sábado, 10 de octubre de 2026

Las fechas

 


+ “[Las] fechas no marcan ciclos completamente clausurados.”  Apunto.

+ Las conversaciones sobre la fugacidad de la vida forman parte de los  tópicos que se intercambian a diario. El tiempo el tema de la poesía, del arte. La caducidad tiene una inquietante exactitud. Así las fechas dan una perspectiva adecuada, valen para hablar, valen para el silencio, pero terminan por imponerse. Esa perspectiva guía el dibujo de lo cotidiano. No es el momento, es una vida en su totalidad.


+ Otra vez, el automóvil y el paisaje. Deslizase el 4x4 por las carreteras sin fricción, fluido y amarillo establece una marca divisoria entre el pasado y el presente, sin apuntar al futuro. Yo lo veo desde el atril de la poesía, porque de otra manera no puedo entenderlo. Con suavidad conduzco. Respeto las normas, soy amable y no pongo demasiado alta la música. A veces veo un ave rapaz surcar el cielo, recuerdo pintura del más alto nivel entrevista en algún viaje, hundido en el tiempo, a alguna capital europea. A veces una persona en el arcén parece pensativa y el coche, con su amarillo celeste, naranja sin olvido, dibuja la senda. El resto, olvido.


+ El frío de la primera hora de mañana me recuerda escena francesas que imaginé tras ver alguna película de Eric Rohmer: no sé si es el tiempo o el ritmo. Conduzco y suena la radio clásica, cambio de provincia e interfiere una radio portuguesa: sobre la cuestión del trabajo, el pago de impuestos y la obligación de todo aquello que se automatice contribuya a las pensiones y a los subsidios de paro. Regreso a mi provincia, a mi sector, bajo la misma demarcación. Estoy de acuerdo. Pronto llegarán las elecciones y se respira un cierto desasosiego: tomo café con dos antiguos compañeros, que visten de amarillo con bandas reflectantes. No son pesimistas, pero se encierran en sus teléfonos. Uno de ellos me habla de lo bien que se dan las matemáticas a su hijo y que el curso próximo comenzará ingeniería de telecomunicaciones. Vuelvo a la carretera. Pienso en obligación que tienen los propietarios de la máquinas de contribuir a lo social, en la música, en el hijo del operario que irá a estudiar una ingeniería. La vida tiene ese tacto.


+ Cada autor es un mundo inexplorado o mínimamente explorado. Cuando nos sumergimos en la poesía o en la música de un autor, por poner dos ámbitos como podía haber nombrado otros muchos, entramos en lo desconocido y al final de ese camino no hay otra cosa que nosotros mismos. Descubrir, desmontar y reconstruir a un autor es hacernos autores nosotros mismos y las operaciones realizadas recaen sombre nuestra mismidad.