+ Leo: “el fundamento irracional del amor y el conocimiento de la pasión a través de la propia pasión”. No es romanticismo, es barroco. El Barroco que integra en sí una forma de ver el mundo que se resuelve en lo extraordinario y arborescente, la pasión y la finitud. La finitud es la clave vital.
+ Se aleja el verano. Las estaciones meteorológicas tienen un potencial simbólico no siempre evidente. Lucho contra ello y no quiero otra cosa que el presente. Tratar de habitar poéticamente el mundo no siempre es posible. Ni siquiera es un planteamiento original, como si esto tuviese alguna importancia.
+ De la estantería tomo el libro Miel salvaje de Miguel Ángel Velasco. Y acudo al poema al que siempre acudo: “La tregua”. Los leo y me quedo con tres versos: “De nada sirve hoy el láudano del verso, / ni las habitaciones de la música: / te han mirado unos ojos sin amor”. La cita me conmueve y pienso en todos los heroinómanos que he conocido, directa o indirectamente, a lo largo de mi vida y siento compasión. Siento compasión por mí y me redimo. No hay tristeza, ya. Solo una nostalgia de lo que un día fue esta ciudad y el extrañamiento de lo que es hoy: corredores y ciclistas, turismo y gastronomía, una sensación de agotada identidad, la reivindicación de esa identidad que tan extraña me resulta. Eso es, esos son los ojos que miran sin amor, aunque la heroína a mí no me haya alcanzado [afortunadamente].
+ La heroína a mí no me alcanzó porque yo no estoy hecho de esa materia. Otros materiales me atacaron con dureza a mí, aunque yo ya sea otro y reconozca mi fuerzas en mis renuncias. El carácter nos aleja o nos aproxima a los venenos y a través de los venenos podremos saber quiénes somos. Yo sé quién soy y por ello escribo lo que escribo.
+ Imagen: límite.