sábado, 5 de octubre de 2024

Mini-break

 


+ [Fuera de foco]. Entramos en la librería de lance. Rebusco y encuentro muchos libros que me interesan. Sin embargo, decido no adquirirlos. Tantos tengo, tantos por leer. Un acierto. Leer, vaya, es un vicio solamente superado por la loca pasión de comprar libros, que, probablemente, nunca se leerán. “El que lo probó lo sabe”. Así, con esta convicción, me adentro en la estantería de pensamiento, filosofía, ensayo y aledaños, con un orden más acumulativo que clasificatorio, un defecto que tal vez no sea tal y que proporciona hallazgos inesperados. La cala da como resultado un flamboyante ejemplar bilingüe (latín y castellano) en dos volúmenes de La guerra civil Julio César, en Alma mater (CSIC): tapas duras en tela verde con filete dorado. Tan solo 18 euros los dos tomos. Un regalo. No lo compro y creo que no me equivoco. Con todo, hay algo que me reconcome y termino por tomar La República de Platón. Se trata de llevar un solo libro a Sevilla y ese es el propósito de la compra. ¿Propósito o excusa? Lo abro y tiene el nombre de la anterior propietaria escrito a bolígrafo en la primera página, en la segunda otra vez su nombre, esta vez a lápiz. No puedo resistir el vértigo de la búsqueda. Las posibilidades de la red se resuelven en que la investigación arroja el resultado de que C.A.G., con la iniciales es suficiente, falleció el año pasado a la edad de cincuenta y cinco años. No sé que pensar. ¿Nada? Yo ya lo sabía, todos aquellos libros pertenecen a los muertos, como los que tengo yo en mis estanterías. Es una enseñanza que hay que tomarse con alegría porque, al final de la jornada, ni los libros ni los objetos nos pertenecen, pues no dejan de estar en una suerte préstamo. Ese círculo, de radio casi infinito, que implican las librerías de lance, los anticuarios, los mercados de pulgas […] Estaba claro: compraba el libro de Platón, pero el libro regresaría a ese disco eterno donde se funden todas las vanidades.


+ [Mini-break]. Hemos pasado tres o cuatro días en Sevilla. Ha sido un hermoso viaje. Con su programación bien ajustada, con un amplio margen para la improvisación. La música, la arquitectura, la pintura. El paisaje urbano, los bares y la charla, bendita charla. Hubo una pequeña cala, un descenso al pasado con la emergencia de un pesar que no se cura, pero que está apartado con inteligencia y estrategia [esa mirada puesta en el futuro, la anticipación a la tormenta permite una navegación más segura]. Se difuminó. La ciudad nos encandiló.. Una perla de felicidad que atenúa la problemática existencial. La ruptura de la rutina es una bendición porque esta rutina existe. Parece una tautología y no lo es. No leí casi nada, salvo las dos primeras páginas del libro del que hablé en el párrafo anterior y El País. Entendí cosas sobre el flamenco y recordé canciones de la adolescencia, entre Pata negra y Morente. Es la vida que se sedimenta con la sabiduría del tiempo recuperado [a la manera de Proust o no]. Poco más, por el momento; aunque tengo la impresión de que volveré sobre este paréntesis [si el encabezado del párrafo anterior, que también le da título a esta entrada, está en inglés porque me parece ajustado a este tiempo que me toca vivir, que nos toca vivir].


+ He vuelto a Daniel Darc,  “C’est moi le printemps


+ No tolero la expresión: “en mis tiempos”; aquellos tiempos y estos son el contexto, del que nadie se puede evadir. En fin, tampoco se puede ser tan quisquilloso [o sí].


+ Monito [nuestro siamés] me reconoce. Tras cinco días fuera, después de darle algunas golosinas, me reconoce y me adula. Toda una lección de vida.


+  Pesada, insistente, gris. Ha regresado la lluvia y noto un descenso en la energía. Es ese gris, un gris que hace palidecer el paisaje, la traza urbana, los rostros. La energía se diluye en un rítmico repiqueteo de gotas contra el pavimento, contra las fachadas, contra los cristales. Lejos queda la escapada [término preferible, mil veces, a mini-break, pero el último se adaptaba mejor a los días que C. y yo pasamos en Sevilla por ensalmo de la vida moderna, el mundo moderno]. Puedo pensar en esos días de Sevilla, pero no me sirve de consuelo. El pasado siempre es moldeable, aunque, a veces, como es el caso, hoy, falte la fuerza, el impulso necesario para recuperar la ebriedad y la erótica del momento pretérito, del instante feliz. Así, descanso. En el sopor. No me duele la cabeza, pero sí percibo una incierta pesadez que me paraliza. No me gusta. Trato de pensar en como la noche se adueñaba de Sevilla y regresabamos del concierto de Riqueni, Algún grito en el regreso al hotel, el hiriente rasgar de la sirena de una ambulancia, las verjas que bajan con estruendo. Nada más. Aletargado el recuerdo espera momentos mejores. La lluvia es pesada, insistente, gris. Es tarde y no tengo ganas de escribir, nunca tengo ganas de escribir [y, sin embargo, escribo].


+ Imagen: la presencia de la abstracción, constante y perceptible (casi siempre).


sábado, 28 de septiembre de 2024

La fotografía, un reencuentro: la teatralidad




+ La idea, que viene de unos meses atrás, se ha cuajado desde el último día de mayo del presente año (2024). Fuimos a Madrid C. y yo con el objeto de ver una amplia retrospectiva de Tàpies. Cumplimos nuestro propósito y resultó más que satisfactorio. Días antes del viaje relámpago [cómo me gustan las colocaciones léxicas] yo indagué sobre la exposición a visitar. Datos que me sirvieron para recordar y para descubrir facetas del multifacetado universo del pintor catalán. En todo ese maremágnum que me ofrecía la red, por esas casualidades de la errática navegación, recalé en la página de PhotoESPAÑA y me encontré con la, también extensa, muestra del fotógrafo holandés Erwin Olaf. La propuesta de tan teatral resultaba acogedora, inquietante y con la promesa de la esperada reconciliación con la fotografía. No  lo dudé.


+ Erwin Olaf: Hace poco tiempo volví, otra vez, a su página web y rescaté aquella sensación de tener frente a mis ojos la solución a la pregunta que plantea el entramado teatral que se constituye en torno a la vida. Concretamente, Im Wald. El bosque, las personas que lo habitan (durante un breve tiempo, durante toda una vida, a lo largo de un fragmento importante de su vida), el colosal y magnético blanco y negro, la inconmensurable fuerza de la naturaleza atrapa en la tintura romántica [intencionada y cínica pose], las capas narrativas que estratégicamente se superponen. Por ejemplo. No se trata, ahora mismo, de indagar en la vida, en la formación, en la obra del fotógrafo. Al contrario,  todo gira sobre el eje de aquella sensación antes nombrada: el teatro como prisma desde el que entender la vida. Ahí comienza a fraguarse el reencuentro: en ese preciso punto, en aquel 31 de mayo de 2024.


+ Estos días, en la nombrada y errática navegación por la red, encontré la obra de Marta Soul. El punto de unión con el autor citado en el párrafo previo está situado en la teatralidad, que es ahora, grandemente y para mi uso, el interés que tengo en la fotografía. Indago en sus imágenes y me ayudan a transformar lo rutinario en escena. He conseguido tener una intuición propia, sin mayor anclaje que el que yo propongo. Deliberadamente, incluyo a la fotógrafa en una suerte de canon. Termino y pienso que tan errática la navegación no resulta, pues los puertos a los que llego son gratos y allí donde se ubica lo que no me interesa, no recalo. Lo rutinario es un campo para la experimentación. Lo común, lo trillado, la rutina, la sucesión de días y tareas. La captura de estos instantes motiva una reflexión sobre la propia constitución vital. Más allá de estas fotos, hay otras y otras que no se han disparado y no se dispararán. Ese vigor en la constitución de la imagen nutre la mirada y, así, me puedo sentar en una terraza y ver pasar gente. ¿Hay fotografía ahí? Quizá la palabra no sea fotografía y sí teatro, la teatralidad. En esta unión entre lo primero y lo segundo estoy.


+ Finalmente, esta reconciliación con la fotografía está relacionado con que he asumido la complejidad, la extrema complejidad, de las sociedad en las que vivimos. Entiendo que es desde ahí desde donde hay que establecer los contextos necesarios para cualquier lectura. El teatro que guía lo vital, entre muchas otras razones, me ayuda a cartografiar esa complejidad, tarea imposible: la cartografía de lo complejo


+ En relación con los autorretratos de Erwin Olaf, alguien dice que vivimos en la sociedad del yo. ¿El yo en el centro de la escena multiforme que se constituye en el espacio público, físico y digital? Sí, eso mismo.


Nan Golding: Tengo un pequeño libro de Nan Golding. He repasado muchas veces este pequeño libro: imágenes de su vida, que se traducen en un diario ajeno a los usos acostumbrados, pero con la misma descarga y asunción de la intimidad. Explícito, con una continuidad muy marcada y con la extensión de lo inmediato. El hilo rojo que instituye la continuidad de sus fotos tiene una coherencia férrea y, al tiempo, extraña, porque el mundo cotidiano que retrata es extraño. Como extrañas son todas las vidas. La palabra extraño (-a), en principio, resulta un tanto vacía, sin embargo, hay una acepción que el diccionario manifiesta de manera inequívoca la naturaleza que ahora me interesa: “De nación, familia o profesión distinta de la que se nombra o sobrentiende, en contraposición a propio.” Ese alejamiento de lo propio me parece un rasgo importante, ese extrañarse de la circunstancia personal y cotidiana coloca al espectador ante la misma posición: la vida es rara, vivir es raro, pero los automatismos emboscan nuestras propias rarezas (Drae: Emboscarse: “Entrarse u ocultarse entre el ramaje”). Esta realidad no es única, pero tampoco falsa. Hay un mecanismo instintivo en estas fotos que se transforma en voluntad de romper lo dado, porque bajo las capas superficiales encontramos una inconsciente realidad: erótica, monstruosa, violenta, ebria, marginal, absurda o tierna. Se puede, en este sentido, entender  la cámara que utilizaba la fotograma: una Contax t3 [robusta, compacta, pequeña, con flash incorporado] como un emblema. La renuncia a la complicación en beneficio de lo transparente y verdadero. Ese gesto improvisado y provisional se muestra con claridad en sus fotos, que no está alejado de la vida misma, su vida. Ese gesto es el que me interesa y es el donde se inserta este reencuentro o reconciliación. 


+ La casualidad me conduce a la biblioteca pública. Entro y tomo un libro que me conviene para mi investigación, Una larga lealtad. Filólogos y afines de Francisco Rico. No es el tema. Hay, a la entrada de biblioteca, un estante de libros para llevar y no devolver. Entre ellos encuentro un pequeño catalogo de una exposición en Banco de España de su colección fotográfica. Lo sumo al botín. La exposición ya pasó. From Albumen to Pixel. Ni siquiera lo he ojeado, pero ahí está, a la espera. Transcurre la tarde con sus trabajos y descansos. Abro el libro y el material es heterogéneo e interesante, por la disparidad temática y por la lectura que ofrece este solaparse. Lo cierro. Postergo su lectura y regreso all estudio.


+ [El librito está en inglés].


+ Una cita del librito anterior: “Life passes, but the image remains” (Ramón y Cajal).


+ Las fotos, las cámaras, los fotógrafos anónimos, mi relato en imágenes, lo que hablan de mí, lo que de mí callan.


+ Imagen: las tres fotos que cuelgo hoy tienen en común que no hay sujetos, solo espacio, aunque son espacios para los sujetos, para sus vidas, para sus trabajos. ¿Se pueden considerar fotos arquitectónicas? De ninguna manera. Estas fotos intentan elevar una idea de ausencia, ausencia concurrente en todas las fotos que he ido publicado aquí desde hace más de diez años. No hay una conexión necesaria con el texto, pero esta puede surgir espontáneamente, aunque sin intención. Se trata de la continuidad con lo anterior. Así lo entiendo yo y no puedo, ni sé, ni quiero mostrarlo de otra forma.

sábado, 21 de septiembre de 2024

Otra hoguera

 



+ Lo vano y lo sutil gobiernan, no pocas veces, el día a día. Basta que por error nos llegue un correo electrónico para constatar la estupidez de una persona, su falta de entidad, su estólida transición de la nada a la nada. Me interesa observar cómo crece en esta persona la pasión por acciones que antes le resultaban tediosas y como este crecimiento no se debe a otra cosa que a una suerte de resorte de socialización. Lo apunto y lo advierto a mi mismidad: hay principios inamovibles: las personas, fundamentalmente, no cambian, pueden mejorar, pero existe un principio rector que se mantiene a lo largo de toda su biografía. Queda el principio rector constatado cuando finalmente fallece y, al estudiar su vida, esta se explica por su misma, con la perfección que otorga el principio, el medio y el final. Lo vano se ha impuesto esta semana y no he podido hacer nada, tampoco lo he deseado. Lo dicho: acechar, estudiar, guardar silencio. El observador vierte en este espacio las notas que ha tomado. La caza se traduce en la nota misma. 


+ Un día de la semana pasada, por ensalmo, me encontré con una entrevista en donde se ponía en cuestión todo un movimiento musical que en su tiempo me interesó mucho y en el que, de alguna manera, participé. Participe, sí, como espectador y en la elección de mis atuendos. La música indie, esa suerte de cultura urbana de finales de los noventa y principios del milenio, pero también un cajón de sastre. Indagar en su génesis y en su ocaso se traduce en la investigación sobre el paso del tiempo y el camino hacia la edad madura. Siempre ha sido así, siempre será así. De la misma manera, los términos que emplean hoy los más jóvenes mañana serán materia arqueológica. Me concentro y lo dejo a un lado. Prefiero el instante. aquellos momentos resultaban gloriosos, pero no por sí mismos sino porque la juventud se estaba desvaneciendo. Todo acto de despedida aporta lírica y melancolía, resta prestancia, pero este es otro tema. Reconocí que había una gran falta de competencia musical, algo que ya percibía en su momento, pero, como dijo cierto cantante, la música es cuestión de actitud (¿y el talento?). Ya no hace falta destreza en la técnica, la tecnología ha suplido el estudio y la disciplina. Hoy por hoy, en mayor medida. Pero, cierto es, se trataba de una cuestión de actitud.


+ [Prince & The Revolution - “Raspberry Beret”]. Continúa su trabajo la melancolía. Intenta, la pobre, sin éxito, socavar los hermosos días del final de verano, cuando ya el otoño se adivina en las puestas de sol, en el oscuro y nocturno camino al trabajo [6:40 A.M.]. Me alegra el regreso a casa la canción de Prince. Hermosos días del pasado que se reflejan en las últimas horas de luz de la tarde de septiembre. El día termina, la noche reina y el coche se inunda de música y alegría. Prince, qué grande. Pronto iremos de viaje y este no es un mal presagio. No soy supersticioso, pero me gusta dejar marcas en lo diario que infundan color a las tareas diarias, a sus afanes y a sus precisos límites, los perfiles. Las definiciones vagas también me atraen por la poesía que contienen, por esa falta de apreciación que deja un gran margen a la inventiva. Atraviesa el cielo una nube, despacio y casi imperceptible en la profundidad de la noche. La canción de Prince eleva su magia entre las copas de los árboles, mañana es lunes y la vida nos sonríe. ¿Qué más pedir? La boina color fresa o frambuesa, ¿fresa o frambuesa?


+ La pregunta anterior carece de sentido y ahí radica su necesidad. Ese punto dadaísta que requieren ciertos afanes diarios, para verse contrarrestado. La insuperable modalidad que lo aleatorio ofrece. Esta es la utilidad de lo inútil.


+ He vuelto a ver a los dos actores de papel sobrevenido, en sus entallados atuendos, en sus floridas chaquetas, en sus inalcanzables tacones. Pero ahora regresaban de la playa y su brillo se había diluido. Así de frágil es la estampa que arrojamos, impermanente, deslucida en cuanto la función se termina. El teatro tiene una realidad tras el telón, en la fría humedad del camerino los rostros se enfrentan a la implacable sentencia del espejo. No son secretos para nadie, todos nos vemos en el espejo y, ay, hay momentos donde resulta imposible reconocerse. Así, así estaban aquellos dos actores del momento, en sus papeles sobrevenidos. Sin embargo, y eso me alegraba, había un rescoldo de celebración que puede hacer que prenda otra hoguera.


+ Hogueras que iluminan la travesía.


+ Imagen: La última hora del día, la primera hora del día. Hogueras.


sábado, 14 de septiembre de 2024

La sombra de la ceniza, una constatación



+ La Metafísica de Aristóteles se abre con la afirmación de que “[t]odos los hombres por naturaleza desean saber.” Un amor, dice un poco más adelante, al margen de utilidad. En ello estamos y en ello descansamos. La explicación nos sirve y nos orienta, pero nuestra limitaciones nos inquietan, porque no hay posibilidad de llegar a comprender la totalidad, aunque ese anhelo estructure los placeres y los afanes de los días, con sus tareas y descansos. El deseo de saber me acompaña desde la infancia y ahora veo reflejos en recuerdos que se alejan, reflejos de mi deseo de ir un poco más allá, reflejos que han condicionado mi biografía. No alcanzo a ver el horizonte, pero sé que es el trabajo lo que me da una pequeña satisfacción, que ni es felicidad, ni alegría, sino concentración y reserva: la sospecha que aumenta y me orienta.


+ [Nostalgia]: Prefab Sprout: “Cars and Girls”


+ ¿Que hacían los otros mientras yo escuchaba la canción antes citada? “But look at us now, (Quit driving)” Quizá ahí esté la clave. La quietud, que paraliza y no permite llegar a una meta [que, para mí, siempre fue algo difuso y sin sustancia]. Así, ayer, C. y yo vimos al arquitecto y a su mujer levitar sobre el paseo marítimo de la ciudad de veraneo. Cómo han cambiado los dos. Se han afilado y se han cambiado de bando y continúan en la misma milicia. Mejor: cómo se han transformado para seguir en lo mismo. No sé a qué achacarlo, pero la transformación es manifiesta [¿una enfermedad, una infidelidad, una crisis económica?]. Atuendo y peluquería se unen para otorgar la pulcra y estudiada imagen teatral. Tan llamativa. Él: terno floreado, imposible camisa y el paso firme [aunque, más bien, se trata de una levitación]. Ella: un triunfo del blanco sobre los nocturnos entretenimientos, el pelo tan blanco, los zapatos muy blancos, la blanca falda drapeada y una nota de amarillo intenso en algún punto de su vestimenta. Quizá no amarillo sino oro. Todo el paseo los miró y ellos eran felices. Ya los habíamos visto con anterioridad y su indumentaria estaba muy estudiada para llamar la atención. Para resaltar triunfalmente. Qué importante es reconocer la teatralidad de la vida, no por su buenas o malas vibraciones, sino por alcanzar una definición que oriente en el inescrutable camino hacia la disolución. El teatro resta dramatismo a la esencia del comienzo, del medio y del final. Irremisiblemente, el tiempo pone todo en su sitio, pero mientas tanto es digno de celebración ese asumir la escena y el escenario como punto de definición y presencia. [Lo que me quedo claro es que su posición económica es excelente y la vida les sonríe / lo cual puede ser una ilusión, un error mío de apreciación porque de ellos nada sé, salvo el triunfo en la villa turística y la verdad de la sorpresa de los grises veraneantes ante tal extensión de la vida].


+ Los otros que se dibujan en el horizonte de la mañana a penas sé nada. El gozne es ese: la ignorancia, lo que me permito suponer, lo que supongo y lo que fantaseo. Un entretenimiento sin maldad, un motivo de conversación frívola, la distancia entre lo vivido y nuestras sospechas y presunciones. Aprecio gestos y maneras, pero no quiero ir más allá. Sin nombres, sin apellidos, sin direcciones. La vida como una abstracción. Sin un todo profesional que ayude a constituir una imagen, un capital simbólico. Vestir así es poder vestir así. En ese “poder” es donde está clave. Yo puedo llevar el pelo largo y esto tiene una traducción: puedo. Hay maneras de ganarse la vida que impiden esta libertad, al menos lo permanente, en la medida que algo permanece: el pelo, los tatuajes. No sé. Los otros se prestan a especulación y, ya lo he dicho, un entretenimiento inocente, fútil y efímero. Ya nada queda, tal vez la sombra de la ceniza, poco más.


+ Busco en internet el sintagma ‘la sombra de la ceniza’ y la búsqueda me arroja dos resultados: unos relatos japoneses y una novela autoeditada. No investigo. Se trata de constatar que la originalidad no existe: lo sabía ya, pero es eso: una constatación.


+ Tarde de domingo. He terminado de escribir y no esto satisfecho, pero tengo la opción de apagar la relación con el texto que está en curso y, así, apartar ese sentimiento culpable que tanto me molestaba en el pasado. Son técnicas que he construido para mi tranquilidad. ¿La felicidad es la tranquilidad o la tranquilidad es la felicidad? No lo sé, pero no tengo duda de que están íntimamente unidas. Sin cierta serenidad la felicidad o la alegría resultarían imposibles. La serenidad rige la tarde del domingo. Bach en el reproductor en línea. Todo en orden.


+ Opiniones sobre música que me gustó y hoy no me gusta, no me gusta tanto o todo ha pasado por el tamiz del tiempo. Termino por recibir una lección: la falta de estabilidad en los gusto, pero, al mismo tiempo, una competencia en el asunto o una falta de ella. Lo último impone unos límites. 


+ Imagen: Sombras en la primera hora del día. Un intento de reproducir el "expresionismo" entrevisto en películas antiguas, mudas, en blanco y negro.

sábado, 7 de septiembre de 2024

Capturas de pantalla

 



+ Las fotos que, últimamente, publico para ilustrar la publicación semanal las disparé en las primeras horas del día [entre las siete menos cuarto y las siete de la mañana, cuando todavía el día no ha abierto]. El recorrido es siempre el mismo, pero hacer fotos mientras me dirijo al trabajo me aporta una extraña perspectiva de lo real [siempre: un fragmento de lo real]. Pienso en arquitecturas y en arte, un arte que comprima el paseo mismo y todo lo que el se desprende. ¿Es un paseo? No, es un itinerario y aquí comienza su verdad, la expansión de su verdad. Los detalles que reflejan las fotos son chispas que surgen con la fricción de lo cotidiano. Por eso las fotos se van engarzando con las canciones que escucho (muchas de estas fotos queda unidas a las portadas de los discos que suenan en el reproductor de mi teléfono, al tiempo que ambas capturas de pantallas se depositan en una aplicación que hace de diario [en la línea de los inicios del siglo XXI]). Una arquitectura mínima y un arte portátil, que se embosca en las tripas del teléfono y en su extensión: la nube. Comienza la jornada y el trayecto solo es pasado, pero su transformación se altera conforme la jornada avanza: luego, será regreso. ¿Más fotos? Todo queda en suspenso hasta que se utiliza la imagen como ilustración.


+ Sobre tres ejes se organiza la realidad: la religión, la política y la ciencia. Quizá más que organizar, la palabra correcta sería explicar. La realidad se explica con dosis de las tres razones. Vigilar esta dosificación es comenzar a comprender. ¿Para qué? Resulta tan entretenido, apunta el observador. [Pugna entre formas del saber: las tres razones son formas de organización del poder; el saber por ciencia, el saber por principios morales y el saber por convenciones o acuerdos: Quintín Racionero].


+  Tarde de sábado. Tras la escritura, un momento de silencio. El momento de no hacer nada. Suena el ronroneo del deshumificador y me traslado al territorio del sueño, pero no dormiré. Hay calma. Por un momento hago el arqueo del día y entiendo, a mi manera entiendo, que resulta positivo. Lectura, alejamiento. La espera. Queda apare el afán del día, y pienso un poco en la triada que me ocupa: religión, política y ciencia. Qué iluminación para tratar de entender los trabajos y los días. Cierro el ordenador: por hoy ya está bien.


+ [Lunes]: Vamos, C. y yo, a la Biblioteca de la Universidad de Vigo a buscar un grueso tomo que contiene una parte de la prosa completa de Quevedo, el tomo III. El desplazamiento no deja de ser una curiosidad. El coche se desliza entre bosques y el gris suave del cielo le otorga a la escena un aire alemán, la música barroca que suena en el reproductor contribuye a la sensación. La edificación de la facultad de Filología y Traducción e Interpretación es un conjuntos de módulos cúbicos que se debieron de construir en los años ochenta del siglo pasado. Resulta agradable. No hay nadie. Sin embargo, se está rodando en la instalaciones una película. Cruzamos los pasillos entre el equipo técnico y su aparataje. Dos chicas muy jóvenes cargan con grandes bandejas de bocadillos envueltos en papel de aluminio. Los trabajadores del cine visten de negro. [Luego, C. me dirá que junto a nosotros pasó un actor célebre, pero yo no lo recuerdo]. El cine siempre me da esa sensación entre lo provisional y una extraña distancia. Esa seriedad circunspecta. Llegamos a la sala y me recibe, muy amablemente, una bibliotecaria que indica donde esta el tomo que necesito. Tomo fotos de las cuarenta páginas que preciso, Los anales de quince días. Mientras C. consulta su teléfono. Hasta la sala de lectura llegan los ruidos de la filmación. Termino. La toma de imágenes, la copia del libro, me ha producido fatiga. Salimos, otra vez debemos pasar entre los técnicos de la filmación, unos de pie, otros agazapados tras sus aparatos: mesas de sonidos, pantallas, cables, focos […]. Más tarde, en el coche, otra vez con el abrigo de la música barroca, descendemos hacia la ciudad de Vigo. Me pierdo y retomo la ruta. Comentamos algo sobre los bosques que rodean las facultades. Hay algo retrofuturista en todo. Poco más. Puedo decir que fue una buena tarde, algo poco planificado y con una enseñanza en sí: la tendencia a la serenidad aporta serenidad. El trabajo bien hecho, la observación precisa, la brevedad de la vida y los afanes del trabajo. El reflejo del inicio de septiembre, cuando ya se atisba el otoño. Vale.


+ Imagen: En la primera nota de esta entrada hago mención a fotos que hice durante las primeras horas del día, mientras me dirijo a mi trabajo. Hoy es distinto. La foto se tomó según lo relatado en la última nota. Queda de manifiesto el contraste, que es una relación, a la vez, complementaria: la pieza que se acopla a su compañera en la solución del puzzle. Qué conste. 

sábado, 31 de agosto de 2024

Sin indicaciones (25)

 


+ Una extraña melancolía me invade y que, creo yo, está relacionada con una inflada sensación de abandono, con una cierta incapacidad para escribir lo que estoy obligado a escribir. ¿Quién obliga? ¿Yo? Yo, sin duda, pero yo es un otro y ese otro me ha embarcado en un proyecto que hace aguas y que me resisto a abandonar. Resistir. No hay otra. La melancolía no es otra cosa que la inundación de la bilis negra, la etimología es clara. Una enfermedad moral, donde se enfrenta el deber y la ausencia de resultados. Por el momento, no cumplo plazos y eso me duele. Me duele la falta de seriedad. No puedo hacer que los demás pierdan su tiempo y el mes de agosto se termina: todavía queda un buen trecho. Trataré de sacudirme esa podredumbre que me acecha. Lo conseguiré.


+ “El verdadero arte […]”, comienza el poeta. Soy un nihilista, me digo y acierto. No existe un verdadero arte. 


+ “Una casa en la playa, humano / es el viento que durante el amanecer acaricia / la tumba entre los pinos, acero humano.” Simplemente, copio lo que escribí hace casi quince años y no añado nada, tampoco quito nada. 


+ Extraños caminos que me conducen al pasado y me produce este regreso una desazón que se relaciona con la melancolía de la que antes hablaba. Hundirse en biografías de personas que ya nada significan, que se alejan en el espacio y en el tiempo para transformarse en irreconocibles siluetas. Así, la melancolía no es nostalgia, porque yo no añoro nada: no deseo regresar, sino permanecer el aquí y ahora [y no lo logro].


+ Atrapo la palabra “sobredeterminado” y la apunto. ¿Su significado, una posible traducción, una exégesis? No. No es posible. Si elimino el contexto histórico y filosófico de donde la he extraído, ya no tiene sentido. Así, creo, sucede con un pez que se convierte en pescado; ya no es lo que era y ahora es otra cosa. El apunte que acabo de anotar me da medida de cómo los días van pasando: en esta rutina y en esta inercia. Lo veo y así lo quiero.


+ “Religión, política, ciencia. Las tres son formas de saber y son también formas de la organización del poder.” Continúa el curso en línea de QR. Tomo nota y anoto la cita. Aquí y ahora. Sigue una discusión personal sobre la ἀρχή. Reflexionar y tratar de recordar lo escuchado y anotado, el intento de recordar de una manera ordenada y precisa, me da cierta estabilidad. ¿Se ha disuelto la melancolía, en este punto de la semana? Al menos, se ha emboscado. En ese bosque, hundida en sus profundidades, ya no se percibe. Bien así.


+ Imagen: Un muro a las 6:45, hora mágica, en el camino al trabajo.

sábado, 24 de agosto de 2024

Magnificencia / rawdogging

 


+ ¿La escritura o la vida? No puedo elegir. No puedo resolver la ecuación, ya que para mí están íntimamente ensambladas. ¿Podría vivir sin la escritura y la lectura? Sin duda, pero sería otra vida, no esta. Escribo y avanzo, como una suerte de oración laica. Me gusta el silencio, me recojo en la lectura y me expreso en la soledad de la escritura. Pero no busco la salvación, sino un tránsito diario sobre lo real, en su múltiples manifestaciones y fricciones. Aquí, en este diario tiene su particular carnalidad. Palabras que tomo de lo diario y vierto en este espacio. Es un gesto de generosidad hacia mi persona, la brújula y la ruleta (ay, el azar) que se manifiesta en las intenciones, en el disparadero de lo espontáneo. Una vez más, intento resolver la ecuación y no lo consigo. Debo pensar: no hay n Ada que resolver. Aquí queda el testigo del inicio de este mini-break: las vacaciones y su reverso: el trabajo de escritura (aquí y allí).


+ El ensamblaje: el texto, los capítulos, los apartados, los párrafos, las frases, los elementos de la frase, el sonido, la niebla que atraviesa el paisaje.


+ Cita: “Una discusión es algo que, en sí mismo, no tiene fin. Una discusión si no está dotada de principios y procedimientos, llegará hasta la extenuación de los que intervienen en ella.” Recojo lo que acabo de copiar de las clases de Quintín Racionero. No me cabe la menor duda de lo expresado, y, aunque la discusión es necesaria, resulta molesta. En los últimos años esta idea ha determinado mis relaciones sociales.  Ante la imposibilidad de dotar a las conversaciones de principios y procedimientos, he desistido. Me fatiga enormemente tener que mantener una posición y luchar, en un combate que no me aporta nada. Solo discuto cuando hay algo en juego que me afecta.


+ ¿Cómo escribir una vida si todo lo biográfico que hay sobre ella no dejan de ser suposiciones, vaguedades e indicios no confirmados? ¿Se debe abordar esa tarea desde el cuestionamientos mismo de lo escritor anteriormente? La génesis es la clave para cualquier investigación. Centrarse en el nacimiento de la cuestión y, a partir de ahí, desarrollar las posibilidades de crecimiento, la razón que va desde el estado primitivo al estado actual. Indagar en ello no deja de ser indagar en la propia persona, la del investigador. Finalmente, nunca es posible desligar lo personal de lo investigado. No somos robots (por el momento)-


+ Lo robótico tiene su tiempo necesario. La necesidad de distancia y indiferencia. La frialdad, también.


+ Escucho a Rafael Riqueni, Nerja. El tiempo es lo real. Mientras no llega el momento, no se cumple la promesa: y es en la música donde con mayor fidelidad se macera esta verdad. Nadie no puede acelerar el tiempo que ofrece el reloj. Nadie puede acelerar la marcha metafórica de sus agujas. En eso pienso mientras escucho al guitarrista sevillano: más melodía que ritmo, más introspección que alegría. La línea clara de la tarde de agosto. Llegaremos a Sevilla en breve, pero el tiempo debe pasar y nadie ni nada puede intervenir en su exacto discurrir.


+ [información de pobreza 1. f. Der. información que antiguamente se hacía ante los jueces y tribunales para obtener los beneficios de la defensa gratuita]. Surgen del tránsito del día conceptos que se quedan prendidos en la memoria, luego busco o trato de encontrar su significado. En este caso hubo suerte. Quede constancia.


+ Hoy 21 de agosto de 2024 [cuando esto escribo] se cumplen 402 del asesinato de Villamediana. Que conste. Vale.


+ “El fenómeno se conoce como rawdog o rawdogging, anglicismo que podría traducirse, en su literalidad, como perro crudo: y es lo que haría una mascota: sentarse, ajeno a cualquier pantalla, sin libros ni música y hasta sin conversación.” Lo he copiado de una web después de que la palabra me llegase por casualidad. Copio y adapto, un poco, solo un poco, esta definición porque me parece que recoge un momento particular de este primer cuarto del siglo XXI. Las posiciones que buscan lograr una suerte de originalidad, aunque sea a costa de forzar las costumbres, entre lo extravagante y lo anecdótico. El hombre escruta la ruta de vuelo que le ofrece la pantalla (se trata de un término que se aplica a una actitud que se adopta, especialmente, en los vuelos largos). Es un vuelo largo y permanece como un perro o un gato que mira al horizonte, sin inmutarse. No está mal. Yo observo que nuestros gatos lo hacen a diario, en muchos momento del día. Bien. Estoy seguro: es saludable. 


+ Imagen: La continuidad con la foto de la entrada de la semana anterior. No es reverso, es su continuidad.

sábado, 17 de agosto de 2024

Un punto indefinido

 


+ La lectura y el estudio, la escritura también, crean un claustro que me retrotrae a un punto de partida indefinido.


+ Sigo con el curso en línea sobre la filosofía griega. Lo imparte Quintín Racionero, que falleció hace casi quince años. No deja de ser inquietante recibir sus palabras. El hecho de que esté muerto se trenza con la temática del propio curso. Hoy una idea palpita irremediablemente: “La posición del saber es un rapto de lo divino en las que se unen ambiguamente la salvación y la aniquilación.” Pensar en ello es adentrarse en la inmovilidad. Durante un momento reflexiono sobre los peligros que entraña el conocimiento y me hago cargo que es una proposición que se extiende más allá de mi propia individualidad, fuera de mi control. Los riesgos están ahí, como el mono y la ballesta cargada. En ese punto comienza el domingo, que da paso a las cantatas de Bach. Reiteración.


+ El desorden me embarga. La inestabilidad. El impulso y la asunción del error. 


+ Bares que vimos en Londres y no recuerdo, apenas. Fue, casi, en otra vida. Cómo se solapan los tiempos, cómo se difumina el pasado en función de los afanes. No termino de recordar, salvo que un cantante que me gustaba en aquel tiempo había dejado allí una foto dedicada, enmarcada y litúrgica presidía el bar. Agua fría. Desarreglos en la memoria. Hace calor y las asociaciones no son muy afortunadas. 


+ Casi todos los días accedo a un resumen de prensa. Su lectura me adentra en las posibilidades políticas del día, en sus afanes y deserciones. Como un mapa sobre el que escribir rutas posibles, me entretengo durante un buen rato sin pasión. Ese estado próximo a un dolce far niente, tan agradable, tan necesario. La labor no es un desbroce, ni un adecentar el trayecto, si no observar y constatar el camino: las adhesiones y los rechazos. Poco más. En esa lectura entiendo que ha crecido una suerte de desvergüenza, que siempre ha estado ahí, pero hoy tiene una proyección que no había conocido antes, la proyección viene dada por los altavoces cibernéticos que expanden y amplifican el mensaje sin remisión (por cierto: “sin remisión”: traducción de un título de una película norteamericana cuyo título en traducción literal es enjauladas; una película de presidio, no encuentro la ligazón entre lo uno y lo otro, aunque sí sé que si me lo propongo lo lograría: no me interesa). Lo estudio detenidamente y lo comparo con lo que llega de manera aleatoria a mi navegador (ya se sabe: una búsqueda conduce a otra búsqueda y uno termina por no saber a dónde va y aparecen extraños, bizarros [en esa acepción que recoge la RAE: raro, extravagante o fuera de lo común] temas: la ultraderecha, la reivindicación del catolicismo aunque uno no crea en dios, extremos filosóficos y extremos políticos, bien fundamentados y expresados desde una brillante trayectoria profesoral, etc.). A renglón seguido, el día continua y se apagan las pantallas. Es un hartazgo, una ebriedad manifiesta y tóxica. Una niebla, un rumor, la lucha contra lo que nunca   


+ […] pero también cuadros y motivos militares con la caligrafía de la maqueta y sin ningún interés plástico. Ahí están, para que alguien se maraville por esa exacta y prescindible caligrafía.


+ Un texto de Camila Cañeque sobre la escritura. Lo leo y entiendo. Un proceso constructivo y estructural. Bien. De acuerdo. Imprimí este fragmento hace unos día y hoy me decidí a leerlo. “Salvo excepciones, no se escribe un ensayo, ni un artículo, ni una receta, ni siquiera una novela. Se compone, se articula, se indica, se ajusta. Escribir en su única acepción interesante es otra cosa, es casi imposible. Escribir es un milagro.” La cita siempre es un recorte interesado y mi interés es, precisamente, ese resto: la estructura y la construcción, lo que “se articula, se indica, se ajusta.” No dejan de ser pensamientos recurrentes que me embargan durante el camino y el regreso del trabajo. Me he hecho una idea sobre la escritura que me vale y no es personal, sino muy útil. Una destreza que me ayuda a disciplinarme y encontrar algo que se opone, pero también colabora en “El ser agotado, el tiempo agotado. Por saturación, por aburrimiento, por abuso, por lo que sea.” (Cita del mismo texto de Camila Cañeque que, también, me sirve, para expresar esta idea de escritura como “milagro”).


+ En esos resúmenes de prensa de los que hable antes encontré en un diario de una lejana provincia un artículo que hablaba de la vanidad de los logros políticos y, por extensión, de todos los logros. Ahora lo uno a la acumulación de galones en ciertas biografías y me debato entre la perplejidad y la sonrisa. Todo conduce a lo mismo, pero, para el que está inmerso en el torbellino de los afanes, la muerte no tiene ni tendrá lugar. Nunca. ¿La manera correcta de plantearse la existencia? Tal vez, sin embargo, no me interesa.


+ Imagen: lonas que protegen las atracciones de feria, una quietud, la seriedad del reposo en las primeras horas del día, cuando todavía palpitan las fibres nocturnas, la ebria ansiedad de la fiesta..