+ El cansancio y el inesperado calor me impiden concentrarme. He trabajado, y, aunque dormí bien, vuelvo a tener sueño. De fondo, Bach. El sábado, este sábado, es un día prometedor. Tras una semana extraña, el sábado se presenta abierto y amplio, propicio para la lectura y la escritura. Una pausa.
+ “Un acreedor poco amable, la vejez, me aconseja que revise mis cuentas y las liquide.” Esto leo hacia las once y media de la mañana. Ahí queda. La revisión de las cuentas y la liquidación de las deudas, resume bastante bien cómo ha discurrido la semana. Declaraciones grandilocuentes y actos que tienden hacia lo deplorable. Veo lo que hace y no ignoro lo que dicen, la contabilidad es implacable: la hipocresía corona el escudo. Me cuesta mantenerme al margen, pero no queda otra. En ello descanso.
+ Los días nos ofrecen extrañas posibilidades. Hoy alguien me habló de espiritualidad y sentí pena. Estuve en silencio y escuche y ella buscaba mi aprobación. Creo que el silencio no era otra cosa que respeto por ella, por su persona, pero, en ningún caso, asentimiento. Hay unas calas que se manifiestan de manera insospechada. Me fui porque el teléfono sonó. Puedo decir que la campana me salvó.
+ El silencio y uno de sus equivalentes: la página en blanco. Ahí descanso. Lo poético es el ritmo.
+ Imagen: geométrico.
