sábado, 27 de diciembre de 2025

Erosión


 + Y termina el prólogo con una cita del poeta editado, Villamediana: «al viento dado ya, en la arena escrito». Así queda el trabajo ciclópeo, determinado por una envite al tiempo, que todo lamina, que todo erosiona.


+ Mantener este diario en línea es una obligación que me impuesto y, en ocasiones, funciona a la manera de un taller donde se experimenta y prueban artefactos, se contrastan ideas y se aclara la voz. Como sucede con las guitarras, hay un elemento que coadyuva  con el sortilegio y el conjuro. Ese hacedor de creencia, hacer como si se creyese. El trabajo del interprete, teatral o musical, al fin y al cabo: son mis modelos. A veces funciona.


+ [Guitarras asequibles]: continuan mis tribulaciones sobre las guitarras, su naturaleza y sus derivaciones. Una cosa es tocar el instrumento y otra es el fetichismo que implica su atesoramiento. La palabra instrumento en sí define la naturaleza propia del objeto, que no deja de ser una herramienta y un medio. Ninguna guitarra hará que el guitarrista toque mejor, quizá sí que suene peor, pero no en la vía contraria. El guitarrista hace la guitarra excelente o la hunde en su irrelevancia. No hay una posibilidad de que por casualidad suene perfecta, algo que sí sucede con una cámara de fotos [un mono podría apretar el botón y lograr una foto memorable]. Me quedo en su esencia, con su abstracción: seis cuerdas y una afinación, unos acordes o una melodía, la maestría de la mano derecha [en el caso de los diestros, contrario es el de los zurdos], que gobierna el barco, la estructura de la mano izquierda [o derecha]. Poco más, porque el resto es coleccionismo y eso no interesa. Vuelvo a mi queridísima Olivia.


+ Otra cosa bien distinta es los condicionantes psicológicos que trae consigo determinado instrumento. Somos humanos, pues. 


+ Personas que necesitaron respeto y no lo tenían, ahora lo han alcanzado. Escucho, mientras, Kashmir - Led Zeppelin. 


+ Ayer en coche. Días despejado y anochece. Playas, Led Zeppelin, el pasado que regresa y las guitarras como emblemas y reconstrucción del mundo que no fue. Carreteras, cafeterías de hoteles, la navidad diluida. Personas que se disuelven en una grisalla muy parecida a la noche que atravesamos. Las guitarras. Leo algo sobre las Burst y me gusta eso que no termino de entender, vibra la posibilidad y pienso en mis guitarras. Kashmir sigue su curso. Todo es tan antiguo, ya, me digo y la noche es un hecho. El año se termina y vendrá otro. La alegría de la música y el coche que se desliza sin sobresaltos. Todo está bien. En un instante la iluminación me asalta y reconozco esta realidad: todo está bien.


+ Imagen: contra la erosión.

sábado, 20 de diciembre de 2025

Ebriedad (et alii)

 


+ Todo lo vivido tiende a convertirse en relato, en novela, aunque no alcance el formato al que. tiende. Hoy, en algún periódico, tratan de analizar los años de la heroína. Recurren a una película que recientemente se ha estrenado. La ficción tamiza la circunstancia de otro tiempo y termina por conseguir una extraña materia que se aleja de su origen, pero que, al mismo tiempo, convierte en universales hechos  locales. El arte, cuando acierta, lleva en sí mismo una extraña capacidad de síntesis. Las artes narrativas hablan desde lo particular y llegan a la generalidad. Yo asistí como espectador a esos años de la heroína y no es un recuerdo grato. Algunas personas murieron y otras quedaron estigmatizadas de por vida, con un rostro cadavérico y enfermedades innombrables, hubo algunos que se libraron y gozan de un impropio aspecto saludable. ¿Cómo construir una historia? La confesión, la distancia, la cercanía, el paisaje urbano, el paisaje rural, las calles o los callejones, la jeringuilla como emblema, la heroína fumada, la muerte, la vida, los hijos o los amigos. Todo se desvanece y, creo, el acierto reside en transmitir aquella voluntad de marginación y dolor. Ahora, desde el periódico, parece más un asunto curioso que el recorrido por extraños laberintos de fascinación por la caída. Siempre la caída.


+ Acabo el libro del hijo de Luis Rosales sobre su padre, Luis Cristobal Rosales sobre Luis Rosales. Ha resultado una agradable lectura que termina por afianzar el descubrimiento, Luis Rosales. Una de las cosas que me llamó la atención fue el consumo de coñac y de anfetaminas que el poeta utilizaba para escribir en su casa de verano, en Cercedilla. No lo hubiera pensado. La cita dice: “Se encerraba en su despacho y se recluía con la poesía. No comía, únicamente se tomaba un ponche para no interrumpir la concentración; los puros, la simpatina y el coñac Bobadilla 103 Etiqueta Negra era sus únicos acompañantes.” La simpatina es la anfetamina a la que yo aludí anteriormente. La ebriedad y la poesía son, en muchas ocasiones, dos realidades que caminan juntas, la poesía de Rosales se puede leer desde este punto. Ahí iré, a esa lectura que parte de la ebriedad. 


+  Al mismo tiempo, he comenzado a leer el libro de Juan Francisco Fuentes Hambre de patria. Me interesa el matiz que los exiliados aportan sobre la Segunda República Española y como se enfrentan a la posibilidad de instaurar un régimen democrático en España tras la muerte de Franco. He leído cuarenta o cincuenta páginas, que es casi un veinte por ciento de su totalidad. Estas primeras páginas abordan los antecedentes de la Segunda República y la Guerra Civil, es decir: el discurrir de siglo XIX y la dictadura de Primo de Rivera. El núcleo de la inicial de la exposición es un cierto deseo de guerra civil, que hunde sus raíces en el siglo XIX, que llega a manifestarse en ciertas posiciones de destacados intelectuales y políticos. No sé si esto era algo generalizado o a partir de ciertos hechos se realiza una generalización. Una anécdota que. se convierte en piedra de toque. No tengo capacidad para saberlo porque requiere una indagación para la que no tengo tiempo ni competencia. Sin embargo, hay cuestiones que se desprenden de las que no dudo. Por otra parte, compruebo que la polarización no es algo exclusivo de nuestro momento, incluso, lo que hoy sucede resulta de menor intensidad que lo que sucedía en aquellos años. Para mí no es nuevo, pero mal no está recordarlo. La violencia siempre ha estado presente en la historia de la humanidad y no dejará de estarlo. Mientras, pienso en diversas ebriedades y me veo frívolo, ligero, irrelevante, pero soy hijo de mi tiempo y mi circunstancia. Continuo la lectura y, entremedias, lo comparo con algo de Julián Casanova. No creo que se deba tener una visión naïf de la República, pero tampoco se puede reducir la maldad que consigo trajo el franquismo. Debo continuar la lectura hasta el final para poder tomar una posición, esa cambiante estabilidad. Una cuestión de equilibrios y balances.


+ Otra vez vuelvo a escuchar la guitarra de Rafael Riqueni. One more time.


+ Nada temo, pero ante los espectros del pasado soy cauto. Palabras que hoy cobran sentido, palabras que hoy pierden su valor. Espejos que han extraviado su azogue. El tiempo es un crisol. He alcanzado una serenidad solida, aunque los embates contra ella produzcan vibraciones no agradables. Y me preguntó: para qué sirve todo esto, ante su victoria? Lo sé. Es el vacío, la constancia del olvido. Sin lugar a dudas, materia para olvidar, lo que no impide la prevención contra los fantasmas del pasado. Y no es ebriedad. No en este caso.

 

+ Imagen: bares, la ebriedad, el tiempo elevado.


sábado, 13 de diciembre de 2025

Lo hermético

 


+ Sinestesia: “esperar oscuro” (Villamediana)


+ Ayer llovió mucho. Hoy le cambié la cuerdas a la Telecaster. Marilín parece feliz. Es feliz. Todo está en orden y armonía. La lluvia me devuelve tiempos de la infancia y la guitarra se suma a la sensación. La gata es un regalo divino. La transparencia y la emoción son simétricas. Leo, escucho, guardo silencio. La lluvia, las guitarras, los gatos. La unidad, también, se construye.


+ Los elementos descontextualizados causan perplejidad. En el museo se utiliza esta técnica para desconcertar al visitante. Se consigue en ocasiones. Pienso en las paredes de una casa que se han desmontado y se muestran como si fuese un recortable destinado a los niños o el plano que se puede ver en el proyecto de una edificación. Esto me ha servido para, mientras paseo en soledad, ver una pared y reconocer en ella lo pictórico que contiene. A veces, el paseo es una extensión del museo, del arte. Exprimo, cuando puedo, esta posibilidad.


+ He llegado a un punto en que cuando alguien me habla de cualquier asunto y, subrepticiamente, sale a colación “lo espiritual”, me pongo en prevención. Sé que hay algo que chirría, que me va a molestar. Yo vivo, de alguna manera, en lo oscuro o, mejor dicho, en lo hermético. He decidido permitir a muy pocas personas adentrarse en este recinto. Yo supongo que es algo que se relaciona, sin duda, con la edad. Me vale así y hablarme de espiritualidad es violentar las normas que he impuesto, por esto, y no por otra cosa, necesito protegerme. Lo sé, la previsión no siempre es necesaria, pero anticiparse es construir la victoria, si es que victorias y derrotas se trata, que no lo creo. Solo es protección, porque no quiero soporta el fastidio que supone esa simpleza. El día se termina y todo llegará, así, a su final.


+ Me detengo en la idea de hermético: “impenetrable, cerrado, aun tratándose de algo inmaterial.” Esta es la segunda acepción que ofrece el diccionario de la RAE. Me parece perfecta y acota lo expresado en el párrafo anterior con precisión.


+ “No hemos conocido el bien hasta que le hemos perdido.” (Fragmento del Quijote que alguien utiliza como pórtico de su libro). Lo hago mío porque me parece más que acertado y conveniente para el momento.


+ Vuelvo a escuchar Exile On Main St. Me subyuga, todavía. Es mi disco favorito, si discos favoritos está permitido tener, de los R.S. Lo entiendo a la perfección. La guía que sostiene las guitarras, una vibración, el instante previo al último aliento de la juventud. La madurez. Mis guitarras son mi castillo. Extrañas canciones que parecen haber estado ahí siempre. Suena y yo reflexiono sobre el papel de las guitarras y la música en mi vida. Lo sé, hay gente que no escucha música y se le nota. Para ellos solo es una elongación sin sentido. Yo estoy en la otra orilla. La música es importante, el Exile es fundamental.

 

+ Imagen:  los últimos días del otoño.


sábado, 6 de diciembre de 2025

En suspenso

 


+ La lluvia envuelve el paisaje. Al poco, la ciudad se ve arropada por el manto gris de la niebla. Ahora la niebla es ya un negro apagado, mate. Escribo y escucho el preciso desarrollo de algunas piezas para piano de Clara Schumann. Hay sintonía entre la música, el tiempo metereológico y el momento. No me desvío de mi tarea. Me hace sentir una punzada de felicidad, una breve y auténtica felicidad. Bebo un sobro de café. Regreso al texto que trato de elaborar y las palabras texto y elaborar no me gustan, pero no encuentro, ahora mismo, mismo otras. Ensayo, tesis, reflexión, análisis. Escribir, pergeñar, proyectar, producir. No me valen. Lo dejo así. Salgo un momento y estudio la lluvia sin pensar en nada más que en su cadencia, ese ritmo hipnótico. Hay un mensaje oculto que no se puede desvelar. Ese mensaje lo creo y lo destruyo yo. Ni más, ni menos.


+ La lectura de la poesía del Conde de Villamediana desde el presente en el que vivo revela claves insospechadas. El desengaño se ha erigido en rasgo de una época. El desengaño político, como apunto Rosales, y el desengaño amoroso que se extiende desde las redes sociales a la televisión en su versión más obscena y adocenada. La política es muy visible y el amor se ha convertido en un concurso de realidad televisada. No todo es así, pero sí hay una percepción de ambas realidades como muy rebajadas, como si hubiese un mundo anterior que fue perfecto. No entro en ello, pero sí en la piedra de toque que resulta ser esta poesía que ocupa mis días y mis pensamientos. La codificación de los sentimientos tiene un valor que desconocemos y nos permite adentrarnos en mundos insospechados, con los que, a diario, convivimos. Es ahí donde me valgo de las herramientas que me proporciona el poeta. El desengaño y el escarmiento son claves útiles para entender este mi presente.


+ Paisajes, libros, café, el piano lejano de Clara Schumann. Pienso en febrero, otra vez en el Auditorio Nacional. Otro concierto. Grigori Sokolov. 


+ Recuerdo la extraña sensación que me asaltó en Madrid. En un descanso di un paseo hasta llegar a un parque. Me senté en un banco y me dejé llevar por la mañana limpia de finales de septiembre. Me invadió la impresión de que estaba dentro de una maqueta, de tan perfecto que todo parecía. No duro mucho, pero fue algo intenso. La deficiencia de la vida ordinaria se había visto suplantada. Ancianos que hacía deporte suave, parejas de paseo, perros felices, algún corredor, los jardineros y sus labores: la adecuación de sus uniformes, el brillo de las máquinas. Salí de parque y sentí que un aliento poético me había invadido. Más tarde caminé por calles sin personalidad y llegué a la biblioteca a la que debía llegar. La sensación se atenuó pero se mantiene la idea de lo imposible, de la reducción de todo a lo más pequeño y perfecto. No mucho más.

 

+ Imagen: los equívocos.