sábado, 31 de enero de 2026

Sin indicaciones (34)

 


+ El determinismo no es un tema, es el tema. Las cartas que te han tocado son definitivas y no admiten cambios. Palabra que resuenan en el rutinario desarrollo del día. Me entristezco. Me enfrento a la tristeza y gano. Tampoco deseo la engañosa felicidad. ¿Ataraxia? A veces el despliegue de la rutina me parece un campo de observación en donde puedo clasificar elementos y dejarlo en la casilla que les corresponde. No sé. Ni está bien, ni está mal. Son debates que tengo mi propia mismidad, en silencio, en el interior. Cierro los ojos y duermo, los sueños me asaltan, aunque no me perturban. Escucho viejas canciones y recupero tiempos que parecen distintos, pero están íntimamente unidos al presente. Estos son los materiales que me permiten entender algo sobre mí. Me parece que este ensimismamiento siempre ha estado ahí, desde la cuna. Debo avanzar.


+ Sin miedo, sin esperanza. Ahí me mantengo.


+ La carpeta que creé en el ordenador con el nombre de “Fotografía” tiene un contenido extraño y diverso. En ella guardo enlaces e imágenes que se resuelven en motivaciones, intereses e indicios. Necesito tener un archivo permanente de asuntos que me hagan pensar sobre cómo se desenvuelve lo diario. Hay otras razones, porque me parece que reflexionar sobre la historia de la fotografía nos ayuda a establecer balizas en un camino hacia el presente que se muestra esquivo, pero, así, queda delimitado y nos evita distraernos. Me fijo en la foto de un accidente de automóvil: son los años treinta del siglo XX, es un lustroso coche, que brilla como una pistola en la noche, imbuido en un ambiente de cine negro, tres personas lo contemplan y parecen comunicarnos que “el futuro ya está aquí”. Cierro la imagen y abro el enlace de una exposición que ya caducó y me devuelve una suerte de entender la vida desde una óptica operística. Las realidades me asaltan y se desvanecen. Guardo una captura de pantalla de una chillona actriz que un día nos interrumpió un agradable café en la cafetería de un hotel. Sus expresiones de entusiasmo regresan y retumban cuando veo su rostro. Es un aviso. El conjunto forma un todo con ansia de alcanzar un nombre. Eso deseo yo, alcanzar un nombre y un adjetivo que en su naturaleza de sintagma preciso y solido me devuelva un punto de vista incuestionable. Es un ansia que no se cumplirá, pero, lo sé, vale más el proyecto que su consecución. Así, el camino y la posada. Cervantinamente.


+ La rutina, en contra de lo que muchos piensan, es una bendición. Mi ilustrada concha-refugio me pone a salvo de las opiniones y los esfuerzos infructuosos, me dejo llevar. El silencio. La distancia. Hablo y escucho. Mi posición se refleja en mis manos, la tranquilidad. Hablo y escucho. No espero nada ni de hoy ni de mañana. Palabras.


+ Imagen: doy un paseo, entro en la facultad de BB.AA. de Pontevedra y veo el casillero que ilustra esta entrada: se relaciona con el primer párrafo, en un sentido amplio y abierto.

sábado, 24 de enero de 2026

Sin indicaciones (33)

 


+ Continúa la reflexión, mi reflexión, sobre la amistad y, en este caso, sobre su disolución. Una disolución irremediable que viene más del desgaste y el cansancio que del enfado. No se puede cuantificar ni el desgaste ni el cansancio, pero sí son perceptibles. Durante el último mes me he hecho cargo de que para una persona que yo pensaba que yo era importante no lo soy. No se lo comunicaré, pero lo tendré presente. No soy rencoroso ni justiciero. Sin embargo, hay un poso amargo que no deseo que se trasluzca: por el bien común.


+ Viaje en la noche por el campus de la Universidad de Vigo, obra del arquitecto Miralles. ¿Una película metafísica o de ciencia ficción, ambas cosas? Al menos, el escenario era este.


+ La guitarra y la poesía de Antonio Colinas. Tras la muerte de mi padre estas dos realidades se hicieron unidad: un conjuro contra la muerte. Los conjuros resultan, al final, inútiles, pero imprescindibles. Hay cosas que ahora entiendo, cosas que intuí, cosas que no volverán y cosas que permanecen. Lo vuelvo a pensar ahora tras atravesar días en los que reflexioné sobre la amistad y su deterioro, sobre el desgaste que el tiempo y su usura aplican sobre las personas y que conducen a preguntarse si estas de hoy son aquellas de ayer y todo se resuelve en que, definitivamente, todo es cambio. Nada nuevo.

 

+ Imagen: los restos de unas vidas que ya no son.

sábado, 17 de enero de 2026

Su propio mundo

 


+ He leído algo que dijo Grigori Sokolov sobre su propio mundo. Dice el pianista que él se refugia en la música y no le interesa otra cosa. Una dedicación muy profunda. Me parece un mundo hermético solo posible para alguien de su temprano talento. No sé si es envidiable, pero revela una cierta distorsión y apatía. Me interesa mucho ese punto de alejamiento, al tiempo que no lo comparto. 


+ En cada momento de la vida las relaciones vienen determinadas por una multitud de factores difíciles de cuantificar y definir. Esto es un hecho innegable, pero, al mismo tiempo, se puede afirmar que si hay algo hay claro es que su realidad no es fija porque su naturaleza no es otra que el cambio. El cambio es el rasgo principal, indiscutible y nuclear de la realidad en sí misma. Digo y pienso esto a raíz de un titular que hace explícito este hecho mediante una afirmación que no me resulta extraña, pero sí lejana: “ya no reconozco a mis viejos amigos” y, a renglón seguido, el periodista se pregunta por las razones que nos llevan a alejarnos de aquellas personas que un día nos resultaron tan próximas. No es mala la pregunta y la respuesta se podría resumir en lo expresado anteriormente: el cambio. Ya lo dijo Heráclito el Oscuro: “nadie se baña dos veces en el mismo río” y por muy gastada que esté la frase no deja de ser verdadera. Abro el artículo en el ordenador. No lo leo completo, sino que extraigo fragmentos a mi conveniencia. Bien. La amistad era una relación que hasta hace poco no estaba sometida a escrutinio. El artículo dice que dice Nietzsche en La Gaya ciencia que los amigos son dos buques que coinciden durante un breve momento para, luego, seguir sus propias singladuras. Alguien señala que tiene amigos para charlar y amigas para jugar al pádel (?). Una exigencia de inmovilidad, el desvanecimiento, el esfuerzo sostenido, el conflicto velado. Se remata el artículo con una cita de T.S. Eliot que añade que las amistades terminan, generalmente, con un suspiro y no con un estallido. Un estilista, un buen colofón. Bien. Lectura de domingo. Sin complicación. Bien escrito, bien estructurado, bien pensado. Un buen trabajo. Pero me resulta un tanto irrelevante. No dejo el tema porque no creo que las amistades deban ser necesariamente de una forma u otra, pero sí es cierto que, obvio, de una manera u otra terminarán, bajo el imperio de una necesidad vital incontestable: la muerte. O dejaremos a los amigos o ellos nos dejarán. Un día estaremos solos o ellos quedarán solos. Es lo que se me ocurre desde mi prisma. No sé. Ha estado bien leer el artículo y dejarse llevar por las notas del Claro de luna de Debussy, terminar en la única reflexión que no se debe evitar, la reflexión sobre la muerte. El domingo, ay. El domingo y sus meandros.


+ El invierno contiene en sí gran número de metáforas, sobre la que triunfa el declinar de la vida. Hay que pensar, sin embargo, que tras su gélida presencia  llegará la primavera. Los ciclos de la naturaleza son otra fuente de metáforas que, también, se relacionan con el discurrir de la vida. La fuerza de la metáforas reside en su capacidad de explicación y no hay mejor explicación para describir el paso del tiempo y el envejecimiento que el curso de un año. De un punto a otro, vamos desde el nacimiento hasta la muerte. ¿Hay algo poético en ello o lo poético es precisamente esto? Pienso en los poemas de Antonio Colinas y cómo se conectan con la naturaleza, cómo hay unos paisajes que, de alguna manera, son míos, por la vena que me une a mi padre, fallecido hace tan poco. Es este el invierno que gobierna hoy mi pensamiento.


+ Guitarras y sueños de adolescencia, hoy hay una reconciliación que me satisface.


+ Aquel proceso de recuperación va y viene. Cada vez con menos oscilaciones, parece comenzar a dormir. Volverá y yo ya seré otro porque nunca somos el mismo. Mientras, nadie me quita la idea que nada tiene sentido, salvo por el que nosotros le condenamos en nuestra mismidad. ¿Solipsismo?

 

+ Imagen: la acumulación y la decadencia, un desvanecimiento.

sábado, 10 de enero de 2026

Callada lima


+ Todo adquiere sentido en este proceso de recuperación que he emprendido. La música que me interesa para la guitarra [eléctrica] es muy distinta a otros ámbitos de atención. No es el piano, romántico o impresionista, no son las misas de funeral, ni las grandes sinfonías [recuerdo con cariño la segunda de Mahler en el Auditorio Nacional], tampoco es el terciopelo de algunas músicas incidentales que tantas veces me han raptado y conducido a su mundo de ilusión y momentánea felicidad. No. Se trata de recuperar habilidades y alineamientos con una suerte de militancia ruidosa. El ruido cristalino de un rock que ya no es otra cosa que arqueología, historia y pasado. Ahí me sumo porque la edad otorga una distancia que ilumina y explica lo que en pasado no entendíamos. Hoy es ruido, mañana será oscuridad. La nave avanza.


+ Escucho una tertulia de sacerdotes que se empeñan en casar su explicación de la divinidad con la ciencia. No veo la necesidad. Me producen rechazo sus figuras y sus expresiones. Cierro el navegador y pienso en una cosa que dijo uno de ellos: si se habla de azar es por no hablar de dios. Podría tener razón o no tenerla, yo creo que no, pero, con todo, aceptando su argumento, ¿por qué tiene que ser necesariamente el dios que él predica y en la forma y maneras en que él lo predica? ¿por efecto de la fe? No tengo respuesta. Cerré el navegador y me invadió la melancolía, quizá sea por la presencia de un falso absoluto que no responde a nada y es ciego y voluntariosamente incierto. La mala e injusta prensa del nihilismo.


+ Hoy he leído algo sobre la diatriba entre el Jesús histórico y el Jesús mítico. Terminé por dejarlo y me entretuve en observar como la lluvia ensombrecía el día. Un poco de Vicente Amigo y se elevan paisajes y viajes en coche por llanuras hasta llegar al mar. Cádiz, quizá Cádiz. Paisajes. Queda eso. El presente. Llueve. Llueve mucho y hace frío. El invierno va más allá de la metáfora y las diatribas eruditas. Llueve.


+ La “callada lima” del tiempo hoy se percibe con mayor intensidad. 


+ Imagen: la noche, el día se desvanece.

sábado, 3 de enero de 2026

Acto y potencia

 



+ Noto oscilaciones en mis intereses. Se mantienen ciertas devociones, otras desaparecen para regresar más adelante. Es un rasgo de mi carácter. Poco a poco, me conozco y sé cómo conducirme. La tendencia a la serenidad es mi meta. Me desvanezco y la música que amé me devuelve la adolescencia, hoy menos indeseable.


+ [Ecos del pasado]: Led Zeppelin, la Les Paul, la Telecaster, viajes en coche cuando anochece, las rías, evocaciones, el intento de restablecer la fascinación por la música y la carretera, silencio, espera, cuadros en la memoria, una reconstrucción y una idea de la pintura que ha desparecido y renace de sus cenizas, la política, las creencias, el amor y el desamor, la madurez y el paro, el trabajo y el dinero, viajes en coche, otra vez, la música es la eterna compañía, la ausencia de dinero tiene su correlato en las canciones de los Smiths. Ahí queda. Continúa Led Zeppelin en el reproductor.


+ Extraño. Raro. Extravagante. La música e Led Zeppelin me ayuda a escribir, me otorga un ritmo desconocido. He dejado a un lado el barroco y la música para piano. ¿Soy otro? No, solo acto y potencia, 


+ [ἔργον]: trabajo.


I've been to London, seen seven wonders: lo he pensado tantas veces y me demuestra que cualquier cosa que se te ocurra está ya expresada y que lo que pesa es la expresión, ninguna otra cosa. La canción de Led Zeppelin habla de la monstruosidad de las grandes ciudades. Lo he equiparado en no pocas ocasiones con una enfermedad que se extiende por el organismo: las carreteras son expansiones víricas, las viviendas tumores, etc. El engaño siempre es un error. 


+ Imagen: recupero dos fotos del pasado, de un antiguo blog. Su vigencia y pertinencia podrían relacionarse con el inicio del nuevo año. Alimentos, vajilla y cubertería. Las celebraciones están unidas indisociablemente a la comida. Queda ahí la alimentación, como acto y potencia.