sábado, 25 de mayo de 2024

Silencio, otra vez


+ El mes emprende su segunda mitad  y la primavera reina en los jardines. Huyo de lo esencial y me centro en la circunstancia. Camino temprano bajo el influjo de la luna. Todavía no ha amanecido y la ciudad comienza a moverse. Reflexiono sobre el hecho de contar una vida y me encuentro que todo es opinión, la estructura eleva el edificio, pero luego debe ser habitado. 


+ El motor del coche dispara mi imaginación. Lo observo mientras M. cambia la bombilla fundida. Cuántos kilómetros hemos surcado juntos. Le agradezco todo este tiempo y su aristocrática humildad, ese recogimiento. Es negro y su tiempo es otro, como también el mío navega entre el pasado y el presente. Yo aparto el tiempo y me centro en lo que de Bach suena en el reproductor. No soy yo, pero sé quién soy.


+ Debates sobre lo que es arte y lo que no es arte, cuanto todo se reduce a que lo arbitrario guía lo humano de manera incuestionable. La arbitrariedad del signo lingüístico gobierna lo humano, como la muerte condiciona toda su realidad. ¿Arte? Buena definición que establece que arte es lo que en el museo se cuelga, lo que como tal aparece en los libros de historia del arte. Lo sabemos, la etiqueta nace en el XVIII y se hace solida en el XIX, el decurso de los siglos siguientes matiza los aspectos secundarios, pero el núcleo permanece, Pronto iremos a la exposición de Tàpies en Madrid, en el Reina. Bien, comprobar los tiempos, adecuar las esperas y realzar el criterio. ¿Es el mismo pintor de mi infancia, aquel que tanto me llamó la atención? No lo sé, pero debo comprobar que el paso del tiempo afina el criterio. Vale.


+ Leo sobre el silencio en un poeta determinado, en él en concreto. El silencio lo reclama como bandera o emblema y yo lo acepto. Hoy guardo silencio (es el día mi cumpleaños). Detenidamente, leo con atención su poema sobre el petrarquista silencio de la dama, ese conjunto convencional de motivos. Lo extraño es poder leer, poder entender, crear contextos que se adaptan a nuestro presente con aquella lejana partitura. El silencio otra vez ocupa mi tiempo, mi interés retrata mi presente, mi pasado. El silencio, un espejo.


+ Imagen: Un elemento arquitectónico que no destaca especialmente, pero el paseo hacia el trabajo lo ilumina: todavía no ha amanecido y la luz viste el hormigón de una extraña apariencia, no será lo mismo durante el día. Vale. 

sábado, 18 de mayo de 2024

Sin indicaciones (21)



+ Los vídeos en línea me ofrecen la posibilidad, nunca ponderada en su importancia, de escuchar conciertos. Hoy he escogido uno de Carlos Trepat en A Coruña, con una guitarra Torres. Me asombra la comunicación que establece entre el interprete y la guitarra, me satisface lo que yo recojo de esa acción. El tiempo tiende a teñir de melancolía toda obra humana, las que sobreviven a los autores. Esta guitarra representa con maestría el trabajo y la perfección. La importancia de la guitarra de Torres inunda la estancia donde leo y escribo, donde, tal vez, estudio. Trato de encajar su sonido en el ámbito de mi rutina. Lo consigo. Pienso en otras guitarras, en otros interpretes. Ahí está todo, a disposición de nuestro capricho. Nunca la música fue tan accesible. Lo celebro. ¿Apocalípticos o integrados?


+ Un cierto cansancio, levedad, niebla: tal vez. Jugar con la puntuación dibuja la extravagancia propia del dilentante. Lo veo. Pasear, charlar, tomar una coca-cola. El viento de la mañana. Llueve. Humo en las montañas, también hay lluvia, espesas nubes de lluvia. El sueño aporta un espacio de espera, posterga la tarea y se encienden las luces de un mundo nuevo. No merece la pena. El cansancio de los últimos días me sumerge en la inacción, no me gusta y no sé cómo soportarlo, aunque no duela. Escucho música de guitarra, hago una pausa e intento, otra vez, leer. No puedo. Ay, la tristeza.


+ Otro concierto en línea. Rafael Riqueni.  ¿Cuántas veces he escuchado este concierto, precisamente este? Como si no fuese capaz de evitar una cierta esencialidad, me centro en el desarrollo de la melodía, escucho y no soy capaz de alcanzar ese núcleo. Ahí está el misterio, algo que susurra entre los bits.


+ Vidas trágicas que habitan en el papel de mi desordenada, tampoco tan desordenada, biblioteca. Hay una ejemplaridad que me acompaña en lo diario, a la que acudo para resolver dudas y afirmaciones que escucho y necesito valorar. Las vidas de santos contaminan una suerte de entender la literatura y la vida misma, como si todo tuviese un propósito, un destino que cumplir. Y no es así. La casualidad dibuja con trazo inseguro la vida, aunque haya un poso de determinación de la que no se puede escapar nadie. Vidas en papel que muestran el camino por recorrer, con gloria o vergüenza. Lo anoto. Escribo otra frase y me olvido. La guitarra de Riqueni suena y puedo pensar en que a finales de septiembre C. y yo estaremos en Sevilla e iremos al concierto que dará en los Alcázares. Esa visión me ayuda a escapar del ejemplo de las vidas ejemplares, de su trágico destino, el que irremisiblemente se cumple in poder escapar de él: algo de esto también lo hay en la guitarra que se desangra en este momento, ahora mismo. Vale.


+ Hay ocasiones en que la unión entre genio y locura se traducen en la frivolidad del comentario o la opinión. Escucho detalles sobre la enfermedad. Sobre el genio. Todo queda en el olvido cuando escucho la guitarra. La guitarra no hace al guitarrista. Hay comunicación y silencio. La locura y el genio. La ansiedad, una vuelta atrás y el regreso a lo mismo. Cerrar círculos, también, es olvidar. 


+ Imagen: escalera.

sábado, 11 de mayo de 2024

Sin indicaciones (20)


 


+ He visto dos fotos. Médicos en sus despachos. Entre las fotos media un siglo. Incluso más de un siglo. Si algo hay que destacar, sería la estilización del vestuario, el mobiliario y la papelería. El contraste entre dos realidades. Ahí está mi interés. En la cáscara, el escenario y su actualización. Es lo mínimo que ha triunfado. Un adelgazamiento de la puesta en escena de la profesión. Han desparecido los ornamentos, tanto el atuendo como en el escenario mismo. Así, ahora, el médico posa con las manos cruzadas sobre una mesa en la que apenas hay papeles, a su derecha está la pantalla, en negro, el teclado y la impresora, un teléfono blanco y el ratón. Sabemos que es médico por la bata y el titular del artículo, de no ser por estos dos datos, podría desempeñar cualquier otra profesión. No lleva fonendo y creo que es un error del fotógrafo, pues es señal inequívoca de la condición del médico. En su muñeca izquierda viste discretamente lo que se denomina un reloj inteligente. Las gafas son aéreas, livianas, casi imperceptibles (en el filo de la tecnología). Encuentro una gran disparidad con los despachos plenos de motivos vegetales, con los trajes y las corbatas, con las poses patricias, encuentro el rasgo definitorio de nuestra época: la disolución del envoltorio de la identidad. La identidad se transmuta y permanece, a pesar de los cambios indumentarios.


+ Se disuelve el dios del momento en la lectura. Se transportan los hechos al papel, la lectura no es otra cosa que un simulacro de vida, pero la vida se explica mediante ella, o, al menos, es ese el intento. Dejo los libro y me adentro en la música y el dios del momento y la oportunidad resucita.


+ Música que me acompaña y me ayuda a rememorar aquellos lugares donde C. y yo fuimos felices. Cádiz, por ejemplo.


+ Consultorios médicos. El examen de salud anual. Preguntas, extracciones de sangre, el peso y la altura, relación entre ambos. Tengo sobrepeso. No es preocupante. La mañana, tras el examen médico, resulta fluida. Las preguntas sobre el bienestar y el estado de ánimo son satisfactorias. En mi adorable vida rutinaria, los hechos y las esperas se transforman en una entrada más en la agenda. El debe y el haber.


+ No sé cómo, pero llego a Fernanda y Bernarda de Utrera. Escuchar sus voces resuelve cuestiones antiguas, un balance entre lo esencial y lo fallido. No siempre se llega, pero el intento magnifica el duende. El duende espera a la vuelta de la esquina. Algo aprendí ayer en la sala de espera del dentista. Mientras, sonaban las dos hermanas de Utrera.


+ Se funde la semana con la siguiente y, así, avanzamos hacia el viaje hacia Madrid. Evitamos esencialismos y descansamos en esa idea de viaje o desplazamiento mínimo. Una promesa cumplida. Vale.


+ Imagen: Un duplicado.

sábado, 4 de mayo de 2024

Sin título

+ Escucho música de guitarra flamenca y llego a la conclusión de que la mayoría de las piezas deberían recibir la etiqueta S/T (sin título). Me parece una imposición innecesaria esto del título. Pero cargamos con ello. La música se eleva con facilidad, pero también, a veces, solo es decorado y eso está bien. Música que se adapta sin dificultad a cualquier idea, casi a cualquier idea. Me centro en lo último mientras escribo. Hoy leeré otras cosas y mañana no trabajaré nada en lo que he emprendido (¿escritura de sí?). Sin título. Vale.


+ Formato biográfico: “la narración de una vida y descripción de un carácter, explicando sus constantes, evolución y y elementos determinantes.” (Antonio Sánchez Jiménez, Lope. El verso y la vida: 17) Veo aquí puntos cardinales que se deberían desarrollar, he aquí la partida desde donde iniciar el recorrido por ese yo, este yo.


+ He leído sobre pintura en esta primera hora. El domingo y el cielo despejado me inspiran. Lo bello y las bellas artes, en horizonte. Función y alejamiento, la distancia y la verdad (?). Reflexiono pausadamente: se trata de la preparación necesaria para ir a la exposición en Madrid de Tápies. El texto es el texto de Tápies (La práctica del arte) y su verdad es la que se establece entre la pintura y el pensamiento que al pintor genera, que transmite y yo, hoy, recibo. Yo soy el receptor y establezco límites, fronteras, que termino por derribar. Este entramado describe la idea del viaje hacia esta exposición. Ese es el juego. Me preparo para la visita. No es una tarea, sino un extraño placer. La límpida mañana rescata la ilusión. Son estos pequeños afanes los que cimientan lo cotidiano.


+ Por otra parte, creo haberlo dicho ya, la visita a lo de Tàpies trata de un intento de encontrarme con una parte de mi biografía, que se hunde, quizá, en la infancia y en la adolescencia. A ello debo unir el acercamiento, tras el viaje a Cádiz, al flamenco. Otro reencuentro. Quizá el balance no resulte negativo, pero la valoración queda a un lado y lo que deseo es un descripción minuciosa del paso del tiempo y de las balizas que lo acotan. Tàpies y las guitarras salvajes me ayudan a recomponer partes de la biografía, sin medias verdades, sin mentiras ocultas. No hay emboscadas, sin rendición.


+ La ociosidad: “cuchillo de la virtud y noche del entendimiento” (Lope de Vega). Pero también tiene el ocio y la pereza su parte positiva, el alejamiento de las condiciones de lo diario, esa soga que aprieta a los que nunca descansa. Pero cada persona es la que es y de ahí no se puede escapar. Solo el ocioso crece en la ociosidad, porque que al que laborioso es le espanta esa inercia o esa ausencia de inercia y dinámica. Observar la pereza otorga un punto moral que ahora no acepto: no hay mérito, tampoco culpa. Adagio que diluye todo un mundo y de ahí tenemos que emerger, nuevo y alegres. Ay, la alegría. 


+ C. y yo visitamos dos ciudades romanas que, en su momento, hoy ruinas, se asomaban al mar. La primera fue Pompeya, la segunda, Baelo  Claudia. Una brisa de melancolía en ambas ocasiones me invadió y, al tiempo, parecía entender yo que tras la derrota que implica toda victoria permanece un espíritu tutelar que impregna a los visitantes, a aquellos que estamos dispuestos a escuchar el rumor de la vida que ya no está. El tiempo siempre vence. Se deberá a la lectura o a la opacidad de ciertos momentos que me lleva el sueño hasta tiempos que no son los míos. 


+ Imagen: aquel olvidado vacío de la pandemia. Recuperar fotos es un poco recordar lo que no llegamos a ser, aunque tampoco lo pretendimos. Un juego de espejos.

sábado, 27 de abril de 2024

El don y el reflejo necesario

 


+ Es sábado. La mañana, un día más, es una mañana radiante, el sol intenso y el cielo despejado. Hay un algo que me reconcome, está ahí y lo identifico. Lo estudio. Me estudia. He hecho ejercicio y, como siempre, ha resultado una medicina exacta, en el punto exacto ha actuado. Me reconcome mi idea sobre la determinación, sobre mi propia determinación. Lucho contra mi condición y en el principio rector se eleva una decisión: continuar sin pensar demasiado. Me estudia y me estudio. Pero me dejo llevar por el propio ejercicio y la música de guitarra flamenca (es un homenaje al que fui, una reconciliación con el adolescente que hasta aquí me ha traído). Alcanzo la deseada tranquilidad. Le doy una golosina al gato y otra a la gata. Los dos son hermosos y opuestos. Leo, bebo algo de agua, el café me espera, leo. Debo escribir y no sé por dónde comenzar. Todo se ha desplazado, el zócalo me impide continuar, aunque mi obligación es esa: continuar. También la voluntad es un don.


+ La fina línea del horizonte me inspira. Desde la playa veo donde el océano Atlántico se confunde con el cielo. Más que un recuerdo, se trata de una emblemática imagen. Los detalles del viaje llegan mediante la insinuación de una música que cuando estábamos allí no escuchamos. La paradoja casa bien con mi principio rector: la busco y me encuentra. El horizonte es el emblema. Un lugar que está presente pero no se alcanza. Me diluyo en su verdad. Como una letra, como el dibujo del arabesco de una melodía. El sábado avanza y en la tarde se perfilan las nubes, el viento canta leve y sostenido. He tocado un poco la guitarra, ni siquiera diez minutos, he intentado escribir y casi lo consigo. La persistencia apuntala el carácter, pero está ahí desde el inicio. Nadie lo cambia. El tanguillo me rescata y devuelve una alegría fundamental y momentánea, queda la alegría aleando y se aleja.


+ La definición de don, que no es otra, según la RAE, que “gracia especial o habilidad para hacer algo”. Se ve ya en la primera infancia cómo apunta esta capacidad. No se aprende, aunque admite perfección. Pero la capacidad de perfección no deja de ser otro don. También la voluntad, la determinación y la constancia. En inglés la palabra, más o menos, equivalente es gifted, que equivale a la otra acepción que tiene don en español: regalo. El don es un regalo, nadie ha hecho nada para tenerlo y tenerlo no implica mérito. El mérito y la culpa, un debate abierto hace tiempo y que creo que he resuelto, porque he llegado al punto en que no admito ni una cosa ni la otra, pero sí la ficción necesaria que representan ambos conceptos.


+ Mientras, las guitarras suenan. También la voluntad es un don, repito y reflexiono, lo dejo y escucho cómo las guitarras trazan sus arabescos, las líneas finas que se enredan entre sí y resuelven la ecuación, pero la incógnita se eleva, una vez más. La vida, qué complicación.


+ El barquito de vapor / está hecho con la idea / que en echándole carbón / navegue a contra marea […] Esteros de Sancti-Petri / salinas de San Fernando / espejos de sol y sal  / donde se duermen los barcos (Camarón, “Bahía de Cádiz”, 1979).


+ Siempre ha sido así. Una etapa, un tiempo, un espacio entre el cielo y el mar. Ahora toca esto y luego vendrán otras cosas. Hoy solo flamenco. Extraña intimidad. Se eleva sobre el tiempo, busca esa conjunción y no la encuentra. Soy yo y un otro yo que fui. Ahora lo escucho con más respeto y un entendimiento más afinado. El barquito de vapor…


+ Me detengo y observo a las hormigas. Su trabajo incesante e incansable. ¿Mérito? ¿Y la metáfora, la fábula de la hormiga y la cigarra? ¿Puede la hormiga dejar de ser hormiga, puede la cigarra dejar de ser cigarra? El barquito de vapor cruza la bahía.


+ Me he comprado un libro que aborda la historia del flamenco, Una historia del flamenco de José Manuel Gamboa. Con esto todo queda dicho. En los libros está todo, pero esa totalidad siempre espera que se reescriba. El reflejo necesario. Leer, pensar, conversar. La triada se eleva sobre la rutina. Ay, bendita rutina con sus leves acentos. 


+ Imagen: la etiqueta es indescifrable, ahora mismo. La observo y recuerdo. Nada queda ya de aquello: el afán y su olvido, tal vez.

sábado, 20 de abril de 2024

Sin indicaciones (19)


+ Ahora que he regresado al flamenco, escucho, ahora mismo, un mix de Camarón en YouTube. Al final se trata de una rememoración, la reconstrucción de un pasado que fue y que no fue. Aquí están las guitarras, los paisajes y las fotos, viejas amistades el recuerdo de mañanas despejadas de sábado. 


+ Hay siempre una extraña nostalgia de una vida que nunca se llegó a vivir. La nostalgia remite al nostos, la necesidad de regresar a la patria o el simple y sencillo regreso. Escucho a Camarón, iremos a ver la exposición de Tapies, a Cádiz viajamos. De una manera inefable, regreso a ese un mundo que no germinó en su momento y ahora se convierte en una isla de ilusión. Las ideas que dejé a un lado ahora regresan cargadas de fuerza. Así, la guitarra despierta y ensayo acordes flamencos y la luminosa idea de una ciudad bañada por la luz se hace materia en recuerdos de Cádiz. Son idea, fugaces ideas que relevan el día, su afán.


+ Sigo el desarrollo de la guitarra de Sabicas en su esplendor y parece como si yo comprendiese algunas cosas. Cosas, me digo en la indeterminación de la palabra. No se trata de un descubrimiento, sino de reconocerse en el anclaje que nos lleva a esa nostalgia de la que antes hablé. Falta de claridad, me digo, esta es una de mis carencias. La claridad no como cortesía, sino como obligación. Trataré de corregirme, pues de eso se trata. Ahora.


+ Una vez establecido el adagio que yo solo leo escritores fallecidos, ahora construyo algo similar para la música. Mi resucitado flamenco. Soy el de antes y el ahora. Y, así, escucho al Niño Miguel o a Rafael Riqueni. El tiempo dibuja una silueta que no termino de reconocer, pero que voy atisbando. Ese soy yo, en el cambio y la impermanencia.


+ Imagen: paseos al atardecer, grises cuando el sol todavía brilla. Un apunte, otro olvido.

sábado, 13 de abril de 2024

Sin indicaciones (18)

 


+ [Quince días antes]. Se termina la Semana Santa. He escuchado algunas misas en el reproductor en línea porque son un buen telón de fondo y me ayudan a concentrar. Bach. La función crea al órgano y ninguna obra de arte se escapa del uso puro o espurio que se le pueda dar en el futuro, en cuanto sale de la mano del autor ya no le pertenece. La reflexión se diluye en el final de tarde, no llueve. Escribo esto antes de ir a Cádiz y se supone que se publicará tras el viaje. No sé si es necesario hacer una descripción, una valoración del viaje. Ni siquiera sé si es un viaje, pues al turismo estoy plegado, ya que me desprendo de actitudes elitistas que me han lastrado. Libros que termino, libros que comienzo. 


+ La melancolía y la acedía me acechan, me subyugan, pero me opongo a su poder. No es mérito. Las ruinas quedaron a un lado.


+ [Días de Cádiz]: No sé si fue el cielo o fue el paisaje, la luz, tal vez. Una inspiradora temporada de alegría, la felicidad en el margen, la tristeza en la lejanía. Playas, carreteras, pinares. Aprendía algo sobre la identidad y cierto respeto que se debe tener por lo otros, que comienza en el respeto por uno mismo. Sin embargo, tampoco me alejé de mi idea de la necesidad de un grado cero de los atributos personales. Difícil equilibrio, necesario balance. 


+ “¡Osad primero a creeros a vosotros mismos - a vosotros y a vuestras entrañas! El que no se cree a sí mismo miente siempre.” F. Nietzsche.


+ El Dios del momento se embosca en lo cotidiano y no resulta fácil descubrirlo entre el follaje, pero ahí está. El Dios del momento es una ficción necesaria. Aparece y desaparece dejando un rastro de verdad y fuerza, sin mostrar nunca su rostro. Una apariencia que se hace carne en el fluir del día. Poco más.


+ Desde hace unos días no escucho otra cosa que flamenco y regresa, así, una parte de mi juventud. Una parte que cuaja en alegría e ilusión. Ahora mismo suena Pata Negra. La guitarra duerme, deseo comprar una guitarra flamenca. No se dará tal cosa. Se apaga la música y regreso al trabajo lector.


+ Breves notas, apuntes del natural que luego coloreo en el cuarto de estudio, acumulo tareas y afanes. El día muere.


+ Imagen: Baelo Claudia. 2024.

sábado, 6 de abril de 2024

Sin indicaciones (17)


+ Observé la foto que colgó en su estado. El niño que fue y la expresión se mantiene a lo largo del tiempo, en el niño y en el adulto la severidad de la expresión representa una manera de conducirse. El emblema mantiene a la persona, me digo. Cierro la foto y regreso a lectura. Pierdo demasiado tiempo en divagaciones. No sé si son necesarias, pero no las puedo evitar. Es parte de mi núcleo, de mi principio. Nada se opone a lo que nos constituyó. Me centro en lo reflexionado ayer por la noche, antes de dormir, sobre el nihilismo. Así, dejé el tomo sobre la mesilla y me sumergí en el sueño. Recordé la sequedad, la falta de sentido de la vida, de mi aislamiento elegido. La soledad elegida. La foto flotaba en el sueño y era mi propia infancia la que se veía cuestionada. Demasiados exámenes de conciencia, la conciencia como otra parte del yo, un enfrentamiento entre las multiplicidades que el día ofrece. Fue el sábado cuando vi la foto, el domingo la recuperé y en la última hora se deshilachaba una idea sobre mí que se trenzó a lo largo del fin de semana: la tristeza, aparentemente, inmotivada. Desperté temprano, fui al ejercicio diario y me salvó, por un momento: me salvó.


+  Recojo palabras y las anoto en un word creado a tal efecto. Utilizo para ello el arbitrario orden alfabético y pienso si no sería mejor intentar establecer una alternativa acorde con mis propósitos. Un orden, tal vez, basado en las facetas de las palabras, sus conexiones o sus antónimos. Estas divagaciones me rescatan de tempestades y naufragios. La culpa intoxica el día y el antídoto se resuelve en lectura y trabajo, también en la certeza de que la determinación gobierna nuestras vidas y el mérito y la culpa novelan los afanes y las derrota. No tiene sentido. Así, regreso a las palabras y su apunte; mientras, decido su orden adecuado o inadecuado. La tempestad desparece, pero tampoco me interesa el despejado horizonte que ahora se atisba. El día muere, otro nace.


+ Arribo una vez más a las playas del determinismo. No es una meta, sino un camino, una explicación que me permite reconstruir mi biografía con unas claves distintas que me curan. Quizá el mérito y la culpa no sean otra cosa que una suerte de toxicidad que nos carga con unas deudas y unos haberes que no nos corresponden. Complejo su desmontaje, el debate: imposible. Aunque lo último no me interesa porque mi objetivo se ciñe a lo personal y a la mecánica terapéutica de mi yo, que precisa cuidado. El mérito estructura el mundo, la culpa es su envés. La otra cara de la moneda aporta un conocimiento más allá de lo complementario. No siempre uno y uno es igual a dos. En el papel, sí. En el desarrollo de lo cotidiano, no. El determinismo ha llegado hoy de la mano de una recomendación automática de lectura: Decidido: Una ciencia de la vida sin libre albedrío, Robert Sapolsky. He leído un fragmento que ofrece la librería en línea y he reconocido ideas que yo he desarrollado hace tiempo: no hay mérito, no hay culpa, tanto la inteligencia como la belleza tienen que ver con la genética y al mismo tiempo: el carácter, bueno o malo, la disposición para el trabajo o para la pereza están tan determinadas como la belleza o la inteligencia, la estupidez o la bondad. Una larga cadena de pesados eslabones que me ha constreñido durante mucho tiempo, demasiado. 


+ “Los hijos perdidos se arrojan a tus pies”, traduzco al vuelo de la Pasión según San Mateo de Bach [hay tres niveles de subtítulos: japonés, alemán y francés, y es del último de donde yo saco la traducción]. Y la frase se enlaza con la reflexión anterior, con la culpa y su perdón, con el mérito y su premio. Lo dejo todo a un lado y me centro en alimentar la ataraxia. Poco más. Sin embargo, el desarrollo de la Semana Santa sigue su camino. Yo me aparto y no debato. Ya no tengo ganas, ya no tengo tiempo.


+ [...] “un desengaño fiel,/ un alivio traidor” (Villamediana, 1629: 362). Una lectura sin contexto es un error, pues no cabe entender estos dos versos sin la codificación petrarquista. Fuera de ello, sentido no hay. ¿Hasta donde es traspasable este error? ¿Qué lejos puede llegar la plantilla? ¿Hasta lo humano, hasta el comportamiento, la inteligencia o la belleza? De ello me ocupo y todo me sirve, como, por ejemplo, estos dos octosílabos. Leo y aplico, sin solución de continuidad.


+ [Cuando esta entrada se publique estaremos en Cádiz; vale].


+ Imagen: Un cierto desorden: hoy que subo la foto me doy cuenta de que en primer término hay un libro de Nietzsche, se trata de Así habló Zaratustra. No creo que haya nada significativo en ello, pero me gusta que quede constancia [rememoración de viejos ritos que se han desvanecido].

 

sábado, 30 de marzo de 2024

Una vez más, silencio

 

+ Han subido las temperaturas y en la última de la tarde sopla un viento que no llega a ser violento aunque se aproxima y aúna un estado de desagrado. Es involuntario. En el cielo se espeja la noche, limpia o transparente. Algo leí sobre la determinación y no me gustó, lo que no implica que fuese falso. El día da de sí lo que da, los afanes se suman su cortante realidad. Ay, la realidad. 


+ Días atrás, en una distendida conversación, se me ocurrió decir que la fotografía estaba cerrada, que resulta imposible hacer más fotos. Mis dos compañeras de trabajo me miraron extrañadas e inmediatamente me arrepentí de haber dicho lo que había dicho. No era el lugar, ni el momento. Una de ellas mencionó a Helmut Newton y yo dije que había visitado su fundación en Berlin y que me había resultado indiferente su provocación. Aquello derivó en qué es bello y qué no es bello. Yo me siento al margen del debate de la belleza. He leído demasiado y siento una nausea cuando alguien se expande a explicar conceptos que me son ajenos, o, dicho de otra manera, habla de algo que desconoce y se expresa desde la atalaya del impresionismo: me gusta o no me gusta. Lo sé: carece de importancia conocer bien el mapa del gusto, la estética y el cementerio artístico. Yo no soy creyente ni de la belleza ni del museo, la sala de conciertos o la fijeza de la cátedra de literatura, pero he transitado por sus bosques, llanuras y desiertos. He de aprender a abstenerme, a no hacer preguntas del tipo: ¿qué es una buena fotografía? Ya no es tiempo para nada, salvo para el silencio.


+ El sábado es una sima. Me siento decaído y cansado. Me he despertado muy temprano y he estado leyendo. He leído algo que se relaciona con lo anterior y la sensación de inutilidad me ha atrapado. Sumergido en el océano de lo que no comprendo y no comprenderé, siento el vértigo del día luminoso. Pienso, por un momento, en la barbaridad de la crucifixión [estamos en el inicio de la Semana Santa]. Con todo, sigo con mi rutina y esa luminosidad del día me afecta, pero sé convivir con mi dolor sin motivo ni concreción. El afán del día.


+ Las fotos documentan instantes, luego llega todo lo demás. Esa razón guía las imágenes de este blog. El hilo conduce a otro sendero y lo cotidiano nunca se embosca. Un archivo, finalmente. Poco más. Hay está la muerte de la fotografía, la plácida muerte de la fotografía.


+ He regresado a los sonetos de Conde. Lo sé. Es un viaje de ida y vuelta. Llego a ese mundo y no soy yo un ciudadano, ni siquiera un viajero, sino un turista. la diferencia entre el viajero y un turista es que el primero tiene algo que hacer, el segundo no. Lo pienso un poco y yo sí tengo una misión, que se oscurece o se ilumina, según el día. Me produce cierta satisfacción verme reflejado en una tarea superior, aunque me cueste tanto esfuerzo y me provoque tanta inseguridad. El crecimiento es doloroso.


+ El día, desde su inicio, hasta el momento, en su discurrir, se ha resuelto en una abundante alegría, contra la que tengo una incierta prevención. Sé quién soy y no es poca cosa este conocimiento: difuso, cambiante y necesario.


+ [He] Speaks to every man at every level. [En inglés y en Semana Santa, un adagio para construir un puente entre la infancia y la edad madura, un sortilegio que no termina de funcionar].


+ Apenas me siento capaz de ver la superficie de la realidad, o ni siquiera esa pulida y espejada superficie. Tendrías un saber inmenso si te mantuvieses en silencio, parece decir la mañana y no le falta razón. Me recojo en la música que suena en el reproductor [Bach]. Esa transmisión entre lo posible y lo improbable me deja en suspenso. Con el tiempo he aprendido a ver que hay sujetos que se dirigen a un objetivo a una velocidad insospechada, he desarrollado la capacidad de explicar(me) trayectorias de éxito, pero también veo los fracasos ominosos. No es un don, es el afilarse de una inquietud. Tampoco es la capacidad para la novela, sino que se trata del silencio, la espera y la observación. La observación, la materia de lo cotidiano, la ruptura de las evidencias. El silencio.


+ De fondo, lleva varios días sonando La Pasión según San Matero de Bach. Diferentes versiones, el mismo espíritu. Trato de no acercarme al contexto primero de la obra y me dejo llevar por una idea personal construida a lo largos de los años de manera espontánea, sin ningún sistema, que me remite a un escenario y a una situación de silencio y aislamiento. Silencio y aislamiento, repito y la arquitectura de la obra de Bach se impone y yo me callo, dejo de escribir.


+ Ha regresado, hoy lunes, la lluvia.


+ Imagen: Cercad del bosque, en el trayecto, aparece una discoteca abandonada. el silencio se impone. Quizá algún pájaro lo rompe. Tal vez no.

sábado, 23 de marzo de 2024

El afán del día

 

+ Los gatos actúan como transparentes metáforas de la vida cotidiana, los afanes y el deseo. Resulta fácil. Comer, dormir y, tal vez, reproducirse. Hay otras acciones fisiológicas que cualquiera puede suponer. El sentido de la vida se manifiesta en su comportamiento diario. Y un día dejan de comer y se les ve tristes. Esa conjunción de falta de apetito y tristeza nos acerca a ellos y en ellos nos vemos reflejados. La metáfora reside en la expansión del dolor, la pérdida o el engaño. Aunque carezcan de lenguaje adecuado para expresarse poéticamente, su vida y sus actos mismos contienen ese impulso: la vida y sus ritmos. Quizá eso sea la poesía, quizá no. Hoy prefiero pensar que hay una explicación para las dudas que me asaltan. 


+ Tomo una cita de las lecturas en las que estoy sumergido, en este momento, domingo por la mañana: “La virtud más grande de los españoles ha sido siempre un especie de resignación respecto a sí mismos.” [En Romero Tobar, La literatura en su historia, y el citado escritor es J. Casssou]. Me interesa esa resignación. En lugar de orgullo, resignación. Algo de esto hay en mi posición política del momento. No me gustan los pactos con los independentistas, no me gusta la amnistía, no me gusta tantas cosas, pero mucho menos me gusta la alternativa que se presenta. ¿Es una virtud esta resignación? No lo sé, pero ahí veo mi reflejo. Preguntaría a los gatos, pero sé que no se pronunciarán. Me quedo con la cita.


+ Lema: “Ven, muerte, tan escondida”, que, en lugar de ser fúnebre, torna el día en ese aprovechar el afán del momento, tan difícil de alcanzar como beneficioso [el aprovechar].


+ Leí que hay gatos que se sienten incómodos con sus dueños y su casa. Se van y no regresan más. He pensado mucho en esa característica de algunos gatos. ¿Característica o cualidad? Es preciso saber tomar la decisión adecuada en el momento adecuado y ser consecuente con ella. Mucho he reflexionado yo a lo largo de mi vida sobre qué hacer en momentos determinados. Ahora, llegados a este punto, y con un sistema muy depurado, entiendo a estos gatos que dejan vida y labor propias. Qué hacer cuando tu sitio no es tu sitio, qué hacer, sino desaparecer para siempre y que un rastro de tristeza quede flotando en el aire al que nunca volverás. He pensado en la articulación poética que posee, pero no es poesía, es lírica y en ella descanso. Hoy descanso, mañana tendremos otro afán.


+ Lema: “Por la caridad entró la peste”. Frase desagradable donde las haya, pero, al mismo tiempo, certera. Lo terrible de su acierto se sitúa en ese límite entre lo conveniente y lo molesto. Asisto sin pasión al desarrollo de su estela en el afán del día.


+ Imagen: la fotos que se hermanan con una idea de pintura, con la abstracción, la expresión y la deliberada ausencia de forma.