+ Días de lluvia. Intermitente. Veo y escucho. Comportamientos que responden a unos ciclos que no soy capaz de determinar y que se alejan de mis propósitos. Sin embargo, no puedo dejar de prestarles atención. Lo cotidiano es un misterio que no desvelo, me gusta que se mantenga ese punto de ruido y distancia. El ruido que busca un orden, la lluvia y su ritmo todavía por descubrir.
+ He descargado en el teléfono una medidor de decibelios. La idea es registrar el ruido imperante mediante una sistemática débil, pero, al menos, con un instrumento de medición. He visto que hay revisores de amplificadores y guitarras eléctricas que colocan un medidor de decibelios grande y, cuando supera la barrera de los 100 dB, se emocionan y se alegran. No sé. El ruido. Todo un tema. ¿Su definición? Un límite aceptable tras el cual el desorden resulta molesto.
+ ¿Cuál es mi idea de ruido? El caos y su belleza por resolver.
+ Todas las mañanas un conductor de autobús hace sonar su claxon para saludar a unos niños que esperar para entrar en el jardín de infancia. Diez o veinte segundo de bocina. Me exaspera. El malhumor de la mañana. Me sobresalta. ¿Es la edad o algo interior que siempre ha estado ahí?
+ El ruido es música, el ruido es arte. Una función que moldea el instrumento. El instrumento que define la función. Se llamaba ruidismo y lo he disfrutado. Todavía lo disfruto porque yo lo elijo, sin imposiciones.
+ Lo caótico, lo aleatorio, una expresión de las posibilidades que ofrecen los instrumentos musicales, pero también todo aquello que genera ruido. Me coloco en un punto intermedio entre la ambientación y la observación. Soy actor y espectador. Mi guitarra fluye en ese sentido. Yo afirmo la no-música que brota de mis dedos. Un saco de boxeo, tal vez.
+ Más poético que reflexivo. Verso libre, sin rima ni medida.
+ Imagen: pedales de efectos de guitarra que se intercalan en los proyectos diarios, este: el ruido y la exploración de sus texturas.
