sábado, 29 de marzo de 2025

Como si las carpas fuesen poca cosa


 + Extraño jazz parisino en la lluviosa y primera hora de la mañana del sábado. He leído algunos poemas de Antonio Colinas y recordé su porqué, la razón que me llevan a ellos, una incierta plasticidad, una sensualidad precisa y preciosa, cuerpos que se evaporan en la cremación y es su habitar el viento y el aire, queda esa “música callada” a la que yo también pertenezco. Tinta, papel, un lápiz, un poema que copio en una libreta comprada para este propósito. 

+ Y apunté la palabra anoxia porque me llegó un momento en que mi padre, al pie de nuestra montaña, perdió oxigeno y sus labios quedaron amoratados. Ya muerto mi padre, muchos años después, sus labios eran pálidos y apergaminados, su cara cera quemada y amarillenta y sus ojos todavía no habían contemplado el vacío. Esto ya no era mi padre, sino materia en descomposición. Mi padre era aquel que me habló de aquella montaña, con el que recorrí la línea que marcaba el río y donde él había trabajado en las presas, era mi padre aquel con el que me planté en Ponferrada y nos confundieron con cineastas o escritor y ni una cosa ni la otra éramos, sino, fulgurantemente, algo muy superior: habíamos visto el rostro de un dios que adiviné en la infancia: el dios de inmensidad que no precisa transcendencia ni eternidad, ni control sobre los hombres, ajeno a la moral y a la justicia, implacable, temible, hermoso. Todo esto y otras cosas, encontré en algunos versos de Antonio Colinas. Así se funda una biblioteca.


+ En una red, que por el momento no parece demasiado satánica, creé una casilla, por llamarlo de alguna manera, en donde acopio datos, noticias e imágenes de arquitectura. Quizá más que el arquitecto, me interesa el personaje que conforma el arquitecto. Preciso, moderno, elegante, culto, con baje matemático, geométrico, con un saber un tanto hermético, un tanto poético, pero, también, pedante, arrogante, banal, inculto [esta incultura no se opone necesariamente a la cultura anteriormente nombrada], mercader e hijo de Hermes [el mensajero de los dioses, el dios de los ladrones, el dios del comercio], hermano y amante de Afrodita. La retahíla anterior es un impulso sin más valor que la sugerencia que me aporta la contemplación de ese almacén que yo mismo he configurado para mi mismidad. Pero, si algo de verdad se puede extraer, es el personaje en un decorado urbano: lo que me interesa es la posilibidad actoral frente a la realidad cotidiana, la excusa para el relato, la novela como cata sociológica, la novela como punta de lanza. Que conste.


+ Leo otro relato sobre lo que fue Yugoslavia, sobre muerte y terror, atroz crueldad. Al asesino del relato le gustaba pescar porque era un casi no-existir. Una vida sencilla, imbuida en lo común. Destaca en el relato la foto donde asesina a sangre fría a un hombre, la lista de atrocidades es extensa y conviene leerla. Recordé la maldad, recordé aquella visita el campo de concentración próximo a Berlín, recordé relatos de la guerra y la post-guerra que mi padre me había contado. La maldad. El contraste entre lo anodino y la maldad nos muestra que las condiciones y la impunidad pueden transformar a un irrelevante ciudadano en un monstruo. No lo olvido. Me cruzo con gente en la calle y no dejo de pensar en esto, en aquello, en lo que puede operar sobre una persona para hacerla traspasar esa frontera y sé que no hay respuesta, quizá, como mucho, la estupidez. La estupidez y la maldad van de la mano. Copio “ Un hombrecito de Bijeljina, un mecánico agrícola recién salido de la cárcel, un pescador de afición, un don nadie… que de pronto tenía un poder absoluto. Le dieron una pistola y la libertad de utilizarla, y se dejó embriagar por las nuevas posibilidades.” Así queda. El relato es de Slavenka Drakulić. Concluye la autora que el asesino, a su vez, embriagado por el nacionalismo imperante que condujo a un odio básico y violento, pero, yo, voy más allá, estaba condicionado por su principio rector y por las circunstancia que le permitieron que este se manifestara en su más profunda abyección. ¿Elegir? Se manifestó su más auténtico yo, con todo del tufo de muerte y estupidez que desprende su persona y su trayectoria. [Lo que leí es un extracto del libro de Slavenka Drakulić No mataría ni a una mosca].


+ “[El] misterio resulta importante en poesía, no es lo evanescente ni lo misterioso, sino que el misterio es lo que el ser humano desconoce.”, dice Antonio Colinas en una video conferencia a la que asisto como invitado. Pienso en la afirmación. ¿Qué desconozco? Amplia y compleja cuestión que no me capacitado para responder. Hoy no, mañana tampoco podré responder. Solo pienso en las últimas veces que hacemos algo y en su significado, el significado que pretendemos darle. En ello descanso, en este momento. Vale y guardo la cita para futuros interrogantes. 


+ Misterios de lo ordinario y de lo común: espacios, personas, atuendos. La acumulación caótica, el filo de una conversación, papeles y libros, notas que nadie volverá a leer, el trabajo de años que se destina a la hoguera [ya ha cumplido su función de archivo y testimonio, ahora ya ni una cosa ni la otra es aquel trabajo]. Ellos ya no están y nosotros nos vemos reflejados en su partida. “Todavía recordaba el número de la combinación de la caja fuerte”, me dijo y yo asentí, sin convencimiento.


+ “No te engañes, los peces koi son carpas, carpas koi, pero, al fin y al cabo, no son otra cosa que carpas”. No consiguió que la magia se difuminase: como si las carpas fuesen poca cosa.


+ Imagen: fragmentos de un jardín en una línea romántica, que yo dejo que se acuse y se agazape, secuencialmente.

sábado, 22 de marzo de 2025

La poesía, el olvido y las carpas y los peces koi



+ Lectura de Séneca continua y debo ya terminar ese libro, un recordatorio.


+ Una cita de Truman Capote: “Dos cosas malas no hacen una buena”. La cita se la oí a un político de mi total desagrado y me pareció acertada, aunque en el contexto en la que la empleaba no resultaba, a mi entender, justa. La tomé para mí y ya la he empleado dos veces. Las herramientas son así, sin intención y dirigidas a donde uno decida: el bien o el mal, el cuchillo que prepara la carne y el cuchillo que le sirve al asesino.


+ En el sentido de lo anterior, otra cita. Claudio Rodríguez: “¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra / que cuando siega, /el de amor que el de asesinato?”


+ Pasa el tiempo y regreso a la escritura. El taller vacío es una mastaba. Fúnebre, arcaico, regio. Regreso y soy el mismo, esto he reconocido en los últimos años: una suerte de permanencia. Escribo, ahora mismo escribo con la delectación que satisface al pintor aficionado, en su ocio, sin más pretensión que obtener el placer que produce mezclar colores y aplicarlos sobre los trazos de carboncillo, en el lienzo. Escribir duele, en mi caso, pero el dolor se ve compensado por una extraña y no transmisible satisfacción. En ello estoy, en ello descanso.


+ Algo de Purcell, tal vez un oratorio, tal vez un apunte fúnebre para algunas exequias. Magnificencia que me lleva a paisajes que vimos de camino a Bath, esa sugerencia. Lo biográfico es un espejo.


+ Vuelve a mí “El barco ebrio”, como la nave de los locos, como un recuerdo que todavía está ahí, a mi disposición, Foucault. Son senderos que conducen a una idea de literatura o poesía, de filosofía enmarcada en la creación. El acto de escribir en sí mismo, una vía de conocimiento y avance hacia una profundidad desconocida, que no se descubre, sino que se construye. El tibio inicio del día donde se anuncia ya la primavera me reconforta, la lectura del poema también. He entendido algunas cosas sobre la muerte, sobre su falta de existencia, sobre su naturaleza conceptual y no traducible a lo ordinario. “Desde entonces me baño en el poema ignoto / del piélago marino, lactescente y astral / donde flotan a veces, como flores de loto, / los ahogados que buscan sUs tumbas de coral.” (Traducción de Carlos R. Dampierre).


+ Los comedores de lotos, los que se entregan al olvido.


+ El bote, que no bote, sino vaso, donde están mis lápices, bolígrafos, la tijera y el abrecartas, lo compré hace quinientos quince años en Londres. Su ornamento son peces koi o carpas y motivos vegetales. Hace momento se cayó y se espació su contenido por el suelo. Supuse que se habría roto, pero no. Si fuese supersticioso tendría una explicación adecuada a esta resistencia. Sin embargo, como ni creo en la suerte ni en la mala suerte, sé que es buen vaso que yo he destinado a un fin que no es el suyo. Repito y esto y sé, ¿seguro?, que nunca volveré a Londres. 


+ Imagen: un fragmento de las últimas horas del días.

viernes, 14 de marzo de 2025

Palacios de la muerte, la vida ordinaria

 


+ [Previo]: Días de Madrid: pasear, visitas a lugares que contienen o reflejan una parte de la historia de España [hastío, redundancia y revisión], música [sublime], cuadros y paseos, paseos y paseos. El paseo como eje de los días. Hablar y escuchar, ver, observar los detalles: maneras, atuendos, acentos, gestos y silencio. Música de piano en la tarde noche del domingo, cuadros en el mediodía del miércoles. Las expresiones artísticas van allá de su certero papel de catalizadores y, así, constituyen rasgos de identidad, esa identidad débil y necesaria. Escoger es negar, rechazar unas opciones en beneficio de otras. Mi posición es cambiante en sus matices, pero hay un núcleo central que sigue siendo el mismo, pero no es comodidad, sino una verdadera razón de existir [cómo no pensar esto, si es lo que me ha configurado]. El paseo continua sin límites ni pausas, una declaración de intenciones.


+ La vida ordinaria es un remanso en la corriente de la vida, pero su fluir, imperceptible, no se detiene. Leo a Séneca. Un poco de paz. El mundo en suspenso. Antes era el tabaco, ahora es el silencio contemplativo de los perros, que tan tarde he aprendido a utilizar en mi beneficio. Mi padre ha muerto en paz, rápidamente y en silencioso dejarse ir. No soy otro, me repliego y explico un pasado que construimos conjuntamente. Mi coche negro y los paisajes de su infancia y del inicio de su vida adulta. Relatos que he de guardar para mí. La narración aparece sencilla: entre Ourense y Zamora, la línea de un río y las presas, me llegaban vibraciones de otro mundo anterior a mi nacimiento, hablamos y contemplábamos aquellas moles de hormigón que contienen con extraña flexibilidad el agua, hablamos de escritores y la lectura en tiempos que ni siquiera había televisión, libros que llegaban de la mano de viajantes, como librerías móviles (Espasa-Calpe, Aguilar, alguna que otra editorial), regresamos por las carreteras que conducen a Puebla de Sanabria, la A-52, un café en un bar cualquiera, punto y seguido, la noche en la casa de mi padre (desde donde se ve otra montaña mágica), los resabios de la primera juventud que el paso de los años ha corregido, mi madre en la lejanía, en el ámbito de los muertos, donde él está ahora, humildes y honrados vasos de agua, aquel cielo estrellado (la muerte de mi madre estaba cercana), su olor, su pelo, las gafas, la cifosis, el extremo de una medición, planos y cartabones y escuadras y el escalímetro, portaminas y compases, un tratado de astronomía, un viejo estuche donde se guardan lápices sin afilar, oraciones o una biblia encuadernada en vitela que se salvó de la quema de muchos libros de un viejo tío cura, don Eladio, que alguien sin mucha sensibilidad ni cultura decidió que era mejor que desapareciesen y mi padre los salvó, creo recordar, mi teléfono donde duermen sus imágenes, donde permanece sonriente en aquellos restaurantes de A Garda, paisajes, que es lo que queda, donde fructifica todo lo bueno que las buenas comidas y las buenas sobremesas otorgan, un hilo que me remite a hombres y mujeres que no conocí y de ellos me habló pausadamente mientras transitábamos por los senderos de las sierras, a la ribera del Bibei (Sanabria, Viana, Trives, Montefurado- entrevisto desde aquellos trenes-verde-aceituna, o Bolo, Manzaneda, A Veiga, San Lorenzo - donde él nació y transcurrió su infancia y a donde fuimos cuando niños fuimos, Quiroga, Peña Trevinca), el Xares, el Teixadal de Casaio, y me hablaba de su padre, mi abuelo, que cruzaba aquella sierras en busca de pan, entre la nieve y el miedo a ser alcanzado por los contrabandistas, el maquis o la guardia civil, senderos sinuosos, llegar a Ponferrada y pasear por sus calles sin mayor trascendencia, el regreso y la sentencia de los años, en aquellos días hacía muy poco que había alcanzado los ochenta y parecía más joven, ahora todo eso es pasado, pero con su muerte el vapor se convierte en solida piedra. 92 años. Vale.


+ [Coda]: Sigue el barro en la rivera del río, los tejos, el vientre del bosque, un ciervo que entrevimos en la maleza [nos miró y lo miramos, hubo un reconocimiento y poéticamente desapareció en el bosque: puedo ver, ahora, su perfil otra vez, una vez más]. Mientras, mi padre se desvanece, solo es ceniza, solo viento, el reflejo en esto que escribo y que nadie más ha de escribir, solo yo, solo él. Lo comprendería, sin duda. Vale.


+ Imagen: mi padre se aleja, en la montaña, poco después de cumplir ochenta. La imagen guarda en sí todo lo que pensé en aquel momento: un día no estará. Ese día es hoy. Se completa un ciclo. La foto da testimonio de ello.

sábado, 8 de marzo de 2025

En la arena escrito

 


+ Canciones de Jarvis Cocker que escucho en la primera hora de la mañana del sábado y, al tiempo, leo la letra que hace, ya, tantos años compré en Londres. Es un paisaje, una ebriedad sin venenos, un escaparate de posibilidades. Me da cierta altura, me concentro y  la letra me devuelve una idea de mí mismo dormida. Sheffield Sex City, suena y leo yo la letra. Me ayudó la canción a comprender ciertos aspectos de la vida británica, me descubrió barrios de la ciudad y, recuerdo, los busqué: allí encontré geografía urbana, sociología espontánea, conocimiento espurio [a quién le puede interesar esta indagación, con quién puedo hablar de ello]. La canción me devolvió años atrás y recordé reflexiones que, creo, siguen vigentes. Las posibilidades artísticas no se ven constreñidas por una suerte de estética del momento, ni del pasado. 


+ Un mundo de consejos, instrucciones y amonestaciones. ¿Qué hacemos bien, qué hacemos mal? Envidio la calma que tienen los gatos o los perros cuando miran a un punto indefinido (por ejemplo, una pared) y nada les importa. Los códigos, lo acertado, lo equivocado. Continuos bombardeos de optimismo y positividad, la vitamina y el tóxico nos acechan por igual. Voces que chillan, gritos en la oscuridad. Envidio, repito, a los perros y gatos, esa vida que no precisa discursos que certifiquen sancionen la conducta, una realidad fluida y transparente. No es posible. Nuestra naturaleza se centra en el discurso y el discurso tiene una tendencia a lo moral que no se puede evitar. Leo y olvido. No puedo hacer mucho más.


+ “Sucede que me canso de ser hombre” dice Robe Iniesta, en Extremoduro, cuando toma el verso de Neruda. Lo pienso y busco la canción. ¿Cómo he llegado hasta aquí? Entiendo ese cansancio, la manera de atenazarse, sus giros y su manera de proponer emboscadas. El tiempo es un catalizador. Ahora soy otro distinto al que seré mañana. Copio de un endecasílabo de Villamediana:    al “viento dado y en la arena escrito”. El silencio y el cansancio. Hoy no es así, pero su recuerdo se mantiene.


+ También, sin desearlo, sin buscarlo, pero agradecido de su emergencia, llega una foto de Nan Goldin y, con la imagen, regresa un óptica nueva, para observar lo cotidiano desde su inigualable realidad, para ver lo real en dimensiones que no sospechaba: ese punto que tanto agradezco y me conmueve: lo cotidiano y lo dado. [On Nan Goldin]: la conexión con un maginario que se centra en la superficie y su textura, sin pedir excelencias, ni  finuras, el momento de regresar a lo que no se detiene en el lo sublime porque, en lugar de aportar, resta. [El pie de foto:‘In 1988, she went into rehab and “discovered the light after years in the dark”. (“Until 1989 I didn’t know what daylight was.”) When she returned to New York, her friends were dying from Aids. / en London Review of Books]: 


+ Y tras de mí oí: “Ten cuidado que la justicia poética existe y se manifiesta cuando menos lo esperas”. No me volví, me hubiera gustado, pero tuve miedo, un extraño miedo: frío y afilado.


+ Imagen: sin transiciones: si uno observa de cerca, puede ver como se desvanece lo concreto.

sábado, 1 de marzo de 2025

Cápsulas

 


+ He perdido un texto que iba a publicar aquí. Recuerdo el tema, pero prefiero que se desvanezca en la niebla de lo cotidiano, aunque, pienso yo, quizá me alcance en el sueño, regrese y se manifieste en su dimensión, en su olvido, ese pozo o lago oscuro. No es un drama, así dicen algunos ahora, y su disolución es la misma a la que me someto todos los días: olvido dentro de mi cápsula.


+ Una vez escribí algo sobre una cápsula que no tuvo repercusión de ningún tipo. Lo recuerdo y entiendo su falta de repercusión. No tenía mucho interés, aunque para mí resultaba importante. Ahora valoro su importancia. La tiene, es algo íntimo. He renunciado a ciertas exposiciones y ahora me centro en la redacción, en la escritura de mi investigación. No es una pose. No es un postura.


+ He inaugurado una clase: los posturitas. La exhibición en el torneo de culturistas, esos músculos empapados en aceite, esos pequeños tangas, la dedicación y el momento. Se contonean sus opiniones y poses estéticas y morales. Yo me aparto, me voy de la exhibición porque me produce sonrojo, la vergüenza ajena [expresión tan intraducible como propia]. Haré una lista del postureo para luego olvidarla.


+ Trato de escuchar en el reproductor en línea el piano de M.J.P. y, cada diez minutos, me interrumpe la publicidad. Una publicada horrible, chirriante, alejada de mis gustos: refrescos, cursos de mentoría para alcanzar una extraña felicidad [tan de este momento], coches de segunda mano o viajes a sitios que no me interesan [al menos en el sentido en que esta publicidad los plantea].Es muy parecido a un golpe, al impacto violento de un puño en el pecho [algo exagerado, pero con su punto de verdad, como toda exageración].


+ Hoy vi, en un canal en línea, un programa muy corto sobre la biblioteca de Emilio Lledó. Me pareció aquel un lugar de paz y muy propicio para la lectura. Luego, busca que te busca, encontré un poema que Joan Margari la dedicó [“Filósofo en la noche”: “En la madrugada negra de Madrid, frente a los cristales que miran a O'Donnell” y continua extensamente]. La unión de ambas experiencias me aportó sosiego y me ayudó a recuperar la conexión con un mundo que, a veces, se desvanece y, en otras ocasiones, se manifiesta en su brillante esplendor. La mañana tomó su sentido. Leo, ahora, otro poema de J.M. y regreso a la escritura [académica]. Me dije: pronto estaremos en Madrid C. y yo. Seguí escribiendo y volví a pensar en Madrid, en el concierto de Maria João Pires e Ignasi Cambra, paseos, rincones  y trenes de cercanía que nos llevará a Aranjuez. El estudio me espera, no puedo demorarme más.


+ Imagen: en el ritmo de los días se anuncia la primavera.

sábado, 22 de febrero de 2025

Sin indicaciones (26)

 


+ El piano: trasatlántico insumergible. El piano nos salvará, en nuestra beatífica ignorancia, que no es igual a una docta ignorancia. Sigo a la espera del concierto de M.J.P. Solo un momento, la salvación será un instante, la reverberación de la música a lo largo de los días. Ya lo he experimentado y eso buscamos, C. y yo.


+ Un porqué para la música francesa del XIX y principios del XX. El piano, una vez más. ¿Un signo o símbolo de época, que se traduce en esta época, en este hoy mismo? ¿O, tal vez, un emblema, ese trasatlántico? Ambas razones se unen y se dispersan sin solución de continuidad. Así está bien.


+ ¿Soy un ignorante o la virtud descansa en el dinero? Veo una fastuosa colección de arte y me parece tan deslavazada como carente de sentido, salvo por una cuestión representativa. Le falta un hilo narrativo o una estructura que articule la vibración que mueve a esta persona a comprar. ¿Es todo comprar? No puedo dar consejos, pero sí juzgar: no me gusta el ejercicio fallero que implica. La acumulación y el colorido no me interesan, a pesar de que haya una obra de D. H., esta desmerece en ese conjunto. Esto me lleva a reivindicarme en mi ignorancia. Qué sabré yo. Un profesor universitario tiene criterio, un periodista acreditado también, yo solo un susurro inaudible. Mi surco está para mí, ahí sembraré: un cierto cinismo. La representación del poder tiene capacidad de torcer voluntades, hacer decir al insumiso alabanzas y sacar del extremista moderación o buenos modales. Recuerdo haber visto a un poeta marginal y libérrimo acercarse y besar la mano de un registrador de la propiedad, en aquel momento no entendí, ahora sí: el tiempo no me ha desgastado, me ha afilado. El filo del cuchillo se resuelve en un arabesco de Debussy (Arabesque Nº1). 


+ La navegación diaria aporta cansancio y aburrimiento. No se puede permitir. Hay que distanciarse y reflexionar sobre ambas realidades: el cansancio y el aburrimiento. No dejan de ser procesos de depuración, sin detenerse. La determinación tiene la llave.


+ Me gusta poner el ordenador en modo máquina de escribir. ¿Qué significa esto? Desconectarlo de internet, dejar que el procesador de textos gobierne el barco y ponerlo en la posición de concentración [el texto aparece como si fuese ya la impresión final, con la hermosa calidad de la página terminada]. 


+ Juliano el Egipcio: “Id , ladrones, con presteza / A casa mas accesible, / Que aquí hay guarda irresistible: / ¿Sabéis quién es? La pobreza.” Encuentro por casualidad esta enseñanza que oscila entre la extrañeza y lo obvio, lo trillado, pero, todavía, contiene el perfume de lo raro. Juliano el Egipcio nos habla desde la antigua Roma, pero la traducción que copio es decimonónica, por lo tanto, las lecturas se expanden. Nadie lee dos veces el mismo libro, tampoco los periodos históricos reciben el mismo texto. Juliano me parece un raro en esta tarde brumosa de febrero y dejo constancia de ello.


+ Imagen: duplico la imagen, aunque la anterior era un recorte de esta. Esta presencia se relaciona con la observación, el museo y la duplicidad. Sin más, pero tampoco en menor medida.

sábado, 15 de febrero de 2025

Invocaciones

 


+ Ayer, viernes, C. y yo fuimos a la Biblioteca de la Universidad de Vigo, la Biblioteca de Filología. Cada vez me cuesta más. No entiendo los límites del trabajo y su reflejo en la prosa, en la prosa misma. Me puse de malhumor. Entre bosques ascendimos a la fortaleza del saber, me digo. Nos perdimos y dimos un extraño y absurdo rodeo, por mi culpa [¿siempre tratamos de culpas?]. El tráfico se tornó insoportable y el malhumor creció. Luego, cuando salimos se allí, de aquella maraña, de aquel enjambre furioso, sonó en la radio la 4ª de Mahler. Bien. Todo regresó al carril del que nunca había debía haber salido. Sentí que el impulso del malhumor se desvanecía. Gracias, Mahler, gracias por estar ahí y emerger cuando más te necesitaba, sin invocar tu presencia más allá del tiempo.


+ Repaso algunos temas que me han interesado en los últimos tiempos [prefiero tiempo(-s) a años o meses porque tiene un punto indefinido que sobrepasa el ámbito de lo cotidiano y de lo excepcional]. Clarín y La Regenta, el determinismo, la primera filosofía, la Ilíada, la fotografía, el amplio espectro de la geografía […]. Esto ejemplos conducen a una derrota. La derrota se puede explicar, pero la fatiga que produce me desasosiega. Esperanzas vanas que, en el frío de la edad, se han aletargado y ahora el panorama parece el de un error total. Son momentos. Espacios vacíos en los días y las tareas asignadas. No puedo evadirme de la sentencia que aporta la certeza de la inteligencia y la distancia, la distancia que establezco yo. He dejado esta contabilidad y llueve, llueve con una persistencia difícil de soslayar. El mes de febrero, el café caliente, muy caliente, la penumbra de la habitación, la tenue luz que traspasa la ventana, no es luz: es un gris espeso pero con un leve brillo, los gatos duermen y su pereza es toda una lección [carentes de lenguaje, son felices o la felicidad les resulta indiferente, que, quizá, sea un grado más elevado]. Canciones de otro tiempo que se han escrito ayer mismo, permanece lo mismo, círculos que no interfieren entre sí, líneas paralelas. Se termina la mañana y no deja de llover. 


+ “Describe your style in three words: Seventies, nineties and cheap.” Lily Fontaine, Musician.  Leeds. Ok.


+ Invocar: 1. Llamar en solicitud de ayuda de manera formal o ritual. 2. Acogerse a una ley, costumbre o razón. En ambos casos, en ambas acepciones, el verbo es transitivo. ¿A quién se invoca? Al que tiene la capacidad que al invocante le falta. Invocado e invocante, caras de la misma moneda: la necesidad.


+ Regreso a Clara Schumann. Solo el piano nos salvará. ¿Otra invocación?


+ Se fracciona el día en compartimentos estancos. Cada uno de ellos es independiente del resto. No es una tarea fácil, pero, con determinación, se consigue. El trabajo, la lectura, los paseos, la escritura. Duermo y ahí hay una cápsula donde el olvido se hace necesario. Solo el sueño, solo su imagen. 


+ Mientras escribo y suena Gabriel Fauré, el café humea. Desvío mi vista y este desarrollo me parece sutil, sin costuras. Lo sobrio, lo transparente, el aleteo de lluvia contra los cristales. El piano, en sí mismo, me intriga. Me subyuga. Es un enamoramiento que viene de lejos y que no deseo racionalizar. Mientras esto escribo, pienso que ya queda poco para ir al concierto de Maria João Pires, en Madrid. ¿Se une lo uno a lo otro? Mi ánimo, en ocasiones deteriorado, se estiliza con esta promesa. Suena G. F. y regreso a la voluta que describe el humeante café. Son las ocho y cuarto de la tarde-noche y no ha dejado de llover. 


+ Imagen: un cierto recorte.

sábado, 8 de febrero de 2025

Una arqueología del yo

 


+ Cabe en la precisión de una arquitectura la libertad de la improvisación, la atracción de una extraña vía, la vía de la poesía. Los límites otorgan libertad. Una gran libertad.


+ Vuelvo a escuchar Las morillas de Jaén. Es miércoles, parece que los temporales han remitido (nunca se sabe). Ayer hable con K. Siempre está bien, un recuento, aquello de los espejos: no son duplicidades, sino complementos. La música tamiza este momento de sosiego. Los gatos están en sus camas de gatos. Todo está en calma. Tengo muchos libros a mi alcance y ahí quedan. Lo estático se impone, definitivamente.


+ “Que la Ciencia trate acerca de la Realidad implica que la Ciencia está fuera de la Realidad, puesto que trata acerca de ella.” Agustín García Calvo en Contra la realidad (192). Más adelante afirma que las ciencias son epistemologías de sí mismas. Pero no es lo que me interesa en un primer término, sino la conexión de AGC con algunos poetas. Algunos poetas que compraban drogas a escondidas sin de dejar de ser poetas. Miguel Ángel Velasco, Miel salvaje. “Esta noche / todos somos iguales en la plaza”, qué plaza sino la misma plaza de siempre, entre la adolescencia y el naufragio. “Bultos oscuros en los soportales”, a la espera de la razón que se manifestará en cada gesto. Ay, la huidas. La ciencia tiene una explicación, pero no resuelve la incógnita, porque este pliegue sobre sí misma desvela el secreto y con ello se abrasa, se carboniza. El carbón aunque tiene muchas cosas en común con el diamante, no es un diamante. Finaliza el poemas: “Te miran unos ojos / al pasar, y no saben / que en tu puño aprendo va una tregua / de sombra con la vida.”


+ En realidad solo me interesaba aquel poema, solo aquel poema, y ello se debía que era el único que entendía. Entender, qué palabra. Lo de entender tiene una compleja historia. Se trata, mejor dicho, que aquel era un poema con el que conectaba y se alejaba de maneras y arabescos que no tenían, para mí, sentido. Ahora abro el libro, otra vez, y la sensación es la misma. Una vez se consigue, pero dos no. Un solo poema. Más tarde. Puse el reproductor en línea y escuché su voz en la lejanía de la muerte, más allá de su propia muerte. Y surgió un milagro, vi la verdad. ¿La verdad? Una intimidad de furia y crueldad, el reflejo que ofrece la Ilíada. “Acerca de las heridas de los héroes”


+ Entender. La verdad. La estatura. El tatuaje de lo diario.


+ Leo a Walter Benjamin. Sobre la fotografía. Es un tema, un tema que colabora en el ensamblaje de la realidad y en su desmontaje. Yo creo que la fotografía está cerrada desde hace años, qué le vamos a hacer. Alguna vez me sorprende una exposición, pero ese fulgor se da porque proviene del pasado, porque, a pesar de que se haya disparado en el presente, la visión es lejana y acompasada con la muerte. La muerte, de eso se trata siempre en la fotografía [como en cualquier manifestación artística]. Leo a W.B. y la sensación de finitud se ensancha, pero no quiero quedarme ahí. Una arqueología. Vuelvo a ver las fotos que aquí inserto y sé a qué responden, porque su relación con lo diarístico prevalece sobre cualquier otra intención, pero no deja de ser otra arqueología, una arqueología del yo. La lectura de W.B. me aporta un punto de vista variable, que es lo que necesito.


+ Entro en la biblioteca. Me siento. Leo algunos poemas de un joven autor y siento que ya no me gustan. Me gustaron, pero hoy no me gustan. Quizá sea yo, quizá sea la clima invernal que imprime distancia, quizá sea que en realidad los poemas no valen mucho y cuando me gustaban respondía a una sensación y no a un juicio frío [eso es lo que yo entiendo hoy]. Me levanto y la bibliotecaria habla de asuntos de herencias: una pareja que convive y no están casados, él muere y sus padres, en lugar de su pareja, heredan. Todo un tema me digo. Siempre pienso que se aburren, enfrascadas en gruesos libros y con el teléfono escondido con disimulo [no sé porqué tiene que esconder el teléfono]. Bajo las escaleras y entro en la sala de prensa. Leo dos o tres periódicos del día. Los hojeo, que no leo. Una revista de música clásica y me levanto. El día está limpio y hace frío. Pienso en las bibliotecarias, en los que pasan el día en la biblioteca, en lo que acabo de leer al vuelo. Titulares, entradillas y destacados. Poco importa. Mi discurso es el discurso de alguien que ha salido del trabajo para estirar las piernas [porque puedo] en lugar de ir a tomar café. Menos de media hora. Siento que regreso a la realidad después de haberme sumergido en un extraño sueño, el sueño de lo cotidiano paralelo. El día a día que se desarrolla sin mi presencia y al que no pertenezco. Bien.


+ Imagen: reduplicación.

sábado, 1 de febrero de 2025

La usura del tiempo

 


+  Domingo por la mañana. Temporal. Lluvia y viento. Uno de los gatos está enfermo. Llueve contra los cristales. En la cama leo. No hay lugar mejor para leer, me digo. Calle de sentido único. Sobre los sellos: recuerdo los sellos y sé que es algo muy antiguo, profundo, lineal en la línea del tiempo que se desvanece. Un mundo en el que viví y se ha desvanecido. Las cartas. Pienso en las cartas que duermen sin abrirse. Huyo de esa pasividad que la postración lectora me otorga, la lectura es mucho más que un complemento o un ornamento. Los sellos son parte del pasado, una ayuda para recordar lo que fue y como este presente también se tornará en materia para reconstruir. No hay otra. Llueve contra los cristales. “Lo muerto” habita entre lo vivo. 


+ Ayer, C. y yo fuimos a Vigo. Paseos y café en cafeterías de otro tiempo, de otro mundo que persiste en su empeño para no desaparecer. Tiendas de ropa y la gran librería de lo previsible. Caminamos y recordamos la crueldad del Holocausto con una historia que no voy a repetir de tanta pena que produce. Entramos en una zapatería y me puse a ver un producto para la limpieza de los zapatos. Dije yo que me extraña aquella palabra en italiano: usura. Una mujer me dijo: déjame ver. Le alcancé la caja y me dijo que en español es desgaste. Siguió con lo suyo: probar unas Adidas Samba blancas con las bandas negras. Yo dejé la caja en su sito y salimos de la zapatería. Busqué en el diccionario de la RAE usura y, efectivamente, en español tiene este significado, fuera del muy conocido. “4. f. Deterioro o desgaste. Mostraba las huellas de la usura del tiempo.” Con lo último me quedé y todo ello me pareció especialmente significativo. ¿Los sellos, el correo postal, el correo electrónico? El tiempo es un usurero, claro: al final se cobra la deuda con unos intereses inasumibles. El desgaste.


+ Duplicidad, espejo, simetría. Llueve con mucha fuerza y el viento es intenso. La simetría en las relaciones es una condición necesaria en la amistad, pienso. Sin embargo, no se trata de duplicidad. Un espejo es otra cosa, el espejo es lo complementario. Me refugio en lo geométrico. La geometría como cámara hermética, lo estanco y lo seguro. Llueve y hace viento.


+ Escucho música barroca y trabajo. El trabajo, el viento, la música. El martes se desvanece. Creo haber leído unos poemas, pero no recordarlos. La transición entre la mañana y la tarde resulta fluida. La escritura causa fatiga, hastío, un extraño aburrimiento. Continúo en la senda marcada por la determinación. Ahora suena una guitarra, con ese preciso pulso que invita al baile, un baile vespertino, evaporado, sin pareja. La música y el trabajo, qué combinación. No leeré más.


+ Venus es el Lucero del alba. Durante muchos siglos se pensó que el astro que brillaba en el cielo al anochecer era distinto al que se ve al amanecer. La misma cosa es, pero la percepción turbaba el juicio. ¿Hasta dónde se puede aplicar esta confusión? Como un koan, se recoge la pregunta sobre sí misma.


+ Alguien decía que la guitarra era una orquesta portátil. Sin llegar a lo portable, esta condición la comparte con el piano. Escucho atentamente y entiendo ese gusto que yo tengo por el instrumento, un placer que disfruto en profundidad. Me trae paisajes, vividos, imaginados y soñados. Que han llegado mediante el cine o la lectura, mediante sugerencias que he ido seleccionando a lo largo del tiempo. Así, recuerdo llegar en mi viejo coche a Ávila y encontrar en el sonido de una melancólica guitarra en reproductor del coche una nota de conexión con el paisaje, con Castilla, con lo leído y lo olvidado. Aquellos campos eran como el mar, mi coche como una pequeña barquita a motor, un motor de un solo pistón. Ahora, escucho a David Russell interpretar algo del XIX. Lo recojo y lo analizo sin mucho éxito y me dejo llevar por su presencia. Era algo, algo de Fernando Sor. Pleno romanticismo, pleno fervor, pleno destierro de uno mismo. Ese rapto de los sentidos.


+ Imagen: la sala vacía me devuelve al mundo de lo postal, al mundo previo a la explosión de internet, otro mundo y el mismo mundo. La sala vacía. [En Madrid, noviembre de 2024].

sábado, 25 de enero de 2025

Sin indicaciones (25)

 



Bombástico: [Del ingl. bombastic, de bombast 'algodón de enguatar'.] 1. Dicho del lenguaje: Hinchado, campanudo o grandilocuente, sobre todo cuando la ocasión no lo justifica. (DRAE)


+ Llueve. Reitero mi queja: llueve. La determinación de la lluvia resulta ejemplar. Sin voluntad y con insistente presencia.


+ El archivo no tiene intención, al contrario que la biblioteca. La biblioteca es una conjunto de elementos intencionales, declarativos, funcionales. Mientras, el archivo es una acumulación con orden, pero sin propósito. Archivar es almacenar. En este juego de espejos, reflejos y simetrías, encuentro respuestas a preguntas que no he formulado. Luego viene el sistema que establece categorías y muestra los hallazgos, los hallazgos carecen de intención y esta falta de intención aporta una solida presencia. Gabinetes de curiosidades que se transformaron en museos, museos que giraron y se convirtieron en excusas para la narración, la narración que se diluye y cae en el olvido. El archivo, hoy me visita, hoy se instala en lo cotidiano y yo no rehuyo su invitación. En mi trabajo archivo lo que ya no tiene uso y, por una extraña prevención, se deposita. Yo soy el guardián de ese olvido.


+ Hablamos de personas, sus intereses y sus derrotas, el amor y la pasión, la imposibilidad de llegar a un punto y el saber retirarse a tiempo. Tal vez se trate de eso, de la falta de ambición. No hay secretos para vivir, tampoco recetas. Escucho una hermosa guitarra que desgrana algo de Isaac Albéniz [me identifico con una idea de España que se desprende de las notas, de la reverberación de las cuerdas, el tacto de la madera]. Volvemos sobre el tema del amor y la traición, la lírica romántica que se transmite en todo eso: el amor, la distancia, lo imposible, la cordura y la locura. Nada más. El día está lluvioso y no hay muchas ganas de nada. Bendita pereza.


+ Más tarde suenan las tres morillas de Jaén, “Axa y Fátima y Marién.” Regresa esa idea de España. El video que veo está grabado en Vejer de la Frontera. No sé. Solo es una idea, nada más. “Díjeles: ¿Quién sois, señoras, / de mi vida robadoras? / Cristianas que éramos moras / en Jaén: / Axa y Fátima y Marién.  “


+ Imagen: duplicidad.