sábado, 22 de febrero de 2025

Sin indicaciones (26)

 


+ El piano: trasatlántico insumergible. El piano nos salvará, en nuestra beatífica ignorancia, que no es igual a una docta ignorancia. Sigo a la espera del concierto de M.J.P. Solo un momento, la salvación será un instante, la reverberación de la música a lo largo de los días. Ya lo he experimentado y eso buscamos, C. y yo.


+ Un porqué para la música francesa del XIX y principios del XX. El piano, una vez más. ¿Un signo o símbolo de época, que se traduce en esta época, en este hoy mismo? ¿O, tal vez, un emblema, ese trasatlántico? Ambas razones se unen y se dispersan sin solución de continuidad. Así está bien.


+ ¿Soy un ignorante o la virtud descansa en el dinero? Veo una fastuosa colección de arte y me parece tan deslavazada como carente de sentido, salvo por una cuestión representativa. Le falta un hilo narrativo o una estructura que articule la vibración que mueve a esta persona a comprar. ¿Es todo comprar? No puedo dar consejos, pero sí juzgar: no me gusta el ejercicio fallero que implica. La acumulación y el colorido no me interesan, a pesar de que haya una obra de D. H., esta desmerece en ese conjunto. Esto me lleva a reivindicarme en mi ignorancia. Qué sabré yo. Un profesor universitario tiene criterio, un periodista acreditado también, yo solo un susurro inaudible. Mi surco está para mí, ahí sembraré: un cierto cinismo. La representación del poder tiene capacidad de torcer voluntades, hacer decir al insumiso alabanzas y sacar del extremista moderación o buenos modales. Recuerdo haber visto a un poeta marginal y libérrimo acercarse y besar la mano de un registrador de la propiedad, en aquel momento no entendí, ahora sí: el tiempo no me ha desgastado, me ha afilado. El filo del cuchillo se resuelve en un arabesco de Debussy (Arabesque Nº1). 


+ La navegación diaria aporta cansancio y aburrimiento. No se puede permitir. Hay que distanciarse y reflexionar sobre ambas realidades: el cansancio y el aburrimiento. No dejan de ser procesos de depuración, sin detenerse. La determinación tiene la llave.


+ Me gusta poner el ordenador en modo máquina de escribir. ¿Qué significa esto? Desconectarlo de internet, dejar que el procesador de textos gobierne el barco y ponerlo en la posición de concentración [el texto aparece como si fuese ya la impresión final, con la hermosa calidad de la página terminada]. 


+ Juliano el Egipcio: “Id , ladrones, con presteza / A casa mas accesible, / Que aquí hay guarda irresistible: / ¿Sabéis quién es? La pobreza.” Encuentro por casualidad esta enseñanza que oscila entre la extrañeza y lo obvio, lo trillado, pero, todavía, contiene el perfume de lo raro. Juliano el Egipcio nos habla desde la antigua Roma, pero la traducción que copio es decimonónica, por lo tanto, las lecturas se expanden. Nadie lee dos veces el mismo libro, tampoco los periodos históricos reciben el mismo texto. Juliano me parece un raro en esta tarde brumosa de febrero y dejo constancia de ello.


+ Imagen: duplico la imagen, aunque la anterior era un recorte de esta. Esta presencia se relaciona con la observación, el museo y la duplicidad. Sin más, pero tampoco en menor medida.

sábado, 15 de febrero de 2025

Invocaciones

 


+ Ayer, viernes, C. y yo fuimos a la Biblioteca de la Universidad de Vigo, la Biblioteca de Filología. Cada vez me cuesta más. No entiendo los límites del trabajo y su reflejo en la prosa, en la prosa misma. Me puse de malhumor. Entre bosques ascendimos a la fortaleza del saber, me digo. Nos perdimos y dimos un extraño y absurdo rodeo, por mi culpa [¿siempre tratamos de culpas?]. El tráfico se tornó insoportable y el malhumor creció. Luego, cuando salimos se allí, de aquella maraña, de aquel enjambre furioso, sonó en la radio la 4ª de Mahler. Bien. Todo regresó al carril del que nunca había debía haber salido. Sentí que el impulso del malhumor se desvanecía. Gracias, Mahler, gracias por estar ahí y emerger cuando más te necesitaba, sin invocar tu presencia más allá del tiempo.


+ Repaso algunos temas que me han interesado en los últimos tiempos [prefiero tiempo(-s) a años o meses porque tiene un punto indefinido que sobrepasa el ámbito de lo cotidiano y de lo excepcional]. Clarín y La Regenta, el determinismo, la primera filosofía, la Ilíada, la fotografía, el amplio espectro de la geografía […]. Esto ejemplos conducen a una derrota. La derrota se puede explicar, pero la fatiga que produce me desasosiega. Esperanzas vanas que, en el frío de la edad, se han aletargado y ahora el panorama parece el de un error total. Son momentos. Espacios vacíos en los días y las tareas asignadas. No puedo evadirme de la sentencia que aporta la certeza de la inteligencia y la distancia, la distancia que establezco yo. He dejado esta contabilidad y llueve, llueve con una persistencia difícil de soslayar. El mes de febrero, el café caliente, muy caliente, la penumbra de la habitación, la tenue luz que traspasa la ventana, no es luz: es un gris espeso pero con un leve brillo, los gatos duermen y su pereza es toda una lección [carentes de lenguaje, son felices o la felicidad les resulta indiferente, que, quizá, sea un grado más elevado]. Canciones de otro tiempo que se han escrito ayer mismo, permanece lo mismo, círculos que no interfieren entre sí, líneas paralelas. Se termina la mañana y no deja de llover. 


+ “Describe your style in three words: Seventies, nineties and cheap.” Lily Fontaine, Musician.  Leeds. Ok.


+ Invocar: 1. Llamar en solicitud de ayuda de manera formal o ritual. 2. Acogerse a una ley, costumbre o razón. En ambos casos, en ambas acepciones, el verbo es transitivo. ¿A quién se invoca? Al que tiene la capacidad que al invocante le falta. Invocado e invocante, caras de la misma moneda: la necesidad.


+ Regreso a Clara Schumann. Solo el piano nos salvará. ¿Otra invocación?


+ Se fracciona el día en compartimentos estancos. Cada uno de ellos es independiente del resto. No es una tarea fácil, pero, con determinación, se consigue. El trabajo, la lectura, los paseos, la escritura. Duermo y ahí hay una cápsula donde el olvido se hace necesario. Solo el sueño, solo su imagen. 


+ Mientras escribo y suena Gabriel Fauré, el café humea. Desvío mi vista y este desarrollo me parece sutil, sin costuras. Lo sobrio, lo transparente, el aleteo de lluvia contra los cristales. El piano, en sí mismo, me intriga. Me subyuga. Es un enamoramiento que viene de lejos y que no deseo racionalizar. Mientras esto escribo, pienso que ya queda poco para ir al concierto de Maria João Pires, en Madrid. ¿Se une lo uno a lo otro? Mi ánimo, en ocasiones deteriorado, se estiliza con esta promesa. Suena G. F. y regreso a la voluta que describe el humeante café. Son las ocho y cuarto de la tarde-noche y no ha dejado de llover. 


+ Imagen: un cierto recorte.

sábado, 8 de febrero de 2025

Una arqueología del yo

 


+ Cabe en la precisión de una arquitectura la libertad de la improvisación, la atracción de una extraña vía, la vía de la poesía. Los límites otorgan libertad. Una gran libertad.


+ Vuelvo a escuchar Las morillas de Jaén. Es miércoles, parece que los temporales han remitido (nunca se sabe). Ayer hable con K. Siempre está bien, un recuento, aquello de los espejos: no son duplicidades, sino complementos. La música tamiza este momento de sosiego. Los gatos están en sus camas de gatos. Todo está en calma. Tengo muchos libros a mi alcance y ahí quedan. Lo estático se impone, definitivamente.


+ “Que la Ciencia trate acerca de la Realidad implica que la Ciencia está fuera de la Realidad, puesto que trata acerca de ella.” Agustín García Calvo en Contra la realidad (192). Más adelante afirma que las ciencias son epistemologías de sí mismas. Pero no es lo que me interesa en un primer término, sino la conexión de AGC con algunos poetas. Algunos poetas que compraban drogas a escondidas sin de dejar de ser poetas. Miguel Ángel Velasco, Miel salvaje. “Esta noche / todos somos iguales en la plaza”, qué plaza sino la misma plaza de siempre, entre la adolescencia y el naufragio. “Bultos oscuros en los soportales”, a la espera de la razón que se manifestará en cada gesto. Ay, la huidas. La ciencia tiene una explicación, pero no resuelve la incógnita, porque este pliegue sobre sí misma desvela el secreto y con ello se abrasa, se carboniza. El carbón aunque tiene muchas cosas en común con el diamante, no es un diamante. Finaliza el poemas: “Te miran unos ojos / al pasar, y no saben / que en tu puño aprendo va una tregua / de sombra con la vida.”


+ En realidad solo me interesaba aquel poema, solo aquel poema, y ello se debía que era el único que entendía. Entender, qué palabra. Lo de entender tiene una compleja historia. Se trata, mejor dicho, que aquel era un poema con el que conectaba y se alejaba de maneras y arabescos que no tenían, para mí, sentido. Ahora abro el libro, otra vez, y la sensación es la misma. Una vez se consigue, pero dos no. Un solo poema. Más tarde. Puse el reproductor en línea y escuché su voz en la lejanía de la muerte, más allá de su propia muerte. Y surgió un milagro, vi la verdad. ¿La verdad? Una intimidad de furia y crueldad, el reflejo que ofrece la Ilíada. “Acerca de las heridas de los héroes”


+ Entender. La verdad. La estatura. El tatuaje de lo diario.


+ Leo a Walter Benjamin. Sobre la fotografía. Es un tema, un tema que colabora en el ensamblaje de la realidad y en su desmontaje. Yo creo que la fotografía está cerrada desde hace años, qué le vamos a hacer. Alguna vez me sorprende una exposición, pero ese fulgor se da porque proviene del pasado, porque, a pesar de que se haya disparado en el presente, la visión es lejana y acompasada con la muerte. La muerte, de eso se trata siempre en la fotografía [como en cualquier manifestación artística]. Leo a W.B. y la sensación de finitud se ensancha, pero no quiero quedarme ahí. Una arqueología. Vuelvo a ver las fotos que aquí inserto y sé a qué responden, porque su relación con lo diarístico prevalece sobre cualquier otra intención, pero no deja de ser otra arqueología, una arqueología del yo. La lectura de W.B. me aporta un punto de vista variable, que es lo que necesito.


+ Entro en la biblioteca. Me siento. Leo algunos poemas de un joven autor y siento que ya no me gustan. Me gustaron, pero hoy no me gustan. Quizá sea yo, quizá sea la clima invernal que imprime distancia, quizá sea que en realidad los poemas no valen mucho y cuando me gustaban respondía a una sensación y no a un juicio frío [eso es lo que yo entiendo hoy]. Me levanto y la bibliotecaria habla de asuntos de herencias: una pareja que convive y no están casados, él muere y sus padres, en lugar de su pareja, heredan. Todo un tema me digo. Siempre pienso que se aburren, enfrascadas en gruesos libros y con el teléfono escondido con disimulo [no sé porqué tiene que esconder el teléfono]. Bajo las escaleras y entro en la sala de prensa. Leo dos o tres periódicos del día. Los hojeo, que no leo. Una revista de música clásica y me levanto. El día está limpio y hace frío. Pienso en las bibliotecarias, en los que pasan el día en la biblioteca, en lo que acabo de leer al vuelo. Titulares, entradillas y destacados. Poco importa. Mi discurso es el discurso de alguien que ha salido del trabajo para estirar las piernas [porque puedo] en lugar de ir a tomar café. Menos de media hora. Siento que regreso a la realidad después de haberme sumergido en un extraño sueño, el sueño de lo cotidiano paralelo. El día a día que se desarrolla sin mi presencia y al que no pertenezco. Bien.


+ Imagen: reduplicación.

sábado, 1 de febrero de 2025

La usura del tiempo

 


+  Domingo por la mañana. Temporal. Lluvia y viento. Uno de los gatos está enfermo. Llueve contra los cristales. En la cama leo. No hay lugar mejor para leer, me digo. Calle de sentido único. Sobre los sellos: recuerdo los sellos y sé que es algo muy antiguo, profundo, lineal en la línea del tiempo que se desvanece. Un mundo en el que viví y se ha desvanecido. Las cartas. Pienso en las cartas que duermen sin abrirse. Huyo de esa pasividad que la postración lectora me otorga, la lectura es mucho más que un complemento o un ornamento. Los sellos son parte del pasado, una ayuda para recordar lo que fue y como este presente también se tornará en materia para reconstruir. No hay otra. Llueve contra los cristales. “Lo muerto” habita entre lo vivo. 


+ Ayer, C. y yo fuimos a Vigo. Paseos y café en cafeterías de otro tiempo, de otro mundo que persiste en su empeño para no desaparecer. Tiendas de ropa y la gran librería de lo previsible. Caminamos y recordamos la crueldad del Holocausto con una historia que no voy a repetir de tanta pena que produce. Entramos en una zapatería y me puse a ver un producto para la limpieza de los zapatos. Dije yo que me extraña aquella palabra en italiano: usura. Una mujer me dijo: déjame ver. Le alcancé la caja y me dijo que en español es desgaste. Siguió con lo suyo: probar unas Adidas Samba blancas con las bandas negras. Yo dejé la caja en su sito y salimos de la zapatería. Busqué en el diccionario de la RAE usura y, efectivamente, en español tiene este significado, fuera del muy conocido. “4. f. Deterioro o desgaste. Mostraba las huellas de la usura del tiempo.” Con lo último me quedé y todo ello me pareció especialmente significativo. ¿Los sellos, el correo postal, el correo electrónico? El tiempo es un usurero, claro: al final se cobra la deuda con unos intereses inasumibles. El desgaste.


+ Duplicidad, espejo, simetría. Llueve con mucha fuerza y el viento es intenso. La simetría en las relaciones es una condición necesaria en la amistad, pienso. Sin embargo, no se trata de duplicidad. Un espejo es otra cosa, el espejo es lo complementario. Me refugio en lo geométrico. La geometría como cámara hermética, lo estanco y lo seguro. Llueve y hace viento.


+ Escucho música barroca y trabajo. El trabajo, el viento, la música. El martes se desvanece. Creo haber leído unos poemas, pero no recordarlos. La transición entre la mañana y la tarde resulta fluida. La escritura causa fatiga, hastío, un extraño aburrimiento. Continúo en la senda marcada por la determinación. Ahora suena una guitarra, con ese preciso pulso que invita al baile, un baile vespertino, evaporado, sin pareja. La música y el trabajo, qué combinación. No leeré más.


+ Venus es el Lucero del alba. Durante muchos siglos se pensó que el astro que brillaba en el cielo al anochecer era distinto al que se ve al amanecer. La misma cosa es, pero la percepción turbaba el juicio. ¿Hasta dónde se puede aplicar esta confusión? Como un koan, se recoge la pregunta sobre sí misma.


+ Alguien decía que la guitarra era una orquesta portátil. Sin llegar a lo portable, esta condición la comparte con el piano. Escucho atentamente y entiendo ese gusto que yo tengo por el instrumento, un placer que disfruto en profundidad. Me trae paisajes, vividos, imaginados y soñados. Que han llegado mediante el cine o la lectura, mediante sugerencias que he ido seleccionando a lo largo del tiempo. Así, recuerdo llegar en mi viejo coche a Ávila y encontrar en el sonido de una melancólica guitarra en reproductor del coche una nota de conexión con el paisaje, con Castilla, con lo leído y lo olvidado. Aquellos campos eran como el mar, mi coche como una pequeña barquita a motor, un motor de un solo pistón. Ahora, escucho a David Russell interpretar algo del XIX. Lo recojo y lo analizo sin mucho éxito y me dejo llevar por su presencia. Era algo, algo de Fernando Sor. Pleno romanticismo, pleno fervor, pleno destierro de uno mismo. Ese rapto de los sentidos.


+ Imagen: la sala vacía me devuelve al mundo de lo postal, al mundo previo a la explosión de internet, otro mundo y el mismo mundo. La sala vacía. [En Madrid, noviembre de 2024].

sábado, 25 de enero de 2025

Sin indicaciones (25)

 



Bombástico: [Del ingl. bombastic, de bombast 'algodón de enguatar'.] 1. Dicho del lenguaje: Hinchado, campanudo o grandilocuente, sobre todo cuando la ocasión no lo justifica. (DRAE)


+ Llueve. Reitero mi queja: llueve. La determinación de la lluvia resulta ejemplar. Sin voluntad y con insistente presencia.


+ El archivo no tiene intención, al contrario que la biblioteca. La biblioteca es una conjunto de elementos intencionales, declarativos, funcionales. Mientras, el archivo es una acumulación con orden, pero sin propósito. Archivar es almacenar. En este juego de espejos, reflejos y simetrías, encuentro respuestas a preguntas que no he formulado. Luego viene el sistema que establece categorías y muestra los hallazgos, los hallazgos carecen de intención y esta falta de intención aporta una solida presencia. Gabinetes de curiosidades que se transformaron en museos, museos que giraron y se convirtieron en excusas para la narración, la narración que se diluye y cae en el olvido. El archivo, hoy me visita, hoy se instala en lo cotidiano y yo no rehuyo su invitación. En mi trabajo archivo lo que ya no tiene uso y, por una extraña prevención, se deposita. Yo soy el guardián de ese olvido.


+ Hablamos de personas, sus intereses y sus derrotas, el amor y la pasión, la imposibilidad de llegar a un punto y el saber retirarse a tiempo. Tal vez se trate de eso, de la falta de ambición. No hay secretos para vivir, tampoco recetas. Escucho una hermosa guitarra que desgrana algo de Isaac Albéniz [me identifico con una idea de España que se desprende de las notas, de la reverberación de las cuerdas, el tacto de la madera]. Volvemos sobre el tema del amor y la traición, la lírica romántica que se transmite en todo eso: el amor, la distancia, lo imposible, la cordura y la locura. Nada más. El día está lluvioso y no hay muchas ganas de nada. Bendita pereza.


+ Más tarde suenan las tres morillas de Jaén, “Axa y Fátima y Marién.” Regresa esa idea de España. El video que veo está grabado en Vejer de la Frontera. No sé. Solo es una idea, nada más. “Díjeles: ¿Quién sois, señoras, / de mi vida robadoras? / Cristianas que éramos moras / en Jaén: / Axa y Fátima y Marién.  “


+ Imagen: duplicidad.

sábado, 18 de enero de 2025

Una grande y determinada determinación


+ “El paratexto siempre es una función.” Tomo la idea de una lectura rápida y siento que hay algo que se me escapa. La palabra función me remite a ciertas complejidades que en este momento me resultan ajenas. No siempre fue así. Antes la lingüística resultaba mucho más próxima, hoy estoy en otra cosa. Elegir un camino no termina de cerrar totalmente otras posibilidades.


+ Me alejo de un ámbito para centrarme en otro. La obligación gana la partida. Hay una tristeza pequeña y difusa que se convierte en un polvo plateado mientras guardo los libros que deseaba leer. Un juego de espejos, porque, finalizado un plazo, volveré a ellos con fuerza, con el interés que ahora duerme, que he obligado a un sueño o que he obligado a emprender una internación que no sé cuánto durará. Volveré, cuando llegue el momento, al estudio del griego clásico, me digo y la fina tristeza plateada se ha evaporado.


+ [Una nota que paso a limpio, aquí]: “Las crisis de legitimidad se producen cuando está juego la integración / Crisis sociales -> [chalecos amarilla] / Crítica de las relaciones / El conflicto estalla en la intersección de la institución [-> sistema] y el mundo de la vida”


+ La nota anterior tiene plena actualidad. El dibujo del presente se guía por esa fricción entre “el mundo de la vida” y los sistemas de elección, la voluntad secuestrada por los populismos. Pero los rasgos de una realidad no se pueden modificar fácilmente: este es el mundo que nos ha tocado vivir. Sabido es que el consenso llega tras el conflicto. En el anuncio del conflicto estamos. Creo que de eso trata la nota que transcribí ante. Al mismo tiempo, no recuerdo de dónde salieron esas idea, pero mías no son, aunque las asuma. 


+ Al aire le hago una recomendación Poesía y edición en el Siglo de Oro, de Ignacio García Aguilar. Para quien la quiera recoger, para quién quiera entender.


+  La modernidad que se refleja en la construcción de un yo lírico. ¿Tiene sentido, todavía, pensar en estas cosas mientras el mundo se derrumba? Claro que sí: tiene sentido plantearse razones poéticas y el mundo no se derrumba [el movimiento oscilatorio de la historia siempre ha estado ahí]. Todo ello se resuelve en “[u]na grande y determinada determinación”, este es el lema del emblema.


+ Leo un fragmento de una novela que ofrece la editorial a modo de invitación. La novela saldrá en breve y me apena. Me apena la canción que sugiere, me apena la estela de las drogas, me apena esa lírica de lo maldito y la ebriedad: tan antigua, tan pasada de moda. Ay, la moda. Ahí se inscribe la narración y no deja de ser un retorno de lo anterior. Ya lo he visto todo. Esa es mi edad. Ella es hermosa y da bien en la cámara, me digo, y no escribe mal [esto no es otra cosa que tiene una firme fluidez que algunos llamarían ritmo y yo lo denomino inmediatez]. No quiero pensar, me trae recuerdos desagradables, aunque no tan intensos que no me permitan distanciarme. No pienso. Salvo la pena que transmite, no veo otra cosa en este momento. Cierro la pantalla y dejo que la canción se extinga sin mucha gloria. Lo he visto todo. No más poses, por favor. Ahora suena Berlioz, L’enfance du Christ: ahora este es mi espacio, este es mi momento. Dimensión y tiempo, en equilibrio y estabilidad.  


+ Imagen: la intención de borrar los grafitti de la pared convierte la pared misma en otro objeto distinto: un lienzo, tal vez, que podría estar colgado en el museo, la antológica de los años sesenta o setenta del siglo pasado. Vale.

sábado, 11 de enero de 2025

Un nuevo año

 


+ El año ha comenzado. Copio una cita de Santa Teresa que habla sobre la “determinación”. La pego frente al escritorio. Si levanto la vista veo tres cosas: la foto de E. de la orla de su carrera, una frase que pone “en esta casa se está de cine”, y la cita, un tanto extensa, sobre la determinación. “”Una grande y determinada determinación de no parar hasta llegar […]” Así comienza el año. Sin propósitos, sin arrepentimiento. Sigo pendiente de la lectura y la escritura, en la danza suave de los días, en la agradable rutina que he construido. Trabajo, lectura, escritura. Pensamos C. y yo en viajes, lo dejamos por un momento y regresamos a nuestras conversaciones. ¿Es la felicidad? Determinado en ello estoy.


+ Se desvanece la Navidad del 2024. Parece que se dirige a un archivo, a la manera de la carpeta de un expediente, con sus separadores, documentos, fotos y vídeos. Poco queda. Se desvanece. Recordaré días muy despejados, conversaciones tan agradables en restaurantes tan agradables (v. gr.: Ourense ), paseos y la residencia en esta oficina en donde escribo: lectura, clases en línea (ay, la filosofía) y apuntes. Los apuntes y su reflejo en el texto. Sobre todo ello reflexiono y me da la impresión de que esta constitución del archivo es una tarea que apunta lejos, quizá sea la única tarea. Hoy, día de Reyes, doy por terminada la Navidad y las vacaciones que he disfrutado. Vacaciones es equivalente a cambio de actividad


+ Hay que planificar los viajes para el 2025. ¿Qué vale más, la planificación o el viaje en sí mismo?


+ Poco antes de regresar a las tareas diarias escucho a los Smiths. El tiempo detenido en la post-adolescencia, y, ahora, sumergidos en el neologismo y el año nuevo, son un talismán. Todo pasa y ahora, en suspenso, el recuerdo se difumina.


+ Escucho, mientras llueve insistentemente, el Requiem de Berlioz.


+ Farolillo rojo en español, lanterne rouge en francés. El día avanza, las palabras y las colocaciones permanecen, yo observo y apunto.


+ El haber copiado la cita de Santa Teresa no es un propósito, es un resolución que responde a una tendencia. La trayectoria que se impone y me ha dado tanto resultado. Creo con firmeza en la determinación. Hay que insistir y no dejarse vencer. Me gusta la prosa de la santa y su innegable capacidad de trabajo y resistencia. En ello descanso, hoy. Levanto la vista y leo, otra vez, lo que yo copié. No un propósito para el año que comienza, sino el resultado de años de seguir un camino tan provechoso como complicado. 


+ Un extraño temporal azotó la ciudad hoy, toda la costa, la región en sí. Llovió con intensidad y el viento tenía furia, rabia, tenía una fuerza pétrea. Pensé en la fuerza de la naturaleza y en el discurrir de la actualidad, en próxima presidencia delos EE.UU., en los trabajos y los días, en los niños que acaban de nacer, en aquello que están en el descuento. El viento y la lluvia son indiferentes, nada les importa y la vida sigue tras el extraño temporal.


+ Imagen: una foto antigua de unas canteras. Recuerdo el día cuando disparé la foto. Regreso a esa abstracción que tanto me interesa. ¿Interesa? Las palabras parecen no ajustarse al deseo y el deseo a la realidad, el camino me lleva a un hiato entre las palabras y la realidad. Eso quiere la foto reflejar: la duda es su cimiento. 

sábado, 4 de enero de 2025

Aciertos y errores

 




+ Mantener un compromiso sin buscar nada a cambio, un compromiso secreto y férreo, otorga una perspectiva que tiende al acierto. ¿El acierto? Sí, el acierto en la organización de la vida en función de la disciplina y su recompensa: la ataraxia.


+ He aprendido que una característica del devenir es una cierta precariedad. No es en un ámbito concreto donde se establece la precariedad, sino que es un rasgo de lo general. No hay estabilidad y, si la hay, es posterior a los sucesos. Hacia atrás podemos entender que sí había equilibrio y simetría; hacia el futuro, no. La ausencia de certezas es una certeza y lo paradójico gobierna el desarrollo de la vida. ¿Aquí reside la precariedad? Aciertos y errores, sumas y restas.


+  [“Un cancionero del siglo XVII”]: en algún lugar leí sobre la poesía en los teatros [siglo XXI], los micrófonos abiertos y una suerte de proximidad con el público (que no con el lector). La lectura en silencio es un avance importante, que le otorga al individuo una primacía interpretativa de la que carecía en el pasado. ¿Era San Ambrosio quién leía en silencio y su lectura llamó poderosamente la atención de San Agustín? La lectura en silencio es lectura en soledad. La esencia de la lectura se transmite mediante el acto solitario del lector, donde se aísla con una voz que no puede ser otra que la de la muerte. Siempre la conversación del lector es con los muertos. La oralidad está bien, pero resulta inferior. ¿Es poesía? Hablo de otra cosa y estas preguntas no caben.


+ No sé si la cita es auténtica o apócrifa, pero la copio porque me apetece darla por válida: “Cuando leía -dice Agustín- sus ojos recorrían las páginas y su corazón entendía su mensaje, pero su voz y su lengua quedaban quietas”. Según la fuente de donde la recojo, la cita se encuentra en Las Confesiones


+ Hecha la salvedad anterior, el viernes, cuando C. y yo regresábamos en tren de Santiago, leí alguna composición en la antología la lírica griega que tengo en tanta estima. El poso pesimista invadió el final del día, pero no me hundía en alguna extraña laguna negra, oscura, densa. Al contrario, se trata de una llave que abre la puerta que da acceso a un balcón desde el que la realidad se puede percibir ordena y con su exacto valor: nada tiene sentido. Días más tarde, un obituario me sugirió una búsqueda. La búsqueda me condujo a un hombre brillante, de más de noventa años y profundamente católico. Afirmaba el hombre que hemos llegado a lo que Nietzsche había planteado en la extensión de su obra. Pensé en ello. Pensé en la lírica griega, pensé en Nietzsche, pensé en unos trayectos diarios que hacía yo a diario hacia Vigo hace más de veinte años, trayectos en los que leí Zaratustra. ¿Tanto ha cambiado todo? Pensé y pensé y el sueño llegó: había caminado tanto, no había dormido la siesta y no había tomado café en todo el día, por lo tanto, el sueño fue profundo, muy profundo. Esa inmensidad del sueño me dejó más preguntas que respuestas. Yo también fui profundamente católico, pero eso fue hace mucho tiempo. Hoy la arcaica lírica griega me habla directamente, las creencias del pasado no son un lastre. No recuerdo aquello que no deseo y esto es un logro. El avance del olvido es la contraseña para penetrar en ese balcón, en esa atalaya desde donde contemplar la realidad en su pluralidad.


+ El paso del tiempo de los post- al tiempo de los neo- [entresacado de La inquietud en el barro de Q. Racionero]. Este es nuestro tiempo.


+ Lectura del Fedro. La filosofía, la retórica y la escritura. También, el amor. No es un texto muy extenso, pero tiene razones profundas que inducen a la reflexión. Por ejemplo, la invalidez de la escritura porque limita la memoria que surge del interior y la suplanta por “un recordatorio”. ¿La escritura solo es un recordatorio o va más allá y se muestra como una herramienta de indagación? Lo último guía esta bitácora, pero lo que dice Platón se debe tener en cuenta y en su presencia tratar de atrapar lo que de cierto tiene.


+ [En realidad, las sentencias están puestas en la boca de Sócrates].


+ Recordé a uno que decía que la memoria era la inteligencia de los tontos. Lo recordé al hilo del párrafo sobre el Fedro. Lo recordé y volví a ver su caída en un infame alcoholismo. Era un buen músico, había estudiado en el conservatorio, pero la muelle falta de disciplina lo arrojó a un infierno impensable. Con más de cincuenta años tuvo un hijo con una compañera de correrías, poco más sé. La memoria es la inteligencia de los tontos, resuena ahora mismo.


+ Imagen: dos fotos de dos salas del CGAC: solo las salas, sin obra artística, solo la función, solo el espectro del pasado, lo que permanece exposición tras exposición. Una firma en un cheque en blanco, me digo y acierto, me digo y yerro. 

sábado, 28 de diciembre de 2024

Podría intentarlo

 


+ A intervalos, leo fragmentos de Travesía de Madrid, de Umbral. Leo algo sobre el metro. Puede que se sitúe en los años sesenta del siglo pasado. No antes, no después. Leo con atención y las precisas observaciones me hacen pensar en este nuestro presente. No veo tanta diferencia. El cansancio, la abulia, el trabajo embrutecedor, los desplazamientos sobrehumanos, el tiempo en suspenso, un no-lugar, la falta de aire, el enclaustramiento diario. Hay cosas que no cambian, termino por decirme mientras pienso en la última visita a Madrid, cuando acudía a primera hora del día a la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense. La aglomeración, la ropa limpia, la colonia de la primera hora del día, los aparatos para disipar la anomia del momento [esa imposibilidad de nombrar el extraño vacío vital, yo no sería capaz, pero podría intentarlo]. Nada cambia, nada permanece. La contradicción esclarece la duda. Rostros que se repiten, voladuras de lo cotidiano, la estela de la vida que se refleja en las lecturas, los teléfonos y los atuendos. Volveré a Umbral porque nunca dejó de ser su escuela una educación sentimental y cada vez que viajo a Madrid su prosa y su lírica están muy presentes, ocultas o exultantes.


+ “Podría intentarlo…” se completa con un “pero no me apetece.” Así los reencuentros se muestran imposibles. La vi pasar con su perrito y la proximidad del pasado se desveló como una lejanía sin explicación, sin ganas de adquirir sentido. No hay nada. Ni resentimiento, ni ocultamiento. Ese ocultamiento de los conejos de aquellos que los persiguen. Estamos a otras cosas. El pasado es un viento suave casi sin permanencia. Una leve substancia: la vi pasar con su perrito. Nada más.


+ “Según Nietzsche, nosotros, en cambio, tenemos aquí una carencia: sólo con esfuerzo gigantesco podemos desprendernos del lastre de la memoria. La capacidad de olvido es un poder, y sin él «no puede haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún presente…».” Este fragmento lo copio y lo pego desde un artículo de Josep María Esquirol. Ilustra con bastante concisión y rigor lo que percibo esta tarde, dentro de la espiral navideña, sobrepasado el hito de la lotería. El olvido, el secuestro de la memoria que debe operar el presente. Esa tarea. 


+ Lo anterior me lleva a otra cita de Nietzsche: “El remordimiento es como un perro mordiendo una piedra: no sirve para nada.”


+ Durante un instante reflexiono sobre la relación entre lo que se denomina realidad [en singular, cuando precisa, sin duda, la pluralidad] y la palabra. En concreto en ese punto en que uno sabe de que está hablando y su interlocutor entiende cosas que uno no quiere decir. Un desencuentro. Y digo “quiere decir” y no “dice” porque, en verdad, quizá haya un punto de incomunicación, un punto donde se suponen cosas para poder proseguir, pero que nunca se llega al núcleo de lo que el otro quiere transmitir. Y, tal vez, las suposiciones nos conduzcan por senderos errados. Cuántas veces me ha pasado. Por ejemplo, cuando digo que hay un algo descriptivo y un algo prescriptivo, para luego la persona con quien hablo lo traslade a un espacio donde, para mí, resulta inadecuada su aplicación. Vaya, no hay término medio entre par e impar. ¿Es necesario llenar la conversación con matices? No. Es mejor callar y no hablar por hablar. Y este párrafo es un poco de eso: charla vana. Charla vana, qué sería de nosotros, las cotorras, sin ella. ¿Podría intentarlo?


+ Imagen: giran las imágenes y, sin previsión, surge el motivo: una escala más allá de lo humano, el detalle sobre el pavimento, sugerencias, lo orgánico y lo geométrico, la abundancia que el amarillo sugiere, me digo.