sábado, 27 de julio de 2024

Sin indicaciones (24)

 


+ Encontré un libro que me puede abrir nuevas vías de exploración. Una introducción a la hermenéutica. El libro tiene sus años. El hallazgo se produjo en una feria de libro de ocasión. Son las ferias que me interesan, son las librerías que me interesan. El resto, lo tengo en internet y las novedades, hasta cierto punto, me resultan indiferentes. ¿Puedo dividir el mundo en buenos lectores y lectores buenos, como si la lectura precisase de una cierta dosis de cinismo? No me pronunciaré, pero la calidad pasa por la ironía y la desconfianza, por el alejamiento de las buenas intenciones sin más fundamento que su soporte moral. 


+ El poder me resulta ajeno. Aquello que leo sobre el mismo no de deja de ser un extraño relato que no alcanzo a poner en relación con una cierta condición de posibilidad. No soy más que un espectador y conforme me sumerjo en el estudio de las costumbres y las personalidad menos seguridad tengo. Me hago cargo de mi ignorancia. No se trata de alcanzar conocimiento, sino de conseguir algún trazo exacto en la descripción. La tarea es imposible y su práctica no deja de ser un afán, un anhelo que me permite disfrutar de mi capacidad predictiva, basada en la espera y la observación, en la desconfianza en mis propias armas. Vale.


+ Mis cuadernos de dibujo contienen una parte de mi yo que se escinde, que se rebela contra el resto. Estos último dibujos no me gustan, pero tampoco me disgustan. Trazos nerviosos, sin demasiada correspondencia, colorido equivocado, pero el yo que los realiza no está de acuerdo. En esta lucha vivo, me mantiene vivo: la lucha entre mis partes. Sin acuerdo.


+ Ha llegado el calor y me afecta de una manera desagradable. Me ralentiza. He tomado café y el efecto no se ha completado. No soy capaz de leer, tampoco de escribir. Cierro la semana sin haber cumplido con mis afanes, el signo y la enseñanza. Los planes siempre son móviles. Cierro la semana, repito.


+ Imagen: En la primera hora de la mañana, cuando el día despierta. [Vivienda militares en Pontevedra, Bar Boo]

sábado, 20 de julio de 2024

Sin indicaciones (23)


+ Pensar en redacciones, en ajustar los textos y en dar órdenes: que esto aquí y allá eso no. Oigo las instrucciones y no sugiero nada. Me complace escuchar. No opino, tampoco nadie me lo ha pedido. El trabajo destila la ansiedad de estar vivo y convierte esa ansiedad en un alcohol peligroso. La vida es peligrosa.


+ Ecos de la historia, como si hubiese un hilo que la explicase. Me gusta pensar que sí, pero mis conocimientos son muy pobres. Escucho, en línea, a Quintín Racionero cuando habla de Hegel, del sentido de la historia, de sí se puede o no se puede desentrañar este. Pienso, cómo no, que murió en 2012 y ahora me está hablando. Qué proximidad con la imposibilidad de interacción con la lectura, ese silencio del escritor hoy lo veo en el brillante profesor, que desde ese éter que es internet me habla. ¿Me habla a mí? La historia es un tema recurrente en ciertas reflexiones que me propongo y no soluciono. La clase resulta importante para volver a plantear esas dudas que no alcanzo a plantear (mis limitaciones).


+ En un paseo vespertino, sin prisa, bajo la humedad y el calor, atisbé un grupo de persona que, en principio, me parecieron curiosas, extrañas, un grupo, tal vez, de cómicos. Según se iban percibiendo mejor, pude distinguir que se trataba de unos nazis. Lo siniestro, lo profundamente desagradable, el asco, la miseria. Con sus atuendos se acentuaba un dolor que como un zumbido llegaba desde el pasado, cuando visitamos Berlín. Uno de ellos llevaba una cita de Hitler en la camiseta, se leía la estúpida frase: “La vida no perdona la debilidad”. Uno de ellos con una camiseta negra, pantalón con miles de bolsillos, botas de policía y un ridículo gorro militar de la IIGM, tal vez de la marina alemana, los demás: ropas de camuflaje, bermudas y sandalias, menos llamativos, igual de asquerosos. Todos tatuados profusamente. Aquel grupo destilaba una violencia sorda, a punto de estallar. Sentí asco. Pasamos a su lado, no había otra, y uno de los gregarios balbuceaba algo sobre defender el espacio que le corresponde a cada uno, el de la camiseta con la vomitiva cita asentía. Estaban de paso, pero el rastro de inmundicia había quedado en las calles, todavía lo percibo.


+ Volví al curso sobre la filosofía de la historia. Escribí, esta tarde de sábado, poco y mal. Leí. La siesta. El gato que caza, un brisa agradable, el rumor del viento entre las hojas de los cerezos. El olvido y la desmemoria como la clave de la felicidad, pero ¿merece la pena esa felicidad? El bienestar se sitúa en el otro bando.


+ Observar el desarrollo de la vida de los gatos es un privilegio. Son extrañas razones de convivencia las que se llegan a comprender. Pero, quizá, la palabra comprender no sea la más adecuada. Una forma de estar, poco más. Solo eso. M. ni quisiera me me mira y se aleja hacia su ocio y pereza, más tarde, tal vez, corretee un poco o se dedique a la caza de topos o ratones, pequeños topos, pequeños ratones. Nada más. Esa es la manera, su inversión también sirve.


+ Espero que termine una descarga. Noticias del siglo XVII. El Barroco. La finitud y ese fino nihilismo, lo efímero, la posición del poeta en el desierto de su esperanza. La espera se me hace larga porque quiero continuar escribiendo y necesito unos datos de una publicación que apareció en 1857. Los arcos temporales atesoran una lección incontestable sobre el paso del tiempo, pero no es su espíritu sino la atmósfera que elevan lo que hoy me interesa, me afecta. Mientras, un desglosarse la fluida melodía de Bach me centra. Sigo con la espera y no me planteo, ya, nada más. Espera, nada más.


+ “Es un mundo: el archivo de la memoria tiene que ser reconstruido”, la frase de Quintín Racionero es una llave. Me abre una puerta que permanecía desde hace mucho tiempo cerrada y me impedía avanzar. ¿Hoy consigo avanzar, traspasar la puerta? Al menos, consigo abrir la puerta. No es poco. 


+ Imagen: dos torres ante las que paso todos los días, pronto tendrán otra piel, serán otras, serán las misma. La reconstrucción es lo diario en sí mismo.

sábado, 13 de julio de 2024

Extraño orden, habitual desorden


+ Continúo con mis indagaciones sobre el tiempo actual, sobre mi presente, que no es un tiempo privativo o privado. No puede ser de otra manera. He visto algunos vídeos sobre Carl Schmitt y he dudado si comprar un libro que se ofrece como una obra de estilo inigualable y, al tiempo, que el ponente pondera al autor también expresa el desagrado que el produce el escritor. Por un momento he dudado, pero decido no comprar el libro y, también, devolver esa Teología política que tomé en la biblioteca. Creo que el resumen en línea que sigo sobre el pensamiento de la ultraderecha es suficiente para tener una idea ajustada. Su estilo, por muy preciso que sea, por muy elevado que sea, no me interesa. Detesto la brutalidad que implica, que se extiende por sus páginas, su justificación del franquismo. No. El estilo no justifica lo abyecto. Ni ahora, ni antes.


+ En el sentido del párrafo anterior, he tomado de la estantería algo de E. Jünger. La calidad de la prosa desvela un tiempo lejano. Con la música sucede lo mismo. El elemento embalsamado no resiste el contacto con el aire fresco. Leo y asiento. Me parecen circunloquios y lo que me gustan son ciertas anotaciones sobre la naturaleza. He leído poco. No me apetece. Recuerdo cuánto me gustó en su momento. Ahora no soy otro, pero he envejecido.


+ Razones que no voy a exponer me llevan a buscar la palabra “arco” en el diccionario. Me asombra la extensión de la entrada. Parece que permanece la idea de curva, la curva es la que le da sentido a la palabra y a su uso en diversas distribuciones. La curva, me digo y pienso en ello mientras suena algo de Bach. La música es una curva, también. Los conflictos, el consenso, la opinión y su refutación, los placeres, el trabajo, los días, la acumulación de conceptos que se diluyen en el morir de cada jornada. El arco, el afán del día.


+ Releo lo que la semana anterior escribí y compruebo que también estaba presente Bach. Podría pensar que se trata de pedantería, pero no es así. Su música me conecta con un espacio amplio y perfecto, personal y único, sin posibilidad de interrupción.


+ Relatos sobre piscinas. Las piscinas son líricas, pero, al mismo tiempo, discretas. En el verano me alejo de ellas, en invierno me atraen. Si tuviera una cámara [¡sí que tienes!, me dice mi Pepito Grillo] documentaría esta realidad. Pienso en ello y es suficiente. Se trata, finalmente, de que hay demasiadas fotos, así: la fotografía ha muerto, a no ser que se trate de una realidad que vaya más allá de la foto en sí misma.


+ Indagar en un vida resulta complejo. Me detengo en los huecos que se presentan en la investigación, la falta de documentos y las suposiciones que se establece mediante indicios. No hay otra posibilidad que una extensa sospecha, primero sobre el biografiado, segundo sobre los biógrafos. Nada queda fuera de esta sospecha. ¿Puedo completar la sospecha con lo que a diario oigo hablar sobre otras personas? Creo que sí. 


+ Fuddy-duddy: [palabras que surgen por ensalmo]. La investigación sobre la ultraderecha no tiene fin. Llego a Sloterdijk, a su página web [en alemán, of course]. Uso el traductor que me ofrece el ordenador y la traducción me ayuda aunque hay algunas lagunas. Lagunas complejas. Restauro la versión alemana y encuentro la palabra [Spießbürger: pequeño burgués], que, a su vez, traduzco al inglés porque no me satisface lo que obtengo y me encuentro con la palabra en cursiva que abre este párrafo. Bien. La palabra se refiere a lo anticuado [old-fashioned] o lo viejo, tradicionalista y conservador, un tanto excéntrico, un tanto ridículo. El gran pensador alemán matiza que esta cualidad de la persona se define porque piensa que tiene más que perder que ganar. Me parece muy acertado y orienta el asunto de la extrema derecha, el cansancio, la degradación de las condiciones vida y un largo etcétera que no voy a detallar, pero que se resume en la desconfianza de lo político. Apunto la palabra y la recordaré como un talismán que me ayudará a abrir la coraza de aquello que nos amenaza. Pequeño burgués, pero hay algo más: lo minúsculo, lo egoísta, el miedo, la identidad, la precariedad, el alza de los precios, el aumento del coste de la vida (etc). ¿No hay, acaso, una pizca de razón en su enfado, en su crispación, en su malestar?


+ Un malestar físico, debido a la inestabilidad del tiempo climatológico, acaba por incidir en mi bienestar emocional. Lo sensible y el deseo de soledad, la constatación de filtros que nos van colocando donde nos corresponde (de otra manera no puede ser, debido a linealidad del tiempo), la sensación de no haber acertado (y esto es falso porque no se trata de aciertos y errores), la voz de las personas, el ruido, la inconstancia en las opiniones, la energía desperdiciada y el esfuerzo de la lectura y la escritura. Todo es una pose, termino por concluir y me refugio, una vez más, ay, en la lectura. Pozos y claustros, silencio o el rumor de un electrodoméstico, el fondo de Bach, tal vez. No soy ordenado, no soy constante, no soy (¿y?).


+ Imagen: extraños modos de mirar a través de la vitrina, a través de la ventana.

sábado, 6 de julio de 2024

Desengaño


+ Las técnicas de redacción me sumergen en la incertidumbre. Soy rehén de sus precisas guías, pero consigo sustraerme y me dejo llevar por mi natural tendencia a la dispersión, que no es bueno, pero es mi principio rector, o, al menos, forma parte de él


+ Hay constantes en los últimos años, constantes temáticas. Una de ellas es las razones del desengaño y su reflejo en la poesía barroca española. He indagado en ello y una parte significativa es codificación, una colección de elementos que se repiten sin mayor novedad que la distribución de las partes en una nueva disposición. Pero, otra cara de la moneda, se resuelve en una sincera sensación de fracaso, que se acentúa por las expectativas puestas en el objeto del deseo. La amada y su desdén, como razón principal de ese desengaño. El síntoma del mal de amor se puede extender a la totalidad de toda la realidad. La realidad como construcción, sin duda. Hoy lo tengo presente y me encuentro con la verdad de lo olvidado, como un tamiz que devuelve lo valioso. Cernir los recuerdos es un ejercicio necesario. El desengaño está en esta senda.


+ “Si queremos ver con evidencia cuán engañosas sean las cosas de este mundo, es un claro argumento de este que ninguno de cuantos las estiman están contentos con su estado, pensando antes de alcanzarlas que lo había que lo había de estar, lo cual es cierto argumento de que se engañaron” [Diferencia entre lo temporal y lo eterno, Juan Eusebio de Nierenberg]


+ ¿Necesito, realmente, discutir al jurista? Sí, sin duda.


+ “Y me di cuenta, como si de una revelación se tratase, que solo Bach me habría de acompañar hasta el último instante. Se detuvo, súbitamente, el vídeo que me arropaba: Die Kunst der Fuge | BWV 1080. No busqué significados ocultos. No había otra literalidad, no había ningún sentido. Todo termina por detenerse y punto. Nada más. Así, Bach establecía los límites, las fronteras vitales, la vida misma se mostraba en su espesor. Caras de la misma moneda. Algo había aprendido y me constaba verbalizarlo, explicarme a mí mismo que todo estaba contenido en esa extraña revelación, tan transparente, tan volátil, evaporada, pero misteriosa y sin posibilidad de interpretación. Quedaría algo similar a la oración, aunque esta alternativa no es posible: se pone el sol y la tarde es noche ya, no queda otra cosa. Llega el sueño, con él, el olvido, el vacío.”


+ No me agrada el calor. El cansancio que me produce, el embotamiento en el que me veo sumido me paralizan. El café hace su trabajo, pero no resulta suficiente. Me gustaría tener el don del trabajo y no lo tengo. Es en estos momentos cuando más consciente soy de esta carencia. Lo fácil, lo muelle, la blanda sensación de la pereza me subyugan. Es mi signo. No creo que se pueda luchar contra las tendencia que nos vienen impuestas antes del nacimiento. Pero ni siquiera me siento necesitado de otro orden, de la imposición de una estricta disciplina. Me vale como me veo. La transparencia de los días y las noches, un fluir armonioso, el descenso al reino del sueño en tranquila disposición. Vale así.


+ Imagen: la solitaria tranquilidad de algunas cafeterías en las tardes calurosas de julio, de principios de julio.

sábado, 29 de junio de 2024

Sin indicaciones (22)

 


+ Pasamos la tarde en Vigo. Entramos en una librería y tomo un ejemplar de una novela a la que se le augura un gran éxito. No me cabe la menor duda. Leo la primera página y hay un error que no entro a valorar. Se confunde el cemento con el hormigón, se describe un embarcadero y se dice que es de cemento. ¿Tiene importancia? En el desarrollo de la novela, en su calidad [mejor o peor, un algo tan variable] tampoco. Dejo a un lado la cuestión y pienso en las novelas de éxito de principios del siglo XX que repasé no hace tanto. ¿Qué ha quedado de ellas, quién las recuerda? ¿Tal vez algún erudito en su gabinete, tal que unas mariposas secas y clavadas en un corcho, atravesadas por un alfiler? Ese rumor de caducidad flotó hasta salir de la librería, luego: una agradable cafetería, un café con leche y unas pastas. Ya, mientras entrábamos en la noche, lejos de Vigo, un helado de queso y frambuesa y otra bola de ron con pasar coronó el día. Sí, mereció la pena; todo estaba olvidado, disuelto en su propia substancia.


+ En una librería de lance, la mujer que atiende el negocio nos dice que el autor del que hablaba en el párrafo anterior no es un mediocre. Que sus libros están bien escritos. No lo dudo. Sin embargo, percibo que la novela es un arte estructural y por eso el estilo en sí no tiene mucha importancia y quizá sea, cuando menos, deseable una escritura de grado cero. Con todo, las novelas que yo he disfrutado y he sufrido no se encuadran, precisamente, en este rasgo del entretenimiento y la estructura, el desenlace y el artificio virtuoso. Se alejan porque se conectan con otras realidades, más próximas al desarrollo temporal. Pero, quién soy yo para opinar.


+ La centralidad del canon literario actual lo ocupa la novela, cuando la literatura se disuelve en un mar electrónico, sin remisión.


+ Ni siquiera soy pesimista. Me duele no encontrar el ejemplar de Sobre héroes y tumbas. Apareció Absalón, el exterminador, pero no es lo que necesito. En realidad, no necesito nada.


+ Calurosa tarde de domingo. Sábato a la espera, siempre queda la biblioteca [un refugio, un archivo].


+ Pensar la diferencia entre biblioteca y archivo es una manera de soslayar el tiempo que he perdido en busca de libros que tengo y no encuentro. La biblioteca tiene un propósito y el archivo carece de esta característica. ¿Acumulo o, por el contrario, ordeno mis libros? Creo que lo primero, con acentos de lo segundo. En primera instancia, ordeno, pero el uso va desmoronando el orden y, es aquí donde estoy ahora, surge ese caos donde no aparece aquello que necesito. En tiempo es nuestra materia, el bien más escaso, por esa razón no se debe malgastar [como yo hago, con frecuencia].


+ Entre las razones para fundamentar una enseñanza retórica en los últimos momentos de la Edad Media me encuentro con poemas que me trasladan a un mundo que no existe ya o, cuando menos, soy yo el que lo elabora mediante estas lecturas y mis suposiciones. Este terreno es el que hoy me interesa, el de la construcción y su primacía entre las elaboraciones personales de una particular mitología, particulares cartografías y planos de ciudades imaginarias. A la manera de Pinaresi, encuentro en este laberinto el afán del día. Según el viernes se aproxima, veo destellos en la lectura. Así, vale.


+ Pinaresi en la otra esquina. Ese soy yo, hoy, mañana: una duda.


+ Imagen: aproximación y geometría, otro disparo involuntario que se rescata, recorta y expone a la vista.

sábado, 22 de junio de 2024

La sombra de un sueño

 


+ Hay dudas que me asaltan, y, aunque en principio pueda parecer paradójico, pero no lo es, aportan serenidad y orden en el discurrir de los días. Cada día tiene su afán. Y, como correlato, su cuestión, su pregunta nuclear. Se trata, en este caso, de la constitución del gusto. Acudo a Kant, pero luego me disperso en poéticas y razones menos técnicas. Me quedo con la apertura de Los bello y lo sublime, en donde se viene a decir que el disfrute estético está más en la persona que en el objeto [más o menos, menos que más]. La duda me rescata de otras reflexiones, preocupaciones o antiguos interrogantes que producen miedo, terror, angustia. Sin embargo, se puede decir que he aprendido a construir compartimentos estancos para alejarme del dolor. El dolor, que no se debe permitir. Así, encuentro la explicación satisfactoria para el día de hoy sobre el Romanticismo. Para finalizar, ¿durante cuánto tiempo estará vigente la respuesta? No importa. Cada día tiene su afán. 


+ Toda propuesta estética caduca en el momento en que se manifiesta. Leo, en una introducción a su poesía, a la poesía de Luis Alberto de Cuenca, que la poesía debe huir de “su propia y tediosa iconografía”. Claro, en un mundo perfecto todos sus ámbitos serían perfectos. Pero la identidad sobrepasa lo necesario y se instala en lo vital. El rostro del poeta es una construcción y todos esos reclamos a la comprensión se desentienden de ese mensaje hermético, tan necesario para el que encuentra ahí, en ese espacio, un territorio propicio para magnificar su yo. De eso se trata, en un aspecto, el aspecto que no resuelve la totalidad. Continuo, leo sus poemas y me siguen llegando como la primera vez. Es un privilegio.


+ “El editor Ignacio Arellano, disfrazado de Humphrey Bogart, tranquiliza al poeta en un momento de ansiedad, recordándole un pasaje de Píndaro, Píticas VIII 96” [Soneto]. Este es el poema que leo tras lo que antes escribí. Y la cita de Píndaro es “Somos el sueño de una sombra, amigo”. Ahí queda. Vale.


+ ¿Soy yo la sombra de un sueño?


+ [Más o menos]: concepto de historia: articular históricamente el pasado no significa conocerlo como ha sido, sino adueñarse de un recuerdo de cómo este relampaguea en el instante del peligro. Esto no es otra cosa que la reelaboración de una cita de Bejamin.


+ Recuento de personas muy brillantes que me llevan a entender que, desde cierto silencio o ocultación para la mayoría, son ellos los que mueven los resortes. La idea se reviste de complejidad, pero veo un indicio difuso en esta configuración. 


+ ¿La belleza es el velo de la verdad?


+ “Incluso un solo cabello tiene su propia sombra” (P. Siro).


+ Por una confusión en la lectura brota una tontería: “Luces led para reír, luces led para llorar”, como un viento que llegase de un incierto surrealismo. La mañana no es menos caótica, en la fricción con las personas y sus afanes.


+ Imagen: el recorte de una foto disparada sin pensar, el recorte sí está meditado y medido. Una estela, el anonimato, el tiempo que se detiene y se transforma.

sábado, 15 de junio de 2024

Intenciones y propósitos (genealogías)


+ La fijación de los recuerdos me resulta extraña. Difícil de explicar. Hoy, segundo sábado de junio, recuerdo cuando fuimos C. y yo a Madrid, hace poco más de una semana, y decidimos tomar una merienda de café y tartas, algo caras, pero, al tiempo, una experiencia plenamente satisfactoria. En el salón de la pastelería estaban dos mujeres que hablaban en francés, una nativa, la otra española. El hecho de compartir un café y hablar en francés me pareció algo elegantísimo, si es que esta palabra tiene cabida en mi vocabulario actual (tal vez se trate más que nada de una arqueología personal: lo elegante es el emblema y lo vulgar el crucifijo para el vampiro). La española pronunciaba muy mal pero hablaba con una gramática correcta, subordinada a la norma (hasta donde yo conozco). Ay, las caras porciones de tartas riquísimas (una de mis preferidas: selva negra) y el francés transformado en estímulo en el último día de mayo. Así, pienso en el porqué de esta rememoración, hoy segundo sábado de junio, y me parece una manera de crear un mundo mediante elecciones y afinidades, sentir la caricia del tiempo, suave e implacable, esa mano de hierro en guante de seda. Recuerdo el escenario, los sabores, las formas y la amplitud del momento, creo que por un instante fuimos eternos, luego debimos tomar el avión y regresar el mundo de los mortales. Pienso que ellas siguen allí, hablando de lo cotidiano, pero en francés, con risas y alborozados cafés y pastas pálidas, tal vez un té verde o rojo, tal vez no. Persiste la memoria.


+ Día de votación, lectura de Antígona.


+ [Pulp - “Sheffield Sex City”]: la ocasión de recuperar la música de Pulp es propicia. Reconstruir aquel mundo de hace diez años, volver a ver ciudades del Reino Unido, su perfil en la noche, viajes en autobús en la profundidad de la noche, camino del aeropuerto. Música para rememorar. Todo es recuerdo, pero flota su vibrante idea sobre la trama urbana y creo que de eso se trata. Teatro de lujuria y olvido, la ciudad se expande, se contrae, chocolate y cigarrillo, café y lectura. Hace tiempo que no fumo, pero su estela permanece. El hormigón, el asfalto, el centro de la ciudad y la exclusión del extrarradio. Lo recuerdo y duermo. En fin, la canción se publicó en 1993, por lo tanto han pasado 31 años. Un suspiro, en definitiva. Jarvis en ese entonces tenía 30 años. Hoy tiene sesenta, a punto de cumplir sesenta y uno.


+ Sigo con el libro de Alberto Santamaría Un lugar sin límites. Música, nihilismo y políticas del desastre en tiempos del amanecer neoliberal. Ahora sigo una presentación que el autor hace del libro en una librería de Santander. Resulta importante subrayar que no se puede separar al autor de su momento, de su contexto, a riesgo de caer en la hagiografía. Retengo la idea y sé que la tengo presente a lo largo del día y es es una piedra de toque para cuando escucho a otros con intereses o me veo en la obligación de emitir una opinión. Aunque, la verdad sea dicha, escucho más que hablo. Sin contextos cualquier idea está en el aire, cualquier aspecto creativo. La cultura sin política no es tal, salvo que por una inversión se nos muerte como metáfora ese pretendido vacío o vaciado. En fin, continuo con la lectura. Las esperanzas truncadas, los conceptos que se pudren.


+ Vivimos en la estela del pasado, no hay compartimentos vacíos sino vasos comunicantes. Acerado atardecer. Una disonancia y un trazo sobre el paisaje. Mi yo es un otro, pero el liberalismo está ahí, para condicionarme. 


+ Se termina una semana y ha habido cambios, imperceptibles pero importantes. Una declaración de intenciones que se hace solida en sus propósitos, más firmes, más dirigidos. 


+ Imagen: lo cotidiano, el perfil de nuestra indumentaria nos condiciona y define.

sábado, 8 de junio de 2024

El rumor del hastío



+ “Solo como ficción el ser perdura”, leo un poema de Jaime Siles. Me quedo atónito, se trata de una revelación. La ficción de lo diario sobrepasa a la novela, pero no alcanza a la lírica. Pienso en el complemento directo y en la presencia/ausencia de la preposición “a”: “a la lírica/ la lírica” o “a la novela / la novela”. El tiempo se desliza en la ambigua tarde de primavera mientras la espera del viaje no ws una posposición. Atardecer aristocrático del gato que no le interesa más que su pereza. Así, la noche fagocita al día.


+ Vídeos donde escruto las viviendas de los poetas, unos ciertos poetas burgueses. Siento que la poesía es menos poesía cuando me asomo a esta cotidianidad. La culpa, ¿la culpa?, es mía. Mi tendencia a la taxonomía me traiciona, cada nicho resuelve un problema. Es cómodo. Regreso a los libros y trato de olvidar el decorado. Pero mi decorado también es un retrato. Me gusta el anónimo paseo por los arrabales en las últimas horas de la tarde y la falta de atributos. Ay, ese hombre sin atributos que no alcanzo. Mi imagen, mi traición. Los gatos guardarán mi secreto.


+ Y recordé un tren de juguete que reproducía con gran exactitud los vagones en los que viajábamos, cuando niños, hacia la tierra de mi padre. Vagones verde oliva que enlazan tiempos grises y profundos con el ahora presente. Lo recuerdo. Compartimentos que olían a tabaco y a bronce (cuál es el olor a bronce), a gastados anhelos, esperanzas y traiciones, el trabajo duro y los viajes eternos. El paisaje se desarrollaba ante nuestros ojos y, luego, meses más tarde, aquel tren de juguete daba vueltas. También nosotros. Fuimos y volvimos. Estaciones de tren, cantinas, refrescos color naranja y amarillo, vasos muy gastados, mesas refregadas, el sabor de las chacinas, el reflejo del río contra las casas, en la otra orilla, mientras el tren se desliza. Recordé ese tren de juguete, aquellos vagones en los que viajábamos a la tierra de mi padre, porque leí un poema y era ya la mitad de la primavera. La prosa poética se diluye en el tráfago de la rutina oficinesca. Ese rumor de hastío.


+ [Reconciliación con la fotografía (o no)]: La muy breve visita a Madrid nos ha permitido, a C. y a mí, visitar la exposición de Erwin Olaf. Después de tanto tiempo, vemos fotos que nos muestran realidades con un interés que va más allá de la representación, la exacta representación que he últimamente tanto hastío me produce. Sin embargo, la fotografía de E. O. es una posibilidad o un soporte para la expresión narrativa, teatral o cinematográfica. Va mucho más allá de lo que por foto se entiende habitualmente. El marco fotográfico resuelve el problema del soporte, pero, como instrumento que es, no termina la obra en sí misma. Me gustó mucho la apertura al criterio del espectador, también una suerte de reflexión política que trasciende la denuncia testimonial o documental, porque crea y la creación no es otra cosa que forma, la calidad y la puesta en escena, el desvelar el proceso mediante un vídeo, superó todas mis expectativas. Se unió a la visita a lo de Tàpies y el día fue redondeado mediante paseos, compras y golosinas en caras confiterías. La vida adquiere sentido por estos gesto de amor y ternura. El paseo, la cultura, la conversación.


+ [Breve reflexión o un apunte sin mucho fundamento]: Cada nueva tecnología abre una posibilidades que facilitan a ciertos individuos fundar un ecosistema perfecto para su propio desarrollo y para su propia vida. En este sentido, las redes sociales aportan músicos, críticos literarios, periodistas, actores (…), que son en virtud de ellas. Por ejemplo, hace poco leí algo que decía una figura del flamenco: en las escuelas de flamenco deberían orientar a los alumnos a las redes sociales en lugar de los festivales, porque estos últimos hoy por hoy no tienen relevancia. Así, surgen estrellas que su poder está en el número de seguidores. Triunfos del pasado hoy no serían posibles, a no ser que pasasen por del dominio de ese filtro que ha impuesto este primer cuarto del siglo XXI.


+ Vibra la cuestión de si estamos o no estamos en un periodo similar al de entreguerras en la Alemania del siglo pasado. Recordamos la cita de que el pasado no se repite sino que rima. Creo que el fascismo pertenece, como término, al ámbito de la historia y en este momento nos encontramos en un ámbito “post”, que se relaciona con camaleónicas derivas autoritarias que adoptan la piel de la democracia sin aceptar el principio básico del respeto a la institución. El movimiento oscilatorio se percibe a lo largo de la historia sin dificultad: ahora bajamos hacia sabe dios qué, pero lo estudiado puede contribuir en adivinar consecuencias. Eso vi en la Madrid, la calma y la desigualdad, la aceleración y el reducto de la exposición de Erwin Olaf. Con todo, las batallas nunca se pueden dar por perdidas.


+ [Tàpies]: Fue un reencuentro con la infancia, la adolescencia y la juventud. Me encuentro con la capacidad de descubrir lo importante, con un afinado gusto que nace, ahí, en la infancia. Grandes formatos, la experiencia de descubrir la figuración y la trayectoria de un pintor. ¿Es pintura o se trata de otra cosa? Enfrentarse al paso del tiempo y ver que sigue en pie la obra, el gusto por la obra, ese haber acertado y alzar la palabra, aunque sea susurrando al oído de C., con acierto me produce satisfacción. Qué necesitado estoy yo de ciertas satisfacciones. Pues de fortalecer la confianza se trata, porque si la tarea deseo terminar solo puede ser por esa vía: el convencimiento, la seguridad, el amor por la trabajo bien hecho. Vale. 


+ Una foto antigua en este mismo blog retrata a Manuel Segade, el que ahora es director del Reina Sofía. La foto tiene más de cinco años, quizá siete. En realidad, no soy capaz de fechar la foto. Quizá fue en una conferencia en ARCO. Mi tendencia al arte y mi alejamiento del arte, un viaje de ida y vuelta. Sé que comprendo algunas cosas y confío en que puedo determinar los límites de mi conocimiento. Esto último es más importante que el saber mismo, porque estructura el conocimiento. No hay otra posibilidad que esta amplia concesión a lo inútil, que, al final, es lo que realmente importa. Tengo un mapa con grandes lagunas, pero percibo el contorno. Recuerdo la conferencia de M. S. Sigo con lo mío, a pesar de dudar, trabajo por fortalecer la confianza en la empresa.


+ El rumor del hastío, lo acallo. 


+ [una posible] Lista de intereses: la prehistoria, el siglo de oro, el siglo xix, el periodo que va desde la 2ª República hasta la restauración de la democracia, la España de los Austrias menores. Una lista que salta espontáneamente tras coger de su lugar en la estantería un grueso tomo de Historia de España dirigido por Tuñón de Lara, eso creo, y editado por Historia16. Queda constancia, sin más.


+ Imagen: arquitectura recortada, un escalera interior, el edificio neoclásico, su extensión en lo diario. Una atenuación. 

sábado, 1 de junio de 2024

La educación sentimental


+ “He estado durmiendo hasta las seis / Y después he leído / Unos tebeos de Spiderman / Que casi no recordaba / Y he salido de la cama”, suena la canción de Los Planetas en el surtidor aleatorio que la radio en línea ofrece. Conduzco. Fluido y vaporoso es el desplazamiento. Vamos de regreso. C. y yo compartimos la idea sobre la perenne adolescencia que ciertas canciones aportan. La  impermanecia es palpable en el lluvioso día. Todo pasa y nada permanece, un hecho que contrasta con la negativa a crecer que la canción de Los Planetas transmite (los que disfrutábamos en el momento de estas canciones tenemos más de cincuenta años, como mínimo). El cambio explica casi cualquier cuestión (el resto se resuelven mediante la arbitrariedad de lo social), digo sin pensar mucho. La música acota el tiempo y define personalidades. Elecciones y rechazos. Una guía de estilo, un manual de buenas costumbres, que sancionan lo correcto y desprecian lo incorrecto (cuánta vanidad, qué estúpidas poses adquiridas). Acatamos principios de ese manual por el simple hecho de sentirnos aceptados. La tristeza, la inmadurez, concluyo y la vía se muestra limpia, con una conducción, otra vez, fluida. La tristeza es elegante. El concepto de elegancia y el concepto de autenticidad se dan la mano. Y suena, tras lo de Los Planetas, “Emborracharme” de Lori Meyers. Me fatigo ante el despliegue de quejas y flaquezas. El cansancio y el recuerdo, la distancia. El tiempo ha pasado, queda una sensación desagradable que pronto se transforma en ironía, entre la risa y la equivocación. Yo ya sabía en su momento que esos credos eran inflamables y poco duraderos. La atracción de la tristeza ocasiona daños que se perpetúan durante años, décadas. Enfados y malhumor, el intervalo entre lo sublime y lo abyecto es un hueco profundo, aunque estrecho. Ay, los huecos.


+ “Me he despertado casi a las diez / Y me he quedado en la cama / Más de tres cuartos de hora / Y ha merecido la pena”, de la misma canción de Los Planetas copio otro fragmento y trato de no pensar en nada, pero, termino por decirme, cuánto daño han hecho estas subterráneas ideas que por capilaridad han demolido cómodas vidas destinadas a reinar sobre lo cotidiano. Qué vanos anhelos se superpusieron a las necesidades del día a día. ¿Escuchamos pop porque estamos tristes o estamos tristes porque escuchamos pop?, alguien planteaba y yo sé, hoy, que ambas posibilidades son caras de la misma moneda. Antigua templanza, ahítos de mismidad, enrocados en la adolescencia que algunos prolongan hasta la cincuentena o más (ad nauseam). Esa fue una parte importante de una cierta educación sentimental.


+ La educación sentimental es una novela de Flaubert, que descansa en algún anaquel. Es más, creo tener dos o tres ediciones. La recuerdo como una explicación de las decepciones del paso del tiempo. Cómo estudié en su momento a Frederic Moreau (!). El discurrir vital y amoroso F. M. explicaba muy las derivas frívolas de una adolescencia prolongada en exceso. Lo altivo del arte y lo fútil de los cuerpos, su degradación y el camino hacia la vejez. Cuando ella accedió a los de deseos de F. M., ya era una anciana. K. y yo hablamos sobre el tema. Todo está abocado a esa decadencia que tan bien plasma Flaubert, asunto, en buena medida, autobiográfico. Lo recupero hoy, tras escuchar sobre Los Planeta y Lori Meyers, por ejemplo. Hoy, aquí y ahora, estamos en esa decadencia, cuando se estrena una película sobre los primeros, que, obviamente, no iré a ver.


+ Por casualidad un poema de Pound y comprendo cosas que había olvidado. El momento es este. “Francesca”, un tiempo y un triunfo sobre ese mismo tiempo. Poemas que no leí hasta ese momento pero que rememoraban paisajes y voces del pasado, que ahí estaban, a la espera. Transparencia en la tarde de los últimos días de mayo, mayo de 2024 (como si escondieses una rima imperfecta, 2024). Obtengo una impresión no equivocada de cierta poesía olvidada. Como una vibración. Hablé con el autor el verano pasado en Ávila y fue un algo agradable. Pero nada más. Aquella llama de la poesía que todo lo incendia no existe más allá de los propios libros. Como “Francesca”, nada más que libros. Los libros son un triunfo sobre el tiempo. Oquedades en la biografía, también: la educación sentimental.


+ No tiene sentido, pero he comenzado a sentir un extraño rechazo por la fotografía en su totalidad. No me agrada. Un rechazo que no deja de crecer. Sé a qué se debe y guardo este secreto. Es un talismán rato y absurdo. Tampoco está mal contemplar lo visto y lo olvidado desde otra perspectiva. Se trata de establecer fronteras, límites y olvidos. El olvido. Pero, ¿qué culpa tiene el arte fotográfico?


+ Ay, la culpa, si no se trata ya de eso. Bien, al contrario. Ni culpa, ni mérito.


+ Imagen: una pulida rutina.