegado para acentuar su arquitectura de complicaciones y extraños procedimientos. Podríamos pensar que hay una posibilidad de simplificación, pero no es así. En su núcleo está lo enrevesado, anida en extraños e inescrutables laberintos. Los laberintos burocráticos se extienden hasta alcanzar la delineación del mundo. Ay, el mundo y sus vanidades.


+ Laberintos sin salida. Habla yo de los laberintos subterráneos que producen cambios que no no hemos terminado de entender y que su única explicación solo se pude obtener si comprendemos que sin aquello que no vemos el cambio no ese hubiera dado. Lo expresé lo mejor posible, pero él no me entendió. Entendió que me refería a que su destitución obedecía a maquinaciones a sus espaldas. Podría ser, pero no únicamente. La concatenación de circunstancias delataba la amplitud de las posibilidades, no únicamente la maquinación, que también. Yo comprendía que hay un punto de incomunicación que nos atraviesa a todos y hace imposible trasladar ciertas ideas. El regreso al silencio resultó punto más que necesario.


+ 1985: los Smiths en Madrid, me parece que se habla del siglo XIX. Yo también soy material del siglo XIX, ellos también. Qué lejos queda todo aquello. En una crónica donde se conmemoran los cuarenta años del concierto dicen que eran unos jóvenes “inadaptados y afectados”, [no está mal la definición: la apunto]. El Romanticismo se refleja en las canciones, en la imposibilidad de alcanzar una cierta normalidad, que una vez alcanzada no interesa y solo es aburrimiento, la letra y la música punzante, ecos de country, poetas románticos, bibliotecas y tardes de lluvia, cigarrillos y cerveza, algún estupefaciente menor y la imposibilidad de la felicidad [qué sabría yo!], todo esto, y más, estaba allí, en aquellas canciones que hablaban de puentes de hierro, noches y luces, el ansia por ser, el trabajo y el paro. El paro, eterna maldición, la ausencia de dinero, el mal del desamor, pretensiones literarias y ambiciones sin fundamento. Allí quedó todo aquello, en el siglo XIX, que algunos llaman siglo XX. 1985. Hace un siglo de todo aquello. Un siglo y medio, tal vez.


+ Un artículo sobre la burocracia con cierta parte de razón y otra, no despreciable, parte de lamento sin aceptación de la responsabilidad en el propio destino. ¿El destino? Ay, el destino y sus meandros. Las elecciones vitales arriesgadas suelen tener consecuencias indeseables y el premio de la elección es la libertad de elección misma. 


+ Imagen: se repite y es un complemento de lo anterior: cielo.

sábado, 17 de mayo de 2025

Locus, (- i)

 


+ Entrevistas, declaraciones, manifiestos. La identidad. El reflejo interior. Escucho con atención y guardo silencio. No entiendo. No trato de entender. Me dejo llevar y no alcanzo la costa. Un mar inmenso y la poesía es la brújula, pero la costa no la alcanzo. Palabras y oquedales, silencio y reflexión. La serenidad de la mañana de sábado en el inicio de mayo. Yo soy la primavera, decía alguien, porque nací en el mes de mayo. No llego a la costa y en el frío del océano me recojo.


+ No me parece una pérdida de tiempo escuchar conversaciones en línea sobre temas que desconozco, que no deseo penetrar en ellos. Hay una distancia, no se puede ignorar.


+ Lugar, espacio, transición, cruce, plano. Letras, tipografía, espacio.


+ Sistemas de agradecimientos que me dejan indiferente. Los observo y no puedo dejar de pensar en lo convencional y en el sentido duro que tienen, cómo los protocolos establecen salvaguardas, límites y dan una seguridad.


+ Imagen: fotos tan tratadas, fotos que desdibujan el lugar de donde proceden.

sábado, 10 de mayo de 2025

Soledad, serenidad y silencio


 

+ El título lo tomo de un fragmento de los Tratados de armonía de Antonio Colinas. El ámbito de aplicación es muy preciso: la situación por la que atravieso, cambios y giros de la narración de lo cotidiano. La soledad tiene su reflejo en la lectura, la serenidad es un ejercicio diario y el silencio me reconforta. Un momento de reflexión, un momento de paz, un momento de distancia. Esa distancia que llegan a imponer los gatos: solo cuando yo quiera.


+ Lo paradójico me acecha y yo lo recibo con gusto. Lo paradójico se muestra como una vara de medir. Así, se establece un código útil para clasificar aquello que se nos muestra sorprendentemente. Una casa que se desarma y se arma, extrañamente, en la sala de un museo, una pieza musical que se basa en la alternancia aleatoria de sonidos de síntesis, el alejamiento de lo humano. Mil cosas más, cien razones menos. Percibo esta presencia en las declaraciones de los políticos, en las conversaciones de bar, en la hora del café. La paradoja cerca al camarero, al ingeniero y al mendigo, al abogado, al juez y al conserje. Paisajes urbanos que se deslizan por la palma de la mano. La soledad del momento, paradójicamente, no es silencio, pero sí serenidad.


+  [El silencio y el vacío]: pienso en paisajes, paisajes de montaña, lo grandioso frente a lo minúsculo, no es silencio: es la voz de la montaña que se manifiesta cuando el viento atraviesa su perfil, se recorta un pensamiento contra el momento, el momento es vacío y silencio, no tengo tiempo, me digo, es cierto, pero el tiempo se ha detenido, recuerdo la montaña, la imposibilidad de alcanzar la cima, llueve muy finamente, las piedras se cubren de un limo que no es limo sino agua, una fina película de agua, una capa de agua que recubre mi ropa de senderista, el silencio: lo recuerdo: la cianosis se manifiesta en los labios de mi padre, el azul de la intermitencia, el azul que anuncia la muerte, salimos de allí con bien, pero quedó esa arista punzante: el silencio, el vacío, la muerte, un vaso con agua, el placer de beber se opone a la extinción, nada más sencillo, nada más humilde, aquí reside el tiempo, el paisaje, los brezos, la uces, el ciervo que huele el peligro, las vacas que buscan los pastos más frescos en la altura de la  montaña. Hace ya diez años de aquello y todavía está presente, todavía palpita al anochecer, poco antes de dormir.


+ Si de algún lugar llega un alegato a favor de la razón, es un alegato interesado por los caprichos de un caprichoso. Observarlo es penetrar en una conciencia de los sentidos, como si hubiese un programa, unos valores o una justicia que se impone a los vaivenes de lo inexplicable. Sin embargo, para llegar a donde ha llegado se ha visto obligado a conspirar, a establecer un proyecto de influencias y contrapesos. No se trata de racionalidad (?), sino de cumplir una voluntad caprichosa, algo que se opone a lo que predica. ¿Tiene poder? Sí, y esto de le da, aparentemente, valor a sus palabras. Aparentemente, porque solo son quincalla.


+ ¿La verdad de la vida? […] Solo tenemos el presente, lo demás resulta mezquino, aunque necesario.


+ Imagen: cielo.

sábado, 3 de mayo de 2025

Metamorfosis

 


+ Un vídeo, largo, sobre cuestiones ecdóticas me hace pensar en los titubeos con la escritura que sufrí con en la infancia y en la adolescencia. Ahora, veo en un escritor importante, en el centro del canon dieciochesco, las mismas dudas y los mismos intercambios. Entiendo que hay una línea en la escritura que resulta común a todos los que escribe y leen. El cambio de por un sinónimo, por un antónimo, un error, una aproximación a una idea, una pequeña cesura, una aclaración, por ejemplo: cambia el escritor “el ídolo” herido por elegido. Que abismo hay entre herido y elegido. El cambio otorga un punto de Vita: ¿toda herida es elección o toda elección es una herida? ¿Para todos los hombres o solo para los ídolos? ¿Qué es un ídolo? El abanico se abre como se abría hace cincuenta años: cuando yo era un niño y me ensimismaba con las redacciones escolares: Tema: La fábrica, y llega la acumulación de datos, su estructura y la elaboración de los párrafos. Poco más, La fábrica era un territorio propicio para cambios como el anterior: como espacio, como tiempo, como ancla en el devenir del día a día de los trabajos y los descansos. El vídeo se termina y me siento un poco lejano a todo ello, mi dispersión, a veces, me bendice.


+ “Elegido / ensalzado”. Otro par que nos lleva al final de los versos. Otra sugerencia, otra invitación para los devaneos de las ensoñaciones del disperso poeta sin poesía.


+ He visto algunas fotografías compuestas [la palabra se ajusta bien a su técnica] por David Hockney. Todo es una preparación. Prestamos atención a aquellos que se ha destacado sobre la realidad. El caso de D.H. es palmario. Esa manera de construir mediante teselas va más allá de lo propiamente fotográfico y lo eleva a una dimensión pictórica, que resulta, a mon avis, superior [este es otro tema]. Encuentro una reconciliación con la realidad en toda su amplitud, aunque no llegue a presentirla. Las fotos de D.H. son posibilidad y hallazgo, introspección y comunicación, pero, también, conocimiento: el desvelarse el núcleo del paisaje, el núcleo del retratado. Esto último se relaciona con su pintura, pero, creo yo, todo es una continuidad que alcanza, incluso, sus incondicionales atuendos. Más allá de la mera crítica.


+ [Metamorfosis]: “1. f. Transformación de algo en otra cosa. Sin.: transformación, transmutación, transfiguración, conversión, mudanza, cambio. 2. f. Mudanza que hace alguien o algo de un estado a otro, como de la avaricia a la liberalidad o de la pobreza a la riqueza. 3 f. Zool. Cambio que experimentan muchos animales durante su desarrollo, y que se manifiesta no solo en la variación de forma, sino también en las funciones y en el género de vida.” Copia literal [copia y pega] de la edición electrónica del diccionario de la RAE.


+ Metamorfosis: indiscutiblemente, la característica fundamental de la vida, la existencia o la realidad, es que todo es cambio. No hay modulación posible. La transición evita que el cambio sea evidente. Cuando todo parece en calma, bajo la superficie espejada, el cambio opera. Cuando estamos ya no estamos, el presente resulta inaprensible y, por lo tanto, el cambio no tiene esa presencia que nos daría la certeza que el movimiento es la razón de la vida. He asistido a unas muertes en estos días, unas más cercanas, otras más lejanas, algunas englobadas dentro de mi irredento culturalismo, y en todas ellas he visto este reflejo, que no por conocido, llegaba a su plena asunción. Ahora he dado otro paso y el cambio es metamorfosis: en su literalidad: lo que va más allá de la forma. La forma diluida por el cambio, que solo se puede concebir como un ideal. Lo sublime y lo pasajero, lo nuclear y lo accesorio, todo, absolutamente todo tiende a su desaparición. Ese vacío me arropa, detonante de tantas certezas.


+ No creo que sea conveniente leer en exceso sobre D.H. Se trata de alcanzar, de cara a la visita a su extensa exposición, un grado de desnudez. Pienso durante un momento y no estoy tan seguro. ¿Puedo ver sus paisajes sin la idea de lo sublime, sin la carga filosófica que, en su realidad, tiene? Mi duda se hace transparente y trataré de recabar algún dato, no de sus cuadros, sí de un pensamiento suyo que yo desconozco. Tanto tiempo en la alegría del color me ha hecho olvidar que bajo toda expresión hay una idea, que en ocasiones no se deja atrapar. 


+ En una carpeta electrónica guardo asuntos sobre fotografía. Se atesoran en este inmaterial depósito fotos, enlaces y artículos. Pocas cosas tengo ahí, pocas veces deposito algún elemento. A veces, de tiempo en tiempo, la abro y entendiendo un porqué en su momento allí dejé el objeto, el elemento. Una colección de huellas. Las huellas y el paso del tiempo resultan equiparables. Hay ahí, también, un cambio en el que reconozco el que fui y el que soy. Sin embargo, no puedo ver el que seré, por mucho que lo intuya. Lo sé, en cierto sentido, es paradójico. Para eso está ahí la carpeta.


+ Me encuentro con una cita de Tertuliano en el El Fénix y su historia natural de Pellicer: “El fruto del ofensor es el dolor del ofendido” y me pregunto:  ¿por cuantos elementos podríamos cambiar el  par “ofensor” / "ofendido"?


+ Imagen: desde el tren, un lugar en la nada. Yo soy la nada, susurró.

sábado, 26 de abril de 2025

¿Por qué David Hockney?


+ [Introito] En primer lugar, la decisión ha sido un tanto el estallido de una tormenta, inesperada, pero previsible. No estamos ante un oxímoron. En un momento, durante la Semana Santa, me pareció que la posibilidad de visitar la exposición en París David Hockney 25 no resultaba descabellada. El veneno había comenzado a hacer su trabajo. Esquemas, hojas de cálculo, días de vacaciones, vuelos, estancias, desplazamientos hasta Oporto, (etc.). Ya sabía yo que no habría escapatoria. Iríamos a Paris para ver la exposición. Pero todo venía de antes, llegaba desde que mi padre falleció. Desde que la madre de J. falleció. Este zumbido que se esparce por lo cotidiano solo se puede solventar con gotas de un cierto gusto por lo cosmopolita frente al nacionalismo y se traduce en la reducción a lo manejable, a lo propio, frente a lo identitario. Ahora la ciudad, París, el pintor, la programada visita al Louvre, a vuelo de pájaro, me ofrecen una mismidad: ahora soy yo frente al tiempo y no me asusto. No tengo miedo, tampoco esperanza. Esa tormenta se desliza con violencia, pero solo soy un espectador, el que observa y se detiene en París para conversar con aquella pintura que me subyugó hace ya tantos años. Hoy mi padre revive en el gesto. 


+ Se nos ha muerto Monito y ha dejado un extraño vacío en nuestra casa. Monito era un gato. ¿Puede un gato dejar un vacío? No lo sé, pero a mí me ha desvelado, de una manera misteriosa, la crudeza del vacío en sí mismo. Este punto se enlaza el título de la entrada, pues el viaje a París se programó cuando Monito todavía estaba con nosotros. El viaje a París, a la exposición de David Hockney, es una celebración de la vida y la empresa inútil de oponerse a la cruda realidad del vacío. ¿Nihilismo? El nihilismo me vacuna, transforma el sinsentido en la necesidad de dar sentido. La muerte de Monito es un aprendizaje, la pintura de David Hockney otro. En este último estadio descanso.


+ En los días, en las noches y en la muerte de Monito hubo poesía, música y aliento. Todavía vibra su silueta. Todavía resuena su voz quebrada.


+ Termino otra libreta de dibujo, mis humildes dibujos. Humildes y satisfactorios. Se aproximan a una terapia. Me funciona esta rutina. Esto también se relaciona con D.H. El placer del dibujo, su traducción en el detalle y la observación. Me acerca a otros recodos, el tiempo se detiene y no necesito precisar razones. Los motivos son la propia inspiración, el trazo y el color. Nada más por hoy.


+ Imagen: fragmento de un cuadro del que no recuerdo el nombre ni el autor. En este paisaje también había una idea de viaje. Hoy es otra. Ambas pertenecen a la misma familia. Esa recorte conserva su aliento.

sábado, 19 de abril de 2025

2025

 


+ A veces, no pocas, trabajamos contra nuestro pasado. Una lucha por rehacer el relato, bien ocultando hechos, bien desmontando y reelaborando la narración de aquellos días. Lo observo con frecuencia en las declaraciones de diversos actores de lo público [políticos, escritores, actores, periodistas…], pero, también, en el ámbito de lo cotidiano. Finalmente, nunca sabremos con qué versión o elaboración nos quedaremos, pero, siempre, esta se ligará al presente y su característica caducidad. Hablamos sobre los otros y al hablar los construimos. Pensamos en nuestro pasado y requiere este pensamiento un núcleo o principio rector, algo que se instala en el presente y desde este punto explica esa totalidad que somos. Ayer en Santiago C., E. y yo elaboramos un relato sobre los últimos años de mi padre. Un relato que solo vale para nosotros tres valer, pero ni es ambiguo ni es falso, sino que se liga a lo efímero y nos resulta útil para explicar a mi padre y para explicarnos a nosotros mismos. Queda, finalmente, ese olvido de lo malo y la persistencia de lo positivo. Nada más, nada menos. Hemos perdona a los que le hicieron daño, por acción o por omisión, por estupidez o descuido. Así, como homenaje a la memoria, le entregué a E. unos papeles que fueron de mi padre: un tesoro que no admite ni el intercambio ni el dinero. Por eso en lugar de trabajar en contra de nuestro pasado, lo construimos amablemente, en armonía y sin distorsiones. Útil para nosotros, útil para mí.


+ 2025: la cifra tiene una evidente falta de simetría. No creo que los número escondan mensajes, aunque juegue con esa posibilidad. Hoy dormía y soñaba, no sé quién era mi interlocutor o interlocutora, pero hablábamos de novelas y yo ponderaba a Vargas-Llosa, en concreto: Conversación en la Catedral, así afirmaba que me gustaría volver a leerla o que formaba parte de un plan de despedida [de la vida] donde se acumulan lecturas que han resultado importantes (El Quijote, La Celestina, La Regenta….).Todo bien. Desperté y consulté el teléfono: Vargas-Llosa había muerto. Nada. ¿Qué pensar? Vuelvo a la numerología y me digo: no hay conexión alguna, pero nos gusta pensar que sí, que entre el sueño y la luctuosa noticia se produjo una conexión. No, no hay más conexiones que las que nosotros queramos establecer.


+ Algunas cosas de los Tratados de armonía de A. Colinas. Los breves textos invitan al sosiego, un sosiego que llega de lejos, de otros mundos de la memoria. Recuerdo la tierra de mi padre y veo brillantes reflejos en la prosa del poeta berciano. Paisaje, ritmo, ese culturalismo que se cierne, también, sobre mí. ¿Conexiones? Intencionadas conexiones.


+ Abjuré del buen gusto.  How to live in style? But no. Sentencia del tiempo, cómo se distribuye el olvido, cómo selectivamente escogemos lo conveniente y desechamos las pesadas cargas que tanto daño nos han hecho. El estilo se presenta como un lastre, porque ahora entiendo que esto debe ser natural y nunca una construcción. La reflexión tiene más de tratado moral que de libro de estilo o manual estético, se trata de encontrar las razones íntimas, donde se decide entre el bien y el mal, que impulsan a cometer actos infames en contra de lo adecuado al momento, que, a veces, implica, el sacrificio de ese estilo. Cómo vivir con estilo, la respuesta: con fluida indiferencia y sin prestar atención, precisamente, al estilo mismo.


+ La muerte de Vargas-Llosa establece otro límite.


+ Imagen: la falta de substancia.

sábado, 12 de abril de 2025

El triste tiempo

 


+ “... tocando / el triste tiempo…”, fragmento que tomo del autógrafo de La dama boba [Lope, 1613].


+ Tras la muerte hay un ritual de limpieza en donde las pertenencias del difunto pasan a otras manos. La disgregación de los objetos es un tránsito más hacia el olvido. Una vez muerto, poco importa. Cuando uno está vivo piensa en ello y esa reflexión marca una distancia. Una distancia necesaria. Todo lo que poseemos es materia de mercadillo, todo lo nuestro desemboca en el rastro. Nada queda. Así, nuestro recuerdo se desvanecerá. Parece que algunos perduran, los reyes, por ejemplo, pero también ellos se verán disueltos en la nada. Esa disolución, tan clara en las posesiones, se opone al presente, que realmente es lo único que tenemos porque es él, el presente, quien nos tiene a nosotros.


+ Regalé dos guitarras. Me quedan otras dos. Seguirán el mismo camino. Cuatro guitarras, un olvido. Poco más.


+ Otros tiempos que no regresarán. Ha pasado. Leí poemas que nada me decían y, años atrás, me habían sorprendido: he envejecido y una extraña claridad lo invade todo. ¿Cinismo, nihilismo, la luz que traspasa el cristal? Sin preguntas, sin respuestas.


+ He comprado La dama boba por apenas dos euros cincuenta. No esconde ningún mensaje, sino un proyecto: el ahorro permanente. 


+ Imagen: una simetría que alberga una leve ruptura.

sábado, 5 de abril de 2025

In fieri [en formación]



+ La selección que elimina lo superfluo es una forma de arte, donde el núcleo brilla en detrimento de todo lo accesorio. O más que arte, deberíamos hablar de técnica artística.La fotografía es selección para establecer lo principal y desechar lo accesorio, un ejercicio que tiende a la abstracción. Esta nota viene del debate sobre los límites del arte que durante esta semana ha tenido lugar. ¿Hay límites? Sí, a los que la pacífica convivencia obliga. Pensar que hay algo divino en lo artístico tiende a cerrar las posibilidades del arte mismo y ese punto donde el creador se superpone a la vida misma cae en el abismo del error. Por esto, la selección se convierte en el primer requisito, en lo formal y en lo temático.


+ La palabra, Romanticismo.


+ Tan poco está mal saber qué es ficción y que no es ficción, qué es novela y que no es novela.


+ Una manía: escribir en verde. En algún lugar leí que esto lo hacía Neruda, pero esta noticia me llegó posteriormente  a mi decisión de que ciertas cosas las habría de escribir en verde. Las manías tienen su punto necesario siempre y cuando estemos dispuestos a desprendernos de ellas al menor cambio. Sea.


+ Recordando a mi padre y escuchando a Antonio Colinas, he regresado al lobo, un animal mitológico de la infancia sobre el que no he pensado demasiado pero siempre ha estado ahí. Un nexo y un vínculo con la infancia y ciertos paisajes. Los paisajes y sus símbolos resuelven temores y dudas sin necesidad de palabras. Y pienso, ahora, que debería volver a aquellas tierras, ya sin mi padre. Tierras entre León, Zamora, León y Orense. Presiento el viaje, lo planifico y es el proyecto, en sí, el viaje mismo. Mientras sigue el vídeo de Antonio Colinas, que me acerca a los paisajes que compartí con mi padre, en la senda de un tiempo que ya no será nunca más. 


+ Imagen: desdibujada, la noche, en el regreso a casa.

sábado, 29 de marzo de 2025

Como si las carpas fuesen poca cosa


 + Extraño jazz parisino en la lluviosa y primera hora de la mañana del sábado. He leído algunos poemas de Antonio Colinas y recordé su porqué, la razón que me llevan a ellos, una incierta plasticidad, una sensualidad precisa y preciosa, cuerpos que se evaporan en la cremación y es su habitar el viento y el aire, queda esa “música callada” a la que yo también pertenezco. Tinta, papel, un lápiz, un poema que copio en una libreta comprada para este propósito. 

+ Y apunté la palabra anoxia porque me llegó un momento en que mi padre, al pie de nuestra montaña, perdió oxigeno y sus labios quedaron amoratados. Ya muerto mi padre, muchos años después, sus labios eran pálidos y apergaminados, su cara cera quemada y amarillenta y sus ojos todavía no habían contemplado el vacío. Esto ya no era mi padre, sino materia en descomposición. Mi padre era aquel que me habló de aquella montaña, con el que recorrí la línea que marcaba el río y donde él había trabajado en las presas, era mi padre aquel con el que me planté en Ponferrada y nos confundieron con cineastas o escritor y ni una cosa ni la otra éramos, sino, fulgurantemente, algo muy superior: habíamos visto el rostro de un dios que adiviné en la infancia: el dios de inmensidad que no precisa transcendencia ni eternidad, ni control sobre los hombres, ajeno a la moral y a la justicia, implacable, temible, hermoso. Todo esto y otras cosas, encontré en algunos versos de Antonio Colinas. Así se funda una biblioteca.


+ En una red, que por el momento no parece demasiado satánica, creé una casilla, por llamarlo de alguna manera, en donde acopio datos, noticias e imágenes de arquitectura. Quizá más que el arquitecto, me interesa el personaje que conforma el arquitecto. Preciso, moderno, elegante, culto, con baje matemático, geométrico, con un saber un tanto hermético, un tanto poético, pero, también, pedante, arrogante, banal, inculto [esta incultura no se opone necesariamente a la cultura anteriormente nombrada], mercader e hijo de Hermes [el mensajero de los dioses, el dios de los ladrones, el dios del comercio], hermano y amante de Afrodita. La retahíla anterior es un impulso sin más valor que la sugerencia que me aporta la contemplación de ese almacén que yo mismo he configurado para mi mismidad. Pero, si algo de verdad se puede extraer, es el personaje en un decorado urbano: lo que me interesa es la posilibidad actoral frente a la realidad cotidiana, la excusa para el relato, la novela como cata sociológica, la novela como punta de lanza. Que conste.


+ Leo otro relato sobre lo que fue Yugoslavia, sobre muerte y terror, atroz crueldad. Al asesino del relato le gustaba pescar porque era un casi no-existir. Una vida sencilla, imbuida en lo común. Destaca en el relato la foto donde asesina a sangre fría a un hombre, la lista de atrocidades es extensa y conviene leerla. Recordé la maldad, recordé aquella visita el campo de concentración próximo a Berlín, recordé relatos de la guerra y la post-guerra que mi padre me había contado. La maldad. El contraste entre lo anodino y la maldad nos muestra que las condiciones y la impunidad pueden transformar a un irrelevante ciudadano en un monstruo. No lo olvido. Me cruzo con gente en la calle y no dejo de pensar en esto, en aquello, en lo que puede operar sobre una persona para hacerla traspasar esa frontera y sé que no hay respuesta, quizá, como mucho, la estupidez. La estupidez y la maldad van de la mano. Copio “ Un hombrecito de Bijeljina, un mecánico agrícola recién salido de la cárcel, un pescador de afición, un don nadie… que de pronto tenía un poder absoluto. Le dieron una pistola y la libertad de utilizarla, y se dejó embriagar por las nuevas posibilidades.” Así queda. El relato es de Slavenka Drakulić. Concluye la autora que el asesino, a su vez, embriagado por el nacionalismo imperante que condujo a un odio básico y violento, pero, yo, voy más allá, estaba condicionado por su principio rector y por las circunstancia que le permitieron que este se manifestara en su más profunda abyección. ¿Elegir? Se manifestó su más auténtico yo, con todo del tufo de muerte y estupidez que desprende su persona y su trayectoria. [Lo que leí es un extracto del libro de Slavenka Drakulić No mataría ni a una mosca].


+ “[El] misterio resulta importante en poesía, no es lo evanescente ni lo misterioso, sino que el misterio es lo que el ser humano desconoce.”, dice Antonio Colinas en una video conferencia a la que asisto como invitado. Pienso en la afirmación. ¿Qué desconozco? Amplia y compleja cuestión que no me capacitado para responder. Hoy no, mañana tampoco podré responder. Solo pienso en las últimas veces que hacemos algo y en su significado, el significado que pretendemos darle. En ello descanso, en este momento. Vale y guardo la cita para futuros interrogantes. 


+ Misterios de lo ordinario y de lo común: espacios, personas, atuendos. La acumulación caótica, el filo de una conversación, papeles y libros, notas que nadie volverá a leer, el trabajo de años que se destina a la hoguera [ya ha cumplido su función de archivo y testimonio, ahora ya ni una cosa ni la otra es aquel trabajo]. Ellos ya no están y nosotros nos vemos reflejados en su partida. “Todavía recordaba el número de la combinación de la caja fuerte”, me dijo y yo asentí, sin convencimiento.


+ “No te engañes, los peces koi son carpas, carpas koi, pero, al fin y al cabo, no son otra cosa que carpas”. No consiguió que la magia se difuminase: como si las carpas fuesen poca cosa.


+ Imagen: fragmentos de un jardín en una línea romántica, que yo dejo que se acuse y se agazape, secuencialmente.

sábado, 22 de marzo de 2025

La poesía, el olvido y las carpas y los peces koi



+ Lectura de Séneca continua y debo ya terminar ese libro, un recordatorio.


+ Una cita de Truman Capote: “Dos cosas malas no hacen una buena”. La cita se la oí a un político de mi total desagrado y me pareció acertada, aunque en el contexto en la que la empleaba no resultaba, a mi entender, justa. La tomé para mí y ya la he empleado dos veces. Las herramientas son así, sin intención y dirigidas a donde uno decida: el bien o el mal, el cuchillo que prepara la carne y el cuchillo que le sirve al asesino.


+ En el sentido de lo anterior, otra cita. Claudio Rodríguez: “¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra / que cuando siega, /el de amor que el de asesinato?”


+ Pasa el tiempo y regreso a la escritura. El taller vacío es una mastaba. Fúnebre, arcaico, regio. Regreso y soy el mismo, esto he reconocido en los últimos años: una suerte de permanencia. Escribo, ahora mismo escribo con la delectación que satisface al pintor aficionado, en su ocio, sin más pretensión que obtener el placer que produce mezclar colores y aplicarlos sobre los trazos de carboncillo, en el lienzo. Escribir duele, en mi caso, pero el dolor se ve compensado por una extraña y no transmisible satisfacción. En ello estoy, en ello descanso.


+ Algo de Purcell, tal vez un oratorio, tal vez un apunte fúnebre para algunas exequias. Magnificencia que me lleva a paisajes que vimos de camino a Bath, esa sugerencia. Lo biográfico es un espejo.


+ Vuelve a mí “El barco ebrio”, como la nave de los locos, como un recuerdo que todavía está ahí, a mi disposición, Foucault. Son senderos que conducen a una idea de literatura o poesía, de filosofía enmarcada en la creación. El acto de escribir en sí mismo, una vía de conocimiento y avance hacia una profundidad desconocida, que no se descubre, sino que se construye. El tibio inicio del día donde se anuncia ya la primavera me reconforta, la lectura del poema también. He entendido algunas cosas sobre la muerte, sobre su falta de existencia, sobre su naturaleza conceptual y no traducible a lo ordinario. “Desde entonces me baño en el poema ignoto / del piélago marino, lactescente y astral / donde flotan a veces, como flores de loto, / los ahogados que buscan sUs tumbas de coral.” (Traducción de Carlos R. Dampierre).


+ Los comedores de lotos, los que se entregan al olvido.


+ El bote, que no bote, sino vaso, donde están mis lápices, bolígrafos, la tijera y el abrecartas, lo compré hace quinientos quince años en Londres. Su ornamento son peces koi o carpas y motivos vegetales. Hace momento se cayó y se espació su contenido por el suelo. Supuse que se habría roto, pero no. Si fuese supersticioso tendría una explicación adecuada a esta resistencia. Sin embargo, como ni creo en la suerte ni en la mala suerte, sé que es buen vaso que yo he destinado a un fin que no es el suyo. Repito y esto y sé, ¿seguro?, que nunca volveré a Londres. 


+ Imagen: un fragmento de las últimas horas del días.