+ La prosa sencilla, el café amargo y templado, una mañana nublada. Leo que alguien dice que los lugares donde fuiste feliz no son espacios sino tiempos. No estoy de acuerdo. Ni siquiera son tiempos. Son construcciones que se han elaborado con el paso de los años y no responden a otra cosa que a una idealización de la felicidad, ligada, si se quiere, al espacio o al tiempo. No me puedo alejar mucho, pero la felicidad no es un destino, más bien es el recuerdo de aquello. Hay una tarea que consiste en discutir la idealización de la realidad y el tiempo de esa tarea es ahora. ¿Es conveniente subvertir todos estos asideros? Hay una relación estrecha entre esta necesidad de desmontar el artefacto y la búsqueda de la independencia. Yo estoy aquí, con todas consecuencias que tiene: el aislamiento, un recogimiento sobre las propias necesidades y renunciaciones, la selección de las personas y lugares, reuniones y celebraciones. La lectura es el refugio necesario; la selección de libros, la tarea siempre inacabada. Ay, hablar con los muertos. No hay otra.
+ He pasado dos o tres días postrado debido al tercer contagio de COVID. Fiebre, dolor muscular y dolor de cabeza. Profundos sueños, extraños y premonitorios. Nunca se cumplirán sus designios, me digo. Las premoniciones pueden acertar o ser fallidas. Me interesa el estado y esa niebla que se construyó en el calor y la oscuridad. Estoy repuesto y lo veo en la lejanía, como si le hubiese sucedido a otro.
+ Tras la postración llega un tiempo de paz y observación. Todo llega a estabilizarse. Un deseo.
+ Imagen: la arquitectura destinada a desaparecer casi instantáneamente, el hormigón sostiene la madera y la madera terminará por pudrirse en el abandono y el hormigón pervivirá como un virus pervive y será el recuerdo de algo que fue y no es ya.