+ Y termina el prólogo con una cita del poeta editado, Villamediana: «al viento dado ya, en la arena escrito». Así queda el trabajo ciclópeo, determinado por una envite al tiempo, que todo lamina, que todo erosiona.
+ Mantener este diario en línea es una obligación que me impuesto y, en ocasiones, funciona a la manera de un taller donde se experimenta y prueban artefactos, se contrastan ideas y se aclara la voz. Como sucede con las guitarras, hay un elemento que coadyuva con el sortilegio y el conjuro. Ese hacedor de creencia, hacer como si se creyese. El trabajo del interprete, teatral o musical, al fin y al cabo: son mis modelos. A veces funciona.
+ [Guitarras asequibles]: continuan mis tribulaciones sobre las guitarras, su naturaleza y sus derivaciones. Una cosa es tocar el instrumento y otra es el fetichismo que implica su atesoramiento. La palabra instrumento en sí define la naturaleza propia del objeto, que no deja de ser una herramienta y un medio. Ninguna guitarra hará que el guitarrista toque mejor, quizá sí que suene peor, pero no en la vía contraria. El guitarrista hace la guitarra excelente o la hunde en su irrelevancia. No hay una posibilidad de que por casualidad suene perfecta, algo que sí sucede con una cámara de fotos [un mono podría apretar el botón y lograr una foto memorable]. Me quedo en su esencia, con su abstracción: seis cuerdas y una afinación, unos acordes o una melodía, la maestría de la mano derecha [en el caso de los diestros, contrario es el de los zurdos], que gobierna el barco, la estructura de la mano izquierda [o derecha]. Poco más, porque el resto es coleccionismo y eso no interesa. Vuelvo a mi queridísima Olivia.
+ Otra cosa bien distinta es los condicionantes psicológicos que trae consigo determinado instrumento. Somos humanos, pues.
+ Personas que necesitaron respeto y no lo tenían, ahora lo han alcanzado. Escucho, mientras, Kashmir - Led Zeppelin.
+ Ayer en coche. Días despejado y anochece. Playas, Led Zeppelin, el pasado que regresa y las guitarras como emblemas y reconstrucción del mundo que no fue. Carreteras, cafeterías de hoteles, la navidad diluida. Personas que se disuelven en una grisalla muy parecida a la noche que atravesamos. Las guitarras. Leo algo sobre las Burst y me gusta eso que no termino de entender, vibra la posibilidad y pienso en mis guitarras. Kashmir sigue su curso. Todo es tan antiguo, ya, me digo y la noche es un hecho. El año se termina y vendrá otro. La alegría de la música y el coche que se desliza sin sobresaltos. Todo está bien. En un instante la iluminación me asalta y reconozco esta realidad: todo está bien.
+ Imagen: contra la erosión.







