+ “El aire se serena / y viste de hermosura y luz no usada,” Fray Luis de León, Oda III “A Francisco Salinas”
+ La belleza de un poema es la belleza de una combinación insertada en una estructura fija y rígida. La “luz no usada” esconde en sí misma un universo de posibilidades. Me encuentro con la reverberación que me produjo en su primera lectura, reconstruye el lector que fui y al que debo el que soy. ¿Buen gusto, distinción? Hay momentos en que la cuestión tiene sentido y otros en los que no. Me dejo ir en esta última posibilidad. ¿Por qué? Es el bote salvavidas que contemplo desde este barco que todavía no está a la deriva.
+ Ayer, en Santiago de Compostela, compré la edición de Poeta en Nueva York de María Clementa Millán. Lo he comprado a raíz de haber visto La bola negra, que, por ensalmo, recordé cosas de Lorca, asuntos sobre la edición del poemario y la complejidad ecdótica que lo rodea. Eso me aporta una extraña seguridad en mí mismo, de la que tan necesitado estoy. La filología como arma de combate en la lucha cotidiana. No cabe otra posición. Poco a poco, regreso a mi patria, los libros.
+ [Lectores de calidad]: no puedo por menos que emplear el sintagma, porque entiendo que la calidad se circunscribe a una cierta apertura. No me gusta lo estrecho, ni lo dado, no lo que se recibe sin más reflexión que la produce el rayo en el agua: la traspasa y nada deja en ella. No es la calidad una cuestión de títulos ni erupciones, sino, repito, apertura. Y no se restringe a la lectura, porque es una forma de estar en el mundo. Todos los días debo escuchar ruidos y rumores que se oponen a esta forma de estar. Puedo con ello y con más.
+ El soneto XI de Garcilaso de la Vega. Vuelve el poema en forma de paisajes entrevistos desde el tren, tal vez, Toledo.
+ La búsqueda de libros en línea transmite una extraña sensación de reciclaje o reconstrucción interesada. Materiales del pasado que rebusco en páginas web, que lo que arroja esta búsqueda se aleja del primer propósito. Aquel propósito del autor, porque el mío es otro y me doy cuenta de que todo sucede así: lo proyectado termina por ser un algo abierto a múltiples e insospechadas posibilidades. Los libros que encuentro se adaptan a una tarea para la que no estuvieron pensados, la tarea que llevo a cabo tiene un destino insospechado. Todo lo humano participa de esta falta de voluntad exacta, de plan bien trazado. El plano termina por verse abocado a una reelaboración que se aparta del primer dibujo, del esbozo, de la idea que alumbro el camino.
+ Deseché una cita de Claudio Rodríguez porque no encajaba en el esquema académico, aunque creo que era suficientemente ilustrativa de cómo la herramienta depende de la voluntad de la mano que la empuña y no de su propia naturaleza. “¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra / que cuando siega, / el de amor que el de asesinato?”, que se puede encontrar en Alianza y condena. Que conste.
+ Imagen: Santiago de Compostela.
