sábado, 28 de febrero de 2026

Helleborus [eléboro]


 


+ Hago fotos, las archivo y, al cabo de los meses o de los años, las recupero. Invoco aquellos momentos y regresan al olvido. Movimientos que no implican otra cosa que el moviendo en sí mismo. Los trabajos y los días.


+ Un aliento de frivolidad, superficial y prescindible. El tiempo nos arroja juicios que ignorábamos.


+ He indagado en la vida de una estrella de rock menor que confiesa en sus memorias que su mayor problema han sido sus adicciones, también relata los problemas económicos por los que ha pasado en los últimos años. También, he buscado datos de un estafador a raíz de una noticia en el periódico. En ambos casos se aparece la ciudad de Madrid, lugares por los que he transitado, bares en los que he tomado café, plazas o calles, barrios y estaciones de metro. El cantante tiene su brillo y su vida, quizá, merezca esa novela que yo no escribiré. El estafador, también. Las novelas están al alcance de nuestra mirada: personajes y escenarios. Pero sobre ambas realidades el dinero parece imperar. El dinero como motor y freno de la vida. Lo pienso y pienso en todos los fracasos económicos que he visto y que han actuado como una vacuna o antídoto: vidas que me han mostrado una sima de la que huir (pequeñas dosis de veneno que previenen del veneno en sí). En fin, la vida.


+ La novela en sí, principalmente, requiere, en primer lugar, una estructura. A partir de ahí, todo.


+ Canciones que se lleva el viento, monedas que brillan con el sol de otoño, la mano del vagabundo, la sonrisa de la niña que espera su turno, el perro que se sienta, la lluvia y el sol, las canciones de Radio Futura, el ritmo y el silencio, una guitarra, el metrónomo, el abrazo y el cuerpo amado, la rutina y su ruptura, Madrid, un Madrid que hemos construido a lo largo de cuarenta años, en la distancia, canciones de amor, canciones y olvido, llamadas telefónicas en la noche, trenes nocturnos, el último viaje del Rías Baixas, los documentos y los monumentos, la historia y su olvido, la rápida carrera de un corredor, trajes oscuros, vaporosas bufandas en el otro lado del río, una pizca de absurdo, las derivas de las obligaciones diarias, el dolor que produce la escritura, las curas que precisa la escritura, leer y dormir, el sueño, he aquí el resultado de una vía: nada, canciones que olvidé y en su momento fueron casi un credo, todo se desvanece. Madrid, otra vez queda atrás.


+ Por razones que no vienen al caso, he acudido a la obra de Saavedra Fajardo República literaria en la que encuentro un juicio que considera que a los libros de política como “dañosa mercancía”. Poco antes había leído un artículo que contenía las cuestiones que Podemos arguye para no integrarse en una posible, o imposible, coalición de izquierdas. Después reviso algunos tomos de ciencia política que me resultaron totalmente decepcionantes. Vanas y obvias explicaciones, vacías y ruidosas como un sonajero o una maraca. Tanto explicar, nada encontrar. Finalmente, concluyo que hay una cháchara muy peligrosa, que quizá sea la misma de la que habla Diego Saavedra Fajardo y que perdura a lo largo de los siglos. Ay, los politólogos charlatanes cuanto mal ocasionan. Al tiempo, otro artículo que ofrece una pincelada estadística dice que ni con la unión lograrían sumar los escaños suficientes. La rendición no cabe. Ni el desánimo. El día muere. Mañana en Madrid. A la vuelta, veremos.


+ La cita completa: “¡Oh libros, aun para reconocidos peligrosos, en que la verdad y la religión sirven para la conveniencia! ¡Cuánta tiranías habéis introducido en el mundo y cuántos reinos y repúblicas se han perdido por vuestros consejos! Sobre el engaño y la malicia fundáis los aumentos y conservación de los estados, sin pensar que pueden durar tan poco sobre tan falsos cimientos.” De eso se trata, de la conveniencia, nunca de otra cosa, y, como se ha repetido tantas veces, el papel todo lo aguanta, pero cuando el proyecto llega a su ejecución y aparece la construcción y esta se desmorona cuando el viento sopla, se precisa una explicación y si esta no satisface a nadie, salvo al que a sí mismo se escucha, la cita cobra sentido. Veo yo a los falsos profetas, a los intrigantes aduladores, a los peligrosos consejeros. En fin, ¿está agotado el ciclo político? Quién sabe.


+ “Campos de eléboro”, leo e la República literaria. El eléboro es una planta que contribuye a aumentar la memoria, pero, cómo no, tiene un peligro: es muy tóxica y las dosis deben administrarse con prudencia. La unión entre memoria y locura es un tópico. Demasiada memoria resulta pernicioso y el olvido, en muchas ocasiones, es deseable. Lo dejo aquí. La lectura República literaria de Diego Saavedra Fajardo ha deparado ideas y momentos punto más que interesantes. Insisto, la poca pertinencia de los muchos libros y la necesidad de un escrutinio se unen a las cualidades y los peligros del eléboro. Lo recordaré, tanto lo uno como lo otro. 


+ [Viaje a Madrid]: Me quedo, finalmente, con la exposición de Juan Uslé en el Reina Sofía. La coherencia y la depurada técnica se unen para realzar la condición expresiva de la pintura que hunde sus raíces, en mi percepción, en recuerdos entrevistos de un tiempo donde la intuición reemplazaba al conocimiento y, ante su pintura, se confirmado lo acordado de la propia intuición. La fotografía de Uslé también contribuye al proceso de establecer la calidad del espectador (yo). Por otro lado, he visto soberbia y humanidad, hemos viajado en metro y hemos caminado mucho: en tiendas y en bares he visto una cosa y la otra. Es lo humano, así de complejo. Dibuje y, por primera vez, rompí una hoja: no me gustaba lo que había hecho, no pasa nada: siempre hay una primera vez. El tren fue un complejo y aglutinante medio para reunir y ordenar las piezas del viaje; me leí de cabo a rabo El País. Queda un grato recuerdo de Madrid: fuimos felices en nuestra alegría.


+ Imagen: puerta y muros. [Madrid].

sábado, 21 de febrero de 2026

Anverso y reverso


+ Observo el conjunto de este blog y no me reconozco. No sé si es expresión de mi persona o es la creación de un personaje, un sujeto que nunca termino de conocer. Me inclino por lo segundo. El yo y su ficción.


+ Como si se tratase de elaborar listas sin otro propósito que la propia elaboración, los días pasan. Circular y constante, así es la tarea. Son mis días, circulares y constantes. Podría verlo negativa o positivamente, sin embargo, me inclino por establecer una distancia respecto a esta realidad. En sí mismo, cada día es un universo al que lo condiciona nuestra historia pasada, pero, también, se desvela independiente y, en su autonomía, extraño a nosotros mismos. Sé que estoy enfadado. Es el aburrimiento. El enfado se me pasa y me hago cargo de un cierto tedio y reiteración. No es malo el aburrimiento, termino en una conciliadora concesión. El día se cierra sobre sí mismo y las listas de tareas y asuntos pendientes se prolonga más allá de la noche. Me despierto y tardo en conciliar, de nuevo, el sueño. Un espejo me devolverá mi rostro y me reconozco. Así está bien. Consigo, finalmente, dormir.


+ Vacuas y pretéritas. Así son ciertas ideas que se deben podar e impedir su crecimiento. Toda limpieza implica un cierto cansancio, pero se desvela necesaria.


+ Imagen: anverso y reverso.

sábado, 14 de febrero de 2026

Cúmulo

 


+ He pensado en escaleras que he visto en los últimos años. Desde el archivo de Indias en Sevilla hasta las del Louvre, en Madrid: el Palacio Real o la Biblioteca Nacional, El Prado o, un poco más allá, en Aranjuez. Me he fijado en ellas desde una inexperta mirada, deliberadamente ignorante, sin ganas de indagar para preservar cierta admiración y sorpresa inocente, vano propósito, tal como contaminado estoy, como si en la no ingenua ignorancia se atesorase una posibilidad de llegar a significados ocultos. No sé. Algo he logrado con esta suerte de fascinación o fantasía que yo he tejido. Desde lo alto, desde el piso inferior, tratando de encontrar el sentido representativo y teatral que la escalera tiene en estas naturalezas magnificadas. Hay otras escaleras, más humildes, aunque igualmente interesantes y evocadoras. Pero lo que me interesa hoy, en este momento, es la relación entre las escaleras y el poder, la representación del poder. He leído algo, hace un minuto o dos, sobre el tema: cómo dibujarlas, cómo proyectarlas, sin embargo, con todo, prefiero permanecer en esa deliberada inocencia, que es más una tendencia a un límite que el límite en sí mismo, lo prefiero a la lectura que tratados y explicaciones de arquitectos que me iluminen. Prefiero, en definitiva, preservar mi docta ignorancia. Y así todo.


+ En dos ocasiones he utilizado la descripción “acumulación” para acompañar a las imágenes que aquí cuelgo. Acumular es un verbo parasintético, por lo tanto su raíz está en cúmulo. Sin embargo, en latín ya está completado el proceso gramatical que nos otorga la palabra y su espectro. Me quedo con cúmulo: montón de cosas sin orden. Ahí está la raíz de las imágenes, una suma que no se resuelve en un resultado sino en desorden y posibilidad clasificatoria. Como la escalera, misteriosa realidad, misterios planos de la realidad.


+ La lluvia no cesa, no me acostumbro.


+ Imagen: la mañana, el amanecer, un hiato, la transición, llueve, una vez más, llueve.

sábado, 7 de febrero de 2026

El ocupa sentimental

 


+ Creo que las dos guitarras que tengo, Odette (una hermosa Telecaster reedición 1952) y Olivia (mi lujuriosa Les Paul Standard - Original Collection), las he elegido muy acertadamente. Son tan diferentes que cada una con su personalidad y su mordida me dan una visión del sonido especial y trascendente. Con trascendente me refiero a la energía que me aportan en cada caso, complementariamente. Hay un núcleo compartido que se refiere al rechazo de la guitarra como pieza de colección porque son, necesaria y principalmente, elementos funcionales de una idea que se remonta a mi infancia, que se puede resumir en que lo importante es tocar y lograr una conexión con una cierta intimidad. El okupa sentimental, me digo no sin ironía. En ello estoy.


+ Repaso entradas anteriores y me encuentro con que reseño o anterior por segunda vez. Su importancia está en relación con lo que expreso en la entrada: un conjuro.


+ Lluviosa tarde de domingo. Escribo y escucho música barroca en la radio en línea francesa. El café, un dulce, el rumor del deshumificador (ese ruido blanco). Se eleva el deseo sobre la carnalidad y la materialidad. No es algo espiritual, sino que lo he construido con lecturas y visitas a museos. Una mirada que se ha elaborado a lo largo de los años para devenir en un punto de vista que me agrada. Es mi creación. Nada más. Pero llueve y la lluvia produce cansancio. No me opongo, me dejo llevar y lo consigo. Nada más, nada menos.


+ He comenzado a escuchar a Billy Strings. No sé mucho sobre él y, de momento, no quiero saber nada. Escucho la música contenida en ese largo vídeo que resulta ser Highway Prayers. Bueno. Problemas con las drogas y el alcohol, una épica de la carretera demasiado reciente para entrar en el marchamo de épica, recuerdos e ideas sobre guitarras que se me agolpan sin orden ni concierto. Escucho la música y me apetecería volver a Cádiz y conducir sin límites, sin prisa, con la mirada atenta a las indicaciones de la carretera. Un poco lo veo así, pero no voy a indagar, por el momento, en B.S.


+ Esta era la etiqueta: “bluegrass”.


+ Un poco más de Billy Strings. Llueve, eternamente llueve y el tiempo se va. La música, las guitarras, nuevos efectos, el deseo de tocar. Llueve. Lo circular esparce su poder. Voy, arribo y regreso. La música, en ocasiones, no es más que un recordatorio. Todo esto una prosa vacía como un sonajero. Yo soy el sonido, el ruido, el silencio.


+ [Mientras, veo unas imágenes de cabañas y bosques. La melancolía].


+ Imagen: acumulación 2009.